– Tony, ¿no crees que es un poco apresurado?
– Eh… no Brucie, Pepper tampoco quiere que nuestro pequeño se vea envuelto en escándalos. ¿Te imaginas si supieran que Peps está embarazada? – El físico soltó un suspiro y miró a su mejor amigo.
– Seguramente la tratarían como si fuese cualquier mujer y la hubieses embarazado accidentalmente… pero ya llevan un tiempo siendo una pareja pública. Aunque… si, sería un escándalo si nace y no están casados – miró al suelo, analizando la situación. No le preocupaba que Pepper no fuese buena para Tony, sino todo lo contrario.
– Bruce, ¿podrías por favor no preocuparte por eso? sería genial que me ayudaras con el moño mientras coloco las mancuernas.
En realidad Stark no necesitaba ayuda, pero quería tener cerca a Banner porque de encontrarse solo, empezaría a hacer una zanja en el piso por los nervios. El playboy finalmente iba a sentar cabeza en sólo una hora, sabiendo de antemano que los medios se las arreglarían para estar con la nariz metida hasta el fondo en todo el evento. Un mes antes los interrogaron por el anillo de Pepper, a lo que ella inventó que ya hacía mucho tiempo estaba comprometida con el billonario, pero que no había usado el anillo hasta cercana la fecha de boda para evitar que los mismos medios los atosigaran con la fecha del gran evento. Fue, según Natasha, una jugada maestra en un momento de presión, puesto a que cuando le preguntaron ningún vengador había pensado en ese detalle.
La boda iba a ser, por lo pronto, únicamente por lo civil, en un enorme salón de fiestas elegantemente adornado. Pepper quería una boda espiritual a lo grande, usar un enorme vestido blanco y tener una boda que no se pueda disolver tan fácilmente como una legal. Pensaba que tal vez cuando su pequeño bebé creciera, fuera quien llevara los anillos o las flores.
Tony miró con nerviosismo el reloj. Después de arreglarse y con Bruce ayudando, ahora solo le sobraba media hora. Aun así, no sabía qué hacer con el tiempo extra. Le dirigió una mirada a Bruce, con muchas cosas en qué pensar. Trataba de ignorar el tema del ADN, aunque la fecha para el examen se acercaba con rapidez, faltando únicamente dos semanas del plazo que le dio a su amigo. Bruce adivinó el rumbo de sus pensamientos y le dio una palmadita en el hombro.
– ¿Quieres hacer algo? En media hora llega la limosina – le dedicó una sonrisa tranquilizadora a su hermano de ciencias.
El mes se le había pasado volando entre los cuidados excesivos de su prometido y las bromas de Clint. Y ahí estaba ahora Pepper, viéndose en un espejo grande, luciendo un elegante corto vestido blanco que disimulaba perfectamente su pequeño pero ya abultado vientre. Todo esto era demasiado bueno para ser verdad. Tony se había comprometido, no se había contenido en cuanto a cuidados se refiere, y sobre todo, había aceptado ya al bebé. El millonario ya se había atrevido a tocar su vientre, aunque después se sonrojó e hizo como si lo hubiese hecho por accidente. Lo que le preocupaba a ella, era que aún no tenían el análisis. Le aterraba que cambiara de opinión de acuerdo a los resultados.
– Te ves muy bien Pepper – la sacó de sus pensamientos Natasha.
– Nat, no te escuche entrar, perdona – desvío su mirada del espejo y la dirigió a la pelirroja.
– ¿Nerviosa? Aún puedes decirle que no – bromeó la rusa, sabiendo de antemano que su amiga no se atrevería.
– Sabes lo que me preocupa...
– Que se vuelva loco si los análisis salgan mal. No te preocupes, estaré ahí por si intenta hacer algo.
Pepper no sabía si relajarse o asustarse por eso. Natasha se rio por la cara que puso.
– Vamos Pep –le colocó una horquilla azul, justo entre las flores blancas que adornaban su cabello –, ya es hora.
Conforme la hora se acercaba, el salón se iba llenando de invitados. Las paredes eran blancas, sin embargo había una enorme cortina roja de terciopelo a juego con la alfombra que se extendía por todo el piso. En él se podrían ver desfilar a personajes públicos, amigos y la escasa prensa que pudo colarse al evento. Rhodey saludaba a algunas personas que, por el porte que traían, debían ser militares… entre ellos el general Ross, viejo conocido de Tony y del Dr. Banner. Steve y Clint recorrían el pequeño lugar, acercándose a saludar al novio. Poco después, procedieron a ocupar sus respectivos asientos en espera de la novia.
–Y Thor?– pregunto el Cap a Clint mientras escudriñaba el salón con la mirada buscando a su amigo nórdico.
–Pues dijo que iría a Inglaterra por su novia – Steve dibujó una sonrisa en su rostro y se relajó en su asiento.
El tiempo iba avanzando y la hora acordada se acercaba a paso veloz. Los invitados daban una última mirada a su aspecto para asegurarse de que todo estuviera en su lugar. Otros sólo intercambiaban palabras. Todo eso se mantuvo así hasta que la puerta principal se abrió mostrando al Dr. Banner, quien ahora captaba la atención de todo el mundo, y aunque esto lo hizo ponerse algo nervioso, respiró profundo.
–Ya están aquí– dijo en voz baja pero audible para la mayoría, todos pasaron a tomar sus asientos y el científico pasó a tomar su lugar a un costado de su amigo después de cerrar la puerta.
Era evidente el nivel de nervios del ingeniero, aunque trataba de disimularlos lo mejor que podía. Después de todo, cuando entró al salón los invitados le dedicaron aplausos a los cuales respondió con una sonrisa y un leve gracias, para situarse enfrente de la mesa donde el juez con libreta y pluma los esperaba para sellar el matrimonio entre Pepper y él, donde trataba de no empezar a caminar en círculos mientras duraba su espera. Tony miraba fijamente la entrada donde momentos después entraría la pelirroja, sin embargo, la aparente calma que se encontraba en el salón fue rota por un fuerte estruendo que provenía de una de las esquinas del salón, en ella se hizo una leve nube de polvo que alcanzo a dejar sin visibilidad esa parte, algunos invitados corrieron hacia la salida temerosos y Steve junto con Clint ya se encontraban de pie con escudo y arco respectivamente apuntando hacia el lugar del cual había provenido aquel sonido.
–Disculpen por la demora– la nube se disipo rápidamente y dejo ver a un hombre alto, fornido y rubio quien traía de la cintura a una chica con un vestido color purpura y una melena semi–lacia.
– ¡Ay por Dios, ricitos! – exclamó Tony. El semidiós lo miró confundido, pero siendo un día especial para Tony, le contestó un titubeante "lo siento hombre de metal".
–Bueno Cap, ahí está– Le dijo Clint a su amigo mientras contemplaban la entrada tan aparatosa de Thor en el recinto y guardaban sus armas debajo de sus asientos mientras el recién llegado y su novia ocupaban sus lugares.
Bruce se sobresaltó al ver a Natasha a un lado de la mesa de ceremonias, pues no la vio llegar. Tony siguió su mirada y encontró a la pelirroja.
– ¿Ya está aquí Pep? – preguntó muy suavemente, bastante nervioso por ver la puerta abierta y sin rastro de su prometida.
– ¿Por qué no lo ves tú mismo? –le contestó la pelirroja con una sonrisa.
Y entonces la novia hizo acto de presencia, caminando por los pétalos de rosa blancos que estaban a modo de camino hacia el juez que sellaría su matrimonio con Stark, quien por cierto, puso una auténtica cara de idiota al cruzar su mirada con la de ella. Ni siquiera prestó atención a la breve música clásica que sonó a su entrada, no se dio cuenta en qué momento los invitados se pusieron de pie. Por el bien podría ser el fin del mundo y solo vería a Pepper, sus mejillas sonrosadas, su cabello adornado por flores junto con el pequeño destello azul, la forma en la que el vestido ocultaba su pequeño vientre... Lo único que lo sacó de su ensimismamiento fue un breve y suave codazo en sus costillas por parte de su padrino, por lo que carraspeó para recuperar la compostura y sostener el brazo de su hermosa novia.
Tal vez no era una boda religiosa, pero él había accedido a hacerlo lo más especial para Pepper. Hacerle saber que no solo se casaba con ella porque estaba embarazada y era su novia (eso fácilmente podía haberlo hecho simplemente firmando un papel), sino porque en verdad la amaba y temía perderla. Si los medios querían seguir hablando de que el playboy había sentado cabeza formalmente, que hablaran.
Todos los invitados volvieron a sentarse en sus lugares y el juez por fin rompió el silencio… bueno, el silencio que había quedado después de que los aplausos a Pepper habían terminado.
– Estamos aquí para reunir a Anthony Edward Stark y a la señorita Virginia Pepper Potts en matrimonio. Antes de comenzar la ceremonia, necesito saber si hay algo que impida que esta unión se celebre – todos guardaron silencio – y que los novios están aquí por voluntad propia pues de otra manera el contrato no sería válido – entonces Tony miró a Pepper con una sonrisa en el rostro, causando que se sonrojara todavía más –. Entonces podemos continuar.
El juez dedicó unos minutos a un discurso sobre la unión en pareja y después de preguntar si se querían aceptar como esposos, pidió que trajeran los anillos. Entonces llegó el momento de hacer sus votos de matrimonio.
– Yo – Tony tomó la mano de su novia y le colocó el anillo hasta la mitad –, Anthony Edward Stark, te tomo a ti, Virginia Pepper Potts como mi legítima esposa, para amarte, respetarte y serte fiel en la riqueza, salud y enfermedad – el juez le dirigió una mirada fría – ¿qué? ¡Es imposible que seamos pobres! – el juez no cambió su mirada, pues para él era un incumplimiento al protocolo, aunque Pepper solo sonreía irónicamente – Ok ok, en la riqueza y la pobreza – continuó y terminó de deslizar el anillo por el delgado dedo de su prometida – por todos los días de mi vida.
– Yo, Virginia Pepper Potts, te tomo a ti, Anthony Edward Stark, como mi legítimo esposo, para amarte, respetarte y serte fiel en la riqueza, pobreza, salud y enfermedad, por todos los días de mi vida – y la rubia hizo lo mismo con el anillo y dedo de su prometido.
– Por favor, firmen aquí – continuó el juez, y después de que los novios firmaran, fue el turno de hacerlo de Bruce y Natasha en sus respectivas líneas –. Entonces, por el poder otorgado a mí por la ley, declaro a esta pareja marido y mujer. Puede besar a la novia.
Y entonces la multitud rompió en aplausos, pero antes de que Tony dejara de besar a Pepper, Bruce hizo una señal a Clint y esta la pasó a los demás invitados, de manera que todos sacaron pequeños frascos de cristal de debajo de sus sillas y los abrieran. Para cuando Pepper abrió los ojos y giró hacia los invitados, cientos de mariposas inundaban el pequeño salón, abrió la boca, maravillada, y luego volteo a ver a su ahora esposo. Tony simplemente se encogió de hombros.
– Me encantaría decir que fue mi idea, pero la verdad es que fue de rojita.
La novia ahora vio a su amiga, y musitó un leve "gracias", bastante anonadada todavía por la vista. Natasha le dio un codazo fuerte a Tony.
– Te dije que le gustaría – el millonario hizo un gesto exagerado de dolor y se sobó donde había acertado el golpe, lo que logró su objetivo: hacer sonreír a la rusa, dándole las gracias a su modo.
– Entonces, ¿qué esperamos? ¡Esto es una fiesta!
Y Bruce jaló un enorme cordón blanco, abriendo la enorme y pesada cortina roja, ahora mostrando el verdadero salón de fiestas y no sólo el pequeño espacio para la boda civil. A la vista de todos, se encontraban grandes mesas circulares de manteles blancos colocadas alrededor de la pista de baile, que parecía hecha de mármol. Probablemente lo era.
Al centro se encontraba la mesa de los novios, elegantemente decorada con las flores favoritas de Pepper: rosas. Cada mesa estaba decorada de manera similar, pero en el centro de las mesas había una rosa de tallo de oro y pétalos de metal rojizo, entrelazada con una de tallo de metal verdoso y pétalos dorados. Cada una tenía las iniciales de Tony y Pepper, quienes entonces ocuparon su lugar en su mesa. A lado de ellos, se encontraba "la mesa de los vengadores". Cada plato tenía un papelito con los nombres de cada uno. A la derecha del nombre de Thor estaba el de Jane, Steve, Clint, Natasha y Bruce, de modo que el tímido científico estaba entre el semidiós y la asesina. Tal vez hubiese preferido estar entre ella y Steve, porque no estaba del todo seguro de poderse adaptar del todo a las expresiones extrañas de Thor. Cuando todos los invitados habían ocupado sus mesas (el asiento de Ross estaba lo más alejado de los novios, por elección de Tony), el pianista tocaba suavemente las notas, solamente para ambientar el lugar y que pudiesen hablar los invitados sin necesidad de alzar la voz, pero cuando llegó el momento las luces de todo el salón bajaron su intensidad y una luz en el centro de la pista para darle un aire mágico y especial al ambiente. El novio se puso de pie y la música empezó a sonar más fuerte en una cálida y lenta melodía.
– ¿Me concedes nuestro primer baile? – dijo Stark, sonriéndole divertido a su esposa y extendiendo su mano.
– Por supuesto, señor Stark – contestó ella, con una leve risa y tomando la mano extendida de su ahora esposo. Cuando los novios llegaron al centro de la pista todos aplaudían, admirándolos y compartiendo la alegría de la pareja. Tony tomó la cintura y mano de su esposa, acercándola hacia él, y empezó un suave vaivén al ritmo de la música.
– Gracias por todo, Tony. De verdad aprecio los detalles que tuviste conmigo – dijo Pepper.
– Ya sabes, quería que fuera especial para los tres. Aunque tres todavía no esté – le sonrió y pego su frente a la de ella.
– ¡Tony! – el hecho de que su esposo aun no usara la palabra "hijo" seguido para referirse a su bebé, aun la inquietaba mucho.
– Ya sé, ya sé, no lo arruinaré. Pero no me dejas ponerle como yo, ¿cómo se supone que le diga? – su novia entonces ablandó su expresión.
– Dame unos meses y te diré.
Pepper juntó sus labios junto con los de su esposo, sin dejar de moverse de un lado a otro con suavidad. Los dos seguían dando vueltas y pasos al ritmo de la suave música que llenaba el ambiente del salón, pero en la última vuelta que dieron al final de ella, miraron a la mesa en la que se encontraban sus amigos viéndolos, sin embargo ellos centraron sus miradas en la pelirroja y el doctor por un breve momento.
– ¿Crees que es tiempo? – miró Tony a Pepper, como si fuera a hacer una travesura.
– Sigo creyendo que Nat necesita divertirse más.
– Sigo creyendo que Brucie necesita integrarse – contestó Tony, y Pepper asintió brevemente con la cabeza.
Rápidamente fueron a la mesa contigua a la suya y ambos le extendieron la mano a sus padrinos.
– No creo que deba, Pepper –le respondía Bruce a la novia, desviando ligeramente la mirada.
– Ni lo sueñes Stark – la espía lo miraba severamente pero con una sonrisa, lo cual hacía que su amenaza no fuera del todo convincente.
El público y especialmente los pocos medios de comunicación permitidos que cubrían el evento, alentaron con aplausos y pequeños gritos a los dos héroes. Ya los habían visto en combate hace algunos meses, pero verlos bailar… eso sí era especial. Pepper le dirigió una mirada suplicante a sus padrinos, desarmándolos en el proceso. Entonces Bruce tomó a Pepper de la mano y la dirigió a la pista de baile, al mismo tiempo que Tony lo hacía con Natasha. La música era similar a la anterior pero era levemente más rítmica, lo que le complico más las cosas al ya de por si nervioso Banner… empezando con que iba un poco desfasado con la música al sentir todos los ojos puestos en ellos. Pepper notó su rigidez y se sintió un poco culpable.
– Vamos Bruce, solo mírame, ¿sí? – Le dijo la novia a su padrino – Sé que fui egoísta, pero no podía pasar el día de mi boda sin bailar con mi padrino.
Aquello relajó a Bruce. Trató de no pensar en que los estaban observando y prefirió concentrarse en que estaba bailando con la esposa de su mejor amigo, quien por alguna razón también se había vuelto su amiga y parte de su familia… la única que ahora tenía. Entonces se mostró un poco más confiado al moverse en círculos por la pista con Pepper. Por otra parte, Natasha y Tony no lo estaban pasando mejor que ellos, pues Tony había hecho enfadar a Natasha por haberle dicho "rojita" de nuevo y ésta en respuesta le había dado un pisotón "accidental". Tal vez ella quisiera a su modo al hombre de metal, pero no por eso le tenía demasiada paciencia, muchísimo menos estando tan cerca.
– ¿Me devuelves a mi esposa hermano? – Dijo el ingeniero a su mejor amigo – Te presto a la madrina un ratito – y dejó la mano de su madrina en la del padrino sin siquiera preguntar si éstos querían, o más bien, aprovechando que los estaban observando todos los invitados, asegurándose de que de esa manera no se podrían escapar. Se alejó con Pepper en una melodía un poco más rápida.
– Esto puede salir o muy bien o muy mal, Tony – lo miró un poco asustada y luego miró a sus padrinos – o bien esto ayuda a que Natasha incluya más a Bruce y a que este le deje de tener tanto miedo o los aleja – tragó saliva al ver que ambos se movían con un poco de torpeza, pues para Bruce era muy diferente bailar con Pepper que con la rusa –. Tal vez debamos cambiar.
–Shh, tranquila Pep. Míralos – respondió, observándolos discretamente.
Los dos vengadores empezaban a agarrar ritmo y tropezaban menos, hasta lograr ser una pareja semi elegante de baile, aunque la que llevaba el ritmo era Natasha. Los veían conversar pero evidentemente no escuchaban absolutamente nada.
– Si no te sientes cómoda podemos parar, Natasha – dijo un muy apenado Bruce.
– En realidad prefiero bailar contigo que con el novio – le respondió la espía con una leve risa, a la que se unió él.
– ¿Tan malo fue? – le contestó Banner, usando casi la misma frase que ella usó con el cuando habían hablado por teléfono hace un mes.
– En realidad no. Es solo que es más irritante que me llame rojita cuando me está tocando.
– Trataré de convencerlo de no hacerlo – le respondió con una sonrisa.
– Cuento contigo, Bruce. Si hay alguien además de Pepper que lo puede convencer de algo, eres tú.
Aunque se sentía extraño al bailar con alguien más que no fuese Betty o Pepper, descubrió que no le incomodaba demasiado. Después de todo, Natasha no había reaccionado como él pensaba que lo haría. Nunca lo hacía. No pensó que le fuese a hablar después de casi matarla por su transformación involuntaria, o después de haber sacado el tema de haberse sentido traicionado por ella la primera vez que se conocieron. Fue la única vez que ella le mintió de esa manera, y sentía que no se merecía tanta desconfianza de su parte hacia la rusa. Sobre todo porque ella no había mencionado de nuevo lo de Hulk.
– Lamento haber sacado el tema de Calcuta la última vez que hablamos por teléfono.
– Estabas molesto Banner, está bien –respondió la espía –. Además de alguna manera lograste controlarte a pesar de haber estado verdaderamente enojado con él.
– No me puedo permitir enojarme del todo, Natasha – agregó con tristeza –. Ese día estaba verdaderamente al límite. Es la primera vez que Tony casi hace salir al otro sujeto.
– Nadie te habría culpado, considerando la situación…
– Pero Pepper estaba cerca – interrumpió Bruce.
– Porque estaba cerca. Eso te ayudó.
– No puedo depender siempre de los demás Nat…
– No siempre puedes estar solo, grandote – y entonces la pelirroja le sonrió al físico, quien no se acostumbraba a ese sobrenombre, para dar por terminada la discusión.
Más tarde, cuando los invitados terminaban de comer el primer platillo del banquete, Bruce empezó a sentirse muy nervioso. Sabía que tenía que ofrecer el primer brindis por los novios, pero le incomodaba tener que ponerse de pie y estar a la vista de todos los invitados, o más bien, estar a la vista del capitán Ross. Contempló la copa de champaña entre sus manos, con la mente ausente. Mientras, Thor estaba contando una historia de una batalla que había tenido que librar en Asgard y Jane estaba muy entretenida admirando a su novio en un traje que no fuese una armadura con cortinas rojas o una sudadera. Aunque Clint y Steve estaban escuchando al asgardiano, Natasha notó la ausencia de Banner.
– ¿Bruce? – Dijo en un tono bajo, regresándolo a la realidad – ¿estás bien?
– ¿Qué? – Contestó, confundido – No es nada, Natasha, estoy bien – la rusa guardó silencio y lo observó por breves segundos.
– ¿Es por Ross? Está muy lejos y no vamos a dejar que se te acerque Banner. A Tony no le incomoda su presencia pero le incomoda que esté en el mismo lugar que tú.
– Bueno, a mí no me emociona mucho que esté aquí, pero no voy a armar un escándalo y arruinarles la noche – suspiró –. Bueno… creo que tengo que hacer el primer brindis – y se puso de pie.
Después de que Tony y Pepper partieran el pastel y que todos los invitados hubiesen bailado, brindado y comido, empezaron poco a poco a felicitarlos por la boda mientras se iban retirando. La primer persona que se acercó cuando todo el ambiente de la fiesta empezaba a apagarse lentamente, fue Bruce. Tímidamente se acercó a los novios y ambos lo miraron con atención.
– Felicidades por su matrimonio – dijo, con un suave tono de voz. Pepper se levantó y le dio un abrazo al cual él respondió con afecto.
– Gracias, Bruce – respondió Pepper, aun estrujando a su amigo – nos alegró mucho que aceptaras ser nuestro padrino.
– Fue un honor, Pepper – su mejor amigo le dedicó una mirada dolida.
– ¿Por qué te vas tan pronto Brucie? ¡Mi mejor amigo es el primero en retirarse de la fiesta! – hizo un puchero y estrechó a su hermano de ciencias cuando su esposa lo hubo soltado.
– Creo que no voy a ser el único, Tony. Los demás están planeando hacer lo mismo, no queremos que por nosotros se retrase su viaje. Es su noche, a fin de cuentas – le sonrió a Stark, feliz de verlos felices. Preocupado por lo que tenían por delante, pero feliz.
– Está bien amigo. Pero si necesitan algo estando en la torre avísame.
– Tony, vamos a estar bien, de verdad – insistió –, disfruta tu noche y tu luna de miel.
Entonces Ross se acercó a la pareja, aprovechando el momento para acercarse al que él consideraba un monstruo.
– Felicidades, Tony – dijo, estrechando la mano del ingeniero – señorita Pepper – tomó con algo de delicadeza la mano de la novia, a modo de felicitación – fue una agradable fiesta – y entonces, discretamente se dirigió a Bruce, quien tragó en seco – Es una lástima que no hayamos podido charlar, Doctor Banner – Bruce asintió antes de contestar.
– Lo es.
– Aquí estás, Bruce. ¿Me acompañas a la torre? – Dijo Natasha, tomando el brazo del padrino – Clint y los demás acompañarán a Thor a dejar a Jane.
– Claro – respondió, aliviado de poder alejarse de Ross.
– Felicidades a los dos – se dirigió la rusa a los recién casados – Espero que seas muy feliz, Pepper – estrechó a su amiga para luego hacer lo mismo con Tony – Más te vale cuidarla, Stark – dijo entre amenaza y broma. Nunca le diría que lo apreciaba, a pesar de que sabía que el la veía como una hermana rebelde y que por lo mismo se tomaba muchas libertades con ella.
El doctor le tendió el brazo caballerosamente, y ambos salieron del salón.
– Te debo una – dijo Banner en voz baja.
Tony y Pepper volvieron de Nueva Zelanda al cabo de una semana, luciendo bastante felices y con un brillo diferente en los ojos. Lamentablemente para todos, el hecho que Tony estuviese de buen humor aumentaba la cantidad de bromas pesadas que les hacía a todos, apodos incluidos. Y es que ahora no eran solo Natasha y Bruce los que se instalaron en la torre, pues tanto Clint, Steve y Thor habían decidido pasar una temporada en la torre y tomarlo como el cuartel general oficial. Steve en especial estaba harto de tener que quedarse en un pequeño departamento, con Clint, pues a veces entrenaba de noche y no le dejaba dormir. Sin embargo, con forme fue pasando la última semana antes del plazo que Tony le dio a Bruce, el ambiente se iba a haciendo un poco pesado, lo que le hizo lamentar un poco su decisión.
Cuando llegó el día, Bruce ya se encontraba en el laboratorio con Natasha, esta última decidió estar presente en caso de que las cosas se pusieran feas con Tony. Pepper estaba recostada como la última vez, pero Tony sostenía su mano voluntariamente y no se mostraba indiferente.
– ¿Lista? – preguntó Tony, acariciando el dorso de la mano de su esposa. Pepper asintió levemente.
La aguja atravesó el vientre y el cordón umbilical hasta llegar al ombligo del bebé, donde Bruce extrajo una muy pequeña muestra de sangre. Pepper se relajó cuando la aguja hubo salido por completo de su cuerpo, pero Tony intentaba esconder su tensión cuando el doctor colocó la muestra en una máquina.
– ¿Jarvis? – dijo Bruce – Dame el código.
– Lo estoy mandando a su pantalla doctor.
Mientras Bruce analizaba los resultados, Tony ayudaba a ponerse de pie a su esposa. Después de un minuto, Tony rompió el silencio.
– ¿Y bien, Brucie? – Banner guardó silencio unos segundos mientras seguía leyendo el código, y entonces respondió con voz baja.
– Creo… – susurró, analizando el código que estaba desplegándose en su pantalla – creo que su ADN está mezclado con el virus.
Tony dio un paso en dirección a Bruce.
Y entonces Natasha lo noqueó.
