Pepper iba a subir las escaleras de caracol cuando escuchó el ruido de vidrios rompiéndose. No le tomó demasiada importancia hasta que escuchó el rugido de Hulk, quien hizo temblar el piso. Subió las escaleras como pudo ya que con el movimiento era difícil sostenerse, pero al llegar a la compuerta, ésta estaba atascada. Su corazón comenzó a latir con rapidez, su pequeña estaba en la sala... sola.
–¡Tony! ¡Tony!– comenzó a llamar a gritos a su esposo, pero se detuvo cuando todo se volvió extrañamente silencioso.
Dentro de la sala nadie se atrevía a moverse. Hulk tenía la mirada fija en Nashira y ésta se la regresaba con la misma intensidad.
Tony intentó acercarse lentamente para poder tomar a su hija, pero Hulk rugió como advertencia, por lo que el millonario dio un paso atrás. Nashira frunció el ceño al escucharle, le molestaba su alto volumen.
Todo estaría bien si Hulk daba la media vuelta y se tranquilizaba. O eso creían.
Con un vibrante sonido los cristales de la habitación se rompieron, atravesados por balas que se dirigían hacia todos ellos. La pequeña de cabello negro azabache empezó a llorar a todo pulmón, verdaderamente asustada. Se escuchó el grito de una mujer entre el sonido de los disparos.
Cuando Hulk inclinó su cuerpo hacia el frente a Tony casi le da un infarto; avanzó decidido a alejar a su hija de ahí hasta que se dio cuenta de que el enorme hombre verde la estaba cubriendo. Pensó que si asustaba a su amigo, éste accidentalmente lastimaría a su hija, por lo que decidió mantener su distancia.
Thor decidió investigar de dónde llegaba la ofensiva, así que se lanzó por el cristal roto y desapareció. Cuando Clint siguió con la mirada al semidiós, logró ver a un hombre de traje negro en el techo de un edificio cercano, intentando huir del hombre de capa roja que se le acercaba mientras disparaba en su dirección. Fue entonces que una flecha cargada de electricidad lo alcanzó, poniendo fin a su huida (para disgusto del Asgardiano). Pero eso fue sólo el principio.
Varios ganchos se clavaron en la orilla del piso y varios hombres encapuchados se adentraron, armados hasta los dientes y abriendo fuego. Natasha esquivaba los disparos con gracia y, con la misma elegancia, se dedicó a desarmar a los hombres que pudiera, disparando a cada uno de los atacantes. Clint se dedicó a perforar las piernas o brazos de varios con sus flechas, deseando enormemente que Nashira no los estuviera observando. Tony hacía uso de los repulsores para expulsar a cuantos hombres podía hacia el hueco por donde habían entrado, sin preocuparse si en la caída se mataban. Steve desviaba varias de las balas dirigidas a los miembros más vulnerables de su equipo con el escudo, y al mismo tiempo derribaba a algunos agresores. Thor llegó con el hombre que había seguido, tirándolo al piso. Stark lo miró enfadado.
–Necesitamos a uno vivo– fue la respuesta del rubio mientras se encogía de hombros. Después golpeó con su martillo a otro hombre, ayudando a despejar el piso en el proceso.
Entonces Hulk rompió el suelo cayendo a través del hueco junto con la pequeña, a quien cargaba en una de sus enormes manos; ella seguía lloriqueando por el miedo, dejando ver sus desdentadas encías. Todos lo vieron salir del hueco y rugir a los hombres quienes se asustaron un poco, pero no lo suficiente para dejar de dirigir sus disparos hacia él. Las balas le dejaban pequeñas marcas rojizas, aunque no lograban traspasar su gruesa piel. Hulk se abalanzó contra ellos junto con los demás Vengadores, y pronto sólo quedaron varios hombres regados por toda la habitación; algunos vivos, otros heridos, otros con menos suerte que los primeros.
–Natasha, lleva al hombre que trajo Thor a otra habitación. Clint, saca a Pepper, creo que está en la alacena. Los demás ayúdenme a despejar el piso mientras voy por Nashira– coordinó Tony y acto seguido salió disparado al enorme hueco en el piso. Cualquier que viera la torre desde afuera pensaría que era un queso suizo.
Su pequeña se encontraba llena de polvo pero a salvo, sin un solo rasguño. Extendió sus brazos a la niña para tomarla y ésta se hizo un ovillo en su pecho. Cuando volvió a subir, Tony se deshizo de la armadura para poder estrujarla entre sus brazos sin lastimarla, besando su pequeña frente. Pepper se acercó a ellos y los abrazó a los dos, acariciando la cabeza de su hija. Pero Nashira buscó con sus ojos a Hulk.
–Vede– balbuceó la pequeña, extendiendo los bracitos y abriendo y cerrando sus manos en dirección a él.
Hulk la miró confundido. Se acercó y extendió su mano, con la curiosidad escrita en sus ojos. Ni Pepper ni Tony se atrevieron a moverse por temor a irritarlo, sin embargo los deditos de Nashira alcanzaron a tocarlo. Nadie en la habitación respiraba. El cuerpo de Hulk empezó a arquearse y encogerse con el respectivo dolor que eso conllevaba, hasta que Bruce Banner yacía en el piso, frente a todos.
La insistencia de la niña fue mayor. Tony miró a su esposa, quien asintió levemente con la cabeza, entonces el ingeniero bajó a su pequeña, que gateó hasta Bruce y le dio una palmadita en la frente. Todas las miradas se posaron en ellos, atónitas.
Para su desgracia, Banner recobró el conocimiento y lo primero con lo que se cruzaron sus ojos fue con la niña. Después paseó su mirada por la habitación, cada vez más asustado y con la respiración agitada. No podía estar sucediendo. Alguien tenía que decirle que estaba lejos de Nashira cuando apareció el otro sujeto, o que la habían puesto ahí para hacerle una pésima broma. Pero ella estaba en sus recuerdos borrosos... su pequeña silueta y su fuerte llanto.
– ¿Bruce?– habló Tony, casi en un susurro.
–Yo... – musitó Banner con la voz quebrada. Se le había hecho un nudo en la garganta, incapacitándolo para hablar. Se levantó y caminó a trompicones lo más rápido que pudo en dirección opuesta a sus compañeros, dispuesto y ansioso por alejarse lo más posible.
Tony quería detenerlo, pero no sabía qué decirle. Por primera vez su cabeza estaba en blanco. Pepper levantó a su niña y pasó cerca de él.
–Creo… creo que voy a bañar a Nashira– le susurró a su esposo con la tristeza impregnando su voz. Subió por las escaleras (que por alguna razón seguían intactas), y dejó a los Vengadores a solas.
–Eso estuvo cerca, Tony– murmuró Steve con evidente preocupación y molestia.
–Pero él la protegió– respondió el ingeniero, sabiendo de antemano hacia dónde se dirigían las réplicas del rubio.
– ¿Y si no hubiera sido así? ¿Qué habrías hecho si la lastimaba?– inquirió Steve, levantando un poco más el tono de su voz.
– Depende– fue la respuesta de Tony, alzando la barbilla y comenzando a enojarse.
– ¿Depende? ¿Es en serio, Stark?
–Creo que nosotros nos vamos– dijo Clint, llevándose a Thor con él.
–En serio, Capipaleta. Si Hulk la hubiese lastimado tratando de protegerla, como pensé que iba a suceder, no dejaría que se acercara a ella hasta no tener un plan de respaldo– contestó el millonario, con la mandíbula tensa e ignorando por completo a Clint–. Si Hulk hubiera tenido la intención de lastimarla, créeme que ayudaría a Bruce a deshacerse de él.
– ¡Al menos la hubieras sacado de ahí!
– ¡¿Estás ciego, Rogers?! ¡Él no quería que nadie se acercara y ni siquiera me lo habría permitido!– señaló el agujero– ¿Qué habrías hecho si eso lo irritaba?
Steve guardó silencio por unos momentos con los dientes apretados, sopesando la idea. Aunque no se le ocurría cómo podían haber sacado a la bebé del lugar sana y salva y Stark tenía razón, seguía enfadado. No sabía cómo hacerle ver al otro que su mejor amigo pudo haber matado a su hija.
– ¿Y si fuese peor que sólo lastimarla?– añadió entonces.
–Él nunca lo haría– contestó con seguridad el castaño, desafiando con la mirada al rubio.
– ¿Y si hubiera muer…?
– ¡Escucha, Rogers!– exclamó Tony con firmeza y la paciencia colmada– Si eso le pasara a mi hija, te juro que me muero. ¡Y Bruce la adora! ¡Se mataría primero antes de lasti…!– se interrumpió cuando algo hizo clic en su cerebro– JARVIS, comienza la búsqueda del Dr. Banner– ordenó a su IA antes de lanzarse al elevador, sin preocuparse de empujar a Steve en el camino.
– ¿A dónde vas?
–Si tengo razón y Hulk ve las cosas a través de Bruce, lo va a dejar hacerlo… y ruega porque no tenga éxito, Rogers, o será mejor que vayas despidiéndote de tus perfectos dientes.
–Natasha, ¿tienes alguna novedad?– preguntó el millonario mientras sobrevolaba la zona, refiriéndose al interrogatorio del tipo que Thor había dejado vivo.
–Su único objetivo era Hulk, no ha dicho nada más. ¿Alguna idea de dónde pueda estar?
–No. JARVIS dijo que hizo búsquedas de vuelos a Japón, Fiji y Australia, pero no tomó ninguno y no está en la terminal. El anciano está buscando más cerca de la Torre y Thor sobrevuela la otra mitad de la ciudad.
Escuchó el suspiro pesado de la rusa.
–Y no he visto al Dr. Banner todavía– intervino el semidiós por el comunicador.
– ¿Alguna idea de quién pudo lanzar el ataque?– interrogó Natasha de pronto a Tony– Tú conoces a Bruce más que cualquiera de nosotros.
Tony lo sopesó por un momento.
–Dices que sólo lo querían a él. ¿Quién es lo suficientemente idiota para intentar enfrentarse a Hulk?…– se interrumpió entonces, parando en seco–. Natasha, es Ross.
El viento soplaba con fuerza, meciendo violentamente las copas de los árboles. Los rayos iluminaban fugazmente el bosque al caer, siendo de esas tormentas que azotan todo a su paso. Pero eso no le importaba a Bruce. De hecho, confiaba en que la lluvia le ayudaría a hacer más difícil que le encontraran antes de tiempo. Deseó que no lo encontraran nunca.
Ya había perdido la noción del tiempo, sospechaba que habían pasado unas horas desde el incidente de la Torre, aquel que no salía de su cabeza. No podía olvidar ni un segundo el desastre que había hecho en el que un día llamó su hogar; la falta de expresión de sus compañeros (porque, ¿quién estaría tan loco como Tony para llamarlo "amigo"?), le hacía sentirse como una bestia. Pero cuando venían a su mente los pequeños ojos de Nashira y el miedo en ellos, le hacía sentir el peor de los monstruos. No, eso era poco decir… si existiera una palabra mucho peor para describirlo seguramente la habría utilizado.
Deambuló hasta llegar a la orilla de un claro. Miró al cielo y su rostro fue iluminado brevemente junto con el resto del bosque. Se preguntó si sería Thor. Tal vez el semidiós estaba furioso, tal vez bajo la capa de polvo que cubría a su niña… no, a Nashira, estaba herida por su culpa. Tal vez sí la lastimó… Su corazón comenzó a latir rápidamente al pensar en ello, sus recuerdos borrosos le hacían sentir peor a cada momento… Y sin embargo no sentía al otro sujeto intentando detenerlo.
Se dejó caer de rodillas con el rostro empapado de lluvia mezclada con las lágrimas que consiguió derramar. Ni siquiera sabía cuánto tiempo llevaba llorando en silencio, tampoco tenía memoria de cuándo fue la última vez que se sintió tan solo, tan triste, tan… miserable. Metió una mano en el bolsillo de su saco, buscando la pistola que había guardado ahí antes de huir y que había mantenido todo este tiempo en el mueble junto a su cama.
–Otra vez…– musitó en voz baja mientras sujetaba el arma con fuerza en un nuevo intento de quitarse la vida, de acabar con aquella maldición, de dejar de sufrir… aunque eso último era de lo que menos se sentía merecedor.
Pero no existía lugar alguno en el que podría dejar de lastimar a las personas que amaba, excepto en la muerte. El otro sujeto había evitado alcanzar ese objetivo todas las veces que lo había intentado, pero algo dentro de él le decía que esta vez era diferente; que por alguna razón y por vez primera, al jalar el gatillo abandonaría este mundo, que Hulk se lo permitiría. Probablemente era la primera y única vez en la que Hulk se sentía como él y entendía que ninguno debería permanecer vivo.
La lluvia se deslizaba uniformemente por el rostro del doctor y por el armazón del arma, pero él seguía observándola sin inmutarse. Dejó salir un suave suspiro de sus labios. En verdad había tenido buenas cosas en su vida, incluso alguien como él. Betty; el firme intento de Natasha de incluirlo al equipo, su extraña relación de amistad con Tony, el cariño familiar de Pepper… Nashira, la pequeña y dulce niña que extendía siempre sus bracitos hacia él, a la que le gustaba robarle sus anteojos y meterlos a su graciosa boquita…
Sí, extrañaría a todos los que formaban parte de su absurda vida. Alzó la pistola hasta que el cañón quedó directamente sobre su sien, cerró los ojos… Más lágrimas se deslizaban por sus mejillas fundiéndose entre el resto de lluvia.
–Yo… lo siento…
Y entonces jaló el gatillo.
