V. Infiltraciones.
Martes 9 de agosto del 2011
Ya había pasado una semana desde el primer día de clases, todo marchaba bien salvo al trato que recibía Lucy y sus amigos. Cada vez que el grupo de porristas pasaba cerca de ellas se ganaban su desprecio, expresado en malas caras y comentarios hirientes. Juvia y Levi se sentían mal, en cambio, la rubia las ignoraba.
Mientras tanto en el campo de entrenamiento, los chicos del equipo de futbol americano descansaban cerca de las gradas mientras veían a las porristas practicar, unos las miraban por ocio y otros por morbo.
—Pero que sexi es Cana, mírenla, sí que sabe menearlas—comentó uno de los chicos.
—Cállate —respondió un moreno peliblanco —que si te escucha su padre te puede dejar en estado de coma.
—Uooh, pero que buenota está la Lissana…
Y no terminó de hablar porque recibió un golpe tanto de Elfman como de Natsu, el hermano y el novio eran celosos.
—Ni se te ocurra mirar a Lissana ¿te queda claro?
—Si…si —apenas contestó.
—Que problemáticos —susurró Gajeel.
El entrenamiento terminó y todos se retiraron: los chicos se fueron a sus respectivas recámaras, mientras que las chicas se cambiaban en los vestidores. Cierta albina estaba saliendo por la puerta trasera cuando de pronto unos brazos la acorralan a la pared, después una de ellas tomó su mejilla.
—Natsu —susurró mientras lo besaba sin pizca de inocencia.
El beso fue explosivo, dieron todo. Natsu empezó a bajar sus manos a sus piernas y justo cuando iba a meter la mano debajo de la falda, la albina lo detuvo.
—Tranquilo —dijo con voz entrecortada—, nos pueden ver, mejor en otro lado…
—No, quiero que sea aquí, desde hace mucho quiero… esto…
Natsu la volvió a besar, la chica le correspondió, admitía que le gustaba pero tenía miedo a que alguien los viera y los delatara, tuvo que armarse de valor para romper el beso y alejar a Natsu de su tembloroso cuerpo.
—Hablo en serio, aun no es el momento y yo… espera a que podamos, en serio, mejor vete.
El chico la miró confundido pero le dio la razón, le dio un tierno peso de piquito y se fue, se quedó con las ganas y ella ni se diga.
—Perdóname Natsu, pero aún no estoy preparada.
Natsu caminaba directo al edificio de artes, confundido por lo que cavaba de suceder. Gray le envió un mensaje para que fuera a ayudarle a limpiar unas estatuas, él aceptó porque era su amigo y no tenía tarea que hacer. Siguió pensando en Lissana cuando de repente se encontró con cierta rubia. La chica estaba en la ventana tomando aire fresco, llevaba el cabello agarrado en una coleta, pero algunos mechones ya la tenían afuera, estaba sudada y eso la hacía ver…
—¿Pero en que barbaridades piensas, Natsu? no porque este sudando, se ve ¿Sexi?
El chico se dio un golpe en la cara para que reaccionara, después se arrepintió y dio un grito de dolor, la chica lo escuchó y lo miró incrédula. Natsu la miró apenado y salió corriendo del lugar, después de correr tres salones más, exactamente en el de escultura, se apoyó en la puerta analizando lo que había pasado.
—Eso me pasa por quedarme con las ganas, Lissana, a la próxima no me dejes caliente, sino después caeré tan bajo que fantaseare con ñoñas no sexis.
Ya más tranquilo, entró al salón y ahí estaba el moreno con un pañuelo sacudiendo una de las obras de su profesor. Se dispuso a ayudarlo.
—Y ahora ¿Por qué estas limpiando? ¿Acaso también tomas clases de limpieza?
—Para tener el jueves libre —respondió mientras se bajaba de una tarima y enjuagaba el trapo con el que limpiaba—. Realmente tenía que limpiar el jueves y no quería porque es el último día y quedarse tarde como que no ¿Verdad?
—Me lo tendrás que recompensar bien —dijo su amigo algo molesto.
—¿Una noche de pasión? —bromeó el moreno.
—Ni que estuvieras tan bueno —le respondió la broma—. Hace rato vi a la ñoña y…
—¿La hablaste?
—No —respondió, pero Gray se dio cuenta que ocultaba algo en el tono en que le contestó.
El chico de nuevo se bajó de la tarima para acercarse al joven, le colocó su mano derecha en su hombro para decirle algo serio.
—No me salgas con que te gustó la rarita —dijo en tono serio.
—¡Qué! No, no, estás loco —dijo exaltado, recordó de nuevo la escena de verla en la ventana y empezó a sudar—. Estás loco Gray, yo… yo tengo novia y le soy fiel…
—Si como no, te dicen el fiel —dijo con ironía—. Sería interesante ver cómo te la ligarías si te llegara a gustar…
—Está bien, te diré que pasó…
Natsu le contó desde que intentó inducir a Lissana a tener relaciones adultas, se quedó con las ganas y la reacción que le hizo la rubia al verla despeinada y sudada, le dijo que solo era porque estaba caliente y no porque le gustara la chica.
—¿Tan urgido estas? —sólo dijo.
—¿Apoco desde aquella vez no te dan ganas de repetirlo? —preguntó pícaro—. Después de la primera vez se vuelve imposible la abstención.
—Eso es un mito —respondió serio—. Si realmente quieres a Lissana esperarías hasta que ella quiera, a mí se me hace que aún no está preparada, ya vez como son las mujeres, te recomiendo esperar o de plano acuéstate con la primera que se te atraviese…
—Eso jamás —respondió decidido—. Está bien, la esperare.
Y pasó la tarde rápidamente. Al día siguiente, en la hora del almuerzo, que era a la una de la tarde. El comedor estaba casi lleno, había mucho ruido pero cada vez que entraba la presidenta del consejo estudiantil, todo se calmaba. Atrás de ella iba el vicepresidente y otros integrantes del grupo que se encargaba de llevar un control entre los estudiantes y vocear las decisiones de los superiores. También en el grupo iban algunas porristas, entre ellas Cana y Lissana, su hermano Elfman y algunos del equipo de futbol como lo era Natsu y Laxus. Y por último, Erza. Ese grupo de personas se conocían desde la infancia, ya sea por la escuela o porque sus padres llevaban una amistad que los llevó a también formar una con los descendientes. Era llamado el grupo de los populares porque además de pertenecer a las porristas y al equipo de futbol, destacaban en sus calificaciones y la gran mayoría de ellos iban en los primeros lugares en el examen de admisión.
Se sentaron en las mesas de en medio del comedor, siempre las dejaban reservadas para ellos, principalmente porque la que quedaba justo en medio era exclusivamente para el presidente, en este caso para Mirajane, no era porque ella se los había pedido, pero era una tradición de Fairy Tail y se tenía que respetar. A los costados de las mesas se sentaron el resto que no alcanzo lugar en la mesa de en medio, entre ellos las porristas y los jugadores.
—Esto es una tontería, todos nos miran como si fuéramos bichos raros —comentó Gray.
—Esto es más incómodo que en Blue Pegasus ¿Acaso todos son así o qué? —agregó Erza.
Mientras tanto, en una de las mesas de la esquina, se encontraba el grupo que lo conformaban: Lucy, Juvia, Loki, Gajeel, quien ya se llevaba bien con ellos y Levi.
—Esto es ridículo —rompió el hielo el peli marrón—. ¿Qué se creen?
—No es que se crean —sugirió Levi—, pero todos aquí los tratan como Dioses. He oído mucho de eso antes de entrar.
—Juvia quiere sentarse con Gray
—¿No me digas que te gusta Gray? —Preguntó sorprendido Loki—. Que malos gustos tienes.
La chica jugó sus dedos por nerviosismo y Lucy la consoló, que el chico no estaba mal y que no le hiciera caso a la ofensiva. Miró hacia la mesa donde estaban y se cruzó con la mirada de Natsu, provocando que se sonrojara.
—Mira que tenemos aquí, ahora resulta que tú también quieres estar sentada en esa mesa —bromeó Levi.
Lucy se avergonzó más. Su amigo la miró pero se dio cuenta de que hablaba Levi y no lo tomó en cuenta. Gajeel solo mostró indiferencia.
—Y tú, Gajeel, ¿Por qué no estás con ellos?
—Porque son estupideces eso de la popularidad —respondió.
—Gajeel les cayó bien, por eso está con nosotros —agregó Juvia.
Después de la pequeña platica, siguieron comiendo a gusto. Después de almorzar se dirigieron a su última clase y finalmente continuar con los talleres. Cuando Lucy se dirigió al salón de teatro, un grupo de chicas, exactamente las que había visto en el comedor sentarse cerca de la mesa de Mirajane. Pasó a lado de ellas, pero una de ellas la tomó del brazo para que no se le escapara.
—Mira a quien tenemos aquí —dijo la chica que había tomado a Lucy—, el patito feo de la escuela.
—Suel…suéltame.
—¿Qué harás Cana? —preguntó fingiendo inocencia una chica peli verde.
—¿Qué quieren que haga con ella? Opinen, yo preferiría quitarle esos lentes horrendos, me causan nauseas cada vez que los veo.
—Golpéala —sugirió una de ellas.
Cana empujó a Lucy hacia la pared, quedando hincada frente a ella, entonces se pone a su altura frente a ella para tomarla de la barbilla.
—Tienes bonitos ojos, pero eres patética.
Entonces la tomó de sus hebras doradas, Lucy intentó contenerse y no gritar, no quería armar un escándalo y ser solo la víctima, que le tuvieran lastima, pero cuando Cana estaba a punto de darle un golpe en el abdomen, cierto moreno le tomó la mano.
—Que interesante pelea de viejas —dijo mientras Cana lo reconoció y la soltó.
—¿Por qué interrumpes mi diversión?
—¿Interrumpir? Yo no dije que pararas, sino te iba a sugerir que te la llevaras a las bodegas, sean más discretas, aquí las pueden expulsar.
Cana lo miró molesta y se dio cuenta de la indirecta. Ordenó a las demás chicas irse. Ya cuando el pasillo estaban más que el chico y ella, el joven la tomó del brazo y la levantó del piso.
—¿A caso no tienes brazos para defenderte? —preguntó regañándola.
Lucy no se había dado cuenta quien la había defendido, aún tenía la mirada hacia el suelo, cuando el joven la levantó se atrevió a mirarlo y resultó ser Gray.
—Yo… yo no quería armar un escándalo.
—¡Ah! que pretexto menos creíble —dijo irónico—. A la próxima no volveré a defenderte, es más, sería divertido ver como se descalzonan entre mujeres.
Lucy sombreó su mirada pero el chico le levantó la barbilla, le quitó los lentes y la examinó por un par de minutos, al final le sonrió arrogantemente y le regresó lo que le pertenecía.
—¿Me dirías si, si te invito a una fiesta? —preguntó.
Lucy se quedó impresionada ¿Hablaba de cita o qué? Entonces recordó que Juvia se había fijado en el chico, Gray se dio cuenta que lo había malinterpretado y le explicó que solo seria para compañía, él no pretendía ir a algo más. Lucy le dijo que tal vez y el chico no perdió más el tiempo y se fue a su clase. Ella un no entendía la actitud del joven si se suponía que las porristas eran sus amigas y defenderla a ella no tenía sentido.
Y al día siguiente, en la clase de Mecánica, tanto el moreno como al pelirroja estaban conversando cuando de repente, salió la plática de lo que había sucedido en el pasillo de artes.
—Cana es una busca pleitos, casi golpeó a Lucy.
—No entiendo porque su actitud, tendré que hablar con ella.
—Déjalo así —sugirió el moreno—. No tengo intenciones de defenderla, pero no es conveniente que Cana solo la moleste porque sí.
Erza lo miró sorprendida, empezó a sospechar que tal vez a su amigo se había interesado en ella, cuando intento preguntarle, él le dejó claro que no era nada de lo que ella creía ni ocurriría, simplemente porque le era injusto que se metieran con ella, si ni siquiera ella lo no tenía intenciones de agredirlas o molestarlas.
—No entiendo tus intenciones, pero haré que te creo.
—No tienes nada que sospechar —dejó en claro—, aparte no es de mi gusto y tú lo sabes.
—Ya sé que estás enamorado de cierta persona, perdón por dudar.
Gray se avergonzó y bajó la mirada, Erza había dado en el clavo y no tuvo nada más que sonreír
—Entiendo, por cualquier cosa, me dices ¿Vale?
Gray asistió y miró que el chico peli azul de la clase volteaba a ver hacia Erza, él entendió la indirecta y se despidió de Erza, para dejarle el camino libre a Jellal. El chico no dudó en acompañarla, se sentó en el lugar donde estaba Gray y ambos empezaron a platicar. Pareciera que los dos se conocían desde hace mucho tiempo, su conversación era homogénea e interesante, ambos congeniaban en los temas que sacaron a flote.
—Entonces, ¿te gustan los videojuegos? No creí que te gustaran.
—¿Por qué no? —Respondió la chica—. No son exclusivos para los hombres ¿O sí?
—No, solo que es interesante saber que tú los juegas, ¿aceptarías jugar conmigo algún día?
—Si pudiera ir a tu habitación, esta noche lo haríamos…
El joven se puso de mil colores cuando lo escuchó, casi se cae de la silla, literalmente. Erza solo se limitó a sonreír y se dio cuenta que había «metido la pata». Después que ambos se recuperaran de la vergüenza, él sugirió que si había una forma de entrar a los dormitorios.
—A las dos de la madrugada, el vigilante va a tomar una taza de café, tendrías como quince minutos para entrar, la vigilante de las chicas hace lo mismo, pero no sé exactamente la hora.
—¿Y eso como lo sabes? —preguntó nerviosa.
—Son datos que vas aprendiendo conforme te adaptas —respondió nervioso, tratando de no sonar alguien intimidante. Eso podría asustarla u ofenderla—. Pero creo que será algo riesgoso que vallas.
—Acepto el reto —dijo con todo decidido—. Entonces, a las dos en tu recamara ¿No? —pero justo cuando a levantarse, recordó que tal vez tenía un compañero de habitación.
—Ese duerme como si estuviera hibernando, si le tiro agua ni aun así se levanta, no habrá problemas si es que te sentirás incómoda.
Cuando terminó la clase, Erza salió como una bala directo a su cuarto. Estaba nerviosa, a veces se arrepentía de haber aceptado la oferta. En su mente pasaba las posibilidades de lo que ocurriría, se sonrojaba y al mismo tiempo se enojaba consigo misma por ser tan pervertida.
—¿Y si no tiene condón?... ¡Erza! ¿En qué estás pensando? Tranquila, solo jugaremos pero… ¿A qué clase de juegos?
En su mente pasó algunas imágenes del Kama Sutra que por accidente había abierto, recordó ese día perfectamente porque estaba buscando la calculadora Texas de Natsu cuando descubrió que el chico tenía ese libro. Esa noche no pudo dormir pensando en cómo sería practicar esas poses y de nuevo su pesadilla volvió a surgir.
—Eso me pasa por no esperar a Natsu y terminé viéndolo todo, pero… ¿Sera bueno practicarlas?... ¡ah, en qué estoy pensando!
La pobre chica le daba vueltas la cabeza, pataleaba en su recámara, hacia berrinche y al final, terminó dormida.
La clase de futbol había terminado, esta vez era la albina la que esperaba a su novio, cuando al fin estaban juntos, el chico le dio un beso tierno pero respetuoso.
—¿Y ahora?
—Es solo que decidí esperarte ¿Está bien?
El chico le sonrió y le beso la mejilla. La noche anterior la oji azul pensó en la posibilidad de dejar que Natsu fuera el primero en su vida y tenía que decírselo, si es que de verdad lo quería.
—Yo… lo estuve pensando, y yo… ya no necesito esperar más.
Natsu la miró como si estuviera loca, como si dijera que se acabaría el mundo mañana, la chica lo tomó de las mejillas y lo besó, dejó que el chico explorara parte de su piel, no importaba que estuvieran viéndolos, querían que el tiempo se detuviera y darlo todo.
—Pero hay una condición —dijo apenas recuperándose del beso—busca la forma de entrar a mi cuarto.
Natsu no dudó en aceptar, la chica le dio las instrucciones de que hora podía entrar y cuál era su recámara. Después cada quien se fue a su respectiva recámara, estaba feliz porque su chica al fin estaba decidida a ser de él, solo de él.
Gray notaba demasiado eufórico a su amigo, que hartó de verlo tan feliz, preguntó:
—¿Qué traes? andas bien tortolo.
Natsu le explicó que Lissana al fin se había decidido, el moreno no lo creía, momentos pasado, él le había dicho que aún no estaba preparada y lo terminó convenciendo que lo mejor era esperar y que ahora resultara que ya estaba preparada.
—¿Estás seguro? Esto es un gran paso y no debes tomarlo a la ligera, ¿Por lo menos tienes condones? No quiero ser tío tan joven.
—Los suficientes —respondió con una sonrisa pervertida.
—Pues hazlo, eso sí, no me involucres cuando quieras meterte a los dormitorios de las mujeres, recuerda que yo madrugo más que tú.
Natsu se quedó extraño. Era la segunda vez que su amigo no se involucraba en sus problemas, cada vez llegaba a la conclusión en que el chico tenía algo en la cabeza pero aún no tenía bases sólidas para preguntar. Tenía que averiguar que era y rápido. Solo esperó a que fuera la madrugada, según Lissana, a las dos y media la veladora fuera a tomar un bocado y un café para poder soportar la desvelada, tenía tiempo suficiente para entrar por una de las ventanas traseras y poder encontrar su recámara. Puso su reloj a las dos.
Mientras tanto, Erza no paraba de dar vueltas en la cama, estaba nerviosa, cada rato le echaba un vistazo a Cana para ver si ya se había dormido, la chica era tan desinquieta para dormir que no sabía si estaba durmiendo o estaba despierta. Cuando supo que ya era hora de partir, casi siendo las dos, abrió la ventana y descendió escalando desde el segundo piso. Ella confiaba mucho en su físico a pesar que ya estaba nerviosa. Bajó sana y salva. Caminó silenciosamente por el patio para no ser descubierta, hasta que llegó al dormitorio de los hombres.
—Tenía razón, a las dos si se va —pensó mientras veía que el hombre se metía a una habitación. Abrió una de las ventanas y por fin entró.
Buscó la habitación que tuviera una hoja debajo de la puerta, después de caminar una decena de habitaciones, al fin pudo encontrarla, se paró en la puerta y giró el picaporte.
—No pensé que llegarías con vida —dijo el peli azul mientras la veía entrar.
—Fue más fácil de lo que pensé —respondió nerviosa.
La invitó a sentarse pero antes le pidió que tomara unos cojines, los agarra y se sentó a lado de él. Le dio a escoger el control blanco o el negro, ella le pidió el negro y también le pidió sugerencia de qué jugar. Esperaron a que cargue el juego. Ambos apenas pueden respirar y su corazón late con fuerza. En su vida no imaginó hacer esta locura, meterse a la recamara de un chico, mientras él no pensaba tener a Erza en una noche, aunque solo fuera para jugar videojuegos. A pesar que estaban temblorosos y sudando por los nervios, ellos se veían sin problemas, se concentraban en el juego para tratar de olvidar la incomodidad que causaba, Jellal rozó su brazo accidentalmente con el de la chica, haciendo que esta se exaltara y terminara tirando el control.
Lo miró con los ojos brillosos, desde la tarde tenía mucho pensando que si realmente quería que pasara algo más fuera de tono, miró hacia la cama donde estaba el compañero de habitación y se notaba que estaba bien dormido.
—¿Ocurre algo?
—Es que… para ser sincera, es la primera vez que hago este tipo de locuras y me siento incomoda.
El chico bajó la mirada, no pensó que su presencia le causara incomodidad, lo tomó para mal, la pelirroja al ver la reacción se dio cuenta que lo había malinterpretado. Desde que ella le había dicho que si iría a su recámara su cabeza dio muchas vueltas pero no entendía que era, que sí que era lo que sentía, si realmente estaba preparada por lo que había pensado, si él era el indicado para experimentar.
—Yo… lo siento, no era mi intención hacerte sentir mal. Yo… yo, es que soy una mal pensada y creí que no solo… no solo sería jugar y así, y yo…
El chico la observó y se empezó a reír. La luz de la luna entraba por la ventana y gracias también al destello de la televisión vio claramente como la chica se sonrojaba y se empezaba a tensar.
—Sabes, eres linda cuando te sonrojas, y me dio mucho gusto jugar contigo.
El chico tuvo que usar todo el valor para quitarle los mechones que impedían verle el rostro porque Erza intentaba ocultarlo, le regaló una cálida sonrisa que estremeció a le pelirroja, se miraron a los ojos por un rato y exploraron sus almas, Jellal tuvo que controlarse para no besarla, quería probarla y si daba el primer paso sabía que no iba a detenerse y tal vez podrían acabar entre las sabanas, la deseaba tanto desde hace mucho tiempo pero su timidez no le permitía, por eso tuvo que tomar el gran paso de hablarla ahora que tuvo la oportunidad de hablarla de nuevo. Erza tomó la mano del chico, la que tenía en su mejilla, la acarició y poco a poco la fue retirando para volverlo a ver y sonreírle.
—Gra…gracias.
Era la primera vez que un hombre se atrevía a decirle que era bella.
Natsu estaba nervioso, ya había entrado a la hora que le había dicho que no estaba la veladora, siendo verídico porque el pasillo estaba solo. Caminó y empezó a contar las puertas que su chica le había dicho, la doceava puerta era su recamara en el lado izquierdo. Tuvo suerte que la puerta estaba abierta. Giró el picaporte y ahí estaba ella, bien dormidita, tal y como le había dicho, no esperaría despierta, él tendría que despertarla.
—¿Y su la despierto con un beso?
El chico cerró la puerta y se acercó a la cama, le había dicho que la cama que estaba al lado del tocador era la de ella y también la que estaba frente a la ventana. Se posicionó arriba de ella, mientras tomaba su rostro y sin pensarlo dos veces, la besó.
La chica, apenas despertándose, no creía lo que estaba sucediendo, se quedó estática, no correspondió el beso pero sintió miles de sensaciones agradables por todo su cuerpo, tenía miedo de abrir los ojos porque creía que todo era un sueño. El chico, desesperado, mordió el labio de la chica para adentrarse a su boca, metió su lengua y así hizo que reaccionara. Lucy apenas podía asimilar lo que estaba pasando, su corazón latía salvajemente pero no quería moverse, poco a poco abrió los ojos y gracias a la luz de la luna pudo ver que el chico de los cabellos color rosa la besaba. Pero no eran los ojos azules que lo miraban como creía Natsu, sino eran los ojos color chocolate de los que Lucy, era la dueña.
Me da tanta flojera volver a subir el fic. Lo único que me consuela es no recibir tantos reviews como cuando lo subía por primera vez… por una parte es bueno porque no recibo tantos correos y en otra me intriga que insultos se guardan xD.
Si quieren saber mas de este fic, pídanmelo por mensaje privado y los agrego a Facebook… para asi meterlos en el grupo C:.
Saludos.
