El pequeño androide esférico salió de su guarida en cuanto escuchó su voz. La orden había sido específica y no era, ni estaba en sus circuitos, algo al que pudiese negarse. Se quedó en el centro y luego de dejar salir un silbido agudo, el mensaje finalmente apareció frente a Paul que esperó mientras se comía la uña de su pulgar derecho. No estaba seguro de querer saber qué rayos había allí y a su vez, tenía el deber de escucharlo. Cualquier cosa podría suceder, cualquier cosa y como él lo veía, tal vez ni siquiera estaba preparado para ello.

-Doctor Dameron -la voz del Jedi finalmente apareció -, espero que el mensaje llegue a usted sin mayores problemas. Mi nombre es Drian Nesar, y hace una semana hubo una perturbación de la Fuerza. Una maligna -Drian se quitó finalmente su capucha -. Para comprobarlo enviamos un grupo de Jedis a un planeta remoto, en el cual criaturas horrendas ocupan su planicie. Allí encontraron una nave, un destructor oculto -el Jedi hizo una pausa y bajó su mirada como si al hablar también estuviese reflexionando -. No es uno antiguo, es nuevo, con más capacidad, más poder, más destructivo -prosiguió levantando esta vez su cabeza -. El grupo fue detectado y sólo uno regresó. El maestro Werui cree que el ejército de la Primera Orden no fue del todo destruida, lo cual si es así, nos traería muchos problemas. El plan es enviar más, conseguir más información, especialmente si hay más de esas naves de guerra por el planeta. Pero para ello, necesitamos una nave que nos haga prácticamente invisibles. El maestro Skywalker nos dijo que usted es un genio y que será capaz de hacerlo, es apremiante que sea pronto -su tono de voz dejó de ser seguro -. Las cosas no están bien; esperamos su respuesta, es nuestra única esperanza.

El mensaje terminó allí. ¿Qué se suponía que tenía que pensar al respecto? LU-6 lo siguió en su andar, de un lado a otro, de un lado a otro hasta que simplemente dejó de hacerlo. ¿Tenía que tomárselo en serio? ¿Tenía que escucharlos? Los Jedis siempre habían sido extremistas de alguna manera, pero esta vez tenían pruebas e incluso pérdidas. Negó con su cabeza y miró a aquel droide con seriedad.

-Borra ese mensaje, ahora. Lo mínimo que podemos hacer es ser discretos, no queremos que comiencen los rumores, por lo menos no con nosotros de por medio -la pequeña bola metálica silbó y bajo la mirada de su amo, borró aquel mensaje -. Mierda -soltó pasando sus manos por su rostro. Primero el sueño, luego ese mensaje. Lo último que necesitaba ese día era saber que todo estaba por joderse. ¿Qué les había llevado tanto tiempo para regresar? ¿Por qué justo en ese momento se dejaban ver? -. Tal vez, tenga que tomar esa maldita clase de vuelo. Dije tal vez -murmuró cuando su droide lo miró -. Deja de mirarme. Libera mi agenda, iré al templo Jedi la única manera de sacarme las dudas es encontrarme cara a cara con esa gente. ¿Crees que puedes manejar este lugar en mi ausencia? -el droide dejó escapar un silbido afirmativo y Paul sonrió a medias.

Todo esto lo dejaba intranquilo.

Y de esa manera dejó el taller. Sin decirle a nadie y prácticamente esfumándose del recinto tomó un una moto-speeder y se dirigió al Templo Jedi a las afueras de la capital. Cubrió, sin embargo, antes de partir, su rostro. Otra vez, sentía esa necesidad de hacer cosas que ni siquiera las había pensado y que, pese a ello, cumplía al pie de la letra. Era una sensación, un hormigueo, un susurro lejano, inentendible que le anticipaba cosas, movimientos, decisiones.

Su madre alguna vez le había mencionado que esa sensación no era más que la Fuerza fluyendo en él y que se activaba cada vez que él la necesitaba. Si así fuese, entonces, debía estar muy asustado. De otra manera, nunca había necesitado de ella más que cuando estaba en peligro. Y si algo odiaba con todo su ser, era depender de algo que no tenía idea de su concepto. Era más bien del tipo que si no veía, probablemente, no creía.