Antonio estaba dubitativo ante todo aquello, pero debía ser responsable a su propia ansiedad o lo que fuese.

-Me estás diciendo que has tenido un sueño en el que estabas en un barco pirata, tu rival de la adolescencia era el capitán y acababais teniendo sexo-dijo una mujer húngara, la cual era amiga de la infancia.

-Hombre muy resumido pero sí.

Los ojos verdes de la chica se posaron en todas direcciones, intentando ser profesional con el español. Por dentro rió y es que se lo esperaba de algún modo, eran como los sueños premonitorios.

-¿Tengo qué decirte realmente el significado?

El bailarín se quedo ensimismado en la pregunta, sabía la respuesta pero prefería callar por el momento.

-No tiene que ser que seas homosexual precisamente, puede que solo tengas curiosidad, además tener un sueño de ese estilo con Arthur…si me preguntas yo diría que es puro morbo-respondió con simpleza-He estudiado sueños de este estilo en la carrera, a Freud le interesaba la interpretación de los sueños…el caso es que ese hombre decía muchas majaderías porque no hay una interpretación real de los sueños, puede que ni siquiera se trate de nada relacionado con tu orientación sexual.

-Pero y si tuviera dudas por algún casual.

Elizaveta suspiró de manera dulce Antonio había sido así desde pequeño. No decía directamente sus sentimientos y aún así era su psicóloga personal. Nunca se había quejado sobre eso, al fin y al cabo era su amigo y la paga no era precisamente pequeña. Había ido a Francia como parada antes de ir con su marido Roderich a Alemania.

-Simplemente prueba y si luego no te gusta lo dejas.

Al ver que el español se sonrojaba violentamente quiso a su manera tranquilizarle.

-De todas formas no te fuerces, hazlo con alguien de confianza o que simplemente sientas atracción. En cualquier caso el Arthur de tu sueño no era demasiado amigable, pero no es real, es tu subconsciente.

-¿Qué quieres decir?-preguntó el hispano con curiosidad.

-Ya te he dicho que no hay una interpretación real para los sueños, pero a lo mejor estas sometido a tanto estrés…ya sabes lo exigente que eres con tu trabajo, normalmente no quedas satisfecho y puede que ese sentimiento de frustración se esté manifestando en forma de Arthur, quien era la persona que te hacía sentir mal.

Antonio quedó impresionado ante tal destreza, siempre pensó que con ella la psicología se veía como un misterio o un crimen. Muchas veces habían bromeado juntos sobre fundar una agencia de detectives. Lo curioso es que siempre lo decían borrachos y que Roderich tenía que frenarlos antes de mirar presupuestos.

-Joder…

-Dime, ¿alguna novedad más?

-Bueno…un amigo muy querido de Francis murió hace poco. Va tirando, pero me preocupa-se quedó pensando en que más contarle, hasta que dio con un detalle que casi hasta él había ignorado-hable con mi hermano por teléfono, dice que hagamos una cena de Navidad para presentarme a su pareja.

Elizaveta sonrió ante aquellas palabras y es que Antonio no hablaba casi nunca con su familia, cosa comprensible pero al menos su hermano le llamaba dos o tres veces al mes. Faltaban unos tres meses y medio para esas fechas, su hermano vivía en Lisboa y suponía que intentaría encontrar trabajo en el teatro de la capital en diciembre para así estar lo más cerca posible.

-Además cuando vaya a Alemania os iré a visitar y quiero ir a la isla de los museos…no sé cómo se dirá en alemán.

Estuvieron hablando durante un rato más hasta que se les esfumó el tiempo, faltaba muy poco para sus respectivos viajes en Alemania y debían preparar las maletas. Por desgracia Antonio había cogido el vuelo de las nueve y media, por el contrario Elizaveta lo debía de coger por la tarde ya que el austriaco hacía los preparativos por la mañana y así por la tarde podría recogerla. La húngara había insistido en poder ir sola, pero Roderich no se lo había puesto fácil. El tampoco había cambiado desde pequeño.

Cuando se despidió de su amiga y psicóloga, se quedó pensando en que cosas se dejaría en el apartamento. En Alemania hacía fresco, así que desistiría de las camisetas de tirantes. Pensó en llevarse el CD de la chartreuse, pero sabía que estando tan solo un mes…dejo de engañarse así mismo, había vuelto a empezar la serie y debía acabarla.

Tuvo un recuerdo al haber estado hablando de Jaõa. A los dieciséis años le recogió del instituto, sus padres se habían ido a visitar a un familiar en el pueblo y se quedaría en su casa. Le había recogido con una furgoneta de segunda mano e iba con la música a todo volumen. Se sintió algo abochornado pero la figura de su hermano siempre había infundado una especie de respeto. Cuando se subió el inglés dio un silbido, llamando la atención de amos hermanos.

-¿Tienes el logo de Muse en la furgo?-preguntó con algo de emoción.

-Coño por fin alguien con gusto musical, soy Jaõa y tú…

-Arthur.

-Anda con que inglés.

-Jaõa vámonos-murmuro Antonio con incomodidad.

-Joder y luego tu eres el sociable de los dos- el mayor de los dos rebuscó en su guantera, dando con lo que buscaba, una púa de guitarra con el logo de aquella banda-trabajo en una tienda de música en el centro, pásate cuando quieras.

Cuando la furgoneta arrancó y se alejaron del lugar, Antonio se lo recriminó.

-Te dije que nos fuéramos, porque le has dicho donde trabajas.

-Parecía majo, además eres amigo de todo el mundo.

-Pues de él no-contestó resignado.

Jaõa rió por la pataleta de su hermano, guardaba ese lado infantil que tanto le gustaba.

-Pues le podría invitar a comer estos días que estás en mi casa-dijo simplemente por molestar a su hermano menor.

-¡Ni se te ocurra! ¡Si lo haces ya no eres mi hermano!

Finalmente aclaró entre risas que era un farol, antes de que Antonio le dejase de hablar durante los días que se instalaría en su casa.

-Solo decía que parecía majo.

Suspiró, no era un mal recuerdo del todo. Los ojos de Kirkland emocionados eran raros de ver.


Arthur había despertado nuevamente de buen humor, la forma en cómo Antonio se había sometido a él, le resultaba exquisita. No se podía imaginar lo que sería entrar en él, se preguntó cómo serían sus ojos y ahí freno la cascada de sus pensamientos. Por esa misma idea su mañana había sido agridulce.

Sus ojos eran verdes al igual que los suyos, pero se recordó que los del español eran los reflejos del mediterráneo, eran suaves y alegres. Al mediodía dejó de interesarse por el bien o el mal de sus cavilaciones, sentir predilección por sus ojos no era nada malo. Nada que no impedía la ejecución de su plan, y con ello se sentía satisfecho.

Recibió una llamada de Ivan en la que le decía que se marchaba en unas tres horas y que fuese preparando las maletas. Aunque le resultaba inoportuno, había preparado su maleta esa misma llamada, y es que su intuición ya se lo había dicho. Escogió un par de libros para el viaje, llegando a la conclusión de que necesitaría más. Aún así, prefirió que era mejor comprarlos en la librería en la zona donde se encontraban los libros en inglés.

Antes de irse fue al bar donde se encontraba con esa camarera, habló durante un rato con ella para matar el tiempo.

-¿Y porque has decidido aceptar el trabajo?-preguntó la estadounidense.

-No lo entenderías…

-¿Por qué? ¿Es porque soy muy joven?

-Algo parecido-respondió Arthur apurando la pinta.

-No nos veremos tanto.

La rubia posó su mano en la pierna del inglés produciéndole un escalofrío, rió de manera nerviosa viendo como la mano iba acercándose de manera peligrosa. Pensó en sus posibilidades, quedaban dos horas para su vuelo, el aeropuerto estaba a veinte minutos andando y…

-¿Vamos al almacén?

No necesitó una respuesta, simplemente sostuvo su mano y fueron directos al almacén. Cuando terminaron la chica estaba jadeante y cansada. Arthur se atusó el traje que llevaba mientras miraba su reloj, una hora para embarcar, buena forma para matar el tiempo, pensó el rubio encendiéndose un cigarrillo mentolado.

Llegó a tiempo y estuvo esperando para embarcar durante cinco minutos, cuando se subió al avión intentó dormirse, pero era incapaz. Hace años que no practicaba alemán y no quería sentirse como un turista. Decidió que al no poder dormir, intentaría practicar el idioma. Llegó por la noche y le estaba esperando un hombre alto, castaño y de media melena. Era bastante alto, aunque su aura era nerviosa. Le hizo subirse a un coche negro y estuvieron en silencio durante unos veinte minutos hasta llegar al destino. Eran unos pisos de lujo, es más Arthur se quedo asombrado por el tamaño de aquellos edificios, aunque la atmósfera le resultaba perturbadora.

Cuando subieron al piso más alto, se encontró con los ojos de Ivan. El piso era enorme y la decoración no tenía una relación entre sí. Parecía uno de los malos de las pelis de 007, que gracia que fuera británico y estuviese en ese bando. Había visto una pistola encima de la mesa, no se sorprendió. Suponía que si iba a ser su abogado desde ese mismo momento, debía saber los trapos sucios y eso incluía las armas. Recordó la primera vez que vio un arma, fue cuando se unió a esa especie de banda, los mayores como así se solían llamar las tenían. Ellos al ser menores de edad simplemente se encargaban de la droga. Se hacía así ya que siendo menor de edad solo podían llevar a un centro de menores, por el contrario al cumplir los dieciocho podías ir a la cárcel por posesión de drogas. Las armas eran peligrosas y el solo había sostenido una, dejó ir esos recuerdos aunque en el fondo no podía, antes le atormentaban cada noche, ahora gracias a esta extraña condición en la que se encontraba en sus sueños, soñaba despierto con ello.

-Aquí tienes, es un apartamento que tenía olvidado por Berlín.

Su sonrisa de infante hacía que la situación fuese más violenta de lo que ya era, hacía un tiempo que no se veían y a decir verdad Arthur nunca había sido demasiado bueno hablando con la gente. Cuanto más viejo se sentía era en estas situaciones y es que había aumentado su timidez a lo largo de los años.

-En tres días lo verás, espero que estés emocionado.

-Claro que lo estoy-contestó el inglés con cierto aire complicado, como si no supiese que decir en realidad.

-Te gustará saber que tengo un plan.

-¿Un plan?

-No te impacientes Arthur es que el amor me hace feliz da…

Le produjo escalofríos pero dejando aquel tema, lo demás fue relativamente normal. Hablando de honorarios, de casos en los que ya debería de empezar a trabajar y en encontrar maneras legales de hacer tal o cual…

Finalizada la reunión el mismo hombre que le recogió en el aeropuerto, le llevó a su hogar provisional. Era un espacio amplio pero oscuro, bastante triste y pensar que había dejado a su gato al cuidado de su vecina…se sentía tan absurdo pensar que le necesitaba. Tal vez, solo tal vez pediría a alguien que le buscase. Aún recordaba cómo llegó a ser su gato, se coló en su balcón y ya entro en su casa con total naturalidad, simplemente lo dejo estar. Y ahora ese mismo gato al cual no le había puesto nombre y que siempre que le veía le arañaba. Esa misma noche llamó a su madre para preguntarle si podía traerle al gato, se pelearon porque claro está, no puedes no llamar a tu madre durante dos meses y que la primera llamada sea un favor, encima uno en el que se tiene que desplazar a Alemania solo para un gato que es odioso y que no quiere a nadie. Pero claro como es su hijo al final accede aunque sin dejar de replicar, y es que sabe que no va a venir ni a noche vieja, ni a navidad y mucho menos año nuevo, solo para no encontrarse con Allistor.

Tan solo con la conversación ya se sentía cansado, así que simplemente se durmió. Aunque vio a Antonio no hizo nada, ni siquiera se acercó. Simplemente observó como construía una casita de madera, se estaba esmerando demasiado. Aunque por mucho que se esforzase a Antonio no se le daba bien lo manual. Arthur rió por lo bajo, aunque no con malicia…bueno tal vez un poco cuando vio como se calló de culo. Le daban ganas de ir y arreglar su desastre pero no estaba aquí para eso. Cuando diviso a Antonio alejándose de su "casa", quiso acercarse pero no…cuando se aseguró que el español estaba lo suficientemente lejos, se alejó de las vistas y mandó que disparasen la casa. Oyó a lo lejos el griterío del moreno, algo de que a Arthur le sonó como psicología moderna, llena de palabrejas raras que hablaban de autoestima y bla bla bla. Le hizo gracia ver como se enfadaba, era todo un fiera…le gustaba que fuese un luchador porque así su derrota sería aún mejor a sus ojos. Algo le molestó al inglés y es que cuando pensó que su trabajo había acabado, simplemente volvió a intentar construir la casa. Por supuesto, se la volvió a destrozar una y otra vez. Lo peor de todo es que al día siguiente también estaba construyendo la cabaña, dejó que la terminase…aunque claro para la mirada de Arthur y los de cualquier arquitecto era una aberración. Ahora estaba plantando algo, el rubio quiso alimentar su curiosidad acercándose.

Ambas miradas verdes se encontraron reafirmando las temibles sospechas que tenía, sentía debilidad ante sus ojos porque se parecían a los suyos cuando era niño.

-Menos mal que no bailas igual que como construyes casas.

-Para ser la primera no está mal-no le miró del todo a los ojos pero continuó hablando-dicen que un hombre debe de tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro, como no me veo capaz de escribir uno he hecho una casa.

-Menuda estupidez…

Antonio carraspeó su garganta, haciendo un ademan para que se sentase en el césped. El rubio aceptó a duras penas aunque con una sonrisa confiada.

-Es hora de tener una charla…está claro que tengo algún problema de ansiedad que desemboca en todo esto y claro aparece en forma de Arthur…aunque por supuesto, eres mi cabeza y ya lo sabes.

El anglosajón entrecerró los ojos frunciendo de manera automática las cejas.

-Joder…Antonio estás como una puta cabra-sentenció-¿cómo explicas que follásemos como animales?

Esta vez fue Antonio quien sonrió de forma altiva, sin saber porque Arthur se sintió inquieto. Se arrastró a él seductoramente y se mordió el labio.

-Tú sabrás, eres quien me pidió que bailase para ti.

Dicho eso, beso apasionadamente al rubio, tumbándole bajo el.

-¿Te ha gustado Arturo?

El nombrado se encontraba sonrojado y sin movimiento. De inmediato se despertó…joder… ¿qué había pasado?

Fue directamente al baño, se encontraba sonrojado. Sentía que su rubor nunca desaparecería de su rostro, porqué tenía que ser su tez tan blanca, porqué tenía que heredar la piel de su madre…

Estaba estresándose por momentos, definitivamente necesitaba a ese jodido gato.

Rápidamente llamó nuevamente a su madre a las tres y pico de la madrugada.

-O-oye mamá…n-no no estoy llorando…so-solo…realmente necesito a ese gato.


Antonio estaba emocionado por el viaje, más que nada porque vería a Roderich y hace ya tiempo que no le veía. Le apetecía tomarse unas cañas, aunque claro el no bebía y le dejaba como un borracho ya que siempre de broma decía que tendría que beber por los dos, extrañamente siempre lo acababa cumpliendo.

Siempre le recogía Toris en el aeropuerto, le caía bien. Era un chico de Lituania, era chofer y Antonio siempre pensó que haría una bonita pareja con la hermana de Ivan.

Le llevó al mismo piso que el ruso siempre tenía preparado para él, era bonito. Una vez le dijo que le gustaban las vistas hermosas y desde ese día todos los pisos que le había proporcionado tenían las mejores vistas de la ciudad.

Dejo su equipaje y descansó durante un buen rato…tenía aún media hora de margen para así llegar a tiempo. Quería leer pero no se había llevado ningún libro porque no podía con más de dos maletas y ya había facturado…daba igual el caso es que no tenía sitio para libros así que simplemente decidió salir dando un largo paseo hasta llegar a su lugar de trabajo.

Como siempre Ivan era el primero en recibirle con un apretón de manos y una sonrisa, luego vio a Roderich que se resigno y finalmente le abrazó. Más tarde el ruso comenzó a presentarle a un montón de personas las cuales nunca más volvería a interactuar, pero ahí estaban.

-Por último este es mi nuevo abogado Arthur Kirkland.

Se paralizó, viendo una sonrisa tranquila y cortes en su rostro, el pelo peinado elegantemente, ofreciéndole su mano…

-Y-yo tengo que irme un momento.

Corrió directamente a los pasillos, intentando recobrar el aliento, pensó en la escena que había protagonizado Arthur en sus sueños, es más, pensó en aquel último beso, ese el cual había sido iniciativa suya.

Respiró entrecortadamente intentando recuperarse. Mala suerte la suya que no se dio cuenta que Arthur le había seguido y que en estos momentos estaban frente a frente. Quería marcharse, pero antes de que pudiese hacerlo, el rubio le sujetó de la muñeca.

-Antonio yo…creo que solo soy capaz de pedir perdón. Para ser sincero cuando era un chaval estaba algo colado por ti-un risa nerviosa salió de su boca, aunque a Antonio no le molestó-y como soy estúpido ya sabes…

-También…perdón-respondió sonrojado por la declaración.

-No creas que me he rendido, al menos en llevarnos bien, ¿tomamos una copa después del trabajo? Así te relajas y yo también, por supuesto no te sientas presionado.

-Sí, creo que necesito esa copa.

El rubio rió confiado mientras que el español lo hacía nervioso. Se quedaron mirándose un momento sin decir nada, era incomodo, muy incomodo al menos por parte del castaño. Era más fácil superar su incomodidad con el ataque de ansiedad que estaba experimentando. Ni siquiera se había dado cuenta de que Arthur se habías ausentado para buscar un vaso de agua.

-Intenta que tu respiración sean regular y constante y siéntate ¿sí?-la voz del inglés era suave, extrañamente relajante.

-S-si vale…

Antonio cogió el vaso de agua, en ese momento vio como temblaba y se sintió débil, no negaría tampoco que se sentía agradecido. Por supuesto, Antonio intentó dejar los sueños atrás, es decir, parecía un buen tío. Le había traído un vaso de agua y se estaba quedando con él cuando no tenía obligación. Cuando se sentó en el suelo, sintió como Arthur le acompañaba de cuclillas acariciándole cuidadosamente el cabello. Mientras hacía este gesto no le miraba directamente, el rubio intentaba no hacer contacto visual.

-Gracias, oye Arthur…creo que ya puedo volver-dio un sorbo al agua, mientras que el inglés le ayudaba a levantarse- No debería haberme puesto así.

-Tenemos una historia complicada, es comprensible.

Por un segundo los ojos del anglosajón brillaron pero sin expresión en ellos, el español simplemente pensó que eran imaginaciones. Solo estaba pasando una mala racha, con demasiado trabajo. Realmente quería que llegase Navidad, actuar en Portugal por unos pocos días y celebrarlo con su hermano. Recuperó el aliento e hizo como si nada, simplemente se puso a hablar sobre el trabajo con Roderich y pudo concentrarse de forma correcta. Un par de veces Ivan, le había preguntado sobre su estado de salud pero no había llegado a mayores.

Antonio no se enteraba de esto, pero Arthur no paraba de mirarle mientras revisaba los contratos de cada uno de los trabajadores. Ivan finalmente se acercó a él, carraspeando para que despegase la mirada del español.

-¿Qué se supone que ha pasado?-preguntó.

-Bueno ya te dije que era complicado…pero ya esté bien hemos hablado, tomaremos algo…

-Realmente quiero ayudaros.

-¿Y eso?

-Serás mi abogado pero no lo tienes que saber todo-contestó de manera siniestra.

Esta vez Arthur no experimentó ningún tipo de inquietud y es que sentía que iba pillándole el truco a Ivan, no era tan amenazante como parecía.

-Tengo una idea para mañana, pero le tienes que invitar a cenar.

-Espera… ¿qué clase de idea?

-Mañana lo sabrás, mientras tanto disfruta las vistas.

Obviamente el ruso se refería a que no le había quitado ojo al moreno.


El español estaba agotado, había terminado de anotar las exigencias de Roderich a las cinco, después de eso había estado en diversas pruebas de maquillaje y vestimenta, terminando de esta manera a las nueve. Lo peor es que mañana al medio día comenzarían los ensayos por lo que ni siquiera habían empezado del todo con el trabajo duro. Salió del edificio sobre y media, encontrándose al inglés esperándole fuera mientras que fumaba. Aquel hábito lo tenía también su hermano por lo que estaba acostumbrado al olor. Al principio se desconcertó un poco pensando en porque le estaría esperando, hasta que cayó en que habían quedado para tomar algo después del trabajo.

A decir verdad estaba cansado y no le apetecía demasiado, pero sentía algún tipo de deuda con él. Además no quería que pensase que le intimidaba o algo por el estilo, aunque ya era demasiado tarde para que no pensase lo contrario. Suspiró intentando darse a la idea de que debería intentar rebajar el orgullo y con una sonrisa cordial fue directo a Arthur.

Ni siquiera sabía cómo romper el hielo, pero no fue necesario porque Arthur fue quien comenzó a hablar.

-Conozco un bar de cócteles, no está lejos. ¿Te gusta la idea?

-Por supuesto, Jaõa intentó aprender el año pasado pero rompió la ventana con la coctelera.

Arthur rio, una pena que el otro ibérico no estuviese ahí. Realmente le caía bien, tenía un gran gusto musical y entendía las referencias quinquis de la época de los noventa.

-Hace tiempo que no hablo con él, ¿Cómo esta?

-Bueno, decidió mudarse a Portugal definitivamente…

La conversación estuvo en un punto alto, después de hablar de Jaõa, hablaron de la trayectoria profesional de cada uno. Nada mal para ninguno…pararon al ver que habían llegado al destino indicado.

Con un gesto caballeroso, Arthur ofreció a su acompañante pasar primero. Este gesto le resulto algo tierno a Antonio que protestó medio en broma diciendo que no era ninguna mujer, aunque acabó accediendo. Lo pensó durante unos instantes más, y se sonrojo pensando en lo que le había mencionado Eli. Su curiosidad y los consejos de esa mujer le estaban matando metafóricamente aunque sentía su final muy real. Arthur…no era buena idea probar con alguien como él, ya no solo por su historia sino porque trabajaban juntos, o al menos medio juntos. El caso es que pensándolo bien solo tendría futuro algún que otro rollo esporádico con el inglés y el antes que nada necesitaba tiempo del cual no disponía.

Sin saberlo demasiado bien, este hecho le tranquilizó más que perturbarle, era como si sus lazos no llegasen a más ataduras, ni hilos rojos, ni destinos…

-¿Pasa algo?-preguntó el rubio con algo de preocupación.

-Perdón, me quedo empanado-respondió con una sonrisa apurada.

-Cuando bailas, te pasa algo parecido es que…es como si tuvieses la sensación de que…no sé, pero siento que ya no eres Antonio, o al menos que eres una faceta que no enseñas.

Antonio se quedó petrificado, pensando si realmente merecía la pena contestar. Ese tipo de cosas no se las habían dicho nunca, ni siquiera su ex novia Emma y eso que consideraba que con ella se había abierto de muchas maneras. En cualquier caso estaba en algún tipo de encrucijada, quedarse callado como un imbécil, cosa que estaba haciendo en esos momentos, responder de forma divertida para quitarle hierro al asunto o dar las gracias.

-Me fije en que mi mirabas mucho cuando bailaba…creo que me lo pediste varias veces, incluso cuando me pediste que lo hiciese como una puta.

Por el contrario dijo eso, palabras las cuales no sabía siquiera como calificar.

-Bueno…mi yo adolescente realmente quería lo último-respondió acompañado de un sonrojo y el desvío de su mirada.

Antonio bajo sus ojos a los pies y de

inmediato quiso cambiar de tema.

-¿Qué me recomiendas…de cócteles y eso?

-A ti un Bloody Mary-contestó con una sonrisa mordaz.

-Ja, muy gracioso…tienes suerte de que estemos en público-dijo en tono cómico fingiendo indignación.

"Y tú también, pensó Arthur".

-Firmemos la paz-dijo divertido-dime cuanto puedes soportar de alcohol, no es que sean fuertes pero como no sé nota el sabor del licor eres menos consciente de lo que tomas-explicó.

-Ya…y mañana trabajamos…sorpréndeme Arthur.

-Realmente estas pidiendo a gritos ese Bloody Mary.

La burla de Arthur le hizo reír, la carcajada era tan contagiosa que su acompañante también la hizo. Se miraron por unos segundos que parecían mayores a su percepción y finalmente el rubio se dirigió a la barra a pedir.

El anglosajón tuvo la necesidad de escapar, tener que fingir un antiguo interés romántico por él, le estaba pasando factura demasiado rápido. Ni que fuera tan buen actor que se lo estuviese creyendo…pidió dos bebidas en la barra, le gustaba el sitio y el ambiente y creía que la presencia de Antonio no le perturbaría. Aunque debía admitir que antes de regodearse en cómo había reaccionado el bailarín a su aparición, se había alarmado por una milésima de segundo. Al regresar le ofreció una de las copas al moreno que aceptó de manera curiosa al fijarse en su bebida.

-Es un clericó-aclaró al ver la mirada de Fernández.

-Wow… ¿y lo tuyo?

-Un americano, el tuyo es más dulce pensé que te gustaría más-dijo restándole importancia.

-Pues has acertado, no suelo beber estas cosas…soy de vino, cerveza y en ocasiones puntuales ron.

-Yo tampoco los solía beber, pero me enseño el sitio mi ex en nuestro primer viaje como novios-respondió dándole un sorbo a su bebida.

-Vaya con que tu ex ¿debería preocuparme?-dijo de una clara forma de hacer reír al rubio.

La mueca de su compañero cambio a una jocosa y a su vez seductora.

-Eso depende.

-¿Depende de qué? ¿De lo que pasé esta noche?

-Vaya el señorito Fernández intenta ligar conmigo.

-No seas tonto-respondió colorado hasta las orejas.

Siguieron hablando de temas banales, Arthur descubrió que tenían más cosas en común de lo que parecía en una primera instancia. Les gustaba la pintura, leer…aunque debatieron sobre un largo rato en quien era mejor si Shakespeare o Cervantes. No llegaron a ninguna conclusión, es más ambos pidieron mojitos ya que Antonio dijo que los había probado una vez hace un año y medio…aunque ambos se dijeron que sería el último, no fue así. Tal vez el problema residía en el dos por uno a partir de las once de la noche, de la alineación de los astros o del brillo que desprendían los ojos de Antonio cuando estaba borracho.

-Cuando…has dicho lo de que te empanas-Arthur pausó su frase intentando encontrar mejores palabras, pero todo le pesaba, hasta sus propios movimientos-quería decir que eres tan soñador…si eso, me gusta verte y que solo yo sepa que estás soñando.

-No digas cosas así bobo, es solo que nuestras neuronas se oxigenan o pu-puede también que sea el efecto de los glucorti…glucorticoi…bueno eso sobre el hipotálamo.

De repente el anglosajón se rió, al principio con disimulo pero más adelante su risa se escuchaba por todo el local, aunque se disimulaba por la música y el ambiente en general.

-Anthony, eres un friki…

-Que di-dices no, no l-lo soy.

-Sí, eres de esos que sabe mucho, se-seguro que te gusta leer revistas científicas de…de…algo-respondió aturdido mientras pedía la cuenta.

Antonio se quedó de morros aunque luego llegó a la conclusión de que el otro hombre disfrutaba haciéndole rabiar sin ninguna razón aparente. Al salir del bar, por fin se le ocurrió algo que contestarle, por desgracia se le olvido y por el contrario contestó:

-Me gusta la biología…

-Anthony eres un rarito-respondió mientras agarraba ambos mejillas del castaño y las pellizcaba-aunque un rarito muy guapo la verdad.

-Jo déjame-susurro abochornado.

Llegaron a casa del castaño quien le ofreció quedarse a dormir porque ambos estaban como una cuba.

Ninguno se acordó en sueños, ni mundos que compartían en común, es más cuando Arthur se despertó miró que aún llevaban la ropa de ayer y vio que Antonio dormía de una manera plácida y casi angelical. Miró su reloj y eran las ocho menos cuarto de la mañana, debía de estar ahí a las diez y media por lo que había algo de tiempo. Le dejó una nota a Antonio, le preparó un café e ibuprofenos, por suerte encontró que el español tenía una bolsa con magdalenas. Le dejó dos junto al café y se comió una porque había hambre y necesidad.

Decidió que lo mejor era irse a su casa para ducharse y cambiarse de ropa, por suerte él no tenía resaca.

Mientras caminaba se acordó de algo que dijo Antonio la noche anterior…de que le gustaba verle bailar en esa época, era cierto.

Arthur no pudo olvidar esos movimientos, volvía a la playa pero no le veía. Le resultaba triste y melancólico el no verle. Así que simplemente le dijo que lo hiciese o se lo contaría a todo el mundo, funciono y era relajante verle en la playa. Alguna vez Antonio le había animado a unirse, sinceramente pensó que en podría haberse arreglado su enemistad anterior con aquellos bailes.

Al llegar a casa, vio que su gato estaba ahí y que al parecer la madre de Arthur había llamado a su jefe para que le ayudase con el gato…no debería haberle dado el número de Ivan a su madre… ¿y por qué Ivan tenía las llaves de su casa?

Daba igual lo importante es que estaba con su querido amigo peludo y que se encontraba más tranquilo a su lado. Al querer acariciarle, el gato le arañó en el brazo para luego hacer como si nada e irse a raspar el sofá. Maldito gato, y pensar que había sentido pena por él y por si mismo.


9192810: Ya es que Arthur es un chaval especial, y para que mentirnos soy un poco hija puta xd. Hay que decir que Arthur no va a conseguir realmente lo que quiere porque al final cae. Cae de buena manera he de decir. Es una historia bastante cruda porque además Arthur tiene una razón más que realmente no es culpa de Antonio pero que le hizo comportarse así. En el fondo me da penita su adolescencia, cuando entras en una de esas bandas no sales, lo sé por conocidos que realmente no me caen del todo pero que te cuentan su vida en clase xd.

Bueno sé que estoy tardando tanto pero oye este capítulo es largo. Son más de 5000 palabras. Al menos para mí es bastante...bueno van a aparecer muchos personajes y puede que añada más adelante una mini pareja que realmente será una aparición.

Para añadir más...me gusta mucho lo del gato de Arthur...no sé, me hizo gracia.