"Cuando siento la suavidad de tus besos, ni siquiera la más hermosa canción de cuna puede convencerme de que esto es un sueño."
Capítulo 14: La tercera es la vencida
Neji miró a la chica que estaba dormida a su lado dentro del auto, ambos estaban en el asiento trasero de la limusina de Hinata, después de que Tenten saliera del baño, se cayó como una narcoléptica en sus brazos, así que él decidió llevarla. No podía creer que había tenido que cargar a esa chica al estilo princesa, no es que fuera pesada, pero ese no era para nada el estilo de Neji Hyûga.
—Cielos… —murmuró, soltando un suspiro al verla apoyar la cabeza contra su hombro. La miró de reojo, detallando la forma de su cara, su nariz pequeña, sus labios rosados, la chica era bonita, a pesar de que él se negara a aceptarlo.
Ya era bastante tarde, se suponía que ambos habían venido para cuidar y vigilar a Hinata, pero ni siquiera la había visto en toda la noche, debido a la borrachera de Tenten.
—Ni siquiera Eri me hizo descuidar a mi prima —dijo para sí mismo, esbozando una leve sonrisa.
Con cuidado, recostó a Tenten en el enorme sillón de la limusina y sacó su celular para llamar a Hinata, sólo esperaba que ella hubiera sido cuidadosa en esa fiesta.
—M-mamá… —murmuraba la castaña, captando la atención del hombre de ojos perlados, quien la observó mientras oía el tono de marcado—. Mamá… no te vayas, por favor… —a pesar de que esas palabras le causaron gran intriga, dejó de pensar en eso cuando su prima atendió la llamada.
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Sai y Sasuke se reunieron en el mismo lugar en donde estaban cuando llegaron a la dichosa fiesta, ninguno de los dos lo había pasado especialmente mal, pero tampoco había sido la gran cosa.
—¿Has visto a Naruto y a Gaara? —preguntó Sasuke, pues había pasado un buen rato desde que no divisaba a ninguno de los dos.
—Ni su sombra —respondió Sai, pero, justo en ese momento, ambos vieron que el rubio se acercaba presuroso a ellos, siendo seguido por Gaara, parecía que ambos venían de algún otro lado distinto a la fiesta.
—¿En dónde estaban? —Sasuke los miró arqueando una ceja.
—El baño —contestaron ambos, con una precisión y sincronía casi exactas, para luego mirarse entre sí, era obvio que los dos mentían, al menos entre ellos, porque sus otros dos amigos ni lo notaron.
Sai miró la hora en su celular, ya pasaban las doce de la noche, no creía que tuvieran nada más que hacer ahí.
—Deberíamos irnos, tenemos que estar preparados para mañana —comentó, recibiendo un asentimiento de cabeza de parte de los otros tres.
Todos caminaron hacia la salida, pero antes de que cruzaran la puerta, Gaara se volteó, vio a Matsuri y a Hinata juntas y le guiñó un ojo a la castaña, la cual se sonrojó como un tomate. Por su parte, Naruto miró a la ojiperla, ella le devolvió una mirada tímida y una pequeña sonrisa.
Esa noche había sido más productiva de lo que parecía.
—¿Dónde fuiste, Matsuri-chan? —preguntó Hinata, notando que su amiga estaba muy sonrojada, algo había sucedido entre ella y Gaara, podía intuirlo con facilidad.
—S-salí a tomar aire —contestó, obviamente, mintiendo. De verdad quería decirle la verdad a Hinata, pues la consideraba su preciada amiga, pero tenía mucho miedo de hacerlo, de arruinar el pequeño "pacto" que había hecho en aquella azotea.
La idol entrecerró la mirada, sabía que Matsuri le mentía, pues Naruto la había visto con Gaara, pero si le preguntaba, tendría que explicarle qué estaba haciendo ella con Naruto y eso no era prudente, no en estos momentos, no quería que su amiga pensara mal de ella, que era capaz de irse a solas con un chico que tenía novia; no era correcto.
—Bueno, ¿te parece si nos vamos? Te llevaré a casa —ofreció sonriente, ocultando en sus recuerdos lo que había sucedido en ese estudio de grabación.
—Sí, vamos —asintió la castaña.
Ambas se retiraron de la fiesta, sin saber que había dos chicos buscándolas, ambos estaban encandilados con esas jóvenes, uno desde hace tiempo y el otro desde esa misma noche.
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Naruto se metió bajo la ducha, era de noche, pero prefería darse un baño antes de dormir, así lograba relajarse mejor. Cuando terminó, miró la hora en su teléfono, daban la una de la madrugada, tenía un mensaje de Sakura, pero decidió no responder por ahora, su mente estaba en otro lugar, en una zona totalmente alejada de esa chica de cabellera rosada.
Sus labios estaban a nada de tocarse, Naruto podía saberlo, aunque no viera nada, porque el aliento de Hinata acariciaba la piel de su rostro. En ese momento, era como si ella fuese un imán que lo atraía con una fuerza irrefrenable, realmente quería besarla, pero el sonido del teléfono de la chica los asustó a ambos y provocó que se separaran.
—P-perdona —dijo Hinata, quien sentía que el rostro le ardía como el infierno, daba gracias de que Naruto no pudiera verla. Tomó el teléfono y observó el nombre en la pantalla—. Es mi primo —explicó, para proceder a responder.
Naruto no dijo nada, solamente miró en otra dirección y también tomó su teléfono, encendió nuevamente la linterna y se puso a revisar las notificaciones, aunque no había nada interesante, actuaba como si lo hubiera.
—N-Naruto-kun, es mejor que nos vayamos —dijo la ojiperla, poniéndose de pie.
El rubio asintió con la cabeza y se levantó también, dejando la guitarra a un lado —Es algo tarde, así que deberíamos volver a casa, mañana es el concierto.
—S-sí —la chica se sentía muy tonta en ese momento, las piernas no le dejaban de temblar y su corazón latía como si se tratara del motor de un cohete supersónico, jamás se había sentido tan avergonzada en toda su vida, ni siquiera cuando sufría de pánico escénico.
Ambos abandonaron el estudio y se separaron al llegar al piso de la fiesta, sin tocar ni por un segundo el tema del "casi beso".
Naruto se recostó boca arriba sobre su cama, después de haberse puesto ya su ropa de dormir, no podía creer lo que estuvo a punto de hacer, pero ¿en serio iba a besar a Hinata? ¿La habría besado si no los interrumpía dicha llamada? Incluso si él tenía novia, la chica con la cual siempre había soñado, ¿por qué no dejaba de pensar en la ojiperla?
—Soy un idiota, un idiota loco —se dijo, mirando el techo de su habitación.
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Debido a que su casa quedaba lejos del centro, cuando Gaara llegó, ya eran cerca de la una treinta, las luces estaban apagadas, apostaba a que todos estaban dormidos, pero se equivocó, pues su padre estaba sentado en la sala, esperándole.
—¿A dónde fuiste, Gaara?
El pelirrojo se encogió de hombros, tuvo la leve esperanza de no encontrarse con él al llegar a casa, pero sabía que eso sería imposible, su padre era como un tiburón al acecho.
—Por ahí —contestó, restándole importancia al asunto, no podía decir la verdad, pero tampoco quería elaborar una mentira, ya que seguramente, Temari lo habría cubierto, no sabía qué pudo haber dicho y no quería cagarla.
Rasa miró a su hijo con el ceño fruncido, odiaba ese tipo de respuestas vagas y poco respetuosas, ¿acaso era tan difícil que Gaara se comportara como sus otros dos hijos?
—¿Fuiste a hacer esa porquería de música con tus amigos? —cuestionó enojado, mientras apretaba los dos puños, aunque, por supuesto, Gaara también se molestó al escucharlo, él no le tenía miedo y no le importaba verlo de mal humor, el menor de sus hijos no lo respetaba ni un poco.
—No es una porquería y no, no estaba haciendo eso —dijo antes de correr escaleras arriba hacia su cuarto, odiaba que su padre no fuera capaz de entenderlo, de respetar lo que a él le gustaba hacer y de apoyarlo como hacía con Temari y Kankuro, no era justo que sólo él fuera el rezagado, el que hacía todo mal, el que no actuaba como él quería.
Cerró la puerta de su habitación de golpazo, sin importarle hacer ruido o despertar a sus hermanos, estaba demasiado furioso como para pensar en eso. Se arrojó sobre su cama boca abajo y ladeó la cabeza, mirando su guitarra, la cual estaba apoyada en un pedestal, junto a la pared.
Su ira desapareció por completo cuando recordó lo que había sucedido en aquella azotea, los besos de Matsuri, la calidez de su cuerpo y, el acuerdo al cual llegaron.
—Matsuri… —murmuró, cerrando sus ojos y dibujando una sonrisa leve en sus labios, ni siquiera las idioteces de su padre le podían arruinar aquel momento feliz.
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Tras darse un baño y ponerse la pijama, Matsuri se arrojó sobre su cama, sonriendo bobamente. Se llevó una mano a sus labios y acarició éstos con la yema de sus dedos, sin poder olvidarse de lo que había sucedido esa noche; algo que guardaría para siempre en su corazón.
Sus labios se movían de forma casi automática sobre los de la chica, quién correspondía a cada roce, como si se tratara de una sedienta desamparada. Cada vez que se alejaban para tomar un poco de aire y llenar sus pulmones, volvían a acercarse y a besarse, hasta quedarse sin aliento.
—Matsuri… —Gaara la nombró, susurrándole entre besos, mientras acariciaba su cabello dulcemente con la mano derecha—. Matsuri, sé mi novia —dijo, dejándose llevar completamente por las emociones que lo desbordaban en ese instante.
—¿Eh?
Matsuri se separó un momento de él, confundida, sonrojada y sorprendida, no podía creer lo que acababa de escuchar, ¿acaso seguía despierta o se había desmayado en cuanto tocó los labios de Gaara?
—¿Q-qué dices? P-pero si tú no puedes…
El pelirrojo desvió la mirada —Ya sé —respondió, tomando ambas manos de la chica entre las suyas, sus manos eran pequeñas y cálidas, lo hacían sentir reconfortado—. Ya sé que ese estúpido contrato me lo impide, pero…
—Gaara-kun… —murmuró ella, apretándole con fuerza las manos, en lo que sus mejillas se pusieron aún más rojas que antes—. No sabes cuánto tiempo he esperado para que algo así sucediera, si te soy sincera, yo… —hizo una pausa, mordiéndose el labio inferior—. Me has gustado por dos años, sé que puedes pensar que soy rara o tonta, pero desde esa vez que me salvaste, cuando estábamos en primero… desde ahí que mi corazón late por ti.
La confesión había tomado completamente desprevenido a Gaara, él sabía que Matsuri sentía lo mismo que él, pero jamás imaginó que fuese desde hace tanto tiempo. Él nunca se interesó en ella antes y, si alguna vez salió o tuvo algo con una chica, jamás sintió nada de lo que ahora estaba experimentando. Debería haberse dado cuenta mucho antes, quizá, ahora estarían juntos.
—Y-yo no planeo hacerte sentir comprometido ni nada —Matsuri siguió hablando, su rostro estaba ardiendo y el silencio de Gaara la ponía más nerviosa—. Lo que quiero decir, es que estoy muy feliz, pero entiendo que no podemos… y está bien…
Antes de que ella dijera otra cosa, Gaara la abrazó; era injusto, era totalmente injusto que no pudiera estar junto a la única chica que había despertado sentimientos genuinos en él, no se iba a quedar así, no lo haría.
—No me importa el contrato —le susurró al oído, haciéndola temblar como gelatina—. No quiero renunciar a mi sueño, pero tampoco quiero renunciar a ti, y aunque me digan que no puedo tenerlos a ambos, yo haré que sea posible —dijo con seguridad, en lo que el sintió el cuerpo de la jovencita comenzar a relajarse lentamente entre sus brazos, hasta que ella también lo abrazó a él—. Matsuri, sé mi novia en secreto, en lo que vence el plazo, después le diremos a todos que estás conmigo.
Los ojos de ella se abrieron con asombro; Gaara no sólo le había pedido ser su novia una vez, sino que dos, incluso ignorando la cláusula de su contrato que se lo impedía.
—¿Estás seguro de que quieres eso? —le preguntó, aferrándose al pecho del más alto, podía sentir cómo su perfume invadía sus fosas nasales y su calor la llenaba por completo.
—Sí —respondió Gaara, rompiendo lentamente el abrazo, para mirarla a los ojos—. ¿Y tú? —preguntó, ligeramente temeroso—. Sé que no es ideal, pero ¿quieres ser mi novia?
Si alguna vez le hubiesen dicho que Sabaku No Gaara iba a tener que preguntarle tres veces si quería ser su novia, sólo para que ella aceptara, se habría reído en sus caras, porque estaba segura de que ella diría que sí en la primera oportunidad. Claro, la situación no era como se la imaginaba, no podría decirle a nadie sobre su relación y sus sentimientos, pero, como dicen, la tercera es la vencida.
—Sí quiero —respondió finalmente, preguntándose internamente si acaso podía existir un momento más maravilloso que este—. Sí quiero ser tu novia, Gaara-kun.
Él sonrió como nunca había sonreído, no sabía que una respuesta afirmativa lo haría sentir tan bien, que el hecho de saberla suya lo haría tan feliz, así que no esperó otro segundo para sellar aquel pacto con un beso, porque finalmente estaban juntos, ahora nada ni nadie se interpondría entre ellos.
Ni siquiera su sueño.
Matsuri se metió bajo las sábanas y cerró sus ojos, ahora ella era la novia de Gaara y, aunque no podía decírselo a nadie, ni siquiera a Hinata, la felicidad que la embargaba no podía ser reemplazada por nada, estaba enamorada como una tonta.
—Gaara-kun es mi novio… —murmuró para sí misma.
Apagó la luz y se quedó dormida en cosa de minutos, sin dejar de sonreír en ningún momento.
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El domingo llegó sin que muchos lo sintieran, a pesar de que casi estaban a diciembre, había mucho sol y el día pintaba bonito. Kakashi se levantó un poco tarde, no tenía absolutamente nada que hacer y decidió aprovechar de dormir un poco más que el resto de la semana, así que para cuando abrió sus ojos, eran las ocho y media, muy temprano para otras personas, pero bastante tarde para él, que a esa hora normalmente ya debía estar en la escuela (aunque siempre llegaba tarde de todos modos).
Se dio una ducha rápida y se vistió para ir a correr, mirándose al espejo del baño. No traía puesta la mascarilla y tampoco la banda con la cual se solía cubrir el ojo izquierdo, en donde podía apreciarse la cicatriz que surcaba su rostro en ese lado, desde la ceja, hasta casi la mejilla. A pesar de que Kakashi podía ver con su ojo izquierdo, su vista estaba muy dañada, por eso prefería mantenerlo cerrado u oculto, ya que solía doler después de un rato, todo eso se debía a un accidente de hace mucho tiempo.
—Bueno, bueno, creo que desayunaré después —se dijo, cubriéndose el rostro como de costumbre.
Cuando abrió la puerta, se topó de frente con la nueva vecina, que también estaba saliendo de su casa, ambos se sorprendieron con el encuentro.
—Oh, Kakashi-san —lo saludó Hanare, haciendo una leve reverencia, para luego sonreírle. A pesar de lo extraño y misterioso que era su vecino, no podía evitar que le llamara la atención—. Buenos días, ¿saldrá a correr? —preguntó al ver la vestimenta del hombre, quien asintió con la cabeza.
—Sí, veo que tú también —respondió él, mientras su único ojo visible detallaba la bonita figura de esa mujer, aunque rápidamente volteó el rostro. No es que él fuera tímido, pero todavía no quería pensar en cosas como esas, en admirar el cuerpo de una mujer bonita, aún le dolía la pérdida de su esposa.
Por su parte, Hanare, ignorando los fantasmas en la cabeza del peli plateado, lo miró con entusiasmo.
—¿No le molesta si vamos juntos? Digo, así sería más entretenido —los ojos brillantes de Hanare no se despegaban de Kakashi, preguntándose por qué ocultaba su rostro, ¿quizá tenía alguna cicatriz horrible?
—No, para nada, vamos —respondió él, adelantando sus pasos hacia las escaleras, un buen calentamiento era bajar hasta el primer piso de ese modo, evitando el ascensor. La chica sonrió y lo siguió a paso rápido, sin olvidarse dejar muy bien cerrada la puerta de su hogar.
Cada vez que veía a su vecino Kakashi, sentía una enorme curiosidad por conocerlo más.
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Sai se levantó temprano ese día, apenas tendría tiempo de desayunar y debía partir hacia el lugar del concierto para hacer la prueba de escenario con los chicos y ensayar por última vez las tres canciones. A pesar de que siempre estaba sereno y tranquilo, sí que se sentía un poco nervioso, él era el tipo de persona que no tenía problemas en hablar frente a muchas personas, pero hoy serían miles los que iban a estar ahí, sabía que no podía fallarle a los chicos que, aunque no eran realmente cercanos con él, igualmente se trataba de sus compañeros.
—¿Preparaste el desayuno, hijo? —dijo su madre, la cual sonrió al verlo poner dos tazas sobre la mesa, mientras sentía el aroma de los panes tostados. Ella acababa de levantarse, lucía bien ese día, parecía que sus nuevos medicamentos estaban surtiendo efecto.
—Hoy debo salir temprano, pero no quería que trabajes demás —respondió, mostrando una suave sonrisa—. Mamá, sé que no puedes ir a verme, pero espero que me apoyes desde aquí.
La mujer lo miró fijamente, sintiendo un poco de culpa, ella sabía bien todas las cosas que Sai hacía por su bien, hacía muchos trabajos esporádicos para comprar sus medicinas, incluso perdió un año de escuela para trabajar y ayudarla, le molestaba mucho sentirse inútil, cuando lo correcto era que ella le diera a su hijo y no al revés, ya que Sai tenía que dedicarse a sus estudios.
—No dejaré de apoyarte, Sai —respondió, dibujando una suave sonrisa. Se sentó a la mesa para disimular su pena y cogió su taza para servirse un poco de té—. Qué delicioso huele el desayuno, no cabe duda de que eres muy bueno en la cocina.
Sai le sirvió lo que había preparado a su madre y luego tomó asiento —No es nada, la práctica hace al maestro —respondió.
Bebió un poco de té y miró hacia la sala, las flores que le compró a Ino estaban ahí, casi marchitándose en el florero, pero seguían viéndose bonitas, igual que Ino. Abrió ligeramente sus ojos cuando ese pensamiento lo asaltó y lo sorprendió, ¿por qué pensaba en esa chica ahora? No tenía sentido.
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Apenas se levantó esa mañana, Gaara se dirigió a la puerta, ni siquiera planeaba desayunar en casa, compraría algo después, pues tenía que escabullirse antes de que su padre se diera cuenta; para su mala fortuna, el hombre estaba en la sala cuando lo vio bajar.
—¿A dónde crees que vas? —cuestionó Rasa, mirando a su hijo salir con la guitarra a la espalda, recién bañado. ¿Acaso iba a perder el tiempo haciendo música de nuevo?
Gaara entornó los ojos, quería evitar ese encuentro a toda costa, sobre todo, después de lo sucedido anoche.
—Voy a salir —dijo sin más, agarrando el pomo de la puerta, pero su padre se levantó del asiento y lo miró con enojo y autoridad. Le colmaba la paciencia el comportamiento de Gaara, era increíble que nunca le hiciera caso, que siempre desafiara sus órdenes.
—Tú no vas a salir, vete a tu cuarto, estás castigado.
Su hijo lo miró con indiferencia, ¿realmente su padre creía que algo como eso lo iba a detener? No, para nada, Gaara no se dejaría retener por él ni por nadie, iba a hacer lo que estaba destinado a hacer, iba a brillar con su música.
Sin siquiera responder, abrió la puerta y salió, cerrando con un fuerte portazo, una vez más.
—¡Gaara! —Rasa gritó con fuerza, iba a salir detrás de su hijo, pero Temari apareció desde la escalera, impidiéndole el paso.
—Papá, por favor, deja ir a Gaara —le rogó la rubia, ella sabía bien lo que su hermano haría, no quería que su padre ni nadie lo interrumpiera, Gaara era feliz cumpliendo su sueño y si ella debía cubrirlo y ayudarlo, lo haría sin dudar.
—Temari, apártate —ordenó el hombre, ahora incluso la mayor de sus hijas lo estaba desafiando, ¿qué estaba pasando con sus hijos?
Ella negó con la cabeza.
—No, papá, deja a Gaara, él no está haciendo nada malo, deja de presionarlo, por favor…
Kankuro también había escuchado el ruido y la conmoción, a pesar de que su padre no estaba levantando la voz, el portazo que había dado Gaara fue muy fuerte, logrando ponerlo en alerta.
—Si no te apartas, te voy a obligar a hacerlo… —amenazó Rasa, alzando lentamente su mano, estaba dispuesto incluso a usar la violencia si es que era necesario, pero, cuando fue a dejar caer su mano sobre el rostro de Temari, Kankuro le sostuvo la muñeca con una fuerza que lo sorprendió.
—Cálmate, padre —dijo el mediano de sus hijos, mirándolo con seriedad y enojo—. Estás exagerando demasiado.
Rasa miró a Kankuro, él era su viva imagen cuando era joven, era el más parecido a él, además, era el que siempre le obedecía y era condescendiente, pero estaba claro que no le iba a dejar pasar ese comportamiento, se suponía que él era un adulto, no podía tratar así a sus hijos, a los hijos de su amada Karura.
—Voy por un café —mencionó, soltándose del agarre de Kankuro y yendo hacia la cocina, necesitaba calmarse y, sobre todo, hablar seriamente con Gaara, sin peleas de por medio.
Gaara había tomado el autobús, dejó su guitarra a un lado del asiento y se echó contra el respaldo, intentando calmar la ira que lo consumía. Soltó un suspiro y sacó su celular de su bolsillo, abrió la aplicación de los mensajes y buscó el nombre de Matsuri, habían intercambiado un par de mensajes desde esa vez que tuvieron que trabajar juntos, pero él le había dejado el visto después, no era bueno para mantener una conversación, así fuera vía texto, pero esa mañana era un poco distinta al resto, Matsuri era su novia, así que se obligó a sí mismo a hacer un esfuerzo y enviarle algo, aunque fuera corto y un poco torpe.
"Buenos días, espero verte hoy en el concierto"
Apenas envió el mensaje, se volvió a guardar el teléfono, tenía una sonrisa estúpida en los labios y se sentía mucho más relajado, pensar en Matsuri lo ayudaba a tranquilizarse.
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Naruto se levantó con la energía y la euforia a tope, sabía que hoy era el día en que finalmente podrían mostrarle su música a un público de verdad, que los estarían viendo y escuchando miles de verdad y, aunque sólo iban a ser tres canciones, no podía dejar de estar emocionado.
Desayunó a toda prisa, su padre y su padrino lo veían sorprendidos, sabían bien que él estaba apurado, pero les sorprendió que no se tomara siquiera el tiempo para comer bien, que era algo que él adoraba hacer.
—¡Ya tengo que salir! —exclamó parándose del asiento—. Perdón, papá, no alcanzo a lavar los trastos.
Minato sonrió, era curioso verlo tan feliz, ahora más que nunca se arrepentía de haberse opuesto al sueño de Naruto en un principio, quizá fue demasiado duro, pero simplemente estaba asustado de perder a su hijo, tal y como había sucedido con Kushina.
—Hijo, ¿no te vas a lavar los dientes? —cuestionó el mayor, al ver que Naruto ya casi corría hacia la puerta.
—¡Es verdad!
Mientras el rubio menor corría hacia el baño para lavarse los dientes, Minato y Jiraiya continuaban desayunando con calma, aunque ambos estaban preocupados por Naruto.
—¿Crees que estará bien? —preguntó el mayor de los dos, dándole una mordida al pan con mermelada que sostenía en su mano derecha—. Se ve que está animado, pero ojalá los nervios no lo asalten a última hora.
—Te preocupas demasiado, sensei —respondió Minato, observando la guitarra de Naruto que estaba en la sala, sobre el sofá, guardada dentro de su estuche negro—. Naruto sabe que no debe ponerse nervioso, lo hará bien.
Jiraiya no dijo nada, simplemente sonrió, asintiendo con la cabeza. Poco después, vieron al rubio salir como un rayo anaranjado del baño, tomó su guitarra y sus demás cosas y se fue corriendo, estaba listo para ser una estrella.
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Después de correr durante un buen rato, Kakashi y Hanare se detuvieron junto a un árbol, en mitad del parque, ambos estaban cansados. La chica sacó una botella de agua del pequeño bolso que llevaba colgado a la cintura y bebió un poco, para luego ofrecerla a él.
—Gracias —Kakashi tomó la botella con su mano derecha, le dio la espalda a su vecina y se removió la mascarilla para beber un sorbo de agua, pues tenía muchísima sed. Ella no pudo evitar inclinarse para tratar de verlo, pero le fue imposible, él era demasiado precavido.
—¿Cuántos años tiene, Kakashi-san? —preguntó de la nada, aunque realmente, estaba más interesada en saber la razón por la cual él ocultaba su rostro.
—Tengo treinta y uno —respondió el peli plata, entregándole la botella de regreso a la joven, que la recibió sonriente—. ¿Por qué? ¿Me veo muy viejo?
La chica negó con la cabeza intensamente.
—No, no, para nada —contestó—. De hecho, creí que era menor, ¿a qué se dedica?
—Eres demasiado curiosa —dijo Kakashi, notando la expresión de vergüenza de la muchacha, pero él rápidamente negó con la cabeza—. Descuida, sólo era una broma, soy profesor de preparatoria.
Hanare se sorprendió, él no daba la sensación de ser un maestro, ella pensaba que se trataba de alguna clase de detective o algo por el estilo, aunque le parecía bastante genial que trabajara con adolescentes.
—Eso debe ser agotador y divertido —comentó, mientras se guardaba la botella de agua en el pequeño bolso—. Kakashi-san, ¿regresamos corriendo al edificio?
Él no dijo nada, simplemente asintió con la cabeza y comenzó a correr de vuelta, normalmente no le iba contando su vida por ahí a cualquier persona, pero, de algún modo inexplicable, Hanare le agradaba.
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A las diez de la mañana, los chicos se encontraban preparados para hacer la prueba del escenario, ya habían estado haciéndola un par de bandas más, así que había una batería lista, era el único instrumento que no le pertenecía al grupo. Entre los cuatro determinaron sus ubicaciones e hicieron la prueba de sonido, incluso realizaron la prueba con Hinata, no tardaron demasiado, ya que otros artistas también tenían que hacer lo suyo.
Cuando Naruto estaba desconectando su guitarra del amplificador, una persona se les acercó, curioso por lo que acababa de ver.
—¿Así que ustedes son la banda que reemplazará a Wolves?
Gaara y Sasuke miraron al tipo, Sai lo ignoró y fue Naruto quien respondió, sorprendido de ver a una persona famosa que se les acercaba como si nada a hablarles, eso ni en la dichos fiesta había pasado.
—¿Eres Toneri Osotsuki? —preguntó, parpadeando varias veces—. ¡Ah, es un gusto, soy tu admirador! —dijo animado, pues le gustaban mucho las canciones de su banda y, sobre todo, admiraba el buen guitarrista que era ese chico—. Y sí, nosotros fuimos llamados a última hora, todavía somos algo novatos.
Toneri sonrió de modo enigmático —Bueno, pero tienen mucho talento, incluso suenan mejor que esos fracasados que renunciaron —comentó amistosamente—. No sabía que cantarían con Hinata.
—Somos de la misma agencia —dijo Sasuke, entrecerrando ligeramente la mirada, algo en ese tipo no le terminaba de cuadrar, aunque no estaba del todo seguro de qué podría ser eso—. Es parte de nuestro trabajo.
—Me alegra oír eso —dijo el de cabellera clara—. Aunque estoy un poco celoso, siempre he querido cantar con mi linda Hinata, pero no se ha dado la oportunidad —comentó en tono bromista, mirando nuevamente a Naruto, que acababa de guardar su guitarra en la funda y la estaba cerrando, aunque se detuvo al escuchar que él llamaba "linda" a Hinata—. Por cierto, qué hermosa guitarra, ¿la vendes?
—No, es un recuerdo de mi madre —respondió Naruto, terminando de cerrar el estuche.
Hinata estaba preparándose detrás del escenario para salir a hacer su prueba, ya que era su turno, pero cuando vio a Toneri junto a los chicos, no pudo evitar sentirse enfadada, ¿ahora qué hacía con ellos? ¿Acaso los estaba molestando? Toneri tenía fama de menospreciar a los demás, sobre todo a las nuevas bandas.
—¿Así que ellos y tú pertenecen a la misma agencia?
La ojiperla dio un salto al oír esa voz, mirando a la idol rubia que le sonreía quedamente.
—¿No puedes saludar primero antes de hablar? Me espantaste —respondió, ignorando la pregunta de Shion—. Tengo que hacer mi prueba de sonido, permiso —dijo antes de caminar hacia el escenario. Se cruzó con la banda en tanto éstos salían, le sonrió a todos, pero apenas vio la hermosa y brillante sonrisa de Naruto, su cara se puso roja.
Ella pensó que nadie lo había visto, porque rápidamente disimuló, pero no fue así, Toneri –que seguía sobre el escenario– notó a la perfección su gesto, esa mirada especial que sólo le dirigió al rubio de la guitarra, esa que a él jamás le había dado.
¿Realmente le gustaba ese estúpido y escuálido rubio?
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El timbre de la casa de Matsuri sonó, eran las dos de la tarde y ella se estaba preparando para irse al concierto, su madre estaba trabajando y le había dado permiso, aunque insistió en darle muchas instrucciones para que se cuidara, porque era la primera vez que ella iría a un evento como ese y no tenía compañía.
—¡Voy! —exclamó, acabando de peinarse frente al espejo y poniéndose un bonito broche en el cabello. Sonrió al estar satisfecha con su imagen, quizá no era una chica sumamente bonita y llamativa, pero le gustaba a la persona que ella amaba, así que eso era suficiente—. Qué extraño, ¿quién será? Nadie me visita nunca —se preguntó mientras bajaba las escaleras.
Abrió la puerta y se encontró a tres chicos del otro lado, los tres iban bien vestidos, aunque uno de ellos no paraba de comer y el otro tenía cara de fastidio, mientras que el tercero le sonreía. Todos lucían muy apuestos.
—Inuzuka-san, Nara-san, Akimichi-san —dijo sorprendida, jamás había hablado con ellos fuera de la escuela, no eran cercanos, apenas y conocía sus nombres y un poco más, ¿qué estarían haciendo en su casa?
—Qué bueno que no te has ido aún, o me matarían —dijo Shikamaru, soltando un suspiro—. Gaara me amenazó para que te acompañe al concierto, estos dos se me colaron —explicó, señalando a sus amigos.
—¿Eh? ¿G-Gaara-kun? —la chica parpadeó varias veces, no podía creer que su novio había hecho tal cosa, pues habían intercambiado un par de mensajes durante la mañana y ella le comentó que asistiría sola al concierto. A pesar de la amenaza, el hecho de que él se preocupara por ella, era un gesto muy dulce.
—No vinimos sólo por eso —dijo Kiba, apoyando una mano sobre el hombro del Nara, quien sólo suspiró aburrido, era típico de él—. Matsuri, queríamos pedirte algo y aprovechamos que Shikamaru vendría.
—¿A mí? —se apuntó a sí misma con su dedo índice, no entendía muy bien de qué iba todo eso, pero asintió con la cabeza y los invitó a pasar, ya que todavía era temprano para salir.
Les sirvió un poco de pastel que guardaba en el refrigerador, lo había hecho ella misma, era muy buena repostera. Shikamaru y Kiba comían lentamente, pero Chouji se lo acabó en un santiamén y hasta le pidió más.
—¿En qué los puedo ayudar? —preguntó curiosa, nunca creyó que ella pudiera serle de utilidad a sus compañeros, aunque, si estaba en sus manos, por supuesto que lo haría.
—Verás —el que tomó la palabra fue Kiba, ya que Shikamaru sólo miraba por la ventana con cara de sueño y Chouji no paraba de comer—. Para el último encargo del club de música, decidimos formar una banda, pero ninguno de nosotros puede cantar, nos preguntábamos si serías nuestra vocalista.
Los ojos de Matsuri se abrieron hasta casi salir de sus cuencas.
—¿Q-que yo qué?
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Mientras la hora del concierto se acercaba, los chicos se encontraban en un camerino habilitado especialmente para ellos. Gaara practicaba en voz baja las canciones, calentando su voz, aunque de vez en cuando intercambiaba textos por el celular, cosa que llamó la atención de los otros tres.
—¿Con quién te escribes tanto? —le preguntó Naruto, arqueando una ceja—. Dudo que sea una chica.
El pelirrojo carraspeó la garganta.
—Es mi hermana, no deja de fastidiar —mintió, pues había estado hablando con Matsuri, ella le decía que tenía algo que contarle, que ya estaba en camino hacia el lugar y que iba acompañada, para dejarlo más tranquilo. Se guardó el celular en el bolsillo y se puso a afinar la guitarra.
—Tu hermana es bonita, ¿cuántos años tiene? —preguntó Sai, que no dejaba de darle golpes al aire con las baquetas.
Gaara frunció el ceño.
—Ni se te ocurra.
El pelinegro sólo se encogió de hombros y siguió en lo suyo, al igual que el resto, pero de pronto, Sasuke se levantó, era como si de repente algo urgente hubiera surgido.
—Chicos, olvidé algo, regreso enseguida —avisó, sin siquiera escuchar alguna respuesta, puesto que salió corriendo por la puerta.
—¡Sasuke! —Naruto intentó llamarlo, aunque fue completamente ignorado, no entendía bien qué había pasado, últimamente, su amigo se comportaba de un moco muy extraño—. ¿Qué rayos le pasa? ¿Acaso se volvió loco?
—Déjalo, no creo que tarde —habló Gaara, soltando un suspiro.
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—Ah, mi cabeza… —murmuró la chica en cuanto abrió sus ojos y se sentó sobre la cama, sentía como si la hubiera atropellado una aplanadora, era un dolor que nunca antes había experimentado, pues jamás se había emborrachado en su vida, siempre se jactó de ser una chica muy sana y sin vicios, ¿qué le había sucedido anoche?
—Hasta que despiertas, ya son las tres de la tarde.
La voz masculina entró por sus oídos y le taladró la cabeza, pero también la asustó. Cuando Tenten miró hacia un costado, vio a Neji Hyûga sentado en una silla, de brazos cruzados y mirándola con seriedad. Ella no recordaba nada de lo sucedido la noche anterior, desde que se bebió el primer trago, su mente estaba nublada; sin embargo, una imagen se le vino de pronto y se reprodujo como una mala película de comedia romántica.
Ella había besado a Neji.
—¿Q-qué pasó anoche? —preguntó, haciéndose la tonta.
Neji chasqueó la lengua y frunció el ceño, ese hombre siempre estaba malhumorado, ¿acaso ese era su estado natural?
—¿Perdiste la memoria? Qué conveniente —dijo él, descruzando sus brazos. Ese día, llevaba puesta una remera común, de mangas cortas, sus brazos eran musculosos y fuertes, y cuando sonrió con sarcasmo, la vena de su cuello se marcó, dándole un aspecto demasiado seductor, que dejó a Tenten sin aliento.
Ella miró en otra dirección —No recuerdo nada —contestó, tremendamente avergonzada.
El hombre se puso de pie y se dirigió a la puerta, pero antes, le arrojó un par de prendas sobre la cama.
—Date una ducha y vístete, tenemos que ir al lugar del concierto con mi prima, nos debe estar esperando —tras decir eso, salió de la habitación, cerrando la puerta.
Tenten miró la ropa, era un traje negro de pantalón, blusa y saco; el uniforme de la seguridad personal de la idol Hinata Hyûga, ¿ahora le tocaba hacer de guardaespaldas?
—Qué vergüenza, ¿cómo pude hacer tal cosa? —se preguntó, con la cara ardiéndole como un volcán en erupción.
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Eran las tres y media de la tarde y Sasuke no regresaba, por más que Naruto le marcaba, éste no respondía el teléfono, ¿a dónde carajo se había ido a meter?
—Este idiota, a las cinco salimos y todavía no nos probamos el vestuario —dijo con fastidio el rubio, no podía creer que él fuese más responsable que el "rey de la responsabilidad". Sasuke jamás faltaba a un compromiso, no podía entender por qué estaba actuando así.
Gaara, que estaba a un lado de él, suspiró.
—Te dije que te calmes, Sasuke va a llegar —aseguró, parándose y yendo hacia la puerta—. Voy al baño, ya vengo.
—¡Más te vale que no te pierdas también! —exclamó Naruto, pero Gaara simplemente alzó su mano izquierda como respuesta.
—Voy a llamar a mi madre, ya regreso —avisó Sai, que también salió del camerino luego de decir aquello.
Naruto se quedó a solas, pero eso no duró demasiado, ya que Hinata ingresó a la habitación, sorprendiéndolo. Apenas la vio –notando que los dos estaban solos–, él se sonrojó ligeramente, porque el recuerdo de lo sucedido la noche anterior, no dejaba de rondar en su mente, aunque, desde hace ya un tiempo, Hinata estaba en sus pensamientos.
—H-Hinata, hola —dijo, tartamudeando estúpidamente, no pudo evitar regañarse mentalmente por su patética actuación.
—Hola, Naruto-kun —la ojiperla bajó la mirada, su rostro también estaba rojo y ella se sentía avergonzada, no estaba segura de lo que sucedió entre ellos en ese estudio de grabación, pero sí sabía una cosa, que ella anhelaba haber besado a Naruto—. Solamente venía a desearles suerte, ¿y los demás?
El Uzumaki se encogió de hombros.
—Salieron por ahí —respondió, clavando su mirada azulada sobre la figura femenina que estaba frente a él, Hinata era hermosa, ya llevaba puesto su vestuario para la presentación y lucía como todo un ángel, ¿por qué solía tenerla en tan baja estima? Ella era una persona maravillosa—. Te ves muy bien hoy… —dijo, rascándose la mejilla con nerviosismo.
Hinata sintió que su sonrojo aumentaba, cualquier halago que viniera de Naruto le hacía sentir como si tocara las nubes, realmente le gustaba ese chico, por primera vez, se sentía completamente emocionada y atraída por alguien.
—G-gracias… —dijo, alzando su rostro para verlo y sonreírle.
En ese pequeño instante, dentro de esa habitación, ambos sintieron como si el tiempo se detuviera, mientras se sonreían mutuamente y sus corazones se aceleraban con intensidad.
Afuera, Gaara se encontraba cerca de la entrada de los asistentes al concierto, había ido ahí con total libertad, ya que aun no era alguien "famoso" que tenía que estar escondido, aunque sí debía tener precaución de que sus amigos o el staff de la empresa lo vieran, por eso, apenas su mirada y la de Matsuri se cruzaron, le hizo un gesto para que lo siguiera.
Ella estaba en la fila, junto a los chicos, las puertas se iban a abrir en aproximadamente media hora.
—Chicos, ya vengo, voy al baño —les avisó a sus improvisados escoltas, quienes asintieron con la cabeza, entonces ella corrió hacia la zona de los baños, que era por donde había visto que se iba su novio.
Cuando llegó, no lo vio, pero sintió que alguien la tomaba por la muñeca, la volteaba y la abrazaba fuertemente.
—Gaara-kun —murmuró, dibujando una suave sonrisa en su rostro—. Alguien puede vernos.
Él negó con la cabeza —Ya comprobé que no hay nadie —dijo el pelirrojo, separándose un poco para poder mirarla, acariciando dulcemente su mejilla y acomodándole un mechón de cabello detrás de la oreja—. ¿Viniste con tres de los chicos del salón? Le dije a Shikamaru que sólo él te acompañara —comentó, frunciendo ligeramente el ceño.
Matsuri rio.
—Ellos se colaron —explicó, mirando al más alto con alegría y ternura a la vez—. Pero siento que es mejor tener más compañía, ¿no?
—Espero que cuiden bien de ti —dijo Gaara, aventurándose a robarle un corto beso de los labios a Matsuri, la cual lo recibió gustosa. La nueva relación era extraña para ambos, nunca habían experimentado nada parecido antes, pero, no les resultaba incómodo, les agradaba muchísimo poder demostrarse lo que sentían—. Ya tengo que volver, pero cuando salgamos, escucha muy bien la última canción, ¿sí?
—Claro —la castaña asintió con la cabeza y sonrió, separándose del abrazo. Con su mano derecha, le lanzó un beso volador a Gaara, el cual sonrió una vez más, estar con ella le hacía sonreír a cada momento. Después de ese dulce gesto, ambos regresaron a donde debían estar.
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Sakura estaba haciendo su tarea, no le quedaba mucho para terminar, gracias a la ayuda de Ino y Karin, que ya se habían ido a sus casas. Sabía que hoy era la primera presentación de los chicos y en verdad deseaba estar ahí, al menos, para desearle suerte a Sasuke, incluso lo había escrito en su última actualización de Instagram: "Me encantaría poder felicitarte en el día más especial de tu vida". Obviamente, no puso nombres ni nada parecido, cualquiera podía pensar que hablaba del cumpleaños de algún amigo, o que estaba refiriéndose a su novio, pero no, ella sabía bien que esas palabras iban dedicadas al Uchiha.
Aunque no era la única que lo sabía.
—Sakura, cariño, te buscan afuera —escuchó a su madre desde la puerta, así que ella la miró, confusa—. Es un muchacho muy apuesto —añadió la mujer, sonriente.
La peli rosa se confundió aun más, ¿un muchacho apuesto? ¿Pues de quién se podía tratar?
—Ya voy —respondió, bastante desconcertada. Bajó las escaleras y se puso los zapatos junto a la puerta, salió y se dirigió a la puerta del jardín delantero, abriendo sus ojos con extremo asombro al ver a la persona que la esperaba—. ¿S-Sasuke-kun? ¿Qué haces aquí?
Él respiraba agitado, ¿acaso había corrido? Se suponía que él debía estar en lo del concierto ahora, ¿por qué estaba frente a su casa?
—Vine por esto —Sasuke extendió su celular y le mostró el estado que ella había escrito—. Dijiste que querías felicitarme, así que vine.
—¡¿Eh?! —exclamó escandalizada, no podía creer que Sasuke había venido, abandonando su concierto, solamente por esa tontería—. ¿Por qué harías tal cosa, Sasuke-kun? —cuestionó, sin poder dejar de verlo, Sasuke siempre lucía tan guapo, incluso con su aspecto cansado—. ¡Debes volver a tu concierto!
El azabache chasqueó la lengua —Ya sé —dijo con fastidio—. Pero… yo tenía que verte, Sakura —sus palabras fueron acompañadas por una mirada seria y penetrante, la cual heló por completo la sangre de la chica rosada, que sentía que su pecho se apretaba, él nunca la miraba así, con esa intensidad—. ¿Sabes? Últimamente, no dejo de pensar tonterías, necesitaba confirmar algo.
—¿Confirmar algo? —la chica frunció el ceño—. ¿Y tenía que ser ahora? Los chicos deben estarse volviendo locos, Sasuke-kun.
—Es cierto —Sasuke dejó escapar una ligera risilla—. Pero volveré, ellos lo saben, y sí, tenía que confirmarlo ahora, antes de que haga lo mas importante de mi vida.
Sakura estaba confundida, aunque no pudo evitar reír bobamente al escucharlo, Sasuke no parecía ser el mismo maniático de la perfección de siempre, era raro verlo seguir sus impulsos, aunque también era lindo.
—Bueno, ¿y qué deseas confirmar? —interrogó.
—Esto —tras su efímera respuesta, Sasuke se acercó a ella, tomó su mentón con la mano derecha y la besó.
Los ojos de Sakura se abrieron hasta que casi le ardieron, por un segundo, creyó que estaba soñando, que se había pegado en la cabeza y que ahora estaba muerta, cualquier fantasía era más probable que el hecho de que Sasuke la besara, pero, cuando sintió los labios ajenos moverse sobre los suyos, lentamente, sus ojos se cerraron. Él la rodeó por la cintura con la otra mano y profundizó el beso cuando notó que la chica le correspondía. Temblorosas, las dos manos de Sakura se apoyaron contra el pecho del azabache y se besaron durante un rato que pareció más largo de lo que realmente fue.
—Confirmado… —susurró él al separarse, notando que Sakura abría lentamente sus ojos, mientras sus mejillas se teñían de un aniñado tono rosa.
—¿Qué cosa, Sasuke-kun? —ella también susurró, apenas podía hablar, porque se beso la había dejado sin aliento.
Sasuke sonrió ladino.
—Que todavía te gusto —contestó el azabache, antes de volver a besarla.
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La gente ya estaba en sus lugares, el recinto del concierto a beneficio de las estrellas estaba lleno hasta el tope. Naruto, Gaara y Sai estaban tras bambalinas, ya llevaban puesto su vestuario y estaban muy nerviosos, Sasuke no llegaba y su presentación se acercaba.
—Voy a matar a Sasuke —dijo Naruto.
—Yo también —lo secundó Gaara, al principio estaba tranquilo, pero la hora se acercaba y su bajista se había perdido—. Vamos a asesinarlo, Naruto.
El rubio asintió con la cabeza.
—¿Le damos con la guitarra en la cabeza o lo hacemos parecer un accidente?
En ese momento, los dos sintieron las manos de Sai sobre sus hombros.
—Dejen el drama, Sasuke ya llegó —les avisó, señalando que el azabache se acercaba, ya vestido y con el bajo colgando a la espalda.
—¡Por fin, teme! —exclamó el Uzumaki, empuñando su mano derecha—. ¿En dónde rayos estabas? —interrogó, estaba furioso, aunque ahora se sentía aliviado.
Sasuke no sabía qué responder, no podía decirle dónde había estado, por supuesto, eso no sólo era una violación a su contrato, sino también a su amistad.
—Un asunto familiar —contestó sin más.
—¡Muy bien, chicos! —su nueva mánager se les acercó, ella estaba sonriendo y parecía muy confiada—. Vayan preparándose, todavía falta para su presentación, pero el concierto está por empezar, los quiero perfectos, ¿oyeron? Hoy serán estrellas.
Los cuatro se miraron entre sí, olvidándose del enfado de hace un momento, sólo para sonreír y asentir con la cabeza, dándose ánimos sin mediar palabra.
Por fin harían realidad su sueño.
Continuará…
...
Uy, parece que los amigos se empiezan a apuñalar por la espalda, ¿será que se acaban traicionando unos a otros? Jajaja, bueno, al menos, por fin van a cumplir su sueño, pero ¿saldrá todo bien?
