Disclaimer: Los personajes de Inuyasha, le pertenecen a su creadora Rumiko Takahashi.

Este Fan Fiction lo hago puramente por diversión, sin ningún fin de lucro.


Casa de Kaede

Noche

Sesshomaru y Rin, seguidos de cerca por Jaken, entraron a la casa de Kaede donde los esperaba toda una comitiva: Inuyasha, Kagome, Miroku, Sango, los niños y por supuesto, Kaede.

Cuando entraron, Miroku sonreía con picardía, por lo que Sango le pegó un coscorrón. Inuyasha miraba burlón a su hermano mayor, que le dedicó una mirada furiosa. Y Kagome y Kaede miraban a Rin como esperando que dijera algo.

Rin notó que todos los ojos estaban puestos en ella. Así que se dispuso a hablar.

—Tengo algo importante que decirles— sonrió muy alegre. —El señor Sesshomaru y yo volv…—. Fue interrumpida por él susodicho que dijo— Rin me ha elegido. Sin embargo, como no es bien visto ante los ojos humanos que una mujer joven viaje con un demonio, antes de llevarla conmigo, voy a tomarla como esposa—. Todo esto lo dijo con los ojos cerrados, como quien está reflexionando en voz alta.

[Música cómica]

—¡¿Qué?!— Gritaron todos al unísono.

Rin solo atinó a ponerse aún más colorada. Y Jaken lloraba a mares diciendo: —El amo bonito se casará con Rin… Se casará con Rin…—. Y se secaba con la manga de su kimono.


[Unos minutos más tarde]

La atmósfera de sorpresa se convirtió en un momento festivo, un poco molesto para Sesshomaru que aún no se acostumbraba a esas emociones volátiles tan humanas.

—Estamos contentos de que nuestra pequeña Rin se convierta en tu esposa Sesshomaru— dijo Kaede. —Bien. Ya está decidido. Tenemos que hacer los preparativos para la ceremonia—.

—¿Cuándo desean casarse?— preguntó Kagome.

—Keh. Mira que pasar de burlarse de mí por ser un hanyo y cuestionar a nuestro padre por haberse casado con una humana…— murmuró Inuyasha, tratando de enfadar a Sesshomaru—.

—Por favor, cuñado. Disculpa los modales de tu hermano— dijo Kagome —Abajo—. Y el pobre Inuyasha se desplomó contra el suelo.

—¡Oye! ¿Por qué hiciste eso?— Se quejó el hanyo.

—Para que aprendas a comportarte— dijo inmutable.

Sesshomaru miró a Rin.

—Rin— dijo Él.

Rin volvió en sí. —¿Quiere que me encargue de los preparativos, amo?— dijo ella.

—Hmmp— dijo, asintiendo.

—De acuerdo— dijo Rin. —Por favor, denos una semana para preparar todo—.

—Jaken— dijo Sesshomaru. —Espérame aquí en la aldea y avísame cuando debo venir— dijo poniéndose de pie.

—¿Pero por qué debo volver a quedarme con estos humanos?— dijo Jaken refunfuñando.

—Es una orden— dijo Sesshomaru mientras salía. Y agregó —Tengo algunos asuntos pendientes antes de la ceremonia— Y alzando el vuelo, se perdió en el cielo.

Rin lo observó hasta que no quedaban más que las nubes.

—Por fin, podré regresar con el señor Sesshomaru— esbozó una sonrisa de felicidad—.

Los demás la contemplaban sonrientes, compartiendo su felicidad. Entonces dijo Kagome.

—No hay tiempo que perder. Dividamos las tareas y démosle la mejor boda a nuestra Rin— dijo ella.

—¡Sí!— dijeron todos.


[Pasaron varios días]

La aldea se movía de forma peculiar, como un reloj cuyas manecillas no paran de girar. La boda de Rin y Sesshomaru, era todo un acontecimiento para los aldeanos, que se habían acostumbrado a convivir con las apariciones.

Algunas chicas ayudaban a Kaede con los preparativos del banquete, pelando verduras, retirando las espinas del pescado, preparando caldos y tés. Por otro lado, Sango y Miroku se encargaron de buscar el lugar perfecto —frente al Árbol de las Edades—. Hicieron colocar un falso piso de madera y cojines para los contrayentes, además de papeles de colores, incienso y algunas flores.

Inuyasha escoltaba a Jaken a casa de Kaede, que llegó con un obsequio de parte de Sesshomaru para su futura esposa.

—El gran Sesshomaru ha enviado un obsequio para su esposa— dijo Jaken. —Toma esto, hazlo llegar al interior de la cabaña de la anciana— se dirigió a Inuyasha.

—De acuerdo— dijo Él.


Casa de Kaede

Media mañana

Dentro de la casa, estaban ahora Rin, Sango y Kagome decidiendo qué vestido iban a colocarle, ya que tenían el de la joven miko y el de Sango.

–Hola Kagome, hola Sango, hola Rin— dijo Inuyasha, entrando a la casa. Acto seguido hizo ademán de que quería mostrarles algo, colocando la caja en el suelo. —Esto lo envió mi hermano para Rin. Encontré a Jaken cuando venía del bosque y me pidió que se lo entregara—.

—¿Qué podrá ser?— dijo Sango.

—Mi cuñado ama tanto a Rin— dijo Kagome, con una sonrisa.

Rin se sonrojó. Como se había vuelto muy habitual en estos días.

—Ábrelo. Quizás sea algo que nos sirva para la boda— dijo Sango, curiosa.

Rin desató los nudos que mantenían cerrada la caja y deslizó la tapa. Dentro, yacía cuidadosamente doblado un shiramukola vestimenta tradicional de una novia en la ceremonia Shinto—. El kimono era blanco inmaculado y tenía algunos detalles en hilo plateado. Debajo del traje habían unas sandalias tradicionales, decoradas para la ocasión y el tocado de la novia o wataboshi. Todo lo que necesitaban para vestirla.

—Bueno. Eso nos quita el peso de decidir por uno u otro— dijo Kagome aliviada. —Es un gesto muy amable de parte de Sesshomaru. Y lucirá hermoso en ti—.

—Es hora de que te preparemos. ¿Estás lista?— preguntó Sango. Y Rin asintió.

Durante la siguiente hora le realizaron un recogido el cual cubrieron con el tocado. Después, le ayudaron a colocarse el shiramuko que le quedaba a la perfección.

Finalizaron con unos toques de maquillaje en el rostro y un poco de carmín rojo en los labios. Entonces le extendieron un espejo a Rin, que se admiró sorprendida en el espejo.

—Muchas gracias, señorita Kagome y señorita Sango— dijo casi entre lágrimas.

—Luces hermosa. ¡Pero no vayas a llorar ahora o se arruinará tu maquillaje— dijo Sango. Danos unos minutos para colocarnos nuestros atuendos y le avisaremos a los demás que ya pueden ir al lugar de la ceremonia.


Árbol de las Edades

Tarde

Los invitados se acercaron al árbol y fueron ocupando sus lugares, en espera del cortejo.

—¿Dónde estará Sesshomaru?— se preguntó Miroku.

—Debe estar esperando para hacer su entrada— dijo Inuyasha.

Jaken se acercó al lugar y exclamó orgulloso en voz alta:

—Se acerca la novia y su cortejo—. Se detuvo. Todos se pusieron de pie.

Acto seguido vieron a Kaede y Kagome en sus ropas de miko, que encabezaban la procesión. Después entró Sango cargando un cofrecito donde traía algunos enseres «ceremoniales».

Luego Gyokutto y Kin'u entraron esparciendo flores —Kagome y sus extrañas costumbres de la otra era—.

En ese momento, todos admiraron a la novia que se dirigía hacia el lugar donde uniría su vida para siempre con su amado Sesshomaru, vestida de blanco, reflejo de su pureza y con la más pura sonrisa de felicidad.

Ella se ubicó a la izquierda y miró al cielo. Entonces Jaken dijo:

—Reciban todos al amo, que está llegando en este momento— dijo Jaken e hizo una reverencia.

Todos miraban al cielo, como esperando que un halo de luz descendiera y se posara en su lugar. Sin embargo, fue Kin'u quien señalando a la dirección por la que entró el cortejo dijo:

—Ahí viene el señor Sesshomaru—.

Sesshomaru llegó sorprendiendo a todos los presentes. En primer lugar, por lo inusual que resultaba verlo caminando y en segundo lugar, porque lucía un montsuki haori hakamaes decir, el traje de bodas tradicional que usan los hombres— con su sello en la espalda. Llevaba el largo pelo blanco suelto como de costumbre y su mokomoko, en el lugar habitual.

Rin se llevó ambas manos hacia los labios tratando de ocultar su asombro. Sobre todo el rubor que apareció en sus mejillas, que se distinguía a través del maquillaje. Su corazón latía con ritmo y alegría a cada paso que daba su amado, acercándose más a ella.

Cuando llegó a su lado, ambos se dirigieron hacia Kaede, quien ofició la ceremonia.

—Estamos aquí reunidos, con la naturaleza como testigo para dar gracias a los dioses por la unión de Sesshomaru y Rin. Que a pesar de pertenecer a mundos tan distintos, no dejan de ser como cada pareja cuando se casa «un hombre y una mujer» que se aman— dijo la miko y se aclaró la garganta.

Sesshomaru hasta ahora se mantenía con los ojos cerrados y solo se limitaba a escuchar.

—Preguntaré sólo una vez: ¿Están seguros de que desean unir sus vidas— dijo conociendo la respuesta de ambos.

Sesshomaru abrió los ojos y mirándola fijamente, dijo decidido: —Estoy dispuesto—. Rin asintió.

Unos minutos más tarde, Kaede terminó de recitar las plegarias propias de la ceremonia. Luego ella, Kagome y Miroku realizaron un ritual de purificación para alejar los malos espíritus. Entonces la anciana dijo a Sango:

—Por favor, trae aquí el sake— dijo Kaede.

Y sirviendo a ambos en las tazas especiales para tomarlo, los animó a realizar el san-san-kudo. Es decir, tomar el licor.

Un poco después, la ceremonia matrimonial terminó y exclamó Kaede:

—A partir de este momento. Sesshomaru y Rin, son esposo y esposa. ¡Felicidades!—.

No se hicieron esperar los aplausos. Y esta vez una lluvia de arroz y flores para festejar. Entonces Kagome se acercó a la pareja y dijo:

—Por favor, vengan con nosotros hacia la casa de Kaede. Allí comeremos nosotros— Y dirigiéndose a los demás aldeanos. —Muchas gracias a todos por su ayuda y por haber estado presentes. Ahora nos retiraremos a un lugar más privado para comodidad de los nuevos esposos. Pueden disfrutar del banquete—.

Rin se iba a poner de pie, pero Sesshomaru le extendió una mano para ayudarla. A pesar de que no estaba sonriendo abiertamente, se podía ver en su rostro la paz y la felicidad que le traía ese momento.

—¿Está feliz Sesshomaru?— preguntó Kagome a Jaken.

—Está muy feliz. No lo había visto tan feliz desde aquel día cuando recuperamos a Rin en el Inframundo—.

La pandilla disfrutó de deliciosos platillos, sake y dulces que ayudaron a preparar los aldeanos. Luego hicieron algunos regalos a la pareja y les externaron sus buenos deseos. Rin disfrutó todo esto, mientras Sesshomaru se limitaba a escuchar y observaba curioso la manera tan peculiar en que los humanos celebraban su unión.

Cuando ya terminó todo. Las mujeres se llevaron a Rin y le ayudaron a cambiarse en un kimono más cómodo que le había obsequiado Sesshomaru hace algún tiempo. Era rosado y tenía motivos de temaris.

Al regresar a la habitación Sesshomaru lucía su acostumbrado traje. Entonces todos comprendieron que había llegado el momento de despedirse:

—Señorita Rin, deseo que usted y Sesshomaru sean muy felices. Sango y yo nos retiramos, ya debemos llevar a dormir a los niños— dijo Miroku.

—Rin— dijo Sango. —Gracias por toda tu ayuda en estos años. Espero que lo que aprendiste te sirva para el futuro— le guiñó el ojo y Rin esbozó una sonrisita nerviosa, al recordar que había ayudado con los partos de Sango.

—Muchas gracias a ambos— dijo Rin.

La pareja se retiró. Luego llegó el turno de Inuyasha y Kagome:

—Sesshomaru. No hagas sufrir a Rin o te las verás conmigo— dijo Inuyasha. —Procura mantener esa sonrisa en su rostro y cuídala. Recuerda que los humanos son frágiles— dijo serio.

—No necesito que me digas que la cuide— dijo Sesshomaru para provocar a su hermano. Aunque en el fondo, le dio la razón.

—Estoy muy feliz por ustedes. Sobre todo por ti Rin. Eres como una hermana pequeña para mí y verte realizar tu sueño, me hace sentir muy contenta. ¡Que sean siempre felices! Y ven a visitarnos pronto— dijo Kagome, abrazando a la joven.

—Señorita Kagome, señor Inuyasha— dijo Rin con los ojos un poco aguados.

Entonces Kagome e Inuyasha salieron de la casa en dirección a su hogar. Quedaron solos Kaede y los recién casados.

—Ya te he dicho todo lo que tenía para decirte— dijo la anciana con una gran sonrisa.

Sesshomaru habló:

—Jaken— dijo él.

—Sí. Amo bonito— dijo Jaken acercándose a la anciana. —El amo Sesshomaru se encuentra muy complacido por los cuidados que han tenido con su esposa así que en agradecimiento me hizo traer este cofre con oro para uso de la aldea, especias de tierras lejanas y algunos animales que hemos dejado abrevando cerca del pozo.— dijo Jaken.

—Es muy generoso de tu parte Sesshomaru. Te lo agradezco— dijo la anciana. —No quisiera echarlos. Pero es hora de que se vayan, esta anciana necesita dormir—.

—Gracias por todo— dijo Rin. —Espero poder visitarlos pronto—.

Kaede se llevó una mano hacia el rostro y sonrió divertida.

—Claro que vendrás. Pero por lo pronto, estoy segura de que tu esposo debe tener otros planes para ti—.

Rin miró a Sesshomaru que le devolvió la mirada y se puso roja como un tomate. Jaken los miraba asombrado.

—Ehh…ehh… Con permiso— y salió corriendo avergonzada, encontrándose con Ah-Un.

Afuera le alcanzó Jaken.

—Rin. ¿Qué haces ahí?— dijo Jaken.

—Rin… Digo. Yo estaba muy nerviosa por las insinuaciones de Sango y la anciana Kaede— dijo Rin. Pero luego volviéndose hacia el pequeño demonio verde. —Aún así, estoy muy contenta. Ahora soy la esposa del señor Sesshomaru. Se cumplió mi sueño más anhelado—. Recordó cuando era una niña.

—A propósito de eso. El amo te espera— dijo él.

—Sí. Por eso me quedé con Ah-Un— dijo ella.

—No, niña tonta— dijo Jaken divertido. —Una ocasión especial requiere un trato especial—.

—¿Qué quieres decir?— dijo curiosa.

—El amo ha traído una carroza para ti. Iremos a las tierras que pertenecían al señor Inu no Taisho, allí pasaremos una temporada en una mansión del padre del amo—.

—Oh— atinó a decir Rin, sorprendida. —¿Dónde está la carroza?—

En ese momento descendió desde el cielo una carroza de aspecto fantasmal, rodeada de fuego espiritual. Al abrir las compuertas dentro estaba Sesshomaru que nuevamente extendió una mano a Rin:

—Rin. Es hora de irnos— dijo Sesshomaru.

—Sí, amo— dijo ella regalándole una hermosa sonrisa. —Ahora sí, estaré «con el señor Sesshomaru para siempre— pensó.

Con ayuda de su ahora esposo, subió a la carroza y se acomodó a su lado.

—Jaken— dijo Sesshomaru.

—¿Sí, amo?— dijo el demonio esperando sus órdenes.

—Puedes descansar. Tú y Ah-Un, vendrán detrás de la carroza—.

Así que otra vez quiere estar solo con ella— dijo en sus pensamientos, sabiendo que Sesshomaru sabía lo que estaba pensando y cruzando los brazos sobre su cabeza dijo: —¡Por favor no me pegue amito lindo!—. Sin embargo, esta vez no le lanzó piedras, ni lo miró mal, solo dijo —«Hmmp»— y cerrando las puertas de la carroza, despegó hacia su destino.

—¡No me deje amito lindo!— gritaba Jaken.

Y montándose sobre Ah-Un, lo siguió a través de la neblina, rumbo a la siguiente parada de la banda, que por fin se encontraba reunida.