"Cuando queremos ser honestos, muchas veces, el miedo se antepone, pero no hay que rendirse si queremos expresar lo que en verdad sentimos."
Capítulo 17: Para ser honestos
A las cinco de la tarde, tal y como Itachi había quedado con Izumi, él se encontraba en el punto de encuentro, una mesa en una fuente de sodas, que quedaba a medio camino entre las universidades de ambos.
Miró la hora en su teléfono y se dio cuenta de que ya eran las cinco más seis minutos, ¿ella no vendría?
—¡Lo lamento! —escuchó la voz de la joven, quien corría hacia donde estaba él, tomando asiento frente a su persona y respirando agitada—. Tuve que entregar un reporte a última hora y se me hizo tarde, espero que no hayas esperado mucho —explicó, mostrándole una sonrisa.
Itachi se sentía ligeramente inquieto cuando la veía sonreír, le parecía bastante improbable que la expresión alegre de una chica le llegara a provocar algo, pero Izumi estaba más allá de sus cálculos, ella le hacía sentir calidez cuando le mostraba esa sonrisa.
—No mucho, sólo un par de minutos —respondió con tranquilidad—. ¿Para qué querías verme?
La castaña se sonrojó un poco, no había una razón especial para llamarlo, ella simplemente quería verlo, ¿había algo de malo o raro en eso?
—Bueno… —Izumi bajó la mirada, no sabía bien qué decirle, ¿sería bueno inventar algo rápido? ¿O quizá era mejor sólo decirle la verdad?
—¿Izumi?
Ella volvió a sonreír, su rostro sonrojado la delataba, Itachi era demasiado listo como para no darse cuenta de ello, además, tampoco era como que Izumi intentara disimular.
—En realidad… —empezó a hablar la chica, clavando sus ojos negros contra los de él—. Cuando éramos compañeros, me gustabas mucho —confesó sin siquiera inmutarse, a pesar de que él sí estaba bastante inquieto con sus palabras, incluso si no lo dejaba ver en la expresión de su rostro—. Cuando volví a encontrarte, me pareció divertido intentar volver a ser amigos, es todo.
El Uchiha arqueó una ceja, ligeramente confundido.
—¿Te me acabas de declarar?
Nuevamente, el rostro de Izumi enrojeció, pero esta vez fue demasiado notorio, incluso sintió que sus latidos se aceleraban.
—¡N-no fue eso lo que dije! —exclamó, agitando sus dos manos delante de su rostro, reacción que sólo provocó que Itachi se empezara a reír de su actuar, relajando un poco a la chica—. Eres un tonto —añadió ella, abultando ligeramente sus mejillas.
Realmente era bonita, tanto la forma de su cara, como el brillo de sus ojos y el color de sus labios, no recordaba haber visto a una chica que lo mantuviera tan atento como ella.
—Lo siento, pero ya entendí —dijo el azabache, mirándola fijamente—. Solía gustarte antes y ahora me ves como un amigo, ¿no? —Izumi asintió con la cabeza, Itachi se sentía un poco decepcionado, pero también entusiasmado—. Ya veo, entonces, hagamos eso.
Izumi sonrió ampliamente, seguía estando avergonzada, pero le emocionaba la idea de volver a ser cercana al chico del que estuvo enamorada durante muchos años de escuela, aunque, sinceramente, no creía haberlo superado todavía.
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Las manos de Matsuri temblaron cuando tomó los cubiertos para empezar a cenar, podía sentir la mirada fija de Gaara sobre su persona y, aunque no lo estaba mirando, sabía que él se sentía igual de confundido que ella, seguramente también estaba furioso, ¿quizá pensaba que ella tenía conocimiento sobre esto? No, él no era el tipo de persona que dudaría así de ella, era su novio.
Pensar en eso le hizo sentir un terrible pesar, Gaara era su novio, pero, sin que ellos siquiera lo supieran, sus padres planeaban que se quisieran como hermanos, ¿cómo podrían hacer eso?
—Cariño, ¿qué te sucede? —le susurró su madre, que podía notar que su hija estaba inquieta y que no había probado bocado alguno, además, estaba pálida como un papel—. ¿Te sientes mal?
—N-no… yo… —Matsuri sentía que iba a llorar, estaba tratando de controlarse, pero su cara empezaba a ponerse roja por aguantar tan terrible emoción—. ¿P-puedo ir al baño?
Antes de que cualquiera respondiera a su pregunta, Gaara se levantó de golpe.
—Yo te digo dónde es… Matsuri-san —ofreció, viendo a la chica asentir con la cabeza.
—Ve, Gaara —dijo su padre, un poco sorprendido por la repentina amabilidad de su hijo, aunque no le pareció mal, al contrario, se sentía complacido.
Matsuri se levantó de su asiento y siguió a Gaara por el pasillo, hacia donde estaba el baño. Cuando llegaron, él mismo abrió la puerta y se metió dentro, junto a ella. No tardó en abrazarla con fuerza, notando que la chica sollozaba, ocultando el rostro contra su pecho.
—Tranquila, no llores —intentó reconfortarla, acariciándole suavemente el cabello—. Está bien, Matsuri —repetía, pero ella sólo lo abrazó más fuerte—. No sabías nada de esto, ¿verdad?
—Por supuesto que no —respondió la castaña, separándose un poco para poder mirarlo, entonces Gaara le secó las lágrimas con su dedo pulgar—. Gaara-kun, ¿qué vamos a hacer? Nuestros padres se van a casar…
Gaara frunció el ceño, no tenía ni la menor idea de cómo actuar en este momento, no sabía ni qué pensar, por supuesto que era horrible lo que estaba pasando, pero no pensaba alejarse de Matsuri, no lo hizo ni por su contrato, menos por esto.
—Sé que es horrible —dijo, acariciando con delicadeza la mejilla de su novia—. Pero incluso si ellos dos se casan, eso no nos hace hermanos, así que no te preocupes.
Los labios de Matsuri temblaron ligeramente, para luego asentir con la cabeza.
—Lo sé, Gaara-kun —contestó, mirándolo a los ojos—. Pero no creo que a ellos les guste la idea de que nosotros… bueno… —bajó la mirada, todavía impactada por la situación—. ¿Crees que acepten lo nuestro?
Esta vez, el pelirrojo tomó sus manos, sosteniéndolas con fuerza, para luego asentir con la cabeza.
—No me importa lo que mi padre piense —dijo con seguridad—. Dentro de poco tendré dieciocho y ya tengo un contrato para hacer música, no voy a necesitarlo, así que no podrá mandarme, no podrá impedirme que esté contigo —sus palabras, aunque sonaban un poco lejanas, hicieron sentir más tranquila a Matsuri, que volvió a mirarlo a los ojos—. ¿Crees que tu mamá se oponga?
—No sé… —la chica también apretó el agarre de sus manos—. Supongo que debemos esperar y ver, pero… yo no pienso dejarte.
Gaara sonrió ladino al escucharla.
—Ni yo a ti —dijo, acortando la distancia entre sus rostros, dispuesto a besarla, pero unos toques a la puerta los interrumpieron.
—Gaara —era la voz de Temari—. ¿Están los dos ahí? —les preguntó, a pesar de que los llamaba, estaba susurrando, era obvio que ella conocía la situación—. Salgan ya, están tardando mucho, papá va a sospechar.
Ambos se miraron con seriedad, a pesar de todo esto, ninguno de los dos tenía intenciones de retroceder ante lo que habían decidido, pensaban continuar como hasta ahora, escondidos, hasta que llegara el momento de decírselo a sus padres y a todo el mundo. Con eso en mente, abrieron la puerta del baño y se encontraron con Temari, que estaba parada en el pasillo, de brazos cruzados.
—No voy a preguntar qué estaban haciendo, sólo apúrense —dijo la rubia, dándoles un ligero empujón para que avanzaran.
Los dos caminaron en silencio de regreso al comedor, ahora Matsuri se sentía mucho más tranquila, pero la incomodidad de saber que el padre de su novio sería su padrastro no había desaparecido del todo.
—¿Está todo bien, cariño? —le preguntó su madre, a lo que ella cruzó miradas con Gaara durante breves segundos, antes de asentir con la cabeza y sonreír.
—Sí, mamá —respondió.
Gaara, disimulando lo mejor que pudo, tomó la palabra.
—A decir verdad —habló—. Matsuri-san y yo ya nos conocemos —la castaña lo miró un poco sorprendida, no sabía qué iba a decir Gaara, ¿acaso había perdido la razón? Pero la mirada segura de él la hizo calmarse—. Estamos en el mismo salón —explicó el pelirrojo—. Somos compañeros de clases.
—Oh, ¿de verdad? —Ayako se sorprendió, igual que Rasa, que miró a su hijo con curiosidad.
—Eso es bueno, entonces deben llevarse bien —dijo el hombre.
Matsuri sólo bajó la mirada y Gaara asintió con la cabeza, ella no entendía bien por qué él había dicho aquello, pero seguramente tenía un plan que le explicaría más tarde.
—Bueno, a mí me gustaría conocer un poco a la chica que será nuestra nueva hermana —dijo Kankuro, alegre e inocente, no tenía idea del terrible problema de su hermano menor—. Dinos, Matsuri, ¿qué te gusta hacer?
—¿Eh? —la chica se sonrojó un poco—. P-pues, varias cosas, pero me agrada más tocar el piano y cantar.
—¿Así que eres una artista? —interrogó Rasa, quien mostraba una sonrisa amable y comprensiva—. Eso es increíble, me gustaría escucharte algún día.
—Claro, señor —contestó Matsuri, todavía algo intimidada.
Gaara no podía creerlo, su padre siempre decía que la música era una basura y que dedicarse a ella era algo estúpido, pero ¿estaba dispuesto a ser tan hipócrita sólo para agradar a la madre de Matsuri? ¿O quizá su objetivo en la vida era sólo hacer a sus hijos miserables? Como fuera, se sentía muy furioso, odiaba esa actitud tan falsa.
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Después de que Hinata llegó a casa, se fue corriendo hacia su habitación, dejando desconcertado a su primo, que venía con ella, y a su hermana menor, que estaba en la sala.
—¿Qué le pasa? —preguntó la pequeña Hanabi, quien se encontraba leyendo un libro sobre astrofísica, un tema que a ella le gustaba particularmente.
—Ni idea —respondió el mayor, aflojándose el nudo de la corbata de su uniforme de guardaespaldas.
Justo cuando estaba tomando asiento frente a su prima menor, vio que la puerta de entrada se abría, dejando ver a esa mujercita insolente, que entró y subió corriendo las escaleras, sin siquiera mirarlo a él o a Hanabi, lo cual le hizo fruncir el ceño.
—¿Qué clase de empleada tan igualada es esa? —cuestionó en voz alta, siendo escuchado por la menor, que lo miró de reojo, cubriendo parte de su rostro entre las páginas de su libro.
—Neji nii-san —lo nombró, ligeramente divertida—. Parece ser que tú y la invitada de mi padre son bastante cercanos últimamente.
El castaño arqueó una ceja —¿Cercanos?
Hanabi asintió fervientemente, bajando del todo su libro, a pesar de que todavía era una niña, era muy lista para su edad, por lo que su sonrisa pícara no se hizo esperar.
—Los veo siempre discutiendo y echándose miraditas sospechosas —aseguró, sabiendo que sus palabras importunaban a su primo, aunque no le importaba para nada—. Neji nii-san, ella es bonita, ¿no? Y es más agradable que la tal Eri.
—¿Bonita? —cuestionó Neji, casi ofendido—. No sé cuál es tu concepto de belleza, pero veo que tienes estándares bajos, aunque lo entiendo, sólo eres una niña.
—Oye —se quejó Hanabi, abultando sus mejillas—. Odio esa clase de insultos pasivos.
Neji no le respondió, simplemente chasqueó la lengua y subió las escaleras, dirigiéndose hacia su habitación, se encontraba demasiado cansado como para discutir con una niña pequeña como Hanabi.
—Qué grosero… —masculló la menor.
Por su parte, el joven Hyûga iba por el oscuro pasillo del segundo piso, su habitación era la más alejada de todas, ya que le gustaban el silencio y la tranquilidad, además, estaba cerca de la enorme biblioteca, por si se le antojaba leer algo. Pasando por ahí, notó una ligera luz proveniente desde ese lugar, sabía que su tío no estaba en casa, Hinata debía haberse encerrado en su habitación y Hanabi estaba abajo, así que ¿quién estaba ahí?
Entró sigilosamente, sólo para estar seguro de que no se tratara de alguien sospechoso, pero se tranquilizó al ver que sólo se trataba de Tenten, que estaba sobre una de las sillas de la gran sala de lectura, alumbrando las páginas de un polvoriento libro viejo con la luz de su teléfono celular.
—Creí que habías ido a dormir, este no es lugar para los empleados —dijo con cierta frialdad, llamando la atención de la joven proveniente de China, que alzó la mirada para verlo.
—El señor Hiashi me dijo que podía venir a leer cuando quiera —respondió, aquello no le cayó muy bien al orgulloso Neji, que frunció el ceño enseguida, odiaba a la gente que le contestaba, él siempre había sido del tipo que se imponía a los otros, causándoles miedo, pero esta chica no parecía verse afectada por su imagen prepotente.
—Haz lo que quieras entonces —contestó de mala gana.
Estaba a punto de darse la vuelta para marcharse, pero la vio bajar la mirada y, entonces, su rostro se iluminó con la luz de la linterna, descubriendo que ella había estado llorando, ya que sus ojos estaban enmarcados aún por las lágrimas que habían estado saliendo. Neji podía ser muy frío y serio, pero no soportaba ver a una chica llorar, era como si todo dentro de él se aflojara.
—¿Qué te sucede? —se atrevió a preguntar, desviando la mirada y carraspeando su garganta—. Es decir, ¿por qué llorabas?
Tenten se sonrojó un poco al darse cuenta de que él notó lo que le estaba pasando, así que rápidamente cerró su libro, pero dejó encendida la linterna del teléfono, iluminando el piso con ella.
—No es nada —contestó, aunque, a decir verdad, estaba frustrada porque no había podido averiguar nada sobre su madre—. Sólo tuve un mal día, aunque odio sentirme débil.
Él no sabía muy bien qué decir, jamás fue bueno para consolar a nadie, este tipo de situaciones siempre lo hacían sentir muy incómodo, prefería irse lo más rápido posible y dejar a los demás con su dolor.
—Siempre te ves tan fuerte, no creí que fueras de las que lloran, pero supongo que es normal, eres una chica —dijo con naturalidad, aunque sus palabras no habían sido exactamente corteses o reconfortantes y lo notó cuando, a pesar de la oscuridad, pudo ver el ceño fruncido de Tenten.
—¿Dice que todas las mujeres somos lloronas?
Se sintió un poco nervioso, sabía que la había cagado, así que tenía que arreglarlo rápido.
—No fue eso lo que quise decir —tosió un poco, cerrando los ojos y llevándose el puño cerrado a la boca—. Me refiero a que todos los seres humanos lloramos, seamos fuertes o no, seas hombre o mujer —aclaró, volviendo a abrir sus ojos para ver a la joven, que ahora tenía la mirada clavada en él—. Es normal sentirnos mal a veces y dejar salir la frustración de un modo u otro, así que no debes sentirte débil por eso.
Tenten estaba un poco impresionada por esas palabras, no esperaba que –precisamente– Neji Hyûga fuese a decir algo que le levantara el ánimo, así que no pudo evitar sonreír y ponerse de pie.
—Gracias, señor —dijo amablemente—. Eso fue muy lindo de su parte.
—¿L-lindo? —repitió el Hyûga, un poco hastiado por el "halago", detestaba que alguien le llamara lindo o insinuara que lo era.
—Iré a dormir, buenas noches —la chica dejó el libro que tenía en sus manos sobre una de las mesas cercanas y se fue alumbrando el piso con su linterna.
Neji se quedó en su lugar, preguntándose por qué había sido amable con ella, si ni siquiera le agradaba, en ese momento, no pudo evitar volver a recordar sus besos, ¿quizá ese momento compartido le estaba afectando? ¿Tal vez debería repetirlo?
—Tonterías —se dijo, sacudiendo la cabeza para dirigirse hacia su objetivo original; su habitación.
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Hinata se encontraba en su habitación, recostada en su cama. Ya se había dado un baño y se había puesto la pijama, pero su mente estaba totalmente en otro planeta, no podía dejar de pensar en Naruto y en el beso que se habían dado después de clases.
Ese había sido el primer beso de la cantante y no estaba para nada decepcionada, pues había sido con la persona que ella deseaba que ocurriera y, aunque en ese instante ningún pensamiento opacó su momento juntos, ahora no dejaba de atormentarse con cosas como: ¿qué iba a pasar ahora? ¿Cómo lo miraba a la cara? Naruto todavía tenía una novia, ella era un personaje público, él pronto lo sería también, se suponía que eran amigos, ¿por qué tuvo que enamorarse de él?
—Ah, ¿qué voy a hacer? —se cuestionó, recordando que, después del beso, ella se disculpó con Naruto y salió corriendo, ¿qué estaría pensando el rubio sobre ella? ¿Creería que era una tonta? ¿Una descarada que se besa con chicos con novia?
Todo esto era terrible, tan sólo deseaba que la tierra se la tragara en este momento.
—Ojalá me atragante —dijo, escondiendo su rostro contra la almohada de su cama, dando un grito ahogado.
De un momento a otro, su celular empezó a sonar, Hinata se apresuró en responder, viendo que se trataba de su mánager.
—¿Kurenai-sensei? —dijo, solía llamarla "sensei" porque ella era como su maestra, ya que le había enseñado todo lo que sabía para hacer su carrera tan exitosa como lo era ahora.
—Hinata, ¿cómo estás? No quise molestarte hoy en la escuela, ya que habías faltado mucho —dijo la mujer del otro lado, con su tono de voz siempre amable—. Mañana te necesito aquí, tenemos un asunto que discutir sobre una publicidad.
—Estoy bien, Kurenai-sensei —contestó la idol, asintiendo con la cabeza, aunque sabía que no la estaban viendo—. Ya veo, ahí estaré apenas salga de la escuela.
Después de charlar unos minutos con su mánager, Hinata terminó la llamada. Tenía muchas ganas de llamar a Matsuri para contarle lo sucedido con Naruto, pero sabía que ese día su amiga tenía una cena familiar muy importante, así que no quería molestarla.
—Ojalá me llevara con más chicas del salón —murmuró, soltando un suspiro. Ahora que lo pensaba, jamás intentó ser cercana a sus demás compañeras, como Ino, Karin, o hasta la misma Sakura.
¿Sería muy tarde para empezar?
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Hacía un poco de frío en la calle a esas horas, no era un buen momento para concertar una cita, pero ahí estaba él, esperando a esa chica que insistía en verlo. Sai se refregó las manos para intentar calentarlas y exhaló su aliento cálido sobre las mismas, ¿por qué las mujeres siempre tardaban en llegar a sus encuentros?
—Voy a congelarme… —dijo en voz baja. Cuando pensó en el frío que lo rodeaba, su mente lo llevó a imaginar el cálido encuentro con Ino Yamanaka, quien lo acogió en el negocio de sus padres y hasta le prestó algo para abrigarse. La sonrisa de esa chica era muy bonita, siempre parecía alegre, aunque no le había gustado verla triste hoy en la escuela.
Él no comprendía demasiado sobre los sentimientos y las relaciones entre la gente, siempre se dedicó a estar solo, porque sólo pensaba en la enfermedad de su mamá y en cómo ayudarla, incluso si salió con chicas que conoció mientras trabajaba, nunca pudo hacer durar ninguna relación, siempre lo terminaban dejando porque era "aburrido" y poco expresivo, así que, su experiencia con las emociones y sentimientos que conectan a los demás, era casi nula.
—Perdón por la espera —escuchó la voz femenina, que de inmediato lo hizo volver a la realidad. Alzó la mirada y la vio: cabello rojo, ojos violetas, era una joven preciosa. Sai no lo sabía cuando la conoció, pero ella era una actriz que apenas empezaba a hacerse conocida, la chica de la fiesta.
—Sara-san —la saludó, poniéndose de pie para hacer una leve reverencia.
Apenas la nombró, la vio fruncir los labios en un gracioso e infantil puchero.
—Oye, no seas tan formal conmigo —se quejó la joven, estirando su diestra para tomar la del mayor—. Sai, ya hasta nos hemos besado, ¿se te olvidó?
El pelinegro sólo desvió la mirada, no es que se sintiera avergonzado, pero tampoco estaba muy cómodo hablando de esos temas. Había sucedido durante la fiesta, después de conocerse y beber un rato juntos, esa chica lo había besado y él no se resistió, era bonita y lo sometió fácilmente con sus encantos y sus coqueteos.
—No se me olvida, aunque estaba algo ebrio —respondió, volviendo a fijar su vista sobre la figura femenina—. Pero ¿por qué querías verme, Sara? —preguntó, esta vez, quitándole los honoríficos, cosa que pareció caerle en gracia a la pelirroja.
—Bueno… —descaradamente, ella se le acercó un poco, mostrándole una sonrisa—. Tú sabes… una chica como yo, que es algo conocida, no puede rodearse de gente cualquiera…
Sai arqueó una ceja, sin comprender.
—Me refiero a que me gustaría que seamos cercanos, Sai —clarificó, pegando su cuerpo al del pelinegro, que parecía no inmutarse por fuera, pero por dentro era una historia diferente—. Digo, tú pronto vas a ser famoso, así que sería bueno para ambos…
A parte de haber compartido unos cuantos besos, Sai le mencionó sobre su banda, pero no fue una conversación muy profunda, así que estaba un poco desconcertado por lo que dijo.
—¿Cómo sabes eso? —cuestionó el chico, no le estaba gustando para nada esta reunión.
Sara se empezó a reír, alejándose un poco de él, no podía evitar ser coqueta y directa, ya que siempre se portaba de ese modo con alguien que le interesaba.
—Tengo mis contactos —respondió, encogiéndose de hombros—. Igualmente, vi la presentación de tu banda en el concierto de ayer, estuvieron increíbles, eres un buen baterista —añadió, mirando las manos del joven con bastante curiosidad—. Me pregunto qué más sabes hacer con las manos.
Por más que Sai fuese bastante indiferente ante la mayoría de las cosas, ese comentario provocó que se sonrojara levemente, ya que, a todas luces, sonaba como acoso sexual. Esta chica seguro era atrevida.
—Tengo que irme, es tarde —dijo nervioso, intentando alejarse de la escena, pero ella no se lo iba a permitir de forma fácil, no sin tener lo que quería, así que lo jaló del brazo y, con todo el descaro del mundo, lo besó en los labios, dejándolo sorprendido.
—Puedes irte por ahora —murmuró al separarse, esbozando una leve sonrisa—. Pero nos veremos pronto, Sai.
Él no respondió nada, simplemente le dio la espalda y se alejó lo más rápido que sus pies se lo permitieron.
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Una nueva mañana ya había llegado y la chica pelirroja se acercaba a la escuela, hoy traía consigo su instrumento musical, pues habría prácticas importantes en el club, o eso les había asegurado su sensei. A diferencia de la mayoría de sus compañeros, que cantaban o tocaban instrumentos que podían integrar una banda, a ella siempre le había gustado lo clásico, aunque decían que tenía apariencia de chica rockera y ruda, Karin era sensible y bastante delicada.
—Me pregunto si será buena idea trabajar con el cara de lagarto nuevamente —se dijo a sí misma, no es que le cayera mal Suigetsu, pero se le hacía un poco "denso", como que no era para nada parecido a ella, ni siquiera su sentido del humor se asemejaba al suyo.
—Hey, chica violinista —escuchó la voz de esa persona, que se había aparecido de la nada a su lado, asustándola un poco—. ¿Estabas pensando en mí?
—¡Q-qué susto! —exclamó la pelirroja, ajustándose los anteojos—. ¿Por qué no avisas que llegaste, tarado?
—¿Eh? —el albino la miró con confusión—. ¿No fue eso lo que hice cuando te llamé?
Karin frunció el ceño, iba a gritarle, pero no habría servido de nada, dudaba que él la hubiese querido sorprender de ese modo a propósito.
—Olvídalo —dijo, soltando un suspiro. Ya estaban frente a la escuela, así que se podía sentir aliviada de no llegar tarde—. Oye, ¿y eso? —preguntó, señalando el parche de color negro, con un halcón que Suigetsu llevaba cocido a su mochila, era muy llamativo.
El chico volteó ligeramente para entender qué era lo que ella le señalaba, ya que llevaba la mochila a la espalda, pero supo enseguida la respuesta.
—Ah, ese es de mi banda, Taka —respondió, mostrando una sonrisa alegre y divertida—. Toco con ellos los fines de semana en un club, somos algo populares.
—Ah, ya veo —dijo Karin, un poco abrumada por la expresión en el rostro del albino, no lo había visto sonreír así desde que lo conocía, incluso tuvo que desviar la mirada, era demasiado radiante.
—¡Karin, Suigetsu! —escucharon ambos, así que se voltearon, viendo a una animada Sakura que se dirigía a ellos—. ¿Qué hacen? ¿Por qué no entran a la escuela? —les preguntó.
La pelirroja se adelantó, no quería que Sakura notara que sus mejillas estaban un poco rojas.
—En eso estaba, frentezota.
Una venita se marcó en la frente de la Haruno, odiaba que señalaran su frente, aunque era una costumbre entre sus amigas.
—¿Cómo me llamaste, maldita? —reclamó, persiguiendo a la pelirroja hacia el interior del edificio.
Suigetsu se quedó a solas, últimamente no dejaba de preguntarse por qué le gustaba tanto pasar el rato con Karin, a pesar de lo grosera que siempre era con él.
Por su parte, al ir persiguiendo a Karin hacia el salón, Sakura se tropezó al subir los escalones de la entrada del edificio escolar, fue a caer al suelo, pero alguien la sostuvo entre sus brazos. Cuando alzó la mirada para ver a su salvador, se encontró de frente con los ojos negros de Sasuke Uchiha, provocando que toda su cara se pusiera roja.
—S-Sasuke-kun… —pronunció, poniéndose más nerviosa al darse cuenta de que, prácticamente, el azabache la estaba abrazando.
—Ten cuidado —dijo Sasuke, ayudándola a recuperar el equilibrio. La soltó cuando eso ocurrió, pero no le apartó la mirada—. Siempre eres torpe, Sakura.
Tenerlo así de cerca sólo le hacía recordar a Sakura los besos del otro día, no podía apartar esas imágenes de su mente, así como tampoco, la sensación de sus labios, pero ni siquiera se atrevía a tocar el tema, se sentía demasiado ansiosa y asustada al mismo tiempo.
—Eh, y-yo… me voy al salón —dijo Sakura, casi corriendo para alejarse de él—. Gracias por tu ayuda, Sasuke-kun —añadió mientras corría hacia su casillero para cambiarse los zapatos y sacar sus libros.
El Uchiha, por otro lado, se quedó ahí un par de segundos más, tan sólo mirándola, preguntándose por qué ella actuaba como si le tuviera miedo, ¿sería que el beso que se dieron no era lo que esperaba?
—¿Qué se supone que haga ahora? —se preguntó, estaba en una encrucijada, sabía que Sakura le atraía mucho, odiaba la idea de que ella prácticamente huyera y se escondiera de él, pero, al mismo tiempo, sabía que debía mantener su distancia por el bien de la banda.
¿Por qué todo era tan complicado?
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Las clases de la mañana pasaron bastante rápido, casi sin que se dieran cuenta, ya era la hora del almuerzo, así que Hinata se levantó de su asiento, había estado evitando a Naruto todo el día y él no parecía que tuviera intenciones de acercarse tampoco, lo cual la desanimaba bastante.
—Hinata-chan —le dijo su amiga y compañera de asiento, quien miró de reojo como su novio salía del salón—. Iré a hacer algo y te alcanzo en la cafetería, ¿sí?
La ojiperla asintió con la cabeza, sabía bien que Matsuri iría a verse con Gaara, le parecía un poco emocionante aquello del "romance secreto" que mantenían esos dos, eran muy lindos.
—Claro, te espero —dijo Hinata, entonces la castaña salió corriendo del salón.
Hinata sacó su almuerzo de su bolso, estaba por dirigirse a la cafetería de la escuela, cuando alguien se paró delante de ella, la chica pelirroja del salón, nunca le había hablado, pero admiraba enormemente su talento con el violín.
—¿Hola? —dijo la ojiperla, un poco extrañada.
—Hola —Karin le respondió, ajustándose los anteojos—. Noté que estás algo sola, ya que tu amiga se fue —añadió, mirando en otra dirección—. No creas que me agradas o algo, pero eres una compañera, deberías unirte a las chicas y a mí en el almuerzo.
La idol estaba sorprendida, desde que llegó a ese salón, a parte de los chicos y de Matsuri, las demás personas no le prestaban mayor atención, aunque no faltaban aquellas que murmuraban a sus espaldas, ya que siempre había sido alguien envidiada.
—Oh, muchas gracias, Karin-san, lo aprecio mucho —dijo con una suave sonrisa, le hacía feliz que una de sus compañeras se le acercara y la invitara a comer con ella y el resto de sus amigas, adoraba esto.
Al salir junto a Karin, miró de reojo a Naruto, él también la observó, se puso totalmente rojo y rápidamente desvió su atención hacia otro lado.
El rubio se cubrió la mitad del rostro con una mano, con sólo ver a Hinata, sentía que se le iba a salir el corazón por la boca, ¿cómo era posible tal sensación?
—Rayos —murmuró para sí mismo, ni siquiera durante todo el tiempo en el cual anduvo detrás de Sakura, llegó a experimentar algo parecido a esto, pero no dejaba de pensar y de preguntarse qué estaría sintiendo Hinata, ¿qué pensaría al respecto? ¿Ella también gustaba de él?
¿Acaso había alguna posibilidad de que ellos dos…?
No, era ridículo el solo hecho de pensarlo, quizá Hinata correspondió a su beso, pero eso no significaba que sintiera algo hacia él, ¿no?
—Me voy a volver loco —se dijo con desespero, revolviéndose la rubia cabellera con ambas manos.
—Naruto-san —escuchó que alguien lo nombraba, así que miró a su costado y vio a aquella joven que, últimamente, parecía acercársele bastante seguido—. ¿Te sucede algo? Luces un poco preocupado.
—¿Eh? —Naruto rio nervioso, lo que lo aquejaba no era algo que pudiera hablar con nadie, ni siquiera con sus propios mejores amigos, menos con esta chica que apenas conocía—. No es nada, todo está bien —respondió, tomando su almuerzo para salir del salón corriendo.
Shion se lo quedó mirando, torciendo un poco la boca a modo de molestia, ¿por qué era tan difícil llamar la atención de Naruto? ¿Acaso era tanto lo que la mustia de Hinata se había colado en su vida?
—Hinata… —murmuró la joven cantante, tomando su teléfono celular y observando la fotografía que había tomado de ella y Kiba Inuzuka, rápidamente, dibujó una sonrisa maliciosa en sus labios, parecía que tendría que usar ese truco antes de tiempo.
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Detrás del gimnasio de la escuela, Matsuri llegó caminando cabizbaja, se sentía nerviosa por la situación que ella y Gaara estaban viviendo, no le parecía algo justo para ninguno de los dos, aunque tampoco podían culpar a sus padres, no era como si algo de esto hubiese sido planeado.
—Tardaste —dijo el pelirrojo, que se encontraba sentado junto a la pared, anotando algo en una libreta. Ella lo miró curiosa, así que él esbozó una suave sonrisa—. Estaba haciendo algunas anotaciones de la canción que te enseñé la otra vez.
—Oh… —fue todo lo que dijo Matsuri al respecto. Con cuidado y en silencio, se sentó junto a su novio, procurando que la corta falda de su uniforme no dejara ver nada indebido—. Uhm, Gaara-kun… —lo llamó, sin atreverse a mirarlo—. ¿Qué vamos a hacer?
Él frunció el ceño, sabía que tenían que hablar de esto, pero, siendo sincero, no tenía muchas ganas. Cerró la libreta en donde había estado escribiendo y enganchó el bolígrafo entre los anillos, dejándola a un lado de él, luego tomó la mano de Matsuri, mirándola fijamente.
—¿Tú qué quieres hacer? —preguntó, procurando no mostrarse asustado o confundido, para demostrarle confianza a ella y hacerla sentir segura—. Sé que todo esto es muy raro, pero yo sigo teniendo clara una cosa y esa es que quiero estar contigo, así que dime, ¿tú quieres lo mismo?
La castaña, un poco sorprendida, apretó la mano de su novio, aunque él lucía tranquilo, ella podía ver en sus ojos ese ligero atisbo de desespero, Gaara se sentía igual que ella no importaba lo seguro que se mostrara.
—Desde el primer día que te vi, cuando me ayudaste, siempre te admiré —dijo Matsuri, sonriendo quedamente—. Soy una persona tímida y algo torpe, por eso… solamente te admiraba en silencio, me conformé con eso, pero ahora que estoy a tu lado, yo… no podría conformarme con estar lejos o con ser una especie de hermana, yo te quiero, Gaara-kun —confesó, mirándolo a los ojos, su corazón latía con rapidez dentro de su pecho, sus manos temblaban, pero se mantenía firme, porque no pensaba renunciar a lo más preciado para ella; el amor de Gaara.
Cuando escuchó sus palabras, Gaara juró que una especie de corriente eléctrica le recorrió el cuerpo de pies a cabeza, haciendo que sus latidos se aceleraran, su novia era siempre tan tímida, pero el hecho de que le dijera todo eso lo llenaba de alegría, de felicidad y de determinación.
—Entonces… sigamos como hasta ahora —dijo el pelirrojo, acariciando la mejilla de la chica—. Sigue siendo mi novia, Matsuri.
—Por supuesto que sí, Gaara-kun —respondió Matsuri, cerrando lentamente sus ojos, a medida que él se fue acercando a su rostro, para besarla en los labios.
En ese momento, ni la banda, ni la boda de sus padres, muchos menos lo que fueran a pensar otras personas, podía importarles más que lo que sentían y su deseo de estar juntos.
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La incomodidad era palpable en aquella mesa de la cafetería de la escuela, tan solo para no sentirse sola, Hinata había aceptado ir a comer con Karin y sus amigas, pero debió prever que Sakura estaría ahí, además, la novia de Kiba no dejaba de verla de mala gana, parecía que tenía algo en su contra, de lo cual, la idol no estaba enterada.
—Entonces, Hinata —habló la pelirroja, que, notando el ambiente tenso, intentó hacer algo para remediarlo, se suponía que había sido idea de Ino el traer a Hinata a almorzar con ellas, ya que quería averiguar qué se traía ésta con Kiba, pero no parecía estar siguiendo su propio plan—. Creo que desde que llegaste, esta es la primera vez que comes con nosotras, ¿no?
La ojiperla asintió con la cabeza, llevándose una porción de arroz blanco a la boca.
—Así es, Karin-san —contestó, un poco contrariada—. La mayoría de las chicas del salón parecen ignorarme… —añadió, soltando una risita nerviosa.
Ino bufó y Sakura sólo rio, ella tampoco había mostrado interés en Hinata, aunque no le parecía una mala persona, la tenía como alguien que estaba completamente fuera de su mundo, después de todo, Hinata era una estrella.
—Debe ser increíble ser tan famosa y querida —comentó la peli rosa.
Hinata la miró atentamente en ese momento, a decir verdad, envidiaba a Sakura, ella podía ser una cantante famosa, rodeada de la admiración y del amor de sus fans, pero ¿de qué servía todo eso cuando la persona que a ella le gustaba, sólo tenía ojos para alguien más?
—No sé si sea algo increíble —dijo entonces, cerrando sus ojos y esbozando una suave sonrisa—. La fama y la atención no son algo que me importe demasiado, lo más importante para mí es mi música.
—Realmente tienes una voz hermosa —habló Ino, su expresión se había suavizado un poco, pero no dejaba de sentir cierta desazón hacia su compañera de clases, desde que había notado la atención que Kiba volcaba sobre ella, estaba celosa—. También eres bonita, creo que es normal que llames la atención, Hinata-san —la rubia apoyó su mejilla contra la palma de su mano—. Supongo que podrías tener al chico que quieras, dime, ¿hay alguien que te guste?
Cuando escuchó aquella pregunta, el rostro de Hinata enrojeció por completo, ni siquiera podía disimular, no era algo con lo que ella estuviera acostumbrada a lidiar, por lo que no fue difícil para las otras tres el notar su reacción.
—B-bueno, y-yo… —tartamudeó, dejando a un lado los cubiertos con los que estaba comiendo—. N-no, para nada… —aseguró jugando con sus dedos como si se tratara de una niña pequeña—. No tengo tiempo para ese tipo de cosas, ya saben.
La Yamanaka frunció el ceño, evidentemente, no le creía nada, incluso estaba preguntándose si acaso el chico que estaba en el corazón de Hinata en ese momento, era su novio Kiba.
—Actúas como si te gustara alguien —comentó Sakura, dejando escapar una ligera carcajada, la que sólo puso más roja a la pobre Hinata.
—¡N-no es así!
Mientras ellas reían y parecían divertirse bastante, desde su mesa, Naruto no dejaba de mirar a Hinata y las bonitas expresiones de su rostro, el modo en que se sonrojaba, la pequeña sonrisa que se formaba en sus labios después de hablar, e incluso el brillo de sus ojos de luna, ¿cómo podía alguien ser tan hermosa? Ni aunque la hubieran sacado de un cuento de fantasía, aquello tendría menos sentido.
—A ese jugo ya no le queda vida, Naruto —dijo Sasuke, que había notado que su amigo no dejaba de sorber la pajita de su caja de jugo desde hace rato, aunque ésta estaba vacía.
—Parece que se le consumió el cerebro junto con el jugo —dijo Sai, que también había notado el extraño comportamiento del rubio—. O igual se arrepintió de dejar a Sakura, no deja de mirar hacia su mesa.
Sasuke frunció el ceño al escucharlo, mientras que Naruto se puso rojo de la ira.
—No digas tonterías, Sai —se quejó, notando que, de un momento a otro, Gaara ocupaba el asiento vacío frente a él, justo al lado de Sasuke—. Hasta que apareces —se dirigió al recién llegado—. ¿En dónde estabas, Gaara?
El pelirrojo chasqueó la lengua.
—No te incumbe —respondió, evitando a toda costa que le llegaran a preguntar más al respecto—. Me llamó Kurenai-san, debemos presentarnos hoy para discutir sobre la banda.
—No puedo ir, mi padre se va hoy de Japón —habló el azabache, que rápidamente se puso de pie, ya había terminado de comer y no quería seguir en la cafetería, en donde su vista no dejaba de perderse en la figura de cierta chica de cabello rosado.
—Acabaremos echándote del grupo por faltar a cada reunión —le dijo Naruto, cruzándose de brazos—. En fin, no te vayas, quería decirles que estaba pensando sobre qué hacer para la tarea de Kakashi-sensei en el club de música.
Gaara soltó un suspiro, ahora que Naruto lo mencionaba, acababa de recordar algo importante.
—Sobre eso… —tomó la palabra—. Olvidé por completo decírselos, pero invité a Hinata a cantar con nosotros, ella será parte de nuestro grupo para esta asignación.
Los ojos de Naruto se abrieron como platos, su expresión de horror no se hizo esperar, ¿a qué se refería Gaara? ¿Cómo que iban a trabajar con Hinata? ¡Eso no podía ser posible! Menos ahora, después de lo que aconteció entre ellos dos.
—¿Acaso te volviste loco, Gaara? —cuestionó, haciendo un esfuerzo sobrehumano por disimular su exaltación ante la –no muy agradable– noticia.
—Por mí no hay problema —opinó Sasuke, que rápidamente se volvió a sentar, sólo quería irse y descansar un poco su vista, pero hablar sobre el grupo era más importante, además, siempre podía no mirar en la dirección de la mesa de las chicas.
—Por mí tampoco, me agrada Hinata-san —secundó Sai, cuyo teléfono empezó a sonar de repente, llamando la atención de los chicos, aunque rápidamente colgó la llamada, la incomodidad se hizo presente en sus ojos, a pesar de ser alguien poco demostrativo.
El Uchiha notó ese extraño comportamiento.
—¿No vas a responder?
Sai dedicó una de sus típicas sonrisas fingidas a sus "amigos", aunque, más que amigos, los consideraba simplemente colegas, él no podía decir que tenía ese tipo de relación tan cercana con nadie, también pensaba que ninguno de ellos lo veía de ese modo.
—No era nada importante —dijo con calma, aunque no era del todo cierto, sabía que esa chica volvería a llamarlo, así que procuró apagar su teléfono.
—Lo que sí es importante es que Gaara haya tomado una decisión sobre el grupo sin consultarnos —habló Naruto, apuntando hacia su amigo con su dedo índice, se sentía realmente enfadado y no, no era porque le desagradara Hinata, era justamente todo lo contrario.
—¿Por qué haces tanto escándalo? —se quejó el bajista de la banda—. Creí que te llevabas bien con ella, hasta nos consiguió un contrato.
—Sólo es una asignación del club de música —añadió Gaara, frunciendo levemente el ceño ante la negativa del rubio—. No es para tanto, actúas como si cantar con ella fuese un suplicio, Hinata es una chica talentosa y agradable.
Naruto miró fijamente a Gaara, tras oír el modo en el que él se expresaba de Hinata, algo dentro suyo se removió de un modo sumamente inquietante, su boca se sentía seca y su pecho se apretó, ¿por qué Gaara hablaba sobre Hinata de ese modo? Y, ahora que lo pensaba, últimamente los había visto hablando, sonriéndose… ¿acaso había algo entre ellos?
—Gaara… —Naruto frunció el ceño—. ¿Se puede saber qué te traes con Hinata?
—¿Yo? —el pelirrojo parpadeó confundido, apuntándose a sí mismo.
Por su parte, Sai y Sasuke se lo quedaron mirando, ahora que el Uzumaki lo mencionaba, ambos también se sintieron intrigados, Gaara no actuaba normal desde hace un par de días, aparte de que lucía más animado que de costumbre, parecía ser bastante más cercano a esa chica que el resto de ellos.
—Sí, tú —insistió el rubio, apretando su puño—. He visto que hablas mucho con ella y ahora hasta la invitas a cantar con nosotros, ¿acaso te gusta?
Decir que Gaara estaba desconcertado por el interrogatorio era poco, ¿por qué su buena acción para impulsar el talento de su novia, había acabado en un malentendido tan rebuscado? Pero él tampoco podía explicar que todo esto había surgido de su deseo de apoyar a Matsuri, porque eso significaría que había roto su pacto de dedicar su cien por ciento a la banda.
—No seas estúpido —contestó, cerrando sus ojos y dejando salir un suspiro, incluso si deseaba gritar que a él no podía gustarle otra que no fuera Matsuri, tenía que omitir ese detalle por ahora—. No me gusta Hinata, aunque nos hemos hecho buenos amigos, si la invité a la asignación, es porque trabajamos bien con ella y sólo pensaba en el bien común de la banda, no te hagas ideas equivocadas.
—Como sea —masculló Naruto, levantándose de golpe del asiento—. Voy al baño, los veo luego —dijo antes de retirarse, se sentía como un idiota, en serio, ¿qué había sido eso de recién? Estaba actuando como un novio celoso, cuando él y Hinata no eran nada, incluso si se habían besado… incluso si ella le permitió besarla, él no podía comportarse de ese modo, menos con sus amigos.
Hinata jamás sería alguien a quien él pudiera aspirar.
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El trabajo de oficina nunca fue algo a lo que él aspirara mientras era un niño, incluso cuando era un adolescente, soñaba con convertirse en alguien famoso, un futbolista o un actor reconocido, le fascinaba la idea de tener fans, gente que lo reconociera al ir pasando por su lado, quizá por eso había decidido formar parte de esa banda musical cuando estaba en la escuela preparatoria. Todavía recordaba que, por un breve periodo de tiempo, se convirtió en lo que quería, cuando su grupo lanzó una canción que los catapultó en las listas musicales, aunque la persona que robó todo el foco de atención, de hecho, fue su guitarrista; Kakashi.
Y pensar que consideró a Kakashi como su mejor amigo durante tantos años, hasta le permitió quedarse con Rin, sin que él moviera un solo dedo para impedir su relación, pero ¿acaso había valido la pena?
—Permiso —una voz interrumpió sus pensamientos, seguida de dos golpes a la puerta de su despacho. Obito miró hacia la entrada, un hombre alto, de cabello blanquecino y que usaba anteojos, ingresó, realizando una leve reverencia frente a él—. Señor Uchiha, ya he concretado el pago con la persona que me ha pedido, ella realizará el trabajo dentro de poco.
Obito solía ser una persona brillante y alegre cuando era joven, siempre sonriente, siempre esperando lo mejor de la vida, deseando hacer todo por las buenas, con justicia, pero todo eso había cambiado cuando perdió a Rin, sin ella, él simplemente perdió el norte.
—Perfecto, Kabuto —contestó, esbozando una maliciosa sonrisa—. Hazme saber cuando la chica haga lo que le pedimos —vio asentir al hombre que trabajaba para él, quien se disponía a salir—. Espera, también estoy deseando saber si lo otro que te pedí ya está listo.
El albino detuvo sus pasos justo junto a la puerta, ajustándose los anteojos, los cuales brillaron junto a su sonrisa.
—El señor Orochimaru está encargándose, apenas haya noticias sobre la compra, se lo diré —comunicó antes de salir, dejando a Obito a solas, quien se acomodó contra el respaldar de su silla.
El Uchiha cerró sus ojos y sus labios se curvaron con malicia, todo estaba saliendo como él quería, dentro de poco, ese idiota que se hacía llamar hombre, iba a conocer lo que era el verdadero infierno, el mismo en el cual él vivía desde que Rin murió.
—Finalmente sabrás por lo que he pasado, Kakashi…
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—¡Achú!
—¡Salud! —exclamaron la mayoría de los estudiantes, tras ver que su profesor se ponía a estornudar en medio de su explicación para la clase del club de música.
Kakashi se llevó una mano a la nuca, un poco avergonzado, últimamente se estaba sintiendo algo débil, quizá pronto tendría gripe.
—Bueno, chicos, ya saben, júntense en los grupos que escogieron y háganme llegar un papel con los nombres de los integrantes, empezaremos por elegir lo que van a interpretar.
Los alumnos asintieron con la cabeza, comenzando a agruparse, todos parecían muy entusiasmados y animados con la idea de esta tarea, ya que iban a presentarse en el festival cultural y eso era lo más entretenido, aunque también les agregaba un poco de presión.
—Chicos… —Matsuri se acercó al grupo de Kiba, Shikamaru y Chouji, sentándose junto a los tres muchachos—. Yo, bueno… me gustaría aceptar su propuesta, si aún quieren…
Los jóvenes sonrieron, estaban a punto de volverse locos al pensar que no habían conseguido una vocalista para su banda, pero la castaña les venía como caída del cielo, no sólo su voz era perfecta para encajar con el concepto que tenían en mente, también su talento para el piano.
—Qué bueno que decidiste aceptar —dijo Kiba, ampliando su sonrisa—. Te aseguro que no te vas a arrepentir, Matsuri.
—Es problemático, pero creo que lo harás bien —opinó Shikamaru, que miró de reojo a cierta joven rubia que estaba presente en una esquina del salón de música, pues había sido asignada como supervisora de la clase ese día.
Por extraño que pareciera, Shikamaru empezaba a acostumbrarse a verla en todos lados.
Naruto se mostraba ligeramente fastidiado ante la idea de estar cerca de Hinata, aunque ella actuaba con normalidad, a él le costaba un poco, no era del tipo de persona que pudiera disimular sus emociones.
—Entonces, tengo esta canción en mente —dijo Gaara, entregándole al resto de su equipo una hoja de papel con la letra del tema que había pensado que sería perfecto para interpretar junto a la ojiperla—. No es nuestro estilo usual, pero con Hinata de nuestro lado va a funcionar.
Sasuke miró la letra con atención, igual que lo hizo Sai, aunque Naruto no se mostraba convencido, había algo que le estaba disgustando.
—No entiendo, Gaara —dijo con seriedad, señalando la hoja de papel que sostenía con su mano izquierda—. La melodía no está mal, pero aquí dice que el tono del cantante masculino es muy diferente del tuyo, ¿acaso piensas cambiarte de voz?
El pelirrojo rio internamente por la pregunta, ese Naruto era muy lento para analizar las cosas con efectividad, aunque, era cierto que no dejaba detalles como ese al aire.
—Tú harás el dúo con Hinata, Naruto —respondió como si nada, aunque no esperaba la reacción tan exagerada que tendrían los dos involucrados.
—¡¿Quéeee! —exclamaron ambos.
Se miraron entre sí y ambos se pusieron completamente rojos, de solo pensar en la posibilidad de volver a cantar juntos, los dos sentían que se atragantaban.
—¡P-pero tú eres el vocalista! —reclamó el rubio, intentando disuadir a su amigo de la arbitraria decisión que había tomado, no porque tuviera miedo de cantar, sino porque se moría de la vergüenza de tener que hacerlo junto a ella.
Gaara entornó los ojos, Naruto estaba portándose de un modo muy extraño, incluso le recordaba a sí mismo y a su forma de actuar con Matsuri, cuando apenas se empezaba a dar cuenta de que ella le gustaba.
—Oh… —pensó el pelirrojo, que pareció entenderlo todo en ese instante, así que miró a su amigo con tranquilidad—. Tú eres el segundo vocalista, es igual, además, dijiste que querías cantar con Hinata, ¿no?
La cara del guitarrista se puso roja nuevamente, en serio, ¿por qué no dejaba de avergonzarse a sí mismo?
—Sí, yo dije eso, pero…
—Ya deja de quejarte —interrumpió Sasuke, que ya empezaba a fastidiarse por la actitud tan negativa del rubio—. Sólo es una tarea y sólo será una canción, Gaara tiene razón, tú lo pediste, además, creo que sería bueno y refrescante variar un poco, sobre todo, porque Kakashi-sensei nos pidió salir de nuestra zona de confort.
—Exacto —asintió el pelirrojo—. Por fin alguien que lo entiende.
Sai, que estuvo callado durante toda la discusión, notó que Hinata sólo se mantenía mirando hacia el piso, sus piernas temblaban como gelatina, ella estaba sumamente nerviosa y eso no era bueno.
—Hinata-san es una gran cantante —habló, intentando reconfortar un poco a la jovencita—. Estoy seguro de que ella guiará tu voz, Naruto, así seas un fracasado total —tras decir lo último, sonrió ampliamente, su expresión no acompañaba para nada la intención de sus palabras.
Una venita se marcó en la frente del rubio al escucharlo, a veces Sai le colmaba la paciencia fácilmente.
—Oye, ¿a quién llamas fracasado total?
Mientras Naruto reclamaba a Sai sobre su insulto, Hinata lo miró de reojo, sus mejillas volvieron a teñirse de rojo y fue un gesto que no pasó desapercibido por Gaara, ya empezaba a notar que esos dos traían algo, por eso Naruto se había comportado como un novio celoso en la cafetería, pero ¿qué debía hacer? ¿Acaso era buena idea ayudarlos? ¿O era mejor que simplemente se mantuviera al margen?
Por otro lado, ajeno a todo el enredo de sentimientos de sus amigos, Sasuke nuevamente observó la sonrisa de Sakura, mientras ella e Ino se ponían de acuerdo con Suigetsu y Karin, ella parecía tan feliz y risueña en ese momento, Sasuke se preguntaba si acaso le habían dicho algo gracioso o si sólo sonreía porque estaba feliz, ya que se veía muy bonita.
—Rayos… —pensó con fastidio—. ¿Qué tengo que hacer para dejar de pensar en ese beso? —se preguntó, consternado, pues de sólo ver los labios de la peli rosa, su mente continuaba devolviéndolo a aquel instante, aunque, para ser honesto, no quería olvidarse de ello, lo que más anhelaba era repetirlo una y otra vez.
Después de que la clase acabara y de que todos los grupos estuvieran formados y habían decidido qué hacer, el profesor y la mayoría de los estudiantes se fueron retirando. Naruto estaba guardando su guitarra dentro del estuche, terminó de cerrar el mismo y notó que Gaara no se había retirado, seguía sentado frente a él, mirándolo atentamente.
—¿Qué? —cuestionó, arqueando una ceja—. ¿Quieres hablarme de algo, Gaara?
A pesar de que Gaara no era alguien de lo más comunicativo, siempre había podido entenderse con sus amigos más que con cualquier otra persona, Sasuke y Naruto habían llegado a convertirse en las personas más cercanas para él, además de sus hermanos, por lo que tenía mucha confianza en ambos, aunque ahora mismo no se sentía capaz de confesarles sobre su relación con Matsuri.
—He estado pensando en algo, Naruto —dijo el pelirrojo, dejando a un lado su guitarra, ya también guardada dentro del estuche—. Hoy te comportaste de un modo anormal.
—Eh… —Naruto rápidamente se puso nervioso, la imagen de Hinata llenó su mente y el momento en que la besó se reprodujo en su memoria.
Gaara no era nada tonto, los ojos de su amigo le dijeron la verdad más rápido que si se lo hubiera dicho con la boca.
—Te gusta Hinata, ¿no?
Descubierto.
—¡N-no! —respondió casi de inmediato el Uzumaki, tremendamente exaltado—. ¿Pero qué tonterías dices, Gaara? ¿Por qué habría de gustarme? —cuestionó, empezando a reírse como un loco.
Lo que más odiaba Hinata en el mundo, aparte de las odiosas preguntas de los reporteros acerca de su vida amorosa, era olvidarse las cosas, no solía ser tan distraída, pero ese día no estaba en sus cabales, todo por eso beso con Naruto, porque, a fin de cuentas, hoy había compartido un momento agradable con la novia de él y eso le hacía sentir un poco culpable, además, él parecía ignorarla por completo, hasta actuaba como si la quisiera lejos.
Al llegar al salón de música, en donde había dejado abandonado su bolígrafo favorito, pensó que todos ya se habían ido, pero se sorprendió al oír voces, ambas eran conocidas por ella.
—Oye, no soy idiota, ¿sabes? —oyó decir a Gaara, su tono de voz mostraba cierto fastidio, cosa que intrigó a la ojiperla—. Desde hace rato noto que actúas muy incómodo alrededor de Hinata, dijiste que terminabas con Sakura por el bien del grupo, pero hay algo más, no lo niegues.
¿Cómo que Naruto y Sakura habían terminado? ¿Cuándo pasó eso? Hinata estaba tan asombrada de escucharlo, ella no tenía la menor idea.
—Gaara, no es nada de eso, te lo juro, sólo me importa la banda —aclaraba el nervioso rubio.
Hinata tragó saliva.
—Olvida la banda un momento y sé honesto conmigo, somos amigos, ¿no? —dijo Gaara—. ¿Qué sientes por Hinata Hyûga? ¿Ella te gusta?
Hubo un prolongado silencio, que pareció que duraba una eternidad, la chica estaba ansiosa por oír la respuesta, sentía que se le iba a salir el corazón, ¿qué iba a pasar si él decía que sí?
—Yo… a decir verdad… —justo cuando Naruto estaba por responder, su celular sonó, pero no fue sólo el suyo, el de Gaara e incluso el de Hinata también lo hicieron.
Los tres revisaron sus teléfonos y se sorprendieron con lo que vieron ahí, en el blog de la escuela, había una publicación que los dejó helados.
—¿Qué es esto…? —se cuestionó el rubio, sintiéndose tremendamente furioso.
¿Quién carajo había publicado tal basura?
Continuará…
