– ¡¿Pero en qué demonios estabas pensando, Bruce?!
Tony lo había visto todo. La pequeña figura de su mejor amigo mirando al cielo, observando el arma y luego apuntando el cañón a su sien. Todo sin un leve rastro de verde. Bruce estaba muy lejos... demasiado lejos, y por un momento pensó que no lo lograría. Pero lo hizo.
Voló a toda velocidad hasta él, estrellándose contra su cuerpo y alejando con una mano el arma. Se escuchó un disparo, giraron violentamente y finalmente cayeron en el pasto; Bruce boca abajo y Tony encima de él, aun sosteniendo el brazo derecho de su amigo. El arma había salido volando en el proceso. El científico rio amargamente.
– No lo sé, Tony ¿Qué parece que estaba haciendo?–casi escupió las palabras cuando las pronunció. Stark se levantó del cuerpo de su amigo con lentitud y salió de su armadura.
– Eso no fue lo que pregunté, Banner–dijo mientras el otro hombre se intentaba incorporar.
– ¡Lastimé a tu hija! ¿Qué es lo que piensas tú?– exclamó en respuesta– ¿Por qué no me dejas hacerlo?
– ¡Porque no la lastimaste!– gritó el ingeniero con desespero – ¿De verdad crees que me permitiría vivir si algo le hubiese pasado?
– La escuché llorar– murmuró Bruce mirando el pasto, menos seguro ahora de sus recuerdos.
– Bueno, sí. Empezaron a disparar en su propia casa, ¿qué esperabas?
– Estaba asustada.
Se negaba a mirarlo a los ojos, incapaz de sostenerle la mirada al hombre que le dio un hogar, lugar en el cual había dejado salir a pasear al otro sujeto, peligrosamente cerca de su hija.
– No de ti. No del otro sujeto.
Ambos guardaron silencio. La desconfianza no hacía más que aumentar en Bruce.
– Claro, y ahora me vas a decir que tú eres muj...
– ¿Puedes dejar de estar a la defensiva, Bruce? No puedo decirte lo que pasó si no me dejas hablar– Banner intentó replicar pero finalmente cerró la boca–. Gracias. Ahora, me creas o no, Hulk defendió a mi hija–. Su amigo hizo el intento de hablar nuevamente– Shh. No sólo la cubrió de las balas que se dirigían hacia t… a los dos–se interrumpió Tony; sabía que si decía que era un ataque contra él, lo iba a terminar de convencer de que necesitaba suicidarse–. La escondió en un piso inferior. Nash no le tiene miedo, incluso cuando estuvimos a salvo insistió en tocarte.
El Físico se quedó sin palabras. Sabía que Tony estaba loco, pero lo estaba más por intentar convencerlo de algo tan absurdo. Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia el bosque, pero Stark lo detuvo.
– No voy a perder a mi hermano de ciencia sólo porque está siendo lo suficientemente idiota como para escucharme. Y si no quieres escucharme a mí, entonces míralo por ti mismo.
El ingeniero sostenía una pequeña pantalla a prueba de agua con un video sin reproducir. Banner miró la pequeña flecha de reproducción y la tocó cautelosamente, no sabiendo si quería o no ver el video en realidad. Casi le da un infarto cuando vio al otro sujeto lanzándose sobre Nashira, hasta que se dio cuenta que fue para cubrirla de las balas; después vio lo del agujero y al final… al final tuvo que creerle a Tony cuando su pequeña extendió sus brazos a Hulk, a él entre todas las cosas. Entonces entendió porque esa noche pudo haberse matado sin problemas. Al otro sujeto le agradaba Nashira, y parecía estar de acuerdo con él en que por ella valía la pena dejar de existir.
– Dijiste que la cuidarías como si fuese tu hija… – musitó Stark, esta vez siendo él quien bajó la mirada.
– Es precisamente por eso por lo que deberías dejarme hacerlo, Tony– respondió, un poco avergonzado de que su amigo lo haya descubierto un año atrás, pero con la tristeza en el rostro.
– Ella te necesita vivo, Brucie… Vuelve, por favor.
Su mejor amigo había dicho por favor, algo que nunca creería escuchar en él. Y el hecho de haber mencionado esa promesa que le había hecho a la pequeña hizo dudar a Hulk. Jamás iba a poder lograrlo ahora. Estaba bastante molesto con Tony, la primera y única vez que tuvo la oportunidad de huir de verdad, la tenía que arruinar su hermano de ciencia.
– No puedo acercarme a ella otra vez, Tony… no es seguro.
– No te voy a dejar solo, loco suicida– replicó el ingeniero en tono ligero, posando una mano sobre el hombro de Bruce.
– Gracias a ti, ahora el otro sujeto tampoco me va a dejar hacerlo.
– Eso es el doble de genial– le sonrió sinceramente, a pesar de que estaba recibiendo miradas asesinas por parte de su hermano. ¡Y ni siquiera estaba verde!
– Aun así no puedo volver. No hasta que sepa que puedo controlarme cerca de ella– reflexionó el Físico un poco menos enfadado ahora–. Necesito tiempo…
– Está bien si no quieres volver… por ahora, pero al menos no huyas de nosotros. Ahora somos una familia– le dirigió una sonrisa torcida con tristeza–. Disfuncional, sí, pero a fin de cuentas una familia.
Bruce no podía decirle nada contra eso. Incluso si estaba molesto, él era el hombre que le había dado precisamente eso: una familia, aun cuando no entendía como se tomaban tantas molestias por alguien como él.
– Además, tal vez tenga una solución…
– ¿Vivir por mi cuenta?– preguntó el científico mientras miraba el amplio departamento, un poco desordenado pero acogedor.
– Eh… sí, sobre eso...– respondió de forma nerviosa el millonario–. No exactamente– tragó saliva, esperando sinceramente no asustar a su mejor amigo.
–Tony…
El ingeniero corrió las cortinas, dando paso a la ventana, lo cual le permitió ver la torre a solo unas cuadras de distancia.
– Estoy dándote todo el espacio que puedo darte, Brucie. ¡Incluso hay un laboratorio!– intentó sonar más emocionado de lo que estaba, pues aún le daba miedo tener que perseguir a su mejor amigo de nuevo. Banner lo miró con curiosidad– Es mi "departamento de soltero"– añadió, avergonzado–. Pep una vez me echó de la torre porque la estaba volviendo loca.
Al Doctor le dieron ganas de reír, pero decidió enfocarse en la parte que le preocupaba.
– ¿Cómo que "no exactamente"?
– Bueno, no creías que iba a dejar que te salgas con la tuya tan fácilmente, ¿verdad? No tienes idea de cómo nos asustaste. Más importante aún, no tienes idea de cuánto me asustaste– por supuesto, todo giraba en torno a Stark–. JARVIS estará a tu disposición como en la torre, las veinticuatro horas, y uno de nosotros se quedará en el departamento de a lado–. Banner contrajo su rostro en una mueca–. Te prometo que no verás a nadie cerca de ti salvo que lo necesites, ¿está bien? No nos vas a notar.
– Bien, esto me hace sentir como un animal... –dijo con un toque irónico, sin saber cómo sentirse.
–Considerando que hace rato te llamaste a ti mismo bestia, es un avance– sonrió Tony; intentó sonar positivo, aunque en el fondo le dolía que su amigo siguiese en ese ciclo de pensamientos destructivos. Puso sus manos sobre los hombros de Bruce–. No voy a dejar que algo malo te pase de nuevo, aunque eso malo te lo trates de hacer tu.
Banner miró hacia el suelo, sin saber que decirle a su hermano de ciencia y sin tener idea de cómo sentirse ante todo lo que estaba haciendo por él.
–Vamos a la torre por las cosas que quieras traer y por un poco de ayuda para arreglar este lugar.
– ¿Estás seguro, Tony? Debería quedarse con nosotros– decía una preocupada Pepper mientras cargaba a Nashira, que masticaba con las encías el biberón, más que comiendo.
– Volverá, Pep, sólo quiere… tiempo– respondió el ingeniero mientras ponía algunos de los "juguetes" de Bruce en cajas–. Además está muy cerca de nosotros, no es como si se fuese de nuevo a Calcuta.
– Mal chiste, Stark– se oyó la voz de Natasha, que había entrado al laboratorio de repuesto segundos antes, queriendo saber las cosas directamente de boca de Tony.
– Y no pienso dejar que haga nada estúpido. Todos nos quedaremos una noche en el departamento de a lado, ¿quieres empezar tú?– inquirió el ingeniero.
– Ahora mismo estoy algo molesta con él, creo que es mejor que se quede Clint.
– Lo siento, Natasha– la rusa se sobresaltó un poco al escuchar al Físico, quien acababa de unirse a ellos en la habitación.
–No estuve llamándote todos los días por meses para que a la primera oportunidad trataras de matarte, nerd– dijo ella un poco más brusco de lo que planeaba hacerlo, cruzando los brazos y lanzándole una mirada asesina.
Bruce parpadeó; de todas las razones por las que podía estar enojada, le sorprendía que fuera precisamente por eso.
La pequeña balbuceó algo con la boquilla del biberón en los labios y extendió sus brazos hacia Bruce y Natasha. El científico desvió la mirada, intentando no recordar la cara de Nashira.
–No puedo… –musitó, y acto seguido salió de la habitación con parte de sus cosas en el hombro. Ver a la pequeña ahora era demasiado doloroso para él.
– ¡Bruce!–. Tony salió detrás de su amigo, usando la misma ropa con la que había salido a buscarlo hace unas horas, aún húmeda.
Natasha vio al par y luego dirigió su mirada hacia Pepper y Nashira, quien observó con confusión la escena. Parecía querer empezar a llorar, entonces la rusa la alzó en un intento por distraerla, meciéndola suavemente con su cabecita sobre su hombro. La otra pelirroja suspiró.
– ¿Crees que estarán bien?– dijo, sin ignorar como su pequeña miraba hacia donde habían salido Bruce y su padre.
–No lo sé– contestó la espía, mordiéndose la lengua. Tal vez hubiese sido mejor no ser tan ruda con el Físico– ¿JARVIS? Dile a Tony que iré con ellos.
– Vamos Brucie, no puedes evitar cargarla toda tu vida. Eres de sus favoritos… y es una Stark, ¿cómo crees que van a terminar las cosas?– dijo el castaño mientras ponía una de las cajas sobre el nuevo laboratorio de su amigo.
– Tones, no puedo hacerlo si siento que al tocarla el otro sujeto la va a lastimar–. El genio se golpeó dramáticamente la frente en el escritorio, para disgusto de Banner–. Sí, lo sé, la protegió, pero ¿te has preguntado si así va a ser siempre? No voy a volver hasta que no tengamos un plan de respaldo.
Stark se dio por vencido, pero tenía esperanza en que el cariño que su hermano de ciencia le tenía a su hija lo harían volver más temprano que tarde. Y entonces empezó a estornudar.
Oh no.
–Salud– parpadeó el científico cuando escuchó el estornudo.
–Gracias… debí haber respirado algo de polvo– dijo restándole importancia–. Bueno, Nat se quedará a lado por si necesitas algo… aunque de todas formas, vamos a estar en comunicación a través de JARVIS. Te veo mañana, amigo– y se fue (por fin) del departamento.
Bruce se dejó caer en el sillón, completamente exhausto. Le dolían todos los músculos por la innecesaria aparición del otro sujeto y sentía la cabeza como si se la estuvieran martillando. Jarvis atenuó las luces de la manera que lo hacía en la torre después de los incidentes con Hulk, algo que agradeció el Doctor en silencio.
– ¿JARVIS? ¿Tenemos tetera en el departamento?– preguntó con voz suave y un poco ronca.
– Puedo prepararle un té si gusta, Dr. Banner. Pero lamentablemente usted tendrá que levantarse por él.
Suspirando, Bruce se levantó con lentitud y decidió darse una ducha caliente mientras el mayordomo virtual de Stark se encargaba del té. Al terminar, tomó la taza en la que estaba el brebaje y se dirigió al balcón, donde recargó los codos y sopló al caliente líquido. Casi tuvo otro incidente con el otro sujeto cuando la escuchó.
– ¿Contemplando la vista, Doc?
Natasha trató de hablar lo más calmada y con el volumen más bajo que pudo usar, intentando no asustarlo tanto. La pelirroja estaba sentada en el barandal del balcón del departamento de a lado, con la espalda recargada en la pared y sosteniendo entre sus manos una taza con café.
– Yo… necesitaba un poco de aire– respondió él, un poco ausente.
Estuvieron largos minutos así, contemplando las luces de la ciudad y disfrutando el frío de la noche. Natasha mantenía una expresión neutra, casi tranquila, y aun así había algo de tensión en su rostro.
– Preocupaste a todos– dijo finalmente en un susurro, con los ojos cerrados y la cabeza recargada en la pared–. Tony iba a volverse loco.
– Tony está loco– respondió intentando aliviar la tensión entre ambos. Sabía que la pelirroja estaba furiosa con él. Por lo que sabía, si no tuviera un Hulk viviendo dentro de él, ella ya lo habría golpeado. Aun después de todo lo que había pasado no entendía por qué a ella le importaba lo que el decidiera hacer con su vida. Mejor dicho, no entendía a nadie que se preocupara genuinamente por él. Pero ella, que había demostrado que las emociones era mejor guardarlas en un cofre con llave... ¿Por qué ella se preocupaba por él?
– Se necesita ser uno para reconocer a otro, Bruce– abrió los ojos y le sonrió levemente.
Tal vez todos estaban un poco locos.
Clint se quedó en el departamento mientras Natasha regresaba por un rato a la torre. Todos habían recurrido a ocupar una de las dos salas auxiliares, en vista de que la principal tenía un enorme agujero en el suelo y ahora carecía de cristales. Steve estaba en la cocina, ayudando a Pepper a preparar el desayuno, Thor estaba acurrucado en el sillón con una cobija roja cubriéndolo hasta la frente y Tony estaba sentado en la alfombra del salón, observando dormir a Nashira en el sillón individual, desde lejos.
– Pensé que tus cristales eran a prueba de balas– dijo la espía lo suficientemente alto para que el millonario la escuchara, pero lo suficientemente bajo para no despertar a Thor y mantener su conversación en privado.
– Roja– respondió, sin retirar la vista de su pequeña, quien tenía la nariz y los ojos enrojecidos– .Las primeras no eran balas, fue un golpe de sonido– mantuvo el mismo volumen de voz que la pelirroja– .Lo examiné cuando regresé a casa.
El ingeniero ahogó un fuerte estornudo en uno de los cojines para no despertar a nadie. Su nariz y sus ojos estaban tan rojos como los de su hija.
– ¿Qué es lo que tiene? – añadió la rusa, preocupada.
– Sé lo que estás pensando, Tasha, y no, no la contagié. No sabemos que tiene pero desde la noche no había parado de llorar y no ha querido comer. Se quedó dormida hace unas horas y JARVIS le ha hecho escaneos– agregó el castaño, con el cansancio tatuado en el rostro y la voz ronca–. No está enferma, pero está empezando a deshidratarse. Pep ha tratado de todo y yo no pude ayudarle en toda la noche porque entonces sí se podía enfermar.
– El desayuno está listo– dijo Steve en su volumen normal de voz, olvidando por completo que Nashira y Thor tomaban la siesta en la sala.
La pequeña abrió perezosamente sus ojos y antes de poder despertar completamente, Natasha la alzó en sus brazos meciéndola.
– Oye, Capipaleta, ten más cuidado–reprochó el millonario en un susurro molesto.
– Lo siento– respondió el rubio, con una mueca de vergüenza.
Finalmente Nashira estalló en llanto en brazos de Natasha. Para la espía era relativamente sencillo calmar a la bebé meciéndola y susurrando cosas sin sentido, pero esta vez parecía más irritada.
Tony envió una mirada casi venenosa a Steve. No sólo por haber despertado a su hija (que ya era suficiente), sino porque todavía tenía presente la discusión que había tenido con el rubio respecto a Bruce. Quizá a final de cuentas el científico había tenido un poco de razón en querer apartarse; muy aparte de su propia autoestima, estaba también el estigma de sus compañeros. Tal vez Clint y Natasha entendían un poco mejor la situación con todo lo que habían visto en sus vidas. Thor… era un dios que venía de un mundo en el que seguramente había cosas peores que un Hulk. Pero Rogers irradiaba protección por cada poro y aunque Tony intentaba entender su postura, estaba convencido de que el problema del soldado era que en realidad no conocía a Bruce como él.
Steve le devolvió la mirada intensamente, intentando descifrar su molestia en su totalidad. Tony negó con la cabeza mientras Natasha intentaba en vano reconfortar a su pequeña. Un poco impotente porque no podía cargarla él sin riesgo a contagiarla con un resfriado que era lo que menos necesitaba ahora su niña.
– ¿Puedo intentarlo?– preguntó de pronto Steve, mirando ahora a la molesta bebé en brazos de la espía. Natasha miró a Tony buscando aprobación.
Tony se encogió ligeramente de hombros. Steve lo tomó como un permiso y tomó a Nashira en brazos. Pero la pequeña comenzó a retorcerse más y su llanto ya era de enojo. El ingeniero iba a protestar en medio de otro estornudo, y afortunadamente Pepper hizo su aparición. No necesitó escuchar nada, ella corrió a coger a su hija en brazos hasta que Nashira se tranquilizó poco a poco. Pronto estaba dormida de nuevo gracias al cansancio.
– Tenemos que hacer algo, Tony– musitó Pepper con el mismo evidente cansancio–. Tal vez esté enferma de verdad.
Tony se limpió la nariz, pero asintió preocupado.
– A veces, la mejor medicina es un ser querido– se escuchó la voz soñolienta de Thor, un poco amortiguada por la cobija roja.
Todos los presentes parpadearon ante esa declaración, sin saber entender el anacrónico comentario de Thor. Entonces Pepper y Tony compartieron una mirada de comprensión, pero pronto fue de tristeza, porque ambos comprendían que Nashira, por ahora, no tenía a tío Bruce.
