No era solo una, sino un total de siete bases de las que Nick tenía información, y todavía faltaba una hora para que Hill llegara con los documentos de cada una. Las preparaciones para lo que serían dos semanas de misión tras misión durarían al menos unos días. Tony se estaba preparando mentalmente para lo que se avecinaba, aunque se preguntaba por qué no podían ir de una vez por todas a acabar con Hydra. Entre más pronto acabaran con la escoria era mejor para su pequeña.

Tony se estaba preparando mentalmente para lo que sabía sería una semana de misión tras misión, considerando el hecho de que en el momento en el que atacaran la primera, las demás empezarían a moverse. En realidad no contaban con mucho tiempo antes de que eso ocurriera.

El Ingeniero volvió a desplegar la pantalla con los planos de la torre, todavía insatisfecho, pero supuso que ni toda la seguridad del mundo sería suficiente para proteger a su pequeña princesa. Lo que le recordaba…

— ¿JARVIS?— inquirió al aire. La I.A. no se hizo esperar.

— ¿Sí, señor Stark?

— ¿Pasó algo entre Brucie y Romanoff?— la verdad era que desde que había escuchado a su hija no se lo quitaba de la cabeza.

— Creo que la señorita Nashira se refiere a esto, señor…

En la pantalla apareció una de las grabaciones de las cámaras. Y entonces vio a Bruce, a escasos centímetros de la rusa, con sus manos entre las suyas… y con una pequeña figurita entrando a la cocina. Por supuesto, no pudo evitar reírse ante la expresión de su mejor amigo y la manera acelerada en la que se alejó de la espía.

Y Bruce parecía tener un horrible manejo del tiempo, porque lo vio acercarse al laboratorio con bata y lentes puestos, buscándolo.

— ¿De verdad necesitas que vaya con ustedes?— inquirió el de rizos en cuanto atravesó la puerta de la enorme habitación.

— Bruce, en la torre sólo estamos tú, Natasha, Thor y yo— dijo, rodando los ojos dramáticamente—, y vamos a una base de HYDRA, no es exactamente nuestro comité normal de terroristas.

Por más que Bruce quisiera evitar un código verde, solo eran cuatro personas contra, probablemente, todo un arsenal. Con tres sería un completo desastre.

— Supongo que realmente no tengo opción, ¿verdad?— suspiró el Físico derrotado. Si no podía negociar, entonces prefería cambiar el tema— ¿Cómo va el algoritmo de defensa de la torre?

— Podría ir mejor— se encogió de hombros Tony—. Aunque JARVIS esté a cargo de la Legión de Hierro, su tiempo de respuesta aún no es tan rápido. Disminuí el número de pisos al que tiene acceso el personal, pero quiero asegurarme que nada ni nadie entre sin consentimiento, sobre todo cerca de Nashira… ¿te importaría echarle un vistazo?

—Sabes que no.

Bruce no perdió tiempo y abrió el holograma con un suave gesto de sus manos, empezando a escudriñar entre las mejoras que Tony había planeado para la torre. Terminó por reírse en cuanto vio el elevador, que era por lo pronto lo más evidente en el esquema.

— ¿Enserio, Tones? ¿Quieres poner armas en los últimos quince pisos?— preguntó dirigiendole una mirada incrédula.

— ¡Sólo es el ducto del elevador!— se excusó el Ingeniero—. Es la única forma de que pasen por las puertas principales, al menos.

— ¿No crees que es… demasiado?

Y eso provocó que Tony contrajera el rostro en algo parecido a un puchero. Se encogió de hombros y empezó a revisar el resto de mejoras, tanto como en el protocolo como en protección física.

Dirigía miradas ocasionales a Bruce mientras trabajaba en uno de los algoritmos. Eso solo significaba que tenía algo que decir pero que no encontraba la manera de hacerlo. Finalmente Stark se mordió el labio y al final soltó la pregunta que tenía en la cabeza desde hace horas.

— ¿Has estado coqueteando con Romanoff?— habló despreocupadamente.

— Claro que no, Tony— contestó Bruce, sonrojándose contra su voluntad, pero manejando un tono neutro de voz, ahora viendo sin realmente ver los esquemas. La enorme sonrisa de su mejor amigo no tardó en aparecer.

— ¿Cuánto tiempo?— insistió el otro.

— ¡No estaba coqueteando con ella!

La insistencia sólo lo hacía ruborizar más, como un adolescente enamorado. Tony sabía que tendría la cinta de ese momento grabada en un disco duro para la posteridad.

— ¿Entonces me dirás si esto... — y entonces abrió una captura de pantalla en su Starkpad y se lo extendió a Bruce— ...es la única razón por la cual mi bebé me pregunta por qué ustedes no están casados?— inquirió con una sonrisa maliciosa.

Aquello dejó helado a Bruce en su lugar, eso y el hecho de que Tony tuviese la foto del momento exacto en el que su nariz estaba rozando la de la pelirroja.

— … ¿Ella qué?— balbuceó apenas.

— Me preguntó por qué no estás casado con su tía Natty como si fuese la cosa más obvia del mundo. Ni siquiera sabía que tenías algo con nuestra asesina favorita. Me siento un poco ofendido por no confiarme algo como eso— agregó con una mueca divertida.

Durante el tiempo que conocía a Bruce, éste jamás había mencionado algo sobre mujeres en realidad, y esto era una oportunidad única. Pero de todas las personas, no se imaginó que fuese a sentirse atraído por Romanoff.

— Oh Dios… —. El Físico se dejó caer en una de las sillas, llevándose las manos al rostro, todavía con rastros de tonos rojizos en él.

— Deberías haberla visto, Brucie— continuó Tony alegremente, para disgusto del científico—. Apenas pudo resistir rodar los ojos cuando creí escucharla mal.

— ¿Qué más te dijo?— preguntó el de rizos, apenas atreviéndose a ver a Tony por los huecos entre sus dedos, sin quitar para nada las manos de su rostro.

—Bueno, pues… — su humor alegre pareció desvanecerse un poco, siendo reemplazado por duda—... nada, de hecho. Excepto… — si ya estaba cuestionándolo por Natasha, tal vez debería soltarle todo de una vez—. Ella quiere, eh…

—Tony… —le apresuró Bruce con un poco de impaciencia.

—Quiere ver a "tío Hulk"… — terminó la frase con cautela.

Y si antes el rostro de Bruce estaba tan rojo como un tomate, ahora estaba tan pálido como el papel. Incluso el otro sujeto en su cabeza se sobresaltó un poco. Tony estaba sorprendido de que el rostro de su hermano de ciencia pudiese cambiar tan rápido de color.

—¿"Tío Hulk"…? — inquirió en voz muy baja y parecía haberse quedado sin palabras.

—Eso fue lo que dijo. Honestamente no sabía cómo lo ibas a tomar…

—Pero él no es su tío…— continuó el científico, sin entender del todo el razonamiento de la pequeña.

—Tú eres su tío, él es parte de ti.

—Tony, Nashira no puede estar cerca del otro sujeto. No puede considerarlo parte de su familia. Es… es muy peligroso.

—Brucie, el otro sujeto defendió a mi pequeña, no creo que llegue a lastimarla a propósito, aunque no estoy impaciente por experimentar…

— Y no podemos asegurar que vuelva a hacerlo, Tony. Tendrás que decirle que no.

Y con eso dio por terminada la discusión.


Natasha tocó suavemente la puerta antes de invitarse ella misma a la ya tan conocida habitación. Sabía que era inútil buscar en el piso, entonces dirigió su mirada hacia arriba.

– ¿Cómo va todo allá arriba, arañita? – preguntó ella en cuanto vio a la pequeña niña caminando por el techo.

– ¡Tía Natty! – Nashira se dejó caer justo frente a la espía rusa, quien la atrapó antes de que tocara el piso y la estrechó entre sus brazos.

– Sabes, si sigues caminando por el techo pronto habrá huellas – comentó la pelirroja. Nashira la observó de la cabeza a los pies, tratando de entender el motivo de la visita, hasta que sus ojos se detuvieron en la pequeña mochila negra que portaba la rusa.

– Te vas – reprochó la pequeña.

– Son sólo unos días – se apresuró a decir, viendo el puchero que se estaba formando en sus labios – lo prometo. Volveré antes de que lo sepas, ¿está bien? Es solo que de verdad tengo algo importante que hacer, cielo – Nashira, que hacía poco había perdido contacto con Adam y apenas estaba aceptándolo, no estaba del todo convencida –. Y no me atrevía a irme sin despedirme de ti.

– … Está bien – aceptó finalmente, después de haber sopesado la idea.


Bruce estaba decidido a disculparse con Natasha por lo sucedido en la cocina. Tomó aire y tocó la puerta de su habitación, sin recibir respuesta.

– ¿Nat? – intentó girar la perilla de la puerta, sin éxito.

El Físico se dirigió a la sala común, donde Tony y Nashira estaban en el sillón, viendo una de las películas favoritas de la pequeña.

– ¿Tones, has visto a Nat? – preguntó con nerviosismo.

– Tía Natty no está. Dijo que volvería en unos días – comentó la pequeña, antes de que su padre dijera palabra. Ahora Tony miraba a su princesa.

– ¿Cómo que no está? ¿JARVIS? – preguntó el Ingeniero al aire.

– Puedo confirmar que lo que dice la señorita Nashira es cierto. La Agente Romanoff salió hace unas horas de la torre.

– ¿Sabes a donde fue, JARVIS? – pregunto el Físico mientras se acomodaba las gafas.

– Negativo Dr. Banner, la Agente Romanoff solo dijo que se ausentaría por unos días.

– Gracias JARVIS – Bruce se retiró de la habitación, un poco preocupado.

Natasha ya había intentado irse con anterioridad, pero dudaba que aquel incidente en la cocina fuese lo que terminó por convencerla de irse. Aunque, ¿qué tal si se equivocaba? Quería no pensar en ello, pero la culpa y aquella pequeña posibilidad empezaban a atormentarlo. Tendría que esperar al regreso de la pelirroja (si es que alguna vez regresaba) para disculparse.

Los días fueron pasando uno tras otro, sin noticias de la rusa, y cada vez más cerca de la fecha de la misión. Bruce intentaba distraerse con lo que tuviera al alcance para mantener a raya el nerviosismo, pero se encontró mirando antiguos planos de VERONICA con la intención de perfeccionar los cálculos, pero sin realmente lograr hacer nada.

Hasta que llegó el día de la misión.


Finlandia.

La primera base estaba en Finlandia. Habían pasado ya algunas horas desde que los cuatro héroes habían abandonado la comodidad de la torre. Natasha justo a tiempo, sólo unos minutos antes de partir. No hubo tiempo más que para saludar a su sobrina brevemente y regresar al Quinjet, en compañía de los pocos vengadores que irían en esa misión.

Era obvio que Tony no estaba tranquilo desde que partieron, sobre todo después de la caída de SHIELD… eso y el hecho de que la única persona que se quedó además de Pepper era María. Al menos confiaba en que si sucedía algo sería el primero en saberlo, pero no paraba de morder sus labios con ansiedad.

Por otro lado, Thor lucía aliviado de por fin tener una pista de las bases de HYDRA, junto con la esperanza de encontrar el paradero del cetro de Loki, y para ser sinceros, también parecía feliz de tener un motivo para estirar los músculos. Aunque los mortales no eran rivales para su fuerza, el sentir que hacía algo lo alejaba un poco de la impaciencia que empezaba a sentir. Todo eso se reflejaba en la enorme sonrisa que iluminaba su rostro. Simplemente estaba recargado en uno de los cristales del frente del Quinjet, hablando un poco con Tony sobre el funcionamiento del sistema de autopiloto de JARVIS, del que el semidiós sólo entendía lo básico. Al Ingeniero la charla le estaba ayudando muy poco.

Bruce estaba revisando la información que habían obtenido de Fury unas horas antes, pero cuando se atrevió a mirar con timidez a Natasha, ésta parecía absorta en sus pensamientos.

El Quinjet se sentía vacío sin el equipo completo. Por supuesto, todos habían estado de acuerdo hace años en que Steve era indudablemente el líder de los vengadores. Y las cosas se iban a complicar un poco siendo que no tenían por el momento los ojos de Clint. Ambos llegarían unos días más tarde, pero oh cómo le vendría bien la presencia de su compañero. Al menos así le sería más fácil evitar las miradas furtivas que el Físico dirigía hacia su dirección cada algunos minutos. Mismo científico que ahora le dirigía miradas dolidas y fruncía un poco el ceño al regresar su vista a los archivos. Natasha se sintió un poco culpable por ello, pero ahora mismo tenía algunas cosas en que pensar antes de seguir adelante.

Cuando por fin llegaron, Natasha sintió un gran alivio. Lo que tenía en la cabeza podía esperar. Siempre y cuando tuviera algo que hacer estaría bien. La Viuda Negra siempre estaba bien. Todos parecían compartir el sentimiento. Excepto Bruce, quien parecía estar rogando por que fuera una falsa alarma…

… Eso hasta que vio en el radar siete objetivos grandes. Bruce gimió ante la vista.

Tanques. Por supuesto que debían de tener tanques. Y probablemente montones de hombres armados. No estaban exactamente siendo discretos. Sin embargo, todavía no los habían detectado. El Quinjet aterrizó silenciosamente a trescientos metros de la base, entre los árboles.

—Dime lo que ves, JARVIS— inquirió el Ingeniero mientras activaba los comandos para abrir la puerta del Quinjet.

— Veintiocho torretas subterráneas y cinco torres de vigilancia, señor. Parece que la mayor parte del complejo está bajo tierra — respondió el mayordomo virtual.

— ¿Natasha?

—Es una base pequeña, poca vigilancia y muy próxima a su núcleo. Al parecer confían en su defensa subterránea— contestó ella estudiando meticulosamente el esquema que se desplegaba al centro del Quinjet.

— ¿Y… cuál es el plan?— preguntó Thor, balanceando a Mjolnir entre sus enormes manos, tratando de no verse tan emocionado y fracasando rotundamente.

Y es que Steve era siempre quien daba las órdenes, y quien siempre tenía un plan antes de salir del Quinjet.

— Bueno, podríamos ya sabes, soltarles un frijolito verde encima— bromeó Tony, poniendo una mano en el hombro de su científico favorito.

— No— respondió éste. Tony todavía tenía una media sonrisa en el rostro, la mirada asesina de Natasha, sin embargo, hizo que su sonrisa se desvaneciera del rostro del Ingeniero.

— ¿Ese es tu plan?— dijo la rusa alzando una ceja.

— Si tienes uno mejor, Roja, estoy abierto a sugerencias— concedió Tony haciendo un gesto elocuente con la mano derecha.

Natasha rodó lo ojos, pero parecía tener algo en mente.

— Sólo hay una entrada y las torretas se disparan desde adentro. Puedo intentar llegar hasta el centro de control y desactivarlas. Tú encárgate de los vigilantes. Thor y Hulk pueden encargarse de las torretas y tanques.

Tony aceptó que eso sonaba mucho mejor que su plan. No tardaron en ponerse en marcha. Tony, Thor y Bruce esperaban la señal de Natasha, fuera de la vista de los vigilantes.

—Estoy cerca— sonó su voz a través del comunicador de todos.

Tony iba a murmurar un "Ya era hora" pero lo pensó dos veces.

Thor se elevó en el aire y se dirigió al lado contrario de donde se suponía Natasha estaba encubierta, mientras Bruce, muy a su pesar, se alejó unos metros de Tony y dejó que su piel empezara a adquirir el tono verdoso ya tan familiar. El billonario lo observaba con asombro y empatía; todavía le parecía increíble que su mejor amigo se pudiera convertir en un enorme y musculoso hombre verde, pero eso debía doler. Bruce nunca hablaba de sus transformaciones, pero el hecho de que sus huesos y sus músculos crecieran, se estiraran y engrosaran con esa rapidez debía ser doloroso, si tomaba en cuenta los pequeños rugidos antes de que completara su transformación.

Una vez Hulk estuvo frente a sus ojos, Stark se atrevió a dar unos pasos hacia él. El gigante sólo lo observó con el ceño fruncido.

—Ya sabes, Grandote— sonó su voz metálica por la armadura—, ve a jugar con Ricitos.

Hulk le dio una sonrisa socarrona junto con un bufido y pronto salió disparado con un salto. Esa era la señal de Tony, quien voló con la armadura cerca de donde estaba Natasha. Vieron cómo todos los vigilantes apuntaban hacia el semidiós y a Hulk, y el castaño aprovechó la situación para noquear con los repulsores a los vigilantes de la torre más próxima.

—Cúbreme— escuchó decir a la espía.

Sin embargo no fue necesario cubrirla de disparos, pues los vigilantes estaban muy ocupados intentando contener al gigante verde y al dios del trueno sin mucho éxito. Natasha se infiltró a través de la puerta principal con la ayuda de JARVIS para hackear la entrada. Si fuese cualquier otra persona, Tony no la hubiese dejado entrar sola a una base llena de matones con entrenamiento militar. Pero era Natasha, la espía a la que Fury había considerado como su mano derecha (más o menos), entonces era perfectamente aceptable que estuviera un rato a solas.

Él voló hacia las otras torres de vigilancia, repitiendo la misma maniobra que en la primera, mientras Hulk y Thor estaban muy ocupados encargándose de las torretas que emanaban de la tierra y cuyos disparos eran mucho más efectivos que los de los hombres en tierra.

Por su parte, la espía estaba ocupada en no ser detectada. El problema era que no le estaba costando mucho trabajo. Sólo dos guardias atravesando la primera puerta y tres resguardando el primer pasillo. Esto olía muy mal.

—¿JARVIS?— susurró.

—Mis sensores dicen que la sala de control se encuentra a la izquierda en el siguiente pasillo, agente Romanoff.

Natasha avanzó con cautela a la dirección a la que la IA de Tony había dicho. Toda su experiencia apuntaba a que era una clase de trampa.

Solamente un hombre resguardaba la puerta. Deslizó un taser por debajo de sus pies y el hombre cayó inconsciente al suelo. Entró a la sala de control y fue ahí donde ofrecieron más resistencia. Un hombre apuntó a su cabeza, pero no consiguió siquiera jalar el gatillo. El segundo hombre pensó que era inteligente llegarle por la espalda, pero en cuanto rodeó con un brazo su cuello, ella utilizó su peso para tirarlo al suelo y golpear su cabeza contra él. Fue casi lo mismo con los otros siete hombres más que se encontraban en la habitación, pero ninguno había hecho sonar las alarmas. Con todos los hombres fuera, Natasha se dirigió al panel y desactivó las torretas. Tuvo que suprimir una sonrisa cuando vio la desilusión en el rostro de Hulk por las cámaras, quien tenía la mitad de uno de los cañones en la mano cuando las que todavía estaban funcionando regresaron a estar bajo tierra. Sin embargo, pronto aparecieron en pantalla los tanques y regresó esa sonrisa de satisfacción que siempre tenía cuando había algo que aplastar.

Tony no tardó en aparecer en la habitación.

— ¿Algo interesante?— inquirió.

— No todavía. Las alarmas no se han activado pero no creo que…

Y… ahí estaban. El constante pitido que se propagaba por toda la base no se hizo esperar.

— ¿Tú los pasillos y yo los extremos?— inquirió Tony. Natasha se encogió de hombros y se pusieron en marcha.

Y ahora que el billonario estaba cerca escudriñando cada pasillo (con el sonido de truenos y fuertes rugidos como fondo), ella no se quitaba la inquietante sensación de que algo andaba mal. No podía poner el dedo en qué, pero considerando que no había tantos hombres corriendo en su dirección en el pasillo y Tony no tardaba casi nada entre una habitación y otra, crecía su inquietud. Las cosas nunca eran tan fáciles.

—Creo que encontré tus juguetes— dijo la rusa, abriendo la última puerta del pasillo.

Por fin habían llegado al centro de la base… en la que no había nadie. Ni siquiera el escáner de su armadura detectaba señales térmicas de humanos, solo hileras e hileras de computadoras.

—JARVIS dice que hay unos túneles en el piso que acabamos de bajar. Tal vez empezaron a huir por ahí.

—Efectivamente, amigo Tony. Creo que alcanzo a ver personas a unos cientos de metros de la base— resonó la fuerte voz de Thor en sus oídos.

—Iré a investigar. Haz lo tuyo— dijo Natasha antes de dejar sólo a Tony, sin demostrar la duda que sentía.

Tony asintió y en cuanto ella se hubo ido deslizó el mismo chip que había utilizado por primera vez en el Helicarrier para hackear SHIELD, ahora con el propósito de hacer lo mismo con HYDRA. En cuanto JARVIS tuvo acceso, el castaño se puso manos a la obra.

— Dime que tenemos, J.

— Parece que intentaron borrar la información, señor, pero detuve el proceso y estoy iniciando el programa de desencriptado.

— Tiempo estimado.

— Quince minutos.

— No creo que tengamos tanto tiempo. Deja ayudarte, amigo— y con eso el millonario decidió salir de su armadura y empezar a teclear con rapidez en una de las computadoras. A final de cuentas, no había nadie y la armadura estaba en modo vigía.

Siete minutos después, empezó a escuchar unos fuertes clics alrededor de la estructura de la base.

— ¿Señor…?

— Yo también lo escucho, JARVIS.

Y por fuera debían estar escuchando lo mismo, porque escuchó una voz cautelosa.

—Tony, algo va mal, no hay nadie en los túneles. Sal de ahí— dijo Natasha por el comunicador.

—Tranquila, sólo dame unos segundos más.

—Señor, creo que el edificio se va a desplomar— insistió la voz de la IA.

— ¡Ya casi lo tenemos, J!— respondió él un poco enfadado, tecleando con la mayor rapidez que le permitían sus dedos. Sin embargo apenas tenían el veinte por ciento de la información, principalmente porque seguía parcialmente encriptado.

Entonces toda la estructura tronó al mismo tiempo.

— ¡Tony!— insistió la rusa, con un toque de nerviosismo en la voz que no pudo ocultar.

— ¡Mierda!— murmuró él y regresó a la armadura. El techo empezó a caer con rapidez, sin agrietarse los primeros metros. Tony disparó con el repulsor de su pecho para poder hacer una abertura por la cual pasar, sin embargo eso hizo que se fragmentara la estructura y empezaran a caer grandes trozos de escombros. Esquivó un pedazo de techo grande, casi con elegancia, y así continuó subiendo.

Hasta que no pudo esquivar una de las barras metálicas que sostenían la estructura, que lo golpeó frontalmente a la altura de su estómago, con la suficiente fuerza para abollar la armadura. El aire escapó de sus pulmones con el golpe y no podía detener la caída. Intentó recuperarse rápido, intentando ignorar el dolor punzante que sentía en donde había golpeado la barra y donde sabía que su propia armadura se estaba encajando en su piel.

— ¡J, sácame de aquí!— exclamó el castaño por encima del ruido que hacía toda la estructura al partirse.

Vio cómo su I.A. formaba patrones de escape y lo llevaba más cerca de la superficie. Sin embargo llegó un punto en el que incluso JARVIS no podía escapar de los enormes fragmentos de la fortaleza, y sólo pudo prepararse para el golpe.

Entonces cayó en la inconsciencia.