Sasuke POV
Las misiones nocturnas me parecen más sencillas que las de día, puedo camuflarme mejor a causa de mi ropa y cabello oscuro, prefiero realizarlas en la oscuridad. Jamás creí que podría considerarlas ahora tan irritantes. En este instante podría estar en casa junto a mi esposa, y no a la mitad del bosque por una inútil misión que pudo haber realizado cualquier otro shinobi disponible en la aldea.
— Tsk.
¿Cuánto me dolerá separarme de ellas por más tiempo?, no quiero imaginar a ambas llorando por mi ausencia, ni pensar en la soledad que me llenará al estar lejos de su lado. Estoy seguro que también lloraré por su lejanía.
— Solo un idiota creería que un Uchiha puede mantener una familia feliz. —una voz resuena a mi alrededor, es similar a la técnica de Kou, me resulta familiar el timbre, pero no logro identificarla.
— ¿Quién demonios eres? —activo mi Sharingan, aunque no consigo determinar su posición.
— Lo descubrirás en breve.
— Sal de donde sea que estés. —descubro mi Rinnegan, estoy impaciente, aún no descubro donde está.
— ¡SASUKE!
Un clon de Naruto sale de entre los árboles, su rostro posee una expresión de dolor que no he visto antes, sin duda algo terrible ha sucedido. No… una tragedia ha sucedido a alguien importante para mí, mi familia está en problemas. ¡Maldición! no puedo abrir un portal y llevar lo que sea que estuvo aquí un poco antes a ellas. Necesito llegar rápido, pero mi velocidad no es suficiente para mi apremio, mis pensamientos son inestables, no consigo pensar con claridad.
— ¿Qué le ha pasado a Sarada y Sakura? —las palabras apenas salen de mi boca mientras corro por el bosque.
— No creo que sea bueno que te…
— ¡QUÉ DEMONIOS LES HA PASADO NARUTO! —necesito información con urgencia.
— Nosotros… —su ceño se frunce y percibo la única señal que no deseo ver, el temblor de ira y pena en su labio.
Consigo aumentar mi velocidad a causa de mi desesperación, ellas deben estar a salvo, es muy difícil que Sakura mu… no, no, ella está bien y ha protegido a Sarada.
— No. —Kakashi frena mi paso al estar cerca de casa, simplemente empujo exaltado su brazo—. No Sasuke, no vayas allí ahora.
— ¡DÉJAME EN PAZ KAKASHI! —lo alejo con el brazo del Susanno, siento como la sangre hierve cerca de mis ojos.
El aire es sumamente pesado y asfixiante, la luna está en lo alto, y la oscuridad abarca todo a su alrededor, cada pequeña parte de mi ser percibe terror, y deseos de salir de allí, es un maldito flashback de la masacre de mi clan. Quiero vomitar, no toleraré volver a ver algo similar otra vez.
— Sakura…
Sus ojos, aterrorizados y apenados, han perdido el brillo, su piel y largo cabello están empapados de su sangre en el piso. A su lado está de pie una mujer de cabello oscuro, con su ropa roja y el símbolo de nosotros, en su mano aún mantiene activo el Chidori.
— ¿Sa-Sa-Sarada?
Mi mente y cuerpo son como un témpano, mis ojos no logran enfocar bien, me siento mal, esto no puede ser real. Mis piernas flaquean, consigo sostenerme con mi espada apoyada en el piso.
— Los Uchiha no podemos tener una familia feliz, papá. —esa es la misma voz de antes.
— ¿Por qué lo has hecho? —apenas consigo susurrar para comunicarme.
— Necesitaba tener los mismos ojos que tú para poder enfrentar a los enemigos que nos acechan, y te necesito para que me enseñes a utilizar bien este poder.
Voltea un poco su rostro, destaca el brillante carmesí con una lágrima a punto de caer. No, no, Sarada no puede hacer esto, ella necesita a su madre… Sakura… yo… la necesito…
El sudor frío está por todo mi cuerpo, trato de respirar, pero no siento nada de aire que circule por mi interior, solo un dolor agudo y al mismo tiempo vacío.
— ¡Sakura!
— Sasuke-kun, estoy aquí. —siento su dulce mano sobre mi rostro—. Has tenido un mal sueño.
Me giro bruscamente y la abrazo con fuerza, siento su aroma y su calor otra vez. Me alejo e inspecciono todo su cuerpo, debo asegurarme que esto sí es real, veo el rubor en su rostro y la luz en sus ojos, su red de chakra también está intacta. Mi esposa está bien, solo fue una horrorosa pesadilla.
— ¿Qué ocurre cariño? —me observa con preocupación, mueve el cabello sobre mi rostro.
Aún estoy conmocionado por lo que vi. Simplemente la acerco nuevamente a mi cuerpo y la beso con desesperación, necesito sentir todo su calor, percibir su corazón veloz al encontrarse nuestro pecho, sé que está preocupada debido a mi precipitado despertar, estaría igual si ella se incorpora así a mitad de la noche.
— Sasuke-kun. —se separa un momento para recobrar el aire, quiere saber qué ocurre conmigo.
— Ahora no.
Mi mirada debe reflejar la angustia y deseos de guardar silencio, ya que luego de observarmos fijamente unos segundos, asiente y aprisiona otra vez mis labios. "Lo hablaremos mañana", sin duda solo podré posponer esta conversación durante la noche, no es suficiente, pero me basta. No puedo pensar con claridad todavía, solo puedo expresar de esta manera mi deseo de estar junto a ella.
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La pelirrosa se levantó con bastante sutileza y agilidad, evitó despertar a su esposo y se encargó de levantar a la pequeña pelinegra. Sin duda tuvo una pesadilla terrible durante la noche, y está segura que tiene que ver con ella a causa de su reacción, le parte su corazón recordar esa expresión llena de dolor y tristeza en su esposo. Elaboró los platillos favoritos de él para animarle, y vistió a Sarada con la ropa más linda que posee. Fueron ambas a la habitación cuando todo estuvo listo, se acostaron a su lado, con su hija entre ellos, bastaría unos minutos a que despertará con la entusiasmada ojinegra queriendo que su padre la salude.
— ¿Sarada? —abre sus ojos confundido ante las pequeñas manos tocando su rostro.
— Pa… —risueña intenta hablarle.
— Hola. —sonríe de vuelta y atrapa una de sus manos entre la suya.
— Buenos días, cariño. —levanta un poco su cabeza para observar esos ojos dispares llenos de ternura—. Vinimos a despertarte con Sarada, para que nos acompañes a desayunar, preparé tus favoritos.
— Gracias. —estira su brazo para acariciar con su índice la zona alrededor de esos jades, le parecían más bellos que otros días.
— Aunque nos podríamos quedar así un poco y luego caliento lo que sea necesario.
Levanta a la niña con cuidado, y la recuesta sobre el pecho de su padre, luego se acerca a él y remarca la silueta de la pelinegra, para que no se cayera. Dichoso el azabache acarició el brazo de su esposa, está contento, y por este instante pudo olvidar las horrendas imágenes que lo atormentaban desde hace algunas horas.
— Debo ir al hospital hoy, no recuerdo que tengas alguna misión programada, pero en caso de que te llame Kakashi-sensei, puedes dejar a Sarada con mis padres.
— Me quedo con ella, la llevaré conmigo a entrenar.
Sasuke entrenó junto a Sarada muy adentro en el bosque, pues debe procurar estar en zonas alejadas de las personas, para evitar cualquier accidente. Se sentía ahogado y con una mezcla de ira y tristeza aún en su corazón y pensamientos, debía descargar todo esto con una actividad que le guste y lo desgaste, debe mantenerse ocupado. Aoda se encarga en estas situaciones de proteger a la pequeña en caso que algún trozo de árbol o suelo se dirigiera a ella, quien se divierte al ver moverse a la serpiente a su alrededor. De igual modo el Uchiha procuraba no enviar nada a esa zona.
—¡Hola Sasuke! —entre los árboles aparece en modo sennin con Boruto en los brazos, mientras Aoda estuvo a punto de atacar.
—A él no. —dijo el pelinegro mirando de reojo a su invocación más atrás suyo—. No te aparezcas como si nada cuando estoy entrenando, menos con tu hijo en brazos. —suspira pensando en lo descuidado de su amigo por ir de ese modo a mitad del bosque.
— Todo está bien, Boruto se divierte mucho así. —sonríe y lo levanta al cielo—. Hinata vendrá más tarde, puede que con Sakura-chan, ahora que sé que estás aquí también. —se rasca la mejilla—. Va a llevarle unos regalos que tenemos para Sarada al hospital, ya que hoy le tocaba asistir, pasamos por su casa antes, pero notamos que estaba vacía.
— Tenía una cirugía sencilla, más tarde nos encontrará aquí.
Se acerca a revisar a su hija, debe mantenerse concentrado en el paso del tiempo cuando lo acompaña a entrenar. Al hacer esto desde pequeño a diario, suele pasar por alto cosas básicas como comer o hidratarse, solo se percata de ello cuando es realmente severa la sensación de hambre o sed. Sarada necesita todos los cuidados desde él y su esposa, ya que aún no puede ser autosuficiente.
El Uzumaki armó un clon para que se sentara con su hijo junto a la serpiente. Sabe que solo acepta órdenes del Uchiha, y que no aceptará que Boruto estuviera con él, es tan sobreprotector que no querría que se desvíe la atención de Aoda en los más mínimo, y Sarada quedase con algún espacio vulnerable.
— Hace tiempo no entrenamos los dos. —comenta el ojiazul lleno de emoción y una mirada desafiante.
— Sí.
— Vayamos en serio. —golpea su mano empuñada en la otra palma.
— No seas idiota. —observa hacia los niños.
— Tienes razón. —se rasca la cabeza—. Un cincuenta por ciento será suficiente.
— Hmp. —se acomoda para pelear.
El enfrentamiento es rudo cuando se trata de ambos, se exigen constantemente e intentan superarse. En estos momentos se realza su espíritu competitivo, aunque deben estar más consciente de su entorno, pues nada puede alcanzar a los pequeños; aunque se encuentren junto a alguien capaz de protegerlos, no pueden pensar si quiera en hacerles daño por error.
Pronto la pelea comenzó a intensificarse, y pese a que ninguno se encontraba en peligro, los pequeños comenzaron a impacientarse, no veían contentos a sus padres, quienes además solo se golpean entre sí. La azabache está más inquieta, Aoda intenta calmarla, pero ella se mueve para ver entre los espacios que quedan disponibles. Comienza a armar un puchero y a golpear con sus diminutas manos las escamas a su alrededor. Balbucea tratando de llamar a su padre, quien de reojo observa preocupado su comportamiento, se cuestiona si ya ha pasado mucho tiempo y es necesario mudarla.
— ¡Papá! —grita entre su llanto.
Tanto el corazón como la respiración de Sasuke se detienen. Se suponía que su primera palabra lo llenaría de orgullo, pero solo le generó pavor. La pesadilla que lo despertó se sentía más real ahora, sin duda no es la misma voz más madura que escuchó, pero escucharla llamarle fue suficiente para detonar el terror de oírla así luego de asesinar a su madre para obtener el Mangekyou Sharingan.
Corre hacia su hija cuando recobra sus sentidos, no puede pensar es esa hipotética tragedia, ella lo necesita en este momento. La levanta con agilidad y acerca a su pecho para calmarla.
— Todo está bien, tranquila. —la mece con cuidado.
— ¿Qué pasó? —Naruto pregunta lleno de preocupación, mientras se acerca a revisar a Boruto.
— Tomemos un descanso. —se voltea a buscar algunas cosas a su bolso.
Luego de la interrupción no volvieron a entrenar, ya que sus hijos estaban sumamente activos con ellos, por lo que aprovecharon de comer los bocadillos que llevaron desde sus casas.
— Que emocionante que Sarada ya haya dicho su primera palabra. —comenta mientras come—. ¿Cómo te sentiste la primera vez que te llamó "papá"? Yo estaba tan emocionado cuando escuché a Boruto llamar a Hinata "mamá", y aún estoy esperando ansioso que me llame directamente. —le hace cosquillas al pequeño rubio como una forma de descargar su ansiedad.
— ¿Puedes comer con más cuidado? —empuja irritado algunas migajas que cayeron sobre su ropa—. Recién dijo su primera palabra. —agrega con tensión en su mirada.
— ¿RECIÉN? —se atraganta con tu comida— ¡Hemos sido testigos de la primera palabra de Sarada! —levanta las manos de su hijo a modo de celebración— ¡Bravo! —ambos niños se ríen por las expresiones graciosas del Uzumaki.
— Tsk. —sigue pareciéndole innecesario cuando levanta tanto la voz cuando está entusiasmado.
— Sakura-chan estará triste por no poder haber escuchado. —cruza sus piernas y coloca su mano bajo el mentón mientras reflexiona—. No le digas, finge que no lo ha dicho y actúa como si fuera la primera vez cuando Sarada lo diga con ella presente.
— Mi esposa no es estúpida, y puedo compartir el recuerdo con mi Sharingan.
— No es lo mismo. —suspira—. No es solo por ella, también es por ti.
— ¿Por mí?
— ¿De verdad te quieres perder su reacción llena de emoción y entusiasmo por escuchar a su hija hablar por primera vez?
Naruto tenía razón. Solo en los intentos fallidos de la azabache por decir su primera palabra, a la pelirrosa se le llenaban los ojos de brillo a causa de su expectación, y sus manos de forman en un puño cerca de su boca. Este gesto lo ha mantenido desde que eran pequeños, y a él le resulta encantador. Será un mejor recuerdo también, ya que ahora no pudo emocionarse al estar enfocado en su temor.
— Hmp.
— Eres tan orgulloso. —se ríe y continúa comiendo—. Nadie te molestará por mostrar más emociones frente a los demás.
— Mejor concéntrate en tu hijo que está solo yendo hacia el árbol.
— ¡Boruto! —corre hacia el pequeño que se arrastraba por su cuenta sin supervisión.
Aceptará el consejo de su mejor amigo y fingirá que Sarada no ha dicho nada aún, aunque Sakura note que su reacción no es auténtica, puede que piense que es debido a su extraño ánimo desde anoche. Debe permitirse sentir alegría por un momento tan importante de su hija, pero al mismo tiempo afrontar todo aquello que desea fingir que no existe.
No puede posponer ni la explicación de su pesadilla como aquella conversación que omitieron sobre el futuro de Sarada como Uchiha. Sakura y Sasuke deben tener una honesta y cruda conversación sobre su hija, y acerca del pasado del pelinegro; tienen que tomar varias elecciones sobre qué, cuándo y de qué manera le revelarán aquella información tanto de su clan como de su padre.
