En las últimas tres horas, Tony había pasado de encerrarse en su habitación a hacer exactamente lo mismo en el laboratorio. Bruce había alimentado e hidratado a Pepper mientras esperaba la llegada de su compañera pelirroja. Por lo menos Pepper ya podía hacer uso de su propia cama, el problema era que Banner no quería cruzarse con Tony en el laboratorio en su estado de ebriedad, así que usó la sala como centro de lectura. Tenía libros de genética, mutaciones y embarazos esparcidos por toda la mesa de centro, pero él estaba leyendo el segundo título de mutaciones genéticas que había caído en sus manos. El reloj marcó las siete.
– Vaya, cualquiera que te viera pensaría que eres tú el que va a ser padre – la espía trató de no sobresaltarlo demasiado y después miró los libros en la mesa de centro. Bruce se quitó los lentes y dejó su libro a un lado.
– Natasha – el científico se encontraba cansado –. No te escuché llegar.
– ¿Me extrañaste? – caminó hacia donde estaba sentado Banner y le tocó afectuosamente el hombro a modo de saludo, antes de ponerse detrás de él y recargar sus brazos en el respaldo del sillón. Bruce sólo le dedicó una sonrisa cansada, feliz de tener a alguien con quien compartir su estrés –. ¿Cómo va tu investigación?
– No estoy seguro de asustarme o tranquilizarme, aunque todavía me falta mucho por leer.
– ¿Cuándo planea actuar Stark? – la joven no sabía si debía noquear al playboy ahora o si tenía que esperar.
– Me dio mes y medio para que el embrión creciera más y pueda realizarle un análisis de ADN.
Ambos miraron la pila de libros en silencio por unos momentos. Natasha se preguntaba si ella también debería empezar a leerlos, pero soltó un suave suspiro y miró a Banner.
– No estás leyendo nada que no sepas ya, Bruce…
– Me estoy preparando para lo peor… Tony puede separar el virus de su ADN si es igual al que le inyectaron a Pepper y no ha mutado, pero aun si lo hubiera hecho sé que se adaptaría sin problemas y lo podríamos resolver.
– ¿Pero…? – la rusa miraba con atención al hombre que tenía enfrente.
– Recibió el virus en una etapa temprana de su desarrollo, por lo que puede que lo acepte y se mezcle con él, eso haría imposible una separación porque lo mataría. Estoy leyendo esto para ver si puedo hacer un esquema que me ayude a actuar si se diera el caso – miró frustrado el piso –. No sé qué voy a hacer con Tony todavía si eso sucede.
– ¿Qué tanto sabe Pepper? – inquirió la pelirroja. Durante el tiempo que se hizo pasar por su asistente, ella era lo más parecido a una amiga que tenía.
– Supone que el bebé puede volverse inestable con el tiempo, igual que podría haber pasado con ella. Esta situación puede que no aguante ni siquiera un mes.
– Bueno, estoy aquí ahora. Veré que puedo lograr con Tony cuando tenga menor cantidad de alcohol en la sangre. También creo saber que puede animar a Pepps – ahora le dirigía una sonrisa, en buena parte para tranquilizarlo. Si las cosas salían mal, al menos Pepper merecía disfrutar los días sin que Tony apestara a alcohol y Bruce de no estar al borde de tener un código verde.
– Oh Dios… ¿pasaste por el laboratorio? – él se cubrió la cara con las manos, con frustración. Por más que quisiera a Tony como un hermano, sabía que si sobrepasaba la paciencia de la asesina las cosas podrían salir MUY mal.
– En realidad solo eché un vistazo, está completamente dormido y todo tiene aroma a lo que sea que se haya bebido estas horas. Tiré una botella que estaba a la mitad y planeo retirar de su alcance todo el licor que tenga en la torre, al menos hasta que las cosas se calmen.
– Gracias Natasha, de verdad.
A la mañana siguiente, Anthony tenía un severo dolor cabeza y la garganta seca. Había pasado la noche en el piso del laboratorio y todo su cuerpo protestaba de dolor. Cuando abrió los ojos, con lo primero que se encontró fue con una chica de melena rojiza sentada de piernas y brazos cruzados en una silla frente a él.
– Creo que tomé demasiado – el ingeniero se incorporó y se quedó sentado en el suelo mientras la observaba.
– ¿Tú crees? – la asesina lo miró fríamente.
– Y ahora está hablándome – Tony se levantó torpemente y miró las botellas que había dejado en el piso, leyendo mentalmente la marca –. Jarvis no me dejes comprar esas botellas de nuevo – Natasha se levantó y pellizcó el costado de Tony, a lo que este respondió con un gesto adolorido –. Ay, si eres de verdad. Hola Nat. Si no te molesta, no vuelvas a hacer eso, me duele la cabeza y ahora las costillas.
– Pues estoy muy tentada a romperte una si le haces algo a Pepper.
– Perdón, ¿hacerle algo a Pepper? ¡Estoy tratando de salvarla! – el ingeniero empezaba a irritarse y su dolor de cabeza se hizo ligeramente peor.
– ¿Emborrachándote? – Natasha arqueó una ceja – Si, ahora veo porque está tan preocupada.
– Mira Romanoff, necesitaba distraerme ¿sí? Brucie no me deja hacer nada – el hombre se pasó una mano por el cabello.
– Pepper tampoco lo hará porque no está dispuesta a perderlo. La limpiaste a ella, ¿no? Puedes hacer lo mismo con tu hijo.
– No si se vuelve inestable. ¿Es que nadie lo entiende? – Tony golpeó uno de los escritorios del laboratorio. El tono de su voz era fuerte y profundo. Parecía a punto de llorar de frustración – No estoy molesto porque Peps vaya a tener un hijo mío, ¡estoy molesto porque podría perderlos a los dos y nadie me deja hacer nada! – una silla salió volando gracias a una fuerte patada por parte de él. Natasha suspiró.
– Tony… – miró al hombre de arriba abajo, pero él tenía el cuerpo casi de espaldas a ella, con la mano cubriendo su boca, bajo la cual se mordía con fuerza los labios, y un puño recargado en su cadera – No estamos tratando de matar a Pepper. Estamos intentando salvar a los dos. Y de todas maneras Stark, deberías estar con ella, se siente muy sola.
– … Lo intentaré. Pero antes necesito valor embotellado – Stark se dispuso a buscar otra botella fuera del laboratorio, pero antes de que pudiera salir Natasha lo interrumpió.
– Buena suerte – la chica sonrió para sus adentros. Ya lo quería ver cuando no encontrara ni una sola gota de alcohol en todo el edificio –. Ah y Tony, si piensas ver a Pepper – le dirigió una mirada crítica – date una ducha antes.
No había ni un solo rincón en el que Tony no hubiese buscado. Y ahí estaba él sentado en el piso de la cocina, con la cabeza recargada en la encimera.
– ¡Natasha! – gritó el hombre, como si hubiese descubierto a un niño haciendo una travesura, pero no obtuvo respuesta.
Se levantó rápidamente y bajó a las habitaciones con el fin de encontrarla, pero todas y cada una de ellas estaban vacías, aunque tal vez si no tuviese resaca se le habría ocurrido preguntarle a Jarvis, quien convenientemente permanecía en silencio. Pasó entonces al laboratorio para revisar si de casualidad no estaba ahí, pero al que encontró fue a Bruce, de pie revisando unos papeles mientras esperaba la destilación de un líquido color azul.
– Bruce, ¿has visto a Natasha? – Tony asomó su cabeza por el umbral de la puerta de cristal.
– Salió con Pepper a hacer unas compras – el científico no retiró la vista de sus notas, aún concentrado en ellas.
– ¿Natasha de compras? Eso me gustaría verlo, tal vez salga a buscarlas – ya iba camino al pasillo para alejarse de Banner, resentido todavía por los eventos del día anterior, cuando el físico lo detuvo.
– Espera, quiero que veas esto. Creo que te va a gustar – dijo, dejando los papeles en el escritorio y retirando un frasco con el líquido destilado, para después poner el recipiente en la mano del ingeniero –. Creo que esto te dejará más tranquilo.
– ¿Planeas darme a beber esto a mí? – el pelinegro le dirigió una mirada de curiosidad.
– No, planeo dárselo a Pepper. Y no se toma, se inyecta.
– Se va a poner muy feliz de que le metas una aguja – comentó, sarcásticamente – ¿Qué es? – Tony le daba vueltas al frasco para observar el líquido.
– Un suero. Si el periodo de mutación del bebé está activo, esto lo frenará para evitar que se vuelva inestable y mantendrá a Pepper a salvo. Aunque debo decirte, esto frenará algunos meses el desarrollo del bebé. Pepper podría tener el embarazo más largo de un humano en la historia – Tony parecía respirar un poco más tranquilo, aunque el semblante de preocupación seguía en su rostro –. Si las cosas marchan bien y el suero funciona, se estabilizará lo suficiente para poder hacerle una prueba sin lastimarlo, tal vez corramos con suerte y se desarrolle un poco más y se vuelva más resistente.
– ¡Eres un genio Brucie! – el apodo de Bruce volvía junto con el buen humor de Tony, quien le sonrió ampliamente.
A la hora de la comida, Pepper y Natasha atravesaron el umbral del elevador en el piso de la sala de estar, cuando Tony llegó a recibirlas, ahora limpio y sin aroma a alcohol.
– Hola linda – le dio un breve beso a Potts, quien ahora lucía confundida –, hola Tasha. Pedí pizza y donas, están en la cocina por si se les antoja – ahora estaba jugando con sus manos abiertas, tocando y separando repetidamente las yemas de sus dedos. Pepper lo miró con curiosidad, pero la verdad es que las donas se le antojaban en exceso.
– Suena bien. ¿Quieres Nat? – dejó las bolsas que llevaba de las compras en el sillón y se dirigió a la cocina.
– ¿Puedo hablar contigo Romanoff? – el ingeniero seguía jugando con sus manos mientras miraba a los ojos a la pelirroja.
– ¡Voy en un momento Pepper! – gritó desde la entrada – Estamos hablando Tony. Te escucho.
– Oye, sé que estuvo mal eso del… alcohol. Pero ya estoy bien y Brucie encontró una solución temporal para lo de Peps entonces creo que puedes devolverme todo lo que me quitaste. Al menos para celebrar que voy a ser papá, ¿no crees?
– Tony creo que lo mantendré alejado hasta que Pepper salga de cuentas, y el día que lo haga verás todo en su lugar para que puedas celebrarlo.
– Eh… supongo que tendré que ir de compras entonces – dio un paso al elevador.
– Ya me encargue de eso Stark, por el momento ningún vendedor te venderá nada con contenido alcohólico – Natasha tenía una expresión de suficiencia al ver la cara de Tony.
– Eso es cruel…
– No tanto como tú lo has sido con tu mejor amigo. Y hablando de eso, ¿dónde está Bruce?
– Creo que colapsó de cansancio hace como una hora en su cama.
– Vaya mejor amigo tiene. Iré a probar la pizza – dicho esto, dejó a Stark y entró a la cocina, donde descubrió a una muy hambrienta Pepper con una dona en cada mano, intercalando las mordidas entre una y otra con singular alegría.
Al contemplarla, no le quedó otra opción más que reprimir una risa al verla tan jovial, pero en su lugar le dedicó una discreta sonrisa cuando se acercó a las cajas de pizza. Cogió una porción y empezó a mordisquearla distraídamente. Entre el silencio, solo se podía escuchar a las dos mujeres masticando. Cuando Natasha iba por la mitad de su trozo, Pepper ya había acabado con ambas donas y agarró un tercer sabor cuando miró a Natasha y rompió el silencio.
– ¿Y bien? ¿qué quería de ti Tony? – le dio un mordisco a su nueva dotación de azúcar.
– Ya se dio cuenta de que fui yo quien escondió el alcohol – ambas guardaron silencio por unos segundos, pero después soltaron una pequeña risa. La rubia no podía evitar imaginar el rostro de su amado ante la travesura de la rusa.
– Va a ser un gran padre… – dijo Pepper, más para sí misma que para la pelirroja. El cambio de ánimo de Tony había influido directamente en el suyo. Estaba confundida todavía, eso era innegable, pero estaba feliz de verle como si no hubiesen ocurrido los eventos del día anterior.
– No dudo que lo sea llegado el momento, solo debe aprender a controlarse con respecto a lo que bebe – añadió la rusa –. Y hablando de controlarse, voy a buscar a Banner. No queremos dejarlo solo con Tony y tener otra vez a un grandote corriendo por las calles.
– Tony no lograría hacer que Bruce se enfade demasiado. Y ya que vas a buscarlo, ¿crees que puedas llevarle las cajas de té que compramos?
– Claro, no veo porque no.
