Me debes un favor.

Hibari dejó reposar la cabeza sobre sus brazos, estirando las piernas, adoptando una posición que él consideraba cómoda para dormir. No quería pensar en nada, pero todo indicaba que su cerebro tenía otros planes para él y seguramente lo torturaría hasta el final de sus días. Odiaba esa sensación, porque le hacía sentirse inferior, le hacía creer que alguien lo podía mancillar y eso no estaba permitido.

Se dio vuelta de lado, quedando sobre su brazo izquierdo y bajando el otro, por más que cerraba los ojos y buscaba relajarse las imágenes que vio en el futuro, se lo impedían. Tantos eran sus pensamientos que no escuchó la puerta abrirse detrás de él, hasta que los pasos y su sentido de defensa lo alertaron.

Poniéndose de pie de un saltó, sacó rápidamente las tonfas y adquirió una posición de combate. No obstante solo se encontró con un sorprendido Yamamoto, que llevaba el guante de beisbol en su mano.

—Lo siento, Hibari, no quise despertarte. —sonrió restándole importancia. —Bateé muy duro la pelota y terminó cayendo hasta acá. —se explicó, metiéndose más a la azotea, buscando algo por el suelo.

El Guardián de la Nube lo observó en silencio, relajando su posición.

— ¡Ah, ahí está! —dijo Yamamoto, mostrándola después de levantarla. —Me iré entonces, Hibari. Descansa.

Kyoya lo miró feo, sin embargo, de nuevo las imágenes del futuro se aglomeraron en su cabeza. Una en especial. Yamamoto llorando en silencio.

—A ti te gusta el herbívoro rebelde, ¿no? —preguntó a secas Hibari, deteniendo el paso de Yamamoto justo antes de que pudiera salir.

Yamamoto se volteó a él con expresión confusa, haciendo un gesto que irritó a Hibari. ¿Debería golpearlo? Sí, seguro que debería.

— ¿Hablas de Gokudera? —cuestionó Yamamoto, siendo el único "rebelde" que podría encajar en esa descripción. La mirada de Hibari le afirmó su pregunta. A veces Yamamoto se preguntaba porqué Hibari se negaba a dar un asentamiento con la cabeza al menos, era difícil leer sus expresiones; bueno, para las demás personas.

— ¿Te gusta?

—Sí, es un gran amigo. —sonrió, usual como siempre, sin dejar ver sus sentimientos. — ¿Necesitas algo con Gokudera?

Hibari decidió ignorar su pregunta. —Pues haz algo con eso. —reclamó como si Yamamoto fuera el culpable de todos sus males. Takeshi alzó una ceja, sin comprender. —Ese herbívoro me ha estado fastidiando con sus sentimientos todo este tiempo, si estás enamorado de él deberías poder quitármelo de encima.

La pelota pasó cerca de la mejilla de Hibari que ni siquiera se inmutó, la expresión corporal del otro le hizo notar en instantes que Yamamoto se encontraba enojado.

— ¿Qué crees que son los sentimientos de Gokudera? —reprochó Yamamoto, seco.

—Una molestia.

— ¡Entonces recházalo apropiadamente! —exigió Takeshi. — ¡Deja de crearle falsas ilusiones acerca de que pueden llegar a ser algo! ¡Gokudera ya te ha dicho sus sentimientos, ahora es tú obligación decirle que los correspondes o no!

Hubo un silencio, Hibari le dio la espalda a Yamamoto, dando por entendido que la conversación concluyó.

—Los sentimientos de Gokudera no son una molestia. —dijo Yamamoto, tomando la pelota de nueva cuenta. Hibari observó hacía abajo, en dirección a él. —Es muy triste que pienses eso.

—No es de tu incumbencia.

—Sé que Gokudera puede ser ruidoso, quizás un poco molesto cuando se trata de su devoción a Tsuna. —suspiró Yamamoto al recordar todos los desplantes del mitad italiano. —Pero… hay un chico increíble dentro de él, tú no has podido verlo, pero yo sí. Gokudera se preocupa por todos nosotros, nos considera su familia, que él haya podido decirte lo que siente, debió requerirle mucho valor.

—No me interesa.

Yamamoto suspiró, rindiéndose al respecto.

—No te diré que te esfuerces en conocerlo. —dijo Yamamoto, rascándose la cabeza. —Jamás podría decirle a mi rival que hiciera semejante cosa. Sería doloroso saber que por mí, quedaron juntos.

Hibari ladeó ligeramente la cabeza, sin comprender a donde quería llegar.

—Sin embargo, cuando descubras al verdadero Gokudera, estoy seguro que no lo dejarás ir.

— ¿A qué te refieres? —se atrevió a preguntar Hibari.

—Eso es algo de lo que tú te tienes que dar cuenta, Hibari, no yo. —comentó Yamamoto, trayendo consigo la usual sonrisa de siempre. — ¡Pero es una alegría que no estés interesado en Gokudera! ¡Significa que yo puedo comenzar a enamorarlo! Aunque no lo haré por ti.

Hibari volvió a mirar el cielo, escuchado la puerta comenzar a cerrarse.

—Sólo espero que cuando eso pase, sea demasiado tarde para ti. —sentenció.

—.—.—.—.—

Al día siguiente la cara de Gokudera parecía de ultratumba, Tsuna sonrió a media, le daba un miedo enorme la cara de su autoproclamada mano derecha, parecía un muerto viviente. No obstante, por única ocasión, Tsuna sintió que Gokudera no estaba ahí por él.

—Décimo. ¿Y la vaca estúpida? —preguntó a Tsuna.

—Está jugando videojuegos con I-pin en mi habitación. —comentó el Cielo de los Vongola, comenzando a subir con Gokudera a sus espaldas. — ¿Ha sucedido algo, Gokudera-kun?

—Bueno…—hizo una pausa, aunque luego negó con la cabeza y le dio una sonrisa a Tsuna. —No tiene de que preocuparse, Décimo, lo resolveré pronto.

—Hummm….—Tsuna hizo una mueca, inconforme con su respuesta. De suerte Bianchi y Reborn habían salido ese día, a insistencia de esta última de tener una cita como las que Nana solía contarle que tuvo con Iemitsu. — ¿Y Fon? ¿No se supone que entrenarías con él?

—Oh, sí, me dijo que lo haríamos por la tarde. —comentó Gokudera. —Dijo que estaría ocupado haciendo algo con Reborn-san.

Tsuna puso los ojos en blanco. Entonces, ¿con quién demonios se encontraba Bianchi ahora?

— ¡Vaca estúpida! —llamó Gokudera al verlo. Lambo lo miró y se puso azul cuando fue tomado del afro, impidiéndole la huida que ya se quería trazar.

— ¡Lambo-san no ha hecho nada! —chilló, pataleando.

Gokudera-kun tan brusco como siempre…—pensó Tsuna, abrazando a I-pin para que no fuera a resultar lastimada de la pelea de esos dos.

Gokudera comenzó a sacar la bazooka de los diez años, a pesar de la protesta del otro que quería retenerla con todas sus fuerzas.

— ¿Quieres ir al futuro? —preguntó Tsuna, desconcertado. ¿No había sido suficiente con todo el tiempo que pasaron allá anteriormente? Aunque a lo mejor Gokudera quería ver si todo iba bien por allá. —No hace falta que te preocupes, Gokudera-kun, Lambo la usó como tres días después de que llegamos, el Lambo adulto nos dijo que todo iba correctamente.

—Eso me alegra escucharlo. —sonrió Gokudera. Tsuna hizo una mueca, confundido, no parecía ser esa su intención. —Volveré en cinco minutos, Décimo, necesito comprobar algo.

— ¡Lambo-san no te autoriza! —chilló el bovino, lanzando una granada.

— ¡Lambo, te dije que no las lanzaras dentro de la casa! —chilló Tsuna. I-pin se soltó de sus brazos y de una patada la mandó afuera, al tiempo en que la bazooka de los diez años transportaba a Gokudera al futuro.

En instantes, Gokudera del futuro apareció delante de ellos, sonriendo al reconocer a su querido Décimo.

—Gokudera-kun. —sonrió Tsuna. — ¿Quieres beber algo mientras estás aquí?

—Eso me encantaría, Décimo. —contestó Gokudera, con su seriedad confiable. Tsuna se sintió reconfortado, dándose la vuelta para guiarlo a la cocina.

Gokudera del futuro se agachó a Lambo que lo seguía mirando feo y sacó dos paletas de sus pantalones, entregándole una a I-pin también.

— ¡Es de uva! —sonrió Lambo, contento.

—Lamento los problemas que te cause, mi tonto yo del pasado tiene que comprobar algo para darse por vencido de una vez. —con cariño fraternal acarició la cabeza de ambos y se apresuró a seguir a Tsuna.

Gokudera quería encender un cigarrillo pero sería grosero en la casa del pequeño Décimo, además apestaría todo el lugar, todavía recordaba que a Tsuna nunca le gustó que fumara. Su pequeño yo del pasado necesitaba un golpe de realidad para dejarse de aferrar a alguien que no lo quería, esperaba que ese viaje al futuro pudiera hacerlo.

No quería pasar años llorándole a un hombre que no lo amaba.