Capítulo 7: ¿Quién eres en verdad?

Ya había parado de llover y el ambiente dentro del avión era cálido. La mutua compañía que se daban había resultado confortable para pesar de Kagome.

Un nuevo paquete de celofán fue arrojado a las pequeñas llamas de la improvisada fogata que hicieron. Bankotsu inhaló casi con devoción el humo que se desprendió, producto de la combustión de las hierbas. Eso sí que era un buen fuego.

Kagome permanecía sentada cerca de él; sacaba una aceituna y le sacudía el líquido en el que nadaban antes de llevársela a la boca en silencio. No decía nada mientras Bankotsu revisaba el mapa que tenía en las manos.

-Así que tienen cautiva a su hermana por esto ¡Qué romántico!- la miró con perspicacia, - "El corazón", este mapa lleva a "El corazón"-

Kagome sonrío ligeramente, inconforme con su chiste, puso los ojos en blanco cuando él no la miraba. Comió otra aceituna.

-¿Pero a qué corazón?- preguntó Bankotsu, como si estuviera interrogando a alguien con tal de deducir una respuesta lógica. Tomó la botella de tequila que había pertenecido al piloto del avión y bebió de ella.

-No me interesa- Kagome se encogió de hombros.

Bankotsu enarcó las cejas, incrédulo del desinterés de la escritora; o tal vez de su falta de ingenio. Tragó el alcohol.

-Pues debería. – Bajó el mapa para mirarla, - Varios están tras de este mapa y a lo que sea a lo que conduzca. Lo desean tanto que, por lo que me contó, destruyeron su departamento y, como claro está, asesinaron a su cuñado y secuestraron a su hermana. Hablando de eso, me parece muy ilógico que registraran su hogar y la hicieran venir a Colombia después.

-¿A qué se refiere?- inquirió Kagome.

-Bueno, para empezar, no pudieron saquear un departamento en Nueva York, estando ellos aquí en Colombia. Alguien debió estar en Nueva York ese día-

Ella no se había detenido a pensar en eso. Era totalmente cierto: sería un desperdicio ir a Nueva York para buscar el mapa allá, y después regresar a Colombia, secuestrar a Sango y llamarla a su hogar para amenazarla por teléfono. El ladrón, por más estúpido que fuera, no gastaría en un boleto de avió hasta el otro lado del continente para desperdiciarlo.

-Me temo que no lo note, sin embargo, tal vez fuera un secuas quien registro mi casa. Y ya no tiene utilidad darle más vueltas a lo que sea que los haya obligado a actuar como lo hicieron- dijo Kagome, quitándole importancia a ese asunto.

-Yo no estaría tan tranquilo. Parece más bien como si hubiera otro interesado en obtener este mapa, y podría apostar a que sé de quién se trata-

Kagome también se podía hacer una idea de la identidad del supuesto interesado: el hombre que la había hecho subir a un autobús equivocado, quien la amenazó con una pistola y había estado persiguiéndola por la selva. Y aunque aún no supiera su nombre, estaba segura de que lo reconocería cuando lo señalara a la policía.

Pero ya no importaba quien o que intentara detenerla, debía rescatar a su hermana.

-No me importa, debo llevarles ese mapa-

-¿Ve esta parte?- Bankotsu acercó el mapa a Kagome, señalaba con el dedo cierto párrafo que ella no había notado. Kagome asintió con la cabeza y el continuó, -Dice: el corazón se encuentra en la provincia de Córdoba-

Kagome volvió a asentir. Ella no sabía hablar español y el mapa mismo le había parecido superfluo, no se detuvo a revisarlo, solo lo tomó y salió volando a Colombia para rescatar a Sango.

-Estamos justo en medio de ese lugar- finalizó Bankotsu.

Kagome negó, y recalcó una vez más que no le interesaba en absoluto. –Eso es de mi hermana, y ese mapa le salvará la vida-

Bankotsu la miró como a una loca, ¿cómo podía ser alguien tan despistado?

-Claro que sí, Cualquier cosa que se encuentre con este mapa salvará a su hermana.- replicó con poca paciencia, - Si logramos llegar a "El corazón", entonces tendrá algo con que negociar-

Kagome sonrío y evitó mirarlo directo a los ojos. Nunca debió contarle sus motivos ni lo que la impulsó a hacer ese viaje.

-Sabía que pasaría- murmuró para sí misma, lástima que Bankotsu la escuchó y exigió por una explicación. –Solo se interés por usted, ¿cierto? Lo supe desde el primer momento en que lo vi-

-Ah, se refiere al momento en el que le salvé la vida- meneó la cabeza, era sarcástico y claramente se estaba burlando de ella. Se inclinó sobre la fogata para inhalar más profundo el humo que se desprendía.

-¿Lo ve? Tengo razón. Desconoce la fineza, no tiene tacto. Un verdadero hombre no necesita hacer alarde de sus actos. Usted es justo un… un monumento a la vanidad.

- ¿Cómo? ¿Qué soy qué? ¿Cómo me llamó?- No estaba muy seguro de lo que ella decía, su estado no era el más lúcido de todos y tampoco el de ella.

-Es un hombre que toma el dinero de una mujer indefensa. Un auténtico hombre es honesto, amable y confiable-

Bankotsu no estaba diciendo nada. Kagome, que había estado evitando verlo directamente mientras lo sermoneaba, alzó los ojos hasta los suyos solo para notar que miraba a alguna parte detrás de ella.

-¿Podría tener la cortesía de mirarme cuando me dirijo a usted?, - Bankotsu parpadeó y la miró de frente, su expresión decía: "¿Acaso me estaba hablando?". Kagome no podía estar más irritada.

– ¿Lo ve? Eso es exactamente de lo que habló. Me refiero a que, si en realidad tuviera algún rasgo de…-

Su intención había sido decir "caballerosidad", enfatizando cada sílaba y pronunciándola muy lento. Pero Bankotsu volvió a interrumpirla y esta vez no usó palabras, si no que se abalanzó sobre ella con el cuchillo en la mano.

Kagome soltó un grito en el momento en que el filo se clavó justo a un lado de la cabeza y cercenó la de una serpiente que se había estado deslizando por detrás de su hombro. Había estado tan concentrada desquitándose que ni siquiera la había notado reptando a un lado suyo.

La cabeza del animal cayó a un lado de Kagome. Bankotsu miró a Kagome mientras sujetaba el cuerpo largo y escamoso, tiró de él para inspeccionarlo sin perderse de la reacción de la escritora. Ella estaba atónita, mirando cómo se deslizaba el resto del reptil a un lado suyo gracias a que él lo jalaba; se encogió cuando por fin salió la cola, ya que aún se retorcía ese último tramo.

-Maldita serpiente- dijo Bankotsu cuando la tuvo en las manos, no porque había tratado de morder a la escritora, sino porque era una especie que buscaba desde hace mucho tiempo, una muy valiosa y ese era un buen ejemplar, y ahora le había rebanado el cuello ¿Hubiera sido mejor perder a la escritora que a la serpiente? Definitivamente, eso le dejaría más que trescientos setenta y cinco dólares.

-¿Cree que sea venenosa?- inquirió Kagome, sin quitar la mano que tenía sobre el pecho en un intento por tranquilizarse.

-Lo es- Bankotsu la examinó un poco más antes de mirar a la escritora, - pero también tiene buen sabor-

No parecía disgustado por todo lo que Kagome le había dicho, de hecho, ni siquiera estaba muy segura de que estuviera prestándole atención. Bankotsu regresó a su lugar para desollar al animal, se sentó en silencio y trabajo de igual manera.

Ella miró a donde estaba la cabeza de la serpiente y se llevó una mano a la boca para no vomitar gracias a la imagen.

Él la había sorprendido. Como claro está, no era el príncipe que ella se había imaginado con tanta esperanza. De hecho, parecía más bien como un pirata: malo, interesado y rudo, y sin embargo también mostraba atisbos muy bien ocultos de coraje, astucia, ingenio y una peculiar manera de acudir en su ayuda, se podía pensar que lo hacía sin darse cuenta. A Kagome le parecía algo así como un héroe nato, con tantos defectos como virtudes; sin embargo, no por eso dejaba de desagradarle.


Kagome se sentía francamente perdida, todo a su alrededor parecía moverse a una lentitud impresionante y tenía la peculiar sensación de estar ahogándose en fiebre, sin embargo, la sensación le resultaba curiosamente agradable. Se llevó la botella de tequila a los labios nuevamente; entre él y ella ya habían consumido casi la mitad de su contenido. Afuera seguía lloviendo.

-Verá, perdí cacatúas de plumaje dorado por las que se paga por lo menos ochocientos dólares por cada una; si sumamos otras de cola roja que cuestan alrededor de doscientos dólares cada una… Perdí aproximadamente quince mil dólares en ese accidente- Bankotsu tenía una varita de madera en las manos, en la punta de esta estaba ensartado un poco de carne de la serpiente y la acercaba al fuego lo suficiente como para que no se quemara.

Dentro del avión había surgido cierta familiaridad entre ambos, un ambiente casi sano (de no ser por la atmósfera cargada de narcótico inhalable). De la nada habían comenzado a entablar una conversación; aunque Kagome no estuviera del todo lúcida como Bankotsu.

-Es mucho dinero- dijo Kagome. Se recostó un poco sobre la improvisada colchoneta de paquetes de marihuana, apoyó su cabeza en la palma de su mano para mirarlo mientras hablaban.

Bankotsu asintió con la cabeza, sacudió la revista que tenía sobre las piernas y cambió de página.

-¿Sabe que me parece curioso?- preguntó Kagome, con la lengua casi dormida, -Ni siquiera sé su nombre-

-Bueno, nunca lo preguntó- él siguió con lo suyo.

Kagome tuvo la impresión de que él no tenía ánimos de revelárselo, quiso disculparse por ser tan entrometida. -Lo siento. En verdad quisiera saberlo…-

-Colton. Bankotsu C. Colton- la interrumpió.

-¿Bankotsu? ¿Es japonés?- Kagome se incorporó para estar un poco más cerca. Estaba francamente sorprendida.

-Mi madre lo era- explicó él, sin dejar de leer las páginas de la revista, - mi padre, en cambio, era de San Francisco-

Kagome abrió mucho los ojos. -¿De qué es abreviación la letra C?-

-¡Mil veces maldición! Mi disco favorito está roto, ¿cuándo fue que pasó?- Bankotsu pareció no haber oído la pregunta de la escritora; regresó a la portada de la revista para revisar la fecha en la que fue publicada.

Kagome cambió su pregunta. -¿Cuánto tiempo tiene viviendo aquí?-

-Salí de casa a los veinte- respondió él sin mirarla, le estaba dando evasivas.

Kagome hizo un puchero, eso no le serviría de mucho a menos que supiera su edad actual ¿Cuántos años tendría? Tal vez no más de treinta y cinco.

-¿Siempre negoció con aves?- preguntó Kagome, una vez más. La droga la volvía curiosa.

Bankotsu negó con la cabeza. Había trabajado en muchos negocios, varios que no valían la pena ser recordados, excepto uno. Sin saber cómo o porque, se encontró contándole a la escritora.

-No. Estaba buscando un atajo y los pájaros parecían ser una buena forma de conseguir lo que quería lo más rápido posible.- estiró la mano y tomó uno de los paquetes de celofán,- Además es mucho más sano que trabajar con esta mierda-

Kagome estaba confundida. Él no lucía muy contento con lo que hacía; ella sabía que le faltaba algo, algo que costaba mucho dinero.

-¿Qué es lo que quiere?-

Bankotsu la miró un momento. Ella tenía un interés genuino reflejándose en sus ojos, ojos que por cierto eran muy bonitos. Grandes y de color oscuro, mostraban las llamas de la fogata como si de espejos se trataran.

Bankotsu sacudió la cabeza y apartó la vista, sonrió con picardía.

-Creo que es hora de avivar el fuego- tomó el paquete que tenía en las manos y se dispuso a agregarlo a la fogata.

-No, por favor. Me estoy mareando- suplicó Kagome y le sujetó el brazo musculoso para evitar que lo hiciera.

Bankotsu lo arrojó a un lado y se quedó en silencio contemplando el danzar de las llamas anaranjadas.

-Hablando en serio, ¿qué es lo que busca?- ella ladeó la cabeza. –Realmente me gustaría saberlo-

Bankotsu sonrió, solo un poco, y se recordó que no era muy buena idea permanecer al lado de una mujer tan elocuente y atenta. Le contó su más grande deseo.

-Vine aquí en una embarcación cafetera hace como año y medio. ¡Cielos, que trabajo era ese! Aún no puedo olvidar ese océano, ¿sabes?- la miró, como para darle seguridad de lo que le decía, -Sí, adoro el mar. Me da la sensación de estar totalmente solo-

Kagome parpadeó un par de veces, los ojos se le estaban cerrando. Bankotsu devolvió su atención al fuego.

-Eso es lo que quiero. Conseguir suficiente dinero y salir de aquí, alejarme y navegar por todo el mundo-

-¿Así que vas a ir a navegar tú solo?- preguntó Kagome, incrédula. Ella siempre se quejaba de que no tenía a alguien con quien compartir su vida y lo único que él buscaba era estar alejado de todos; ese idiota no tenía ni idea de lo que quería. Kagome sabía (de buena mano) que, en cuanto probara lo que era la soledad, se arrepentiría de su deseo. –Suena muy solitario. Bankotsu C. Colton-

Bankotsu la miró. Escuchar su nombre de labios de ella había resultado arrebatador, le había gustado mucho.

La escritora era bonita, tenía un cuerpo grácil y delicado, la cara de una muñeca. Había notado que tendía a tamborilear los dedos en los objetos, como si se tratara de su máquina de escribir. Su intento de cruzar el puente le demostró que era audaz y valiente. A pesar suyo, se encontró preguntándose cómo sería su vida en Nueva York; se la imagino bebiendo de una taza en una cafetería y con un libro a un lado, o recostada en su cama con un par de gafas y también leyendo. Se quedó embobado con esas ideas mientras a veía a los ojos.

Kagome bajó la vista cuando Bankotsu se la quedó viendo tan intensamente, mala idea. Terminó embobada por sus labios, que eran perfectos. La verdad, Bankotsu era muy atractivo. Su piel estaba algo bronceada gracias al sol, tenía el cabello largo y tan negro como las plumas de un cuervo; cuando él sonreía se veía aún más guapo de lo que ya era, tenía unos dientes tan blancos y parejos. Y los ojos… si seguía viéndolos de esa manera estaba segura de que comenzaría a babear. Agachó la cabeza y se alejó, llevándose el dorso de la mano a la comisura de los labios por si acaso.

-¿Qué significa la "C"?- cambió de tema.

Bankotsu, que no había dejado de mirarla, le sonrió y dijo: -Confiable- No le gustaba su segundo nombre; dio un nuevo trago a la botella y dio por terminada la charla.

Kagome negó parcialmente con la cabeza y sonrío. "¿Enserio Bankotsu? ¿Confiable?"

Pero, ¿de qué servía iniciar una nueva discusión? Tal vez ella debía confiar en él, él quien no quería revelarle su nombre completo; ¿acaso pensaba que Kagome se burlaría? Ella tenía el nombre de un juego popular de Japón, pensó que si había alguien con menos derecho a burlarse de un nombre ridículo, ella era esa persona.

La vista comenzó a nublársele, sentía que los ojos se le cerraban a pesar de las órdenes del cerebro y de su propia voluntad. Era como si hubiese permanecido varios años sin poder dormir ni un solo momento, tenía unas ganas tremendas de cerrar los ojos y dejarse llevar por el sueño.

Fuera del avión ya había dejado de llover y el sol comenzaba a salir de entre las nubes. Bankotsu maldijo la mañana (como era su costumbre) y se dispuso a recolectar todo lo que pudiera serles de utilidad para emprender el viaje a la aldea más cercana de donde se encontraban. Si la memoria no le fallaba, llegarían en menos de cinco horas andando.

Iba a proponerle a la escritora que apagara el fuego pero, al voltear a verla, la descubrió profundamente dormida.

Bankotsu soltó un resoplido casi imperceptible, estaba claro que el humo de la fogata había sido demasiado para alguien como ella. Alguien que no se la pasó respirando esa cosa por varios meses antes de independizarse con un nuevo negocio.

Estiró el brazo a la bolsa de la escritora, que estaba detrás de él, aprovechando que ella había sucumbido ante el narcótico. Sacó la funda de plástico en la que venía el mapa hacía "El corazón", dio un vistazo preventivo a la escritora y, una vez se aseguró de que ella no estaba del todo consiente, leyó y examinó el mapa a fondo.

Decía algo sobre el punto clave desde donde se iniciaba la marcha hacía el tesoro. Era un lugar llamado "El tenedor del diablo", en el mapa se mostraba una silueta negra con dos cuernos sobre la cabeza y cuatro brazos, llevaba algo parecido a un tridente en uno de los brazos.

Tratando de encontrarle sentido a lo que leía, Bankotsu se quedó despierto, siempre cauteloso de comprobar que Kagome dormía profundamente.


¡He vuelto! Resurgi de las sombras, bueno no. Como sea, este capitulo es pequeño pero aún así espero que les guste y que me digan que tal les pareció. Ciao!