Cuando Natasha abrió los ojos un aroma dulce inundaba la estancia. Tenía lo que sabía que era la sudadera de Bruce sobre los hombros, lo que la mantenía tibia a pesar de tener los pies helados. No es que no pudiese soportar el frío, era rusa, su tolerancia al frío era natural… pero cuando la criaron en La Habitación Roja, estar tibia en una noche especialmente helada era todo un lujo. El lujo estaba bien.
El aroma del Físico permanecía en la prenda, mezclado ahora con el aroma de lo que sospechaba eran cupcakes. Empezaba a preguntarse si era correcto tener la tentación de olisquear la tela, e inmediatamente desechó el pensamiento. Natasha no anhelaba la presencia de alguien, no esperaba realmente hacer cosas en compañía y, sobre todo, no era una chica de quince años que hundía la nariz en la chaqueta de un hombre. Sin embargo se sentía cómoda conviviendo con un hombre que bien podría ser un gigante verde. Y eso le incomodaba.
Que su aroma fuera agradable, sus manos fueran hábiles, su sonrisa cálida, sus gestos nerviosos divertidos… eso le incomodaba. Y la mayor parte del tiempo podía evitar ese tipo de pensamientos, pero desde unos meses atrás cada vez se volvían más frecuentes.
Natasha deslizó la sudadera por sus brazos y cerró la cremallera. A su lado, Nashira yacía dormida con la cabeza en un cojín y la cobija a medio cuerpo, nariz hundida en su dragón. Se levantó, acomodó la cobija de la niña y le dio un suave beso en la frente antes de dirigirse a la cocina. La mirada de Bruce se posó en ella cuando cruzó el umbral de la puerta, recibiéndola con una sonrisa cálida.
—Buenos días—saludó él en voz baja.
—Buenos días—repitió ella en el mismo volumen, con la voz áspera de quien aún no termina de despertar.
Se sentó en uno de los taburetes que rodeaban el desayunador, y Bruce deslizó una taza frente a ella que despedía un fuerte aroma a café. Natasha sacó sus manos de las mangas de la sudadera y las apoyó en el cálido brebaje, entibiando sus gélidas manos.
—Gracias—musitó, dando un sorbo a su café. El Físico se sentó en el taburete que se encontraba a un costado de ella, con una taza con té entre las manos.
Se instalaron en un cómodo silencio, esperando a que el horno terminase de hacer su magia.
—Tasha, ¿puedo preguntarte algo?—inquirió Bruce en voz suave y un poco ronca, con la intención de no perturbar el sueño de Nashira. La pelirroja asintió— ¿Por qué querías irte?
Natasha alzó la vista para encontrarse con sus ojos acaramelados, y después la centró en su café, pensando en la respuesta. Pasó un tiempo, en el que Bruce pensó que su pregunta era imprudente y pasaría como inexistente, cuando Natasha rompió el silencio, sin despegar sus ojos de la taza.
—¿Quién soy, Bruce?— dijo en un murmullo.
—¿A qué te refieres?—inquirió el científico con curiosidad, parpadeando. Natasha entonces lo miró a los ojos, con una expresión difícil de leer.
—Todas mis falsas identidades son de dominio público. Tengo la certeza de que todos me odian ahora y aunque no me afecta realmente, la confianza que antes tenía ahora es inexistente. Ya no soy una agente, ni una espía. Ni siquiera una Vengadora. Tal vez seré siempre una asesina, porque es lo único que no puedo borrar—dijo en tono monótono.
—Creo que has pasado mucho tiempo pensando en ti misma conforme a lo que haces en lugar de lo que eres— respondió él con suavidad y colocó sus manos en las de ella, dándoles un gentil apretón. Natasha lo permitió.
—Ya ni siquiera estoy segura de haber sido alguien alguna vez—susurró, aún en un tono más bajo. No era tristeza lo que destilaba su voz, sino una profunda confusión—. He vivido bajo tantas identidades que no sé si tengo una propia.
—Lo que yo no sé es si te das cuenta que eres tú misma cuando no estás trabajando, e incluso entonces. Haces lo que te gusta hacer, así sea molestar a Tony, a Clint o a Steve. Eres tú cuando tienes la oportunidad de elegir, y es por eso que pienso que deberías quedarte.
Natasha había despegado sus ojos de la taza en algún punto de la conversación y ahora lo observaba fijamente. Era un pésimo momento, pero una sonrisa maliciosa dibujó en sus labios y lo miró con picardía.
—¿Está coqueteando conmigo, Dr. Banner?
El rubor de las mejillas de Bruce era suficiente respuesta para ella. Aun así, él se las arregló para no modificar su expresión.
—Fue una simple observación— contestó con el mismo tono que había usado ella.
Y hablando de observaciones, estaban lo suficientemente cerca como para que Natasha pudiese distinguir el aroma de su aliento mezclado con el de las finas hierbas del té. Sus manos, ahora cálidas, seguían en las de él. Y aunque por costumbre quisiese retirarse, la verdad es que se sentía… bien. Su corazón seguía en su lugar y no le sudaban las manos (aunque no podía decir lo mismo de él, considerando que sentía su pulso un poco acelerado en la piel), Natasha no jugaba al amor pero aquello le dejaba una cosquilleante sensación de comodidad. Sin embargo él estaba cerrando el pequeño espacio entre sus rostros, y ella no lo estaba deteniendo.
—¿Puedo hacer el decorado?—interrumpió la somnolienta voz de Nashira.
Y eso es lo que sí logró que el corazón de Natasha latiera con fuerza. Nashira sin embargo, no lucía como que hubiese visto algo fuera de lo normal, a pesar de haberlo hecho; simplemente frotaba uno de sus ojos con una mano y con la otra sostenía el dragón de peluche. En los últimos dos días no lo soltaba.
—¿Alguna vez te he dicho que no?—inquirió Bruce, de manera oportuna. Natasha distinguió el poco nerviosismo en su voz que el Físico no logró ocultar.
Tony estaba revisando uno de los protocolos de defensa de la torre cuando su pequeña entró al laboratorio, Señor Niels en brazos.
—¿Qué tal, princesa? ¿Quieres ayudar a papá un poco?—sonrió el castaño, alzando a su niña en un brazo. Besó su mejilla antes de regresar sus ojos a la pantalla que se desplegaba a casi todo lo alto de la habitación, mientras Nashira rodeaba su cuello con sus brazos.
—¿Qué estás haciendo, papi?—preguntó la pequeña, observando con curiosidad los planos de la torre en la pantalla.
—Bueno, papi está reforzando la torre.
—¿Por qué?
Tony entonces la miró a los ojos.
—Eh… no sé qué tanto recuerdes, princesa—dijo, sosteniendo su diminuta barbilla con suavidad –, pero alguna vez lograron entrar a casa, y no voy a permitir que eso pase dos veces.
—Lo recuerdo—respondió la niña—, tío Hulk estaba ahí.
Tony parpadeó algunas veces ante la mirada inquisitiva de su hija. "Tío Hulk". No sabía cómo se lo tomaría Bruce, tomando en cuenta el empeño que ponía éste en evitar que ella escuchara siquiera el nombre.
—Papá está asustado de que traten de hacerte daño, cariño. Entonces debe reforzar la torre— respondió, intentando desviar el tema del gigante verde.
—¿Por qué no puedo ver al tío Hulk?—preguntó la niña con una mezcla de curiosidad y genuina inocencia.
Tony dejó salir un suspiro. Nashira no se lo estaba poniendo fácil.
—Tío Brucie teme que tío Hulk te lastime por accidente—respondió finalmente, lo que logró ella hiciera un puchero.
—¿Por qué?—preguntó de nuevo, con los brazos cruzados.
—A Hulk le gusta aplastar, y si estás lo suficientemente cerca… Tu tío no quiere arriesgarse— respondió el hombre. Nashira dejó el tema pasar y su padre regresó a verificar los planos, sin bajarla. La habitación estaba en silencio, y ella parecía absorta en sus pensamientos.
Aquello no podía significar nada bueno.
No imaginaba qué rondaba en la cabeza de Nashira, pero se vio distraído por su trabajo, dándole un sorbo a la taza de café que tenía en el escritorio.
—¿Por qué el tío Brucie y la tía Natty no están casados?—rompió el silencio la pequeña.
El castaño casi se ahoga con la bebida, habiendo sido tomado por sorpresa por la pregunta de su niña. Tosió algunas veces para aclararse la garganta. Bruce. Con Natasha. La Viuda Negra, que lo había dejado en la inconsciencia sólo por haber pensado que él haría algo contra su niña. Dudaba que alguien que hubiera coqueteado con ella siguiera con vida.
—¿Qué?— cuestionó torpemente, sólo para estar seguro de haber escuchado bien.
—¿Que por qué los tíos no están casados?—repitió la pequeña, con disgusto. Estaba segura de estar hablando español.
—No es tan simple, cielo—ni siquiera sabía si a Bruce le gustaba Natasha, ¿cómo iba a ser fácil explicarle?—. Para que alguien se case debe haber más que amistad, y… te lo explicaré cuando seas mayor.
—Pero tú estás casado con mamá.
Tony sonrió ante eso.
—Bueno, estoy bastante seguro que le pregunté antes de casarme con ella—contestó con jovialidad. Aquello hizo sonreír a su hija.
—¿Puedo probar café?—preguntó la pequeña, cambiando totalmente de tema. Tony lo pensó un momento antes de pasarle la taza a la menor.
—No creo que te guste, cielo, es amargo— un trago no le iba hacer daño… ¿verdad?
Nashira llevó el líquido a sus labios con curiosidad y después extendió la taza lo más lejos posible, sacando la lengua. Tony no pudo evitar reírse ante el gesto que estaba haciendo su niña y le quitó el brebaje de las manos, depositándolo de nuevo en el escritorio.
—¿Ya desayunaste, princesa?
Nashira asintió, metiendo su lengua de vuelta a su boca.
—El tío Brucie hizo cupcakes y la tía Natty hizo huevo y tocino.
—¿Y mamá?—preguntó el Ingeniero, acomodando un mechón de cabello negro detrás de la oreja de su hija.
—No he visto a mami todavía—respondió la niña.
—Lamento interrumpir, señor Stark, pero me temo que tiene una llamada en espera—resonó la voz de la IA en el laboratorio.
—¿Qué tal si vas a revisar si mami ya desayunó algo y le llevas un cupcake? Si te comes uno se quita lo amargo, princesa— sonrió Tony acariciando la mejilla de su pequeña. No necesitaba que JARVIS le dijera quién llamaba, había una sola persona que podría llamarle.
Una vez su pequeña hubo salido con la lengua de fuera, JARVIS desplegó en el aire la pantalla con la video llamada.
Nick lucía desconcertado, aún si llevaba gafas de sol en lugar de su parche habitual.
—¿Es mal momento para decir "te lo dije"?
—Cierra la boca, Stark.
Y es que, considerando que Fury había insistido en no tener a JARVIS o cualquier inteligencia parecida en su camioneta blindada, Tony sentía imposible morderse la lengua. VIERNES podría haber hecho un buen trabajo. Tal vez unos propulsores habrían ayudado también…
—¿Estás seguro de que ella no está…? —dijo con duda, cambiando un poco el tema antes de que dijese algo de lo que se podría arrepentir.
—¿En los registros? No, Tony, no hay información de ella. ¿Por qué tendría información de una niña de seis años en la base de SHIELD?—el hombre bajó sus lentes dejando al descubierto parte de sus ojos para darle una mirada inquisitiva al Ingeniero—. De cualquier modo esa no es la razón por la que llamé. La agente Hill está en camino a la torre, si consideramos que Romanoff no puede hacer de mediadora entre los Vengadores y el gobierno por el momento.
—Pensé que estabas retirado.
—Y eso es lo que todo el mundo debe pensar, Tony. Como sea, creo haber encontrado una base de HYDRA.
N/A: He aquí el 18 :3 empieza la larga caza por el cetro (y realmente me refiero a larga) Y bueno, también la caza a las bases de Hydra. Y la curiosidad de Nashira por Hulk :3 (que no es que haya sido un secreto para ella, simplemente solo lo ha visto una vez en su vida)
A mis lectores que no lo sepan: subí ya el primer capítulo de la historia que voy a desarrollar cuando ésta se suspenda unos meses, no es exactamente un crossover con La Sirenita pero algo tiene que ver jeje. Aunque un poquito más... ¿cómo describirlo? ¿con un poquito más de contexto? ¿más magia?
A la persona que me dejó el review en el capítulo pasado y a la cual no le puedo contestar directamente (por que no hay botón ;n;), muchas gracias, me alegra mucho saber cuando a la gente le gusta lo que escribo :3
