Cuando ya era tiempo de cenar, las familias Uzumaki y Uchiha se separaron para dirigirse a sus hogares para tener un tiempo a solas. Naruto había insistido en que fueran a cenar a su casa, Hinata estaba entusiasmada con la idea también, pero la ojiverde desistió con muchas disculpas de la invitación en esta oportunidad. Era evidente para Sasuke que fue una mentira todo lo que les dijo sobre lo cansada que estaba a causa de la operación del día de hoy que realizó. Sakura desea tiempo a solas para conversar con calma lo que ha ocurrido con él desde anoche. Finalmente acordaron que irían en algún día de la semana a visitarlos sin duda.

— Te divierte mucho salir con papá a entrenar. —sonríe mientras retira su ropa para darle un baño—. Siempre llegas llena de tierra por explorar con Aoda, será mejor que te limpie antes de dormir. —toma un pijama limpio y se dirige con calma a darle a un baño.

—Prepararé un té. —menciona el ojinegro en voz alta para que la escuche mientras se aleja de allí.

Está nervioso, no sabe cómo comenzar a hablar de un tema para nada grato. ¿Cuál es la mejor forma de decir que vio como su hija adolescente la había asesinado? ¿O el terror que le causa que lo haga en el futuro para conseguir el Mangekyou Sharingan?

El sonido chirriante de la tetera lo desvió de sus pensamientos. Con cuidado colocó un poco de té negro y añadió el agua hirviendo en movimientos circulares. Bebe un poco, pero el amargor y calor no es suficiente en este momento, añora un poco de sake para quitarse los nervios con rapidez. Se levanta y abre la puerta corrediza hacia el patio, no importa que el frío sea más alto en la noche, necesita ese viento helado sobre su rostro para serenarse.

Cierra sus ojos e intenta suavizar su respiración, no consigue bajar su guardia pese a estar en una zona segura. Se concentra en un pequeño sonido a la distancia, y ese chakra que lo tranquiliza súbitamente. Su esposa está cantando la canción de cuna que en ocasiones utiliza cuando la pequeña pelinegra está cansada y se rehúsa a dormir. Escucha el sutil tarareo del final, por lo que su misión fue un éxito, percibe sus pasos y cálida energía moverse hacia la cocina. Por su parte él falló en su tarea, había olvidado por completo el té que ya debe estar helado.

— Traje un poco de fruta y más té, cariño. —acomoda una bandeja en el piso a sus espaldas y se sienta junto a él.

— Gracias.

— Debemos hablar sobre lo que pasó anoche.

— Lo sé. —suspira.

— Sé que ha sido algo duro, debido a tu reacción al despertar, y tu mente ha estado pensando en ello todo el día. —coloca su mano sobre la suya y con su pulgar acaricia el dorso—. Comencemos con la pesadilla, ¿Qué pasaba conmigo en ella?

— Yo… —suspira nuevamente y aprieta la pequeña mano de ella entre la suya—. Fuiste asesinada.

— ¿Me asesinabas tu o alguien más cercano a nosotros? —intenta sonar serena, pero es difícil no recordar aquel momento en el puente.

— No era yo.

— ¿Quién entonces?

— Sarada… ella te asesinaba siendo adolescente, para activar el Mangekyou Sharingan. —su expresión es amarga, tanto en sus labios como en sus ojos.

—Oh.

La pelirrosa respira con pesadez, traga con lentitud y se queda en silencio, no esperaba para nada esa respuesta. Comprendió la angustia que notó en él durante la jornada, y que tendrán que conversar sobre sus temores respecto al pasado de la familia y el futuro de su hija, desglosar todo aquello que conlleva ser una Uchiha. El ojinegro tensa la mandíbula al observar esa expresión de temor y ansiedad en ella, tampoco quiere dialogar sobre este tema.

— Ya veo porque estás así. —acaricia su mejilla—. Estoy segura que Sarada no me asesinará en un futuro. —escuchar esas palabras en voz alta, eran sumamente incómodas para ambos—. Aunque… —suspira—. No puedo asegurar que en algún momento evolucione su técnica por ver morir a alguien preciado para ella. —mira hacia el suelo con tristeza por imaginarla sufriendo al perder a una persona muy querida.

— O asesinar a alguien más. —cierra con fuerza sus ojos, y trata de ahogar la náusea en su interior.

— Sarada no asesinará a nadie por conseguirlo. —responde con firmeza y molesta, no puede creer que piense en esa posibilidad—. Es nuestra hija.

— ¡Por eso mismo! —exaltado coloca su mano sobre su frente, no puede verla ante su vergüenza—. Es hija de un asesino, de un Uchiha que tiene estos ojos debido a la sed de venganza.

— ¡No digas eso Sasuke-kun! —se coloca frente a él y toma su rostro con firmeza, para obligarle a verla—. Fuiste engañado, seguiste siendo una víctima hasta el final, aunque Itachi lo hizo para protegerte, de igual forma se equivocó en no ser honesto contigo.

— ¡Yo fui quien tomó la decisión de asesinar para potenciar mi poder! —se aleja con brusquedad hacia el interior de la casa.

— ¡Sasuke-kun! —lo jala fuerte del brazo—. Sí, tomaste esa decisión, pero también te arrepentiste y buscaste la redención, no seas completamente duro contigo.

— ¡Casi te maté! —se suelta y la mira con su Mangekyou activado—. Estuve a punto de asesinarte con estos ojos.

— Tú lo has dicho, casi. —se observan desafiantes y enojados—. Así como a Naruto y Kakashi también, intentaste cortar los lazos con las personas que más aprecias porque no querías ser engañado otra vez, lo mejor era sufrir de una sola vez como sabías la verdad sobre Itachi. Tu mente y emociones estaban desorientadas, fue una respuesta a tu trauma.

— Eso no quita el hecho de que pude asesinarte, y que Sarada lo haga algún día. —empuña su mano a causa de la ira.

— Ella no lo hará, porque es nuestra hija. —toma el puño entre sus palmas para calmar su temperamento—. Seremos honestos con Sarada.

— No. —voltea su rostro tratando de ocultar su mirada—. Sarada no puede saber sobre la masacre.

— ¡No cometeremos el mismo error de engañarla! —no puede entender esta decisión de su parte considerando todas las consecuencias que trajo en su vida—. Por supuesto que tendrá dudas sobre el pasado de un prestigioso clan del que solo quedan ustedes dos como sobrevivientes.

— Se lo diremos cuando sea mayor.

— Ella preguntará cuando esté creciendo, es normal querer saber sobre sus padres, sobre su familia.

— ¡No quiero que ella conozca mi pasado!

Sakura comprendió qué era precisamente lo que más lo acompleja sobre este tema. Está aterrado de que su hija lo juzgue, e incluso lo desprecie, está avergonzado de lo que ha hecho y no quiere que ella deje de amarlo a causa de ello.

Al relatarle sobre el pasado del clan Uchiha, se tendría que hablar de como su tío fue considerado uno de los mayores criminales buscado en todos los países, en cómo su papá reaccionó ante esto, y como finalmente fue quien acabó con la vida de su hermano, lo que culminaría en conocer todos los crímenes que cometió.

La pelinegra adora a padre, se alegra cada vez que comparten, disfruta de su compañía y se nota cuanta felicidad siente debido a él. Sasuke no quiere que esta relación se destruya a causa de su pasado, no desea perder este lazo tan bello que poseen.

— Cariño… Sarada nunca dejará de amarte, ella te adora profundamente.

— Podría detestarme al saber todo.

— No lo hará, estoy segura.

— ¿Cómo puedes asegurar esto? —voltea a verla nuevamente, con una expresión afligida.

— Porque es mi hija. —sonríe y lo abraza fuertemente—. En un inicio puede que se sienta confundida, pero lo comprenderá, porque con nosotras eres gentil, afectuoso y alegre, te conoce como el cariñoso y preocupado padre que eres. —se aleja lo suficiente para ver su rostro—. Sarada solo ha recibido amor de tu parte.

Hasta su último aliento, Sasuke no se cansaría de agradecerle a su esposa todo el amor y abrigo que le ha dado a su desolada existencia, junto a momentos que los conectan aún más al compartir sus más íntimos temores, pero en esta oportunidad la duda no lo dejará confiar plenamente en ella. Anhela en cada pensamiento que su hija sea lo más parecida a su madre, pues de esa forma jamás cometerá las mismas equivocaciones suyas, y tendrá un espíritu fuerte para enfrentar y sobreponerse a los distintos eventos complejos que traerá su vida. El problema es que también podrá ser como él y causar daño a otros por su obstinación.

— También tengo miedo de lo que pueda pasar con ella, pues confío en que será como te mencioné, pero también hay un pasado importante en su sangre. —sus dedos aprietan la camisa en la espalda del azabache—. ¿Las reencarnaciones de Indra y Ashura se han acabado con ustedes o continuarán con Sarada y Boruto?

— No lo sé. —suspira y frunce su ceño—. Creo que eso ha terminado con Naruto y yo, pero… puede mantener las mismas motivaciones que Indra.

— No todos los Uchiha despiertan el Sharingan, y nuestra hija no posee ascendencia completa del Clan, y no podemos asegurar que quiera ser shinobi como nosotros…

Sakura quiere aclarar sus temores, pero al mismo tiempo prefiere evadirlos y aferrarse a las posibilidades positivas en su futuro, no quiere creer que aquella fatídica opción conforme el futuro de su preciada hija. Quiere confiar ciegamente en que su vida será como aquella que tuvo que haber tenido su padre, pues por nada del mundo permitirá que alguien la aparte de su lado mientras aún la necesite, de igual forma se asegurará que mientras exista alguna posibilidad, Sasuke siempre regresará con ellas, porque tampoco permitirá que Sarada sufra su pérdida.

— Sí… —desea creer en aquellas posibilidades que evitarán que se acerque a este camino.

La regla shinobi de apartar las emociones queda en unas simples palabras cuando se trata de los puntos sensibles de la persona, en este caso son dos para cada uno, su hija y su pareja. El pensamiento más que racional, resulta desde el corazón, e incluso como un placebo para seguir enfrentando el problema de frente. Lo que alimenta el espíritu de un ninja es romper esta regla, y por su familia lo harán incansablemente.

— Sé que esto es una utopía, pero creo que Sarada no será dirigida hacia la venganza y el dolor, no continuará con los objetivos de Indra ni la maldición del clan, ella crecerá en una época de paz, y seguramente ya con Naruto como Hokage, por lo que a quienes admire, serán personas con buenos propósitos y un espíritu lleno de esperanza. —sonríe—. Creo que ella tendrá la misma voluntad de fuego de Itachi y Naruto, pero sus decisiones no serán desafortunadas como las de tu hermano, ya que a su alrededor no tendrá presiones familiares ni hostilidad desde otras personas.

El azabache le daba la razón en esto a su esposa, pues sin duda estaría rodeada de las personas correctas, y con Naruto como Hokage, sin duda permeará en ella esta esperanza por la paz y el bienestar de todos, comprendiendo que es necesario el trabajo colectivo para ello. Itachi falló en creer que tendría que hacer este objetivo en solitario y cargar con todo por su cuenta, a diferencia del rubio que comprende la necesidad de confiar y trabajar junto a los demás. Tampoco le pondría presión por ser una ninja de élite, él sufrió aquello cuando pequeño, y no hará pasar a su hija por estas mismas frustraciones, sin duda ambos estarían para ella si pidiera que le ayudaran con su entrenamiento, pero ninguno le pondrá expectativas altas, si no que solo estarán para ayudarla y animarla, desean que escoja sus propios objetivos y no necesariamente que siga sus pasos.

— Cuando Sarada me pregunte por ti, le contaré de las misiones que hicimos juntos y cuanto atesoras los momentos con ella.

— Hmp.

— Eres tan tímido con estas cosas. —se ríe para intentar tranquilizar la tensión de ambos—. Te amamos tanto Sasuke-kun, siempre te esperaremos a tu regreso.

Se separa unos centímetros, y de puntillas se levanta para juntar sus frentes y nariz. Sentir su respiración y la tibiez de su rostro le resulta reconfortante a él.

Un llanto desde lejos los hizo moverse hacia el cuarto de la pequeña, quizás se despertó a causa del calor o sus voces.

— Perdón si te despertamos Sarada. —la levanta con cuidado mientras continúa llorando—. Todo está bien, con papá estamos aquí. —la mece con calma.

— Papá. —lo llama entre su llanto con sus brazos estirados.

Sakura abre sus ojos con mucha emoción y aguanta alzar la voz para no hacerla llorar más, en su rostro se refleja la gran emoción y entusiasmo por escuchar su primera palabra. Sasuke observa entusiasmado la expresión en su rostro, y sonríe de igual forma, sin duda su mejor amigo tenía razón, ver este rostro en ella era una de las cosas más emocionantes.

— Papá… —lo vuelve a llamar entre sollozos.

— Aquí estoy. —la cambia hacia su abrazo y ella se acomoda sobre su pecho—. Todo está bien.

En esta ocasión decirle estas palabras le generaba un nudo en su garganta, pues luego de la conversación de antes, sin duda que desea poder decir esto hasta que sea una adulta. Su brazo se coloca más firme sobre su pequeño cuerpo, anhela estar a su lado y protegerla cada vez que sea necesario. La ama incondicionalmente, y sabe que ella lo atesora también, por algo lo busca tantas veces cuando se siente temerosa.

La ojijade no resiste y solloza frente a ellos, está segura que su lazo nunca se quebrará, que sus corazones siempre estarán conectados pese a la distancia, y que su hija lo amará aún más de lo que lo hace hoy. Se acerca y los abraza.

En ambos brotan algunas lágrimas en silencio, mientras Sarada vuelve a dormir al sentir el calor de sus padres a su alrededor. Se había despertado por un mal sueño, y con ellos a su lado se sintió segura para volver a descansar.