Los dos meses de prueba con la nueva modalidad de trabajo de Sakura en el hospital, estaban por terminar, y a causa de su éxito el Sexto tomó la decisión de continuar de aquel modo por otros tres meses más. También optó por asignar a Sasuke en algunas misiones sencillas, pero un poco más alejadas de la aldea, para que se habituara a estar alejado de la aldea otra vez, esperaba que de esta forma no fuese tan dolorosa su partida cuando llegara el momento.

El Uchiha tuvo que partir temprano tres días atrás en una reunión junto a Naruto a Sunagakure, pues el Kazekage le había invitado personalmente a una reunión y, a causa de su alta popularidad en los últimos años, él debía respaldar por su seguridad, aunque no fuese necesario realmente seguridad para el jinchuriki. Kakashi tomó esta decisión para divertirse un poco, pues está seguro de que discutirían gran parte del viaje, y podría descansar del rubio en su oficina del Hokage, que usualmente termina en un desastre a causa de algún descuido del Uzumaki.

— Se supone que el Kazekage es una persona seria. —comenta molesto el ojinegro mientras regresan a Konohagakure.

— Jeje, hace tiempo no nos veíamos con Gaara, supongo que le complicaba mucho más venir a él. —camina con sus manos detrás de la cabeza y una amplia sonrisa.

— Que te llame entonces sin la formalidad de una reunión con él. —bufa molesto e impaciente, no puede creer que haya perdido tres días fuera por una visita social del ojiazul.

— No te enojes tanto, además tampoco habíamos tenido la instancia de estar en una misión los dos desde hace bastante. —abraza al Uchiha por los hombros desde el costado.

— ¡Ya basta! —se mueve a un lado avergonzado, no le agradan las muestras de afecto, le hacen sentir incómodo—. Esto no era una misión.

— Bien, bien. —ríe y mueve sus manos para tranquilizarlo, está contento de compartir con uno de sus mejores amigos—. ¿Cómo han estado Sakura-chan y Sarada? No nos hemos podido reunir a comer el último mes.

— Están bien, Sakura mantiene el orden en el hospital con sus visitas y trabajo desde casa.

— ¡Qué increíble es Sakura-chan!, yo estoy agotado cuando estoy con Boruto todo el día, para ser un bebé es muy demandante. —suspira—. ¿Sarada sigue siendo tranquila o está más inquieta?

— En general es tranquila. —aunque evita sonreír como un padre lleno de orgullo, siente mucha calidez en su pecho al referirse a su hija.

— Hm. —coloca su mano bajo la barbilla y parece muy preocupado.

— ¿Qué?

— No me sorprende que sea tranquila, es hija de ambos, aunque me preocupa que siga igual y sea una copia de ti, espero que sea risueña como Sakura-chan y no un amargado como tú. —lo apunta de forma burlesca.

— Usuratonkashi. —bufa molesto, aunque está de acuerdo con lo dicho por el jinchuriki.

Llegaron al anochecer a la aldea, a regañadientes aceptó Sasuke ir a comer a Ichiraku, realmente había disfrutado del viaje, pese a estar enfadado por el trasfondo trivial de la misión. Le gusta pasar tiempo con su mejor amigo.

— ¿Aún no apruebas el examen chunnin?

— No. —cruza sus brazos—. Es realmente difícil el examen escrito que armó Iruka-sensei.

— Tu cerebro es diminuto, casi invisible.

— ¡Eh! —reclama ruidosamente con una expresión infantil.

— Naruto realmente no es hábil para la teoría. —comenta Ichiraku mientras entrega otro pocillo al ojiazul.

— Gracias viejo. —emocionado come del tazón.

— Konoha sería un desastre si Shikamaru no hubiese decidido ser tu mano derecha cuando asumas el puesto. —agrega el azabache antes de continuar comiendo.

— Naruto-kun. —llama Hinata que pasaba por afuera del local junto a Boruto en brazos.

— Hinata. —sonríe y se levanta a tomar a su hijo—. ¿Te comportaste bien con mamá y el abuelo? —lo levanta hacia el cielo mientras el bebé ríe—. ¿Van camino a casa? —acaricia el hombro de su esposa quien asiente en respuesta.

Forman una pareja encantadora de observar, tímidos en su expresión de afecto por el otro, pero al mismo tiempo sumamente dulces en sus miradas y gestos entre sí. A Sasuke le alegra ver como su mejor amigo se desenvuelve tan bien con su familia, merece toda esta felicidad y cariño que recibe de ellos, aunque le incomoda estar cerca de ambos, ya que no le parecen adecuadas las expresiones de afecto de parejas en los espacios públicos.

— Sasuke-kun, ¿Vas camino a tu casa? —pregunta la ojiblanca con preocupación.

— Sí. —se impacienta ante el ánimo de la Hyuga, está listo para marcharse a ver a ambas.

— Lleva esto por favor. —extiende la bolsa con verduras y la recibe el Uchiha—. Fui a un control con Boruto al hospital en la tarde, Sakura me había dicho que hoy estaría allí para atendernos con ella, pero no asistió.

«¿Sakura no asistió a trabajar?», eso sin duda está mal, ella no falta jamás a sus labores, es totalmente responsable. ¿Le habría pasado algo a Sarada en su ausencia?, su respiración se detiene unos segundos, considera que sería la única razón para no asistir al hospital.

— ¿Por qué las verduras Hinata? —pregunta confundido su esposo.

— Creí que quizás Sarada pueda estar enferma, como Boruto hace dos semanas. —mira a su hijo en brazos del rubio—. Pensaba en llevarle las verduras que me recomendó para elaborar una papilla nutritiva para ayudarle a mejorar. —mira a los ojos azules que tanto le encantan—. Como estaban ambos en una misión y aún no regresaban, iba camino a llevárselos por si los necesitaba, si Sarada está enferma, no debe haber podido salir a comprar durante el día.

— Sakura-chan estará muy agradecida. —sonríe y acaricia el cabello de su esposa, una de las características que ama de ella es esa empatía y atención constante por sus seres queridos—. Sasuke será mejor que vayas a... —voltea a verlo, pero ya no estaba en el lugar, se había marchado en el instante en que pensó que algo le ocurrió a su hija—. Sasuke está siempre preocupado por ambas, aunque aparenta estar sereno. —se ríe y se marchan a la residencia Uzumaki.

Al llegar a su hogar, el Uchiha se encontró con las luces apagadas, Sakura debía estar en casa junto a Sarada, percibía el chakra de su esposa en la habitación de ambos, ¿Entonces por qué estaban a oscuras? ¿Estarían en peligro? Saltó e ingreso por el patio, no percibía a otro ninja en el lugar, pero prefirió tomar las precauciones por la actitud tan errática de ella. Es totalmente absurdo este pensamiento suyo, sin embargo no es capaz de ser razonable, lo embriaga la desesperación de creer que algo malo les ha ocurrido.

Apenas cruzó el umbral de la puerta del patio que estaba abierta, un kunai fue lanzado hacia su posición, lo pudo esquivar por el Sharingan.

— ¿Sakura? —está aterrado de ser atacado por su mujer, le recuerda cuando fue dominada por otra persona.

— Lo siento cariño.

Se asoma desde la puerta, su aspecto es desaliñado, no se ha peinado ni cambiado de ropa desde que la vio al partir en su misión muy temprano durante el alba. Sus ojos están hinchados y alrededor colorados de un tono rosa, había estado llorando.

— Solo sentí que alguien se acercaba por el patio, ni siquiera pensé que podrías ser tú.

— ¿Qué pasó? ¿Dónde está Sarada? —se acerca y observa con detalle cada zona de su cuerpo, no parece estar herida.

— Está en la habitación, la moví a la nuestra porque está un poco más fresca que la suya. —sus ojos se cristalizan otra vez.

— ¿Está herida? —camina hasta la habitación, se acerca a la cama y la ve dormida, sonrojada y su respiración agitada.

— No está herida, ha estado muy enferma, ha tenido fiebre estos y aunque consigo que baje, vuelve a las pocas horas. —no puede evitar sollozar—. ¿Cómo no soy capaz de hacer que mejore si soy la directora del hospital? —su voz es pesada, llena de frustración y pena.

El azabache comprendió todo lo que había sucedido en su ausencia, ella no asistió a trabajar por la enfermedad de Sarada, ha estado estos días intentando que baje su fiebre, probablemente ha comido muy poco, y no prendió las luces de la casa al estar enfocada en su hija. Se siente culpable, está frustrada y desesperada porque el estado de salud de su hija mejore. Está irritado, él podría haber estado con ambas si no fuera por esa estúpida e inútil misión.

— No tienes la culpa de nada. —abraza a la ojijade y acaricia su cabeza.

— Sí la tengo, como no me di cuenta que podría amanecer así, no haber sido capaz de evitar que sufra con esta fiebre. —demanda enojada—. Lo siento.

— No tienes que disculparte por nada, no eres responsable por lo que pasó, eres la mejor ninja médico, Sarada está con la persona más capaz de ayudarla. —levanta su mentón para obligarle a verle directamente a los ojos—. No seas tan dura contigo misma.

— Sasuke-kun. —comienza a sollozar otra vez—. Gracias.

— Hinata envío unos ingredientes para ti, no escuché la razón.

— El control de Boruto. —sus ojos se abrieron al recordar haber faltado a aquel encuentro, sentía culpa por haberle fallado a su amiga.

— Está bien, no tienes que preocuparte por él. —besa su frente—. No has comido nada en todo el día, ¿verdad? —recrimina con el ceño fruncido.

— He estado pendiente de Sarada.

— Lo sé, pero también debes preocuparte de ti, necesitas estar en buena condición para poder ayudarla. —acaricia su rostro mientras continúan brotando lágrimas de los ojos jades.

— Sí. —limpia su rostro y lo observa con entusiasmo—. Tienes razón, iré a preparar algo con los ingredientes que envió Hinata, deben ser los que le recomendé para una sopa por la enfermedad de Boruto.

— Bien. —sonríe de lado y acaricia su mejilla otra vez—. Dejé la bolsa donde lánzate el kunai. —se sonroja avergonzada y él ríe con sutileza—. Estaré pendiente de Sarada, ¿Debo hacer algo en específico?

— Refrescar el paño de su cabeza cuando se entibie, he dejado agua allí. —apunta al lado de la cama—. Para no dejarla sola.

Sakura se marcha a la cocina, está muy agradecida con Hinata por haber enviado los ingredientes de esa sopa que le había recomendado, así ella podría beberla y tener los nutrientes necesarios para contrarrestar la enfermedad cuando su hija amamante.

Sasuke está muy preocupado por la bebé, su esposa le había hablado de lo delicado que es que tenga fiebre tan pequeña, y si no se ha apartado de su lado es porque definitivamente está grave. Al mismo tiempo está seguro que sólo ella podría conseguir que se recupere de esto.

— Lamento la tardanza Sarada, las he dejado solas cuando me necesitaban aquí, mamá tiene que reponer sus energías. —acaricia los cortos cabellos oscuros y remoja el paño de su frente para que esté fresco—. Eres una buena niña, sé que no has querido preocuparnos a propósito, pero por favor recupérate pronto. —le apena verla de ese modo.

Cierra sus ojos un momento y suspira, está realmente frustrado con la situación, no le agrada sentirse torpe y no poder hacer más por ella, espera que escucharle le ayude a sentirse mejor de alguna manera, pues siempre parece alegre cuando le habla. Al principio le generaba un poco de vergüenza, pero pronto se sintió cómodo de esta intimidad y profundización de su lazo padre e hija.

Sakura regresó con dos platos llenos de sopa, acercó uno hacia su esposo quien agradeció y sonrió, ella se sentó al otro lado de la cama a comer su porción con calma.

— Su respiración está un poco más pausada. —sonríe con alivio y ternura—. Esta niña... Realmente adora a su papá, contigo se tranquiliza en todo momento.

El azabache sonríe a causa de aquella afirmación a sus reflexiones y experiencias, le enternece enormemente el cariño de su hija.

— ¿Te sientes un poco mejor con la sopa? —pregunta atento al rostro de la ojiverde.

— Sí, necesitaba comer algo, no me había percatado de eso hasta que tomé un poco. —sonríe nerviosa con una mano detrás de su cabeza.

Pasaron la noche en vela atentos a cualquier cambio en los síntomas de su hija, al amanecer ya había disminuido la fiebre con mayor constancia, le cambiaron su ropa y la dejaron dormir entremedio de ambos en su cama. Se acomodaron a su lado con mucho cuidado y cerraron sus ojos agotados, no querían dormir, pero intentaron relajar lo que su mente y cuerpo les permitieran, aún con sus sentidos alertas por la bebé.

En la mañana el azabache se levantó primero, se había quedado dormido por unos minutos, revisó la frente de su hija para verificar que no tuviera fiebre, se alivió y sonrió al darse cuenta que se mantenía bien. Se dirigió a la cocina mientras retiraba su prenda superior, aún su cuerpo está agotado junto al calor de la época, esperaba darse una ducha luego de desayunar.

La pelirrosa se despertó a los pocos minutos, exaltada al notar que se había dormido, miró inmediatamente a su hija dormida al lado, le tranquilizó verla dormir plácidamente.

— No tiene fiebre. —dice desde el umbral con voz calma.

— Estoy feliz de que pueda dormir tranquila, no lo ha podido hacer estos días. —acaricia con delicadeza su cabeza, luego besa pequeña su frente.

— Preparé té.

— Gracias cariño. —se volteó con una sonrisa cálida, se percata de su torso desnudo y se sonroja rápidamente—. Voy... Enseguida.

— Ok. —sonríe de lado y se dirige a la mesa.

La sensación tibia del té resulta reponedora para su cuerpo y espíritu, están agotados al no sentir descanso, parece más sabroso al paladar aunque fuera el mismo de todos los días, todo parece mejor luego de estar angustiados por la salud de su hija que ahora se encuentra dormida.

— Sakura te ves un poco pálida. —se apoya en la mesa y posa su mano sobre su mejilla—. ¿Por qué eres tan descuidada contigo?

— Estoy bien Sasuke-kun. —retira su mano y la encierra entre las suyas.

— Tsk. —la mira enojado—. Si fuera yo el que está así, ya me hubieses regañado. —se incorpora y la levanta sobre su hombro.

— ¡Qué estás haciendo! —exclama sonrojada y nerviosa—. Aún no termino mi té.

— Preparo más después. —su voz es suave y firme, al igual que su brazo que la sujeta—. Me hago cargo de ti, no quiero tener a las dos enfermas.

— No me subestimes cariño. —intenta sonar irritada, pero le enternece la atención de su esposo.

— No lo hago. —sonríe para sí mismo.

Comenzaron un forcejeo juguetón entre ambos, ella intentando zafarse de su agarre hasta que lo consiguió, él la siguió por la casa tratando de alcanzarla otra vez. Se movían de forma ágil y con el mínimo ruido para no despertar a Sarada. Finalmente el Uchiha comenzó a impacientarse, además su orgullo no le permitía perder, aunque fuese un juego íntimo entre ambos. Con rapidez y un poco de seriedad se acercó a la pelirrosa, activó su Rinnegan cuando la abrazó otra vez e intercambio de lugar con un pequeño objeto del baño.

— Suficiente. —dijo a una desconcertada y animada ojiverde—. Debes darte un baño y recostarte.

— Hiciste trampa. —responde riendo—. Está bien, te dejaré ganar esta vez cariño.

— ¿Dejarme ganar? —sonríe de lado con cierta soberbia.

— ¿Tienes alguna misión para hoy? —pregunta mientras esperan que se llene la tina.

— No, de todas formas me quedaría con ustedes. —acaricia las hebras rosas que comienzan alcanzar su cintura—. Alguien debe alimentarlas.

— Lo haces sonar como si fuéramos unas mascotas. —ríe—. Recuéstate con nosotras, también debes descansar, no has podido dormir nada en la noche. —se voltea a verlo con un brillo entusiasta y besa sus labios con ternura.

Con un clon atentó a su hija en la habitación, ambos se tomaron su tiempo allí. Se dieron un baño con calma, se abrazaron y acariciaron cuanto quisieron, aunque nunca era suficiente. Sasuke consistió mucho a Sakura, sentía que se lo debía por haberla dejado sola estos días. Se ayudaron a secar sus cabellos, principalmente el cerezo para que no empeorase su resfrío, luego volvieron a su cuarto y se recostaron a cada lado de su hija otra vez. Sería un día tranquilo, lleno de amor y familiar para los Uchiha.