"Cuando tenemos un problema y no sabemos con quién hablarlo, podría convertirse en un verdadero dolor de cabeza, por muy pequeño que sea."

Capítulo 18: Se avecinan problemas

El aeropuerto no era el lugar favorito de Sasuke en el mundo, no le gustaba estar rodeado de gente que iba de aquí para allá, además, se suponía que debía estar en la disquera con los chicos, pero sabía que, si no despedía a su padre, éste se la iba a liar y, ahora mismo, prefería mantenerse fuera de sospechas, ya sólo le quedaban pocos meses para cumplir dieciocho.

—Bueno, padre, ya viene siendo hora de que salga tu vuelo —dijo Itachi, que también estaba ahí. Tanto él como su hermano menor estaban poco convencidos de este supuesto negocio millonario, pero así era Fugaku, su prioridad siempre era el trabajo.

—Itachi, Sasuke —los nombró a ambos, llamando su atención—. Prometan que van a comportarse, Itachi, cuida bien de tu hermano —añadió, sosteniendo con fuerza su maletín.

Sasuke suspiró, era el colmo que su padre pensara que él necesitaba ser cuidado por alguien como Itachi, pero claro, su hermano era don perfecto, mientras que él era un "rebelde sin causa".

—Por supuesto, padre, cuidaré bien de Sasuke —aseguró el mayor, asintiendo un par de veces con la cabeza, mirando de reojo a su hermano, quien se cruzó de brazos y bufó enfadado.

—Como sea —murmuró el menor.

En ese momento, escucharon el llamado del vuelo de Fugaku, así que éste se despidió de sus hijos y se puso en marcha, pero antes de abordar, recibió una llamada, así que se apresuró en contestar.

—¿Obito? Sí, el vuelo está por salir, en este momento voy a abordar, claro, te avisaré cuando llegue, por favor, no olvides vigilar a los chicos —le decía al aparato, mientras caminaba hacia la compuerta correspondiente.

Los dos hermanos salieron del aeropuerto y se dirigieron al estacionamiento, en donde estaba estacionado el auto de Itachi, con el cual había conducido hasta aquí para dejar a su padre. Ambos subieron y en el momento en que Itachi cerró la puerta y se puso el cinturón de seguridad, miró a Sasuke.

—¿Qué? —cuestionó éste, frunciendo el ceño.

La mirada de Itachi era bastante seria, se notaba que quería hablar de algo importante, pero su hermano siempre estaba a la defensiva, como si todo el mundo quisiera atacarlo, Sasuke era como un gato arisco y malhumorado, era difícil imaginar al niño llorón y alegre que era antes.

—Ahora que se fue papá, quiero que me digas lo que estás haciendo secretamente con Naruto y Gaara —exigió, notando que el menor entornaba los ojos con fastidio.

—No hacemos nada en secreto, ¿qué dices? —respondió, haciéndose el loco.

Vio que Itachi sacaba el teléfono celular de su bolsillo del pantalón, tecleaba algo y luego le enseñaba la pantalla, lo que vio, le hizo abrir bastante los ojos por la sorpresa; era un video de su presentación en público.

—Pues no, no es nada secreto —contestó el mayor, soltando un suspiro—. Agradece que papá sea negado con la tecnología y que no le interesen las redes sociales, pero para mí no fue gran cosa encontrarlo, me lo recomendaron por todos lados —apagó la pantalla y dejó el teléfono sobre la consola de mando del automóvil—. "El nuevo grupo sensación" —hizo las comillas con las manos—. Sasuke, ¿sabes que padre te matará si se entera?

Sasuke chasqueó la lengua, lo sabía mejor que nadie, pero confiaba en poder mantenerlo escondido hasta que cumpliera la mayoría de edad, más ahora que su padre se había ido del país por un largo periodo de tiempo.

—Ya sé —fue todo lo que dijo.

Itachi suspiró una vez más, echándose para atrás contra su asiento, su hermano menor no tenía remedio, él sabía que Sasuke haría lo que quisiera hacer, aun si iba contra la voluntad de su padre, no tendría mucho caso que él le hiciera las cosas más difíciles, así que todo lo que le quedaba era darle su apoyo.

—Sasuke, entiendo que hacer música es lo que te gusta, pero sabes que padre lo odia, no te digo que dejes de hacerlo, sólo te pido que seas cuidadoso y que te fijes muy bien en lo que haces.

—No necesito tus consejos —respondió Sasuke, mirando por la ventana del auto.

Su hermano ya no le dijo nada, sabía que Sasuke se tomaría todo como un ataque, así que era mejor dejarlo por la paz, al menos, por ahora, después de todo, que hiciera música no era nada malo, luego él se encargaría de averiguar más sobre dónde se había metido Sasuke, quiénes eran las personas que trabajaban con él.

*• - _ -•**• - _

Hinata estaba abrumada, no entendía nada de lo que estaba pasando, se suponía que Kurenai la llamó para discutir sobre una oferta de publicidad, entonces, ¿por qué los chicos también estaban ahí? Además, no era capaz de mirarlos después de lo sucedido en la escuela, ni siquiera tuvo la valentía de ir por su bolígrafo cuando le llegó aquel mensaje a su teléfono.

Alguien le había tomado una fotografía mientras charlaba alegremente con Kiba, su compañero de clases, luego la difundieron en el sitio web de la escuela de forma anónima, haciéndola ver como una chica descarada, que le coqueteaba a alguien con novia. Cuando vio eso y se dio cuenta de que Naruto y Gaara recibieron lo mismo, ella simplemente salió corriendo, creyó que estaría a salvo en las instalaciones del sello discográfico, pero debió suponer que no sería así.

—Entonces Sasuke se encuentra en el aeropuerto, entiendo —dijo la mánager, que enseguida tomó asiento detrás de su típico escritorio—. Bueno, ustedes le darán la noticia.

Naruto la miró con curiosidad, los otros no parecían especialmente interesados, como si cada uno anduviera en su propio mundo, aunque el rubio no pudo evitar observar de reojo a la ojiperla, que sólo se mantenía con la cabeza gacha.

—Chicos, su presentación causó tal sensación, que nos llamó una empresa de publicidad, los quieren como modelos para una marca de sodas.

Los tres jóvenes abrieron sus ojos con sorpresa y Hinata alzó la mirada, también asombrada, sabía que los chicos se merecían eso y más, pero algo no cuadraba.

—¿Y yo qué tengo que ver? —preguntó, apuntándose a sí misma con su dedo índice.

La mujer de ojos rojos sonrió —Pidieron que tú seas modelo junto a los chicos, ellos estaban especialmente interesados en la química de los vocalistas.

Al escuchar aquello, Gaara frunció enseguida el ceño, últimamente escuchaba demasiados comentarios como esos, incluso en las notas de prensa sobre su actuación había un montón de gente preguntando si es que acaso ellos eran novios o especulando un romance secreto entre los dos, cuando la cosa no podía estar más alejada de la realidad.

—Espere un segundo —habló el pelirrojo—. ¿A qué se refiere con eso último?

Hinata asintió, ella también tenía dudas al respecto, además, todavía se sentía incómoda por la culpa de ese chisme estúpido, estaba segura de que tendría problemas con Ino en la escuela mañana, justo cuando parecía que sus compañeras por fin la estaban aceptando.

—Bueno, no es nada raro —respondió Kurenai, tecleando en su computadora algo—. En el mundo del espectáculo existen las llamadas "parejas visuales", no salen juntos de verdad, ni nada parecido, pero a la gente le gusta verlos juntos porque se ven bien —explicó, dando vuelta la pantalla hacia ellos, para que pudieran ver varios ejemplos de imágenes de parejas famosas que, en efecto, no eran novios, pero siempre salían juntos en publicidades o cosas por el estilo—. Para mi sorpresa, a la gente le gustó verlos juntos.

Gaara y Hinata se miraron el uno al otro, a ninguno le agradaba la idea, pero mientras los límites estuvieran establecidos, no debía suceder nada malo, ¿no?

Cuando la reunión terminó, luego de que Kurenai les explicara los parámetros de la publicidad que iban a realizar, Hinata fue la primera en salir pitando de ahí, necesitaba irse a su casa y encerrarse en su habitación hasta que la tierra se la tragara, o hasta que las sábanas la absorbieran, lo que pasara primero. Sin embargo, contrario a su plan, cuando estaba por llegar al elevador, alguien la agarró del brazo y la jaló hacia las escaleras de emergencia, cerrando la puerta detrás de ellos.

La ojiperla, un poco asustada, buscó la mirada de su "secuestrador", sólo para encontrarse con los brillantes y profundos ojos azules de Naruto, que la miraban con seriedad.

—N-Naruto-kun… —pronunció con nerviosismo, sentía que sus mejillas se calentaban y que todo su cuerpo temblaba, era como si sus piernas fueran de gelatina, ni cuando le tenía miedo al escenario se sintió tan débil y frágil como ahora.

Naruto soltó lentamente su mano, no había notado la fuerza que aplicó en su agarre hasta que se fijó en la muñeca un poco enrojecida de la chica, por lo que se regañó mentalmente, ¿cómo podía ser tan descuidado?

—Lo lamento, Hinata, ¿te duele? —le preguntó, tomando –esta vez– con delicadeza su pequeña y blanca mano, para sobar con cuidado la zona de su piel que estaba marcada—. Perdona, solamente quería hablar contigo —dijo apenado.

—E-estoy bien —se apresuró en responder Hinata, aunque no hizo nada para que él la soltara, pues le agradaba el contacto—. ¿De qué querías hablar, Naruto-kun?

Hasta ese momento, Naruto estaba relativamente tranquilo, pero apenas se acordó del tema que pretendía tratar con la Hyûga, toda su cara se puso de color carmesí.

—Eh, b-bueno… —habló, rascándose la mejilla con nerviosismo, incluso sus ojos miraron en otra dirección—. Lo que pasó… ya sabes…

—Oh… —la ojiperla bajó la mirada y se mordió el labio inferior, ahora no sólo sentía que se iba a desmayar, sino que también le iba a explotar el corazón de tan rápido que estaba latiendo, no sabía si podría mantener esta conversación, así que decidió cambiar de tema, porque, sinceramente, esto le asustaba—. Y-yo, es decir… ¿viste lo que enviaron al sitio de la escuela?

Inmediatamente, el rubio volvió a mirarla fijamente, asintiendo con la cabeza, se veía un poco fastidiado y Hinata temió haber metido la pata al recordarle que los demás pensaban que era una roba novios, quizá hasta él lo creía, pero entonces, Naruto tomó su otra mano.

—No sé quién habrá sido el idiota malintencionado que hizo eso, pero es obvio que sólo te tienen envidia, yo no creo en nada de lo que escribieron, tú no eres así, Hinata.

Al escucharlo, Hinata se sintió tan agradecida, que tuvo ganas de llorar, no podía creer que Naruto confiara tanto en ella como para decir todo eso sin siquiera dudarlo un segundo.

—¿Lo dices de verdad? —cuestionó, sus manos se sentían cálidas por el agarre de las contrarias y, poco a poco, aquella calidez iba invadiendo cada zona de su cuerpo, el cual se intensificó cuando esa sonrisa resplandeciente de él se hizo presente.

—¡Por supuesto! —exclamó el chico, asintiendo fervientemente con la cabeza, suavizando un poco la expresión de su rostro—. Hinata, terminé con Sakura-chan —dijo de la nada, cambiando de tema como quien cambia de canal de televisión.

La idol, que nuevamente había sido pillada con la guardia baja, lo miró sin entender, a pesar de que ella ya lo sabía, no entendía por qué él se lo estaba contando.

—Naruto-kun… ¿por qué me dices esto? —quiso saber, pero justo cuando él estaba por contestar, escucharon los pasos de alguien en las escaleras de más arriba, así que se miraron el uno al otro, un poco asustados, antes de bajar corriendo las escaleras, como aún estaban tomados de la mano y Naruto no era demasiado "listo", esa fue su mejor idea.

Se detuvieron cuando llegaron al primer piso, ellos estaban en el quinto, así que no fue mucho lo que corrieron, pero estaban bastante cansados, así que, al salir hacia el recibidor, se soltaron y se apoyaron contra la puerta cerrada de las escaleras de emergencia, respirando agitados.

—Perdón, no soy bueno actuando bajo presión —se disculpó Naruto, clavando sus ojos sobre la figura de Hinata, la cual soltó una pequeña carcajada.

—Yo tampoco —admitió, pero era bueno que hubieran huido, no era bueno que alguien los viera hablando a solas y tomados de las manos. En eso, Hinata vio a suprimo Neji, que estaba entrando al edificio, así que le hizo una ligera reverencia de despedida a su compañero de clases—. Debo irme, te veo después, Naruto-kun.

Él solamente asintió, viendo como ella se iba corriendo para encontrarse con Neji, quien lo miró con el ceño fruncido, causando que un escalofrío le recorriera la espalda, ese tipo seguramente era más letal que un perro guardián.

—No pude aclarar nada con ella, demonios —murmuró, frunciendo los labios en un puchero.

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El porta lápices se estrelló contra la pared que estaba detrás de él, gracias a que se había agachado para que éste no le diera en la cabeza. Kiba no entendía qué rayos estaba pasando, simplemente llegó a casa de su novia y ésta lo recibió con un montón de improperios y usando los artículos de su habitación como proyectiles.

—¡Ino! —exclamó, esquivando un libro que dio contra la puerta, cerrándola de golpe, daba las gracias de que los padres de ella no estuvieran en casa para escuchar tremendo escándalo.

—¡Vete, idiota! —gritó la rubia, agarrando un cepillo para el cabello.

Kiba se apresuró a tomarla de la muñeca, no lo hizo con brusquedad, pero consiguió detenerla el tiempo suficiente para que ella dejara de agredirlo.

—¿Me puedes explicar qué te sucede? —cuestionó, frunciendo el ceño y mirándola enfadado, no recordaba haber hecho nada malo como para ponerla así.

—¿No sabes? —Ino se zafó del agarre y lo empujó, lágrimas empezaron a rodar de sus ojos, se sentía totalmente fuera de sí—. Tal vez deberías revisar el sitio de la escuela para que sepas qué me pasa —sugirió, secándose las lágrimas con el dorso de la mano.

El castaño, todavía confundido, sacó su celular de su bolsillo y se metió a la página de internet de la escuela, vigilando de vez en cuando que Ino no volviera a intentar atacarlo. Cuando logró ingresar, lo primero que vio fue una foto suya junto a Hinata, junto a un llamativo título: "La idol quita novios". Adjunta, había una historia inventada de cómo la persona que los fotografió los vio coquetear y hasta comportarse como una pareja, por lo cual el Inuzuka miró a su novia con bastante ira.

—¿En serio te creíste esta estupidez? —dijo mostrándole la foto a Ino—. Por favor, es una mentira, Ino.

Ella bajó la mirada, sentía que le dolía el corazón, pero no era por lo que decía ahí que ella se había puesto de ese modo, lo que le hizo estallar fue el modo en que Kiba –desde hace tiempo– miraba a Hinata.

—Ya sé que es mentira —dijo entonces, apretando los puños—. Pero a ti te gusta ella, ¿no?

La afirmación hecha por la Yamanaka lo sorprendió, incluso si quisiera decir que no, no podía mentir, es decir, le gustaba Hinata como a todo el mundo, ¿eso tenía algo de malo?

—Me gusta como artista.

La rubia sonrió con sarcasmo.

—No soy tonta, Kiba.

Esta vez, él no fue capaz de responder, solamente desvió la mirada y se mantuvo en silencio, si lo pensaba detenidamente, en algún momento tuvo intenciones con Hinata Hyûga, pero esto era una exageración.

—Ino, escucha…

—Kiba —lo interrumpió Ino, cortándolo a media frase—. Vamos a romper —añadió, sin atreverse a verlo a los ojos—. Es lo mejor, si a ti te gusta otra chica, no deberíamos seguir juntos.

Kiba siguió guardando silencio, durante un corto instante que, para Ino, se sintió como una verdadera eternidad, hasta que él finalmente se dignó a contestarle.

—Bien… —fue todo lo que pudo decir, ya que no tenía el coraje para refutar las palabras de su ex novia, porque sabía bien que no era un santo y, si bien, no la había engañado, tampoco estaba lo suficientemente enamorado de ella, podía darse cuenta con el sólo hecho de verla y ni siquiera sentirse culpable.

—Vete —dijo la rubia, a lo que él obedeció sin chistar, cerrando la puerta de la habitación detrás de su espalda. Ino, por su parte, cayó sentada sobre su cama—. Estúpido, ni siquiera lo intentó un poco… —murmuró, recostándose y escondiendo su rostro entre las almohadas, en donde pudo llorar a gusto.

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Era un poco tarde cuando Kakashi cogió el elevador del edificio donde vivía, ese día tuvo que corregir varios exámenes de matemáticas que le había tomado a todos los cursos a los que les daba clase, además, también llevaba las hojas de los grupos del club de música, había muchos estudiantes en el club, de todas las clases y todos los años, por ende, tenía bastante que hacer con todos ellos.

Como llevaba todos esos papeles en las manos, éstos comenzaron a pesar un poco, ya que los nervios de una de ellas estaban dañados, a veces, cuando la sobrecargaba, solía perder el control de la misma por un rato y eso estaba empezando a pasarle justo ahora.

—Demonios —masculló bajo su máscara.

En ese momento, justo cuando las puertas estaban por cerrarse para subirlo hasta su piso, una persona entró corriendo, respirando agitada. Por fin, el elevador se cerró y Kakashi distinguió a su vecina, que estaba de pie a su lado.

—Oh, Kakashi-san —dijo la chica, esbozando una suave sonrisa.

Como saludo, él hizo un suave asentimiento de cabeza. Hanare notó que él aún o pulsaba el botón de su piso, así que ella lo hizo.

—¿Ha estado bien? Eso se ve bastante pesado —comentó la peli verde, mirando de reojo que la mano derecha del hombre empezaba a temblar—. ¿Está todo bien con su mano? —se atrevió a preguntar, el temblor se hacía cada vez más evidente, cosa que la empezaba a preocupar.

Kakashi, al darse cuenta de lo que ella miraba, asintió con la cabeza.

—Estoy bien —respondió, tratando de distribuir el peso hacia su mano izquierda—. Hace tiempo tuve un accidente, se dañaron los nervios de mi mano —le explicó, a pesar de que ni siquiera era necesario que lo hiciera, a decir verdad, no sabía por qué lo había hecho.

—Ya veo —Hanare abrió ligeramente sus ojos por el asombro, notó que las puertas se abrían en su piso y se apresuró a quitarle de encima la mitad de esos papeles a Kakashi, quien no se esperaba tal gesto de su parte—. Perdón, sentí que estaba pasándola mal —se excusó rápidamente, poniéndose un poco roja.

El peli plateado sonrió bajo la máscara, ella era muy amable, le recordaba un poco a Rin, quien solía tener el mismo tipo de comportamiento, aunque claro, nadie se le podía comparar a su querida esposa.

—Gracias —dijo el Hatake, empezando a moverse fuera del ascensor, hacia donde se encontraba su departamento.

Hanare lo siguió sin decir nada, lo vio poner la clave de seguridad de su puerta y ésta se abrió, así que él se volteó para mirarla.

—Por aquí —le indicó, ya que ella llevaba algunas de sus cosas, no le quedó más opción que invitarla a pasar, no creía poder cargarlas todas él solo por un rato más, su mano no estaba bien.

Hanare ingresó al departamento y buscó con la mirada algún lugar en donde dejar los papeles, Kakashi los dejó sobre la mesa del comedor y ella lo imitó.

—¿Todos estos son exámenes, Kakashi-san? —preguntó con curiosidad, ciertamente, le parecía muy interesante que él fuera un maestro tan comprometido, trayendo todo ese trabajo a casa, aun si no podía cargarlo.

—No, pero todo es de mis alumnos —respondió, mirando de reojo a la joven mujer, quien volvió a dedicarle una sonrisa alegre—. Gracias por la ayuda, Hanare-san.

Por toda respuesta, la sonrisa de Hanare se ensanchó.

—Lo hice con gusto —dijo—. Tiene un bonito apartamento, Kakashi-san, está muy bien decorado —comentó, dirigiéndose hacia la puerta que seguía abierta—. Debo irme, luego me devolverá el favor —antes de salir, notó que en una de las esquinas de la sala había una especie de altar dedicado a alguien, la fotografía de una hermosa mujer descansaba justo en el centro, ¿quién podría ser ella?

—Te devolveré el favor —aseguró el profesor, que la vio salir y cerrar la puerta.

Cuando se quedó solo, se miró la mano derecha, la cual le seguía temblando. Soltó un suspiro, sosteniéndose la muñeca con su mano izquierda, en un vano intento por detener aquellas molestas tercianas, que le hacían sentir como un inútil y no dejaban de recordarle todos sus errores del pasado.

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Gaara estaba llegando a casa después de haberse despedido de los chicos, tras ingresar a su hogar, se quitó los zapatos y los dejó en el armario de la entrada, luego se dirigió a la sala, en donde se sorprendió al ver a su padre, que estaba sentado en el sofá, leyendo el periódico.

—Ah, al fin llegas —dijo Rasa, bajando un poco las hojas del diario que sostenía entre sus manos, así podía ver mejor a su hijo—. ¿Dónde estabas? Hace horas saliste de la escuela —señaló, pues era ya algo tarde.

El pelirrojo frunció el ceño, para luego rodar los ojos.

—Estaba con mis amigos, ¿por qué? —cuestionó.

Su padre arqueó una ceja ante la respuesta obtenida, no había ningún modo de que él y Gaara tuvieran una conversación civilizada, siempre se terminaban soltando veneno el uno al otro.

—Siéntate, quiero hablar contigo —dijo el hombre, relajando un poco su expresión, de modo que no luciera como una amenaza para el menor, pero, de todos modos, Gaara encontró sospechosa la petición y tomó asiento con desconfianza.

Rasa cerró el periódico y lo dejó a un lado, escrutando a su hijo con la mirada, a pesar de que Gaara tenía un carácter muy fuerte, haciendo que siempre chocaran entre sí, todavía su mirada le recordaba mucho a su difunta esposa, una mujer que era muy amable y dulce, tal vez Gaara no lo supiera, pero para su padre, él era quien más le hacía acordarse de Karura.

—Gaara —dijo el castaño—. ¿Cómo te llevas con Matsuri?

Los ojos de Gaara se abrieron ligeramente por la repentina pregunta, no sabía qué decir, no entendía si acaso su padre lo estaba interrogando porque ya sospechaba algo acerca de su relación, o esto sólo era mera coincidencia.

—No somos muy cercanos, pero tenemos un trato cordial —mintió, desviando la mirada, no podía decirle a su padre que, en realidad, eran más que cercanos.

—Ya veo… —Rasa asintió con la cabeza, claramente, no sospechaba nada—. En ese caso, procura llevarte bien con ella, sabes que pronto Matsuri y su madre vivirán con nosotros y no me gustaría que haya roces contigo o tus hermanos.

El chico simplemente asintió con la cabeza y se levantó sin decir nada, agarrando su mochila de la escuela, subió las escaleras y se dirigió a su habitación, tirándose sobre su cama. Sacó su celular del bolsillo y buscó el WhatsApp de Matsuri, todavía no respondía el último mensaje de ella, que era un sticker de un corazón. Se quedó mirando la fotografía de perfil de su novia por un largo rato, detallando la hermosa sonrisa de su rostro, simplemente no podía con la idea de que fueran a ser "hermanos", aunque no lo demostrara frente a ella, estaba muy abrumado.

—Demonios… —masculló, soltando un suspiro.

Después de mirarla un rato más, decidió contestarle.

"Hey, ¿estás ya en casa? Debo contarte cómo me fue hoy, espero que estés bien, te quiero."

Dejó el teléfono sobre la cama y tomó su preciada guitarra roja, tocar algo de música lo distraería mientras Matsuri le contestaba, aunque debía procurar no hacer demasiado ruido, ya que su padre estaba en casa.

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Para eso de las siete de la tarde, había empezado a llover con suavidad, Sai había salido a comprar algunas cosas que su madre le pidió para la cena, además de pasar por algunas de sus medicinas, llevaba una bolsa de las compras en la mano izquierda y en la derecha sostenía un paraguas. Aunque las gotas de agua eran finas, el viento era fuerte y helado, así que estaba caminando con rapidez para llegar pronto, por suerte, ahora sí se había puesto una chaqueta antes de salir.

Iba pensando sobre lo que se habló hoy en la reunión con su mánager y los chicos, no le emocionaba mucho posar para una publicidad, pero, afortunadamente, él no sería el centro, así que podría quedarse cómodamente en una esquina.

Tras pasar frente al parque, notó que había una persona sentada en uno de los columpios, era una chica. Para él habría pasado totalmente desapercibida, de no ser porque la reconoció al instante, su largo cabello rubio era inconfundible. Frunció un poco el ceño, ¿por qué ella estaba ahí sola, en medio de la lluvia?

Ino había decidido salir un rato de casa, sus padres habían llegado y no quería que le preguntaran por qué razón estaba triste, no deseaba hablar de eso, así que quiso huir por un par de horas y, aunque empezó a llover, todavía no quería regresar. Su cabello y ropa estaban empapados, mientras que sus lágrimas se confundían con las gotas de lluvia.

—Ino-chan —escuchó una voz masculina, notando que el agua dejaba de caerle encima. Miró hacia arriba y notó que un paraguas negro la estaba resguardando, también vio a quien lo sostenía, no era otro más que Sai—. ¿Qué haces aquí tan sola y bajo la lluvia? —preguntó el pelinegro, mirándola a los ojos.

Por la sorpresiva llegada, Ino se sonrojó como un tomate, así que enseguida volvió a mirar al suelo.

—Estaba pensando —respondió.

Sai miró el columpio que estaba junto al de ella, pero estaba todo mojado, si se sentaba ahí, parecería que tenía incontinencia urinaria, así que mejor se dio la vuelta y se acuclilló frente a la chica, todavía protegiéndola de la lluvia con su paraguas.

—¿Por qué lloras? —se atrevió a preguntar. Ino lo miró, Sai era alguien totalmente opuesto a ella, era bastante serio, algo sombrío y nada divertido, pero todavía le seguía agradando su presencia, para suerte de ella, parecía que no había visto lo de Kiba en el sitio web escolar.

—No estoy llorando —dijo la rubia, frunciendo ligeramente sus labios—. Es sólo la lluvia.

—Pues la lluvia no luce bien en un rostro tan bonito —afirmó Sai, acercando su mano hasta la mejilla de Ino para secarle las lágrimas con los dedos, provocando un sonrojo mucho más notorio en su rostro, así que él sonrió—. Vamos, Ino-chan, no deberías quedarte aquí.

Ella lo miró sin comprender.

—¿A dónde? —cuestionó, viéndolo volver a ponerse de pie y ensanchar un poco su sonrisa.

—Sólo ven —fue la respuesta de Sai, corta y directa, aunque un poco misteriosa.

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Realmente no era una buena idea salir a la calle bajo tan impetuosa lluvia, pero debido a que su mano no había dejado de temblar desde hace rato, a Kakashi se le hacía imposible prepararse algo para cenar y en serio tenía muchísima hambre, ya que se había saltado el almuerzo. De todos modos, llevaba un paraguas para resguardarse de las gotas de agua y estaba bien abrigado. El local de ramen donde solía comer cuando estaba apurado, quedaba cerca de su edificio, así que no le costó llegar caminando, ingresó al puesto y tomó asiento.

—¡Buenas tardes! —saludó la chica que trabajaba en el lugar, una jovencita de cabello castaño, que le cubría hasta media espalda y una sonrisa amplia y risueña—. Oh, Kakashi-san, tenía tiempo de no venir por aquí.

El hombre alzó su mano enfundada en un guante negro para saludar.

—He tenido muchas ocupaciones, ¿cómo estás, Ayame-chan? —contestó amablemente, solía llevarse bien con esa chica y su padre, el señor Teuchi—. ¿Uh? ¿Tu padre no está?

La castaña negó con la cabeza, bajando la mirada en medio de una expresión desalentadora.

—Yo estoy bien, pero mi padre está muy enfermo —respondió, se podía notar en sus ojos aquella tristeza—. Aunque ahora mismo se encuentra recibiendo tratamiento…

Kakashi, bastante sorprendido de oír la noticia, no dudó en indagar un poco más al respecto.

—¿Qué es lo que tiene? —se atrevió a preguntar—. Lamento mucho oír eso, Teuchi-san es un gran hombre —a pesar de que casi todo su rostro estaba cubierto, su único ojo visible reflejaba descontento—. Espero que pronto pueda mejorar, cualquier cosa, pueden contar conmigo.

Ayame dibujó una suave sonrisa en su rostro.

—Papá tiene cáncer —dijo con seriedad—. Creímos que no podríamos salir adelante, su tratamiento es muy caro, pero gracias al cielo, una persona nos está ayudando.

—Ya veo, eso es fantástico —el peli plateado se vio un poco animado al oír la buena noticia—. Veo que todavía existe gente buena en el mundo.

—Así es —dijo la chica, asintiendo con la cabeza—. Bueno, Kakashi-san, ¿qué va a pedir?

Mientras Kakashi hacía su orden, un segundo cliente ingresó al local, se trataba de nada más y nada menos que el más frecuente de todos, ya que Ichiraku era su lugar favorito, donde preparaban el ramen más delicioso.

—¡Buenas! —saludó alegremente Naruto, pero se sorprendió un poco al ver a su maestro sentado frente al mostrador—. ¿Kakashi-sensei? —cuestionó, ubicándose a un lado de él—. ¿Qué hace aquí? Jamás lo había visto en Ichiraku.

—Ah, Naruto —dijo Kakashi, que esperaba no toparse con nadie conocido ese día, no tenía demasiados ánimos—. ¿Por qué estás aquí a estas horas? ¿No deberías estar en casa?

—¡Pues porque tenía hambre! —exclamó, mirando a Ayame—. Lo mismo de siempre, por favor.

—Claro —respondió la castaña—. Enseguida traigo sus dos órdenes —comentó antes de marcharse hacia la cocina para preparar los dos tazones de ramen, perdiéndose de la vista de ambos.

—¿Cómo está tu padre, Naruto? —preguntó Kakashi, apoyando uno de sus codos sobre la mesa del mostrador, para recostar su cabeza sobre la mano—. He oído que el trabajo va bien.

El rubio se encogió de hombros.

—Ya sabe, mi padre siempre está ocupado, pero está de mejor humor que de costumbre —entrecerró la mirada—. Espero que no ande viendo una novia secreta por ahí.

El profesor rio ligeramente.

—Eso no tendría nada de malo.

Naruto frunció el ceño y también los labios, se sentía un poco molesto por alguna razón.

—Supongo, pero no quiero.

—Eres muy infantil —resopló el profesor, aunque entendía un poco el sentir de su estudiante, él mismo no se podía imaginar reemplazando a Rin por otra mujer, no creía que pudiera volver a enamorarse.

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Temari terminó de acomodar unas cuantas hojas que debía revisar, además de organizar todos los resultados para un trabajo práctico de la universidad, había sido arduo, pero consiguió terminar a tiempo, aunque ahora se sentía demasiado cansada.

—Qué bueno —murmuró, soltando un hondo bostezo.

—¿Ya acabaste? —Kankuro se acercó a ella, traía un plato de comida en la mano—. No has cenado, ya todos terminamos de comer, hasta papá.

La chica aceptó el ofrecimiento, esbozando una pequeña sonrisa.

—Gracias, no había notado lo tarde que es —dijo tomando el plato, olía bastante bien, su hermano era realmente bueno en las artes culinarias, mucho mejor que ella, incluso si a su padre no le agradaba mucho la idea, él era más del tipo "las mujeres son las que deben cocinar y limpiar", un pensamiento demasiado machista y anticuado de su padre, con el que ninguno de sus hijos estaba de acuerdo.

—¿Cómo vas con tus prácticas? —cuestionó el menor, sentándose frente a su hermana, en el sillón de la sala—. He oído que tu tutor es el profesor Morino, está un poco loco —añadió, recordando que, cuando iba a esa escuela, alguna vez tuvo que someterse a los "métodos" psicológicos de Morino Ibiki.

Temari rio al escucharlo, era cierto lo que su hermano decía.

—No está tan mal, pero ya sabes lo que dicen de los psicólogos, que en fondo todos están locos.

—Seguro —la secundó el castaño, también riendo—. Por casualidad, ¿sabes qué le pasa a Gaara? Hoy se encerró en su cuarto, bajó a cenar, pero enseguida se volvió a encerrar y parecía bastante enojado con papá.

—No sé —Temari negó con la cabeza, aunque, casi enseguida una idea se le vino a la mente—. Mmm, bueno, tal vez sí sé.

Kankuro entrecerró la mirada.

—¿Y no me vas a decir?

La mayor negó con la cabeza, empezando a comer su cena, gesto que molestó un poco a Kankuro.

—¡Vamos, Temari, dime! —exigía, pero solamente era ignorado por su hermana, que no creía prudente hablar sobre el "romance" de su hermano Gaara, justamente con la que pronto se convertiría en una integrante más de su familia.

En su habitación, Gaara estaba mirando el video de su presentación en el concierto del otro día, no había tenido tiempo para mirarlo, le sorprendía el número de visualizaciones y también la cantidad de comentarios. Se le hacía bastante irreal aquella imagen, estaba tan feliz, disfrutaba cada segundo sobre el escenario, era como revivir nuevamente aquel día.

—¿Qué le pasa a esta gente? —se preguntó al leer los comentarios, en donde todos hablaban de la "linda pareja" que hacían él y Hinata.

A propósito de Hinata, estaba recordando aquello que habían enviado al sitio de la escuela, por supuesto que no creía nada de eso, pero seguramente mañana se armaría un problema con los demás estudiantes, la mayoría de ellos se dejaban llevar fácilmente por los chismes más estúpidos.

De todos modos, no le gustaba nada aquello de que lo vincularan tanto con Hinata, por dos simples razones, él estaba enamorado de Matsuri y ambas eran amigas y, la segunda, porque estaba completamente seguro de que a Naruto le gustaba esa chica, él era su mejor amigo y no le gustaba la idea de causarle un conflicto.

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Sai encendió la luz de la sala y dejó el paraguas y sus zapatos mojados en el armario de la entrada, seguido de él, Ino ingresó a su casa, se quitó sus zapatos y la chaqueta que traía puesta, que estaba empapada.

—¿Esta es tu casa? —preguntó, echando un vistazo rápido alrededor, en lo que el pelinegro se internaba tras la primera puerta del pasillo, saliendo a los pocos segundos con una toalla en mano para ofrecérsela—. Gracias —dijo Ino, secándose el cabello y el rostro.

—Vivo aquí con mi madre —respondió Sai a la pregunta de antes—. Ahora debe estar dormida, ella no es buena desvelándose —dijo con una leve sonrisa, la cual borró casi enseguida—. Ino-chan, ¿qué hacías sola en ese lugar?

La rubia bajó la mirada, a decir verdad, le daba un poco de vergüenza contárselo a Sai, pero, al mismo tiempo, también sentía la necesidad de hablar de ello, ni siquiera se lo había dicho a Sakura, quien era su mejor amiga, pero Sai le daba esa misma confianza.

—Terminé con mi novio —dijo al fin, soltándose el cabello, que cayó húmedo sobre su espalda—. No sé si viste lo que pusieron en el sitio web de la escuela.

El chico negó con la cabeza.

—No, aunque recibí un mensaje, pero no me dio tiempo de verlo —contestó, tomando su celular del bolsillo de su pantalón, ahí seguía todavía el mensaje, el cual abrió para leerlo, entonces entendió todo rápidamente—. Pero Ino-chan… —comentó, un poco sorprendido—. Dudo que esto sea cierto, no conozco tanto a ninguno de los dos, pero ya sabes que los chismes sólo suelen ser eso, inventos.

—Ya sé —dijo Ino, que continuaba viendo hacia el piso—. Pero ese no es el punto, Sai —soltó un suspiro—. Puede que no haya nada entre ellos, pero a Kiba le gusta, él y yo desde hace tiempo no nos llevábamos bien.

Sai no sabía qué decir, él no era bueno para consolar a la gente, además, tampoco estaba seguro de por qué había traído a Ino a su casa, quizá quería agradecerle el gesto del otro día, pero no sabía cómo hacerlo.

—No entiendo mucho sobre relaciones, pero si eso es lo que sientes, entonces no estés triste —dijo, haciendo su mejor esfuerzo para animarla.

Ino lo miró fijamente, sus ojos azules brillaban debido a las pocas lágrimas que todavía estaban brotando, pero ella rápidamente las retiró con el dorso de su mano, dedicándole una sonrisa sincera a Sai.

—Gracias, Sai.

Ambos se quedaron en silencio, mirándose. Ino se sentía muy cómoda con Sai, mientras que él no podía dejar de pensar en lo bonita que era esa chica, en lo agradable de su presencia, era muy extraño, pero había algo cálido creciendo en su pecho.

—Eh… te conseguiré ropa seca —dijo dándole la espalda, para luego subir corriendo las escaleras.

La Yamanaka sólo lo vio marcharse y volvió a bajar la cabeza, tenía mucho frío, toda su ropa estaba mojada y seguro que terminaría resfriándose si no se cambiaba pronto. Cuando escuchó pasos, volvió a buscar la figura de Sai, pero la persona que estaba bajando no era él, sino una mujer, se parecía bastante al chico, pero lucía un poco demacrada.

—¿Quién eres? —preguntó la pelinegra, ladeando su cabeza con confusión.

En ese momento, Sai bajó detrás de ella, traía un pantalón y una camiseta que no usaba muy seguido entre sus manos.

—Madre, creí que estabas dormida —dijo el chico, llegando hasta donde la joven lo esperaba—. Ella es una compañera de la escuela, tuvo problemas y la traje aquí para ayudar.

—Oh… —la mujer, un poco sorprendida, no tardó en esbozar una gran y brillante sonrisa, mirando a su hijo y luego a la joven, una y otra vez—. Entonces, Sai, ¿esta linda señorita es tu novia?

Al escuchar el comentario, tanto Ino como Sai se sonrojaron levemente, aunque ninguno de los dos lo notó.

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Era un nuevo día y todo parecía normal en la escuela, el auto de Hinata se detuvo –como era habitual– frente a la escuela, de donde la idol se bajó con algo de desgano, sabía que las cosas no iban a estar bien, pero, evidentemente, no le dijo nada a su primo o a su padre, no quería que esto se hiciera más grande, tampoco creía posible que el chisme se fuera a extender más allá de los muros de la institución educativa.

—Nos vemos por la tarde, Hinata —dijo Neji, que era quien conducía.

Su prima asintió con la cabeza y, sin decir nada, se internó en el edificio de estudios, entonces el Hyûga acomodó el espejo retrovisor del auto, observando a la persona que iba sentada atrás, ahora los dos tenían que dirigirse a trabajar. Ya empezaba a sentirse como el niñero de esa chica.

—¿Pasa algo? —cuestionó Tenten, que había notado el modo en que él la estaba mirando, como si intentara, de algún modo, leerle la mente.

—No —respondió Neji, poniendo en marcha el auto.

Cuando Hinata empezó a caminar por el pasillo de la entrada de la escuela, de inmediato escuchó los cuchicheos de todos, acompañados de las miradas que parecían juzgarla, ¿en serio todos habían leído aquella estupidez?

Sólo ignóralos —pensó, avanzando hacia su salón. Sabía que todo aquello era malo para su reputación, pero pensaba que pronto se olvidarían de ello, además, el rumor de que ella le había quitado el novio a una de sus compañeras de clase no tenía ningún fundamento.

Cuando llegó a su aula, enseguida todos se quedaron callados, sólo la miraban, pero Hinata se sentó en su habitual lugar, permaneciendo siempre tranquila.

—Buenos días, Hinata-chan —le dijo Matsuri, que lucía un poco preocupada—. ¿Estás bien?

Hinata asintió con la cabeza, sonriéndole.

—Por supuesto, ¿por qué lo preguntas?

Matsuri se mordió el labio inferior —Y-ya sabes… —dijo, se sentía un poco asustada de tocar el tema, no quería incomodar a Hinata todavía más, cosa que la ojiperla entendió.

—No te preocupes por eso —respondió, soltando un suspiro—. Sabes que esas son mentiras, ¿verdad? —preguntó, un poco ansiosa al pensar que su única amiga tuviera un mal concepto de ella, pero la mirada de Matsuri enseguida la tranquilizó.

—Claro que no, yo sé que eso no es cierto —aseguró—. Pero el resto no piensan igual.

Hinata echó un vistazo a las caras de sus compañeros, Ino no había llegado, pero estaban las dos amigas de ella ahí, con las cuales había comido ayer y pensaba que se habían acercado un poco, ahora la estaban mirando como si ella fuese un monstruo, así de fácil la gente se alejaba de ella; daba las gracias de que Matsuri no fuese así.

—No me importa lo que ellos piensen —dijo, sonriendo una vez más, pero ahora con amplitud—. Siempre y cuando tú me creas.

Matsuri no sabía qué decir, se sentía halagada, ya que le importaba demasiado su amistad con Hinata, por lo mismo, pensaba que quizá era correcto contarle a ella sobre las cosas por las que estaba pasando, que no eran nada agradables, pero lo haría después, cuando su amiga tuviera el tiempo y la calma para escucharla.

Naruto entró a salón haciendo su escándalo de siempre, estaba muy animado ese día, las cosas parecían ir como viento en popa para él, pero apenas vio a Hinata, sintió una opresión en el pecho. Todavía tenía mucho que aclarar con ella, aquello del chisme le daba igual, pero lo del beso no.

Lo peor de todo, era que se moría por repetirlo.

—Hola, chicas —dijo alegremente, acercándose a saludar a las dos jóvenes, la mayoría del salón lo vio con reproche, pero a él poco le importó—. Hinata, Matsuri, ¿cómo están?

—H-hola, Naruto-kun —respondió la Hyûga, cuyas mejillas enseguida se encendieron de rojo, sin que ella pudiera siquiera evitarlo, aquello fue perfectamente visible para su compañera de banco, pues eso siempre le pasaba cuando estaba con Gaara.

Entonces… ¿el chico que le gusta es Naruto-san? —pensó sorprendida.

Mientras ellos charlaban un rato, Sasuke y Gaara estaban apartados, ambos estaban hablando sobre el arreglo de una de sus canciones, ya que les habían pedido que presentaran el mayor número de temas posibles para incluir en su primera producción discográfica, no sabían cuáles serían elegidos, pero planeaban darlo todo en cada momento libre que tuvieran.

—Esta parte suena un poco raro, ¿no crees? —comentaba el azabache, que señaló una línea de una de las canciones que él había escrito, a lo que Gaara asintió con la cabeza.

—¿Te parece si le cambiamos esto? —dijo él, borrando lo escrito y poniendo algo nuevo.

Sasuke levantó la libreta y leyó lo recién cambiado, parecía bastante mejor que antes, así que sonrió ligeramente.

—Me gusta más así —respondió.

El profesor ingresó al salón y los estudiantes se fueron acomodando en sus asientos, ya que la mayoría estaban charlando con sus amigos. Cuando Sasuke miró hacia un costado, notó que los ojos jades de cierta peli rosa estaban sobre él, pero ella rápidamente se volteó.

Qué molesta es —pensó él, aunque la expresión de su rostro decía todo lo contrario.

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Después de un largo y aburrido día de clases, lo mejor era cuando llegaba la hora del club de música, la mayoría estaban bastante emocionados, ya que comenzarían a practicar y arreglar lo que iban a presentar en el festival cultural.

—Muy bien, chicos —dijo Kakashi, que, como siempre, estaba de pie frente a todos sus estudiantes—. Ya he recibido toda la información sobre los grupos que han formado, les dejo esta clase libre para que practiquen y hagan todo lo necesario para sus presentaciones —anunció, yendo a sentarse al escritorio que siempre usaba.

En el grupo de Matsuri y los chicos, ella les estaba enseñando una de las canciones que había escrito, pues pensaba que se ajustaría a lo que ellos querían hacer, aún así, estaba un poco avergonzada, le daba miedo mostrarle su trabajo al resto del mundo, sólo Gaara había leído sus canciones.

—¿Q-qué les parece? —les preguntó, sabía que no era realmente talentosa para escribir música, pero todavía con eso, ella quería ser menos cobarde, quería que su novio la viera brillar, pero también, ella misma quería dejar de tener miedo.

Shikamaru sonrió, dirigiéndole una mirada sorpresiva.

—Es muy buena, no me esperaba esto —respondió, viendo asentir a los otros dos.

—Concuerdo, eres muy talentosa, Matsuri —dijo Kiba, mientras Chouji se comía unas patatas fritas de un paquete que tenía en una silla vacía a su lado, con la otra mano sostenía el papel con la canción escrita.

—Me gusta mucho —comentó el chico—. ¿Creen que tendremos tiempo para aprenderla?

—Claro, sólo que Matsuri nos la debe enseñar —dijo mirando a la joven, la cual todavía estaba temblando del nerviosismo, pero estaba mucho más aliviada—. Sé que no eres experta en nuestros instrumentos, pero ¿crees poder ayudarnos?

—Si, haré mi mayor esfuerzo —aseguró, empuñando sus dos manos.

Desde su lugar, Gaara no dejaba de verla, Matsuri se veía tan bonita cuando sonreía, su corazón se aceleraba con sólo saber que ella estaba feliz, dejando a un lado ese pesar de saber que sus familias se unirían dentro de poco, e incluso aquella cláusula de su contrato que le obligaba a mantener en secreto su relación con ella.

—Hey —el carraspeo de garganta de Naruto lo trajo de regreso a la realidad—. Entonces, Gaara, ¿en serio quieres que yo cante esto? —preguntó, frunciendo ligeramente el ceño.

Hinata, que estaba sentada con ellos, no hablaba ni tampoco se movía, solamente estaba leyendo la letra de la canción, era tan bonita, no podía creer que la cantaría con Naruto, eso sólo la ponía nerviosa, su corazón no dejaba de latir con rapidez dentro de su pecho.

—Ya te dije que sí —respondió el pelirrojo—. Y más te vale que no desafines.

Naruto chasqueó la lengua, mientras Sai y Sasuke se reían un poco, burlándose de él.

—Entonces… vamos a practicarla —dijo Hinata, tomando por fin la palabra, luego de haber estado en silencio desde que se habían juntado en grupo.

—Ustedes dos deberían practicarla juntos para que la aprendan más rápido —dijo Sasuke, sin siquiera notar las expresiones asombradas de los involucrados.

—Opino igual —lo secundó Sai—. Mientras tanto, vayamos haciendo el arreglo musical —añadió, tomando entre sus manos las baquetas que le ayudaban a calmar un poco las ansias, aunque no entendía por qué se sentía de ese modo tan sólo de no ver a Ino presente ese día.

Sakura estaba en grupo con Karin y Suigetsu, Ino estaba en el mismo, pero dado que ella no estaba presente, les tocaba decidir todo sin la rubia, tendrían que ponerla al día más tarde.

—¿No te respondió el celular? —preguntó la pelirroja, torciendo los labios en una mueca de desagrado.

—No, debe sentirse muy mal —respondió la peli rosa, que le echó una mirada vaga a la idol presente, la cual estaba junto a Naruto y sus amigos. No pudo evitar sentirse enojada, apenas conocía a Hinata, pero era bastante probable que todo lo que decían de ella fuese verdad, considerando la reacción de Ino, que no le contestaba ni se había presentado.

—Las personas como esa chica sólo piensan en sí mismas —comentó Karin, también mirando a Hinata de reojo—. Pero, en fin, Ino no pudo haberse esfumado, vamos a verla luego de salir de la escuela.

La Haruno asintió con la cabeza, soltando un suspiro.

—Chicas, chicas —habló Suigetsu, estaba apoyado contra la silla con las manos contra la nuca—. Ustedes no deberían creer en chismes sin fundamento, sobre todo si no conocen todas las partes de la historia.

—La única parte que nos importa es Ino —dijo Sakura, un poco molesta—. ¿Tú piensas que lo que dijeron es mentira después de ver que ella no vino y no contesta?

El albino se encogió de hombros.

—Yo no sé, tampoco me importa —respondió, notando la mirada de furia que le daba Karin, lo cual lo puso un poco nervioso—. Me refiero al chisme, el chisme —aclaró, bajando los brazos—. Además, miren a Kiba, él se ve muy calmado.

—Sólo defiendes a esa chica porque es bonita —dijo Karin, ajustándose los anteojos con amargura—. Eres igual que todos los hombres.

Suigetsu no le dijo nada, pero una gotita de sudor frío recorrió su frente, no entendía para nada a las mujeres como Karin.

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Cuando las clases finalmente terminaron, tal y como habían acordado, Sakura y Karin iban a juntarse en la entrada de la escuela para ir a casa de Ino. Las dos estaban preocupadas por su amiga y como ésta seguía sin contestar, empezaban a asustarse un poco. La pelirroja ya había salido, pero Sakura tenía que arreglar unas cuantas cosas relacionadas al festival cultural y a la obra musical que iba a presentar su clase, así que tardó un poco más en salir.

Estaba con Sasuke, ya que la organización del evento iba por parte de ambos.

—Con esto está todo listo, Sasuke-kun —dijo la chica, todavía se sentía un poco incómoda alrededor de él, pero trataba de ignorar eso, no quería verse como una tonta, el que se hubieran besado no significaba nada, ¿no? Era así como pensaban los chicos, después de todo.

—Bien —el Uchiha asintió con la cabeza y, en cuanto la vio empezar a guardar sus cosas, se sintió abrumado. Quería hablarle, quería decirle tantas cosas, pero se sentía atado de pies y manos, era una sensación tan insufrible, no lo podía soportar más—. Oye, Sakura —la llamó, justo cuando ella se estaba poniendo de pie.

—¿Sí? —cuestionó la peli rosa, colgándose su mochila al hombro.

Sasuke se levantó del asiento, a su lado, la estatura de la chica era bastante menor, por lo que era un poco intimidante tenerlo frente a ella, sobre todo, cuando no dejaba de acercarse.

—S-Sasuke-kun, es tarde, Karin me espera —dijo ella, tratando de huir, pero esta vez él actuó más rápido y la cogió por la muñeca, impidiendo que tuviera la oportunidad de irse.

—Espera —dijo Sasuke, observándola con seriedad—. Tenemos que hablar, Sakura.

Aunque no lo estaba mirando, Sakura podía intuir que Sasuke estaba molesto, ¿cómo no estarlo? Ella no hacía más que evitarlo todo el tiempo, se comportaba como una niña pequeña, pero, es que realmente le asustaba que él dijera que ese beso no había sido más que un error, le dolería demasiado caer en cuenta de la realidad.

No quería hacerlo.

—No creo, ya terminamos todo lo pendiente —respondió Sakura, tratando de zafarse, pero ante su negativa, Sasuke se sintió enojado y su única reacción fue jalarla hacia su cuerpo, tomándola por sorpresa, la chica prácticamente cayó a sus brazos, viéndolo con los ojos muy abiertos—. Sasuke-kun, ¿qué estás haciendo?

Mientras la mantenía tan cerca de su cuerpo, el mismo Sasuke se preguntó qué era lo que estaba haciendo, ¿acaso había perdido la razón? Jamás había sido tan impulsivo para actuar, aunque, siempre que se trataba de Sakura, no lo pensaba demasiado.

—Quiero que dejes de huir de mí —exigió con el ceño fruncido—. ¿Por qué lo haces? Creí que te gustaba, Sakura —tras decir eso, notó que el rostro de la peli rosa se ponía completamente rojo, pero ni siquiera eso lo tranquilizó, al contrario, la tomó por la cintura y la sostuvo con fuerza.

—Sasuke-kun… —susurró ella, temblando ante el toque, pensaba que debía estar soñando, o quizá se había golpeado en la cabeza y ahora estaba en el cielo, porque de ningún modo Sasuke se comportaría así con ella, ¿cierto?

Sus manos, ahora libres, se posaron sobre el pecho del más alto, donde pudo jurar que sintió sus latidos acelerados.

—Claro que me gustas, Sasuke-kun —admitió finalmente, arrugando un poco la tela de la camisa del muchacho—. Me gustas mucho, pero…

—Pero ¿qué? —cuestionó Sasuke, que poco a poco fue acortando la distancia entre sus rostros, aquello que estaba experimentando era mucho más fuerte que su voluntad, jamás se había sentido de ese modo por nadie.

Ni siquiera podía pensar en el grupo en ese momento.

—Tengo miedo de que todo esto sólo sea una ilusión —la peli rosa lo miró fijamente a los ojos, lucía atormentada y desesperada, asustada—. No quiero que me rompas el corazón.

Sasuke dejó escapar una pequeña y muy corta carcajada.

—Eres una molestia, tonta —susurró contra sus labios, acariciándole la mejilla con su mano derecha.

Después de eso, simplemente la besó.

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Saliendo de la universidad, Itachi y sus dos amigos, Shisui y Deidara, habían ido a comer algo, ya que durante las clases no tenían mucho tiempo para llenar el estómago. Como era de esperarse, las calles estaban abarrotadas de gente, era día de semana y la ciudad era sumamente activa, así que les costó conseguir un lugar con mesas disponibles, pero después de mucho andar, habían encontrado algo.

Un local de sushi bastante discreto estaba en su primera semana de funcionamiento, no era muy conocido, por lo que tenía varios lugares vacíos, aunque ya habían oído hablar de él y temían que pronto se volvería popular, era mejor aprovechar antes de que eso pasara.

—¿Creen que tarden mucho con la comida? Muero de hambre —dijo el rubio, que se sobaba el estómago con bastante impaciencia.

—Tú siempre tan desesperado —le dijo Shisui, dándole una palmada en la espalda—. Tranquilo, hombre, que apenas hemos pedido.

Deidara frunció el ceño.

—Oye, aparta —habló de mala gana.

—Qué delicado —Shisui se empezó a reír, a veces le daba gracia que su amigo rubio siempre estuviera amargado, aunque solía comportarse como todo un donjuán, cuando estaba con ellos era algo más seco.

—Siempre tan escandalosos —dijo Itachi, soltando un suspiro.

—Hey, amigo —dijo Shisui—. ¿Ya se fue tu padre del país? Debe ser difícil estar solo con tu hermano —comentó, le preocupaba la sanidad mental de su mejor amigo, además, eso podía afectar sus calificaciones.

El azabache asintió con la cabeza, pero no lucía especialmente tenso ese día.

—Si, pero no ha habido problemas con Sasuke —respondió—. No aún…

Mientras los tres charlaban de sus vidas, algunos otros clientes iban entrando al local, entre ellos, cierta chica que no tardó en verlos y no dudó en acercarse a ellos, saludándolos con efusividad.

—¡Hola, chicos! —exclamó Izumi, que venía acompañada de su mejor amiga, la misma de la otra vez—. No puedo creer que nuevamente nos encontremos, qué coincidencia.

—Oh, pero si es la bella Izumi —Shisui se puso de pie como si se tratara de un resorte, tomando las manos de la castaña entre las suyas—. ¿Cómo estás? Me alegra verte, esto debe ser el destino.

—Bien, gracias —contestó la joven, riendo graciosamente ante la reacción de Shisui.

Deidara también se puso de pie, mostrándoles a ambas una sonrisa de dientes blancos, le había llamado la atención –en especial– la amiga de Izumi, una muchacha de cabello rubio y corto, con ojos de color celeste.

—Mucho gusto, señoritas —se presentó en su típico tono galán, el cual tenía un poco hartos a sus amigos.

Itachi carraspeó su garganta.

—Chicas, ¿quieren unirse a nosotros? —les invitó, después de todo, entre más personas era mejor.

Ellas aceptaron y se sentaron junto a ellos, Izumi y su amiga estaban junto a Deidara, la mesa era cuadriculada y alargada, así que cabían todos perfectamente.

—Mi nombre es Samui —le dijo la rubia a Deidara, parecía bastante seria, aunque eso no era algo que le desagradara a él.

—Yo soy Izumi —añadió la castaña, ya que todavía no había tenido el placer de conocer al otro amigo de Itachi.

Por su parte, mientras ellos se presentaban y Samui llamaba a la camarera para ordenar comida, Shisui se acercó a Itachi para susurrarle algo.

—Qué buena idea tuviste de invitarlas —murmuró en voz baja, para que sólo el Uchiha le oyera—. Amigo, creo que estoy enamorado, en serio.

Al escucharlo, Itachi rodó los ojos, Shisui se enamoraba cada cinco minutos, no era algo nuevo, pero, por alguna razón, no le gustaba que se hubiera fijado en Izumi, a quien miró en ese momento y ella le sonrió.

Sentía que pronto tendría aún más problemas que los de su hermano menor y su banda.

Continuará…