"Aunque sea difícil alcanzar las estrellas, jamás dejaré de perseguir tu luz; eres quien ilumina mi camino."
Capítulo 20: Llegar a tiLa hora del almuerzo era perfecta para practicar a solas en la azotea de la escuela, como nadie iba ahí porque era solitario, Hinata continuaba usándola como su lugar personal. Le gustaba mucho la canción que ella y Naruto iban a interpretar, la habían escrito Sasuke y Gaara, aunque esos chicos lucían como si fuesen fríos y distantes, tenían un modo muy especial de ver el mundo y de interpretarlo, por eso ambos le agradaban.
—Veamos… —se puso los audífonos y empezó a reproducir la pista que los chicos habían grabado para ensayar, entonces se puso a cantar sus partes, ya se sabía la letra, pero no estaba muy segura sobre la melodía.
Mientras estaba cantando, cerró sus ojos, de ese modo podía concentrarse mejor, así que no pudo notar que alguien estaba entrando a la azotea y se la quedó mirando embobado. Era exactamente como ese primer día, cuando él la encontró cantando y decidió grabar su voz, Hinata tenía la voz de un ángel, no era una exageración decirlo, así que Naruto se sentía flotando entre nubes cada vez que la escuchaba.
Cuando la ojiperla terminó, escuchó el sonido de aplausos, que la asustaron un poco, así que se quitó los audífonos de un tirón.
—¡N-Naruto-kun! —exclamó, tenía la cara roja por la vergüenza, aunque no sabía por qué, ella estaba más que acostumbrada a cantar para otras personas.
—Ah, lamento haberte asustado —el rubio se llevó una mano a la nuca, empezando a reírse nerviosamente—. No quería molestarte, Hinata, es sólo que pienso que cantaste realmente bien.
—Claro… —la cantante bajó la mirada, aun sentía un poco de decepción hacia Naruto, se habían besado, pero él actuaba como si nada y cuando ella quiso tocar el tema, él lo evitó deliberadamente, ¿eso quería decir que ella no le interesaba de esa manera?
Naruto, por su parte, no podía dejar de verla, a pesar de lo que le advirtió Kurenai, no conseguía sacarse a Hinata de la cabeza, sentía que le cosquilleaban los labios al pensar en el beso que habían compartido, deseando repetirlo con todas sus fuerzas.
—Hinata… —habló, tragando saliva. La chica levantó la cabeza para verlo y lo notó nervioso—. Y-yo quería decirte algo… —las mejillas de Naruto enrojecieron, sabía que se iba a arrepentir si dejaba las cosas así, Hinata probablemente lo dejaría pasar y se olvidaría de lo que hubo entre ellos, no importaba quién le dijera que eso estaba mal o que no podía hacerlo, él no podía perder a Hinata, aún si todavía no la tenía.
—¿Qué cosa?
Antes de contestar, Naruto se apresuró hacia Hinata, ella estaba sentada en una de las banquitas de la azotea, así que él se acuclilló frente a ella, sorprendiéndola, el chico se veía más bajo porque estaba agachado, pero de ese modo podía impedir que Hinata fuera a alejarse.
—Sobre el beso del otro día…
Hinata se puso aún más roja que antes, su corazón se aceleró y tuvo el impulso de salir corriendo, pero no se podía mover sin pasarle por encima a Naruto, él había sido bastante listo.
—N-no deberíamos hablar de eso —esta vez fue ella la que trató de hacer a un lado el tema, pero la mirada seria de Naruto le indicó que no sería tan fácil—. N-Naruto-kun, ya casi va a acabar el periodo del almuerzo.
El rubio frunció el ceño.
—Hinata… —él cerró sus ojos un momento y tomó aire por la boca—. ¿Te disgustó que te besara?
—¿Qué? —los ojos de la Hyûga se abrieron un poco por el asombro, pero enseguida negó con la cabeza—. No, claro que no, Naruto-kun.
—Entonces… —el rubio tragó saliva, irguiéndose un poco para poder alcanzar la altura de Hinata—. ¿Te molesta si lo hago de nuevo? —preguntó, desapareciendo poco a poco la distancia que había entre ambos. No escuchó una respuesta por parte de Hinata, solamente la vio cerrar los ojos y ponerse rígida, como una estatua, pero en ningún momento intentó apartarse.
Naruto apoyó las dos manos sobre la banca y se puso de pie, inclinado hacia Hinata, estaba a punto de besarla, cuando el sonido del timbre los asustó a ambos, ya que los agarró por sorpresa. Hinata abrió los ojos de golpe y apartó a Naruto de un empujón, para luego salir corriendo de ahí lo más rápido que pudo, tanto, que dejó olvidado su teléfono en el suelo.
—¡Hinata! —la llamó el Uzumaki, pero fue inútil, pues ella lo ignoró, así que solamente soltó un suspiro y se sentó en donde antes estaba Hinata, descubriendo que unos pasos delante de él estaba el celular de la idol, seguramente se le había caído cuando huyó.
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Como acababan de tocar el timbre, Ino se fue dirigiendo al salón, había estado charlando con sus amigas en el patio, pero se separó de ellas al dirigirse al baño, donde la pilló el término del receso largo. Cuando iba entrando al salón, se topó el hombro sin querer contra alguien.
—Ah, perdón —dijo la chica, que apenas se dio cuenta de que esa persona era Sai, se avergonzó un poco—. S-Sai, hola… —lo saludó, no lo había hecho desde la mañana, era difícil hablar con él después de lo sucedido el otro día, cuando la vio llorando como una tonta bajo la lluvia.
—Hola, Ino-chan —sonrió el muchacho, pero esa sonrisa se borró casi al instante—. ¿Te encuentras bien? —preguntó, mirándola fijamente.
La pregunta tomó a la Yamanaka con la guardia baja, así que no supo qué responder en ese preciso instante, se le trabó la lengua y empezó a balbucear.
—Permiso —los dos escucharon la voz de Kiba, ya que se habían quedado parados junto a la puerta, estaban cubriendo la entrada.
Ino frunció el ceño al verlo y se apartó dando un paso hacia atrás, dejando pasar al castaño, que se fue directo hacia su puesto. Ella suspiró y luego volvió a mirar a Sai.
—Estoy muy bien, gracias por preguntar —contestó, una vez que ya había recuperado la compostura, fue capaz de dar una respuesta clara, acompañada de una suave sonrisa.
Sai no le dijo nada, solamente asintió con la cabeza y caminó hacia su lugar, en el fondo del salón, desde donde podía observarlos a todos, en especial, a ella.
Hinata llegó corriendo al salón y se sentó en su lugar, estaba totalmente roja y agitada, parecía como si acabara de salir de una maratón.
—¿Qué te pasó, Hinata-chan? —le preguntó Matsuri, que ya estaba en su sitio desde antes de que tocaran, siempre era bastante puntual y cuando veía que ya venía siendo la hora de volver al salón, ella se adelantaba, a menos, claro, que Gaara la distrajera, pero él estaba con los chicos en ese momento.
—¿A… a mí? —la ojiperla se apuntó a sí misma con su dedo índice—. No, no, nada —contestó, negando efusivamente con la cabeza, pero al mirar hacia la puerta vio que aparecieron los chicos, Gaara y Sasuke estaban charlando y Naruto caminó detrás de ellos, sin dejar de mirarla.
Matsuri solamente entrecerró los ojos, había algo que claramente le estaba ocultando Hinata, algo había pasado.
—¿Mañana es la dichosa publicidad con Hinata? —preguntó Sasuke, que frunció el ceño—. También es la audición para el musical escolar, no es que me interese más, pero soy representante.
Gaara, que estaba sentado a un lado de él, miró de reojo a Matsuri, ella estaba sacando sus libros y parecía concentrada en ello —Tranquilo, lo del grupo será por la tarde, tendremos tiempo de hacer ambas cosas.
—Eso espero —murmuró el azabache, cuyos ojos también se desviaron secretamente hacia cierta muchacha de cabello rosa, la cual acababa de entrar al salón, acompañada de su amiga pelirroja y también del albino que era amigo suyo. Ahora que lo pensaba, Suigetsu siempre estaba con el grupo de Sakura, ¿acaso eso significaba algo?
No, no tenía sentido que se preguntara cosas tan absurdas.
Después de un par de minutos, el profesor llegó, les tocaban matemáticas con Kakashi, que estaba atrasado, como era habitual en él, pero no lucía tan fresco como siempre, aunque casi nadie pudiera notarlo, había una extraña sombra en su mirada, como si se hubiera llevado un gran disgusto, Naruto pudo darse cuenta, igual que Sasuke y Sakura, que siempre habían sido los más cercanos a él.
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Las clases en la universidad solían ser bastante relajadas a veces, ese día, Itachi y Shisui no tenían ninguna materia hasta más tarde, así que se juntaron con Deidara y los tres fueron a comer algo cerca del edificio del campus.
Mientras esperaban la comida, Itachi estaba revisando su teléfono, estaba concentrado en ello, así que no escuchaba la conversación de los otros dos.
—… entonces le pregunté si me daba su número, pero me dijo que no le gustaban los chicos que eran más guapos que ella —relataba un acongojado Deidara, su expresión era totalmente un poema, como si sintiera que lo que le había pasado era algo ilógico—. Dime, ¿yo qué culpa tengo de haber nacido tan apuesto, mh?
—Claro, claro —le respondió Shisui, sin parar de reírse—. Y yo soy un alíen, ¿verdad?
—¡Estoy hablando en serio! —exclamó el rubio, ofendido.
Shisui se sostuvo el estómago para intentar parar de reír, lo cual poco a poco fue mitigándose, sobre todo cuando sus ojos se fijaron en que ambos estaban siendo totalmente ignorados por Itachi, que no apartaba la vista del celular.
—¿Con quién hablas tanto? —preguntó, quitándole el teléfono de improvisto al Uchiha, que apenas y se dio cuenta cuando ya no tenía nada en las manos.
—¡Dame eso! —gritó Itachi, tratando de recuperar su móvil, pero su amiguito se estaba haciendo el graciosito y movía el brazo para arriba para que Itachi no lo alcanzara, a lo que éste se puso de pie, pero la mano de Deidara arrebató el aparato de Shisui.
—A ver, a ver, ¿acaso estabas hablando con una chica? —cuestionó divertido el rubio, revisando la pantalla, pero ésta ya se había bloqueado—. Eish, ¿cuál es tu código de desbloqueo?
Itachi frunció el ceño, estaba furioso, pero sin su código no iban a poder ver nada, así que no importaba lo que hicieran.
—Es 5096 —dijo Shisui, que recibió una mirada de fusil de parte de su mejor amigo—. ¿Qué?
Deidara metió el código y desbloqueó la pantalla con rapidez.
—¡Oh! —exclamó—. ¿Izumi? ¿Quién era…? —se preguntó, llevándose una mano al mentón, momento que Itachi aprovechó para arrancarle su móvil de la otra mano y metérselo al bolsillo del pantalón, aunque eso a Deidara no le importó—. ¡Ya sé, la chica linda del otro día!
—¿Izumi? —cuestionó Shisui, con seriedad, había una sombra negra sobre sus ojos, parecía que estaba realmente shockeado por algo—. Itachi… ¿acaso tú…?
Sin saber qué responder, el nerviosismo se apoderó del Uchiha, ¿ahora cómo le iba a explicar a su amigo que había estado hablando con esa chica por varios días? Es decir, Shisui no era nada de ella, pero era muy obsesivo cuando declaraba su gusto por alguien, tanto, que hasta la sentía como suya, como si la hubiera "apartado", igual que un boleto de cine.
—Yo puedo explicarlo… —empezó a decir, tratando de justificarse, pero no pudo siquiera pensar en eso antes de que Shisui volviera a hablar.
—Tú… ¡Tú le estabas hablando bien de mí a Izumi! ¿Verdad?
Como si fuera una broma o como si su amigo fuera demasiado tonto para darse cuenta de la situación, tanto Itachi como el mismo Deidara sintieron que se caían del asiento, no fue literal, sino algo que ocurrió en sus mentes, pero es que en serio, ¿realmente Shisui pensaba eso?
—Eh, sí, justamente —Itachi prefirió mentir, era mejor eso que decirle que, en realidad, sus conversaciones no tenían anda que ver con él, y tampoco es que fueran la gran cosa, pero era mejor que Shisui no supiera eso.
—Lo sabía, eres el mejor mejor amigo —rio alegremente el moreno, incluso había hecho énfasis en la palabra "mejor", diciéndola dos veces.
Deidara miró a Itachi y solamente se rio, él no era nada bobo y estaba seguro de que el Uchiha en realidad intercambiaba otro tipo de información con esa chica, no pensaba que fuese nada malo, conocía a Itachi y no era tan osado con el sexo opuesto, pero podía apostar a que nada tenía que hacer Shisui ahí en medio.
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Los chicos empezaron a abandonar el salón cuando el timbre que avisaba el término de clases sonó. Sakura salió junto a su grupo, no sin antes dejarle dicho a Sasuke que mañana tendrían una reunión temprano sobre las audiciones del musical. Hinata y Matsuri también salieron juntas, a Hinata le esperaba su auto privado afuera, tenía que ir a encargarse de unos asuntos sobre el contrato que firmaría con la marca de sodas, seguramente los chicos también estarían ahí, así que iba a tener que ver a Naruto nuevamente por la tarde.
Cuando las dos jóvenes iban saliendo hacia la entrada de la escuela, notaron que había una gran conmoción en el patio delantero, muchas chicas murmuraban entre sí y lucían emocionadas.
—¿Qué estará pasando? —preguntó Hinata, al ver que había varias estudiantes reunidas en un punto cerca del gran portón.
—Ni idea —Matsuri parpadeó, también estaba impresionada por la cantidad de euforia presente.
Naruto y los chicos iban saliendo, detrás de ellos estaba Shion, que también se quedó parada mirando la situación, entonces, de pronto, escucharon a algunas chicas gritar.
—¡Dices que uno de los chicos de Strikes está aquí! —exclamó, corriendo hacia el montón de muchachitas con un cuaderno en la mano, esperando conseguir un autógrafo.
—Ay, no… —Hinata se dio un golpe en la cara, seguro que se trataba del odioso de Toneri—. ¿Pero cómo se atreve a venir aquí? —masculló, frunciendo el ceño.
—Chicas, les firmaré un autógrafo a todas, lo prometo —escucharon la voz masculina que venía desde el centro de la turba—. Pero por favor, denme un espacio, he venido a buscar a una persona y no puedo ver nada si todas se amontonan así, ¿está bien?
—¡Sí! —se escuchó el grito colectivo, acto seguido, las muchachas se apartaron y dejaron libre a la persona que se encontraba causando revolución, lo primero que llamaba la atención era su cabello negro, sus ojos azules y su sonrisa de galán, no era para nada lo que Hinata esperaba ver, así que se sorprendió de sobremanera.
—Es… es…
—¡Hideki Kano! —completó Matsuri, cubriéndose la boca con su mano derecha, pero igualmente fue escuchada por el susodicho, que apenas la vio, amplió su sonrisa dulce y amable, volviéndose un poco más salvaje.
—Así que ahí estás —dijo para sí el baterista, dando un par de pasos largos y despreocupados hacia la inadvertida castaña, que se quedó de piedra cuando lo vio de pie frente a ella—. Señorita Matsuri, al fin te encuentro —Hideki alzó su mano en un ademán de saludo muy casual—. Hola, llevaba días queriendo verte.
Los ojos de la jovencita se abrieron un poco, impresionada, mientras se apuntaba con su dedo índice.
—¿Y-yo?
El pelinegro asintió con la cabeza, tomando la mano de Matsuri sin ninguna gota de pena, mientras ella se encontraba un poco fuera de sí misma.
—Vamos —dijo Hideki, jalándola fuera de la escuela, pero antes de terminar de irse, se detuvo y miró a Hinata—. Ah, sí, Toneri envió sus saludos, nos vemos —volvió a hacer su gesto de saludo, esta vez para despedirse, llevándose consigo a una atontada Matsuri.
Gaara, que había visto todo, sentía que le hervía la sangre, ¿pero qué demonios acababa de pasar frente a sus narices? ¿Quién carajo se creía que era ese tipo para llevarse así a su novia? ¿Y por qué Matsuri se dejó arrastrar de ese modo tan dócil?
—Voy a matarlo… —escupió con ira, yendo detrás de ellos.
—¡Gaara! —lo llamó Naruto—. ¡¿A dónde rayos vas?! —gritó, corriendo detrás de su amigo pelirrojo.
Sasuke y Sai se miraron el uno al otro, sin entender qué era lo que había pasado ahí, sólo podían ver a un montón de chicas quejándose de que no habían podido obtener un autógrafo de su estrella y preguntándose qué era esa menuda chiquilla de él.
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Neji estaba conduciendo hacia la escuela de Hinata para recogerla, todavía faltaban unos cinco minutos para que saliera, así que estaba a tiempo, sólo debía dar vuelta después de este semáforo, que se estaba tardando bastante en cambiar. Tenten estaba sentada, como siempre, en la parte de atrás, mirando por la ventanilla del auto.
Él continuaba pensando en lo que Tenten le había confesado la noche anterior, a decir verdad, ahora que sabía quién era realmente ella y lo que estaba haciendo en Japón, no se sentía tan cómodo con tratarla del modo en que lo venía haciendo, pero tampoco era como si fuese a cambiar su comportamiento de la noche a la mañana sólo porque ella era la hija del amigo de su padre y su tío, ¿no?
—Parece que llegaremos tarde —dijo de pronto la joven, mirando la hora en el panel de mando del auto, era cierto, de algún modo, estaban atrasados, pero tampoco era mucho, aunque Neji odiaba no ser puntual.
—Sí, bueno, el tráfico está horrible —respondió, sin despegar su vista del dichoso semáforo, todavía no cambiaba de color—. En fin, Hinata no irá a ninguna parte, ahí estará cuando lleguemos.
—Supongo —Tenten se encogió de hombros y volvió a observar por la ventana del auto, estaba molesta con Neji, era un sujeto tan engreído y arrogante, de verdad que le molestaba su actitud superior, pero no podía decirle mucho, no quería causar problemas con el sobrino del señor Hiashi, que tanto la había ayudado.
Neji, por su parte, apretó un poco sus manos contra el manubrio.
—Oye… —habló, titubeando un poco—. Uhm, no, nada —dijo apenas captó la atención de Tenten.
—Claro —ella asintió con la cabeza.
—¿Cómo… cómo se llama tu madre? —se atrevió a preguntar—. ¿Quieres que te ayude a buscarla?
La chica lo miró con los ojos muy abiertos, a decir verdad, esperaba cualquier cosa de parte de Neji Hyûga, cualquier tipo de grosería, pero no que él se ofreciera a ayudarla, ¿esto acaso era algún truco para molestarla? No, no lo creía así, ¿por qué haría eso con una mala intención?
—¿Por qué me ofrece su ayuda? —interrogó, desconfiada.
En ese momento, el semáforo por fin cambió de color, permitiéndole a Neji avanzar el auto —Tú me has ayudado hasta ahora con el asunto de mi ex —explicó, sus ojos estaban fijos en el camino, pero de reojo la observó por el espejo retrovisor—. Sé que te obligué a hacerlo, pero, en fin, esta será mi forma de pagarte.
Se detuvieron cuando llegaron a la escuela, Tenten vio a Neji apagar el motor y quitarse el cinturón de seguridad, luego él bajó el seguro de la puerta y la abrió, pero cuando estaba por bajarse, ella lo detuvo.
—Acepto —respondió al fin, sus ojos brillaron con un poco de esperanza, tal vez si confiaba en él, encontraría alguna pista que se le haya pasado por alto—. Sí quiero su ayuda… Y mi madre, su nombre es Mitsuko Akagi.
Neji solamente sonrió vagamente, asintió con la cabeza y se bajó, para ir por su prima Hinata.
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De regreso a casa, Kakashi debía conseguir algunos materiales para una clase con un grupo más pequeño, se suponía que la escuela tenía que contar con todo eso, pero las hojas estaban agotadas y Tsunade le exigió traer más, todo porque siempre llegaba tarde.
—Qué injusto —murmuró, soltando un suspiro, a veces se sentía como un esclavo y no como un empleado, aunque de todos modos las dos cosas eran casi lo mismo.
Abordó el tren para ir hasta el centro de la ciudad, era la forma más rápida y económica, por suerte, no tendría que comprar demasiadas cosas, Tsunade sabía muy bien sobre su lesión y lo mucho que le costaba cargar con demasiado peso.
Una vez que las puertas se cerraron, el peli plata se quedó de pie frente a la misma, afirmándose de uno de los tubos que iban desde el techo hasta el suelo. En la siguiente estación, las puertas se abrieron y algunas personas se subieron, pudo reconocer a una de ellas entre la pequeña multitud.
—Oh, Kakashi-san —la chica hizo una leve reverencia, dedicándole una sonrisa al mayor.
Kakashi correspondió al gesto con otra reverencia corta.
—Ayame-chan —le saludó, también sonriendo debajo de su máscara—. ¿Cómo estás? —preguntó, levantando su mano libre, la que tenía lesionada desde hace ya varios años.
La chica se acomodó a un lado de él, no se sentó, a pesar de que había asientos libres.
—Muy bien —respondió amablemente—. Mi padre también está mejor, su tratamiento ha avanzado de manera muy eficaz.
—Me da gusto escuchar eso —dijo Kakashi, apreciaba bastante al señor Teuchi y le alegraba saber que pronto podría recuperarse de la terrible enfermedad que lo quejaba—. Oh, es mi estación —dijo de pronto, sólo había viajado dos estaciones, pero el trayecto a pie era mucho más largo—. En fin, nos vemos, Ayame-chan, mándale mis saludos a tu padre.
—Lo haré, Kakashi-san, cuídese —contestó la jovencita, despidiéndose con otra reverencia, mientras veía al profesor bajarse del tren y las puertas se cerraban frente a su rostro.
Cuando se quedó sola, su sonrisa se borró, parecía como si se arrepintiera de algo, o como su algo muy malo estuviera pasándole por la mente, esa expresión se agravó cuando notó que recibía un mensaje a su celular, un mensaje cuyo remitente era nada más y nada menos que Obito Uchiha.
"El dinero está depositado, haz tu parte."
Ayame cerró los ojos y se metió el teléfono en el bolsillo del abrigo, sabía que lo que estaba por hacer era algo horrible, pero la vida de su padre estaba en juego.
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Naruto había corrido detrás de Gaara para detenerlo de cometer alguna locura, pero el pelirrojo corría bastante rápido y fácilmente lo perdió de vista.
—Demonios… —masculló.
Se metió la mano al bolsillo para sacar su celular y poder llamarlo, pero entonces sacó el de Hinata, que se le había caído en la azotea de la escuela, había olvidado regresárselo.
—Ah, es verdad, el celular de Hinata —murmuró, haciendo una mueca de desagrado debido a su despiste.
Cuando iba a volver a guardarlo, la pantalla de pronto se iluminó, le estaba entrando una llamada y él se puso un poco nervioso, tanto así, que casi se le cayó el aparato de la mano, pero por suerte logró sostenerlo. Al mirar el nombre de la persona, se dio cuenta de que se trataba de la mánager, era mejor que ni se le ocurriera contestar eso.
—Es mejor que regrese, busque a Hinata y le dé esto —se dijo, dándose la media vuelta sobre sus talones para regresar a la escuela, apenas había avanzado un par de cuadras, así que estaba muy cerca, ojalá Hinata siguiera ahí.
Cuando la llamada se terminó, la pantalla de bloqueo se mostró, Naruto iba a volver a guardar el aparato, pero se quedó viendo con asombro la fotografía que se mostró; se trataba de su madre, Kushina, al lado de una mujer sumamente parecida a Hinata, ¿era la madre de ella?
¿Sus madres eran amigas?
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—E-espera, Hideki-san —Matsuri se detuvo en mitad de la vereda y se soltó del agarre del apuesto chico que la había estado jalando con él, estaba muy confundida y no entendía lo que estaba sucediendo—. ¿Qué? ¿Por qué me trae con usted?
El pelinegro la miró y le sonrió, no había muchas personas en la calle a esa hora, pero algunas chicas que iban pasando se lo quedaban mirando con admiración, a pesar de que no estaban seguras de si se trataba de la estrella o no.
—Lo siento, ni siquiera te expliqué qué estoy haciendo aquí —dijo el baterista, el brillo de sus ojos parecía atento a cada gesto que ella hacía—. Desde esa fiesta que no dejo de pensar en ti, llamaste mucho mi atención y solamente quería verte.
Ante tal confesión, Matsuri no pudo evitar sonrojarse y sentirse muy halagada, como una fan acérrima de Strikes y, en especial de Hideki, era bastante lindo escuchar algo como eso.
—Oh, ya… —ella bajó la mirada, no estaba segura de qué debía responder, no es como si esto siquiera se sintiera real.
—Dime, Matsuri-san, ¿quisieras tener una cita conmigo?
—¿Eh? —la chica lo miró con los ojos bastante abiertos y la cara totalmente roja, Hideki no se andaba con cosas, era demasiado directo y eso era bastante sorprendente.
El mayor amplió un poco más su sonrisa, en efecto, él era el tipo de persona que siempre iba por lo que le interesaba, no le gustaba andarse con rodeos y tampoco esperar a tantear el terreno, tenía la suficiente experiencia en la vida como para saber que lo más acertado era ir a por lo que quería.
—Eso, que tengamos una cita —insistió, volviendo a tomar suavemente la mano de la castaña, pero ésta reaccionó a tiempo y con cuidado lo apartó.
—No puedo aceptar, Hideki-san —respondió, sosteniéndole la mirada al famoso artista—. Yo tengo novio.
Él no pudo evitar sorprenderse, a decir verdad, ni siquiera se le había pasado por la cabeza que ella estuviera saliendo con alguien, parecía muy tímida como para tener una relación, pero también era linda, era lógico que otros chicos hubieran visto en ella lo mismo que él y muchísimo antes.
—Oh, ¿de verdad? —cuestionó Hideki, llevándose una mano a la nuca, un poco nervioso y avergonzado—. No tenía idea, no pretendía incomodarte.
—N-no, yo no…
—Matsuri —la voz de Gaara interrumpió las palabras de la chica, el pelirrojo apareció justo a su lado y le tomó la mano con bastante rapidez, jalándola con cuidado hacia sí mismo.
Matsuri lo miró asombrada, ni siquiera lo sintió llegar y no pensó que Gaara los seguiría, además, la expresión de su rostro era de enojo puro, ¿acaso estaba celoso?
—Gaara-kun… —murmuró, aunque él no la estaba viendo, sus ojos verdes estaban fijos en Hideki, observándolo como si en cualquier momento lo fuese a fusilar.
—Oh, ¿no eres tú el chico de la nueva banda esa? —habló Hideki, señalando a Gaara con su dedo índice—. Eres el vocalista, ¿no? ¿Qué haces aquí? —preguntó, mirando de reojo el modo en que Gaara aferraba su mano a la de Matsuri.
Gaara, con el ceño fruncido, apretó un poco la mano de la chica, pero sin lastimarla.
—¿Qué haces tú aquí? ¿Quién te crees que eres para tomar a Matsuri y llevártela? —cuestionó, su voz estaba ronca, parecía que en cualquier momento empezaría a hervir como una tetera a máxima temperatura.
El baterista entrecerró la mirada, pero la sonrisa ligeramente sarcástica no se borró de su rostro —Solamente quería tener una cita con ella, pero me rechazó, ¿no es algo triste? —contestó, encogiéndose de hombros—. Aunque nunca me conformo con un no.
—Hideki-san —dijo Matsuri, en un tono casi de regaño.
Gaara se relajó un poco, estaba demasiado tenso, se sentía como si fuera un animalito acorralado al que le estaban tratando de quitar algo propio, sabía que eso no estaba bien, por lo mismo, intentó controlarse.
—Pues tendrás que hacerlo, Matsuri es mi novia y no saldrá contigo jamás —aseguró, dándose la vuelta para retirarse junto a la chica, quien lo siguió en silencio y sin chistar.
Hideki solamente se les quedó viendo, estaba seguro de que este no sería el único encontrón que tendría con aquel pelirrojo, tampoco iba a ser la última vez que intentara usar si galantería con Matsuri; él nunca se quedaba con las ganas de hacer algo.
Por otro lado, Gaara y Matsuri caminaban en completo silencio, iban tomados de la mano, pero ninguno se dignaba a mirar al otro o a decir alguna palabra, hasta que fue el mismo pelirrojo quien decidió romper el hielo.
—¿Es cierto que te invitó a una cita? —cuestionó, todavía sin mirarla, pero dejando de avanzar.
—Sí —respondió Matsuri, que seguía un poco confundida con respecto a todo lo que había pasado, era totalmente extraño que alguien famoso como ese chico llegara de la nada para invitarla a salir—. Yo le dije que no, que tengo novio, p-pero… —un poco sonrojada, ella se aferró más al agarre de Gaara—. Me alegró mucho que vinieras a buscarme.
Gaara enrojeció un poco, aunque ella no podía verlo, se sentía avergonzado porque había actuado como un novio celoso, aunque tampoco era como si pudiera comportarse normal después de que un tipo engreído se llevara a su novia como si fuese una cosa.
—Por supuesto que iba a venir a buscarte, no puedo permitir que nadie se aproveche de ti o te haga pasar un mal rato.
Ella simplemente sonrió y asintió con la cabeza, quería ver el rostro de su novio, pero él seguía evitándolo debido a la vergüenza que sentía en ese momento, así que ella hizo un puchero.
—Debería acompañarte a casa —dijo de pronto Gaara, sorprendiéndola un poco.
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Hinata ese día tenía que ensayar un poco algunas coreografías en el estudio, así que ahora mismo se encontraba practicando, pero su mente no estaba del todo concentrada, ya que no dejaba de pensar en lo sucedido con Naruto en la escuela. Primero había sido él quien evadió el tema de su beso y, ahora que Naruto estaba dispuesto a hablarlo, ella corría como una cobarde.
—No puede ser… —murmuró soltando un suspiro cuando nuevamente confundió uno de los pasos de su baile, había cometido muchos errores y eso no era normal en ella, ya que siempre hacía todo a la perfección.
De pronto, escuchó que alguien tocaba despacio la puerta de la sala de ensayos, se trataba de su mánager, Kurenai.
—Hinata, así que aquí estabas —dijo la mujer de ojos carmesí, esbozando una suave sonrisa—. Te he estado llamando por un rato, ¿no escuchaste tu celular?
La ojiperla se secó el sudor de la frente con el dorso de su mano y negó con la cabeza.
—No, qué raro —respondió, yendo a buscar su mochila de la escuela, en donde guardaba todas sus cosas antes de ponerse a ensayar, pero cuál fue su sorpresa al no encontrar su teléfono por ninguna parte—. ¿Eh? No está, qué extraño… —murmuró, frunciendo el ceño.
Kurenai solamente la observó desde la entrada, dejando salir un suspiro.
—Pues eso explica mucho —dijo para sí misma—. En fin, sólo quería recordarte que mañana tú y los chicos deben estar listos para la sesión fotográfica que llevarán a cabo, los transportaremos en un auto de la empresa a todos juntos.
—Oh, claro —contestó Hinata, asintiendo con la cabeza.
Kurenai se retiró y ella volvió a su ensayo, estaba practicando una de sus nuevas canciones para presentarla próximamente, ya que era una idol, no solamente cantaba, sino que debía bailar y también actuar ante las cámaras de forma carismática. Al principio era muy difícil pues le daba mucha vergüenza, pero con el paso del tiempo, se le había hecho tan fácil como respirar.
Mientras ella danzaba frente al espejo, una segunda persona se asomó a través de la entrada, esta vez se trataba de Naruto, que se la quedó mirando embobado y no fue capaz de interrumpirla. Hinata era tan bonita, no cabía duda alguna de por qué todo el mundo la amaba y la admiraba, aunque en su caso, eso no fue lo que lo deslumbró.
—Demonios, Naruto, ¿cómo se supone que te la saques de la cabeza? —pensó con frustración.
La ojiperla tenía los ojos cerrados para concentrarse mejor en la fuerza y la precisión de sus pasos, por eso no había visto a Naruto llegar, además de que éste no hizo ningún ruido. Cuando los abrió y lo vio reflejado a través del espejo, se sorprendió tanto que dio un mal paso y se fue directo de cola al suelo, dándose un duro golpe.
—¡H-Hinata! —Naruto tiró su mochila y se apresuró a comprobar que ella estuviera bien—. Hey, Hinata, ¿estás bien? Esa caída fue muy fuerte.
Ella lo miró y se sonrojó, así que no lo había imaginado después de todo, realmente Naruto estaba ahí en ese momento.
—N-Naruto-kun, ¿qué? ¿Cuándo llegaste? —le preguntó confundida, intentando ponerse de pie, pero enseguida sintió un fuerte dolor en el tobillo derecho, que la obligó a quedarse sentada—. Ah, duele…
—Llegué hace un momento, encontré tu teléfono —le explicó Naruto, fijándose en lo que aquejaba a la joven, así que con cuidado sus manos tibias acariciaron esa zona, la piel de Hinata era tan suave, que por un momento se sobresaltó—. ¿Te duele aquí?
—Un poco —Hinata asintió con la cabeza, estremeciéndose ante el roce de las manos masculinas—. Quizá me torcí el tobillo.
El rubio frunció el ceño.
—Espero que no sea nada grave, déjame llamar a Kurenai-san —cuando se iba a poner de pie, sintió que alguien le jalaba de la camisa de la escuela y entonces, al voltear, vio que Hinata lo estaba sosteniendo, impidiendo que se fuera, mientras se dedicaba a mirar al piso como si éste fuera la cosa más interesante del mundo—. ¿Hinata?
La Hyûga se mordió el labio inferior.
—¿Podrías… quedarte un poco más aquí conmigo? —preguntó avergonzada.
Naruto tragó saliva y se volvió a sentar en el suelo, junto a Hinata, al estar a solas con ella, sentía como si en cualquier momento fuera a escupir el corazón por la boca, jamás se había sentido así con nadie, ni siquiera con Sakura, cuando creyó que estaba enamorado de ella.
—¿Por qué quieres que me quede? —preguntó, desviando la mirada, mientras se acomodaba en posición de indio para estar más cómodo.
—Quería hablar contigo —Hinata lo miró con sus ojos perlados como el suave color de la luna, realmente se sentía como estar viendo hacia el cielo nocturno cuando él la observaba—. Yo, uhm… quería pedirte disculpas, Naruto-kun.
Un poco sorprendido, el rubio abrió sus ojos demás.
—¿Eh? ¿Por qué? —preguntó, notando que ella se acomodaba un mechón de cabello detrás de su oreja, mientras su hermoso rostro volvía a adquirir ese ligero tono rojizo.
—Porque salí corriendo hoy en la azotea, no estuvo bien…
—Ah… —sin saber qué responder ante eso, Naruto se llevó una mano a la nuca, nervioso—. No te preocupes, es normal que hayas salido corriendo, digo, yo iba a besarte y… —cuando se dio cuenta de lo que dijo, se quedó callado y su cara se puso totalmente roja, mucho más de lo que estaba Hinata—. Eh, quizá es mejor que vaya por alguien y…
—¡No! —Hinata volvió a tomarlo de la camisa de la escuela, impidiendo que se levantara—. No te vayas, yo quiero decir algo, por favor.
—Hinata…
—Naruto-kun, yo sí quería que me beses… —confesó, no podía creer lo que estaba diciendo, en otras circunstancias, quizá habría caído desmayada al instante, pero ahora mismo estaba dando todo de sí misma para no perder la compostura—. A decir verdad, es algo que siempre deseo, pero… p-pero me da mucha vergüenza.
Naruto se había quedado totalmente mudo, no sabía si había escuchado mal, pero ¿Hinata dijo que deseaba besarlo? ¿Sus oídos lo estaban engañando? ¿O es que ella se sentía del mismo modo que él?
Al ver que él no decía nada, Hinata se asustó, ¿tal vez se había equivocado en decir todo eso?
—L-lo siento, no quería molestarte —susurró, bajando la mirada, pero en ese momento la mano de Naruto tomó una de las suyas.
—Hinata, m-me gustas —dijo Naruto, ahora que sabía bien cuáles eran los sentimientos de Hinata, tenía total certeza de poder decirle los suyos, porque nada podía salir mal mientras ambos estuvieran en el mismo canal.
—Naruto-kun… —ella apenas alcanzó a susurrar su nombre, antes de que el chico acortara la distancia entre ellos y, mientras atrapaba sus mejillas entre las palmas de sus manos, posó sus labios delicadamente sobre los de Hinata, quien solamente cerró sus ojos y se dejó llevar por la sensación de estar flotando entre nubes.
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Al día siguiente, por la mañana, los estudiantes se habían reunido en gimnasio de la escuela, en donde la directora pretendía darles un anuncio. La mayoría estaban distraídos, con su teléfono en la mano o charlando entre sí, mientras la directora delante de todos comunicaba que ese día no habría clases, ya que empezarían a preparar las cosas para el festival cultural.
Cuando terminó su anuncio, todos se fueron a sus salones para organizar sus tareas. En el grupo de los chicos, Sakura y Sasuke estaban al frente, indicándole a los chicos de qué iba a tratar la obra que iban a realizar, que sería en parte un musical. Los papeles serían asignados por medio de un casting muy sencillo y los anunciarían esa misma tarde. Una vez que dieron todas las instrucciones, todos salieron del salón y solamente se quedaron ellos dos.
—Espero que no sea algo difícil de conseguir a los protagonistas —dijo Sakura, anotando los nombres de los personajes en una hoja, donde dejaba un pequeño espacio para apuntar quién ocuparía cada papel.
Sasuke asintió con la cabeza.
—¿Tú no quieres un papel? —le preguntó, moviendo un poco los pupitres para que sus compañeros tuvieran más espacio para sus audiciones.
La peli rosa negó con la cabeza rápidamente, sonrojándose un poco.
—Sabes que no soy buena en ese tipo de cosas, quizá si hace falta un papel pequeño lo tome, pero dudo que haga algo más —respondió, esbozando una suave sonrisa.
El azabache, al escucharla, no pudo evitar reír de forma sarcástica.
—Entonces, ¿es verdad que sólo te uniste l club de música para verme? —preguntó burlón, siempre había pensado que esa fue la razón de Sakura para ir a un club al cual nunca se acercaría en otras circunstancias.
—S-Sasuke-kun, no… —la chica hizo un leve puchero, para luego soltar un suspiro—. Está bien, sí, pero no me molestes —dijo en tono infantil, aunque él no le dijo nada, simplemente cerró sus ojos y asintió con la cabeza.
—Les diré que empiecen a pasar —comentó, dirigiéndose a la puerta.
Sakura se echó un poco de aire sobre la cara con la hoja que tenía en la mano, mientras que Sasuke, internamente, se sentía satisfecho al saber que ella en ningún momento había dejado de sentir algo por él, incluso si salió con Naruto.
Afuera del salón, los estudiantes de la clase A te tercer año estaban esperando a ser llamados, aunque había algunos que no estaban interesados en actuar, como Shikamaru o Suigetsu, otros estaban muy emocionados con la idea de ser vistos por el resto de la escuela.
—Hinata-chan —Matsuri se acercó a su amiga—. ¿Vas a postularte para el papel principal?
—¿Yo? —Hinata se apuntó a sí misma con su dedo índice, para luego negar rápidamente con la cabeza—. Oh, no, no, no me gustaría que algunos se sientan incómodos al pensar que sólo me den el papel por ser quien soy, ya sabes… —tras decir lo último, hizo una ligera mueca de desagrado.
—Pero tú eres perfecta para el papel —insistió la castaña, tomando las dos manos de su amiga—. No les hagas caso a los envidiosos, Hinata-chan.
—Matsuri-chan… —murmuró Hinata, se sentía halagada porque Matsuri siempre era dulce y buena con ella, le gustaba mucho que fuera su amiga, aunque también le dolía y le frustraba un poco no haber conseguido llevarse con las demás chicas del salón, porque ahora todas la veían como una roba novios, lo sentía cada vez que miraba a Ino, a Karin o a Sakura.
Naruto, Sai y Gaara estaban charlando en un rincón del pasillo un poco más alejado, el rubio estaba discutiendo con los chicos sobre la publicidad que harían más tarde, por eso, cuando uno de ellos mencionó a Hinata, sus ojos azules de inmediato se posaron sobre la figura de la chica, poniéndose rojo al recordar lo sucedido el día anterior.
No podía creerlo, realmente le había dicho a Hinata que ella le gustaba, se habían besado y ella le correspondió, pero no pudieron aclarar lo que sea que había entre ambos, porque después de eso fueron interrumpidos por el primo de ella, que se apareció de la nada, casi causándoles un infarto. Por su lado, al darse cuenta de que él la estaba mirando, Hinata también se sonrojó, se estaba muriendo por ir donde él y decirle lo mucho que le gustaba, pero no era el momento frente a todos sus compañeros de clase.
—Que pase Karin —dijo Sasuke, que acababa de abrir la puerta del salón.
La pelirroja, con mirada orgullosa, ingresó a la habitación y la puerta se cerró.
Otros salones estaban haciendo cosas parecidas, los que estrenarían una obra llevaban a cabo sus audiciones, pero otros presentarían cafeterías, juegos, etc, cada uno planeaba ponerle su toque al festival.
—Matsuri-chan, por cierto —tratando de dejar de lado sus preocupaciones, Hinata miró a su amiga con curiosidad—. ¿Para qué te buscaba Hideki Kano ayer?
La castaña se puso nerviosa con la pregunta, ya casi se le había olvidado ese tema, pero se acordó de lo molesto que estaba Gaara cuando Hideki la invitó a salir.
—Él, b-bueno… me pidió una cita —respondió, ligeramente sonrojada.
—¡¿Qué?! —con el grito de la ojiperla, todos la voltearon a ver, así que ella carraspeó la garganta y bajó el volumen de su voz—. ¿Y Gaara-san se enojó? —Matsuri asintió con la cabeza, ella estaba enterada de que Hinata sabia sobre su relación—. Oh, debió ser algo incómodo.
—Creo que sí estaba molesto, pero… —Matsuri esbozó una dulce sonrisa—. De hecho, fue muy lindo, Gaara-kun dijo que no iba a permitir que nadie se aproveche de mí, aunque suene un poco engreído, sé que soy un poco torpe y me hace feliz saber que lo tengo a mi lado.
Hinata sonrió, asintiendo con la cabeza. Era una gran fan de la relación entre esos dos, se preguntaba si algún día ella y Naruto podrían llegar a ser igual que ellos.
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Ese día, después de que los preparativos para el festival fueron llevados a cabo por los estudiantes y los profesores, el grupo de los chicos y Hinata fueron recogidos por la limusina de la empresa, la cual era conducida por el primo de Hinata, siendo acompañado por Kurenai en el asiento del copiloto.
Los cinco abordaron el transporte afuera en el estacionamiento de la escuela y partieron hacia el estudio fotográfico en donde llevarían a cabo el trabajo. Hinata no estaba tan entusiasmada, había ganado el papel principal para la obra y estaba segura de que muchos no estarían contentos con ello.
—Oigan, ¿no les emociona que vayamos a tener nuestra primera sesión de fotos? —habló Naruto, que era el único que se mostraba sonriente y entusiasmado.
Sasuke se echó para atrás en el asiento y cerró los ojos.
—No realmente, odio las fotos —respondió, restándole importancia al asunto.
—Me da igual —contestó Sai, encogiéndose de hombros.
Naruto miró a Gaara, pero éste ni siquiera había escuchado su pregunta, estaba tecleando en su celular, a saber con quién.
—Tsk, qué amargados son —se quejó, haciendo un leve puchero.
Hinata se rio al verlo actuar así, Naruto estaba sentado justo frente a ella, así que él se dio cuenta de su gesto y se avergonzó, dejando de reírse y simulando que veía por la ventana de la limusina.
—Oye, Hinata —la llamó, haciendo que ella apagara su risa para ponerle atención—. ¿Por qué no nos das algunos consejos sobre la sesión? Ya sabes, sobre cómo posar o algo así.
—Oh, claro —asintió con la cabeza la Hyûga—. Primero que todo, traten de ser naturales, no se pongan nerviosos frente a la cámara, si están muy rígidos, las fotos se verán falsas y eso no nos permitirá hacer un trabajo impecable.
Naruto asentía con la cabeza ante cada cosa que Hinata decía, aunque de vez en cuando se quedaba perdido viendo el movimiento de sus labios, qué ganas tenía de mandar todo al diablo y de volver a besarla.
Cuando llegaron al estudio fotográfico, los chicos fueron llevados a una habitación para prepararlos, cambiando sus peinados, su vestuario y hasta les aplicaron un poco de maquillaje para disminuir el brillo de su piel. Hinata también fue preparada del mismo modo, pero en una habitación distinta. El tema era una soda frutal, así que les pusieron trajes de un color diferente a cada uno, Hinata estaba de rosa, Gaara iba de rojo, Naruto de naranja, Sasuke de azul y Sai de negro. En la zona donde se iban a tomar las fotografías había un fondo gris, con luces y reflectores a los alrededores para irlas acomodando según conviniera.
—Hola, chicos, yo seré su fotógrafo el día de hoy —les saludó un hombre alto, de cabello grisáceo, que estaba atado a una coleta y que usaba anteojos—. Mi nombre es Kabuto, espero que nos llevemos bien, Hinata-chan ya está acostumbrada a trabajar conmigo.
—¡Lo haremos lo mejor que podamos! —exclamó Naruto, que estaba totalmente rígido. Se suponía que debía relajarse, pero estaba sumamente nervioso y no sabía por qué.
—Bien, primero haremos fotos individuales, empecemos con Hinata-chan —dijo el fotógrafo, indicándole a la cantante que se situara en la zona apta para las fotos.
Hinata obedeció y Kabuto se puso detrás de su cámara para empezar. Las luces se encendieron cuando él presionó un botón conectado a las mismas por medio de un cable muy largo, entonces Hinata empezó a posar, primero ella sola, luego con la soda que estaban promocionando, sonriendo y haciendo diferentes poses de un modo totalmente profesional y natural. Los chicos la veían atentamente, para alguien como Sasuke o como Gaara, era bastante vergonzoso pensar en hacer algo como eso.
—Muy bien, que pase el siguiente —dijo el fotógrafo, haciéndole un gesto al rubio para que fuera al centro.
Naruto caminó como un robot, cruzándose con Hinata, que dejaba la zona y que aprovechó de entregarle la lata de soda.
—Ánimo, Naruto-kun, tú puedes —dijo sonriendo, ese único gesto tan simple, consiguió que a Naruto se le olvidaran los nervios y cuando su sesión empezó, sus movimientos y su forma de mirar a la cámara tomaron mucha confianza, dejando anonadado al fotógrafo.
—¿Seguro que es la primera vez que hace esto? —se preguntó intrigado.
Mientras tanto, Hinata sólo podía observar la sonrisa de Naruto, era tan brillante y alegre, como si pudiera iluminarlo todo a su paso, incluso más que ella misma, causando que sus latidos se aceleraran.
—Me pregunto si yo podré llegar a ti, Naruto-kun… —pensó, llevándose una mano a su pecho, simplemente no podía apartar sus ojos de Naruto Uzumaki.
Continuará…
