Habían pasado escasos minutos desde que había aterrizado en el techo del hospital (con el debido permiso, por supuesto), tiempo que utilizó para bajar por el elevador hasta el piso en el que se encontraba Steve. Sin embargo, una vez ahí, no supo en realidad qué hacer.
Claro, había volado directo hasta ahí movido por su preocupación, pero sabía que ambos estaban bien. Y ahora se sentía tonto por haber exagerado y haber tenido un casi código verde, por lo que no tenía idea de qué demonios les iba a decir una vez frente a ellos.
Tal vez era mejor regresar y ser paciente. Sí, esa sería una gran idea…
Pero ya estaba ahí, sin embargo. Viendo las cosas desde un punto objetivo, lo mejor sería esperarlos para poder asegurarse de que llegaran a salvo a la torre. Se dejó caer en los asientos de espera y momentos después se le acercó una enfermera.
—Disculpe, ¿busca a alguien?— preguntó la joven con amabilidad.
—Sí… Es decir, no— la enfermera lo miró, confundida—. Estoy esperando a alguien.
—De acuerdo— contestó la chica con una sonrisa amable, alejándose de nuevo al mostrador.
Bruce estaba en la planta baja, sabía que en cuanto estuvieran bien saldrían por esa puerta, o que al menos uno de los ex agentes de SHIELD debían pasar por el mostrador para tramitar el alta. Por lo que sabía sólo Rogers estaba hospitalizado.
—Señorita, el personal se sentiría más tranquilo si nos permite cambiar el vendaje— decía otra enfermera.
—Prefiero ser atendida por un doctor en casa, pero gracias. Sólo saldré a hacer una llamada.
Natasha intentaba ponerse la chaqueta, intentando cubrir su hombro vendado, posiblemente para evitar futuras interrogaciones. Entonces Bruce se puso de pie a unos cuantos pasos frente a ella.
—Doctor Banner— dijo con una media sonrisa en el rostro.
El castaño se acercó a ella, sin saber realmente cómo reaccionar, sin devolverle la sonrisa. Natasha lo miró un poco desconcertada, pero poco después los brazos del científico la rodearon con fuerza, uno por su cintura y el otro apoyado en el hombro que carecía de vendaje.
—Nunca, NUNCA vuelvan a hacernos esto— dijo en voz baja.
Bruce se exaltó un poco al pensar que extrañaba su aroma, pero eso no lo hacía menos cierto. Él estaba consciente de lo que estaba haciendo. Sí, Natasha ya lo había hecho una vez, cuando se sentía roto, pero en esa ocasión ella lo había hecho intencionalmente. Aun así, estaba tan asustado que a estas alturas no le importaba recibir un golpe por parte de la pelirroja. Sin embargo se sorprendió cuando sintió sus delgados brazos rodeando su espalda y su nariz recargada en su hombro.
—Lo siento.
Natasha no podía prometer que no iba a volver a suceder, pero se imaginaba lo que había pasado en casa mientras estuvieron fuera. El celular de Steve, que era desde el que iba a llamar a Pepper, tenía algunas llamadas perdidas de Bruce. Supuso que su propio celular tendría más, de no haberlo usado como carnada para salvar su pellejo y haber sido reducido a trocitos. Habían sido horas donde la locura parecía que era la dueña del mundo. SHIELD se había venido abajo, Hydra era la que siempre estuvo detrás de todo, Fury se hizo pasar por muerto, Steve encontró a Bucky después de tanto, estuvieron a segundos de que mataran a toda su "familia"… había sido tanto para Natasha y de no ser por Bruce que la rodeaba con sus brazos en un cálido abrazo seguramente no se habría percatado de lo exhausta que se encontraba.
— ¿Señorita Romanoff? El Capitán Rogers acaba de despertar.
Bruce la soltó con lentitud, disolviendo el abrazo en el que la tenía envuelta, movimiento que ella misma realizó con suavidad. Sus ojos castaños sin embargo buscaban los suyos como si quisiera asegurarse de que ella no se esfumaría, pero ella tuvo que romper el contacto visual para poder seguir a la enfermera.
Banner caminaba ligeramente por delante, con un evidente temblor en los dedos. Natasha lo tomó del brazo para intentar tranquilizarlo, haciendo suaves círculos con su pulgar. No sabía cuándo tomó el hábito de tocar al Físico para hacerlo sentir importante, y por el momento era algo en lo que no quería pensar.
Cuando llegaron a la habitación de Steve, éste ya se encontraba incorporado al lado de su cama, con un vendaje en la cabeza y en los brazos; Bruce y Natasha no se inmutaron en lo más mínimo. Era el famoso Capitán América, el supersoldado, así que era su naturaleza el reponerse rápido.
—¿Dr. Banner?— inquirió Steve algo confundido al ver a Bruce ahí.
—Cap...
— ¿Cómo…?
Banner se mordió nerviosamente el labio.
— ¿Puede que haya o no estado un poco preocupado…?— respondió, sonrojándose. Natasha aún tenía su mano en el antebrazo del doctor, con la mano de él encima, movimiento que al parecer él había olvidado pero en el que se refugiaba. Steve los miraba con curiosidad, pero eso hizo que el castaño se sonrojara aún más. Por supuesto esto no pasó desapercibido para Natasha.
— ¿Dónde está Sam?— interrumpió la pelirroja.
— Fue a buscar algo de comer. ¿Cómo sigue tu hombro?
— Mejorará— contestó ella con una sonrisa.
— ¿Puedo ver?— dijo el castaño, recordando que las enfermeras habían intentado cambiar el vendaje.
Natasha simplemente se sentó a un lado de Steve y se quitó la chaqueta. Las vendas empezaban a tornarse rojas, posiblemente porque ella no les había dado tiempo siquiera de empezar a sanar. Bruce buscó un kit de primeros auxilios en la habitación, cerrando las persianas por si le prohibían cambiar las vendas él mismo. Cuando retiró las vendas se percató de que ya había recibido puntadas, pero que las mismas se habían roto y empezaban a sangrar. Miró a los ojos a la rusa.
—En mi defensa, no los arranqué.
Él negó con la cabeza con un amago de sonrisa.
Pepper acariciaba con suavidad la cabeza de su esposo mientras Nashira dormía tranquilamente en el pecho de su padre, con su oreja a la altura de su corazón. Pepper sonrió al verla así pues desde que tenía memoria, esa era la posición que tomaba cada que se recostaba en él. La televisión llevaba ya un rato apagada, desde que su pequeña llegó en brazos del semidiós.
Lo que menos quería era que Tony volviera a entrar en un estado de pánico si seguían las noticias. Al menos Thor estaba ordenando sushi, después de haber limpiado el desastre que hizo en la cocina por haber intentado hacer la cena. Pepper agradecía el gesto de todas formas.
Tony entreabrió los ojos, intentando concentrarse en lo que había a su alrededor. Lo que sea que haya en los tranquilizantes de Banner eran fuertes y se sentía aturdido, muy aturdido. Se intentó incorporar pero sintió un peso en su pecho; sonrió cuando se percató de quién estaba entre sus brazos. Nashira se despertó cuando su padre se movió, tallándose un poco los ojos.
—Hola, cielo— dijo suavemente Pepper, colocando un beso en la frente del genio.
—Linda… — respondió Stark con la voz rasposa, levantando su mano para pasearla por el largo cabello de su esposa — ¿Qué…?
—Ellos están bien, Bruce fue a buscarlos. SHIELD no tenía datos de Nashira… deberíamos agradecerle al abuelito.
Tony se veía ligeramente aliviado, pero aún así apretó a su pequeña contra su pecho. El solo hecho de pensar que la podía perder…
— ¿Papi? ¿Qué te pasa?— preguntó la pequeña cuando vió los ojos de su padre humedecerse, bastante preocupada.
— Nada, amor, papá sólo tuvo una pesadilla— le sonrió a su niña sentándose y abrazándola con más fuerza, sollozando un poco y acariciando su sedoso cabello. Pepper los abrazó por la espalda, dejando un beso en el hombro de Tony.
— Vamos a estar bien— dijo.
El resto de la tarde a Tony se le hizo imposible separarse de sus chicas, excepto cuando Pepper lo convenció de que necesitaba darse un baño si quería que su pequeña durmiera en su cama. Ese fue el día en el que el billonario se dio la ducha más rápida de su vida. A la hora de la cena, sin embargo, Jarvis recibió una llamada.
— ¿Señor? Chad marcó para pedir la presencia de la señorita Nashira en el set mañana.
— ¿Otra sesión con Adam? — preguntó el ingeniero, con su pequeña comiendo cereal en sus piernas.
— Al parecer un mayordomo dejó una carta del joven Adam. Dice que es importante.
Al siguiente día fue Pepper la que llevó a su pequeña al set de fotografía. Nashira se veía preocupada, y no menos preocupada estaba su madre, quien tenía un muy mal presentimiento sobre esto. Cuando entraron, Chad estaba sentado en un taburete, con todo el material guardado y una carta sellada en las manos.
Su expresión seria no auguraba nada bueno.
Nashira abrió las manos en dirección a Chad, quien le entregó el sobre, vacilante.
—No la he leído.
La pequeña de ojos azules abrió el sobre torpemente y extendió la carta, leyéndola en silencio.
"Nashira, ya no puedo ir a las sesiones de fotos. Papá dijo que quería que fuera a una escuela en la que debo quedarme por un tiempo, un internado. Intenté quedarme pero no me dio permiso, ya no podré ir a jugar contigo a las sesiones de fotos. Te voy a extrañar mucho… lamento no poder ir a despedirme de ti y de Chad.
Adam"
