Me debes un favor.

Gokudera frunció el gesto, alzando una ceja cuando Dino se le puso enfrente. Aunque intentó evadirlo, dado a que aún tenía el mal sabor de boca del futuro que vio, Dino volvió a bloquear su paso con una sonrisa que le causó más malestar a Gokudera.

— ¿¡Qué mierda quieres, potro!? ¡Te mandaré a volar! —gritó, harto de su presencia.

—Necesito que me ayudes con algo, Gokudera. —pidió él, abrazándolo por los hombros. Gokudera recordó entonces el abrazo dado en el futuro, lo cual causó un suave rubor en sus mejillas y más malestar en su estómago. De un aventón, Dino que por suerte tenía a Romario cerca, mantuvo su compostura y frunció la boca. —Reborn dijo que me ayudarías.

— ¡No voy a ayudarte con nada, imbécil! —replicó Gokudera, agitado.

—Que mala suerte, supongo que le diré a Reborn que Yamamoto me ayudó. —Dino se encogió de hombros y se volteó. —Seguro que Reborn está más de acuerdo en que se convierta en la mano derecha de-

— ¿Qué mierda necesitas? —rezongó Gokudera, tomándolo con fiereza del hombro. Dino sonrió.

—Es sencillo.

—Suéltalo de una puta vez.

—Ayúdame a que Kyoya acepte ir a una cena con los demás guardianes. —pidió, sonriente.

Una ceja de Gokudera se crispó, ¿era una broma? ¡Apenas hace una semana que estaba intentando no pensar en él!

— ¿Una cena? —aún así mantuvo su compostura.

—Fon ya debió habértelo comentado, el Noveno va a venir personalmente a Japón, entonces quiere conocer a los demás guardianes formalmente. —puntualizó, luego pareció recordar algo importante porque anotó: —pero tienes prohibidísimo decirle esto a Tsuna. Es una sorpresa.

Gokudera sonrió al saber que el Décimo por fin sería presentado al Noveno.

— ¿Y por qué mierda quieres que te ayude? ¡Tú siempre puedes con ese sádico bastardo! —reclamó Gokudera. Joder. No quería sentirse mal, pero sus sentimientos comenzaban a brotar de nuevo. —Eres… el que mejor lo entiende… quizás.

— ¿Gokudera?

— ¡Olvídalo! ¡Ese maldito infeliz puede ir a traga mierda por mí! —rechistó dándose la vuelta. — ¡No voy a hacerlo!

Dino corrió a alcanzarlo, sosteniéndolo por ambos hombros y agachándose para que ambas caras quedaran una frente a la otra. — ¿No entiendes lo importante que es esto? Estamos hablando que la famiglia principal de Vongola, vendrá a reconocer a Tsuna. No puedes fallarle.

Gokudera apretó los dientes, zafándose del agarre contrario con un manotazo.

—Usualmente no requeriría ayuda, —Dino suspiró, rascándose la nuca—pero Kyoya ha estado comportándose algo raro últimamente. Y como no para de mirarte, pensé que sería bueno que tu fueras con él a hablarle. Quizás quiere retarte a una pelea, te has vuelto más fuerte. Kyoya es convenci…

Dino se quedó callado al ver que las tonalidades de la cara de Gokudera escalaban a un rojo escarlata. El potro salvaje llevó una mano a su boca, entre sorprendido y curioso de ver a la tormenta así, era una faceta completamente nueva, y… ¿Cómo decirlo? Era sumamente tierna. Ver al mocoso escandaloso apenado, era lindo.

Pero, ¿por qué se había sonrojado? ¿Por qué le dijo que era fuerte?

—Vamos, Gokudera, todos lo sabemos. —Dino se rió, golpeando con fuerza el hombro del mas chico.

Un nuevo tono rojizo brilló en la cara contraria, resaltando mucho más sus orbes verdes y cabello plateado. ¿TODOS? ¿Era tan evidente?

— ¡Entonces te estuviste burlando todo este tiempo de mí, bastardo! —recriminó el albino, apuntándole con el dedo.

Oh por todos los cielos, ¿también el Noveno y Reborn lo sabrían? ¿Qué pensarían de un Guardián que no solo es gay si no que está enamorado de otro? ¿Le quitarían la posición de mano derecha?

—C-Claro que no. —se apresuró a aclarar Dino, nervioso de ver la agresividad contraria. ¿No debería estar contento porque había sido reconocido? — ¡Siempre me ha parecido genial!

Gokudera se atragantó con la saliva. — ¿G… genial? —masculló, ahora verdaderamente avergonzado.

—Sí. Eres genial, Gokudera. —y le alzó el dedo pulgar, guiñándole el ojo al mismo tiempo, en señal de confirmación.

Hayato infló ligeramente las mejillas, aún sonrojado, se rascó la parte de atrás de la cabeza y en segundos se revolvió con fuerza los cabellos, soltando un grito de resignación.

—Mierda, de acuerdo. —aceptó. Dino soltó un yei en el aire y lo tomó por los hombros. — ¡Qué mierda…!

—Eres un buen tipo, Gokudera. —sonrió. —No hay mejor mano derecha para Tsuna, que tú.

Gokudera apretó los labios, asintiendo con la cabeza. Quería gritar un "por supuesto, tarado", pero la timidez ganó en esta ocasión. Eran las palabras que más anhelaba escuchar, y aunque su sueño era que Tsuna y Reborn las pronunciaran, que Dino lo hiciera, lo ponía extrañamente feliz.

—Entonces, Dino-san, Gokudera-san. —llamó Romario, abriendo la puerta de un lujoso auto. —Es tarde para Gokudera-san, será mejor llevarlo a la escuela.

— ¡Claro que no! —Gokudera aventó a Dino a un lado, haciendo que este suspirara al ver de nuevo a su verdadero yo. — ¡Tengo que pasar por el Décimo!

—Para la hora que es, Tsuna debe estar en la escuela. —replicó Dino. —Será mejor que vayamos directo, quizás lo alcances en la entrada.

Gokudera intentó replicar, pero Dino lo metió de un empujón a su auto y Romario arrancó antes de que los pudiera mandar a volar.

—No tienes que ser tan reservado, somos familia. —declaró Dino. Gokudera le miró mal. —No todos los días puedes llegar en un auto lujoso a la escuela.

—Tch. Como si necesitara tener a esos idiotas llenándome de preguntas o a las mujeres gritando más por mí. —refunfuñó, imaginándose el alboroto que harían. Hasta podía deducir que lo compararían con alguien de la realeza, sobre todo si al imbécil de Dino se le ocurría bajarse, después de todo era otra cara bonita. — ¿Y qué haremos con el imbécil de Hibari?

—Hummm… puedes intentar convencerlo con una pelea. —dijo Dino. —Quizás acepte.

— ¿Esa mierda es tú plan? —reprochó, con los ojos en blanco.

—Suena bien para mí. —comentó Dino con una risa boba. Gokudera quiso meterle un puñetazo.

—Olvídalo, lo haré a mi manera, así que no te entrometas. —recriminó Gokudera. Justo iba a pedir que lo dejaran una calle antes de llegar a la escuela, cuando Gokudera notó que Romario ya había llegado, justo a la entrada, donde todos se giraron a contemplar el maravilloso auto rojo, que hasta chofer tenía.

Gokudera notó como Tsuna y Yamamoto reconocieron el auto, y solo se quedaron expectantes, esperando a que Dino bajara.

No obstante, pronto la persona que había estado evitando, se coló en su campo de visión como siempre. Igualmente estaba mirando el auto.

"Te ha estado mirando a ti."

Malditas mariposas en el estómago, parecían unas putas avispas revoloteando por todos lados.

—Avísame si consigues algo, Gokudera. —pidió Dino, tomando su celular y colocando su número.

— ¡No tomes mis pertenencias como si nada! —recriminó Gokudera, arrebatándole el celular.

—Salúdame a Tsuna. —pidió Dino, estirándose para quitarle el seguro a la puerta del lado de Gokudera. El chico del anillo de la tormenta, notó que Dino del futuro y del presente tenían el mismo olor, a miel.

— ¡No me des ordenes, idiota! —Gokudera salió del auto con el ceño fruncido, azotando con fuerza la puerta una vez que salió con toda la fuerza que tuvo.

El auto no se detuvo más tiempo, arrancó dejando a todos los estudiantes anonadados.

— ¿G-Gokudera-kun? —llamó Tsuna, casi sacando a todos del trance. — ¿Te trajo Dino-san?

—Él maldito me interceptó y no pude escapar, Décimo. —explicó y de inmediato hizo una reverencia perfecta. — ¡Siento mucho no haber pasado por usted!

—N-No, no importa. —Tsuna se acercó a él, murmurándole. Yamamoto se inclinó a ellos, para escuchar también. —El auto llamaba demasiado la atención, seguro estarán sobre ti, Gokudera-kun.

—Ya me lo temía. —barbulló él, decaído.

—Hahaha. ¿Qué le vamos a hacer? —preguntó Yamamoto abrazando a ambos amigos por los hombros. —Dino-san es muy amable.

Mientras iban avanzando, Gokudera sintió una mirada taladrar su espalda, al ver de donde provenía notó que se trataba de Hibari. Y, aunque se corazón se aceleró como un loco, decidió sacarle el dedo de en medio y la lengua al mismo tiempo, burlándose de él.

Tsuna tragó duro, no necesitaba la super intuición Vongola para predecir que sería mordido hasta la muerte ese día.

En el transcurso de las clases, Gokudera se preguntaba como había adquirido tanta paciencia a lo largo de esos meses, quizás por la aventura en el futuro. Pues los rumores acerca de su llegada en el auto rojo de Dino, solo se extendieron hasta un grado increíble.

¿Gokudera-kun está saliendo con personas mayores? —murmuró una chica, preocupada. — ¿Nuestro Gokudera-kun?

¡Seguro está siendo engañado por ese hombre!

¿Qué? ¿No era una mujer?

No, escuché claramente que se trataba de un hombre. Incluso le pidió saludar al perdedor Tsuna.

¡Él debió habérselo presentado, estúpido perdedor!

¡La integridad de Gokudera-kun está en peligro!

Debido a que Tsuna tuvo que completar unas tareas extras por haber fallado en el examen y que la aparición en el último momento de Reborn, impidiéndole ayudar en sus deberes, Gokudera fue expulsado del salón. Así que subió a la azotea, esperando el mensaje de su querido Décimo para poderse marchar a casa.

Mientras buscaba entretenerse con su teléfono, recordó entonces que Dino le había puesto su número. Así que a manera de des aburrimiento, decidió cambiar su nombre a potro idiota. Eso al menos hasta que su teléfono salió volando de sus manos, y Hibari ya lo tenía contra las rejas de la azotea, apresándolo del cuello.

— ¿¡Qué mierda te pasa!? —gritó Gokudera, sosteniendo con sus manos las tonfas.

La mirada de Hibari brilló con malicia. — ¿No recuerdas lo de la mañana, Gokudera Hayato? Te atreviste a sacarme el dedo de en medio.

Gokudera sonrió ladino. — ¿Y?

Hibari hizo más presión, justo cuando intentó golpearlo, Gokudera se hizo caer a un lado, lastimándose el hombro y rodó por el suelo, buscando esquivar los ataques. Hibari se montó sobre él, buscando atraparlo con su cuerpo, dirigiendo las tonfas a su rostro, Gokudera se alzó con fuerza y le pegó un cabezazo, el cual estampó con el brazo de Hibari, quien lo movió para detener su ataque.

—No eres más fuerte que yo, nunca lo has sido. Así que no creas que puedes ganarme.

—Quizás no sea más fuerte que tú físicamente, imbécil, —bramó Gokudera, aventando sus manos, quitándose las tonfas de encima. —pero al menos yo tengo el valor suficiente para confesar mis sentimientos a la persona que me gusta.

— ¿Qué? —Hibari tomó un tono peligroso en su voz.

— ¡Qué te gusta Dino y lo sé, imbécil! —espetó Gokudera, plantándole cara aún cuando se encontraba debajo de Hibari.

—Estás loco, herbívoro.

— ¡No lo estoy! —escupió Gokudera, enojado. Malditos sentimientos traicioneros. — ¡Y no intentes negarlo! ¡No puedes engañarme, soy la persona que más observa tus gestos, tus facciones! ¡Sé que te gusta, te gusta, te gusta!

Y una lágrima traicionera comenzó a bajar por su mejilla.

—Maldita sea, odio esto. —Gokudera se recostó en el suelo, cubriendo sus ojos con un brazo. — ¿Por qué mierda me enamoraste si no ibas a corresponderme, sádico imbécil? ¿Por qué mierda me dijiste no te rindas si igual no me correspondes ahora? ¡No quiero amarte para toda la vida si tu no me amas a mí!

Hibari se quedó en silencio, contemplándolo con genuina sorpresa. ¿Cuándo había hecho o dicho esas cosas?

Luego recordó lo que Yamamoto del futuro le dijo.

"Lo rompiste tanto que nunca nadie pudo unir las piezas."

Hibari sintió su mano temblar por hacer la siguiente acción, no se sentía confiado como siempre, e incluso una parte de él se sentía estúpido. Con cuidado, casi como si temiera que lo terminaría rompiendo tal y como le dijeron, retiró el brazo de Gokudera de su rostro, revelando las lágrimas que derramaba.

Gokudera buscó quitarse a Hibari de encima, avergonzado de que lo viera de esa manera, no obstante, Hibari con uno de sus dedos, recogió una de las lágrimas de Gokudera, dejándolo sorprendido. El Guardián de la Nube miró la gota en su dedo que pronto comenzó a resbalar, se sentía cálida al contacto.

La persona bajo de él entonces tomó un color rojizo en su rostro al ver que de nuevo repetía la acción. ¿Qué mierda estaba pasando? ¿Por qué de repente Hibari se comportaba de esa forma?

Mientras que Hibari sintió que veía su propia debilidad ahí, en ese chico que se veía rudo y sanguinario, estaba llorando por él. Porque le quería. Justo como él quería a Dino. Esa fragilidad y tristeza de no poder ser correspondido, ¿era tan difícil de soportar? Nunca había hecho una introspección de él. Porque al final, Hibari sentía que sería aceptado.

Ese chico idiota estuvo enamorado de él, al grado de llorar, al grado de juntar suficiente valor para declararle sus sentimientos incluso conociendo lo frío que era.

— ¿H-Hibari? —masculló Gokudera, nervioso por toda esa situación. Que parara, que no le diera más alas donde no las había.

Hibari frunció las cejas, ¿por qué su futuro yo se enamoró de semejante herbívoro que ni siquiera le podía ganar una pelea? Por alguna razón el idiota de bajo de él, se coló en sus sentimientos futuros, como una tormenta arrasando con las nubes, fusionándose con ellas.

Era un herbívoro sí. Pero uno increíblemente rebelde para incluso colarse en sus pensamientos. Ya fueran del presente o del futuro.

—Un herbívoro rebelde. —masculló Hibari, casi con mofa.