Me debes un favor.

Gokudera no podía creerlo, tenía heridas dolorosas por un mocoso de secundaria que apenas acababa de cumplir dieciséis años. La ceja, la nariz y boca le sangraban, seguro que si alguien lo encontraba así, pensaría que se llevó la peor parte y se sentiría completamente humillado. No obstante, que dijeran que le había ganado a Hibari no le causaba ninguna gracia, porque era como ganarle a un bebé.

Kyoya tirado en el suelo respiraba tranquilamente, inconsciente por completo. Igual que Gokudera se mostraba herido, y era difícil saber donde tenía las heridas por la cantidad de sangre que tenía embarrada. Aunque tenía un pómulo abierto y del otro lado el color morado se extendía por gran parte de su cara.

Pero quizás los más adoloridos fueran Spanner e Irie, pues la mayoría de sus máquinas estaban destruidas. A su "suerte", si es que se le podía llamar así, Irie tomó los CPU's que tenían información valiosa y los protegió con su cuerpo, para que ninguno de esos tontos pudieran destruirlo. De ello dependía que el Hibari del futuro regresara.

—Me lo llevaré de aquí. —suspiró Gokudera, poniéndose de pie.

— ¿No deberíamos llamar a Tsuna?

— ¡El Décimo ni nadie puede enterarse de esto! —dijo él, tomando los brazos de Hibari para cargarlo en su espalda, pateando las tonfas a un lugar profundo en el laboratorio. —Yo pagaré con los gastos, solo has una factura.

— ¿Estás seguro? Hibari parece fuera de control. —bostezó Spanner, paseando su paleta por la boca.

—Sí…—Gokudera arrastró las palabras. No parecía nada seguro.

Al salir del laboratorio, se acomodó mejor a Hibari, contemplándolo de reojo, observó que la sangre seguía emanando de él. ¿De verdad que estaba esperando al enfrentarlo? Y más que nada, ¿por qué lo había hecho? Hibari era de los que siempre pensaba antes de actuar, y a menos que fuera por oponentes realmente poderosos se lanzaría a ellos dispuestos a morderlos hasta la muerte.

A suerte Dino y Tsuna estaban en una reunión con Reborn que dudaría al menos la mayor parte del día. Por lo que fue un alivio no tener que darle explicaciones a su esposo del porque los dos estaban ensangrentados y lastimados. Y lo bueno de las mansiones es que cada habitación tenía un baño lo suficientemente amplio, con un botiquín de primeros auxilios, por si las dudas de que hubiera una rebelión o los Varia se volvieran locos otra vez.

Con cuidado comenzó a limpiar la sangre en el rostro de Kyoya, con un pañuelo mojado. Lucía tan pacifico dormido, como si no fuera el bastardo sádico que todos conocían. Una sonrisa se formó en el rostro de Hayato, quién al terminar de limpiar puso la gasa en la parte del pómulo.

— ¿Por qué eres tan imbécil? —masculló, dándole un suave golpecito en la frente a Hibari.

Gokudera tomó las prendas que tomó de su armario y comenzó a quitarle las manchadas de sangre a Kyoya. Seguro su ropa le quedaría grande, pero él aún estaba cubierto de sangre, no podría salir solo al pasillo y dejar a Hibari ahí casi inconsciente, si Dino lo encontraba pegaría el grito al cielo.

Cuando Kyoya comenzó a despertar ya se encontraba en la cama de Dino y Gokudera, mientras este último estaba tocándose la herida de la ceja con una expresión de dolor. Hibari se incorporó su cuerpo, sentándose en la cama, sin dejar de mirarlo. Hayato volteó, frunciendo la boca y con expresión molesta.

El silencio reino por un buen rato en la habitación, y sin dejar de mirarse, lo cual logró incrementar todavía más la incomodidad. Hibari entonces se trató de poner en pie, pero un mareo potente volvió a sentarlo en la cama, sacudió su cabeza y le dirigió una mirada agria a Gokudera.

—Necesitaba mantenerte quieto, así que le pedí Shamal un calmante para contener toda ira en ti. —espetó Hayato, sentándose. —Lo último que queremos es que vayas por ahí golpeando a cualquiera que se te cruce.

— ¿Qué hay de la ropa? —reprochó Hibari.

—Por supuesto que la tiré, en cuanto el Décimo o Dino nos vean así tendremos suficiente con sus reclamos. —Hayato suspiró, imaginándose los regaños que tendría por ser el mayor de ambos; aunque bueno, a su suerte, los dos conocían el temperamento inestable del Hibari pasado.

Aunque bueno, no es como si hubiera mejorado del todo en e futuro.

— ¿Por qué me trajiste aquí? —gruñó Kyoya. Gokudera se acercó a la cama, queriendo acostar nuevamente a Hibari, pues de forma constante quería ganarle a la medicina inyectada. — ¿Por qué no mandarme al pasado? ¿Qué ganas con dejarme allá? ¿Y qué ganas con tenerme aquí?

—No gano nada, ya te lo dije. —de un empujón lo echó de nuevo a la cama. —Dejarte allá o aquí da lo mismo para mí. Igual seguirás dándome dolores de cabeza, bastardo.

Kyoya entonces lo atrajo con las últimas fuerzas que tenía, quedando a centímetros de su cara, Hayato seguía contemplándolo con una expresión arisca, nada del joven muchacho enamorado que dejó en el pasado, con ojos lagrimosos y que pudo, por un momento, hacer latir su corazón como un loco.

— ¿Qué harás? —retó Hayato, frunciendo las cejas.

— ¿Así es como te sentiste todo este tiempo? —murmuró. Gokudera se separó unos milímetros, extrañado por su respuesta; Hibari parecía estar hablando más para él mismo.

— ¿De qué hablas?

—Cada que te rechazaba, ¿así te sentías…?—Hibari lo observó confundido, buscando la respuesta en él.

—No entiendo de qué mierda me hablas. —continuó Gokudera. Atrapando su brazo, Kyoya impidió que se marchara todavía.

—Lo entiendo ahora. —lo soltó al reaccionar y desvió la mirada a un lado, molesto por la actitud tan infantil que había tomado. De verdad, ¿qué estaba pasando con él?

—Dino… ¿hablaste con él? —claro que Gokudera inteligente, lo suficiente para enlazar todo con esas palabras vagas y actitudes de Hibari.

Kyoya no respondió.

—Ya veo.

No hablaron más, Hibari dejó de forcejar y Gokudera fue a sentarse en el escritorio plagado de libros que tenía la habitación, no sin antes abrir una ventana para que el olor del humo del reciente cigarrillo encendido saliera y no incomodara al contraria. Después de todo Kyoya odiaba el olor del tabaco, Gokudera recordaba bastante bien eso.

A pesar de eso, jamás reprochó, Hibari seguía inmerso en sus pensamientos acerca de Dino. Luego, cuando se percató del aroma a cigarrillo, recordó al Hayato del pasado que ahora seguramente se encontraría con su yo futuro, sonriendo y siendo feliz por ser correspondido, incluso aunque ambos supieran que era una mentira.

—¿Por qué?

Hayato se distrajo de su papeleo cuando escuchó hablar al contrario.

—No soy adivino, habla con claridad, maldición. —reprochó, chasqueando la lengua y apretando el cigarrillo con los dientes. —Y siendo francos estoy bastante ocupado.

— ¿Sabes lo que me estás pidiendo? —preguntó Hibari. Gokudera se giró a la mitad de la silla, a punto de reclamarle de nuevo que no sabía de qué demonios hablaba ahora, y que tampoco le interesaba. —No. ¿Tú yo del pasado, sabe lo que me está pidiendo?

Gokudera se quedó callado, esperando expectante. Los ojos de Hibari estaban oscurecidos, con esa chispa de maldad que siempre lo caracterizó. Era casi sorprendente que incluso le recordó como era estremecerse por él.

—No importa cuánto te guste una bestia, siempre tendrías que alejarte de ella. Pero, si seguimos por este camino, antes de que él regrese a sus cinco sentidos, perderá toda oportunidad de escape. —jadeó, dejando que el aire caliente escapara de su boca.

— ¿A qué dem…?

—Podré aferrarme a él con una mordida, lastimarlo hasta hacerlo sangrar, y aunque pueda llegar a matarlo, ¿por qué quiere entregarme todo de él?

Hayato hizo una mueca, sentía la sangre borbotear por el hervor del enojo, estaba harto de él, de sus conjeturas, de sus tretas y de sus preguntas.

— ¡Porque está enamorado de ti, grandísimo imbécil! —gritó Hayato, aventando la silla a un lado. — ¡Lo que te estuve pidiendo todo ese tiempo, ¿crees que no sabía que significaba?! ¡Quería que me entregaras todo lo que estuviste escondiendo toda tu vida, en un pozo al fondo de tu corazón!

Fue el turno de Kyoya de quedarse sin habla, ¿acaso Hayato no entendía lo terrible que era entregarse por completo a otra persona?

—.—.—.—.—

[En el presente]

Gokudera se aferró a la playera de Hibari, todavía avergonzado de expresar todos sus sentimientos. Kyoya no estaba dormido, contemplaba a Gokudera con los ojos entrecerrados, dejando caer su brazo en el costado de Gokudera, pero sin llegar a abrazarlo por completo.

—Herbívoro.

—Ya te dije que me dejarás de llamar así, bastardo. —reprochó Gokudera. Sentía el solecito de la tarde golpear suavemente la cama, haciendo que todavía fuera más cálido el gesto que tenían, acurrucados uno contra otro, como si fueran una mierda de amantes o algo así. El solo pensarlo hizo que Gokudera se pusiera colorado.

— ¿Cuándo vas a decírmelo?

— ¿De qué mierda hablas? Ya te dije que no soy un puto adivino. Exprésate de forma correcta. —se calló al momento en que los dedos de Kyoya rozaron sus labios, ordenándole silencio.

—Que estás enamorado de mí. —murmuró Kyoya, como si el mundo estuviera escuchando y solo fuera un secreto entre ambos.

— ¿¡Q-QU…?!

Gokudera se echó para atrás, sin embargo, con la misma mano que Kyoya había puesto en su boca, le atrajo por la nuca directo a sus labios, atrapándolos con delicadeza pero firme, dándole a entender que no lo dejaría ir. Hayato volvió a arrugar la ropa de Hibari, cerrando los ojos con fuerza, aún seguía acostumbrándose a sus besos y caricias, todo eso era nuevo para él y quería guardarlo en su mente todo el tiempo que pudiera.

Al separarse Kyoya le dio una sonrisa que hizo temblar los labios recién dejados.

— ¿¡Para qué diablos quieres que diga algo así!? —espetó luego de recuperar el aire.

—Solo estaba jugando contigo. —Kyoya cerró los ojos, disfrutando el aroma que desprendían los cabellos de Gokudera, acababa de tomar un baño por lo que el aroma a miel todavía permanecía, combinado con el olor a pólvora hacía una extraña pero deliciosa combinación.

—H-Hibari.

— ¿Humm?

Sintió a Gokudera removerse un poco, sin embargo, hasta que no sintió que algo era deslizado por su dedo anular de su mano izquierda, abrió los ojos.

— ¿Qué es esto? —preguntó, observando el anillo con una piedra verde en el centro, rodeado por lo que seguramente sería pirita.

—Un anillo, ¿qué no ves? —rezongó. Kyoya sonrió al escuchar su voz temblar debido a la vergüenza. —Es un regalo, consérvalo contigo cuando vuelvas al futuro.

Hibari extendió su mano para poder apreciarlo mejor, curioso lugar donde decidió ponerlo. Gokudera se mordió el labio inferior, bañado en color rojo de los pies a la cabeza, y casi estalló de vergüenza al instante en que Kyoya acercó el anillo a sus labios, dándole un casto beso.

— ¡N-No hagas cosas tan vergonzosas!

Kyoya atrajo la atención de Gokudera, dándole un toquecito con el dedo en su barbilla. Al voltear a él, se encontró con la mirada perdida del contrario en él, tan profunda y delicada que le dejó la boca seca; no había imaginado que se podía mirar así a una persona, buscando sumergirte en ella hasta ser uno mismo.

—Te amo, Hayato. —confesó, dándole un beso justo arriba de su ceja.

No habría nunca palabras para expresar todo lo que sintió Gokudera Hayato en ese momento. Había sido tan magnifico y perfecto, que todo lo que pudiera decir en ese instante sería una banalidad y quizás hasta un insulto. Así que no dijo nada, por primera vez se tragó toda la vergüenza, ordenó a su mente guardar silencio y atrajo con fuerza a Kyoya para besarlo.

Ver su rostro sonrojado, esforzándose por mantener un beso que él mismo había iniciado, rompía por completo el poco autocontrol que se esforzó en mantener en todo su viaje al pasado. Porque una vez que tenías a la persona que amabas delante de ti, amándote con esa pasión y ternura que demostraba Hayato, ¿cómo ibas a negarte el querer tocarlo?

O eso pensó hasta que su mente le recordó que ese chico no sería nunca de él.

Terminó el beso de forma lenta, dándole entender a Gokudera que se detendría justo ahí. No perdería el control de sí mismo cuando él debía ser la mente razonable ahí; aun así volvió a atraer a Gokudera, ahora cerrando sus brazos alrededor de él, en un abrazo.

No tardó demasiado para que el cálido sol calentara a la tormenta, quién quedó por completo dormido en los brazos de la persona que amaba.

Kyoya volvió a mirar el anillo en su mano, era como una de esas mierdas de casados o algo así. Y se sentía demasiado reconfortante; supuso entonces que tendría que colocarle uno a Hayato también. No obstante, en unos segundos la sonrisa que tenía en su rostro se borró, al ver el calendario en la pared, las semanas habían pasado demasiado rápido, tanto que solo faltaba semana y media para regresar al futuro.

Todo lo que vivieron en ese tiempo era un sueño y Hibari pensó que ya era hora de despertar.

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Lo siento, venía con todas las ganas de escribir un lemmon bien perrón, pero mi moralidad se vio tambaleada cuando recordé las edades que tienen ambos y no pude hacerlo. Gokudera está chikito, tiene catorce años y el Hibas está a cuatro años de cumplir treinta, sería muy WFT.

Sé que son personajes ficticios, pero no pude, al menos no cuando son tan disparejos en las edades. Lo siento :c

Y sí, sé que es algo hipócrita de mi parte ponerlos como en una relación, pero creo que mientras Kyoya respete a Gokudera chikito todo está bien. O al menos eso creo que puedo tolerarlo en la ficción (en la vida real obvio no xd). Ya no jugaré con las edades en mis próximos fanfics de ellos, promesa.

Aun así, habrá lemmon, que tengo muchas ganas de escribir uno de ellos dos c: (solo que lo dejaremos ya sea para los dos chikitos o los dos del futuro).