Acostumbraba a levantarse a las seis treinta de la mañana, antes de que su reloj comenzase a pitar como un desquiciado. Tomaba una ducha, se colocaba nuevamente la pijama e iba por su café matutino como todos los días desde que le permitió hacerse adicto de los granos de café del planeta Corellia, planeta que había revivido sus rutas comerciales con Alderaan quince años atrás.

Bueno, así hubiese sido, de no haber tenido aquella horrible pesadilla. El sudor estaba en cada parte de su cuerpo y su pecho subía y bajaba frenético. Como pudo, salió de su cama y trastabillando, apenas sosteniéndose de las paredes, llegó hasta el baño. Apoyó sus manos a cada lado del lavabo y con sus ojos cerrados, esperó que el mareo y los temblores acabaran. ¿Qué había sido eso? se preguntó. Todo se había sentido tan real, tan vívido. Abrió el grifo con su mano derecha y metió su cabeza debajo del chorro de agua helada.

Las cortinas se abrieron paso apenas sus sensores hicieron contacto con él y el panorama se mostró frente a sus ojos en cuanto la taza caliente adormeció parte de sus manos. Aquello le había quitado una sonrisa, pero su humor esa mañana no era uno bueno. De hecho, estaba tan exhausto. Aquellas pesadillas cada vez se hacían más frecuentes.

-¿Tienes que hacer tanto alboroto en la mañana? -su padre pasó por su lado sosteniendo sin cuidado una toalla en su cintura. Con rapidez le arrebató la taza de café de sus manos y se acercó al androide que ya tenía lista sus tostadas favoritas -. ¿Cómo es que no se te deshacen los labios con esto? Oye, Palan, quítale algo de temperatura a esto.

-Sí, amo Dameron.

-Padre -dijo bajando su mano. Poe levantó una de sus cejas y se giró hacia él. Notó al muchacho decaído, incluso perdido.

-¿Sucedió algo? -preguntó dejando de lado su sentido del humor -. Dime.

-No es nada, no te preocupes. ¿Qué haces tan temprano despierto? Creí que no dejabas la cama hasta después del mediodía.

-Hoy tenemos práctica de vuelo. Ayer dijiste que lo intentarías -Paul pestañeó confuso.

-¿Yo lo dije? -preguntó extrañado-. ¿Estás seguro?

-Estaré anciano, Paul, pero creo poder recordar conversaciones del día anterior. Oye, ¿en verdad te encuentras bien? No pareces estarlo -comentó alargando su mano para tomar una tostada.

-Estoy bien, y no iré a esa práctica. Ni en mil años se me hubiera ocurrido decir algo como eso.

-Entonces, ¿con quién supones que hablé? ¿Con tu doble? -arrugó su nariz y golpeó la mesa -. No sé qué está pasando por tu cabeza, no estoy seguro de querer saberlo de todas maneras pero, ¿qué pasaría si un día atacan la ciudad? ¿Te meterás a un búnker rezando que no les de por revisar? -este no respondió y Poe dejó caer su tostada a medio morder con enojo -. Paul, por favor, no puedes vivir pensando que esta paz durará para siempre. Ayer tú dijiste que -negó con su cabeza y dejó a medias la oración -. No seas-

-¿Ingenuo? -espetó frunciendo su entrecejo -. Padre, no ha habido guerra en veintidós años. Tú y mamá han podido vivir en paz todo ese tiempo y no han disfrutado un sólo momento de él, ¿por qué? Porque siguen pensando que el mal aún acecha. Hanna no murió en vano para que eso sucediera y estoy muy seguro de que quien haya hecho esa broma, es un idiota. Porque nunca me subiría a una maldita nave.

Poe se giró para darle la espalda y cruzó sus manos por encima de la isla. Paul sabía que la conversación había acabado allí. Cada vez que nombraba a Hanna, él se quedaba sin argumentos y pensó que era mejor de esa manera. Negó con su cabeza y giró sobre sus talones para salir de ahí inmediatamente, pero se encontró con su madre. Creyó que le diría algo, pero en su lugar, le hizo un gesto con su cabeza para que siguiera con su camino.

-Gracias -ella asintió y le dio una suave palmada en su hombro para luego acercarse al viejo y testarudo Supremo Canciller.

Antes de la repentina y triste muerte de Leia Organa, ella se encargó de acomodar políticamente a su familia ya sus allegados. Colocando un voto de confianza de que su capacidad, inteligencia y estratagemas cualidades indispensables para tomar buenas decisiones en cuanto a la política. Como princesa, le dejó su título a Rey y por tanto su apellido, mientras que a Poe, el Senado. Sus excelentes tratos armamentísticos como así también de droides, especias y telas de planetas que habíann quedado destruidos por la Primera Orden, trajeron dos décadas de gran prosperidad. Razones más que suficientes para ser respetados grandemente en la galaxia.

Paul por otro lado no había seguido la política, ni el camino Jedi y muchos menos el militar. Él fue por el lado de la creación, de los inventos, del arte en sí mismo. Parte de los nuevos y resistentes atuendos militares, de los guardias personales, guardaespaldas, entre otros, habían sido producto de su mera invención. Las armas, las casas inteligentes, tenían un poco de él y ahora iba por más. Si bien, odiaba volar, le encantaba manipular esos cacharros a su antojo desde la mecánica; estaba pensando crear una nave de evacuación, como así también naves que fuesen capaces de manejarse sin necesidad de pilotos en caso de ataques imprevistos que no requiriesen preparación previa.

Pero, eran simples proyectos. Sueños lejanos que todavía estaban en revisión.

-Bienvenido, Doctor Dameron -este le sonrió al balmorrano. Se habían convertido en buenos amigos con los años, pese a su reacia actitud hacia el concepto de amistad -. Pensé que por ser su cumpleaños no aparecería en el laboratorio.

-Hay cosas mejores que un simple pedazo de pastel, Bor. ¿Qué tienes para mí?

-Las últimas pruebas no han dado buenos indicios. El material liviano que se quiere utilizar es todavía muy pesado.

-Seguiremos buscando y no, Nar Shaddaa no es una opción. No podemos meternos a un lugar que puede traernos un billón de problemas.

-Yo no dije ni una sola palabra.

-Lo vi en tus ojos -masculló entrecerrando los suyos -. Estaré en el taller y apenas tengan una solución, me lo comunicas.

-Lo haré. Por cierto, llegó un mensaje para ti.

-¿Para mí?

-Sí, creí que sería importante dado que viene del Templo Jedi.

Paul frunció levemente su ceño y regresó con su camino ahora pensativo. ¿Un mensaje del Templo Jedi? Era poco probable en esos días que llegara algo de aquel sitio. ¿Tendría algo que ver con su pesadilla? ¿Ellos podrían saber algo sobre eso? No, claramente, que no. No eran adivinos, por lo menos eso sabía él.

El Templo Jedi tenía una sede en Alderaan, en su momento pequeño, pero un buen número de estudiantes había llegado con el tiempo; el consejo reconstruido había decidido entonces ampliarlo. Él se había encargado de las conexiones más complejas de seguridad y esa fue la única vez que pisó ese sitio.

Pese haber heredado los midiclorianos suficientes como para haberse convertido en un Jedi en su niñez, fue consciente de las pérdidas de su familia y había comprendido que no era un camino al que estaba destinado a seguir. Sus padres habían comprendido su decisión, uno mejor que el otro.

-LU-6, reproduce el mensaje del Templo Jedi.