—Tony, sé que estás bastante nervioso con esto, pero eso no ayudará a Pepper.

Banner se acomodó las gafas para revisar lo estudios otorgados por la clínica.

—Perfecto. Entonces dame buenas noticias, Bruce— resopló el ingeniero. Parecía estar al borde de una crisis de ansiedad y su hostilidad ponía de nervios a su hermano de ciencia.

Una hora antes Tony había entrado al laboratorio pálido como el papel, prácticamente corriendo para tomarlo por los hombros. Bruce le miró sin saber qué hacer hasta que Tony balbuceó de forma casi imperceptible: "Pepper está embarazada".

—¿Qué…?— inquirió el Físico casi de forma automática.

—Pepper está embarazada y es mi culpa…— dijo el castaño dejándose caer en la silla más próxima, recargando sus codos en las rodillas y ocultando su rostro entre sus manos, sin ver la confusión palpable en el rostro de su amigo.

Y es que Bruce en algún momento llegó a pensar que eso sería inevitable, pero el panorama que tenía en la cabeza era muy distinto al que tenía enfrente ahora mismo. Tony entrando gritando que sería padre y tal vez eso significara que él, Bruce, sería tío.

—Tony, no veo por qué eso es ma…

—No, Bruce, no lo entiendes. Pepper ya estaba embarazada cuando Killian se la llevó…

Y aquello hizo el clic necesario en el cerebro del Científico.

—¿Estás seguro?— preguntó moviendo sus anteojos para no denotar el repentino temor y nerviosismo que le asaltó. Ahora no era conveniente teniendo a Tony claramente en esas mismas circunstancias.

El ingeniero sacó una hoja arrugada del bolsillo de su pantalón y se la entregó. Por supuesto, Bruce escaneó con la mirada la hoja con el debido cuidado, pero después se instalaron en un largo silencio, cada quién meditando las cosas, antes de comenzar a discutir.

—Escúchame… si quieres que haga un análisis de ADN necesitamos esperar dos meses más por lo menos…

—¡Oh, claro! Y mientras esperamos se esfuma la oportunidad de que Pepper me deje hacer algo para evitar que…

—¡Por Dios! ¿Te estás escuchando, Tony?— le interrumpió Bruce, definitivamente no iba a permitir que terminara esa frase—. ¡Apenas tiene tres meses de vida! ¡¿Y tú quieres arriesgarte a matar a tu bebé cuando existe la posibilidad de que no tenga el virus?!

Tony le miró unos instantes con total impotencia.

—¿Y si nos equivocamos?— musitó casi entre dientes. Bruce se quedó sin habla. Si alguien sabía lo que significaba tener en los genes algo incontrolable, ese era él— ¿Quieres que espere para ver si le va a explotar a Virginia en el vientre?

Bruce cerró los ojos con fuerza y se obligó a controlar su respiración. Suspiró largo y profundo para tranquilizarse aunque, al parecer, a su mejor amigo no le importaba que se volviera verde dentro de la torre.

—Es una locura, Tony…— musitó finalmente—. Lo que me pides es una locura. Si todos merecen una segunda oportunidad, ¿por qué no le das ni siquiera la primera?— preguntó en voz baja para enseguida mirar al suelo con tristeza—. Necesito pensar en cómo resolverlo.

Giró levemente la mirada y la enfocó hacia la nada, pensativo. En el fondo, el Científico sabía que el virus era peligroso, que cuando el cuerpo no le aceptaba del todo se convertía en una bomba… sin embargo, si habían pasado tres meses sin ningún incidente, era bastante probable que ya no existiera ese riesgo. Y la verdad sea dicha, no podía verse a sí mismo arrebatando una vida que apenas comenzaba a formarse.

—Debemos esperar un poco más. Si hacemos esto ahora podríamos arriesgar también a Pepper— habló de nuevo volviendo a mirar a su amigo—. Solamente te pido dos meses más.

Tony no le devolvió la mirada, lo que miraba era al suelo, sopesando esa idea. Si resultaba ser que el… bebé, estaba completamente sano, cometería el error más grande de su vida. Pero si tenía el virus corriendo por su venas y reaccionaba mal ante cualquier estímulo…

—Mes y medio, Banner… Yo no tengo tanto tiempo.


Bruce se permitió derrumbarse en el suelo del laboratorio una vez que Tony se marchó. Vivir con él le había enseñado una cosa: el ingeniero no veía como algo negativo que el otro sujeto saliera a dar una vuelta por su casa y, en realidad, parecía un loco por empujarlo a ello en algunas ocasiones.

Recordó los ejercicios de respiración y control que había aprendido hacía —le parecía ahora— demasiados años. Ahora los hacía casi inconscientemente, sabiendo que en algo ayudarían. Tomó respiraciones profundas y el temblor en su cuerpo cedió; aún así se llevó las manos a los oídos, sin saber si sentía ira o impotencia. Estaba verdaderamente enojado con Tony. Bruce daría lo que fuera por tener una vida normal, por tener hijos y verles crecer… y ahí estaba Tony Stark, dispuesto a tirar algo tan precioso a la borda. Entendía, por supuesto, entendía el miedo de su amigo, pero…

Recordó entonces aquella vez que Natasha fue a reclutarlo a Calcuta.

—¿Qué pasa si el otro sujeto dice que no?

—No ha tenido un incidente en seis meses, Doctor. No creo que quiera romper esa racha.

Y ausentemente él había mecido una cuna antes de contestar. Esa cuna que significaba todo aquello que él anhelaba pero que nunca podría tener.

—No siempre obtengo lo que quiero.

De todas formas tenía la corazonada de que Pepper no corría ningún riesgo en realidad. En su mente no había manera de que un bebé matara a su madre, ni siquiera inconscientemente.

Pero si él se ponía en el lugar de Tony, y la madre del bebé y el bebé mismo pudieran morir…

No, de ninguna manera. Si habían pasado tres meses sin incidentes, entonces podía creer que seis más podrían ocurrir de la misma forma. Tomarían todas las precauciones posibles, pero haría que esa pequeña criatura conociera el mundo.

Gracias al viejo entrenamiento, Bruce se quedó largo rato sentado en el laboratorio en total silencio pero con los pensamientos revueltos en su mente… esos que intentaba acomodar. Sin embargo, por más que quería, no les encontraba sentido. Estaba aletargado y cabizbajo, pero el sonido de su reloj lo devolvió a la realidad. Sintió los músculos entumecidos y escozor en los ojos, miró sin embargo la hora y se percató de que habían pasado ya casi dos horas desde que había discutido con Tony. Se pasó las manos por el rostro para desperezarse y, cuando se incorporó, hizo el mismo movimiento en su pantalón para retirar el exceso de polvo. Miró de reojo las pruebas con un suave suspiro, y entonces se encaminó a la salida. JARVIS apagó la luz en cuanto él abandonó el lugar y las luces del pasillo se encendieron mientras andaba, hasta que llegó al elevador.

—¿A qué piso se dirige, Dr. Banner?

—Creo que iré a la cocina por un té…

—Como usted guste.

Las puertas se abrieron dando paso a la sala principal ubicada en los últimos pisos de la torre, sólo dos por encima del laboratorio. Cruzó la estancia y entró a la cocina, encendió la luz para tomar una tetera de la repisa y llenarla casi en su totalidad con agua del grifo. Giró la perilla de la estufa y colocó la tetera encima, dejando al fuego hacer su trabajo mientras seguía absorto en su pensamiento, ahora un poco más coherentes. Se recargo ligeramente en la encima mirando al techo mientras esperaba a que el agua hirviera, pero el trance de mirar a la nada no duró mucho.

Logró distinguir unos leves sollozos desde la habitación contigua, y en realidad no hacía falta asomar la cabeza para saber de quién se trataba… lo hizo de todas formas.

Pepper estaba en el enorme sillón circular del centro, cubriéndose la mitad del rostro con una mano, llorando sin hacer ruido. Por un momento Bruce deseó no haber subido a la cocina, pero no quería tampoco dejarla sola; ella formaba también parte de su "familia", a pesar de no hablar tanto con ella como lo hacía con su hermano de ciencia.

—¿Pepper?… Yo, eh… estoy haciendo té. ¿Quieres un poco?— preguntó suavemente.

Pepper levantó la cabeza y ni siquiera fingió que no estaba llorando, no valía la pena.

—Oh, Bruce… Siento que me vieras así— dijo sin embargo y se secó las lágrimas con una mano, claramente avergonzada—. Aunque creo que me haría bien algo caliente— agregó sin embargo con una triste sonrisa.

—No te preocupes, Pepper. Espérame un momento, ahora traigo el té.

Bruce retiró la tetera y después de preparar el té y colocar un par de terrones de azúcar sobre una servilleta, regresó a la sala y tomó asiento junto a Pepper mientras dejaba la bandeja en la mesita de centro. Ella todavía se secaba las lágrimas.

—No sabía si querías azúcar— musitó él mientras le daba una taza y señalaba los terrones.

—Gracias, Bruce. Es muy dulce de tu parte— respondió ella y dejó caer los dos terrones en su té para enseguida soplar un poco y beber un sorbo.

—No es nada— murmuró él de vuelta y también bebió—. Dime qué te ocurre.

—Bruce…— se interrumpió ella cuando los ojos se le cristalizaron de nuevo; el pobre Científico estaba a punto de arrepentirse por haber preguntado—. Sé que Tony me está ocultando algo, y sé que al primero que acudiría es a ti. Y también sé que es algo tiene que ver con…— para entonces ella ya estaba llorando de nuevo, pero suavemente, como antes—… mi bebé. Dime la verdad… ¿Va a morir? ¿Lo que me inyectaron lo va a matar…?

Cielos, pensó Bruce. No tendría que pasar ni un mes para que Pepper quisiera a ese bebé; ya lo hacía.

—Pepper…— comenzó delicadamente, dejó su taza en la mesita para poder tomarla de los hombros y frotarlos en un gesto que no hacía muy a menudo, pero que ahora quizá la tranquilizaría—, no creo que lo mate. Pero la verdad es que todavía no sabemos si el virus sea un peligro para ambos.

—Tony dijo que no pasaba nada…— dijo ella frunciendo el ceño ligeramente—. Pero se encerró en la habitación con una botella de whisky. No sé qué hacer. Si él piensa que es un riesgo, sé que querrá deshacerse de él.

—Van a estar bien— aseguró el Físico con una convicción que realmente no sentía, no del todo—. En un mes haré un estudio de ADN completo para descartar el virus, ¿está bien? Y en caso de que aparezca… estoy seguro de que Tony haría lo mismo que hizo contigo— suspiró de pronto comprendiendo un poco más a su amigo—. En cuanto a su comportamiento… Creo que Tony está aterrado de perderte. De igual forma, alguien debería esconder el alcohol por un tiempo.

Eso último hizo reír un poco a Pepper y asintió, regalando a Bruce una mirada agradecida.


Eran ya las cuatro de la tarde y Pepper se había quedado dormida en el enorme sillón con una suave manta cubriéndola. Bruce se metió algunas moras a la boca y bajó a su habitación, donde se dejó caer en la cama para relajarse un poco e intentar olvidar el asunto por unos momentos. No pasó ni un minuto cuando teléfono sonó.

—No, Natasha. El otro sujeto no ha matado a Tony todavía— dijo algo irritando, sin darle oportunidad a la espía al otro lado de la línea. Todos los días recibía una llamada más o menos a la misma hora, para ver cómo manejaba sus niveles de estrés ahora que vivía en la torre junto a Tony. Natasha decía que su ira era pasajera y con el tiempo aprendería a controlar a Hulk, pero la verdad era que Bruce sospechaba que sólo llamaba para saber si si había problemas con el otro sujeto.

—Vaya, ¿Stark ha sido tan malo contigo hoy?— escuchó decir a la mujer, imaginandola arqueando una ceja.

—No es él, es su cabeza la que tiene un problema— respondió para enseguida hacer una pausa y cerrar los ojos, había hablado de más. No necesitaba a Fury encima de ellos ahora.

—¿Ah, sí? ¿Y qué crees tú que tiene en la cabeza?

—No es nada, agente Romanoff. Estamos hablando de Tony…

—Banner…— espetó ella tranquilamente, pero en su tono se distinguía autoridad.

—Nat…

—Bruce, si te hace sentir más tranquilo, no le diré nada a Fury. Lo prometo.

—¿Cómo aquella vez que dijiste que estábamos solos y habían cientos de agentes rodeándome?— inquirió él irritando.

Natasha suspiró pesadamente.

—Esta vez es de verdad. ¿Cuánto tiempo más debe pasar para que confíes en mí?

Bruce sabía que ella no se detendría hasta averiguar qué sucedía en la torre y qué era lo que lo tenía tan malhumorado. Dejó escapar un leve gemido derrotado.

—Tony…— comenzó y tomó aire; presionó sus ojos como si la espía estuviera frente a él, lo que menos quería era ver su reacción ante lo que diría—. Tony va a ser padre.

Bruce se negó a abrir los ojos, sentía que si lo hacía Natasha se materializaría frente a él y aunque no lo hiciera, era difícil no imaginar su expresión. Tampoco ayudaba el hecho de no percibir sonido alguno del otro lado de la línea. ¿Estaría sorprendida? ¿Feliz?… Tal vez le estaría dirigiendo una mirada seria porque eso no explicaba su descontento.

—¿Hace cuánto y con quién?— escuchó de pronto. De todas las conjeturas que hizo, le sorprendió al Físico que Natasha llegara a esa conclusión.

—Pepper. Ya tiene tres meses— respondió casi en automático. No había notado hasta entonces lo mucho que deseaba compartir su carga emocional con alguien más.

—Eso no es lo que te molesta, Bruce. Dime qué es lo que realmente pasa— dijo ella con serenidad, pero él sabía que estaba intrigada.

—Fue inyectada con el Extremis casi al inicio de su embarazo— respondió finalmente tragando saliva—. Tony piensa que si el bebé fue afectado por el virus pudiera volverse inestable y dañar a Pepper, así que quiere…

—Deshacerse de él— completó ella la frase, esta vez con voz tranquila.

Ambos sabían que Tony nunca permitiría que Pepper sufriera algún daño, pero deshacerse de un niño era algo que para él y para ella superaba los límites.

—Las cosas no están bien en la torre, Nat. Tony probablemente está ahogado en alcohol y Pepper está inconsolable. Creo que necesito ayuda, pero sin la intervención de Fury. Sólo atosigaría a Tony y las cosas se pondrían peor— dijo él ya un poco alterado.

—Fury no lo sabrá, te lo aseguro. Estaré en unas horas en la torre, Bruce. Tal vez si Steve llega conmigo y habla con Tony…

—Honestamente, creo que Steve lo haría enfadar más y Pepper se frustraría más de lo que ya está. Pero también creo que ella estaría más tranquila contigo aquí.

—Estaré ahí por la noche. Cuida de Pepper hasta entonces.

—De acuerdo.

Hubo unos segundo de silencio, hasta que Bruce escuchó a Natasha tomar aire.

—No intentes salvar al mundo tú solo, Grandote. Incluso tú tienes límites y somos un equipo, ¿recuerdas?

—Intentaré recordarlo con más frecuencia, Nat.

—Me parece justo. Hasta al rato, Bruce.

La pelirroja cortó la llamada y él se quedó observando distraído el celular.

—… ¿Me llamó "Grandote"?