"Algunos dicen que siempre es mejor hacer las cosas por ti mismo antes de confiar en los demás, pero, hay ocasiones en las cuales una persona puede ser justo aquello que necesitamos para que todo sea mejor."

Capítulo 19: Eres mi "más uno"

Cuando Sakura llegó a donde Karin la esperaba, la pelirroja se encontraba furiosa, golpeando su pie contra el suelo una y otra vez, pues llevaba rato ahí, sin que su amiga diera señales.

—¿Se puede saber qué estabas haciendo? —cuestionó la chica de anteojos, frunciendo el ceño.

—Eh… —la Haruno se sonrojó levemente, agitando sus dos manos delante de su rostro—. Nada, sólo organizaba algunas cosas para el festival, ya vámonos —explicó, tomando la mano de Karin para jalarla.

En lo que ambas jóvenes se alejaban, la pelirroja despotricando contra su amiga por su extraño comportamiento, Sasuke salía de la escuela en silencio, observándolas marchar.

—Tsk —chasqueó la lengua—. ¿Qué rayos voy a hacer ahora? —se preguntó, sus ojos estaban fijos en la figura de Sakura, hasta que dejó de verla cuando ambas doblaron por una esquina—. No importa qué, no puedo decirles a los chicos…

Cuando sus labios se separaron, los ojos de Sakura se abrieron lentamente, encontrándose con la mirada oscura de Sasuke, que parecía tan serio como siempre, pero ella podía jurar que había un brillo en ellos que nunca antes había estado ahí.

—S-Sasuke-kun… —ella se separó de golpe, tocándose los labios con la yema de sus dedos—. ¿Qué? ¿Por qué…? —cuestionó, estaba demasiado confundida, su corazón estaba latiendo con mucha rapidez y sentía que su cara ardía de la vergüenza.

El azabache, conflictuado, no sabía muy bien qué responder, odiaba el hecho de no poder controlar sus acciones cuando estaba con ella, era como si algo más se apoderara de su ser en esos momentos, algo que lo impulsaba a querer estar más cerca de ella.

—No sé —contestó, evitando mirarla.

La respuesta no era algo que Sakura no se esperara, era evidente que Sasuke estaba usándola porque estaba aburrido, fue por eso que se enojó tanto y no dudó en empujarlo, tomándolo por sorpresa.

—¡Eres un idiota! —exclamó, sin poder evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas—. ¿Acaso te burlas de mí?

—¿Qué? —el Uchiha frunció el ceño, tomándola por las muñecas cuando vio que ella estaba por volver a golpearlo—. Sakura, cálmate —dijo en voz alta, viendo las lágrimas que brotaban de esos ojos color jade.

—Suéltame —dijo Sakura, su voz se quebraba a medida que sentía más deseos de llorar—. ¿Por qué juegas conmigo, Sasuke-kun? —cuestionó, se le escuchaba dolida—. Sabes que yo te amo, así que, ¿es divertido burlarte de mis sentimientos?

El cuerpo de Sasuke se estremeció al escucharla decir que lo amaba, era como si alguien le hubiera agarrado el corazón con una mano y lo estrujara con fuerza, ¿realmente no podía evitar todo eso que estaba sintiendo? Parecía un acto inútil el tratar de luchar contra sus propias emociones.

—No estoy jugando —dijo finalmente, soltando las manos de Sakura, tan sólo para abrazarla, gesto que la dejó anonadada—. Perdóname, no quería hacerte sentir de ese modo…

—Sasuke-kun… —sin pensarlo mucho, la chica escondió su rostro contra el pecho del más alto, podía notar que sus lágrimas mojaban la tela de la camisa de él, pero Sasuke no la soltaba, todo lo contrario, la abrazaba con más fuerza.

—Me gustas mucho, Sakura —confesó, acariciándole las puntas del cabello, eran muy suaves y tenían ese característico aroma a cerezo del champú que usaba la Haruno—. No sé desde cuando me está pasando esto, pero no puedo seguir negándolo.

Ella no respondió, estaba demasiado ofuscada como para decir algo, le parecía que estaba soñando, nunca había imaginado que algo así fuese posible.

—Oye… —la llamó el chico, separándose un poco de ella, para poder limpiarle las lágrimas—. No llores, no me gusta —dijo con el ceño fruncido.

Sakura rio ligeramente, asintiendo con la cabeza.

—Sasuke-kun —dijo Sakura—. He estado enamorada de ti desde que éramos pequeños, así que… esto no se siente como si fuera real, por eso lloro… —confesó, temblando ligeramente cuando el dedo pulgar del azabache dibujó formas indefinidas sobre su labio inferior.

—Sabes perfectamente que no soy el tipo de persona que hace bromas o juega con los demás —dijo con seriedad, mientras sus ojos se perdían observando el color rojo de aquella boca femenina, sentía sed y ansias de volver a probarla, pero se obligó a sí mismo a detenerse—. Sakura, realmente quisiera que todo sea más fácil para nosotros, pero… —apretó los dientes—. No puedo… tengo un compromiso con el grupo.

En ese momento, Sakura recordó aquello de lo que le había hablado Naruto, ellos no podían salir con nadie, ya que habían firmado un contrato, cualquier intento de violar el mismo, pondría en peligro su carrera y ella no quería eso para Sasuke, la persona a quien más quería en el mundo.

—Está bien —dijo la peli rosa, esbozando una dulce sonrisa—. Yo puedo esperarte, Sasuke-kun, siempre te esperaré… —tras decir eso, se alejó de él y tomó sus cosas, caminando hacia la salida de la habitación, pero antes de poder irse, Sasuke la tomó por la cintura, la volteó y volvió a besarla como hace un rato; es que simplemente no podía contenerse.

—Debes esperar por mí… —murmuró contra los labios adversos—. Te prometo que vendré a ti…

Después de cerrar sus ojos y soltar un hondo suspiro, Sasuke se metió la mano izquierda al bolsillo del pantalón y sostuvo la correa de su mochila con la otra mano, era hora de dirigirse a casa.

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Mientras ambos caminaban juntos por el parque que quedaba cerca de la casa de Matsuri, Gaara apretó la mano de su novia con cierta impaciencia, lo cual fue evidente para ella de que el chico no estaba nada cómodo, algo estaba sucediéndole.

—Gaara-kun —lo llamó, deteniendo sus pasos y parándose delante de él—. ¿Qué te sucede? —le preguntó, estaba muy preocupada, si había algo que ella pudiera hacer para aliviar las angustias de su novio, lo haría sin dudarlo un segundo.

Gaara, por su parte, la miró a los ojos durante un breve momento, el modo en que Matsuri lo miraba, siempre lo hacía sentir bendecido, era un chico tan malhumorado, ligeramente antipático con el resto, pero estaba feliz de que una persona como ella estuviera a su lado, alguien tan dulce y tan llena de luz, que hacía vibrar cada fibra de su ser. No importaba el desastre que era su cabeza ahora mismo, sus sentimientos por Matsuri no iban a cambiar de ningún modo, al contrario, se hacían más fuertes cada vez.

—No es nada —respondió finalmente, atrapando el rostro de la más baja entre sus manos—. Solamente pensaba en algunas cosas de la banda, pero no es nada que no tenga solución.

La castaña abultó ligeramente sus mejillas, las manos de su novio estaban frías, a diferencia de la temperatura de su cara.

—¿Seguro que sólo es eso? —cuestionó, no estaba del todo convencida con esa vaga explicación—. Gaara-kun —lo nombró—. ¿Qué haremos cuando tu grupo lance su álbum y ya no podamos salir así?

Él frunció el ceño, no había pensado mucho en eso, ahora era todavía alguien desconocido, así que podía pasear por la calle con su novia, mientras no lo vieran sus amigos, no había problema, pero las cosas iban a enredarse miles de veces más cuando fueran "familia".

—No sé —dijo con sinceridad, mirando al suelo—. No tengo idea de cómo vamos a superar todo este embrollo, pero… —despegó su diestra del rostro de la castaña, solamente para poder tomar su mano izquierda y entrelazar sus dedos—. Si estás a mi lado, siento que puedo hacerlo todo, así que ni se te ocurra alejarte.

A pesar de que todo esto parecía un sueño para Matsuri, el hecho de estar junto al chico que por tanto tiempo había querido, no podría haberse sentido más segura que entre sus brazos, fue por eso que lo abrazó, rodeándole el torso con sus manos.

—Por supuesto que no, jamás lo haría —contestó, alzándose sobre las puntas de sus pies para alcanzar los labios de Gaara, quien recibió su beso gustoso, lo había estado deseando durante todo el día.

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Pensar tanto en una sola persona no era algo que fuese usual en él, tal vez estaba empezando a perder la razón, pero después de todos esos pequeños acercamientos entre ambos, Sai no dejaba de estar preocupado por la ausencia de Ino el día de hoy.

Mientras su madre servía la mesa, él no dejaba de ver su teléfono, tenía el contacto de la chica porque ella se lo había dado cuando la ayudó, pero hasta ahora no lo había usado nunca, aunque tuviera muchas ganas de llamarla en ese momento y de preguntarle si es que acaso estaba bien.

—Mh… —frunció el ceño con molestia, mientras acercaba su dedo a la pantalla.

—Sólo llámala de una vez —le dijo su madre, asustándolo.

Sai dio un salto, la mujer acababa de poner un cuenco de arroz sobre la mesa, delante de él, era su cena, pero él estaba tan ensimismado que apenas hasta ahora sentía el delicioso aroma de la carne condimentada que acompañaría su comida.

—¿Qué? —cuestionó, apagando la pantalla y dejando el teléfono sobre la mesa, boca abajo—. ¿Que llame a quién? —cuestionó, haciéndose el loco.

Saori era una mujer joven, había dado a luz a Sai cuando apenas tenía veinte años, como el padre de éste jamás lo quiso reconocer, ella lo mantuvo sola, al principio no podía pasar demasiado tiempo a su lado, puesto que debía trabajar para darle todo lo que necesitaba, tal vez era por eso que enfermó tan gravemente, ahora que ya no podía hacer esfuerzo físico, sólo se dedicaba a hacer pequeños favores a cambio de dinero, como lavar y planchar la ropa de sus vecinos o realizar algunas artesanías, afortunadamente, también recibía una pensión del estado, así que podían mantenerse debidamente bien, aunque no conseguía el dinero suficiente para pagar su caro tratamiento para mejorar, el que Sai siempre había querido darle. A pesar de todos sus altibajos, ella conocía a su hijo como la palma de su mano, ya que era todo lo que tenía en el mundo, todo lo que le importaba era verlo feliz.

—Sai, ¿crees que mamá es tonta? —la mujer se sentó frente a él, la mesa del comedor era pequeña, apta para dos personas, era todo lo que necesitaban—. Cuando trajiste a esa chica, fue bastante evidente para mí que es alguien especial.

Su hijo, un poco contrariado por la afirmación recién hecha, la miró con enfado, aunque no demasiado, él siempre iba a ser respetuoso con ella, a pesar de todo.

—Ella es sólo una compañera —aseguró, tomando los palillos y el cuenco de arroz para empezar a comer.

—Mi hijo es un muy mal mentiroso —dijo la pelinegra, sonriendo divertida—. De todos modos, si estás tan preocupado por ella y quieres saber cómo está, sólo llama, te sentirás mejor.

Cuando terminó de hablar, se dirigió a la cocina para traer la carne y su cuenco de arroz, entonces Sai dejó todo nuevamente sobre la mesa y miró sus manos, las sentía entumecidas, como si no pudieran esperar a tomar ese teléfono y marcarle a la rubia.

¿Realmente era alguien especial para él?

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Después de haber sido recogida en la escuela por su primo, Hinata ahora se encontraba en la disquera, terminando de grabar algunas pistas para su nuevo álbum. Mientras ella estaba dentro de la cámara a prueba de sonido, Naruto la observaba desde afuera, él estaba ahí porque ambos iban a practicar juntos cuando ella terminara, pero no podía dejar de verla, se sentía completamente hipnotizado por su voz y por la bonita sonrisa que ella ponía cada vez que cantaba.

Hinata es tan linda… —pensó, fascinado por la belleza de esa joven. Inevitablemente, su cerebro lo llevó a recordar el beso que se habían dado, lo que provocó que enrojeciera levemente, todavía no habían podido hablar sobre eso, e incluso dudaba que alguna vez fueran a hacerlo.

Kurenai, la mánager de Hinata y de la banda, notó la forma peculiar en que los ojos azules de ese chico se posaban sobre la figura de su estrella principal, no le fue muy difícil darse cuenta de la verdad, la razón por la cual Naruto había dejado a su novia, incluso si tenía permiso para estar con ella.

—Hinata es muy linda, ¿no? —habló la mujer, llamando la atención del adolescente—. Además, su voz es muy dulce, como dicen, parece la de un ángel.

Naruto se dio la vuelta para mirarla, no sabía qué responder, ¿por qué esa mujer le estaba diciendo esas cosas?

—Y-yo…

—Naruto —Kurenai lo interrumpió, mirando de reojo a su esposo, el productor, que no les prestaba atención a ambos, pues llevaba puestos los pesados audífonos y solamente podía escuchar a Hinata—. Escúchame bien, sé lo que estás pensando, pero no es bueno que te relaciones demasiado con Hinata, espero que lo sepas.

—¿Por qué me dice eso? —cuestionó, frunciendo el ceño, empezaba a sentirse muy incómodo con esta conversación, aunque era un chico lento para captar algunas cosas, ahora entendía a la perfección que Kurenai no quería que él y Hinata llegaran a tener algo.

La mujer sonrió.

—Creo que sabes bien la razón.

Justo en ese momento, Hinata acabó de cantar y el productor, Asuma, se quitó los audífonos, por lo que tuvieron que terminar la conversación.

—Bien hecho, Hinata, es todo por hoy —dijo el hombre, haciéndole un gesto con su dedo pulgar a la jovencita, la cual asintió feliz y salió de la cámara.

—Naruto-kun, ya podemos ensayar —dijo ella, dirigiéndose al rubio, aunque pudo notar cierta tensión en el ambiente, no sabía por qué.

—Claro, vamos.

La representante los miró a ambos y luego señaló hacia la puerta.

—Vengan conmigo, los llevaré a la otra sala, ahí podrán ensayar con tranquilidad —aseguró, viendo que los otros dos sólo asentía y salían de la habitación, entonces ella miró a su marido, quien le observaba con seriedad—. ¿Qué?

Asuma sonrió, negando con la cabeza.

—No es nada, ve con los chicos —respondió, volviendo a ponerse los audífonos, todavía tenía mucho que editar.

Después de que Kurenai los dejó a solas en la sala de ensayo, Hinata y Naruto se sentaron sobre el piso de madera y el rubio sacó las hojas con la letra de su canción de su mochila, todavía estaba un poco inquieto por la conversación de hace unos instantes, ¿realmente era tan malo que le gustara Hinata? Era como si cada persona, cada cosa y cada situación lo quisiera alejado lo más posible de ella.

—Ten —dijo el ojiazul, pasándole la letra a la ojiperla. Sacó su celular de su bolsillo y buscó la melodía que había grabado en clases con su guitarra y el bajo de Sasuke, era algo improvisado, pero les serviría para practicar.

—Gracias, Naruto-kun —dijo Hinata, tomando aquel papel entre sus manos.

Mientras la música empezaba a sonar, ella no le quitaba la vista de encima al rubio, él era el primero en comenzar a cantar y, aunque su voz sonaba un poco temblorosa, parecía que se había aprendido bien la letra y el ritmo, a diferencia de ella, que cuando le tocó entrar, se equivocó, en una palabra.

—Ah, lo lamento —se disculpó la ojiperla, usando las hojas de la canción para darse un ligero golpecito sobre la frente—. Perdón, Naruto-kun, a veces me cuesta un poco memorizar las canciones.

—No pasa nada —Naruto detuvo la música, poniéndole pausa, luego la miró nuevamente, tenía muchas ganas de tocar el tema del beso, pero ahora se sentía muy inseguro debido a las palabras de Kurenai, a decir verdad, no sabía siquiera qué pensar.

Sentía que le iba a explotar el cerebro de tanto pensar, ni para un examen había sentido tanta confusión antes, eso tomando en cuenta lo pésimo que era en los estudios y lo mucho que debía esforzarse siempre para no reprobar.

—Naruto-kun —la voz de Hinata lo sacó de su ensimismamiento, cuando la miró, se dio cuenta de que ella continuaba escondiendo su rostro detrás de esas hojas—. Y-yo quería decirte algo…

Él, un poco enternecido por esa imagen tan dulce que proyectaba la idol, dibujó una leve sonrisa en sus labios.

—Claro, dime —le dijo, entonces Hinata bajó lentamente los papeles que sostenía en sus manos, dejando ver el tierno sonrojo de sus mejillas y el brillo inusual e hipnotizante de sus ojos perlados.

—Q-quería, uhm… s-sobre el beso…

Con sólo escuchar el tema de la conversación, las mejillas de Naruto se sintieron hervir, quería saber lo que ella iba a decirle, pero recordó lo que le había dicho la mánager y rápidamente alejó toda idea parecida de su mente.

—Hinata, no creo que sea el momento para eso —dijo con seriedad, sintiéndose inmediatamente como un idiota y un bastardo, sobre todo, cuando los ojos de Hinata se mostraron tan tristes que hasta le dolió el corazón—. Es decir, tenemos que ensayar, no estoy cantando muy bien, dame algunos consejos —comentó, tomando su celular para retroceder la pista a su inicio.

Ella sólo asintió, mordiéndose el labio inferior. Si Naruto no quería tocar el tema del beso con ella, ¿eso significaba que se arrepentía de ello? Tal vez no había sido nada para él, después de todo, desde que se habían conocido, él jamás fue alguien que se dejara hechizar por su encanto.

Tal vez sólo fue un error para él… —pensó, ciertamente deprimida—. Quizá sólo quiere olvidarlo…

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Itachi acompañaba a Izumi hasta su parada de autobús, ella vivía un poco lejos, del otro lado de la ciudad, para ser precisos, por eso él se había ofrecido para ir con ella, al menos hasta que subiera a su transporte, porque no quería que le ocurriera anda de camino.

Lo habían pasado bastante bien en el encuentro de hace unas horas, aunque él continuaba molesto por la actitud idiota de Shisui, era cierto que él era su mejor amigo, pero vamos, ¿haberse enamorado de Izumi cuando apenas la conocía? ¡Ni hablar! Era uno más de sus encandilamientos, lo hacía cada fin de semana con una chica diferente, esta vez no tenía por qué ser algo distinto de eso.

—Vas muy callado —dijo Izumi, mirándolo con curiosidad, sus grandes ojos negros se iluminaban cada vez que estaba cerca del Uchiha, no sabía muy bien si aún guardaba los mismos sentimientos por él que antes, pero algo había de eso—. Pensé que charlaríamos un poco, ya que te ofreciste a venir.

—Lo lamento, pensaba en algo —respondió el azabache, retorciendo un poco la boca en una mueca de disgusto—. ¿Crees que soy un tipo aburrido?

—¿Eh? —la castaña parpadeó, confundida por la pregunta.

—Ya sabes… —Itachi, desacelerando un poco el paso, fijó su vista en el cielo despejado, aunque hacía bastante frío, al menos no parecía que fuese a llover—. Hace rato, cuando estábamos todos, no parabas de reírte de los chistes de Shisui y Deidara —dijo, llevándose una mano al mentón, en pose pensativa—. Supongo que no soy tan gracioso como ellos, ¿no?

Izumi, algo asombrada por el repentino tema de conversación elegido por Itachi, se cubrió la boca con su diestra, para evitar que la risa la hiciera ver menos bonita.

—¿Te preocupa que te vea como alguien aburrido?

—N-no —contestó Itachi, negando con la cabeza, ahora estaba muy avergonzado, parecía un niño pequeño, celoso de la "genialidad" de su amigo.

La castaña se adelantó un poco, parándose justo frente a él, para hacer que ambos detuvieran su caminata.

—Creo que tus amigos son personas agradables —comenzó a decir ella, sonriendo ampliamente—. Pero, honestamente, aunque no eres gracioso, me gusta mucho estar contigo, Itachi.

Él, sin saber qué responder, solamente la miró a los ojos, le recordaban un poco a los de su madre, eran amables, pero fuertes, Izumi era tan linda, e incluso se acoplaba a su forma de ser.

—Puedo ser gracioso si quiero —aseguró, cerrando sus ojos en un falso gesto de haberse sentido ofendido.

Como respuesta, la chica solamente empezó a reírse, parecía que la respuesta a su pregunta anterior estaba llegando más rápido de lo que creyó; todavía le gustaba mucho Itachi Uchiha.

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La chica empezó a toser nuevamente, desde la mañana se sentía así de mal, le dolía mucho la garganta y tenía fiebre, por eso no había ido a la escuela. Había estado durmiendo gran parte del día, pero ya no podía más, así que se sentó sobre su cama, buscando el control remoto para encender la televisión.

—¡Ino, tus amigas están aquí! —escuchó a su madre gritar desde la primera planta, seguido de eso, oyó los pasos de las muchachas, para verlas entrar a su habitación unos segundos después.

—Hey —saludó a ambas, Sakura y Karin se acercaron a ella y ambas se sentaron sobre el sofá que adornaba su cuarto, que era, obviamente, de color lila, como el resto de sus adornos—. ¿Qué hacen aquí? ¿Cómo supieron que estoy enferma?

—No sabíamos —dijo Sakura, soltando un suspiro—. Honestamente, es un alivio.

—¿Eh? —la Yamanaka frunció el ceño, sin entender.

—Creíamos que te habías colgado de una viga por Kiba, o que estabas encerrada comiendo helado como una cerda —dijo Karin, sin ningún toque de delicadeza, por lo que Sakura le dio un codazo en las costillas—. ¡Auch! —exclamó de dolor.

Ino las miró con una gotita de sudor frío recorriendo su frente, para luego negar con la cabeza.

—No me importa Kiba —dijo, viendo hacia la televisión, estaban pasando una serie que le gustaba mucho—. Sólo no fui a la escuela porque pesqué una gripe, estuve durmiendo desde la mañana.

—Oh… —la peli rosa abrió su boca con asombro—. Eso explica por qué no respondías tu teléfono.

Karin golpeó la palma de su mano con el puño de la otra, ahora todo tenía sentido —Con razón, y nosotras pensando que ya estabas bien tiesa.

—¡Karin! —regañó Sakura en voz alta, entonces Ino se empezó a reír, esas dos no cambiarían nunca, pero estaba muy feliz de que se preocuparan por ella, eran sus amigas, por eso las apreciaba y les perdonaba que parecieran una pareja cómica.

En lo que sus amigas discutían, Ino volvió a mirar la televisión, uno de los personajes de la serie llevaba el mismo peinado que su compañero de clases, Sai, aunque el color de su cabello era distinto. Se preguntaba qué estaba haciendo él ahora, cómo estaba, o si acaso él siquiera se acordaba de su existencia, porque el ser amable con ella no significaba nada, ¿no?

Seguro que no… —pensó, decepcionada de pretender algo que nunca iba a tener—. Un chico como él… seguro que no tiene tiempo para estas tonterías…

Si tan sólo hubiese sabido las ganas que él tenía de escuchar su voz, quizá lo habría llamado en ese mismo instante, pero las cosas siempre pasan por algo y, tal vez, ese todavía no era su momento.

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Después de terminar de organizar algunas cosas con la seguridad del edificio, Neji se dirigió a la sala de descanso que quedaba en el primer piso, apenas su prima terminara con sus deberes de la escuela, él tendría que llevarlas a casa a ella y a Tenten, a quien no se había topado durante gran parte del día.

El comportamiento y la actitud de esa chica siempre lo intrigaban, a diferencia de las mujeres con las que había salido alguna vez, Tenten era bastante grosera y cuando podía, le respondía, no se dejaba intimidar por él y aquello le molestaba un poco, pero, debía aceptar que también le llamaba muchísimo la atención.

Soltó un suspiro cuando, al llegar a la sala, sólo estaba ahí su ex novia, esa chica que le había mentido y le había visto la cara de idiota, no podía perdonarla por eso, a pesar de que antes la quiso muchísimo.

—Neji —Eri sonrió apenas lo vio aparecer, pero su sonrisa se borró cuando notó que él le daba la espalda y pretendía marcharse, así que se apresuró a pararse delante del castaño, no podía dejar que se fuera—. Oye, no seas así, me ves y sales corriendo.

Él frunció el ceño enseguida, ¿qué pretendía Eri al tratar de entablar una conversación con él?

—No tengo ganas de verte y mucho menos de hablar contigo —dijo con frialdad.

Eri, ignorando los deseos de su ex novio, tomó las dos manos de él entre las suyas, mirándolo fijamente a los ojos, como no lo había hecho hace mucho tiempo.

—¿Todavía no puedes perdonarme por lo que hice? —cuestionó, con expresión suplicante—. Eso sólo fue un error, Neji, por favor…

El Hyûga rodó los ojos, estaba harto de que ella tocara ese mismo tema cada vez que se vieran, le cansaba toda esta situación, era ridículo.

—¿Tú no entiendes? —le habló de mala gana—. Te lo he dicho de mil maneras, no me interesa nada de ti, estoy con alguien más, así que, ¿por qué no me dejas tranquilo?

La joven castaña torció un poco los labios, de sólo oír mencionar a Tenten, sentía ganas de jalarle el cabello o empujarla escaleras abajo.

—Esa chica no es digna de ti, Neji, no es más que una extranjera maleducada, infantil y poco atractiva, ¿en serio te gusta?

Aunque Neji no apreciaba especialmente a Tenten, al escuchar como Eri la insultaba de ese modo, algo dentro de él se encendió de rabia, no lo tenía muy claro, pero no le gustaba que nadie hablara mal de Tenten, si es que acaso, solamente él podía hacerlo.

—No vuelvas a expresarte así de ella, o te juro que haré que mi tío te despida —le amenazó, su tono de voz era amenazante e indolente, incluso llegó a asustar a Eri, la cual se quedó tiesa en su sitio, entonces Neji soltó sus manos y se retiró de la sala, su presencia inspiraba mucho miedo para cualquiera que pasara a su lado en ese momento.

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Matsuri llegó un poco tarde a casa aquella tarde, después de pasar el rato con Gaara, no había notado que se le pasaba la hora, pero pensando en que su madre volvería de noche, como siempre, no le dio demasiada importancia al asunto; sin embargo, casi se le sale el corazón por la boca cuando se dio cuenta de que la mujer estaba esperándola en la sala, cruzada de brazos y piernas.

—M-mamá…

—Hija —dijo su madre, sonriendo ladina—. ¿Se puede saber a dónde estuviste hasta esta hora? Son las ocho de la noche, que yo sepa, tú sales a las cuatro de la escuela.

La menor no sabía qué decir, claramente, no tenía justificación alguna y no era nada buena mintiendo.

—Eh, y-yo… bueno, verás… —se mordió el labio inferior, asustada.

Ayako arqueó una ceja, ver la reacción de Matsuri le hizo pensar en sólo una alternativa, no podía ser de otro modo.

—Así que… ¿estabas con tu novio?

La castaña alzó la cabeza casi de forma automática al escuchar la pregunta, mientras su cara se ponía totalmente roja —¿N-novio?

Su madre abrió sus ojos un poco, poniéndose de pie de un salto.

—Oh, por dios, mi pequeña bebé tiene novio —dijo en tono escandaloso, cubriéndose la boca con una mano—. ¿Por qué no me lo habías contado, Matsuri?

Ella sabía que había sido descubierta, no tenía caso que negara su relación, quizá no importaba tanto que su mamá supiera que ella tenía novio, siempre y cuando no le dijera quién era, no imaginaba el tipo de reacción que ésta podría tener al saber que ella estaba saliendo con el que pronto sería su hermano.

—Es que llevamos poco tiempo… —explicó, todavía no se había sacado la mochila de la espalda, apenas se había quitado los zapatos, así que dejó la mochila sobre el sofá y se sentó, avergonzada, no pensó nunca en hablarle a su madre sobre su relación—. Él es un chico muy lindo, es muy atento y me trata muy bien.

La mayor sonrió, Matsuri sonaba como ella cuando era menor, cuando conoció a su padre y se enamoró de él, claro, que su historia de amor había resultado no ser tan linda, pero eso no venía al caso ahora.

—Entonces —Ayako caminó hasta pararse frente a su hija, en donde se acuclilló, tomándole las dos manos entre las suyas—. ¿Estás feliz, hija?

Matsuri asintió con la cabeza, de sólo pensar en Gaara, sentía una enorme calidez que se apoderaba de su pecho, estar a su lado le daba paz, era tal y como él se lo dijo, cuando estaban juntos, podía hacer lo que sea.

—Me alegra mucho —dijo la mayor, sonriendo—. Pero Matsuri —hizo una pausa, frunciendo ligeramente el ceño—. No he hablado mucho de esto porque nunca habías salido con nadie, pero eres una chica grande y madura y espero que te estés cuidando, soy joven para ser abuela y tú aún debes estudiar.

Al inicio, Matsuri no había captado del todo las palabras de su mamá, pero sólo le bastaron unos segundos para que se diera cuenta, lo que provocó que su cara se pusiera completamente roja, como un tomate.

—¡M-mamá, él y yo no hacemos esas cosas! —exclamó, completamente avergonzada.

No podía creer que su madre tocara un tema como ese con tanta desfachatez, se preguntaba si cuando ella fuera adulta, también iba a ser así.

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Al llegar a casa, lo primero que hizo Hinata fue darse un baño. En cuanto estuviera listo su nuevo sencillo, comenzaría a promocionar en giras y en la televisión, tendría menos tiempo para pasarlo en la escuela y, por ende, vería menos a sus pocos amigos, en especial, a Naruto. Todavía no dejaba de pensar en lo sucedido mientras ensayaban para el festival, ella quería decirle a Naruto que le gustaba mucho, que su beso había sido lo mejor que le pasó, pero él solamente decidió cambiar de tema, así como así, tan tajantemente.

—¿Realmente no significó nada para él? —murmuró, llevándose los dedos de su mano derecha a los labios.

Aún sentía la suavidad de los labios de Naruto, la forma de éstos, la calidez y el sabor. Su corazón saltaba dentro de su pecho al recordarlo, se moría de ganas por repetirlo, jamás había experimentado algo así antes, nunca se sintió enamorada como cuando estaba cerca de Naruto Uzumaki.

¿Acaso eso estaba mal?

Después de terminar su baño, la ojiperla se secó el cuerpo y se puso la ropa de dormir, estaba muy cansada, había hecho tantas cosas ese día, que era justo que durmiera toda la noche y se relajara, pero apenas logró sentarse sobre su cama cuando escuchó que alguien llamaba a su puerta. Se apresuró en abrir la puerta, sólo para descubrir que se trataba de su padre. No era muy común que él la visitara después del trabajo, generalmente, Hiashi hablaba con ella más como su jefe que como su padre.

—¿Sucede algo, padre? —preguntó la chica, un poco sorprendida.

El hombre siempre tenía un aspecto serio, pero a pesar de como lo veían los demás, para Hinata, su padre era alguien amable y comprensivo, incluso si siempre estaba muy ocupado.

—Venía a hablar contigo sobre la escuela —dijo él, adentrándose en la habitación de su hija, para tomar asiento sobre la cama de la misma. Hinata tenía muchísimas cosas, aunque casi todo había sido comprado por ella misma, había otras cosas que él le había dado, porque podía permitirse mimar a sus hijas con regalos caros, aunque no pasara tiempo de calidad con ellas.

—¿Qué pasa con la escuela? —la chica lo miró sin comprender, ¿acaso sus notas estaban yendo mal?

—Sabes que pronto se acerca tu gira, hija, así que he estado pensando —Hiashi la miró atentamente, la expresión de Hinata se alteró un poco—. Escuché que hubo problemas con tus compañeros, ¿por qué no me dijiste nada? —frunciendo el ceño, volvió a buscar los ojos de la menor—. Creo que sería mejor retirarte, no tendrás tanto tiempo para dedicarte a ello, volverás a tomar clases particulares.

—¡No! —Hinata se apresuró en negarse, ni siquiera dejó que Hiashi terminara de hablar—. Padre, no, por favor —dijo con desesperación—. No quiero irme de la escuela, me gusta estar ahí.

Hiashi arqueó una ceja.

—¿Aún si hablan cosas malas sobre ti?

Ella bajó la mirada, mordiéndose levemente el labio inferior.

—Esos son rumores sin importancia, padre, pronto se olvidarán de ello… —explicó, realmente lucía triste y abatida—. He hecho amigos, así que… se lo pido, no me obligue a dejarlos.

Tras escucharla decir eso, el mayor comprendió la actitud tan renuente de su hija mayor, era difícil para ella hacer amigos, era evidente que no quería alejarse de los pocos que había conseguido, quizá por eso no le contó sobre el rumor que habían esparcido de ella en la escuela, pero Hinata no se daba cuenta de que algo como eso podía hacerse más grande y llegar a perjudicar en serio su carrera.

—Bien —suspiró él, poniéndose de pie—. No te retiraré de la escuela, pero tienes que saber que debes ser más cuidadosa con tu imagen, por favor, tenlo en cuenta, esto podría llegar a más, de no haber intervenido para que borraran todo lo que expusieron, las cosas serían peores para ti, no eres una chica normal, Hinata.

La joven bajó la mirada, sabía que no era normal, que debía cuidar su imagen, ella amaba lo que hacía, realmente adoraba hacer música, pero a veces odiaba no poder desenvolverse como una persona común.

—Entiendo, padre —contestó.

Hiashi salió de la habitación y cerró la puerta, entonces Hinata cerró sus ojos y suspiró, a fin de cuentas, su papá tenía razón y ella debía tener más consciencia de que cualquier mala acción podía destruir todo lo que tenía ahora.

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—¿En qué escuela dices que está Hinata? —preguntó el pelinegro a su compañero de grupo, ambos estaban terminando de ensayar junto a su banda y, en lo que los demás integrantes se alejaban de la sala, solamente ellos dos se quedaron a charlar.

—¿Para qué quieres saber eso? —cuestionó Toneri, el vocalista y líder de Strikes.

Su ceño estaba fruncido, mientras dejaba su guitarra sobre el pedestal, pudo ver que Hideki sonreía de forma bastante enigmática.

—No me digas que te gusta Hinata —dijo de mala gana—. Sabes perfectamente que ella es mía, Hideki.

El bajista de la banda sonrió con evidente sarcasmo, decir que Hinata era suya le parecía un poco osado de parte de Toneri, sobre todo, cuando la idol ni siquiera le hacía el menor caso, es más, hasta hacía lo posible por evitarlo y permanecer lejos de él, pero parecía que su amigo era algo terco y un poco ciego también.

—Claro que no —respondió, agitando su mano con desinterés, para demostrar que la preocupación del albino era algo tonta—. No he dejado de pensar en la pequeña amiga de Hinata desde la fiesta.

Esta vez, los ojos de Toneri se abrieron con asombro, apenas le había puesto el ojo encima a esa jovencita, porque para él, Hinata siempre llenaba toda la habitación, pero había notado que era linda, incluso vio que Hideki y ella bailaron, pero no esperaba que aquel muchacho quedara flechado.

—Oh, ¿de verdad? —cuestionó, aliviado—. Bueno, si ese es el caso, te diré el nombre de su escuela, pero intenta no llamar la atención, ¿quieres?

El pelinegro asintió, aunque sabía que le sería difícil, a alguien con su nivel de fama no le era sencillo pasar desapercibido.

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A pesar de que ya había caído la noche, Tenten estaba en el patio de la enorme mansión Hyûga, sentada justo a un lado de la fuente que adornaba el centro del mismo. Todavía le parecía un lugar un poco irreal, parecía la casa de algún cuento de hadas, ni siquiera la conocía por completo. Nunca imaginó vivir en un lugar tan bonito como ese, su hogar en China era muy modesto, nada comparado con ese "casi" palacio.

—Realmente parece un sueño —murmuró, soltando un suspiro.

—¿Qué cosa? —escuchó una voz masculina a sus espaldas, cosa que la asustó un poco, provocando que se fuera para atrás de la impresión, casi cayéndose dentro de la fuente, pero, afortunadamente, Neji reaccionó a tiempo para atraparla—. Ten cuidado —dijo él, frunciendo el ceño y observándola con cierta molestia, mientras la ayudaba a incorporarse.

Tenten se aclaró la garganta, estaba avergonzada por la escena que había provocado.

—Lo lamento, me asustó —explicó—. Pero gracias por ayudarme.

Neji la miró de reojo, cuando Tenten traía el cabello suelto y éste se mecía con el viento, en serio se veía bonita, ni siquiera usaba algún tipo de maquillaje, pero estaba hermosa, no era algo que él pudiera negar, por más que así lo quisiera.

—¿Qué estabas haciendo aquí? Estas no son horas —comentó, sentándose a un lado de ella. Tenten lo miró con cierta duda, pero él no le tomó importancia—. Deberías entrar, está haciendo frío.

—No creí que se preocupara por mí —rio la castaña, claramente, en tono de broma—. Sólo necesitaba tomar un poco de aire y pensar, aclarar mi mente.

Él no se destacaba por ser una persona curiosa, pero había algo en Tenten Ama que lo obligaba a querer indagar más sobre ella, tal vez era el hecho de que su tío la había ayudado a venir desde China, sabiendo que Hiashi, aunque era un buen hombre, no se dedicaba a hacer "trabajo de caridad", seguramente había algo más escondido, algo que él anhelaba saber.

—¿Por qué mi tío te trajo desde China? —preguntó sin rodeo alguno, sabía que ese tipo de cosas no iban con ella, por lo poco que la conocía, a esa chica le gustaban las cosas que iban directo al grano.

Tenten abrió un poco los ojos, no esperaba que él se lo preguntara, porque era bastante obvio que quería saber, que le tenía desconfianza y recelo, eso no era agradable, así que decidió que no le ocultaría nada. Neji no era precisamente la persona a quien hubiera esperado confiarle sus secretos, pero tampoco había nadie más.

—El señor Hiashi era amigo de mi papá —contestó, bajando la mirada—. Su nombre era Li Xiang Ama, usted debe haber oído sobre él.

El Hyûga asintió con la cabeza, claro que había oído sobre Li Xiang, era el socio de su tío y también había sido amigo de su padre, cuando éste aún estaba con vida, hacía muchos años que se había ido a China, luego de terminar su sociedad con su tío Hiashi, pero en buenos términos, siguieron siendo amigos y comunicándose.

—Entonces, eres su hija —dijo él, no esperaba eso, pensaba que Tenten era una chica cualquiera, pero ahora se daba cuenta de que había estado errado.

La chica asintió.

—Mi papá se casó con una mujer japonesa, ambos se fueron a vivir a China, pero luego de un tiempo, cuando a mi papá empezó a irle mal financieramente, ella nos abandonó —relató, se sentía triste por eso, odiaba pensar en el recuerdo de su madre dándole la espalda y dejando la casa, mientras ella, siendo sólo una niña, lloraba y le rogaba que no se fuera—. Mi papá falleció hace un tiempo, ella es todo lo que me queda, pero… no sé dónde está…

Neji no sabía qué decir, le parecía que la historia de Tenten era muy triste, pero también era una pérdida de tiempo buscar a una mujer que la había abandonado, si a él le hubiese pasado lo mismo, simplemente no querría saber nada de esa persona, así que, ¿por qué Tenten la buscaba?

—Entiendo —dijo al fin, luego de un rato de silencio—. Entonces, por eso el tío Hiashi te tiene aprecio… a pesar de que eres sólo una empleada.

La joven frunció el ceño, ese tipo no tenía delicadeza alguna, era realmente bruto, no podía entender por qué era tan brusco para decir las cosas.

—Sí, en fin —se puso de pie rápidamente, estaba molesta, todo esto había sido para nada, le había contado su mayor pena a ese tipo y él sólo le contestaba algo grosero, como siempre—. Me iré a dormir, señor, buenas noches.

Mientras ella se iba, Neji simplemente observó su figura a la luz de la luna, Tenten se veía aún más hermosa en ese momento, así que se preguntó si lo que le había dicho a Eri en la tarde solamente fue para aparentar, o de verdad le importaba Tenten.

¿Era por eso que se portaba inusualmente grosero con ella? No, eso no tenía sentido.

—Qué tontería… —murmuró, esbozando una pequeña sonrisa de burla hacia sí mismo.

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Aquella mañana, mientras se dirigía hacia la escuela, la mente de Naruto no dejaba de sentirse revuelta por todos los pensamientos encontrados que la rondaban. Por un lado, no dejaba de recordar la sensación agradable del beso que él y Hinata compartieron, pero tampoco conseguía dejar su inquietud sobre la "amenaza" disfrazada de Kurenai. ¿Qué pasaba si por su culpa todo el grupo tenía que pagar los platos rotos? Como que les cancelaran el contrato, o cualquier cosa por el estilo.

Lo mejor era que se alejara de Hinata cuanto antes, que suprimiera eso que sentía hacia ella y sólo fuera su compañera, nada más y nada menos.

—Ya, Naruto, deja eso —se dijo, revolviéndose el cabello rubio.

En lo que caminaba hacia el cruce, pudo ver que la limusina de la ojiperla lo pasaba de largo a través de la calle, cosa que le hizo sentir un tanto molesto, justamente cuando estaba pensando en ella, se le aparecía como un fantasma.

Dentro de su auto, Hinata miró hacia la ventana en el momento justo en que Naruto se quedó de pie afuera, los ojos del rubio la siguieron y los de ella a él, a pesar de que Naruto no podía verla desde el otro lado, ya que sus vidrios eran polarizados.

Naruto-kun… —pensó bajando la mirada.

Desde el asiento del piloto, Neji notó aquella acción a través del espejo retrovisor.

—¿Está todo bien? —preguntó, viendo de reojo a Tenten, la cual iba sentada al lado de Hinata, llevándole sus cosas.

—¿Eh? —la chica, un poco exaltada, asintió varias veces con la cabeza—. C-claro que sí, nii-san —respondió.

El mayor no dijo nada, simplemente frunció el ceño y volvió a concentrarse en el camino. Llegaron a la escuela a los pocos minutos y Hinata se despidió de ellos para bajarse, así que Tenten le entregó sus cosas y luego cerró la puerta desde dentro.

El silencio incómodo se hizo presente entre ambos, así que la castaña se mordió el labio inferior y fingió que estaba viendo por la ventana con atención, mientras el auto empezaba a moverse. Tenten se reprendía mentalmente por haberle confiado a Neji un secreto tan importante para ella y, por otro lado, él se regañaba a sí mismo por no haber reaccionado de mejor manera. Ambos permanecieron callados, parecía que esa era su rutina usual, pero cuando se detuvieron frente al semáforo, él se aclaró la garganta, llamando la atención de la chica.

—Sobre lo que me dijiste ayer… —empezó a hablar, sin notar que ella abría ligeramente sus ojos, pues no esperaba que él tocaría el tema—. Creo que fui un poco grosero y lo lamento, también siento lo de tu padre.

Tenten estaba atónita, normalmente, Neji Hyûga jamás se disculparía con ella, menos por algo que había dicho creyendo que tenía la razón, porque él era así, un típico "dueño de la verdad".

—Oh, claro… —dijo ella, bajando la mirada—. No pasa nada, señor.

Neji la observó por el espejo, tal y como había hecho antes con su prima. No podía entender por qué, pero los ojos tristes de Tenten le hacían sentir angustia, como si el deseo de hacerla sonreír lo invadiera de pronto, así que movió sus labios para hablar, pero el semáforo cambió en favor de darles el paso, así que sólo avanzó.

En la escuela, Naruto entró y soltó un hondo suspiro, hoy no traía su guitarra, pues serían las audiciones para el dichoso musical de su grupo y, por supuesto, Sasuke y Sakura le obligaron a participar, así que no tendría tiempo de perderse en la mirada perlada de Hinata, eso era una buena noticia, al menos para él.

Al ingresar al salón, vio que sus amigos estaban en una esquina del mismo, charlando. Se acercó a ellos y saludó del mismo modo efusivo que lo hacía siempre.

—¡Chicos! —exclamó, alzando su mano, pero los otros tres apenas lo miraron, como hacían siempre, a veces se preguntaba si el ser amargado era algo que se contagiaba.

—Naruto, qué bueno que llegas —dijo Sasuke, el cual estaba sentado sobre el escritorio, a diferencia de los otros dos, que estaban cada uno en un puesto—. Nos avisaron que vamos a tomarnos unas cuantas fotos para una revista.

—¿Eh? —cuestionó, sorprendido—. ¿En serio? —su sonrisa no tardó en aparecer, si les tomarían fotos para una revista, ¿quería decir que los iban a entrevistar?

Gaara asintió con la cabeza.

—Nos lo acaba de avisar la mánager, causamos tal sensación en internet, que todos quieren saber quiénes somos —explicó.

Sai puso su típica sonrisa, ligeramente falsa —Todo es debido a la popularidad de Hinata-chan, deberíamos agradecerle que siempre nos haya dado tanto apoyo.

Naruto solamente pudo poner atención en aquel particular "Hinata-chan" que salió de los labios de Sai, ni siquiera él la llamaba de ese modo, ¿cómo se atrevía Sai? Oh, pero era cierto, ambos no eran nada y nunca lo serían, al parecer.

—Bueno, eso es una gran noticia —dijo al fin, calmándose un poco.

Al sentarse, buscó con la mirada a Hinata, no le fue difícil hallarla, ya que ella estaba sentada en su lugar junto a Matsuri, tal y como siempre. Hinata hacía lo posible por no mirarlo, pero hubo un instante en que sus ojos se cruzaron y pareció como si el tiempo se congelara ahí mismo. Ambos fueron alcanzados por un molesto brote de "mariposas en el estómago" y rápidamente cambiaron el sentido de su zona de observación.

Sasuke aprovechó también el momento de silencio para mirar hacia dónde estaba Sakura, la encontró charlando animada con Ino y Karin, así que dibujó una suave sonrisa en sus labios, no podía creer que, con sólo verla, su día se sintiera mucho más brillante. Sakura notó ese pequeño gesto y también sonrió, recordando la promesa que él le había hecho, tarde o temprano, los dos estarían juntos.

Por su parte, la rubia Yamanaka miró fijamente a Sai, ni se molestó en ver mal a Kiba, no le interesaba más, el único que seguía llamando su atención era Sai, pero éste parecía ignorarla por completo.

Lo sabía, él jamás me haría caso… —pensó con decepción.

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—Esto es un fastidio —murmuró Shikamaru, sobándose la nuca, mientras veía a Temari sentada delante de él, acomodándose un par de anteojos.

La rubia soltó un suspiro, tomó el expediente del estudiante que estaba sobre la mesa y lo ojeó, el profesor Morino le había pedido que se hiciera cargo de la entrevista de ese muchacho, mientras él se ocupaba de otros estudiantes que daban un poco más de lata, ella no podía creer que siempre terminaba involucrada con ese chico.

—Te enviaron aquí porque te quedas dormido en todas las clases —explicó Temari, mirándolo de reojo a través del borde de las hojas que sostenía en su mano derecha—. ¿Tienes algo que decir?

Él simplemente se encogió de hombros.

—Me gusta dormir.

La respuesta fue por demás extraña, él ni siquiera intentaba defenderse o negar la afirmación que había hecho sobre su persona, parecía que todo le daba exactamente igual, ella nunca había conocido a una persona como esa.

—¿Es todo? —cuestionó, arqueando una ceja.

—No hay mucho más que agregar —dijo Shikamaru, bostezando.

Temari se sintió realmente molesta, así que cerró sus ojos para calmarse, no tenía que alterarse en la escuela, estaba en medio de su práctica y era obvio que algún día se toparía con un "paciente" que la sacara de quicio, ¿no?

—Voy a hacerte una pequeña entrevista para que lleguemos a una conclusión más… apropiada —dijo la mayor.

Notó que él la miraba fijamente, cosa que comenzaba a incomodarle, así que se puso de pie para buscar los documentos que contenían las preguntas de la entrevista, en medio de un enorme y alto estante. Odiaba que el profesor Morino dejara siempre todo tan arriba, ella era una mujer alta, pero no era una gigante, así que se tuvo que estirar un poco para alcanzarlos, pero simplemente no llegaba. Fue entonces que observó la mano masculina que se asomó desde su espalda y bajó aquella pila con mucha facilidad, sorprendiéndola.

—Toma —dijo el Nara, a lo que ella lo miró con la boca abierta, él le estaba sonriendo.

Ya era la segunda vez que ese chico actuaba como si fuera su "héroe" o algo por el estilo, empezaba a acostumbrarse a ello, por muy raro que sonara.

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Hoy le tocaba empezar las clases en la tarde, así que no había tenido que levantarse corriendo para llegar a la escuela. Iba distraído por la calle, mirando su reflejo en los escaparates de las tiendas de vez en cuando, se había acostumbrado a la imagen tan cubierta de su rostro, después de años de ocultarlo de esa manera, algunas personas incluso creían que era un delincuente o algo por el estilo.

—Creo que mi cabello está un poco largo… —murmuró, soltando un suspiro. Si Rin estuviera con él, seguramente lo regañaría por lo descuidado que se había vuelto, ella siempre cuidaba de su persona como nadie, siempre estaba pendiente de su bienestar.

Al pasar por fuera de una cafetería donde solían ir los ejecutivos de los edificios colindantes, se topó justo con una persona a quien no le alegraba mucho ver, más que nada, porque él lo odiaba.

—Oh, Kakashi —dijo el pelinegro, mostrándole una sonrisa que no lucía para nada amigable, había pasado mucho tiempo desde la última vez que hablaron, tal vez, desde el funeral de Rin.

—Obito —dijo Kakashi, sin mucho ánimo—. Hola, ¿cómo estás?

A pesar de lo mucho que detestaba a Kakashi, a Obito se le daba bien disimular, era bueno en ese ámbito, así que su sonrisa se hizo más ancha, como si realmente lo hubiera perdonado por todo lo que le hizo pasar a la pobre de Rin, a su amada.

—Bien, muy bien —respondió el Uchiha—. También te ves bien, algo descuidado, pero bien.

Kakashi todavía recordaba las palabras que Obito le dijo la última vez que estuvieron juntos en la misma habitación, que no lo iba a perdonar jamás, que se vengaría de él, que pagaría por el dolor de Rin, así que ¿por qué estaba siendo amigable ahora?

—He tenido días mejores —comentó, encogiéndose de hombros—. Debo irme, tengo que llegar a la escuela —explicó, emprendiendo camino. Por cosas como estas era que siempre llegaba tarde.

—Claro, nos vemos —dijo Obito, viéndolo partir. No añadió nada más, pero en su mente sólo podía ver como ese hombre nefasto –según él– se hundía en una completa oscuridad.

Ya no faltaba mucho, pronto Kakashi iba a conocer el mismo dolor que su amada Rin había tenido que padecer por su culpa.

Continuará…