Cuando estuvieron solos, Tony se acuclilló a la altura de Nashira sin rastro de enojo pero con la preocupación escrita en el rostro. Colocó sus manos en los bracitos de su niña sin presionarlos.

–Princesa, Chad me dijo que tuviste problemas con los demás niños.

–Yo… yo no hice nada…– la pequeña bajó la cabeza, movimiento que le recordó dolorosamente al ingeniero a cuando Bruce se intimidaba, por lo cual regresó la cabeza de su pequeña a su posición normal, levantándola ligeramente por la barbilla para que así lo viera a los ojos

–La gente no siempre es amable, Nashira, pero tú debes ser mejor que ellos y por eso no debes dejar que te provoquen–. Nashira no decía nada a su padre, solamente se limitaba a mirarlo a los ojos, ligeramente triste por el aparente regaño–. Nunca uses tus poderes a menos que estés en peligro, ¿sí?– en ese momento la pequeña sabía que su padre estaba completamente al tanto de lo que había ocurrido, incluyendo lo del "temblor". Asintió con suavidad, intentando a toda costa no mirar a los ojos castaños del billonario.

–¿Quisieras que fuera normal?– balbuceó casi inaudiblemente, con los ojos mirando hacia el suelo, ya húmedos. La verdad era que esa pregunta se la hacía con demasiada frecuencia.

Y eso fue suficiente para romper el corazón de Tony en muchos pedacitos.

El castaño abrazó con fuerza a su hija y le acarició amorosamente el pelo, mientras intentaba que se fuera el nudo que se formó en su garganta. ¿Cómo le iba a explicar algún día que pensó deshacerse de ella porque creyó que era peligrosa? ¿Cómo le diría que después la amó y le restó importancia?

La respuesta era simple: no lo haría.

–Cielo, tú eres perfecta, con poderes o no– respondió el ingeniero, hundiendo su nariz en sus cabellos de fresa.

– ¿Y por qué no puedo usarlos frente a los demás?– dijo en un suave murmullo, con voz rota.

–Nash, tengo que explicarte una cosa– se separó de ella ligeramente y secó las lágrimas de las mejillas de su hija–. Hay personas malas que buscan exactamente lo que tú tienes cariño: poder. Y no lo van a usar para volar y proteger gente, lo usarán para herir a los demás. La tomó por la barbilla con cariño–. Si ellos saben que tú lo tienes, te intentarán separar de nuestro lado y papá no quiere que te hagan daño, ¿está bien?

–Pero tú eres Iron Man…

–Pero no estoy siempre contigo, pequeña. Si te pasara algo y yo estuviera lejos… – su voz se rompió antes de terminar la frase. Nashira sabía que su papá no podía hacer todo, pues muchas veces llegaba con heridas a la torre.

Claro, él trataba de evitar que lo viera a toda costa, pero para su desgracia, ella había heredado su inteligencia y se percataba cuando las cosas no marchaban bien. Sabía cuándo él se sentía adolorido y lo escondía tras una sonrisa, cuando su tío Brucie se sentía mal tras un código verde, cuando su tía Tasha se sentía abrumada tras una semana entera de misiones, cuando Thor extrañaba a esa persona especial, cuando Clint se sentía sólo, cuando Steve había visto algo que le molestaba en una batalla…

–Te quiero papá–. Nashira abrazó a su padre y él la levantó del suelo, acariciando su cabeza.

– Yo te amo mi niña. Y siempre, siempre te voy a cuidar.


– ¡Abuelito! – Nashira se lanzaba a los brazos de… Nick Fury, quien la alzó en el aire antes de cargarla con un brazo.

– ¿Cómo estás pequeña? Tengo tiempo sin verte, mira cómo has crecido.

– Bien abuelito, ahora me toman fotos.

– ¿Fotos, eh? … Espera, ¿te dejaron estar sola?–. Nashira asintió con alegría–. Eso es nuevo. ¿Dónde están tus padres?

–Lady Stark está en el estudio trabajando y el amigo Tony y Bruce están en el laboratorio– comentó Thor, quien entraba a la habitación con una sonrisa y un paquete de gomitas en la mano.

–Gracias, Thor. Jarvis, ¿podrías avisarme cuando pueda ver a Stark?

–Por supuesto, señor.

–Mientras, ¿por qué no me enseñas esas fotos?


–Entonces la intimidaron– dijo el Físico mientras vertía un líquido burbujeante en un vaso de precipitado.

–Sí, eso parece. Al menos hizo un amigo y él la defendió– contestó Tony.

–Amigo– repitió Bruce y le dirigió una mirada intrigada al castaño, quien intentó ignorar la segunda intención del Físico– Niño. Estás tomándolo mejor de lo que esperaba…

– ¡Ey! ¿A qué te refieres con eso, Brucie?– interrogó un billonario bastante sonrojado.

Banner simplemente rio suavemente.

–No es nada, Tones.

–Banner… – continuó Tony, usando el mismo tono que usaba cuando su pequeña no le quería contestar algo.

Y entonces Clint se asomó por la puerta del laboratorio.

– ¿Bruce? Creo que... necesitamos que nos parches.

Aunque ya estaba acostumbrado a curar las heridas de sus amigos mucho antes que Nashira naciera, a Bruce en realidad no le gustaba, pues constantemente tenía que lidiar con la sangre de sus compañeros y le parecía irresponsable que a ellos no les preocupara contaminarse. Al principio, una de las razones era que querían que se acoplara más a ellos, que dejara de encoger los hombros cuando estaban en grupo. La otra… bueno, la verdad era que Banner hacía su trabajo con destreza y delicadeza, siendo el más gentil de los doctores que cualquiera de ellos haya tenido jamás.

– ¿Nos? – preguntó, temiendo la respuesta.

– Hola, Doc – dijo una despreocupada Natasha, haciéndose presente en la habitación. Banner suspiró pesadamente.

– ¿Tony? ¿podrías esperar un momento? Tal vez necesite el escritorio– dijo, acercándose a los asesinos para poderlos examinar.

–Claro, iré por jugo de arándano en lo que parchas a Legolas y Caperucita– él lo intentaba ocultar, pero la verdad era que se molestaba un poco cuando Natasha era imprudente y se lastimaba… quien por cierto le dedicó una mirada asesina ante el apodo, pero se tranquilizó cuando Tony los dejó solos.

–Clint tiene una bala en la pierna, creo que es el que tiene mayor prioridad.

–Tú tienes un corte profundo en el brazo, Nat– reclamó Barton, logrando que Natasha pusiera los ojos en blanco por frustración.

–Creo que primero sacaré esa bala, Clint. Natasha, por favor amarra una venda a tu brazo en lo que termino con él.

– Banner, es sólo un rasguño– intentó restarle importancia con tal de que terminara con Clint primero, pero tenía su mano presionada contra la herida.

Bruce sabía de antemano que no iba a convencerla de hacerlo, por lo que decidió apresurarse a curar a Clint. Mientras sacaba la bala, limpiaba y suturaba, trató de no ver la herida de Natasha, que no es que estuviera expuesta, si no que la manga de su uniforme la cubría parcialmente, empapada en sangre.

Cuando hubo terminado, Clint se retiró a la sala y pasó a atender a su compañera.

– Déjame ver– pidió él y cuando intento mover la tela, ella saltó ligeramente, evidenciando que le dolía más de lo que admitía. Corto la mitad de la manga y la retiró con cuidado, quedando aturdido cuando pudo ver la herida directamente.

Había un corte en diagonal profundo en su brazo, en medio de la mancha de sangre que ahora cubría su piel.

– ¿Qué se supone que hiciste?– inquirió mientras aplicaba antiséptico a lo largo de la herida.

– Alguien intentó acuchillarme cuando estaba defendiéndome de disparos. Tuve que protegerme, no pensé que fuera a acertar– dijo ella como si no fuera la gran cosa, pero aun así, él contrajo su rostro en una mueca de desaprobación–. Vamos, doc… sabes que he tenido peores.

Natasha trataba desesperadamente de poner una cara indescifrable frente a Bruce, escondiendo su dolor cuando limpiaba y suturaba la herida. Le había dolido mucho menos cuando se la hizo, pero sabía que le habría dolido más si hubiese ido con un doctor de SHIELD.

Y jamás lo admitiría, pero le resultaba hipnótico mirar las manos del científico mientras trabajaba, siempre demasiado suave y siempre intentando ser lo más rápido posible.

– Creo que ya está– dijo, asegurando el último punto.

– Gracias, Bruce– ella se levantó del escritorio y se dirigió hacia la salida.

– ¿Natasha?

– ¿Si?

– ¿Podrías no quitarte los puntos antes de tiempo? La última vez no era tan profunda, pero si lo haces con esta podría infectarse.

–Se atoran con el traje, no me los quito intencionalmente– respondió con una ceja alzada; el Físico dudaba de la veracidad de sus palabras, y eso lo podía ver ella–. No prometo nada, pero lo intentaré, ¿de acuerdo?–. El doctor suspiró pesadamente, resignado. Aun así le dio una media sonrisa–. Salgo mañana en la mañana.

– Creo que deberías descansar un poco– comentó Bruce con una leve mueca de preocupación.

–Aún no lo sé, puede que descanse un día o dos en SHIELD– sonrió ella al doctor, sintiéndose menos irritada teniendo el brazo curado–. De todas formas seguiré tu consejo el día de hoy. ¿Jarvis? ¿Dónde está Steve?

–El Capitán América se encuentra en la sala de entrenamiento, señorita Romanoff.

–Dile que tal vez quiera empacar algunas cosas para salir mañana. Gracias, Bruce– tocó con suavidad el brazo de Banner a modo de despedida y por fin salió del laboratorio, dejándolo a solas.

–Esto no pinta nada bueno.


– ¡Aw! ¿Por qué la tía Natty y el abuelito Steve sí pueden ir?– dijo la pequeña una vez todos estuvieron en la mesa a la hora de la cena.

–Cielo, ya hemos hablado de esto – contestó Pepper, quien se encontraba sentada a lado de ella.

–Pero quiero ayudar… – contestó, cabizbaja.

–Todavía eres muy pequeña, Nash– esta vez contestó Clint, pero no evitó que la pequeña se cruzara de brazos e hiciera un puchero.

–Si esperas pacientemente podrías ayudarme a mí y a tu papá a terminar un nuevo experimento– dijo Bruce, sabiendo que no podría resistirse en lo absoluto. Nashira era demasiado curiosa.

–Está bien– replicó alegremente. Pepper se relajó en el asiento.

Acabada la cena, Bruce le pasó un pequeño frasco con un líquido transparente a Natasha por debajo del asiento antes de retirarse. Tenía una etiqueta que decía "para el dolor" escrita a mano. La pelirroja le sonrió antes de que él saliera del comedor junto con Tony, para idear con qué era más seguro distraer a Nashira sin que ésta se lastimase.


–Tasha, no sé qué es lo que tengas que hacer esta vez pero tengo algo para ti.

–Bueno, eso es nuevo, ¿coqueteando con alguien más además de tu esposa? No pensé que Pepper te diera tantos problemas– sonrió de forma burlona mientras miraba a Stark, vengándose por haberle dicho "Caperucita".

–No hagas que me arrepienta, Roja. Últimamente necesitas muchos de las atenciones de Brucie porque eres muy irresponsable con tus misiones–. Ella lo miró enfadada–. Y creo que esto te va a ayudar– dejó varias cajas pequeñas enfrente de ella. Natasha las observó con curiosidad.

– ¿Qué son?– preguntó cuando abrió una y vio varias placas circulares del tamaño de monedas.

–Tasers, se adhieren a la ropa o a la piel si se lo lanzas a alguien. Y tal vez necesites de esto– añadió él, ofreciéndole un aparato rectangular.

–Tony, ya tengo un celular.

–Sí… esto es más que un celular. Es casi un Jarvis 2, te va a ayudar a no lastimarte tanto

La pelirroja lo miró indecisa, pero le llamaba demasiado la atención usar las cosas que se le entregaban, por lo que sucumbió a éstas.

–Me los llevaré, pero no porque sea una debilucha, Stark.

–Nunca dije debilucha, dije imprudente, y solo hay puesto para un imprudente: yo.

–Siempre es acerca de ti, ¿verdad?

– ¿Y para mí no hay nada?– dijo Steve, viendo la mesa con objetos al llegar a la "recepción".

– Vamos anciano, si te diera algo la mitad de inteligente de lo que le di a Natasha no sabrías como usarlo. Además tú no usas este tipo de cosas, luchas a la antigüita y nunca has modificado tu traje en más de seis años.

Steve razonó las palabras de su compañero.

–Bueno, no puedo negártelo– respondió el rubio– ¿Nos vamos, Natasha?