Me debes un favor.
— ¿Qué? —murmuró Gokudera al escuchar el extraño sobrenombre. Hibari seguía contemplándolo desde arriba, frotando con sus dedos, pulgar e índice, la lágrima que antes capturó.
Los ojos verdes de Gokudera aún se mostraban cristalinos aunque ya no lloraba, se reflejaba en ellos en una silueta borrosa. No podía contemplarse como todo este tiempo logró hacerlo. Hibari pasó saliva, haciendo una mueca de disgusto que terminó confundiendo mucho más a la tormenta, ¿qué rayos sucedía con él? Lo tenía preso entre su cuerpo, tomó sus lágrimas y las mancilló entre sus dedos, ahora parecía insatisfecho. En definitiva no comprendía ni un poco a Hibari. Y quizás fuera lo mejor. ¿Por qué debería comprender a una persona que le estaba haciendo tanto daño?
Gokudera puso una mano en el pecho de Hibari, buscando apartarlo de una vez y para siempre. Sin embargo, al sentir la presión sobre sí, Hibari agarró la mano de Hayato, totalmente inmerso en él. La cara de Gokudera cambió a estupefacción, sin poderse creer lo que el prefecto estaba haciendo.
— ¿Qué haces, Hibari? —preguntó, buscando sonar seco, sin sentimientos. No funcionó. La voz le salió en un hilo agudo, temblando por el contacto.
— ¿Por qué estás enamorado de mí? —Kyoya parecía serio con la pregunta, no apartaba la mirada de él ni un centímetro. El corazón del Guardián de la Tormenta comenzó a bombear como un loco, pensando que eso era algo, que había logrado interesarle. Mientras que su mente le pedía no dejarse llevar, apartarlo y nunca volver a molestarlo con semejante tema.
Ya superaría sus sentimientos.
—No te interesa. —bufó, agachado el rostro sin poder evitarlo, las orbes de Hibari se sentían como estacas a su corazón. —Déjame ir.
Hibari frunció las cejas, amargado, abrió la boca a punto de decir algo que quizás destrozaría cualquier cosa que pudiera sentir Gokudera en el presente o en el futuro.
No obstante, una nube de humo rodeó de nuevo al Guardián de la Nube, intercambiando su cuerpo con su futuro yo, quién ni parecía sorprendido se verse ahí. Es más, al instante que apareció frente a Gokudera, su expresión se alivió por completo. Lo cual le hizo comprender al contrario que había sido un salto voluntario, quizás con la ayuda de Irie, tal y como llevaron al futuro antes a Hibari y a Ryohei.
—Llegaste a tiempo. —se burló Gokudera, con mala cara. —Estabas a punto de romper mi corazón.
—Lo sé. —confesó Hibari. —Por eso vine.
Gokudera se apartó de él, Hibari lo dejó y ambos se pusieron de pie. Luego el albino se giró a Kyoya, parecía derrotado, pero al mismo tiempo, una chispa de vaga esperanza se conservaba en sus ojos, la suficiente para que Hibari caminara a él y lo besara; Hayato se quedó en shock, sintiendo los labios contrarios contra los suyos, no era golpeado como la primera vez que lo besó, ni la sangre lo acompañó. Era un beso… dulce. Extraño en Hibari a decir verdad, Hayato siempre se imaginó sus besos como si marcara su territorio con ellos, como alguien que quería expresar más dominio que amor.
Al separarse Gokudera sintió un escalofrío recorrerlo por todo el cuerpo, el cual le hizo retorcerse suavemente. Observó a Hibari, él llevaba una mirada melancólica, casi triste. Como si aquello fuera su última oportunidad para hacerlo.
— ¿Es por lo de Dino? —preguntó Hayato, inclinándose a él. —Por lo que te hice… yo… lo lamento.
—No. —espetó Hibari, serio. —Escucha, Hayato, tú y yo en el futuro no tenemos ninguna clase de relación. —confesó y Gokudera sintió un hueco en el estómago. —Si no es por la manada de herbívoros Vongola, seríamos nada.
—Yo… pensé, ¡pensé que dijiste que no me rindiera contigo! —reclamó Gokudera. — ¿Me dijiste eso aún sabiendo que no acabaríamos juntos?
—Sí. —admitió sin ningún tapujo. Gokudera se echó para atrás, parecía que le habían dado un bofetón en el rostro. —Porque quería aferrarme a tus sentimientos.
— ¿Mis sentimientos?
—Me enamoré de ti en el futuro. —declaró sin alguna expresión en el rostro. No estaba avergonzado como él, los nervios no le carcomían las entrañas como a Gokudera la primera vez que se le confesó, no había rubores, ni gotitas de sudor, ni movimientos que denotaran incomodidad. Hibari parecía haber pedido una leche en el supermercado. —Y tú te enamoraste de mí, pero volviste al pasado.
—Entonces… me dijiste eso…
—Pensé que podría funcionar, no lo hizo. —siguió Kyoya. Hayato llevó la mirada al suelo, con los labios temblándole. —Mi yo del pasado no se va a enamorar de ti hasta dentro de siete años.
Una punzada larga se hizo presente en el corazón de Gokudera. ¿Siete años? ¿Tendría que esperarlo siete años? Llevó una mano a su boca, sintiendo la frialdad de los anillos de metal rozar sus labios; esos siete años significaban estar detrás de él, amarlo en silencio, ver como se enamoraba de otra persona cada vez más y ser rechazado una y otra vez. No quería eso, lo odiaría, se odiaría a si mismo si tomaba esa decisión.
—No voy a dejarte hacerlo. —declaró Hibari, al ver el rostro de duda contrario. Estaba conteniendo todas las ganas del mundo por volverlo a besar, de decirle que había sido un estúpido. —Sé feliz con otra persona, Hayato.
Gokudera se volvió a él, sin saber que decir.
—Aunque no lo creas, hay muchas personas que te…
— ¿Hasta cuanto dura lo de Irie? —preguntó Gokudera, notando que ya habían pasado más de cinco minutos.
—Podría regresar en cualquier momento. —contestó Hibari. —Una hora, un día… lo máximo que mi yo del pasado puede estar en el futuro, es un mes, o ambos desapareceremos.
— ¿Recuerdas el favor que me debes? —Gokudera lo observó fijamente, borrando todo rastro de lágrimas.
—Sí. —Hibari en cambio, estaba seguro que le pediría alejarse de él.
—Ya sé con que me lo pagarás.
—Dilo. —y una vez más, el corazón de Hibari sintió que volvía a endurecerse.
—Quédate conmigo todo el tiempo que estés en el pasado. —pidió, derribando con una sola línea la enorme muralla que Hibari había levantado alrededor de su corazón.
— ¿Qué?
Nervioso, con las manos húmedas por el sudor, Gokudera se acercó a él, tomándolo del saco y se inclinó para poder besarlo. Fue un pequeño contacto. Pero por más insignificante que fuera, calmó el corazón de ambos.
—Hayato…
—Incluso si el bastardo que conozco ahora no me quiere, está bien. —murmuró, dejando caer su cabeza en el pecho de Hibari. —Puede que al despertar mañana ya no estés, sin embargo, si hay una oportunidad entre diez mil de estar contigo, por un miserable tiempo, la tomaré. Por más patético que suene esto.
Kyoya dibujó una diminuta sonrisa en su rostro, dándole un golpecito en la frente a Gokudera.
— ¿Qué fue eso? —reprochó Hayato.
—Nada. —contestó el Guardián de la Nube, dando un suspiro. —Entonces, ¿iré a tu casa?
— ¿Eh?
—No tengo donde quedarme.
Gokudera puso los ojos en blanco, ruborizándose suavemente. — ¿En donde te quedabas cuando no estabas en la escuela? —preguntó.
—Hmp.
— ¿Dormías en la escuela? —se burló Gokudera, señalándolo. Hibari se detuvo delante de él, con una mirada de total seriedad en su rostro, indicando que no tardaría mucho en ser golpeado.
— ¿Debería morderte hasta la muerte como siempre? —preguntó.
—Bah. Si quieres luchar conmigo, ¡te mandaré a volar! —rezongó Gokudera, dando un brinco atrás para sacar su dinamita.
—Quisiera ver eso. —sonrió Hibari, sacando sus inseparables tonfas.
—Las parejas no pelean hasta la muerte. —suspiró Fon, llegando a la cabeza de Gokudera de un salto. Hibari lo miró receloso por haber intervenido en el encuentro.
— ¿Fon?
—Entonces, ¿el Guardián de la Nube en versión adulta vivirá con nosotros? —preguntó Fon, sin prestarle mucha atención a Hibari.
Gokudera se mordió los labios, asintiendo con la cabeza.
—Solo ten en cuenta que Gokudera sigue siendo un niño, Kyoya. Mantén tu posición como adulto. —dijo Fon.
El Guardían de la Tormenta se ruborizó hasta las orejas al entender lo que el arcobaleno del chupete rojo intentó decir. Jamás sintió tantas ganas de estrellarlo al suelo como aquella vez.
