Cuando Fury le dio la orden a Natasha de mantener un ojo en el Dr. Banner, ella no estaba molesta. No era el hecho de que ella le conociera bien lo que la hizo aceptar de buena manera, sino todo lo contrario. La verdad era que ella estaba decidida a vencer el miedo que la atacó cuando fue a reclutarlo en Calcuta cuando sintió que iba a descontrolarse, mismo que la invadió cuando finalmente presenció personalmente al otro sujeto, decidido a eliminarla. Fue la primera vez que, siendo agente, se sintió pequeña y vulnerable… aunque claro, jamás lo admitiría ante nadie. A fin de cuentas, ella era la Viuda Negra, quien siempre se salía con la suya, quien siempre ganaba y podía fingir debilidad para terminar un trabajo, no existía oponente para ella que no pudiese derribar… excepto él. Aunque, ¿quién demonios podía derribar a un gigante verde musculoso de todos modos? Se enfrentó con dos dioses, y los dos no querían repetir la experiencia. Aun así, Hulk esperó a tener órdenes del capitán antes de atacar a los Chitauri por su cuenta, y pese a todo, fue el que salvó a Tony de caer directo al pavimento cuando perdió el conocimiento... claro, después lo había soltado como si le diera asco, pero tenía la teoría de que Hulk se comportaba diferente si entraba en ese estado de manera voluntaria.

Entonces se dio la tarea de conocer más a su contraparte razonable.

La primera vez que llamó para monitorearlo, fue incómodo para ambos. Romanoff le preguntaba cómo se sentía viviendo ahí, si Tony no lo había sacado de quicio ya, si no había tenido percances… y Banner le respondía de manera monótona, como si estuviera contestando un cuestionario. Sin embargo no discutía con ella, pues se lamentaba de haberse transformado frente a sus ojos y la breve persecución que sucedió después. A la segunda llamada, el físico ya se había percatado de que las llamadas eran por órdenes de Fury, y a la semana, ya se había acostumbrado a ellas.

Algunas veces las pláticas eran sobre cosas triviales, otras Natasha le contaba lo agitada que había sido su semana (omitiendo los detalles que posiblemente podrían poner nervioso a Banner), en otras ocasiones Bruce sorprendía a la pelirroja al contarle sobre Tony o Pepper, aunque con esta ultima la rusa no se inmutaba mucho ya que no había perdido el contacto.

A pesar del casi insoportable carácter de Tony, quería a Pepper casi de la misma manera que quería a Laura, la esposa de Clint. Las dos eran seguras de sí y eran perfectamente capaces de defender sus convicciones, las admiraba y apreciaba como personas. Tiempo después de que empezó a hacer las llamadas a Banner, empezó a visitar de vez en cuando la Torre con el fin de ver a Pepper, aunque al vivir Bruce con ellos era casi imposible no cruzarse con él.

Por más que charlaran casi a diario por teléfono, el físico se rehusaba a acercarse mucho a ella. En ocasiones cuando se cruzaban por los pasillos este tendía a cruzar los brazos y alzar los hombros, en una postura defensiva y carente de agresividad, como si ella se le fuese a echar encima. Sin embargo esta postura fue cambiando con el tiempo, Bruce hacia lo mejor que podía para ello pero la verdad era que este no se sentía merecedor de que le dirigieran la palabra si no era para reprocharle el existir. En su cabeza él no se veía ya como una persona, como un reconocido especialista en rayos gamma, ahora el mismo se veía como un monstruo, uno muy peligroso. Pero se sentía mejor con este grupo tan extravagante de personas más que con cualquier otro. De todas formas intentaba mantenerse al margen, por miedo a cometer un error.

Solo cuando Bruce dejó de encogerse en su presencia, Natasha se atrevió a saludarlo con un ligero roce en su hombro o su brazo. Evidentemente, la primera vez Bruce se quedó helado, pero no se alejó, y algunas visitas después se acostumbró a su tacto. Aunque ya no se sobresaltara, el científico no hacía más que preguntarse el por qué insistía la pelirroja en hacerlo, aunque jamás se lo diría de frente.

Y ahora, meses después, ella podía entrar a su cuarto como si fuese una habitación más… con el debido respeto, sin olvidar que ese era el lugar en donde él se sentía más seguro. Así que siempre lo hacía con cuidado, tocando ligeramente la puerta para esperar su permiso… aunque esta vez estaba entreabierta, y pudo observar el cuerpo de Banner boca abajo, durmiendo profundamente. Se sentía culpable por tener que despertarlo, pero antes de salir él le había pedido que llevara a Pepper al laboratorio.

– ¿Bruce? – llamó tranquilamente al hombre, quien movió su cabeza un poco. Para haber estado tan cansado, era muy fácil de despertar – Odio molestarte, pero ya estamos aquí grandote.

– ¿Natasha…? – respondió el adormilado científico. De no ser porque le había llamado "grandote", probablemente no la habría reconocido del todo. Se sentó en la cama y frotó su rostro, tomó sus gafas y la miró, todavía algo ido – ¿Cómo está Pepper? – La espía le sonrió de lado, sentándose con cuidado a la orilla de la cama, y dejó las cajitas enfrente de Bruce.

– Más tranquila ahora que Tony no está alcoholizado y que por fin le dirige la palabra – Banner miró por fin las cajas encima de la cama –. Es la manera de Pepper de darte las gracias por todo. Cree que es poco, pero siente que si te da algo más grande te enfadarás con ella – el físico sonrió levemente. Potts había reparado en que a Banner le disgustaba recibir regalos, simplemente porque no se sentía merecedor – no sabemos si es tu favorito, pero si no podríamos cambi–

– No – la interrumpió sonriendo leve pero sinceramente – es perfecto. No tenía que darme nada en realidad, no lo hago por eso.

– Bruce, Pepper sabe perfectamente eso. Pero te has vuelto su amigo también, y quiso tener un detalle contigo, no se lo arruines – se levantó de la cama y se encaminó hacia la puerta.

– No lo iba a hacer, Natasha.

– Lo sé – le sonrió de nueva cuenta la pelirroja antes de salir de su pequeña habitación – te veo en el laboratorio, doc.


Pepper miraba con nerviosismo el líquido azul en la jeringa, ya con la garganta seca. Miró a Tony en una expresión de pánico cuando vio el tamaño de la aguja. Éste simplemente le tomó la mano, acariciándole el reverso de ella con el pulgar, con una disculpa en los ojos, misma disculpa que se reflejaba en Banner. Natasha simplemente observaba a lo lejos, recargada en una esquina.

– Pepper, creo que es mejor que no mires. Voy a usar anestesia local pero si te pones nerviosa es más fácil que tenses los músculos y te duela. Te prometo que será rápido, no sentirás la aguja pero es posible que experimentes una presión muy fuerte – después de unos segundos, la rubia asintió y procedieron a prestarle un antifaz. Tony no soltó a su novia, y francamente estaba muy asustado de que Bruce tuviese que usar una aguja tan grande en ella.

El doctor Banner procedió a poner anestesia tópica en el vientre de Potts, y después, con mucho cuidado, introdujo la aguja.

– Dame imagen JARVIS.

Los dos hombres miraban a una pantalla, en la que se veía un pequeño bebé de siete centímetros, Bruce para no lastimarlo con la aguja accidentalmente y Tony maravillado. Vieron como el líquido se depositó en el vientre de Pepper, que apretaba con fuerza la mano del ingeniero, y cómo el cilindro delgado de metal se deslizaba hacia afuera de nuevo.

Bruce vio una vez más a la pequeña criatura que estaba formándose en el vientre de Pepper, acongojado por algo que no podría tener jamás, antes de pedirle a JARVIS que quitara la imagen con una breve mirada triste. Le indicó a la embarazada que ya había terminado y que podía deshacerse del antifaz. Él se marchó a deshacerse apropiadamente de la jeringa, una excusa para evitar a sus amigos. En realidad, el único que no se movió fue Stark.

Era como si todas las emociones que estaban escondidas por su preocupación de perder a su novia, cayeran de golpe en él. Sus ojos estaban vidriosos y no había soltado la mano de su señorita, simplemente porque no reaccionaba. Se sentía inmensamente feliz, pero también inmensamente preocupado. ¿De quién demonios fue la idea de que él podía llegar a ser un padre decente? Tenía tanto miedo de equivocarse, de fallar o de perderlo… Y aun así, no pudo evitar imaginarse cargando a un pequeño niño de ojos marrón con el pelo de su madre. Y entonces pudo, más o menos, entender el peso de lo que pensaba hacer en un principio. Definitivamente no iba a renunciar jamás a su pequeño. Era tan chiquito que su principal instinto ahora era protegerlo. Se maldijo a sí mismo… mentalmente, porque había estado viendo hacia la nada ya algunos minutos y Pepper consideraba seriamente gritarle a Bruce para que viniera a despertar a su amigo. Cuando finalmente salió del trance, miró a Pepper a los ojos.

– ¿Y entonces? – inquirió Tony – ¿cómo le vamos a poner?


Bruce sospechaba que en algún momento u otro, aparecería Steve y Clint por la puerta principal. Y eso ocurrió dos semanas después de la inyección de Pepper. De todas formas estaba impresionado de que no hayan seguido a Natasha tan rápido, los esperaba un día después o dos después de la llegada de la pelirroja. Y gracias al cielo, cuando Steve hizo acto de presencia, Tony y Pepper habían salido a cenar.

– Doctor Banner – saludó, el siempre correcto Rogers extendiéndole la mano al pelinegro, quien la tomó alegremente.

– Capitán, – se separó de él para estrechar también la mano de Clint, pero éste le dio una breve palmada en la espalda – Barton. No los esperábamos tan pronto… – bueno, sí, pero eso no lo iba a decir él.

– ¿Tan pronto? – preguntó Steve. El único que sabía que se dirigían a la torre, era Fury.

– Natasha dijo que los enviarían a una misión de infiltración que posiblemente iba a tardar un mes – y eso era cierto, solo que la infiltración no salió exactamente desapercibida por el bando enemigo. Tuvieron que pelear.

– Las cosas no salieron fenomenales… pero oye, nos libramos de dos semanas de trabajo – añadió Clint – Y hablando de Nat, ¿dónde está?

– En la sala de entrenamiento. Tony y Potts están fuera, creo que llegarán tarde – Clint dio las gracias y se fue en busca de su compañera, dejando solos a Bruce y Steve intencionalmente.

– Y… – empezó el rubio – ¿realmente porque esta Natasha aquí? Ella nos dijo que Pepper había enfermado pero…

– Eso no es del todo correcto Capitán, ella se pondrá bien en medio año– dibujo una pequeña sonrisa en su rostro sin embargo se percató de que Steve no había entendido del todo la broma, al contrario, pudo notar como se abrían los ojos del capitán como platos e intuyo que los pensamientos del rubio estaban empezando a volverse algo fatalistas – Está embarazada, Steve.

Steve abría y cerraba la boca – como pez – sin saber qué decir. Alguna vez se había imaginado a Pepper con hijos, pero ¿Tony siendo padre? Eso era algo hasta cierto punto extraño para él.

– Creo que debí de haber traído algo…

– No te preocupes Cap, seguramente Tony lo apreciaría más cuando sepa el sexo del bebé. Aunque tampoco es que sepamos exactamente cómo va a ser… – Rogers lo miraba confundido.

– No comprendo doctor, ¿cómo que no saben cómo va a ser? ¿El regalo depende de su apariencia?

En ese momento, Bruce procedió a explicarle de manera sencilla lo que había ocurrido hace unos meses con Tony, Pepper y el Extremis. Lo que había ocurrido cuando se enteraron que la señorita Potts estaba embaraza, por supuesto, omitiendo la parte en la que Tony enloqueció y propuso deshacerse del bebé. A pesar de que Banner había dado la explicación lo más sencillo posible, Steve estaba aún algo confundido puesto que no entendía mucho de genética –aun cuando él mismo era un experimento – pero sí entendía que el bebé no sería del todo normal, y en realidad no le veía mayor problema como para haber hecho venir a Natasha. Por otro lado, tal vez solo quería ver a Pepper.


– Tony, no insistas – Pepper estaba riendo ante las insistencias de su novio. Estaban en un lujoso restaurante, en el último piso, reservado sólo para ellos. Para que la llevara ahí, Stark debía sentirse muy mal por su comportamiento.

– Dime Peps, seguro habrás pensado en algo – inquirió Tony, metiendo un bocado de pasta a su boca.

– Enserio Stark, no he pensado en un nombre. Solo quiero que esté bien – respondió, acariciando casi imperceptiblemente su vientre ligeramente abultado – pero creo que te mueres por decirme que nombre le pondrías tú.

– Bueno, no me muero por decírtelo – continuó – pero si, ya pensé en algo. ¿Qué piensas de Anthony? – sonrió ampliamente pero su novia lo observó, incrédula.

– Eres un ególatra, Stark – le respondió con tono serio, pero no pudo evitar momentos después una leve risa– ¿qué vas a hacer cuando te des cuenta de que es una niña, Stark?

– Claro que no, va a ser un fuerte muchacho – dijo, seguro de sí – pero en caso de que mis suposiciones me fallen, y no lo van a hacer, se llamará Antonia.

– Eres imposible, ¿lo sabes? –añadió, esta vez riendo audiblemente – no te dejaré llamar a nuestro bebé como tú. Al famoso genio multimillonario no se le ocurre otro nombre que no sea el suyo.

– ¡Oye! – intentó sonar enojado, pero la risa arruinó completamente el efecto – ¡Ese fue un golpe bajo! Y si no lleva mi nombre va a llevar mi apellido.

– Si… aunque eso probablemente atraerá demasiado a la prensa. No quiero imaginar el titular – hizo una extraña mueca de disgusto –. Seguramente se va a hacer un escándalo por ser un hijo fuera de matrimonio…

– ¿Y quién dijo que iba a ser fuera de matrimonio? – La joven de cabello de fresa abrió los ojos como platos, severamente confundida.

– Pero no estamos casados, Anthony – añadió, con el corazón latiéndole a mil por hora. Debía estar imaginando la pregunta implicada en las palabras de su novio. Si, seguro las estaba imaginando. Pero le dieron muchas ganas de vomitar de los nervios cuando vio a Tony arrodillado en el piso del restaurante, sacando una cajita negra elegante y abriéndola lentamente para mostrar un anillo plateado adornado con un hermoso diamante.

– Virginia Pepper Potts, ¿te casas conmigo?