Nashira recibió educación en casa desde que cumplió los cuatro años de edad. La mayor parte del tiempo sus maestros fueron su padre y su tío, pues los profesores que conseguían no podían seguir el paso al que aprendía la pequeña. No es que la quisieran tener eternamente encerrada, era exactamente lo contrario, pero Tony estaba temeroso después del ataque de Ross a la torre. Si a eso había recurrido para obtener la sangre de su mejor amigo, no quería ni imaginarse lo que haría de enterarse de los poderes de su hija.
Bruce, por su parte, creía que la razón de mantenerla encerrada tanto tiempo era porque creía que su padre pensaba que la tratarían diferente… Tony estaba empeñado en ocultar la participación de Ross "ese día".
Pasó el tiempo, y Nashira cumplió seis años. Ya tenía mucho mayor control de sus poderes y sólo se descontrolaba ligeramente cuando se asustaba o se sentía intimidada, por lo que salía de casa con mayor frecuencia y no exclusivamente en compañía de sus padres. Anteriormente los únicos que podían sacarla de la torre eran Bruce o Natasha, y únicamente avisando al matrimonio con anticipación.
Una tarde, mientras regresaba de un largo paseo en el centro de Nueva York en compañía de sus padres, ella centró su atención en un anuncio publicitario en el que se veía a una niña de cabello lacio y rubio portando un hermoso vestido de holanes color café y rosa. Su padre, como siempre, no ignoró su curiosidad.
–¿Te gusta ese vestido, cariño?– preguntó en un tono suave y amoroso.
–Es muy bonito– respondió la pequeña–, y también la foto.
La niña en el cartel estaba sentada en una silla alta y estaba rodeada de peluches, a Nashira le parecía que se divertía. Tony decidió que se lo regalaría más tarde en la semana y continuaron su paseo, pasando a comprar helado y a jugar un rato al parque antes de llegar a casa. Stark se retiró al laboratorio con Banner y Pepper se quedó en la sala leyendo mientras su pequeña niña dibujaba en la mesita de centro.
–¡Mami, mira!– dijo Nash enseñando los dientes en una inocente sonrisa y tendiendole su dibujo.
–Oh cariño, es precioso– contestó ella, dándole un beso en la frente– ¿Vamos a enseñarselo a papá?
En el dibujo Nashira estaba dibujada como en el cartel que había visto en la tarde, vestido y juguetes incluidos. No era sorpresa para su madre ver un dibujo de mejor calidad que alguien de su edad por parte de su niña, aunque distaba mucho de ser perfecto, pues desde que agarró por primera vez un lápiz de color, estaba claro que tenía una fascinación por éstos.
–Papá, ¿me veo bonita?– preguntó cuándo llegó de la mano de su madre al laboratorio donde estaba trabajando su papá y su tío, enseñando su dibujo con la otra mano.
– Tú eres la niña más bonita, cielo– la tomó en sus brazos y le dio un enorme beso en la mejilla que le hizo cosquillas a Nashira.
– ¿Y mamá?
– Bueno cariño, mamá es la mujer más hermosa– contestó el ingeniero, dando un breve beso a los labios de su esposa, quien había visto desfilar una buena cantidad de mujeres por la cama de Tony (incluso mandar a limpiar la ropa de ellas), aunque éste lo decía enserio. Bruce observaba la escena con una sonrisa– ¿Aunque sabes? Ahora quiero que seas tú quien aparezca en fotos bonitas, ¿qué te parece?
Y es que al ver el dibujo de su hija, ahora sentía más ganas de presumirla. Además, tenía un amigo fotógrafo y podía ser una buena oportunidad de introducirla con un grupo pequeño de niños. Los ojos brillosos de Nashira fueron respuesta más que suficiente para él.
–¿Tony? ¿Estás seguro?– preguntó un preocupado Bruce.
–¡Claro que sí, Brucie! Ella será la niña más bonita que aparezca en esas fotos.
El día siguiente la llevó al estudio de un amigo suyo, quien se dedicaba precisamente a la fotografía y trabajaba tanto con público infantil como con adultos. Tony le conoció por una conferencia de prensa. Por supuesto que no iba a dejar a su princesa al cuidado de nadie en quien no confiara.
–¡Chad!– saludó alegremente al llegar al estudio.
–¡Tony! Hace mucho no te veía, amigo. Y ésta debe ser tu pequeña, ¿cómo te llamas, linda?– preguntó en tono amable, claramente acostumbrado a trabajar con niños.
–Nashira– respondió la pequeña, segura de sí.
–Bueno Nashira, mi nombre es Chad y yo seré tu fotógrafo, ¿quieres conocer el lugar?
La pequeña estaba fascinada con el set que, a su parecer, era mucho más espectacular que el que había visto en el cartel durante su paseo. Era como tener un jardín de fantasía en una habitación, pues se las habían arreglado para poner pasto en una pequeña área, una hermosa fuente de piedra y muchas flores esparcidas estéticamente por todo el set. En realidad, todo se debía a que Chad había preguntado a su padre qué tipo de cosas le gustaban (estaba entre este escenario de cuento de hadas o una habitación con estrellas), por lo que era una especie de regalo de bienvenida.
Por más que Nashira hubiera amado el set de peluches, se deleitó totalmente con el aroma de las gardenias y el sonido del agua. Tuvo la tentación de ir a meter la nariz para aspirar directamente el aroma. Su padre la observaba con alegría mientras ella tocaba sutilmente los pétalos de las flores.
–Bueno, la dejo totalmente a tu cuidado. Y recuerda que debes mantener el secreto– añadió en un tono más bajo.
–Tranquilo Stark, si llegara a pasar algo ya nos las arreglaremos.
El millonario le dedicó una sonrisa y se retiró del lugar para dejarlos trabajar. Chad se acercó alegremente a la niña mientras ésta jugaba con la fuente.
–Y bien Nashira, ¿quieres ir a probarte tu vestuario?
Una mujer la había acompañado a los vestidores para ayudarla a ponerse el vaporoso vestido blanco que ahora usaba. Llevaba una corona de flores en el cabello y con el conjunto completo, parecía o una princesa del bosque o un hada. Tal vez ambas.
Mientras le tomaban las fotografías escuchaba leves murmullos y algunas risas de niños y niñas, suponía que llegaban desde la sala de maquillaje. Quitando eso de lado, en realidad se estaba divirtiendo mucho o más de lo que había pensado. De hecho, Chad era el tipo de fotógrafo que creía que las imágenes salían mejor si las reacciones eran genuinas, razón por la cual trabajaba a menudo con infantes.
–Hemos terminado por hoy, Nash. ¿Quieres ir a conocer a los demás niños mientras viene tu papá por ti? No debería tardar mucho.
–Claro– respondió.
Chad la llevó de la mano hasta la sala de maquillaje, donde había una gran cantidad de espejos y una mujer que estaba arreglando a una de las niñas.
–¡Hola chicos! Ella es Nashira, y se nos unirá a partir de ahora en nuestras sesiones. Espero que la traten bien y que puedan ser amigos con ella–. Nashira lo soltó y se dirigió al centro del salón mientras varios la saludaban y le decían sus nombres–. Ahora… ¿Annie? Creo que es tu turno.
Chad se marchó con Annie hacia el set, que ahora tenía como temática la ciudad. Nashira se sentó en una silla frente a un espejo, pero sin darle la espalda a los niños.
–Así que– empezó una niña de cabello rubio peinado en hermosos rizos, más o menos de siete años de edad– ¿Nashira? ¿No es un nombre extraño?
–No creo que sea extraño…– contestó ella, sin pasar por alto la inconformidad que se respiraba en la habitación.
–¿Y cómo te dicen? ¿Ash?– se unió a la rubia otra pequeña de cabello pelirrojo.
–¿Y por qué prepararon un set sólo para ti?– volvió a hablar la rubia– Annie debería haber empezado hace media hora.
Nashira miraba hacia sus costados, pero se encontró con caras de inconformidad y la misma pregunta escrita en la cara de todos los niños.
–Yo… yo no lo sé. No sabía que cambiarían el set…
–¿Por qué tienes los ojos azules si tienes el cabello negro?–preguntó alguien más.
Intentó mantenerse fuerte, pero la verdad era que se le estaban humedeciendo los ojos y estaba asustada. Jamás se había enfrentado a nadie que no fuera amable, y se sentía aturdida bajo tantas miradas. Los objetos de los estantes se movieron ligeramente, todos al mismo tiempo.
La niña rubia gritó, y pronto los demás niños se le unieron. Todos los pequeños salieron corriendo gritando el nombre del camarógrafo mientras Nashira se quedaba en su asiento, con los ojos húmedos. Todos menos uno.
–¡Eso fue increíble! ¿Fuiste tú?– un pequeño niño de ojos verdes, tez morena clara y cabello negro rizado se acercó a ella, con las manos en puñitos y bastante emocionado. Nashira lo observó brevemente y le regaló una tímida sonrisa, aún con lágrimas sin derramar.
–Es un secreto– respondió, bajando de su asiento–, papá dice que no debo hacerlo frente a nadie añadió bajando la mirada con un poco de tristeza.
–¿Por qué?– inquirió el niño con inocente curiosidad.
La pequeña simplemente miró hacia donde se habían ido los demás.
–Oh... Pero se ve divertido. Sería súper genial tener poderes– dijo él un poco ausente. Se acercó un poquito más a la niña y le extendió torpemente su mano–. Me llamo Adam. Prometo no decirle a nadie.
–Nashira...– dijo ella tomando suavemente la mano del niño y le dio un suave apretón–. Gracias– se secó los ojos y le sonrió, esta vez más genuinamente.
–¿Que está pasando?– entró Chad, con todos los niños detrás de él.
–Es la niña rara– dijo la niña rubia.
–Movió todas las cosas sin tocarlas– contestó otra, de melena pelirroja.
–Niñas, niñas, ella no es rara– replicó el camarógrafo, bastante nervioso–. Es imposible que ella haya hecho eso, ¿no creen?
–Tembló– musitó Adam, colocándose frente a Nashira.
–No es cierto–contestó nuevamente la pequeña rubia.
–Es cierto, Melanie, ¡ella ni siquiera se movió!–replicó el pequeño.
Todos los niños se quedaron callados y voltearon a ver al camarógrafo.
–Bueno, la verdad es que en el set se sintió un leve temblor–mintió–. Y niños, no quiero que vuelvan a decirle rara o cualquier cosa similar a Nashira, ¿de acuerdo? Es su primer día, todos ustedes fueron nuevos alguna vez. Le deben una disculpa.
–Pero…
–Melanie… – la rubia suspiró pesadamente y se acercó recelosa a Nashira.
–Lo siento– musitó, sin verdaderamente sentirlo. Chad simplemente suspiró.
–¿Adam? ¿Quieres acompañar a Nashira a la sala de juegos mientras llega su padre? Te avisaré si llega tu turno.
–Claro– respondió el pequeño, mirando a la niña.
–¡Tony!–. Chad interrumpió la sesión en la que estaba al ver llegar al billonario, por lo que la niña que se encontraba en el set hizo una mueca de cansancio.
–Vamos, ¿cuándo vas a publicar a mi princesa?–. Tony estiraba su mano para estrechar la de su amigo
–Pronto. Tu hija es muy fotogénica y el estar ante la cámara es muy natural para ella, así que la traerás muy seguido–. Tony lucía bastante feliz con la noticia. El fotógrafo le dedicaba una sonrisa a su amigo pero su expresión cambió un poco al mirarlo a los ojos– ¿Tony? Necesito hablar contigo de algo… a solas.
–¿Ocurrió algo?– el ingeniero lo miró bastante preocupado, pero intentando mantener la calma.
–¡Oye, princesa! ¿Podrías ir a la sala con los demás niños? Hemos terminado por hoy, así que relájate un rato– le dijo Chad a la pequeña modelo, ella obedeció sin chistar.
Cuando ambos quedaron solos, su semblante se volvió serio.
–Tony, tu hija tuvo un pequeño problema con los demás niños, creo que las niñas la alteraron un poco y hubo un ligero "incidente" con sus poderes…–. El ingeniero miró a su alrededor intentando mantenerse más calmado; sabía que su hija podría tener problemas al interactuar con otros niños pero no pensó que pasaría en el primer día.
–Tal vez fue mala idea traerla…
– ¡No! ¡No, Tony! No tomes medidas drásticas. Quieras o no tu hija va a crecer y querrá conocer el mundo, interactuar. Sí, fue difícil su primer intento pero progresó magníficamente, al punto de que en estos momentos está en el salón jugando con Adam.
–¿Adam? ¿Quién es Adam?–. Tony frunció el ceño, ligeramente celoso, dejando de lado un poco el hecho del incidente con Nashira. Chad dejó salir una ligera risa, por lo cual el ingeniero dejo salir un pequeño bufido.
–Vamos Tony, tendré sesiones especiales con ella para que no tenga problemas con los demás. ¡No seas duro con el chico! A ella parece agradarle.
–Sí, ya veremos si a mí me agrada– musitó– ¿Dónde dices que están?
Chad suspiró.
–Ven, acompáñame.
Tony abrió la puerta de la sala de juegos, sólo para encontrar a su pequeña jugando a huir del pequeño de piel aceitunada. En realidad, nunca había visto a su hija divertirse tanto. Le costaba admitirlo, pero sus celos se habían esfumado en cuanto vio a Adam. De todas formas, ¿Quién era él para decirle a su única niña que no podía hacer amigos?
–Cielo, es hora de volver a casa– dijo el castaño.
–Aw, ¡pero papá!– la pequeña hizo un puchero, pero no se percató de que Adam tenía la boca en una perfecta "o", enteramente sorprendido.
–¡Usted es Tony Stark!– para este punto, tenía los ojos abiertos como platos, pero eso lo hacía ver más adorable. El ingeniero en realidad estaba sorprendido porque había dicho su nombre real y no su alias.
–Y tú debes ser Adam– le contestó con una sonrisa–. Chad me dijo que ayudaste a mi pequeña cuando la molestaron, así que déjame darte las gracias por eso–. Tony le había extendido la mano al pequeño y éste la estrechó dejando ver aún más su emoción, con un brillo especial en sus ojos verdes.
El billonario le dio una pequeña palmadita en la cabeza al niño y después se acuclilló a la altura de su hija.
–Bueno, princesa, es hora de irnos porque se hace tarde y tu madre nos espera para cenar.
Nashira se había movido ya del sitio en el que hace unos momentos se encontraba, situándose ahora junto a su padre.
– ¿Puedo venir mañana a jugar con Adam?– le preguntó tímidamente, a lo cual éste giró el rostro para mirar al fotógrafo.
–Te avisaré cuando Adam tenga una sesión para que vengas y ambos puedan jugar– respondió a la pequeña Nashira con una sonrisa en el rostro.
Entonces para la pequeña fue mucho más fácil abandonar el estudio con la promesa de volver a ver a su primer amigo en la vida. Chad y Adam los acompañaron al umbral de éste cuando un carro muy lujoso aparco enfrente del lugar y un hombre con lentes negros y traje bajó del mismo. Cuando vio a Tony, su semblante mostraba un poco de nerviosismo. Adam se acercó corriendo felizmente a él mientras Chad los veía desde la entrada.
– ¡Papá! ¡El señor Stark y su hija están aquí!– dijo alegremente a su padre, jalándolo suavemente de la manga del saco.
– ¿Anthony?
– ¡Theodore!– se acercó al ingeniero al recién llegado, tomándolo del brazo y dando una amigable palmada en su hombro.
Ambos niños los miraban confundidos.
– ¿Se conocen?– preguntó Nashira.
– Sí, cielo. Verás, él es Theodore Wyatt, fue compañero mío un tiempo en la universidad.
– Hasta que tu padre se hartó de estudiar y pasó a dirigir la industria de tu abuelo directamente– continuó el otro, aún un poco nervioso.
– Sí… bueno, yo podría haber dado clases.
Wyatt rió levemente.
– ¿Adam? Espero que hayas sido amable con la pequeña.
– Ah, no te preocupes por eso, tu hijo defendió a Nashira el día de hoy–respondió Tony, acariciando con suavidad la cabeza de su niña.
– Me alegra escucharlo. Bueno, no los entretenemos más, Tony. Espero verte de nuevo.
Y después de eso, procedió a retirarse con su pequeño.
