Antonio estaba tumbado en la hierba mientras observaba el profundo azul del cielo. Suspiro sonoramente y dio una vuelta sobre sí mismo para estar boca abajo. Apoyó su rostro contra las manos y empezó a observar el horizonte. Arthur le había prometido que verían el atardecer junto, en cualquiera de los casos decidió que la mejor de las opciones sería esperar. Justo cuando otro suspiro iba a caer de sus labios, sintió una mano sobre su cabello.
-Si suspiras tanto se te escapara el alma.
La sonrisa de Antonio no podía ser más deslumbrante. Lo primero que hizo al escuchar la voz fue abalanzarse sobre el cuerpo de Arthur para abrazarlo. El rubio estuvo desprevenido y fue arrastrado a la locura del castaño quien rió por su victoria. Arthur sintió que sus mejillas enrojecían, Antonio era tan entusiasta que era sumamente adorable.
Uno no podía luchar contra ello, estaba deseando verle de nuevo. Por el contrario se estaba deleitando estando con su querida familia. El problema no era ni Cian, ni su madre, ni siquiera era Scott aunque le sacase de sus casillas. Si no que de repente empezaban a interesarse por su vida amorosa. Scott era un caso perdió según su madre, y eso que ahora por casualidad tenía un algo con un alguien. Y claro su madre…bueno ese no era el caso. El problema es que se sentía vulnerable cada vez que pensaba o hablaba de Antonio y su madre quería sacar el tema.
-Artie, estás como un tomate-dijo mientras sonreía mordaz.
El nombrado "Artie" rio por su supuesta desgracia. ¿Qué le iba a decir? ¿Qué era mentira?
-Anda tonto…calla…-contestó apartando la mirada.
Esa contestación había provocado que Antonio empezase a pinchar su mejilla, mientras le decía lo avergonzado y mono que estaba. A veces el moreno no se daba cuanta en lo que influía en el rubio. Arthur no estaba acostumbrado a las muestras de cariño. Tal vez si a su madre que le seguía dando un beso en la frente cada vez que le veía, pero no en cualquier relación que hubiera tenido. Ni siquiera con Anne, la mujer de Seychelles con quien había estado saliendo. Era nuevo que alguien fuera tan cariñoso con él y se sentía desprotegido.
Para intentar salir de aquella situación, simplemente giró hasta dejar debajo a Antonio y le beso de una manera hambrienta en la que no pudo reaccionar. Cuando terminó el beso, Antonio tenía los ojos cristalinos y la boca entre abierta. Aunque Arthur seguía sonrojado, Antonio lo estaba más y era lo único que necesitaba para sonreír con suficiencia.
-Ahora quién es que esta sonrojado.
Antonio se despertó de su trance y sonrió como si fuera un niño, una sonrisa con una gran inocencia.
-Estoy desenado que me bese el Arthur de verdad.
Arthur sonrió enternecido y simplemente se apoyó en sus piernas a la vez que el otro se incorporaba para estar sentado.
-¿Puedo acariciarte el pelo?
Arthur asintió con los ojos cerrados con una gran satisfacción en su gesto. Mientras sentía las cosquillas de sus dedos, el rubio de vez en cuando suspiraba de pura felicidad.
-¿Quieres ir a la isla de las hadas?
La curiosidad de Antonio no se hizo esperar dejando su ardua tarea de las caricias para centrarse en el rostro del otro.
-¿Qué se supone que es eso?
-Pues una isla…donde hay hadas.
-Venga no seas así, dímelo…porfa.
-Pues ahora por insistir iremos mañana.
La sonrisa de Arthur se ensanchó y al mismo tiempo los mofletes de Antonio se inflaban de pura frustración. Siempre le hacía lo mismo, no era su culpa ser tan insistente cuando le decía cosas que escapaban a su comprensión. Era de naturaleza inquieta, necesitaba saber ese tipo de cosas en el momento.
La cena de Navidad no podría ir mejor, aunque a los ojos de Arthur eso no era más que sarcasmo. Cian había traído a su sobrino, que si que le quería y todos esos rollos, pero era insufrible. Iba todo el rato de un lado a otro, y tan solo tenía seis años. Lo peor es que la noche anterior la pareja había anunciado que serían uno más en la familia, que Denise estaba embarazada de dos semanas.
Su madre se había vuelto a emocionar con esos rollos de que serían los únicos que le darían nietos y que si Arthur solo tenía a su gato. Es más, a su madre se le había ocurrido la maravillosa idea de contar aquella anécdota en la que le había llamado para pedir que le trajese a gato. En un abrir y cerrar de ojos la conversación paso a Scott que si que quien era la persona misteriosa y bla bla bla.
-Ni siquiera llevamos un mes, creo que han sido unas tres semanas. Ni siquiera sé si vamos en serio.
A Arthur no le agradaba estar escuchando a su hermano demasiado rato, no es que tuviese ningún tipo de odio hacia él. Simplemente su relación era muy complicada. Decidió desconectar de la charla familiar y coger el teléfono, Antonio le había enviado una foto en la que estaba saliendo del teatro de Lisboa. Debajo de la foto había un mensaje que decía que ahora iba a ir a comer a casa de su hermano y que se moría de hambre.
Arthur le puso un mensaje algo subido de tono, algo como: yo puedo darte de comer si te agachas y cierras los ojos. La respuesta no se hizo esperar con un: que tonto eres. Eso sí, con emoticonos desenfadados, de esos que a Arthur no le gustaba usar pero que eran especialmente tierno en Antonio. Tan absorto estaba en sus cosas que no se dio cuenta de que Charly, su sobrino estaba leyendo la conversación que estaban teniendo. Aunque solían habar en español, había veces en las que Antonio empezaba la conversación en inglés.
Esa fue una de aquellas situaciones, por lo tanto el niño pudo leer sin reparos y empezó a leer la conversación en alto. Cuando escuchó que todo el mundo se callaba ante el griterío del niño, Arthur empezó a sonrojarse y no hizo más que darle una colleja a su sobrino.
Cian comenzó a reírse mientras le decía al rubio las tácticas más cutres que tenía para ligar. Denise estaba riñendo a su hijo, diciéndole que no podía leer las conversaciones ajenas. Scott reía disimuladamente, mientras que una mirada burlona se dirigía a su hermano. Por el contrario su madre estaba feliz, diciendo que por fin había encontrado a alguien especial.
-Solo llevamos dos meses y poco, déjame mamá. Ni siquiera sé si somos algo.
Y por culpa de ese maldito niño había estado toda la noche recibiendo pullas de sus hermanos. Por suerte tanto su madre como Denise intentaron que el ambiente estuviese en calma sin mucho éxito. Cuando acabaron la cena y recibieron los regalos, cada uno se fue a sus respectivas casas a excepción de Arthur que le había prometido a su madre que se quedaría con ella.
Estuvo hasta las doce de la noche hablando con su madre mientras que veían un absurdo especial de Navidad. Finalmente se fue a dormir a su cuarto con el gato, el cual su madre no dejaba que saliese a sus anchas por la casa porque decía que le arañaría el sofá.
Cuando se puso el pijama y se tumbo en la cama, examinó el móvil y vio que Antonio le había enviado un video en el que Jaõa intentaba hacer cócteles y volvía a tirar la coctelera. A su lada había una mujer que le estaba echando la bronca. Suponía que sería la novia del hermano. Arthur decidió ponerle un mensaje de voz contándole el incidente que había tenido en la mesa. Espero unos minutos hasta que finalmente recibió una retahíla de mensajes en los que se dedicaba a burlarse de él. Estuvieron hablando sobre si había sido el Karma o no y finalmente ambos se fueron a la cama.
Antonio estaba esperando a Arthur con impaciencia. Hoy le iba a llevar a la isla de las hadas y estaba bastante desconcertado. Más que nada porque lo había estado manchando de tanto misticismo la noche anterior que no había podido pensar en otra cosa. Arthur apareció a su espalda abrazándolo. Le hizo unas ligeras cosquillas en las caderas y no pudo evitar estremecerse. Antonio necesitaba verle en la vida real y contarle con más detalle las historias que le había contando Jaõa. También quería meterse con él, mira que dejar que su sobrino le leyese los mensajes. Su risa resonó en los oídos del rubio que no pudo evitar besar con cariño el cuello de su amante.
-¿Estás listo?
-Sí, es que te pones de un misterioso…luego soy yo el rarito.
-Claro que lo eres, anda vayamos.
Subieron al barco del rubio, Arthur sabía que el estar en contacto con el camarote no le haría demasiado bien a su salud mental. Por eso se quedaron en la proa del barco y estuvieron observando el mar.
Cuando llegaron Antonio se quitó los zapatos para, según él, pisar la arena. Ni el inglés supo como el mismo se vio quitándose los zapatos. Estuvieron hasta que anocheció en la isla. En ese instante, se adentraron al bosque donde encendieron una fogata. En medio de todo aquello Antonio se apoyó en el hombro del inglés quien sonrió con suficiencia.
Cuando sonaron unas campanas aparecieron unas pequeñas luces de colores y de repente unas pequeñas hadas se posaron en las manos de Arthur. El español estaba mirando con cuidado como las hadas hablaban en los oídos. Antonio estaba completamente ilusionado, en lo único en lo que podía pensar era en lo que le estarían contando. Aunque el español insistía en que necesitaba saber lo que le estaba diciendo, Arthur no dejaba de insistirle en que dejase de ser un cotilla.
Supuestamente había que cerrar los ojos y pedirles a las hadas un deseo. Y a pesar de que Antonio lo hizo, no tenía muchas esperanzas de que se cumpliera. Al fin y al cabo era un sueño.
Antonio estaba en el aeropuerto de Francia, supuestamente se iban a encontrar a las cuatro e iban a pasar unos cinco días en la casa del moreno. Luego Antonio estaría durante unas semanas en el teatro de París para un ballet, mientras que Arthur estaría unos días en Inglaterra para arreglar unos papeles de su empresa. A posteriori tendría que buscarse un piso en alquiler o algo así. Gracias a Dios podía trabajar desde casa. No se sentía del todo cómodo conviviendo con el moreno, más que nada porque le parecía que tenía costumbres bastante desordenadas que tendría que estar corrigiendo. Y también porque necesitaba su espacio vital.
Antonio sintió como era privado de su visión y sin poder evitarlo sonrió, ya que le parecía demasiado acaramelado para el humor inglés.
-Artie.
-Has acertado.
A continuación le dio un pequeño beso que el moreno intentó saborear el mayor tiempo posible. Suspiro cuando termino y sonrió con un cariño que hasta a él mismo le parecía inexplicable.
-Vayamos a mi casa, dejamos las maletas y…
-¿Y?
La sonrisa de Arthur se intensificó con el sonrojo de su compañero que simplemente miró hacia arriba en busca de una solución que no implicase malas palabras.
-Lo que quieras, tengo que hacer la cena de año nuevo y comprar todo…quiero que sea una sorpresa…
-También podría ayudar.
-No, eres un desastre en la cocina, me niego.
Arthur sintió por momentos que su orgullo era herido, Antonio se dio cuenta por el ceño fruncido del rubio. Tal vez había metido la pata, pero no era culpa suya. Arthur le había confesado hace años que había quemado la cocina de su casa, era comprensible que no quisiese el mismo destino para su cocina. Cuando le intentó dar la mano, este la quito indiferente sin siquiera mirar al castaño, esto hizo que el moreno también se enfadase. Arthur podía ser tan infantil que casi no se lo creía.
-Oye, no te pongas así.
No recibió respuesta del rubio que simplemente se quedó callado para irritar a Antonio.
-Arthur pero háblame.
El inglés aceleró los pasos para poder salir del aeropuerto, así el castaño no podría ver que estaba a punto de estallar de la risa. Antonio le siguió e intento alcanzarle, pero en el momento en el que aceleraba, Arthur también lo hacía.
-No seas tan infantil, tú haces cosas por mí que a mí se me dan mal…me ayudaste a quitarle ese virus a mi ordenador.
-Vaya, soy bueno para instalar antivirus, que bien.
-¡Arthur, no pongas ese tono conmigo que la tenemos!
El rubio aceleró aun más el paso hasta llamar a un taxi, Antonio se metió con él y le dijo la dirección de su casa. Durante el trayecto no dijeron nada, hasta que finalmente llegaron al piso del moreno. Antonio estaba dispuesto a continuar la pelea, pero Arthur sin poder evitarlo le beso. El beso era tan feroz que simplemente se vieron arrastrados al sofá donde Antonio quedó abajo. Arthur tocó suavemente el miembro de Antonio que se levantó. Mientras tanto le seguía besando. Cuando Antonio estaba a punto de eyacular, Arthur se alejó con una sonrisa divertida. Al ver al español confuso, simplemente rió.
-Es tu castigo por pensar que no soy capaz de cocinar.
-Arthur, no tiene gracia, ven aquí y acaba lo que empezaste.
El inglés no podía evitar hacerle caso cuando ponía ese tono con él. Tal vez era algún nuevo fetiche que se había desarrollado a la medida del tiempo en el que estaban juntos. Por alguna razón tampoco le importó demasiado. Se acercó con pasos lentos y se puso encima de su amante. Le beso suavemente, con un roce que se terminaba en el momento en el que empezaba, pero era suficiente para ambos. Sobre todo para el inglés que se deleitaba con los sonidos que salían de los labios de Antonio. Eran roncos y masculinos, pero con un toque suave como una mousse de chocolate. Finalmente, Antonio eyaculó y Arthur beso nuevamente sus labios. Bebía desesperado de su néctar y sonrió, esta vez de dulzura al ver la tranquilidad en los ojos del moreno. Su expresión era tan tranquila, sabiendo que el depredador encima de él no iba a hacerle nada.
-¿Ya estás contento?
-Mucho.
-Qué tal si vas a hacer la compra, y yo recojo nuestras maletas.
-Que cotilla que eres…seguro que quieres mirar haber que tengo. Por cierto, ¿Gato?
-Llegue antes y le he dejado en un peluquería para animales, luego lo recogeré.
-¿Hay de eso? Me refiero…para gatos.
-Al parecer si, la cosa es que me estaba estresando tenerlo así que bueno…
Antonio soltó una carcajada que parecía que no acabaría nunca, Arthur le rodeo la cintura y le mordió el cuello no con demasiado fuerza.
Decidieron hacer lo que Arthur había mencionado, por lo que Antonio se fue a la compra y después de recoger las maletas el rubio llevó a su gato al hogar provisional que tendrían durante varios días. El gato se sentó en medio del sillón y con cara de pocos amigos, se dedicó todo el tiempo a mirar mal a Arthur. El británico se preguntó que había hecho mal con su vida para merecer aquello.
Antonio volvió algo tarde a casa para el gusto de Arthur que quería seguir haciendo cosas con Antonio. A pesar de ello, Arthur no pudo saborear lo suficiente a Antonio que se dedicaba a preparar la comida y a alabar el pelo de gato. Al parecer estaba muy suave y no podía parar de acariciarlo. Antonio decidió basar su cena en barias tapas, ya que le gustaba cenar ligero y aunque esto era una ocasión especial quiso juntar ambos credos en la mesa. Justo cuando estaba terminando el postre: Brazo de gitano. Era parecido al tronco de año nuevo, pero como se habían terminado decidió hacer el mismo un postre parecido.
Antonio estaba tarareando una canción suave hasta que notó un abrazo y el apoyo de la cabeza de Arthur sobre sus hombros.
-¿Tienes mimos?
Arthur no contestó simplemente dejo escapar su cálido aliento, este fue directo al cuello de Antonio que sintió un tremendo escalofrío.
-Es que…pensé que podía darte tu regalo.
Antonio frunció ligeramente el ceño, aunque no estaba enfadado.
-Dijimos que nada de regalos.
-Ya pero es que no he podido evitarlo.
Antonio suspiró y giro la cabeza con una expresión curiosa que se intensificó al ver la cara de Arthur. Definitivamente tenía algo entre manos y probablemente no era demasiado favorable para él.
De repente en frente de sus ojos se depositó unas bragas de color rojo de encaje. El español se sonrojo y aparto a Arthur que sonreía como si fuera un niño inocente.
-¿No se suponía que era una tradición?
-No, no y no.
-Venga…a burro regalado no le mires el diente.
-Es a caballo.
-Eso no es lo importante, además te quedarán muy bien.
-Claro que me quedarán bien, todo me queda bien.
Antonio finalmente cedió y se fue a su habitación para ponérselas, sin dejar entrar a Arthur. Cuando salió su sonrojo era tremendo y no podía evitar mirar hacia el otro lado.
El inglés se sentía satisfecho, es más, tremendamente satisfecho. Por otro lado, había una especia de enfado por parte del castaño. No podía creerse que hubiese cedido a sus deseos, normalmente no era así. El sabía decir no, Arthur le estaba quitando ese privilegio y no sabía el cómo. A pesar de ello, no quiso alejarse de Arthur. Ahora que había terminado de preparar todo para la cena, lo único que quería era estar abrazado en el sofá con Arthur, pero había una parte de su orgullo que se lo impedía. En el momento en el que Arthur se sentó en el sofá con una sonrisa mientras miraba la televisión, Antonio supo que había perdido. Por lo tanto se sentó y se acurrucó junto a Arthur.
-¿Se te ha pasado el enfado?
-No, pero quiero descansar contigo. A pesar de tener a una persona tan idiota en mi vida la quiero con sus defectos.
Arthur se sorprendió con lo último, Antonio había dicho que lo quería. Una extraña nube de vergüenza se instaló en él y quiso devolverle la jugada al castaño. Por el contrario, en el momento en el que vio los ojos cerrados de su amor, que estaban disfrutando del momento, decidió quedarse muy callado hasta que rompió el silencio.
-Yo…lo mismo.
Antonio sonrió sin querer que confesase más. Sabía que era perfectamente lo que decía y no necesitaba más aclaraciones. Nunca se habían contado muchas cosas íntimas, pero en su instancia en España pudo conocer más o menos su situación familiar por lo que no quiso presionarlo.
El silencio fue momentáneo hasta que Antonio decidió molestarle con unas pequeñas caricias en su parte íntima. Más que nada como venganza por tener que estar llevando lencería de mujer.
Después de cenar y tomar las uvas la casa se llenó de vítores y música. El inglés había puesto unas cuantas canciones de las suyas para "bailarlas" con Antonio. Por su parte el castaño no había podido parar de reír. En un momento se quedaron exhaustos y fue el inglés quien tomo la iniciativa después de haberse estado mirando a los ojos. Puede que las caricias que le propició, a continuación de tumbarle no fueran una simple venganza aunque lo manifestase como tal. Su relación tenía mucho esa connotación, la venganza y siempre la mencionaban como un juego previo. Arthur no la sentía incómoda porque de alguna manera pensaba que era lo que les había unido de verdad.
Antonio jadeo y acercó más a Arthur, quien de un momento a otro se levanto para contemplar la belleza del español y finalmente desabrocharle la camisa para besar cada uno de sus pezones, como n pequeño regalo que debía de dar. Antonio rió ante su juego previó y finalmente apartó un poco a Arthur para quitarse toda la ropa y enseñar lo que el rubio le había regalado.
-¿Te gusta?
Antonio por un momento pensó que tenía el control, que la mirada candente de Arthur no era más que una manifestación de que se comportaría. Pero no fue así, y es que Arthur le giró para tener a primera vista su retaguardia y contemplar como la braga de encaje contorneaba ese increíble cuerpo. Beso cada uno de los cachetes y empezó a lamer por encima de la lencería el miembro de Antonio mientras estaba en cuatro. Antonio quería evitar gritar, solo quería derretirse en esas sensaciones y dejar que el rubio hiciese el resto. A pesar de ello, tenía miedo de que pasase lo que paso la última vez, decidió respirar hondo y cerrar los ojos. Finalmente sintió que las lamidas y besos de Arthur paraban, de un momento a otro se giro para ver a Arthur tremendamente sonrojado. Pudo deducir que estaba preocupado por lo que paso, Antonio sentía que debía vencer esa barrera por lo que agarró la mano de Arthur y la beso. El sonrojo de Arthur se extendió por todo du cuerpo o al menos su calor.
-Arthur, estoy listo…Hagámoslo despacio.
La sonrisa de Antonio era completamente conciliadora, y aunque Arthur sentía que le latía muy fuerte el corazón, tumbó al moreno y fue recorriendo su cuello, pecho e ingles con suaves toques y besos que hicieron que el castaño suspirase de amor. Fue el mismo Antonio quien ordenó a Arthur que se quitase la camisa.
-Me voy a acostumbrar a que me des órdenes a este paso.
-Arthur, eres mi vasallo, mi más fiel caballero andante y yo soy tu rey.
Arthur sonrío con una mueca tan entrañable que ni el mismo sabía que se sentía de esa forma.
-¿Qué quiere que haga mi rey?
-Haz que esta noche sea inolvidable.
La ropa de Arthur fue quitada por completo y Antonio no pudo resistirse a levantarse a mitad para besar el pecho del rubio, el cual sintió n escalofrío. Arthur volvió a tumbarlo y bajo hasta sus bragas, fue ahí cuando se las quitó, dándole un adiós a la curiosa elección que el mismo había hecho. Lamió la entrada del moreno mientras le masturbaba y el español no pudo evitar gemir, jadear y gritar de un placer repentino e inexplicable. A continuación metió los dedos en la boca de Antonio mientras con su rodilla rozaba las zonas erógenas de su querido. Antonio absorbió sabiendo que en el fondo eso le gustaba a Arthur. Cuando metió uno de los dedos no había dolido tanto como imaginaba, al fin y al cabo el rubio había estado un buen rato haciendo todo lo posible para que se dilatase. El segundo dedo tuvo algo más de dolor que se opacó cuando los dedos empezaron a hacer tijeras, Arthur metió un tercer dedo por si acaso. No quería que le doliese al día siguiente, o al menos lo menos posible. Antonio que ya estaba en su límite empezó a desesperarse y a mover sus caderas como podía, Arthur se divirtió por esa acción y simplemente cuando la metió se quedó quieto. Cuando Antonio vio que no se movía y era el mismo el que debía moverse, descubrió las intenciones del rubio.
-Artie… ¿Po-porqué no te mueves?
-Es que me gusta verte tan desesperado.
-Pues a mí no, muévete anda.
-No.
La respuesta de Arthur le proporcionó un tic en la ceja izquierda que Arthur identificó como una mala señal, aunque las consecuencias no se verían hasta después.
-Amor…
-Admite que la Chartreuse es una copia barata de la serie de la que te hable, esa de los anglicanos y el asesino.
-Jamás, la Chartreuse tiene clase, esa cosa de tu país es como vuestra gastronomía-replicó mordaz.
-Pues no me muevo.
Por el contrario comenzó a acariciar el miembro de Antonio con bastante intensidad y de repente puso una goma para que no pudiese eyacular. Los ojos de Arthur mostraban una diversión inexplicable mientras que Antonio solo pensaba en que lo mataría con sus propias manos.
Las carias de Arthur fueron hacía su costado donde estaba recibiendo una carga eléctrica que le proporcionaba demasiado entusiasmo, Antonio no sabía qué hacer.
-La Chartreuse es…Arthur en-en serio n-no puedo decirlo.
Arthur rió y se sintió algo culpable, así que simplemente cambio a una opción en la que ambos estarían felices.
-Prométeme que iras conmigo a una tienda para ya sabes, mirar "juguetes".
-S-si vale, pero mu-muévete.
Arthur beso el ombligo del castaño y acto siguiente comenzó a moverse suavemente hasta que vio que Antonio ya había esperado lo suficiente por lo que simplemente aceleró hasta que el rubio sintió lo estrecho y palpitante que estaba Antonio, era una calidez muy especial y los jadeos eran una simple maravilla. Arthur aceleraba el ritmo sin siquiera darse cuenta, hasta que finalmente Antonio eyaculo en su tripa y Arthur saco su pene para no eyacular dentro la primera vez, terminando de manchar su estómago y el de su amado.
-Artie, v-vas a tener que limpiar esto, porque voy a dormirme.
Después de un bostezo vio como los ojos de Antonio se habían cerrado por completo, así que Arthur limpió con una toalla húmeda su propio cuerpo y luego el de Antonio, finalmente le llevó hasta la cama. Se recostó a su lado y le abrazó, protegiéndole de lo que hiciese falta. La sonrisa de Antonio se intensificó y medio dormido dijo:
-Te quiero…
Arthur se sonrojo mientras se asomaba una sonrisa y se durmió después de besar la frente de Antonio. En sueños le preguntó a Antonio si todo había ido bien, lo que Antonio rió diciendo que había sido tremendamente bueno. En el sueño Arthur notó que por un segundo no tenía el control, y es que le costó invocar a sus hadas o controlar el agua para salpicar a Antonio. Al rato pudo volver a sentirse dueño de la situación, pero había sido una sensación muy débil.
Cuando Antonio se despertó, notó que Arthur estaba en la cocina. Más que nada porque lo conocía y sabía que sería tan cabezota como para seguir con el conflicto de que si cocinaba bien o no. El castaño sintió miedo por su cocina e inmediatamente se levantó de un salto y fue corriendo. Ahí se encontró a Arthur preparando café para Antonio y té para él.
-¿Qué pasa? ¿Es que no puedo preparar un café solo?
A pesar de que podría ser una pregunta que despertase la discordia, el tono humorístico y el contexto en su situación fueron suficientes como para hacer que Antonio riese suave. Arthur le tendió la taza al mismo tiempo que le daba un rápido beso, y es que dentro de unas horas iba a mirar pisos por ahí. Antes de eso Antonio le dijo que había quedado con su mejor amigo y que si quería conocerle. Arthur rió algo histérico para contestarle que esos días iba a estar muy ocupado y antes de que se enfadase le prometió que le compensaría cuando terminase de trabajar.
-Antonio…ayer… ¿Cómo estuvo?
A pesar de que ya lo había preguntado en sueños, necesitaba que se lo dijese de sus labios.
-Me gustó, ahora creo que puedo estar más seguro sobre eso…ya sabes-finalizó con una sonrisa.
-Cuéntame la historia con tu rubio anda.
-Pues…ya nos conocíamos de antes, pero no nos caíamos del todo bien y digamos que tuvimos un final bastante peliagudo. Pero apareció como abogado para Ivan y…
-Para, solo un pequeño inciso. Un ser que trabaje de abogado para ese hombre no es un ser humano. Puedes continuar-dijo mientras acercaba la taza de café a sus labios.
Antonio se rió y luego hizo lo mismo que el rubio y bebió de su segunda taza de café.
-Me puse nervioso, es decir, era incómodo verle. Pero el me consoló y me confesó que estaba colado por mí de jóvenes y bueno salimos una vez y otra y otra…
Francis sonrió y le preguntó sobre temas escabrosos, en un principió cuando escucho el nombre de Arthur e tensó al pensar en que puede que lo conociese. Pero tampoco quiso interrumpir a su amigo y sinceramente, tampoco quiso hablar de ese tal Arthur. Cuando le preguntó que tal en la cama, Antonio se sonrojo como era previsto y simplemente le dijo que esos detalles no se contaban. Eso le dio una pista para saber que lo habrían hecho, una pena que se quedase en ascuas.
-¿Y tú qué tal? ¿Muchos hombres y mujeres en tu cama?-preguntó Antonio teatral.
De repente Francis se tensó y es que había una oscura realidad en su vida de la que se avergonzaba terriblemente, a pesar de que a ojos de muchos era una tontería. Pero Francis tenía miedo al compromiso, demasiado miedo y notaba que con este chico iba bastante en serio. Es decir, obviamente se aburriría y ya está, solucionado. No tendría que lidiar con Scott, el pelirrojo guapo y gracioso, pero borde, bastante borde. Una pena que fuese parte de su encanto, porque sino ya tendría algo para echarle en cara.
-Bueno, ese es el problema. Conocí a un futbolista.
-¿Dónde? Porque tu aficionado al fútbol…si todavía no he podido ver ningún partido contigo.
-Ese era el problema de Félix, que le encantaba y que hizo tropecientos anuncios. El caso es que para su entierro fue el equipo de fútbol. Bueno tampoco es para entrar en detalles-dijo mientras se encendía un cigarrillo-el caso es que seguimos saliendo, pero no he salido con nadie más y es raro. Y Antonio, antes de que me digas nada sobre mi miedo al compromiso, no estamos en el jardín botánico, por lo que no necesito sincerarme.
Antonio suspiró al mismo tiempo que Francis daba una profunda calada a su cigarrillo.
-No soy tan cotilla Fran, en cualquiera de los casos si te gusta…
-No me gusta.
Fue ahí cuando Antonio sonrío de una forma que puso los pelos de punta a Francis, no porque le proporcionase miedo. Al menos no un miedo terrenal, aunque estaba seguro que lo siguiente que diría le pondría los pelos de punta.
-Si no te gusta acuéstate esta noche con quien sea, ¿No tenías una fiesta de actores o algo así?
-A la cual estás invitado.
-Y yo paso, porque quiero estar Arthur y no creo que se sienta cómodo con este tipo de cosas.
Francis rió para el mismo, una risa amarga porque metafóricamente estaba cogido de las pelotas, y al paso que iba no iba a ser tan literal.
Arthur había terminado de mirar los piso y no podía decantarse por ninguno, le parecían o muy grandes o pequeños, o oscuros o luminosos. Cada día se sentía más inútil para buscar casos, pisos u hogares en general. Antonio le había dicho que no le importaba que se quedase, pero no, no podía. Necesitaba tener un espacio en el que esconderse, y su trabajo no era siempre una buena opción.
Se quedó sentado en el sofá y de repente empezó a recordar una cosa que le daba mucho miedo a Antonio.
Estaban en la playa y de un momento a otro se pusieron a hablar. No lo solían hacer, es más, nunca lo habían hecho. Pero desde el día del tatuaje se sintieron un poco ¿unidos? Bueno si, pero no. Porque a fin de cuentas se seguían odiando hasta la médula, pero de vez en cuando tenían treguas. Treguas pequeñas que solo significaban que necesitaban apoyo. Y en una de esas charlas Arthur se lo acabó por preguntar.
-¿Por qué no quieres decírselo ni a tus amigos? Entiendo que el instituto es muy…conservador, pero Gilbert es muy buen tío.
-Arthur no te pongas pesado anda.
Arthur giró su mirada y se encontró con el mar. De repente había brisa fresca y quiso aprovechar.
-Tampoco te enfades.
El rubio no estaba enfadado, simplemente pensativo. Pero prefería que Antonio pensase eso, era mucho más cómodo.
-Bueno que me da miedo y eso.
Arthur se giro y le miro, realmente tenía miedo de decírselo incluso a Gilbert.
-Me da vergüenza, mi padre dice que…bueno que tengo que dejarlo, que no es muy masculino. Pero me gusta mucho, es una cosa mía, solo para mí.
-Yo…también me avergüenzo de cosas, mi vida en Inglaterra por ejemplo.
Antonio le miraba con ojos grandes y brillantes, como si esperase una contestación, una mejor explicación.
-Mi madre era puta, mi hermano drogadicto y yo camello, y mírame huyendo.
La sonrisa de Arthur era demasiada relajado como para decir lo que estaba diciendo. Antonio no quiso hablar sobre el tema porque sabía que sería más doloroso.
Dino890: Perdón por la tardanza y espero que te guste este capítulo. He intentado que haya un poco de todo. Pero sobre todo cariño porque dentro de poco el fic tendrá momento escabrosos, así que ha disfrutar esto mientras se pueda.
Me ha gustado mucho escribir la parte en la que se medio enfadan. Siento que sus peleas son así de estúpidas la verdad.
