– ¿Cómo se encuentra usted, Lady Olive?

Una risa lo recibió al otro lado del teléfono.

–Ese es nuevo, Grandulón.

–Ese es viejo, Natasha– contestó él, en tono bromista, logrando robarle otra breve risa que le contagió por un momento–. No, de verdad, ¿cómo te sientes?

Habían pasado algunas semanas desde que Natasha y Steve se habían marchado de la torre, y Pepper y Nashira se habían acostumbrado a su nueva rutina desde que la pequeña iba con frecuencia al set de fotografía. Bruce pasaba la mayor parte del día con Tony, y por las tardes llamaba a la rusa para preguntar cómo estaba, retomando su vieja rutina de hacía algunos años.

–Estoy bien, Bruce. Las suturas siguen en su lugar.

–Sólo… sólo no exageres demasiado en las misiones esta vez – comentó él, intentando esconder su preocupación. Aquella misión había tardado más tiempo del que esperaba.

Al otro lado de la línea, la pelirroja se mordió el labio antes de responder, recordando el ligero malentendido con Steve por desacatar sus órdenes.

– ¿Es la tía Natty?

Natasha no pudo evitar sonreír cuando escuchó esa ya familiar voz suave.

– ¿Quieres saludarla?– preguntó Bruce antes de cargar a Nashira en un brazo. Decidió que valía la pena encender la cámara y, en cuanto Natasha pudo verlos, hizo lo mismo.

– Hola pequeña araña, espero que estés portándote bien.

–Tasha, ella siempre se porta bien– salió a la defensa su "tío", quien le dedicó una mirada cómplice a la pequeña.

– Oh Bruce, sólo bromeaba. Además, el que debería portarse bien es su padre.

– ¿Alguien estaba hablando de mí?– el castaño se hizo presente en la sala de estar, frotándose una toalla en la cabeza y entrando en el campo de visión de la cámara.

– ¡Papá!– su pequeña lo recibió con una gran sonrisa.

– Princesa, tú y el tío Brucie van a llegar tarde a la sesión de fotografía.

– Sí, Stark, yo también me alegro de verte – dijo Natasha con fingido sarcasmo.

– Lo siento Tasha, ¡salúdame a Capitaleta! – dijo, antes de seguir caminando hacia el laboratorio.

- Creo que tenemos que irnos – comentó Bruce con pesar.

– Está bien. Estaremos ahí en un día o dos, los veremos pronto.


– ¡Nashira! Me alegra que llegaras– dijo Chad con una sonrisa en el rostro y poniendo la mano sobre la cabeza de la pequeña–. Doctor Banner– agregó el fotógrafo extendiendo una mano al hombre de rizos, quien la estrechó sonriendo tímidamente. Por el momento no quería saber por qué sabía su nombre, aunque sospechaba que era cosa de Tony.

– Chad. Tony me ha hablado de ti.

– Cosas buenas, espero– respondió el otro poniendo una mano en el hombro de Bruce para conducirlos al pasillo de espera, y aunque éste se sobresaltó ligeramente, no la retiró– ¿Por qué no te quedas? Apenas vamos a empezar.

– Oh, no quiero incomodar.

– No incomodarás a nadie, te lo aseguro.

Bruce lo pensó por unos momentos, sopesando la idea. En realidad no le incomodaba el hombre que tenía frente a él, sobre todo porque Nashira estaba evidentemente acostumbrada a su presencia. Además, tal vez esta sería la única oportunidad de presenciar una toma de fotografías en un set.

– No veo por qué no– se encogió ligeramente de hombros. Al final le ganó la curiosidad de saber por qué a su pequeña le encantaba ir.

– ¡Nashira!– exclamó un pequeño de ojos verdes, acercándose corriendo a la pequeña y la recibió con un abrazo, como de costumbre– ¡Sí llegaste!–. Adam se separó de la pequeña y fue entonces cuando se dio cuenta de su acompañante.

–Tú debes ser Adam– sonrió el amable Físico. Se acuclilló a la altura del pequeño para extenderle la mano apropiadamente. El pequeño simplemente la extendió con lentitud mientras intentaba no abrir del todo la boca por el asombro, pero sus ojos conservaban el mismo brillo que cuando conoció a Stark. Sabía por boca de Nashira que el doctor era muy amable, y que era una de sus personas favoritas, por lo que obviamente Bruce Banner era objeto de su admiración.

–Yo, este… – empezó a balbucear el pequeño, quien con cada segundo que pasaba se sentía más tonto, realmente sin saber que decir, hasta que pudo articular muy apresuradamente un "mucho gusto señor Banner", con la cara completamente enrojecida.

Ahora el científico entendía cómo era que Tony no había entrado en pánico con su única niña teniendo un amigo hombre. No es que ella tuviese aún la edad para que él se preocupara, pero sabía que su mejor amigo pensaba ya a futuro y sabía que, más temprano que tarde, iban a crecer.

Nashira y Adam se retiraron al ya conocido set, mientras los dos hombres caminaban a un ritmo más tranquilo a la enorme habitación.

Esta vez la ambientación era de ciudad, con una gama de colores que sinceramente se quedaba en grises. Bruce se preguntaba la razón hasta que Adam sostuvo en sus manos una sombrilla azul, que contrastaba perfectamente con los tonos sombríos del lugar. Cuando Chad les enseñó la primera fotografía, se percató de que sus ojos verdes también le daban mucha vida a la foto, y el fondo pasaba completamente a segundo plano, haciendo sobresalir perfectamente al pequeño de piel aceitunada.

Sin embargo, después de pocos minutos de haber empezado la sesión, Chad miró a Nashira, pensativo. Justo después intercaló la mirada entre los dos niños y sonrió cálidamente.

–Nashira, ¿qué tal si vas a los vestuarios? Tengo una idea.

Una de las asistentes se acercó a Chad para saber que vestuario tenía que usar la pequeña, y después ambas desaparecieron por el pequeño cuarto mientras los adultos charlaban con tranquilidad.

Diez minutos después, Nashira regresó con una sombrilla roja y vestida con una gabardina color vino. A Bruce le pareció completamente adorable.

– Mmm… sí, justo lo que pensaba. ¿Nash? ¿puedes ir junto a Adam?– la pequeña obedeció–. Sí, justo así cariño. Perfecto.

La hora transcurrió con rapidez entre flashes y posiciones bastante naturales, que le permitieron ver al Físico por qué Tony había elegido a éste fotógrafo para hacer brillar a su pequeña. Ambos se veían espectaculares, y justo cuando pensó que la sesión ya había terminado, Chad lo sorprendió.

–Niños, dejen las sombrillas por ahí y júntense por favor. Esta foto es para ustedes, hicieron un excelente trabajo hoy.

Los pequeños se sentaron en un banco del set y Chad procedió a tomarles la última fotografía del día, ésta vez con una cámara instantánea. Nashira y Adam se acercaron a los dos recuadros blancos, algo confundidos.

– Estas fotos son mágicas, esperen un momento y lo verán – dijo el fotógrafo con una sonrisa.

Ambos vieron como lentamente se iba formando la imagen, y Nashira corrió junto a su tío para enseñarle su descubrimiento del día. Bruce acarició su cabecita mientras tomaba la foto para admirarla.

–En realidad se ven… – Nashira abrió mucho los ojos, pensando que iba a decir que no era del todo buena, gesto que al físico le pareció un poco cómico– adorables.

La pequeña soltó el aire que había contenido esos breves momentos y le sonrió ampliamente. Entonces Chad se acercó a los tres.

– ¿Sabes? Creo que de ahora en adelante los citaré a los dos. Funcionan muy bien en pantalla y sirve que se ven más seguido.

La carita de Adam se iluminó de alegría al imaginarse que podría ver a su única amiga más seguido, y seguido de eso los pequeños se fueron entre risas y juegos a los vestidores.

Más tarde, cuando Bruce caminaba con Nashira rumbo a casa, perdido entre pensamientos mientras ella jugaba a no pisar las líneas del piso, se detuvo solo para decir:

– Deberías traerlo algún día a la torre.


Ya habían pasado dos días desde la última llamada, y ni Natasha ni Steve se habían comunicado a la torre. Bruce empezaba a inquietarse, y ya había perdido la cuenta de cuántas veces había intentado dormirse sin éxito. Rodó por la amplia cama, sin taparse en lo absoluto, y dio un vistazo al reloj: las tres y media de la mañana.

Y pensar que él había ido a la cama a las doce, después de que Tony lo hubo persuadido de no llamar (de nuevo) hasta el siguiente día. Decidió darle otro vistazo al celular, sabiendo de antemano que no cambiaría milagrosamente el número de mensajes. Aun así, el volver a ver la falta de ellos no evitó que se desanimara.

Ya era demasiado tarde para llamar, pero pensó que era la hora menos riesgosa para hacerlo, pues era bastante probable que estuviesen dormidos y no en medio de una batalla. Buscó entre sus contactos y pulsó el nombre de la pelirroja.

Esperaba escuchar los ya conocidos beep de espera mientras ella cogía el teléfono, pero en lugar de eso lo recibió un mensaje pregrabado.

El teléfono estaba fuera de servicio.

Sintió su pulso acelerarse, y entonces repitió el proceso, esta vez con el número de Steve. Ésta vez la llamada entraba pero aun así no recibió respuesta. Entonces empezó a sentir que se ahogaba.

– ¿J?– preguntó al aire, angustiado.

– ¿Sí, Doctor Banner?

– ¿Dónde se encuentra Steve?

– Mandaré una señal al dispositivo del Capitán América… Parece ser que el Capitán se encuentra en Washington, Doctor.

Bruce respiró un poco, pero aun así continuaba la angustia.

– ¿Y Natasha?

– Lo lamento Dr. Banner, me temo que no me es posible localizar a la señorita Romanoff.