– ¿Bruce puedes? – Tony miró a su amigo, suplicante, sin saber exactamente qué hacer con su esposa.

– Tony, no. Puedo intentar curar lo que quieras, pero no tengo experiencia en partos y no me voy a poner a experimentar con Pepper. Llévala al piso de medicina y mientras la preparo, ve por médicos que sepan lo que están haciendo, por favor – y acto seguido, salió corriendo al piso deshabitado.

Fury solo mandaba médicos a la torre de los vengadores cuando les encomendaba una misión, pero la verdad era que nadie acudía a ellos, por lo que decidió dejar de hacerlo. Sin embargo, las instalaciones seguían ahí, a disposición de quien las ocupara, y repletas de instrumentos.

Banner llegó antes a la sala desocupada.

– Jarvis, esterilízala – dijo, acomodando la cama y los instrumentos. Un haz de luz azul recorrió toda la habitación, justo antes de que Tony llegara con Pepper en brazos y la depositara gentilmente en la cama.

– No me dejes – murmuró Pepper, intentando no gemir ante la oleada de contracciones que la atacaba.

– Solo serán unos minutos cariño, lo prometo. No puedes seguir sin atención médica ahora – su esposa lo miró brevemente a los ojos, y después asintió. Él salió corriendo, pidiéndole su armadura a Jarvis, casi a gritos.

Mientras tanto, Bruce le ofreció su mano a Pepper, quien la sostenía con fuerza, intentando no gritar para no exaltarlo en lo que regresaba su esposo. Apreciaba demasiado a Bruce para hacerle pasar un mal rato. Él frotaba su mano libre en el brazo de ella, intentando darle ánimo. Después de 10 minutos y muchas contracciones, Tony llegó con dos doctoras, una en cada brazo, aterrizando torpemente fuera de la habitación.

– Ya era hora – susurró Banner para sí.

– Perdona Pep, fueron las únicas dos que aceptaron sin preguntarme dos veces. Los demás me estaban poniendo de nervios – dijo de forma apresurada, despojándose del traje y corriendo al otro costado de su esposa, adoptando la misma postura en la que estaba su mejor amigo, quien acarició la frente de Pepper antes de salir y cerrar la puerta.

– Señorita Potts, necesitamos que jadeé y no empuje hasta que le digamos, ¿de acuerdo? – ella asintió, sudando cada vez más y gimiendo levemente por las continuas oleadas de dolor que le recorrían el cuerpo. Tony sudaba de nervios y estaba muy asustado de ver con dolor a su mujer.

– Está muy dilatada, pero creo que si la movemos con cuidado podemos ponerle la epidural, creo que está intentando no gritar ahora mismo – dijo la otra mujer al ver sufrir a Pepper casi en silencio.

– Señorita, ¿cree que pueda apoyarse en su esposo para poderle colocar la inyección? – Potts movió la cabeza hacia los lados, ante un incrédulo Tony.

– Quiero que nazca así.

– Pep, es para que no te duela tan–

– Lo sé – jadeó la mujer – sólo no me sueltes.

Todos se voltearon a ver, pero las doctoras continuaron supervisándola. Le infiltraron suero en uno de los brazos y supervisaban su ritmo cardiaco a través del dedal que le había colocado Bruce.

– Muy bien Pepper, empuja cuando te lo diga, ¿de acuerdo?

– Sí – respondió, casi sin abrir la boca.

– Muy bien, ahora.

Potts gritaba cuando trataba de empujar a su bebé al mundo, pues el dolor aumentaba entre cada contracción. Descansaba unos minutos pues su pequeña se negaba a avanzar. Al rechazar la epidural, no podía contener más su voz, preocupando cada vez más a Tony, quien a cada rato preguntaba por qué su niña no nacía. Así pasó una hora, hasta que una de las doctoras dijo.

– ¡Puedo ver la cabeza! Vas bien Pepper, solo un poco más – el millonario sonrió, aliviado.

– Tu puedes Peps, ya falta poco – la presión en su mano iba en aumento, pero no le importaba en lo más mínimo. La verdad es que no tenía ni idea de que su mujer tuviese semejante fuerza. Con la otra mano intentaba retirar el pelo de su frente.

– ¡Empuje una vez más señorita Potts! En dos contracciones más tendrá a su hija en brazos –aseguró la doctora que estaba frente a ella.

Y dicho y hecho, primero salieron los hombros de la pequeña y lo siguió el resto de su pequeño cuerpo, acompañado de su llanto. Justo a la medianoche, Nashira había llegado al mundo. Una de las doctoras se encargó de limpiarla y envolverla mientras la otra limpiaba a Pepper, después estuvo lista para recibir en brazos a su hija, esperándola con impaciencia, olvidándose de todo el dolor sufrido. Cuando estuvo en sus brazos, las doctoras dejaron a la feliz pareja a solas.

– Hola mi pequeña niña – dijo en un susurro, acariciando su cabecita – ya te esperábamos.

– Ella es…. – Tony tenía lágrimas en los ojos, mientras veía a su hija por primera vez – Perfecta – El millonario tomó la mano de su niña, admirando su escaso pelo oscuro y sus labios sonrosados.

– ¿Quieres cargarla? – preguntó. Anthony asintió, extendiendo sus brazos con torpeza.

– Bienvenida, Nash – le dio un suave beso en la cabeza, derramando las lágrimas que tanto se había esforzado en contener – eres la bebé más hermosa que haya visto en la vida – le sonrió con dulzura. Pepper lo miró, completamente feliz – Tiene tus labios, Pep.

Las doctoras ayudaron a trasladar a Pepper a su cama para que pasara la noche con más comodidad, prohibiendo a los vengadores visitarla hasta el siguiente día. Esa noche la pequeña pasó la noche en la habitación de sus padres.

Por la mañana, la primer persona en tocar suavemente la puerta, fue Banner.

– ¿Puedo pasar? – susurró.

– ¡Brucie! ¡Ven a ver! Está despierta, pasa – le contestó su amigo con una amplia sonrisa en los labios y su pequeña en brazos, cerca de la ventana.

– Enhorabuena – dijo a ambos – ¿cómo te sientes Pepper?

– Fue una noche larga – contestó ella, sentada en la cama – pero me siento satisfecha, y muy feliz – Tony se sentó en el borde de la cama.

– Ven Bruce, quiero que la veas de cerca, siéntate.

– Tony no creo que deba...

– Le vas a agradar – respondió Pepper, animándolo a acercarse, pues sólo se había quedado pasando la puerta.

Se sentó a un lado de Tony, intentando no darle del todo la espalda a Pepper, para poder observar por fin a la pequeña.

– Dile hola al tío Bruce, Nash – y seguido de eso, le extendió su hija a su mejor amigo, quien la recibió casi con miedo.

La pequeña lo miraba atentamente con sus ojos azules, confundida al sentir un olor que no fuese el de sus padres. Sus ojos se centraron en el desordenado cabello de la persona que tenía enfrente, e intentó tomar sus lentes con torpeza. Banner se tomó unos segundos para admirar a la recién nacida.

– Debo admitirlo Tony, es la bebé más bonita que he visto en mi vida – Stark río brevemente.

– No Brucie, ella es perfecta – después de unos minutos añadió – Bruce, no la has tocado siquiera, ¿qué sucede? – su mejor amigo se había limitado a sonreír y mecerla suavemente, pero solo haciendo contacto físico con la cobija que la envolvía.

– Yo... ¿Puedo? – aun cuando Tony y Pepper lo habían acogido como a alguien de su familia, nunca se imaginó que le dejarían siquiera acercarse a su hija, no se diga cargarla o acariciarle el rostro. No se sentía con derecho.

– Supongo, mi hermano es su tío, así solo sea mi hermano de ciencias.

Toco los diminutos dedos de la niña y ella sostuvo su dedo índice, haciendo que su corazón diese un salto. De algún modo, no asimilaba lo que estaba sucediendo. Le rompía el corazón el hecho de no poder tener su propia familia, pero se alegraba sinceramente por las personas que lo habían acogido en la suya. Sintió una extraña sensación de calidez en el pecho, derritiéndose por la adorable niña que bostezaba entre sus brazos y, por primera vez, no sintió el enojo que insistía en tener dentro de él.

– ¡No la duermas! – Exclamó Pepper – No durmió en toda la noche y apenas nos dejó dormir unas horas a nosotros.

– Sí… bueno, tiene buenos pulmones. Solo se queda dormida si la estás cargando, pero en cuanto la bajas se da cuenta – explicó Tony, cansado pero aun con la misma expresión de haberse ganado la lotería.

– ¿Puedo intentarlo? Creo que ambos necesitan dormir.

– Claro, pero quiero estar ahí cuando no lo logres – añadió alegremente Stark.

Su cara de decepción fue evidente cuando Nashira se quedó profundamente dormida en su cuna, con las cortinas cerradas y el móvil dando vueltas y emitiendo suaves destellos de luces de colores.

– ¿Pero cóm…? Pequeña traviesa, naciste hoy y ya te portas mejor con el tío Bruce que con nosotros – dijo en voz muy baja, para no despertarla.

– Solo necesitaba su propia cama – le respondió el Físico en el mismo volumen de voz que había usado, dándole una suave palmada en la espalda.


En los días siguientes, todos se daban un tiempo para observar a la pequeña, o mejor dicho, Anthony se las arreglaba para presumir a su hija a cada uno de ellos, pero lo más irritante era que ninguno podía negar las palabras del millonario, así que solo lo dejaban ser feliz. Pepper le había pedido a Thor que acunara sus brazos antes de poner a su hija en ellos, pues ella y Tony temían que el semidiós pudiese ser tosco con ella, pero se tranquilizaron cuando vieron que Thor dejaba que la pequeña fuera quien lo agarrara a él, aun si lo que tomara fuese su largo cabello. Desde entonces empezó a usar ligas. Intentó hacer lo mismo con el vibrante cabello de Natasha, pero la rusa se las arreglaba para distraerla con otras cosas. Con Clint se reía a carcajadas y con Bruce se tranquilizaba. Steve, por otro lado, no lograba que la pequeña le regalara una sonrisa, pues siempre que le hacía carantoñas o la cargaba, ella fruncía el ceño. Tony se burló de él.

– No tengo idea de porque siempre que la cargo se enoja conmigo – dijo el rubio –. Creo que no soy bueno con los niños.

– Creo que eres bueno con los niños, es solo que ella es lista – añadió, encontrando hilarante que su hija heredara la desconfianza hacia el rubio.

– Tony, no lo molestes – lo regañó Pepper.

La feliz pareja ya había caído en una rutina nocturna de tener que levantarse al menos dos veces por noche a revisar a su pequeña, normalmente porque tenía hambre. Una de esas noches, cuando era el turno de Anthony de bajar los tres pisos a verla y tardó un poco más de lo acostumbrado, cuando vio la puerta entreabierta. Al momento de asomarse, encontró a Bruce meciendo su pequeña mientras ella succionaba con avidez la leche de la fórmula, con la luz apagada. Decidió esperar en la puerta y pensó que su amigo lo había descubierto fisgoneando cuando lo escuchó susurrar.

– No sé si tengo el derecho de quererte – caminó hacia la ventana, mientras los ojos de la niña lo observaban – No puedo darte un compañero para que juegues, jamás lo podré hacer… pero te cuidaré tanto como si fueses mía.

A Stark se le hizo un nudo en la garganta, y regresó a su cuarto en silencio. Cuando volvió, Pepper tenía la lámpara de noche encendida.

– ¿Cómo está ella? – Tony entró cabizbajo, con la mirada en el piso y las manos en los bolsillos de la pijama – ¿cielo?

– Está bien – añadió con voz baja –, su tío Bruce la está cuidando – se metió con cuidado en la cama con su esposa.

– Tony, ¿qué pasa?

– Creo que Banner está deprimido. Ya sabes, por eso de no poder tener hijos… lo encontré en el cuarto de ella – suspiró, derrotado – Pep, ya no sé si está triste o feliz.

– ¿Crees que sea bueno que dejemos que se haga cargo de ella si llega antes que nosotros? – preguntó su mujer.

– Tal vez. Se ve melancólico, pero la adora.

Bajo los cuidados nocturnos de Bruce y sus padres los días fueron pasando hasta convertirse en meses, y cada que uno de los Vengadores volvía de alguna misión siempre le traían algún pequeño regalo a la bebe y así fue como poco a poco el cuarto de la pequeña Nashira se fue llenando de cosas. Desde un arco de plástico dado por Clint hasta una curiosa replica de Mjolnir y un pequeño traje de guerra asgardiano. Los meses pasaron y llego el primer año de la bebé, Tony no escatimo en gastos y le hizo una gran fiesta que más para la bebe en sí, era para presumir de ella.

Steve seguía teniendo un mal rato en tratar de hacerla sonreír, para la alegría de Stark. Nashira ya sabía su nombre y trataba de pronunciar los de los demás, de manera un poco extraña. De sus torpes "Bus, Tash, Tod, Clin y Stiv" seguían sus pequeños brazos extendidos para pedir que la levantaran. De vez en cuando, Nick llegaba de visita, pero en lugar de pronunciar su nombre lo adoptó como "eito". Aun así, las habilidades aun no manifestadas de la pequeña seguían siendo un secreto para él, después de todo, no podían arriesgare a que se supiera que había contraído el Extremis. Evidentemente, los brazos que más buscaba eran los de sus padres, pero después de éstos le seguían los del doctor y la rusa, que no dudaban en estrecharla contra sus brazos. Natasha estaba feliz de tener a otra chica en el grupo, intuía que iba a ser tan curiosa como su padre y tan amable como su madre... a veces se preguntaba si ella alguna vez fue así de pequeña.

Sí… todo era calma y felicidad por un tiempo, excluyendo las a veces tediosas misiones de SHIELD. Pero entonces…

Ocurrió una tarde en la que casi todo el equipo iba de salida por orden de Fury, todos excepto Bruce, quien se encontraba en uno de los laboratorios. Nashira se quedó en la sala principal, jugando con pequeños cubos de madera de colores mientras su madre estaba en la alacena, ubicada en el piso de la cocina, escondida bajo una compuerta, buscando los ingredientes para hacerle una papilla de verdura.

– No entiendo por qué no manda la misión aquí o por qué no viene él mismo a hablar con nosotros, Natasha – decía Tony, fastidiado por tener que salir de casa.

– No lo sé, Stark. Se escuchaba urgente.

– Bueno, entre más pronto terminemos más temprano regresaremos, hombre de metal – respondía Thor, quien en realidad se moría de ganas por estirar los músculos en una batalla.

Crash

Se escucharon cristales rompiéndose en uno de los pisos superiores, todos miraron hacia arriba, preparados para pelear. Un silencio incómodo reino durante unos segundos entre los vengadores hasta que un poderoso rugido lo rompió. Tony sintió cómo se le iba la sangre, el alma y la fuerza del cuerpo, completamente pálido. Esto no podía estar pasando, no ahora, no cuando no estaba listo el plan de contención y sobre todo, no tan cerca de su hija. Steve subió las escaleras a toda velocidad con escudo en mano.

– ¡J! ¡Mi traje! ¡Ahora! – gritó, a punto de un ataque de pánico, sintiendo como se le revolvía el estómago y queriendo vomitar por el miedo.

– No llegará a tiempo, te llevaré arriba – dijo preocupado Thor, quien lo sostuvo y lo alzó hasta dejarlo en donde estaba el enorme agujero en el cristal. En cuanto lo dejó en el piso, la armadura se adhirió al cuerpo de Tony, quien avanzaba lo más rápido que su cuerpo se lo permitía.

Se escucharon más rugidos. Clint enganchó uno de sus dispositivos a la ventana y llevó a Natasha con él para poderlos alcanzar. Cada segundo era crítico, los rugidos de Hulk se hacían más y más sonoros conforme cruzaban el destrozado laboratorio. Thor intentó detenerlo, pues fue el primero que llegó hasta el gigante verde, pero Hulk lo lanzó hacia un costado y siguió avanzando, asustado, buscando algo. Se abrió paso a través del techo, buscando terreno más alto. Los demás vengadores lo seguían a la velocidad que podían.

Todos se pararon en seco al llegar a la sala.

Hulk estaba frente a Nashira.