VII. Semana de sobrevivencia: Día 1, parte II: Promesa.
Lunes 15 d agosto
Aún era el primer día de la semana de sobrevivencia y el reloj marcaba las dos y media de la tarde. Erza estaba sola en el taller de mecánica. Para ella este juego era solo una pérdida de tiempo pero no quería decir que participaría, su objetivo era el par de chicos que siempre la acompañaba pero ella no tenía pensado aplicarle las sencillas bromas que los demás le habían hecho. Ella se iba a lo grande y precisamente estaba trabajando en eso.
Su ropa estaba llena de tierra combinada con aceite y sudor. Construía una clase de cañón donde los metería y los lanzaría y según sus cálculos caerían en una alberca llena de insectos, la alberca y lo que llevaría dentro era tarea fácil pero el problema era fabricar el dispositivo, ya que no quería que sufrieran accidentes por más peligrosa que fuera su forma de torturarlos. Cuando estaba apretando una de las tuercas, le llamó la atención que un rubio entraba.
—¡La Titania! Que sorpresa, no imaginé encontrarla aquí.
—¿Laxus? —Preguntó la chica mientras se levantaba de donde estaba, dejaba la llave inglesa arriba del cañón y se limpiaba el sudor con su brazo—. ¿Cómo has estado?
—En lo que cabe, bien—le dijo a secas, como si no llegó a que sólo le preguntaran si estaba bien o mal.
El silencio reinó. Laxus buscaba las palabras para preguntarle algo. Como era la semana de hacer bromas a los de nuevo ingreso, la escuela había quitado todo tipo de comunicación: señales de telefonía, internet, entre otro tipo de comunicación. Era seguía en lo suyo pero le intrigaba saber porque el rubio seguía acompañándolo. Admitía que era atractivo: cualquier chica desearía tener a un rubio y musculoso a su merced, pero Erza sabía la clase de persona que era Laxus. Sin contar quien había sido su anterior pareja sentimental.
El chico dejó a un lado su móvil, aburrido de jugar, en ese entonces ya habían pasado quince minutos, observo de nuevo a la chica y también a su creación.
—Deberías de apretar más la tuerca que esta por tu cabeza, desde lejos se ve floja.
La chica miró hacia arriba y era verdad, la apretó y se sintió segura porque si probaba el dispositivo sin haber revisado todo, hubiera habido un accidente. Agradeció al chico pero este se acercó a ella para ayudarla.
—Sabes, me aburro y me siento inútil verte trabajar pero me deleita porque es difícil ver a chicas jugando con máquinas.
—Gracias, no eres el primero en decírmelo —bromeó la chica pero le había dicho la verdad.
Ambos se miraron a los ojos, Erza estuvo serena mientras que Laxus se empezó a sentir mal, como si no mereciera que Erza lo tratara bien después de lo que hizo hace mucho tiempo. La pelirroja se dio cuenta que algo le pasaba.
—Laxus —llamó Erza, el chico se puso nervioso pero aun así volteo—¿Podías pasarme la llave de media? Por favor.
El chico, que tenía a lado la caja de herramientas, la buscó y se la dio, de nuevo ambos se miraron y la chica le agradeció con una sonrisa. Quiso preguntarle si algo pasaba por su cabeza, pero en ese entonces la puerta se abrió.
—No pensé encontrarte Erza, y menos a ti Laxus —dijo sorprendido mientras caminaba hacia ellos.
—Buscaba al maestro Wacaba, ¿de casualidad sabes dónde está? —preguntó y Jellal notó algo de brusquedad en su pregunta.
—En su cubículo, acabo de llegar de allá.
Laxus se retiró y ni siquiera tuvo la molestia de despedirse. Cuando la puerta se cerró, Erza se levantó para saludar a su compañero.
—Me extraña que no te encontrara… —detuvo sus palabras porque se dio cuenta que diría una tontería—. Olvídalo…
—No, ahora me dices —exigió.
—No, porque no eres ese tipo de mujeres.
La Titania lo miró incrédula, examinó su mirada y no encontraba pista de lo que había dicho.
—Conozco la clase de hombre que es Laxus. Mas sin embargo, nunca me fijaría en él porque es el ex novio de Mirajane, así que para mí es como alguien inalcanzable. A pesar que Mira dice que ya no le interesa, yo pienso todo lo contrario. Y a todo esto, ¿Qué tipo de mujer crees que soy?
Jellal se quedó sin habla, si algo que no quería responder era esa pregunta, tendría que ser sincero y directo para no crear malentendidos. La conocía poco y también temía equivocarse.
—Una chica que se da a respetar…
—¿Pensabas encontrarme en una escena comprometedora con Laxus? —preguntó exaltada, pero después sonrió—. Tienes razón, pero ya te dije por qué jamás permitiría eso.
—Perdón, creí que no sabías —dijo Jellal mientras sacaba a la chica de sus pensamientos. Caminó hacia el escritorio para sentarse arriba de él.
—Sí. Aparte si no supiera, tampoco me hubieras encontrado así con él…
—Eso ni dudarlo, pero admito que eres demasiado hermosa que cualquier hombre haría contigo lo que quisiera…
Jellal en lugar de aparentar decirle un comentario que cualquier haría se escuchó provocativo. Erza lo miró y el color carmín empezó a aparecer en sus mejillas. Jellal al ver la reacción también se avergonzó, se dio un golpe mental para no volver a decir halagos comprometedores.
—¿Crees que soy provocativa? —preguntó nerviosa.
El chico eso lo incomodó más. Se sintió mal por haberla puesto nerviosa y otro peso más a su conciencia, pero admitía que quería contestarle pero también seria echarle más leña al fuego. Erza desesperada porque no contestaba se acercó a él hasta quedar frente a frente, se acercó más y más hasta levantar sus piernas y ponerlas en el escritorio. Él no tuvo más que acostarse en el escritorio para separar su rostro con el de ella, la chica estaba arriba de él como si un lobo había capturado su presa. Jellal incrédulo y nervioso no entendía el cambio tan repentino de su compañera.
—¿Qué haces? —se notaba el nerviosismo en su voz.
—Qui…quiero saber si soy provocativa y sé que tú… no eres mal chico.
—Erza esto ya es demasiado…
No terminó su frase porque Erza se había resbalado con una tuerca y cayó encima de él y por fortuna, habían chocado labio a labio. Se quedaron en esa posición alrededor de un minuto hasta que Jellal reaccionó, esa era su oportunidad y no la desaprovecharía. Empezó a mover sus labios y ella correspondió pero ella lo hacía torpemente. El chico metió su lengua para profundizar el beso, la Titania apenas podía asimilar lo que estaba pasando pero tampoco quería detenerse. La tomó de la cintura y ahora los papeles cambiaron, ahora él estaba arriba de ella. Empezó a acariciar su cintura para empezar a subir sus manos hasta llegar debajo de sus senos.
Ahora Erza tenía sus manos en la cabellera zafiro, ya se estaba a acostumbrando a los labios de su compañero e incluso parecía una experta a pesar que era su primer beso. Se separaron y el chico ahora besaba su cuello. Pero de pronto subió su mano derecha a uno de sus senos y se dio cuenta que la situación estaba subiendo de tono. Se separó bruscamente de ella, caminó en reversa hasta resbalarse con otra tuerca hasta golpearse con el cañón que la chica estaba creando.
—Yo… bueno, ya te respondí, ¡Así que me voy!
Jellal casi salió corriendo del lugar, tropezando con cada objeto que tenía a su paso. Erza, aun acostada en el escritorio, sudada y agitada aun no reaccionaba. Estaba anonada por lo que había ocurrido, pero cuando empezó a enfriarse su cabeza:
—¡Me besó! Yo… yo… ¿Qué me paso? ¿De verdad yo…?
Aún no tenía los acontecimientos bien acomodados, siguió en su trance de confusión cuando de pronto recordó la sensación que tuvo cuando el chico la besaba y más cuando empezó a descender a su cuello.
—¿Por qué te detuviste? —pensó en voz alta, pero se desilusionó porque pensó porque no era lo suficiente atractiva para él.
Corrió hasta que se dio cuenta que había sido un idiota haber roto el beso, terminó en uno de los jardines de la escuela. Se sentó en una de las bancas que quedaba frente a una de las fuentes que ahora estaba sucia por las fechorías hacia los nuevos. Reflexionó que había sido apresurado haber correspondido el beso, pero también se lamentó no haber continuado. Su cuerpo aclamaba más. El rocío de la fuente era el indicado para aplacar el fuego que había encendido la chica.
«Si sigo así, voy a terminar haciendo que me odie por aprovechado —pensó mientras apoyaba su cabeza con sus manos y acariciaba su melena y recordando como la pelirroja pasaba sus manos en ella».
La tarde estaba empezando a caer, cierta chica albina salía de los arbustos, horrorizada por la broma que le acababan de hacer, asustarla con víboras, las odiaba. Caminó sin tener un lugar en mente, lo único que quería era buscar a su novio.
—¿Dónde te habrás metido? Te he estado buscando y lo que termino encontrando es que me ataquen ¡Dónde estás, Natsu!
Se detuvo cerca del edificio de artes y observó que una chica pequeña, cabello corto y azul entraba ahí y entonces recordó que era una de las amigas de la rubia.
—Todo menos eso —dijo para ella misma mientras pensaba lo peor.
Pero antes, cierto chico alto, cuerpo atlético y moreno acompañaba a la chica que había visto Lissana. Como era un chico con formidable cuerpo y mirada amenazadora, nadie se había tomado la molestia de hacerles bromas y la chica estaba sana y salva con él. Pero el reloj ahora marcaba las tres y ella como alumna responsable, no quería faltar a su clase de teatro. Pero lo que no sabía es que en realidad las clases se habían cancelado y lo único que encontraría sería agresores.
—¿Estás segura de ir? —preguntó el moreno.
—Sí. Además, gracias por protegerme.
—Bah, exageras, yo no he hecho nada —dijo a secas.
La chica se despidió y fue al edificio correspondiente. Caminaba con miedo a pesar que estaba a unos metros de entrar, pero como había agresores por todos lados corría el riesgo de encontrárselos y ya no estaba Gajeel para defenderla. Pensó en las pocas horas que estuvo con él, era aburrido y no la tomaba en cuenta, pero aun así ella lo acompaño porque había quedado con sus demás amigos que se encontrarían pero nunca los vio por los lugares que habían caminado. La escuela era del tamaño de un pueblo y era casi imposible encontrarlos en un día.
Suspiro con pesadez. El día había sido largo y aún quedaba mucho tiempo para que terminara toda esta pesadilla. Cuando giró para ir al pasillo donde estaba su aula, se encontró con unas chicas que le sonrieron. Eran de tercero.
—Pero mira a quien tenemos aquí —dijo una de ellas.
Levi no le dio tiempo de correr porque detrás de ella habían más chicas y las demás se acercaron a ella, una de ellas la empujo hacia otra de sus compañeras y así lo hicieron simultáneamente mientras gritaban «bullying, bullying», Levi cayó al suelo.
—¿Ya se cansó la niña? Si esto apenas está empezando.
A pesar que solo habían sido empujones Levi estaba lastimada, no quiso levantarse pero una de ellas la tomó de la camisa y la obligó a pararse del piso.
—Vamos, aun puedes dar más. Ahí va.
La chica que la había levantado la empujo hacia otras compañeras que gustosas también lo hicieron. Levi empezó a llorar por la humillación y la impotencia de no poder hacer nada. Era una contra una docena. De nuevo cayó al suelo pero esta vez se levantó. Recordó la cara del chico que la había acompañado y entendió que debía ser fuerte.
—Tienes espíritu —dijo una de ellas—. Pero eres patética.
Justo cuando iba a darle un golpe en el estómago, una voz melodiosa y firme la detuvo diciéndole basta, todas voltearon y era una albina pelo corto.
—Alexa Douglas… —dijo la chica mientras la separaba de su agresora—. Así como te gusta golpear te gusta acostarte con cualquiera ¿no?
—Miren a quien tenemos aquí, si es Lissana Strauss, la linda y fiel novia de Natsu, ¿o no? Pero fíjate que eso de hacerte la niña dulce no te queda.
—Depende como lo veas y sabes que soy cabrona cuando se meten con las personas que amo —contestó arrogante—. Pero por lo menos no ando engañando a mi futuro esposo acostándome con cualquiera ¿O no? Mira a mí no me andes con palabrerías, porque no se me ha olvidado que mandaste a tus amiguitas a tirarme agua asquerosa que terminando este jueguito, te desenmascaro.
La chica rió mientras Lissana se mantenía seria y protegía a Levi a pesar que no la conocía pero ya la había visto acompañar a Lucy, si la salvaba tal vez tendría pistas de donde esta ella o incluso su novio.
—¿Y cómo puedes comprobarlo, terroncito de azúcar? —respondió la chica con arrogancia y cinismo.
Lissana sonrió maliciosamente mientras se acercaba a ella y le susurraba.
—No te tengo miedo.
—Ya que insiste.
Dicho esto, la Strauss sacó su móvil mientras buscaba en su carpeta de videos, hasta que encontró uno para reproducirlo sin enseñarlo. En el audio se escuchaba la voz de la chica gritando orgasmos con otro chico. La chica agresora se puso pálida mientras sus compañeras se quedaron boquiabiertas.
—Y sería peor que supieran con quien se acostó ¿Contenta?
Lissana paró el video, levantó a Levi del suelo y la jaló para alejarse del grupo de chicas, que aún estaban en shock. Alexa mostraba enojo y humillación.
Ya lejos, ambas se detuvieron y Lissana soltó a Levi mientras la miraba seria, queriendo buscar las respuestas de sus preguntas.
—¿Y tus amigos? —fue directa.
—Los he estado buscando.
—Valla, estamos en las mismas —suspiró con pesadez. Levi miro curiosa y recordó que ella era la novia de aquel chico que traía una bufanda blanca y peculiar cabellera rosa.
Lissana analizó que sería mejor unirse a ella, de sola a acompañada no había nada mejor que la peli azul. A pesar que era una de las que las porristas las consideraban perdedoras por no estar en su club, a ella no le importaba ese estereotipo, incluso le agradaba que no era la típica chica que solo hablara de modas. Estaba harta que en su círculo de amigas no pararan de hablar al respecto y tenerla a ella seria relajante.
La tarde llegó y como no los encontraron, ni a Lucy ni a Natsu, ambas decidieron usar los quince minutos para correr a los dormitorios, lo lograron y se sentían felices porque por lo menos ante el día pesado, dormirían en una cama.
—Está bien que duermas en mi recamara, así nos levantamos juntas y seguimos buscándolos —sugirió la oji azul.
—¿No habría problema? —preguntó.
—Para nada, seré porrista pero no tengo rabia y por lo visto tus amigas dormirán fuera porque no las veo por ningún lado.
Levi aceptó y Lissana tenía razón. Lucy y Juvia no pudieron llegar a los dormitorios, sin imaginarse que ambos dormían con el par de chicos y uno de ellos, Natsu.
Justo en el edificio de la dirección y donde también estaban los cubículos de los maestros, un chico rubio caminaba en uno de los pasillos, como eran las nueve de la noche no había nadie y para él mejor. El día había sido más que un juego que no le gustaba para nada, para él, era absurdo que la escuela organizara este tipo de eventos con tal de obligar psicológicamente a estudiantes a abandonar la escuela, prefería que fuera por conocimientos pero también le encontraba sentido porque muchos de los que entraban era los niños mimados de su familia y recordar que tenía que tratar con ellos le revolvía el estómago.
Iba distraído con sus pensamientos y cuando giró para caminar rumbo a la puerta, se tropezó con alguien. Maldijo el haberle ocurrido a él cuando de pronto notó una cabellera blanca frente a sus ojos, se quedó atónito y se tapó la boca para no ser escuchado.
La miró, era ella. La única chica que le había hecho sentir más que cualquier placer monótono. Siguió observando sus ojos azules que también se habían fijado en los de él. Tuvo que usar todo su autocontrol para evitar hablarla, incluso abrazarla y gritarle cuanto lamentaba el haberla engañado, que la quería más que a nadie y le demostraría que había cambiado. Pero tenía que callar para no perderla, si la hablaba sin la condición la perdería para siempre y él sabía perfectamente que Mirajane no bromeaba cuando se tratase de promesas pero él no podía cumplir una, el enamorarse de alguien más que no fuera ella ¡Si él solo tenía ojos para ella!
—Lo siento Laxus. Buenas noches.
Ella en cambio, si podía hablarle, se dio la media vuelta y camino dejando al chico sin habla, sintió que su pulso se aceleró con solo escuchar su voz y ver de nuevo sus labios, sus ojos, su rostro y su cuerpo moverse mientras se alejaba de él. Solo ella lo volvía loco.
—Mira… porque te castigas… ¡Maldita sea! ¿Por qué eres tan… perfecta? ¿Por qué no solo me perdonas y ya?
El chico cuando la volvió a ver se dio cuenta que ella aun sentía algo por él. Esos mismos ojos de hace años, los mismos ojos cuando lo descubrió en el engaño seguían. Tenían mucho que decirse pero el orgullo de Mirajane y el miedo de perderla ponían una barrera que tal vez, en un futuro podría romperse.
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Pues dias despues me animo de subirlo, estoy atascada de tareaa... las odioo
