El Maestro Nesar se adentró por otra puerta que daba a un salón lo suficientemente amplio como para albergar al menos unas veinte personas al rededor de un gran mesón. Justo allí, habían dos hombres dándoles la espalda mientras analizaban un mapa de un planeta verdoso sobre sus cabezas.

-El planeta 722-B no tiene seguridad. Pienso que las razones de que sea así no es más que para pasar desapercibidos. Quiero creer que algo sucedió, quizás alguien quiso alertarnos.

-Imagino que tienes un nombre atorado en el paladar.

-Las posibilidades son nulas, Maestro Skywalker. Hay testigos de que vieron un cadáver después de que explotó su nave.

-Pero, incluso alguien tan listo como tú, no podría creer que algo así pudiera acabar con él tan fácilmente, ¿cierto? -Nesar aclaró su garganta y ambos hombres se giraron en su dirección.

Luke Skywalker quien hasta entonces había mantenido su ceño fruncido, lo relajó inmediatamente al verlos. Mientras que el otro sujeto mantenía una neutralidad frente a los presentes. El maestro Nesar se hizo a un lado e hizo una reverencia respetuosa.

-Maestro, nuestro invitado, ha llegado.

-Sí, ya veo, ya veo. Tal vez, las cosas no estén saliendo tan mal después de todo -sonrió asintiendo mientras su mirada recaía en el joven -. Acércate muchacho, déjame mirarte. Haz crecido, ¡todo un hombre! -apretó cariñosamente los hombros de Paul.

-Sí, es algo que sucede. Los años pasan, los huesos crecen.

-Ese tono irónico definitivamente le pertenece a tu padre -se carcajeó Luke y luego giró para colocarse a su derecha -. Blagg, ven aquí, acércate. Te presento al Dr. Paul. De hecho, ambos ya se conocen.

-¿De verdad? -preguntó levantando una de sus cejas mirándolo de arriba abajo -. No lo sé, recordaría un rostro como el del Dr. Paul, sin ofender.

-Sí, bueno, sucede que conociste su versión más pequeña. Creo que Paul tenía tres años en ese momento -Temiri frunció levemente su entrecejo -. Es el hermano pequeño de Hanna.

El nombre de Hanna transformó el rostro del ex Caballero de Ren. Paul diría que se hizo más dócil tan repentinamente como un perro salvaje después de recibir un gran pedazo de carne.

-Oh, Paul -comentó cauteloso -. Ella nunca nos presentó realmente, sólo te dejó conmigo. Supongo que pensó que eso era suficiente.

-No recuerdo nada de mis tres años.

-Está bien, no es algo que querrías recordar. No era un muy buen momento; soy Temiri Blagg, por cierto.

-Paul Dameron -estrecharon sus manos y Luke asintió satisfecho.

De repente, las puertas fueron abiertas por un joven padawan que corrió hacia el maestro Nesar. Susurró algo en su oído y como había llegado, se retiró presuroso cerrando las puertas detrás de sí con el uso de la Fuerza.

-¿Qué sucede, Mestro Nesar?

-Es el consejo, Maestro. Y requieren de su presencia.

-Parece que el miedo ha calado los corazones de nuestros sabios consejeros -miró a sus invitados y les sonrió -. Deberán disculparnos, es un asunto que debemos resolver en la brevedad. Ruego que sean pacientes y nos esperen aquí.

Ambos asintieron y los maestros Jedis se marcharon del recinto con pasos veloces. El silencio los envolvió y sus miradas no se cruzaron después del breve intercambio de cortesía de minutos atrás. Lo cierto era que, ninguno tenía la capacidad de iniciar una conversación realmente. Uno estaba embargado de memorias y el otro de preguntas que probablemente, aún, no tenían respuestas.

-¿Cuántos años crees que tenga en verdad? -Temiri levantó una de sus cejas al escucharlo -. Digo, lleva mucho tiempo vivo.

-Era anciano incluso cuando yo lo conocí. Así que es un número que no ha tenido relevancia en realidad.

-Muy hábil como para admitir que no tienes ni idea. Apuesto mi speeder a que tiene doscientos.

-No apostaré algo tan ridículo.

-No seas cobarde -retó Paul en un repentino arrebato Dameron. Temiri lo miró con indignación y cuando estuvo apunto de contestar, un pitido llamó la atención de ambos -. Parece una llamada.

-Sí, y no debería estar recibiendo una -murmuró mirando el dispositivo de comunicación holográfica en su mano -. Disculpa, debo atenderla.

-Claro.

Temiri se apresuró a colocarlo encima de la gran mesa y esperó a que un rostro conocido apareciese materializado allí. Paul esperó interesado; sí, es cierto, no había tenido ni el más mínimo interés de escuchar lo que un par de Jedis podrían haberle dicho. Sin embargo, por cada segundo que estaba ahí se sentía diferente. Se sentía Paul y no tanto como el Dr. Paul obsesivo con su trabajo.

¿Tenía siquiera sentido?

-Padre.

-Jen-a, ¿qué sucede?

-Malas noticias, eso sucede -dijo la joven vigilando sus espaldas para luego mostrar el casco de un Stormtrooper blanco -. Debes regresar, es apremiante que lo hagas.