La casa está más animada y bulliciosa de lo habitual, todo a causa del incipiente balbuceo de la pequeña pelinegra. Para motivarla, la pelirrosa relata pausadamente a su hija todo lo que realiza durante el día, esperando que aquello le ayude a poder elaborar alguna palabra. Por su parte Sasuke se sienta frente a ella enseñándole la palabra "mamá", aunque desea enseñarle la palabra "papá" y espera con ansía escuchar llamarlo de ese modo, se siente sumamente avergonzado de enseñarle aquello.
— ¿Qué podemos cocinar hoy Sarada? —observa distintos elementos frente a ella— Tenemos tomate, zanahoria, cebolla, papas, arroz…
Sakura levanta las distintas frutas y verduras frente a ella, quien hace una pequeña mueca frente al tomate. La ojiverde ha notado que la ojinegra se rehúsa a comer cuando su comida posee trozos rojos, como el tomate o pimiento, por lo que evita incorporarlo a sus comidas, con calma investigará si algún alimento le disgusta en particular por su sabor.
— Podríamos hacer curry, ¿Estás de acuerdo? —recibe como repuesta un pequeño balbuceo, por lo que sonríe—. Perfecto, está decidido entonces, comeremos curry el día de hoy.
— ¿Curry, eh? —se acerca desde la puerta el azabache y levanta a su hija que estira sus brazos—. Papá ha vuelto, Sarada.
— Sasuke-kun, bienvenido de vuelta. —la curvatura de sus labios se vuelve más extensa a causa de su alegría—. Estoy un poco retrasada con la cena, pero ahora comenzaré a cocinar.
— Te ayudaré con lo que pueda. —se acerca y deposita un beso en la frente de su esposa.
— Creo que primero debes responder a las preguntas de esta niña. —se ríe mientras observa a una determinada pequeña mirando con atención a su padre y balbucea con determinación.
— ¿Qué puedo contarle? —pregunta con timidez, a diferencia de su esposa no le resulta tan sencillo contar sobre su día.
— Puedes contarme que tal estuvo tu misión, Sarada estará contenta de escucharte. —responde consciente de que le parece más sencillo hablarle de un modo normal, sin necesidad de reducir la velocidad al relatar algo.
— Demasiado sencilla y aburrida. —responde con hastío—. Tuve que hacer guardia a una reunión de los señores feudales.
— Oh, esas reuniones sí que son aburridas. —suspira—. Imagina cuando tuve que ir con Naruto y ser su niñera mientras iba a un reconocimiento de parte de ellos. —frunce su ceño y suspira—. Ha sido una de las semanas más desgastante en mi vida, compartiendo con él totalmente aburrido porque solo jugaban cartas.
— Siguen haciendo lo mismo. —retira el guante con su boca.
— Cariño, sabes que puedo ayudarte con esas cosas. —ríe—. Aquí está la comida de Sarada ya triturada.
— Gracias. —sonríe con dulzura y se voltea a la pequeña frente a él sentada sobre la mesa—. Mamá te ha preparado un rico curry. —acerca una cucharada de la comida que es recibida con gusto—. ¿Está delicioso verdad? —la pequeña mueve sus manos y se ríe con entusiasmo.
— Ay, cariño, no digas esas cosas. —una avergonzada y contenta pelirrosa continúa terminando de cocinar para ambos.
Al terminar de cenar, abrieron la puerta corrediza de su sala al patio y se sentaron allí a disfrutar de la nocturna brisa veraniega.
— ¿Dónde está Sarada? —la kunoichi cubre sus ojos con las palmas y luego los descubre—. Oh, ¡ahí estás! —su hija ríe fuerte cada vez que juegan de este modo.
— Nunca se cansa de este juego. —sonríe el azabache por el bello momento que observa, como sus dos personas más importantes están felices junto a él.
— Vamos, Sasuke-kun… —lo observa con diversión y complicidad, quien suspira derrotado.
— ¿Dónde está Sarada? —el shinobi cubre sus ojos con su mano, luego los descubre dejando a la vista un tenue rubor en sus mejillas—. Oh, ¡ahí estás! —la pequeña vuelve a reír.
— Pa… —los padres se paralizan e intercambian una fugaz mirada de expectación—. Ma….
— Tú puedes Sarada, Papá… papá. —comenta con ternura su madre.
— No, mamá… mamá. —comenta su padre.
—Ma…. Ma…. Pa… ma. —la bebé estira sus manos a ambos y bosteza.
—Estás cada vez más cerca, shannaro. —Sakura levanta sus puños con una mezcla de entusiasmo y frustración, luego acaricia el cabello oscuro de su hija.
— La llevaré a dormir. —Sasuke la levanta con cuidado y se dirige a alistarla para descansar.
La ojiverde los observa desde sus espaldas con emoción, jamás se cansaría de agradecer que su vida se encuentre llena de tanto amor. Están prontos a celebrar un nuevo cumpleaños de su esposo, un evento que genera diversos pensamientos y sentimientos para sí misma. Un año atrás se encontraban ambos casados hace poco tiempo y en desarrollo de una importante misión a través de los distintos países. Su situación varió en muchos aspectos en la actualidad, se encuentran establecidos en su aldea natal, rodeados de muchos seres queridos, en su propio hogar, criando a una bellísima Uchiha. Cuanto le encantaría que todo esto fuera compartido por Itachi y sus padres, que vieran a Sasuke tan feliz y rodeado de cariño como lo está en la actualidad.
Sakura ha visitado el cementerio Uchiha en muchas ocasiones, desde que lo fundó su antiguo profesor posterior a la cuarta guerra, y luego para entregar sus respetos, sin embargo, no lo ha ido ninguna vez desde que regresaron a la aldea para establecerse como familia, además desconoce si el azabache lo conoce. Se siente torpe por no haber pensado en esto con anterioridad, ¿Cómo es posible que nunca le haya mencionado sobre esto a su esposo? ¿Por qué no ha ido junto a su hija para presentarla a sus antepasados?, son muchos aspectos que ha olvidado a causa de su felicidad, enfocarse en criar y disfrutar su tiempo junto a ambos.
— Estás preocupada. —acaricia suavemente el entrecejo de su esposa.
— Sasuke-kun… —respira hondo para calmar su agitado corazón—. ¿Conoces el cementerio Uchiha?
La pregunta lo sorprende, no creyó que aquello estuviera en los pensamientos suyos en este preciso momento, siempre resultaría un misterio todas las ideas que cruzan por la mente de su esposa. Baja su mano para abrazarla, mientras observan la luna sobre el oscuro cielo.
— Sí, lo conocí hace poco mientras caminaba por el bosque. —cierra sus ojos un momento para recordar su promesa autoimpuesta.
— ¿Podemos ir pronto los tres? —cuestiona impaciente—. Deseo presentar mis respetos como tu esposa. —sus mejillas se tornan de un intenso carmesí—. Además de presentar a Sarada con su tío y abuelos. —acomoda su cabeza sobre el hombro de él.
—Me encantaría. —voltea su rostro y besa los cabellos rosas.
— En caso de que no tengas ninguna misión asignada podríamos ir este domingo.
— Está bien. —sonríe ladinamente, está contento de este plan familiar—. ¿Estás más tranquila? —se separa un poco y levanta el rostro de ella desde el mentón, quiere asegurarse que en aquellos jades que no exista más tensión de su parte.
— Sí, ahora que hemos planificado esto, estoy más tranquila. —besa la mejilla de su esposo.
— ¿Debes revisar el historial de algún paciente?
— No, hice mi trabajo mientras Sarada tomó su siesta en la tarde. —alterna su vista entre el suelo y los impares ojos—. Esperaba estar desocupada para poder compartir contigo, aunque sea recostarnos en caso de que estés cansado.
— No estoy cansado. —besa la comisura de sus labios—. Cuéntame sobre tu día.
— Te contaré sobre mi día en el hospital. —abraza a su esposo —. Y creo que ha Sarada no le gustan los alimentos rojos. —ambos se miraron confundidos—. Te explicaré mis observaciones.
Cada vez que se separan, la noche se transforma en su aliada. Se actualizan respecto a todo aquello que se perdió el otro durante su ausencia, sobre todo lo que respecta a la niña que refleja todo su amor y profunda conexión. Siempre la conversación está acompañada de sus caricias y besos, en la intimidad de ambos el afecto físico nunca estará de más.
Por fortuna el azabache no fue asignado a ninguna misión el fin de semana, mientras que la ojijade organizó estos días como libres en el hospital, por lo que solo en caso de una emergencia la contactarían para que asista. Ella se levantó muy temprano a cocinar distintos platillos para llevar al bosque.
Sasuke se despertó a causa del olor peculiar de una sopa que disfruta mucho, estiró su brazo al sentirlo más frío, por lo que observó la cama vacía con desgano, pues disfruta ver su rostro con los rayos del alba, acariciar su cabello y abrazarla hasta que despierte. Al dirigirse a la cocina se encontró con su esposa de espalda a él, usando su delgado y corto pijama para esta época, junto a las amarras del delantal en su espalda. Cubrió su boca para ocultar su coqueta risa, esto le trajo a su mente la primera mañana como casados, aunque en ese momento su vista fue bendecida con su desnuda piel. Se acercó y cruzó su brazo a través de su cintura, besó su cuello y dejo su cabeza recostada en su hombro.
— Buenos días. —su voz aún es más grave a lo usual al despertar.
— Buenos días, Sasuke-kun. —deja el cuchillo en la mesa y acaricia el oscuro cabello que hace cosquilla en su cuello—. Estaba tan concentrada que me has tomado por sorpresa. —se ríe.
— Estás muy inspirada con los platillos.
— Creo que me sobrepasé. —rasca su cabeza con un gesto de vergüenza—. Llevaremos algunos para comer en el bosque, tendremos un día de picnic aprovechando que el clima está agradable y estaremos por allá. —sus ojos brillan con expectación—. Desayunaremos algunos, y supongo que los demás los guardaré para comer al regresar.
«Si no fuera por Sakura, creo que Sarada no tendría tantas posibilidades de generar recuerdos tan alegres. ¿Será una habilidad de madres?, porque mi madre también era así…. No, ella siempre ha sido así, cálida, con una capacidad increíble de cariño por entregar de forma desinteresada», en sus pensamientos es regular la admiración por su mujer.
— Despertaré y cambiaré a Sarada, mientras terminas con los platillos. —besa la mejilla y comisura de sus labios—. Me apresuraré para que desayunemos. —con agilidad se dirigió al cuarto de la niña.
— Ma…. pa…..ma… —entre sollozos la bebé levanta sus brazos buscando a sus padres.
— Te has despertado antes. —acelera el paso y la. levanta con cuidado—. Perdón por llegar tarde Sarada. —se acerca a la ventana, y con ayuda del brazo del Susanoo abre las cortinas y el vidrio para dejar entrar la brisa matutina—. Mamá está preparando muchas cosas para que tengamos un día en el bosque. —al estar a solas, le resulta sencillo hablarle, no comprende porque le avergüenza un poco frente a la kunoichi, pero le resulta más complejo—. ¿Te sientes mejor? —solo quedaba un puchero en su rostro—. No pongas esa expresión triste. —jamás creyó que la tristeza de una persona le afectaría de sobremanera a su corazón.
Limpió con un paño húmedo el cuerpo de la pelinegra y con rapidez cambió su ropa, prestó atención al sonido de la cocina, aún estaba terminando unos platillos, por lo que se dirigió a la sala y sentó a la pequeña a su lado en el sillón.
— Mamá. —su mirada llena de determinación observa a la ojinegra—. Será lo primero que digas Sarada… Ma…
— Ma…
—Mamá… Ma-ma, ma-ma.
—Ma… ga…
—¿Qué están haciendo ustedes dos? —pregunta con cautela desde una pared—. ¿Qué le estás enseñando cariño?
— No te preocupes. —se acomoda con la pequeña en brazo, llena de energía al ver el cabello rosa.
—Buenos días preciosa. —la cambia a sus brazos—. A la sopa le falta un poco, así que amamantaré a Sarada mientras tanto. —se sienta a su lado para alimentarla.
.
.
— ¿Tan temprano de paseo? —cuestiona el peligris al llegar frente a ellos— Hola pequeña. —saluda con la mano a la pelinegra.
— Iremos a entregar nuestros saludos. —responde la médico con entusiasmo—. No hemos ido a presentarnos con Sarada.
— Me alegra que vayan, es bueno hacerlo en días como hoy. —sonríe bajo su máscara.
— Es verdad, estoy contenta de poder hacerlo hoy. —la ojiverde coincide contenta, mientras que su esposo no comprendió sus comentarios.
— Nos vemos. —realiza un movimiento con su mano y continúa su camino.
— ¿Por qué tan contentos por hoy?
— Porque es un precioso día. —sonríe con complicidad—. El sol ya está en lo alto, el aire veraniego es perfecto para una caminata temprano, por lo que es un excelente día para que Sarada esté de nuevo en el bosque que tanto disfruta.
— Hmp. —nota que hay algo que ha preferido no decir, sin embargo prefirió concederle aquello al no parecer algo urgente.
Caminaron con lentitud ante una extasiada niña en brazos, que observaba a todos lados con mucha expectación. Al encontrarse en el cementerio Uchiha, ambos saludaron las tumbas de Fugaku, Mikoto e Itachi.
— Lamento no venir con anterioridad. —la pelirrosa hace una pequeña reverencia.
— He traído a mi familia. —comenta con una sonrisa en sus labios y nostalgia en su corazón, cuanto le habría encantado que pudieran disfrutar de su nieta y sobrina, además de conocer a esta mujer tan amada por él.
— Es un gusto y me siento muy honrada por presentarme esta vez como Uchiha Sakura. —coloca su mano sobre el pequeño cuervo en la lápida—. Prometo que jamás le faltará amor a Sasuke-kun, y que nos encargaremos de llenar de felicidad todos sus días junto a Sarada, siempre tendrá un hogar con nosotras.
El pelinegro coloca su mano sobre la suya, se siente extraño y contento, es confuso aún para él que ella sea capaz de comprender toda la verdad de su hermano. Está seguro que ellos protegerán a ambas de cualquier mal que les pueda ocurrir cuando no se encuentre en Konoha. Activa el Susanoo para mantener a su hija en aquella firme mano morada que le resulta tan curiosa, mientras con Sakura se encargaron de limpiar las piedras. Al terminar su labor se adentraron en el bosque y se sentaron cerca de un río, bajo la sombra de un frondoso árbol. Estiraron una manta y se dispusieron a descansar y entretener a la pequeña.
Sasuke se encuentra acostado con sus ojos cerrados, sobre las piernas de la pelirrosa, junto a su hija durmiendo plácidamente sobre su pecho. Su antiguo maestro y la kunoichi tenían razón más temprano, es un gran día para una actividad así. Su respiración pausada se llena de la fragancia del bosque que tan bien conoce, junto a su favorito, el de su esposa con su largo cabello, parecía que transcurrió mucho más tiempo desde que estos olores se mezclaban en su ser, traen tantos recuerdos y felicidad en su mente.
— Cariño... —susurra mientras con sus dedos remarca suavemente su rostro.
— ¿Hm? —levanta levemente su cabeza para hacer énfasis en que la escucha.
— Feliz cumpleaños.
¿Feliz cumpleaños?, ¿Pasó un año así de rápido? Sorprendido abre sus ojos con cuidado para acostumbrarse a los pequeños rayos de luz que se filtran por las hojas que se balancean con el viento. Los orbes jades resplandecen, aunque estén a contra luz, están acompañados de una expresión de ternura y alegría. Su mano se mueve antes de ser consciente de su acción, la levanta y con la yema de sus dedos acaricia su mejilla y sus labios, luego baja con lentitud acariciando un mechón rosa. La piel de porcelana suya varía con un tono carmesí, como le encanta ver ese color en su rostro.
— Gracias, Sakura… por todo. —su voz grave y en voz baja expresa todos los sentimientos positivos que no es capaz de desenvolver en palabras.
— También te amo tanto Sasuke-kun. —alcanza sus labios con sus dedos como equivalencia a un beso, para no despertar a su hija durmiendo sobre él.
En el momento que Sarada se despertó, el calor comenzaba a ser más intenso, por lo que los tres se metieron al río y jugaron con el agua fría. Luego secaron con cuidado a la bebé y cambiaron su ropa, ellos no se mojaron mucho más que las piernas, por lo que se secarían con un rato al sol. Almorzaron y conversaron hasta el atardecer de trivialidades y la pelirrosa le enseñó el nombre de algunas flores a la pequeña. El día transcurre veloz cuando están en paz y disfrutando entre ellos.
Sakura se nota impaciente en el camino de regreso, aunque intenta mantener un ritmo tranquilo, sus manos están inquietas a sus costados. Definitivamente algo oculta.
— ¿Me vas a decir qué ocurre?
— ….
— Sakura…
— Tranquilo.
— Sakura.
— Sarada pedirá comer pronto, será mejor que lleguemos a casa.
— Estoy seguro de que no es esa la razón de tu fallido intento por ocultar ese entusiasmo infantil, como si hubieras hecho algo malo.
—… —apresura más su paso, y casi como si fuera un trote, ambos llegan a su destino.
— ¡Feliz cumpleaños Sasuke!
— Felicidades Sasuke-kun.
— Felicidades Sasuke.
La familia Uzumaki y el Sexto se encontraban en el lugar, con la comida lista y un pastel de celebración, que comerían todos a excepción del festejado. Transcurrieron siete años desde que tantas personas lo esperaban y felicitaban por su cumpleaños, y sin darse cuenta, prácticamente veinte años desde que sentía esta calidez hogareña y celebrar en su casa. Se siente abrumado, avergonzado de sí mismo por esta reacción y feliz, no considera que merezca tanto afecto de otros en su vida, pero aún así se siente lleno de gratitud y alegría.
— Hmp. —sonríe de lado, con cierta soberbia y timidez al mismo tiempo.
— Muchas gracias Hinata, por ayudarme con la comida.
— No fue ningún problema Sakura, la verdad es que tenías gran parte avanzado en el refrigerador, solo tuve que traer el pastel.
Resultó ser una cena llena de energía, bromas y cariño, Sarada y Boruto aquel día pelearon y disfrutaron de la compañía del otro, lo que les parecía muy cómico a la pelimorada, la ojiverde y el Hatake. Sin duda reflejan la misma actitud entre sí como la de sus padres cuando pequeños, casi como si viniera impregnado en sus células este actuar, no pueden imaginar como será cuando ya puedan hablar y discutir entre sí.
Sin dudas para Sasuke se transformó en el mejor cumpleaños que ha vivido.
