Sakura se mueve por el espacio del departamento guardando con cuidado sus cosas en las cajas de cartón, desea almacenar muy bien cada objeto, ya que cuenta con muchos pergaminos y libros que contienen información importante sobre sus estudios médicos. El azabache mientras tanto se encarga de cuidar y jugar con la ojinegro para que su madre no se distraiga de su tarea personal. Sarada no se cansa de estar en brazo de su padre, ni ver como juega a las escondidas con ella. La pelirrosa jamás se hartaría de observar ni escuchar a ambos reír cuando están juntos, ansía que aprenda a caminar, pues está segura que correrá detrás de su padre constantemente como un pequeño pájaro.
Al guardar la ropa, se encontró con sus antiguas prendas de gennin. Una ola de ternura la embriagó, a su mente vinieron imágenes cuando estudiaba hasta tarde, definitivamente ese mal hábito se mantenía hoy en su trabajo; recuerda también como observaba a Sasuke entrenar tan duro, una característica que no ha variado tampoco. Desde entonces lo admiraba y su corazón palpitaba rápidamente cada vez que estaba cerca, sentía su aroma, o alguien lo nombrase frente a ella, incluso cuando pensaba en él como en este momento. Considera que el Uchiha dice tiene un modo seductor de llamarla, aunque no sea aquella su intención, se derrite con esa forma aterciopelada y suave al decir su nombre, en sus oídos siente un cosquilleo agradable cada vez que lo hace, junto a un calor que llena su pecho y unos enormes deseos de abrazarlo.
— Sakura. —la llama en voz baja, se sienta a su lado en piso y acaricia su mejilla.
No importa que estén casados, que compartan junto al otro cada día y conozcan todas las facetas de cada uno, él siempre producirá en ella la sensación de ver a su enamorado por primera vez, pues la ojiverde se enamora más de este hombre en cada segundo que transcurre.
— ¿Necesitas ayuda con algo? — observa expectante el rostro nostálgico y nervioso de la kunoichi— . He dejado a Sarada en la cuna durmiendo.
— ¿Todo bien con Sarada?
— Como siempre, es una bebé muy tranquila. —sonríe y mira en dirección a la cuna donde duerme plácidamente la pequeña.
— Sí, ella realmente es un encanto, tiene tanta energía, pero al mismo tiempo es tan tranquila. —sonríe ampliamente y apoya su cabeza en el hombro de su esposo.
— Somos afortunados. —coincide y toma la mano de la pelirrosa, con sus dedos acaricia el dorso con delicadeza.
— Sí, es lo más bello que nos ha pasado. —se levanta y abraza con entusiasmo al ojinegro.
Sasuke le hace una seña para que recueste su cabeza sobre sus piernas, ella sin dudarlo acepta la oferta, se acomoda y observa el rostro sonriente y cálido de su esposo. Disfrutaría de esta pausa cariñosa ofrecida por el azabache.
— Encontré mi ropa de cuando era gennin, no la veía hace bastante tiempo. —ríe con nostalgia.
— Ah. —voltea a ver como la prenda se encuentra un poco más alejada sobre el piso, la recuerda detalladamente con sus ojos brillantes mirándole con admiración y su banda shinobi como un cintillo sobre su cabeza.
— Recordé algunas cosas de la academia. —levanta una de sus manos para alcanzar y acariciar la mejilla del Uchiha—. Siempre disfruté estudiar, desde pequeña he estado atraída por aprender y conocer nueva información, me frustraba que Naruto entorpeciera las clases de Iruka-sensei porque aprendía más lento cada lección. —se ríe avergozada—. ¿Era una niña bastante aburrida no?
Vuelve a reír y el azabache sonríe ladinamente, no puede considerar aburrido eso, en ese entonces también le preocupaba aquello, ya que al tardarse la lección se demoraría más en aprender y perfeccionar nuevas técnicas para enfrentar a su hermano mayor, aunque también le molestaba que el rubio hiciera sus bromas, pues envidiaba esa actitud tan distendida y alegre que a él le faltaba.
— También recordé cuánto te observaba y admiraba, bueno… hoy lo sigo haciendo.
— Me observaba atentamente desde hace mucho tiempo. — había sido capaz de ver y escuchar sus propios pensamientos dentro del Genjutsu.
— ¿Alguna vez te he dicho cuando me enamoré de ti?
Confesó sus sentimientos por él en varias ocasiones, sin embargo, no expresó el inicio o la causa de ese amor, no tenía ninguna idea sobre cómo se había enamorado del ojinegro, le causa curiosidad conocer aquello, quiere indagar mejor en la intensidad del amor que le ha profesado casi toda su vida.
— Un día de otoño cuando teníamos seis años estaba en el parque intentando jugar, pero era tan molestada por mi frente que decidí alejarme hacia mi escondite secreto.
— ¿Tenías un escondite secreto? —pensaba que conocía todo sobre su esposa y allí estaba sorprendido ante esta nueva información, siempre encontraba la forma de asombrarlo.
— ¿No te conté sobre mi escondite? —lo mira sorprendida y pensativa—. Te llevaré allí un día, probablemente no esté, pero te enseñaré el lugar, la única que lo conoció fue Ino.
— Conozco algunos de esos niños que te molestaban por tus recuerdos, en ese entonces yo estaba inmerso en las zonas de mi clan principalmente.
— Y tuviste razón, finalmente sería la zona de la que más me sentiría orgullosa. —apunta a su frente sonriente al traer sus palabras cuando estaba presa de la técnica.
— Deberías estar orgullosa completamente de ti. —le da un poke en su rombo morado—. Eres una ninja de elite. —besa la comisura de sus labios provocando el sonrojo de la kunoichi.
— Seguiré con mi historia, ¿O no quieres escucharla? —lo mira desafiante junto a un brillo seductor.
— Tengo curiosidad, dime la historia. —besa su cuello—. Sarada aún tiene muchas horas de sueño, así que luego de la historia tenemos tiempo de sobra. —le da un beso lujurioso en sus labios, sonríe victorioso al escuchar la respiración agitada de la Uchiha.
— Seguiré con mi historia. —carraspea intentando serenar sus hormonas y cierra sus ojos para concentrarse—. Estaba por el bosque camino hacia mi escondite, pero escuché a un perro que lloraba, comencé a buscarlo y cuando estaba cerca te vi a ti a su lado, me mantuve escondida entre los arbustos por si eras uno de esos niños que me molestaba, pero no fue así. Te acercaste al cachorro y le hiciste cariño sobre su pequeña cabeza, tenías una sonrisa amplia, tu expresión me generó mucha confianza, podía notar tu amabilidad y calidez, sentía que podía confiar en ti. —alza su vista para verle con mucha ternura—. No te había visto antes, y desde ese momento comenzaste a gustarme, sabía que eras una bella persona. —el ojinegro acaricia su mejilla, la observa con mucho cariño como respuesta—. Itachi te llamó, te buscaba y debían volver a casa, respondiste que ya ibas, tomaste al cachorro, lo sujetaste con cuidado entre tus brazos y te fuiste con mucha energía y entusiasmo a encontrarte con tu hermano. —toma la mano que aún se mantiene en su rostro y vuelve a cerrar sus ojos—. Le conté a Ino sobre ti al día siguiente, y desde entonces nos distanciamos, yo desconocía que ella estaba enamorada de ti también. Luego en la academia comencé a fijarme más, te observaba a la distancia, al igual que todas las niñas que nos sentimos atraídas por ti. —se ríe y pasa sus dedos por su cabeza rosa—. Cuando ocurrió la masacre tu actitud cambió, no eras muy sociable en general, pero desde ese momento tu actitud fue hostil y de desagrado cuando estabas cerca de alguien, ya no te veía sonreír, no había una pizca de calidez en tu interior, comencé a preocuparme porque ese no eras tú. —onix y jade se encuentran con intensidad—. Nunca dejaste de ser atractivo ni sorprendente, tus habilidades en clase nos provocaban que te admiráramos cada vez más, pero ya no sentía la posibilidad de acercarme a ti. Me preocupé mucho cuando te enfrentaste a Naruto en el patio, y al terminar los dos intentaron golpearse en lugar de hacer la seña de reconciliación. —empuña su mano izquierda sobre su pecho—. Cuando ya éramos equipo e intentamos quitar las campanillas a Kakashi-sensei, estabas a mi lado al despertar de mi desmayo, de alguna forma pude sentir esa amabilidad dentro de ti otra vez, aunque tu rostro fuera frío y me confesaste que tenías el objetivo de asesinar a Itachi, en ese instante fue que pude sentir una breve apertura, y aunque pensé que era mi imaginación, opté por aferrarme a esa idea y a mi amor por ti, tenía la esperanza de que podría volver a ver ese lado amable y cálido, una sonrisa sincera, la sensación de acercarme a ti y sentirme segura. —voltea su cuerpo, se levanta lo suficiente y abraza con fuerza a su esposo—. Me alegra que ahora puedas estar tranquilo conmigo, te amo desde que tenía seis años y no dejaré de hacerlo Sasuke-kun.
Sus miradas reflejan su amor por el otro, ella con el mismo brillo encantador y él con la incredulidad de tener a su lado a la mujer más bella que ha conocido, más allá de lo físico, pues no negara que desde pequeño le llamó la atención su cabello rosa y el jade de su mirada. La considera hermosa en plenitud. No sabe con exactitud el momento en que se enamoró de la pelirrosa, pero está seguro que desde que formaron equipo cada vez más deseaba compartir con ella, pues solo en esos instantes podía ser él, no el sobreviviente Uchiha ni el shinobi hábil, si no el adolescente y ahora adulto Sasuke. Su amor creció en su interior sin ser tan consciente de ello, y hoy no deja de aumentar en su intensidad, su esposa es su mundo, su alegría, su amor y su vida.
— Gracias Sakura.
Acerca su rostro con lentitud, posa su mano en su espalda con firmeza y la atrae hacia sí, la besa con deseo y mucha ternura, ama cada faceta suya, y desea estar a su lado a cada segundo. Nunca es suficiente, es su pilar, su insustituible pareja, su felicidad, a su lado todo encaja. Si no fuera por Sakura no tendría esta familia, Sarada no estaría en su vida, ni sería capaz de hablar con alguien y compartir sus más profundos pensamientos.
Golpean la puerta, interrumpiendo el momento romántico de ambos, el ojinegro frunce el entrecejo y bufa molesto, la pelirrosa ríe, le roba un fugaz beso e intenta incorporarse, sin embargo no lo consigue. Sasuke jala su mano, haciendo que caigan al piso, con agilidad evita que golpease su cabeza en el piso y encierra su menuda figura con sus piernas alrededor de su cadera. Vuelven a golpear la puerta.
— Debo ver quien es. —suelta una pequeña risa nerviosa.
— No debe ser urgente. —comienza a besar su cuello—. Puede esperar.
— Cariño... —su respiración vuelve a agitarse, mientras él continua su tarea.
— ¡Sakura! —llama la rubia detrás de la puerta—. El Hokage me dijo que debía visitarte inmediatamente, ¿estás bien? ¿Por qué no me avisaste que regresabas? —recrimina ansiosa.
— Ino... —abre sus ojos sorprendida.
— Tsk —le da un último beso en su clavícula y se aleja, luego la ayuda a incorporarse—. Las dejaré a solas para que conversen, volveré en un rato, ¿Estarás bien con Sarada?
— Gracias Sasuke-kun. —besa su mejilla y acomoda su ropa—. No te preocupes, yo me encargó de Sarada.
— ¡Sakura por qué no me abres! —demanda la Yamanaka.
— ¡Ahora voy Ino! —acelera el paso y abre la puerta a su amiga.
— Ya era hora frentezota, estaba a punto de entrar por tu habi... —observa al ojinegro saliendo del cuarto—. ¡Sasuke! También estás aquí. —intercambia su mirada con suspicacia entre su mejor amiga y el azabache.
— Hmp. —la mira de reojo antes de salir por la puerta—. Compraré algunas cosas. —voltea a ver a la ojijade, quien sonriente asiente, luego se marcha.
— ¡HARUNO SAKURA TIENES MUCHO QUE EXPLICARME! —exige completamente confundida al estar a solas en el departamento.
— Uchiha Sakura. —corrige con una amplia sonrisa y expresión divertida.
— ¿Uchiha?... ¿Uchiha Sakura? —abre sus ojos observando el abanico en la espalda de su amiga que se dirige al sillón—. ¡Oh por dios!
— Lo sé. —ríe y le hace una seña para que la acompañe a la sala—. Por esto le pedí a Kakashi-sense que te dijera que vinieras aquí apenas regresaras.
— ¿Te casaste con Sasuke-kun? —pregunta muy entusiasmada—. ¿Cumpliste tu sueño y no estuve ahí para ayudarte a arreglarte ese día? —le recrimina con un pequeño berrinche.
— Te explicaré todo, también te casaste y no estuve allí. —reclama de vuelta caminando hacia la cocina—. Traeré té para ambas, mientras puedes ir a conocer a Sarada, aún está dormida. —agrega con una juguetona sonrisa, sus mejillas ruborizadas y un brillo lleno de orgullo maternal, apuntó a la única habitación del lugar.
— ¿Tienen una hija? —cubre su boca con asombro y sus ojos a punto de llorar, está sumamente emocionada y feliz porque aquella mujer que considera como una hermana ha cumplido todos sus sueños.
Se acomodaron en el sillón cuando estuvo preparado el té, conversaron todo lo que se habían guardado y deseaban compartir con su mejor amiga, rieron y no se detuvieron hasta que revelaron cada mínimo detalle de lo que ocurrió en sus vidas cuando estuvieron separadas, había sido la primera vez que se habían apartado por tanto tiempo, precisamente en el instante en que sus vidas cambiaron drásticamente. Estuvieron así cerca de dos horas, la pelirrosa hasta había olvidado que Sasuke debía regresar en cualquier momento. La pequeña se despertó a causa del sonido alegre de las risas en el lugar, ahora se encontraba con ellas mientras su mamá la amamantaba.
— Sarada es tan linda. —la rubia la observa llena de ternura—. La tía Ino te consentirá mucho.
— ¿Te resfriaste durante la última misión? —coloca una mano sobre la frente de su amiga, estuvo observando el constante rubor en sus pómulos—. Ino tienes la temperatura elevada, ¿te sientes bien?
— Debe ser porque no he descansado, volvimos hace dos horas de un viaje bastante largo y junto a toda la emoción en este corto tiempo, creo que mi cuerpo responde a la mezcla de todo. —ríe apartando su cabello largo de la zona de su cuello—. Aunque no te niego que he pensado en volver a usar mi cabello en una coleta, el calor de la temporada me ha afectado mucho más que antes, me cansé bastante de camino aquí.
Las palabras del peliplata resonaron en su cabeza "Ino decidió ponerse en campaña porque dijo que el equipo InoShikaCho debía mantenerse", junto a la forma que describía todo la Yamanaka era exactamente como ella misma pensó durante los primeros síntomas de su embarazo. ¿Podría ser eso? No resistió la incertidumbre y la mira con un brillo alegre y suspicaz.
— ¿Por qué me miras de ese modo Sakura?
— Ino tengo sesenta por ciento de certeza en una suposición en mi cabeza, y quiero confirmarlo contigo. —acomoda a la pelinegra sobre su hombro y la ayuda a eructar luego de comer—. Hazte un chequeo general, confía en mí. —sonríe ampliamente expectante de confirmar su teoría.
La rubia duda sobre aquella petición, sin embargo tiene plena confianza en su veredicto médico y sobre todo en que lo que fuese que estuviera pensando, sin duda es algo positivo. Acumula chakra en sus manos, pronto están rodeadas de esta aura verde alrededor de ellas, las mueve por su cabeza, sus brazos, su pecho, todo está en orden. Sus dedos se posan sobre la zona de su abdomen, se paraliza por un segundo y asombrada mira a su mejor amiga, quien asiente con una risa entusiasta. Comienza a llorar y hacer los cálculos en su cabeza, debiera tener cerca de tres semanas, ¿Cómo es posible que ella sospechara de su embarazo con tan poco tiempo de gestación?
— Tus palabras fueron idénticas a mis pensamientos durante mis primeras semanas de embarazo, además me habían dicho que deseabas tener un hijo para mantener el InoShikaCho de ustedes. —limpia las lágrimas que continúan cayendo del rostro de la ojiazul—. Felicitaciones.
— Estoy tan contenta por esta noticia y de que estés aquí para que podamos compartir este momento. —toma la mano de la pelirrosa—. Al fin podremos estar en estos momentos importantes nuevamente juntas. —ambas sonríen y ríen con ligereza, habían extrañado tener el apoyo de la otra en los momentos importantes.
— ¿Le dirás a Sai cuando pase a recogerte aquí?
— Sí, sabes que no resisto ocultar este tipo de información por tanto tiempo, menos a Sai. —se ruboriza y cubre sus mejillas con ambas manos—. No le diré a los demás hasta pasar los tres meses.
— Guardaré el secreto. —guiña el ojo con complicidad.
Pasados unos treinta minutos la puerta se abrió, cruzaron ambos pelinegros el umbral, se habían encontrado abajo en el edificio. El Yamanaka había sido informado por el Sexto de forma concisa los cambios en la vida de su antigua compañera, además de ser advertido que lo mejor era dejarlas solas por algunas horas. Aceptó el consejo sin dudar, ya que conoce el temperamento de ambas y que no les agrada para nada ser interrumpidas, prefería evitar ser nuevamente víctima de los golpes de las kunoichi por decir algún comentario no grato para ellas. El Uchiha conocía los deseos de su esposa de conversar con la ojiazul, había escuchado muchas historias de ambas durante su viaje juntos, es consciente de la confianza entre ambas y como son sus confidentes. De forma silenciosa le había regalado esos momentos con su mejor amiga, además no toleraba la intensidad de ambas cuando estaban juntas, recuerda perfectamente que pueden conversar o discutir sin parar y potenciar su energía, él no resiste ese ambiente, le incomoda y hastiaba con rapidez.
— Sai me alegra verte. —se levanta del sillón y se acerca a su amigo.
— Sakura me alegra saber todo lo que ha pasado. —su comentario es sincero, fue testigo de todo el sufrimiento que había causado el portador del sharingan en ella, y hoy forman una feliz familia juntos.
— Me alegra que hayas sido capaz de casarte con Ino, imagino que no fue tan sencillo para ti haber tomado la decisión. —responde con diversión intentando molestar a la rubia.
— Con Ino todo es sencillo, desde que aclaré mis sentimientos por ella no dudo de absolutamente nada de estar a su lado.
— Sai no digas esas cosas frente a todos. —se acerca y toma del brazo a su esposo, con un evidente sonrojo y emoción.
— Ay Sai te has vuelto tan bueno con tus emociones. —comenta sonrojada también a causa del comentario tan tierno de su antiguo compañero, el Uchiha mira un poco reacio la escena.
— Que bueno que Sarada se parece a Sasuke. —agrega sonriente, cambiando completamente el semblante de la ojijade.
— Retiro lo dicho. —lo mira molesta recordando cuando le decía fea.
— Volvamos a casa, dejemos solos al matrimonio, nosotros tenemos mucho de que hablar. —comenta ansiosa al dibujante, que la observa confundido—. Vengan un día a comer a casa. —agrega mirando a su amiga y al azabache más atrás—. Tu también Sasuke-kun. —le sonríe con diversión.
— Por supuesto. —responde con la misma ansiedad que la rubia, ambas están expectantes porque Sai conozca la noticia—. Nos vemos pronto. —se despide con su mano antes de cerrar la puerta y volver con su radiante energía a la sala junto a su hija en brazos.
— Parece que te has enterado de algo demasiado bueno. —comenta acomodando el cabello rosa detrás de su oreja.
— Ino está embarazada. —susurra, como si alguien más pudiera escucharla—. Me alegra poder confesártelo, porque estoy segura que no le dirás a alguien este secreto. —sonríe como si acabara de hacer alguna travesura,
— Entretendré a Sarada hasta que vuelva a dormir, si deseas puedes descansar o continuar con el almacenamiento. —acaricia su espina dorsal, la ojiverde se estremece y lo mira con ese destello lujurioso—. O podemos continuar con lo que dejamos pendiente. —toma a su hija y se aleja sonriente con su victoria.
