Las cosas estaban extrañamente lúcidas para cuando volvió en sí. Bruce recordaba relativamente con claridad la voz de Natasha al exigirle a JARVIS la posición de Iron Man, unas enormes manos verdes y el brillo dorado y rojo de una muy dañada armadura. Aun así, las náuseas y el dolor que siempre le acompañaban después de una transformación no estaban ausentes, incluso se atrevería a decir que estaban ahí con mayor fuerza.
Pero eso no era importante ahora.
"Hombre de metal. Herido", escuchó en su cabeza.
–Tony… – murmuró mientras se incorporaba con torpeza.
La rusa y el semidiós lo observaban con algo de asombro, mismo que no notó al acercarse al bulto que se encontraba frente a Natasha, quien estaba en sus rodillas.
–Está vivo– se adelantó ella, dándole espacio al Científico.
El rostro de Bruce se contrajo en una mueca de terror. En el piso yacía su mejor amigo (a veces el único) con parte de la armadura plateada en aquellos lugares que las piedras habían desprendido la pintura, y abolladuras donde no deberían estar. Le preocupaba sobre todo la enorme abolladura que se encontraba en el área del estómago y en sus costados.
–JARVIS, dame un informe de daños… – logró musitar a pesar del dolor y el pánico que lo inundaba.
–Me temo que no puedo hacer eso, Doctor Banner, mis escáneres en la armadura están dañados.
– ¿Qué pasa si abres la armadura?– inquirió Thor.
–El señor Stark podría desangrarse– contestó la I.A., con toda la preocupación con la que una inteligencia artificial podría expresar–. Sin embargo creo poder efectuar un escaneo en el Quinjet.
–Thor, ¿crees poder cargar a Tony sin agitarlo?– preguntó Natasha.
El dios del trueno simplemente asintió, y con el mayor cuidado posible levantó al Ingeniero del suelo, tratando de no agravar su estado. Bruce intentaba avanzar al paso del hombre rubio pero las piernas le temblaban, el dolor era casi insoportable y el mareo era aún peor. Natasha le tomó de un brazo y suavemente lo colocó sobre sus propios hombros para ayudarlo a avanzar; el Físico la miró confundido.
–Vamos, Bruce. Ya casi llegamos– musitó ella con voz suave mientras caminaban con un paso más firme.
Bruce decidió no darle muchas vueltas, Tony era lo que importaba en el momento.
Thor depositó con cuidado a Tony en la camilla del Quinjet, que estaba siempre ahí para emergencias. Bruce se acercó a él para retirarle el casco y Natasha se instaló con rapidez en el asiento de piloto, con la intención de que llegasen a casa lo más rápido posible. JARVIS escaneó la armadura en cuanto la puerta trasera de la nave se hubo cerrado.
–El señor Stark tiene dos costillas rotas, una de ellas está presionando los pulmones y puede que termine por romperlo. La armadura evita que se desangre en donde penetró el metal.
– Manda el informe a Maria y dile que necesitamos médicos en la torre, JARVIS– dijo Natasha mientras maniobraba para mantener estable la nave y ganar velocidad.
– ¿Qué hay de lady Pepper y la señorita Nashira?– preguntó Thor.
– No creo que sea prudente que Nashira lo sepa– contestó Bruce con debilidad–, pero Pepper deberá estar enterada por cualquier cosa y para no tomarla por sorpresa cuando lleguemos.
Todo el camino de vuelta Bruce estuvo revisando la respiración de Tony y poniendo especial atención en que sus costillas no perforaran el pulmón siendo que no podía sacarlo de la armadura aún.
Las cosas sucedieron muy rápido cuando entraron a la torre. Maria se las había arreglado para que todo el grupo pudiese pasar desde el hangar hasta el piso destinado a ser un mini hospital sin ser vistos, y para conseguir a los mejores médicos a los que SHIELD tenía acceso antes de su caída. Si la pequeña niña de Stark veía a cualquiera sabría que llegó su papá. Y, oh, entonces sería el pandemónium.
Bruce seguía al grupo ya menos adolorido, con una blanca camisa cubriendo su antes torso desnudo, con el rostro inundado por la preocupación.
Se colocó a Tony en una mesa metálica, y se le pidió al Físico que ayudara a abrir la pesada armadura, que a pesar de los esfuerzos de JARVIS, sólo se había abierto parcialmente. Las ágiles manos del Científico maniobraban con los tornillos y con los bordes de la armadura que se aferraban de manera dolorosa al cuerpo del ingeniero. Intentaba con todas sus fuerzas que sus manos no temblaran y retiró con cuidado y por último el lugar en donde la armadura se había hundido en el cuerpo del billonario.
Un borbotón de sangre emanó del cuerpo de Tony para disgusto de Bruce, cuyas manos se tiñeron del cálido líquido, pues el trozo de metal había servido como tapón. Los médicos levantaron el cuerpo pálido del hombre y lo trasladaron a una camilla de cirugía, justo en ese momento empezó a tener dificultades para respirar.
El movimiento había hecho que la costilla de Tony perforara el pulmón y éste se había colapsado. Los escáneres de JARVIS, que estaban en un panel en la pared, mostraban que el corazón del billonario latía ahora con rapidez. Los médicos se apresuraron a trabajar y Bruce fue conducido con rapidez hacia la salida, sin hacer caso a su protesta desesperada para quedarse, quería asegurarse... necesitaba saber que su mejor amigo estaría bien.
Pero la puerta se había cerrado. Sentía el corazón en la boca y estaba sudando frío. Abría y cerraba repetitivamente los puños, sentía seca la garganta caminaba en círculos frente a la puerta, se mordía el labio con nerviosismo; los minutos pasaban en tortuosa lentitud… ¿Qué le diría a Pepper y a Nashira si le pasaba algo a Tony? El sólo hecho de imaginarse el rostro de la pelirroja que lo había acogido en su propia casa encogiéndose en dolor, el hecho de imaginarse a la pequeña de ojos azules sin entender por qué su padre no despertaría… eso hacía que fuese mucho más difícil respirar y sentir nauseas.
–Bruce– dijo una voz femenina al final del pasillo. Él no se dio la vuelta, con la vista todavía clavada en la puerta que tenía frente a sí–. Bruce, respira–. Esta vez se escuchaba más fuerte. Era más real.
El hombre se giró con lentitud y dejó sus ojos hundirse en aquellos orbes verdes que le miraban con preocupación. O quizá simplemente estaba alucinando. Finalmente no lo soportó más y abrazó a la pelirroja con desesperación, olvidando que tenía un poco de sangre en las manos.
A Natasha no pareció importarle que el Físico manchara su ropa de sangre y se aferrara a ésta con los puños cerrados, ni la manera en como el cuerpo del hombre la envolvió, tembloroso y jadeante.
–Está bien. Él va a estar bien– dijo con suavidad, rodeando con un brazo el cuerpo masculino, alzado el otro brazo para poder pasar su mano por esos imposibles rizos que seguían llenos de polvo y escombros.
Bruce tenía hundida la nariz en el cuello de la pelirroja, inspirando su aroma, intentando inhalar y exhalar con regularidad en lugar de las rápidas respiraciones que le oprimían el pecho. Posiblemente estuviera mal hacerlo, pero necesitaba algo… no, alguien a quien aferrarse. Tal vez podría acostumbrarse de nuevo a la distancia que había entre ellos cuando todo acabara, pero por lo pronto de verdad la necesitaba.
Poco a poco su respiración fue controlándose, poco a poco relajándose, aunque sin olvidar las circunstancias que lo habían llevado hasta ahí. La mano de la rusa todavía estaba hundida en su cabello, proporcionándole suaves caricias. Bruce aflojó el agarre que tenía en la ropa de Natasha, y miró hacia abajo, descubriendo que estaba manchada de sangre.
–Lo siento– suspiró.
–Está bien. Sólo es ropa, Bruce.
Él se separó un poco para verla a los ojos. La delicada mano que estaba en sus rizos resbaló hasta su pecho, donde Natasha distinguió que el pulso se sentía fuerte pero no rápido.
De todas maneras ella podía distinguir también la ansiedad que todavía se filtraba en aquellos achocolatados ojos.
–Vamos, necesitas sentarte– murmuró sin separar sus orbes verdes de aquellos marrones.
–No… no creo poder– respondió él en un murmullo. Ella sonrió de lado, sin que la sonrisa llegara hasta sus ojos, pero con… dulzura.
–Bruce, vas a hacer un hoyo frente a la puerta.
Y entonces se dejó arrastrar hasta las sillitas de espera. Y necesitaba un baño si quería poder entrar a ver a Tony, pero no se atrevía a despegarse hasta tener noticias de él. Temía encontrarse con una mala noticia si se iba por unos momentos y regresaba. Perdió la cuenta del tiempo que pasó mirando a la pared o viendo de reojo a la pelirroja que se sentó junto a él, sólo para verificar que seguía ahí. Thor estaba charlando con Pepper unos pisos arriba, informándole la situación, mientras Nashira jugaba con Hill. Pasó algún tiempo, pero cuando el médico salió de la sala de cirugía, ambos se levantaron cual resorte.
– ¿Cómo está?– habló Bruce primero en un suave susurro, bastante agotado emocionalmente. No se imaginaba como estaba llevando las cosas Pepper en los pisos superiores, y sin decirle nada a Nashira.
–Estable, pero no sabemos cuándo va a despertar– respondió el médico sin sonar pesimista. Era buena señal–. Está muy débil, tenía múltiples heridas internas, incluyendo el pulmón perforado y la incisión en el torso, más una leve contusión en la cabeza. Tal vez en unas horas puedan verlo– añadió antes de retirarse.
Natasha le dio una palmadita en el hombro.
–Ve y date un baño. No te dejarán entrar si las enfermeras te ven así–. Él la miró con la duda todavía nublando sus ojos–. Prometo quedarme fuera de su habitación.
–Cariño, vamos a ir a ver a papá– dijo Pepper aparentando la mayor tranquilidad posible.
Por supuesto, cuando Thor le contó la situación había caído casi en la histeria, y por supuesto, el semidiós había intentado consolarla antes de que ella subiera de nuevo con su hija, que se encontraba jugando a los agentes con Hill. Era evidente que no lograba engañarla del todo, pues sabía que algo estaba pasando, simplemente la pequeña no sabía qué.
– ¿Papá está aquí?– preguntó la niña con curiosidad. No era bueno, empezaba a entender que algo no muy bueno estaba sucediendo.
– ¿Recuerdas las heridas de guerra de papá?–. Nashira asintió–. El día de hoy adquirió una muy grande, pero estará bien– aseguró la pelirroja, en realidad sintiendo que le estrujaban el corazón–. Papá es fuerte.
Y tener a alguien más pequeño que cuidar significaba ser más fuerte de lo que realmente eras, pensó Pepper y entonces se tragó las lágrimas que estaba por derramar con tal de que su niña lo tomara de la manera más fácil posible. Como aquella vez que Thor había regresado con algunos cortes en sus brazos y la pequeña, de entonces cuatro, se había asustado al verlo. Y entonces no dejó de preguntar si el tío Thor estaría bien hasta que su tío Bruce había terminado de vendarlo.
La fabulosa idea de llamarlo "heridas de guerra" había sido de Natasha. Tenía a la niña de ojos azules en su regazo, y le había explicado que las heridas no eran tan malas… a lo que Nashira la miró con incredulidad, todavía preocupada.
–Son signo de que sobrevivimos, de que somos fuertes– había dicho entonces la rusa.
Y entonces cada vez que descubría una herida antigua en el brazo de alguno de sus familiares, pedía la historia de cómo la habían obtenido.
Pepper y su hija bajaron hasta el cuartito de hospital, rumbo a la habitación de Tony. Natasha se había ocultado en el siguiente pasillo, pensando que no era prudente que su sobrina viese su blusa manchada de sangre, sin alejarse de la habitación de Tony, tal como había prometido a Bruce. Cuando Pepper abrió la puerta, Tony yacía en la cama. Las pequeñas heridas en su rostro eran lo de menos, considerando que tenía vendado casi todo el torso y el tono de su piel era pálido. Los cortes en sus brazos y las manchas de tonos violeta adornaban todo su cuerpo, pero al menos se le veía tranquilo y su pecho subía y bajaba por sí sólo. Nashira y Pepper pasearon su vista por la bolsita con medicina que estaba colgada, misma que se deslizaba por el tubo que se perdía en el brazo de Tony.
–Mami, ¿por qué papá no despierta?– preguntó la pequeña, con evidente tristeza. Jamás había visto a su padre así, ni a ninguno de sus "tíos". Pero su madre sabía que negarle el poder verlo sería mucho peor.
–Sólo está cansado, cariño– respondió ella, a punto de llorar al escuchar así a su niña, aunado a su creciente preocupación. Claro, JARVIS dijo que no tardaría en despertar, pero siempre, siempre se preocuparía por su esposo. Y los "qué tal si" abundaban en su cabeza. En secreto, temía que no llegara a despertar.
Acercó una silla a la cama, sentándose con su pequeña en el regazo, acariciando con extremada delicadeza el cabello de su esposo. Nashira no podía despegar la mirada de los vendajes. Así pasaron veinte minutos, Pepper acariciando la espalda de su pequeña y el rostro de su esposo, Nashira acurrucándose en el cuerpo de su madre, pendiente de su papá.
Las pestañas de Tony temblaron, sus párpados se entreabrieron un poco, frunciendo el ceño ante la luz de la habitación, luego los abrió un poco más e intentó incorporarse, cosa que le hizo soltar un quejido.
–Shh, vuelve a la cama– escuchó decir a Pepper, que colocó suavemente una mano en su pecho y lo obligó a recostarse de nuevo.
–¡Papi!– chilló la pequeña, con el rostro iluminado de alegría. Hubiese saltado en su pecho, de no estar tan preocupada por los vendajes.
–Hola, princesa... – murmuró Tony, acariciando débilmente la mejilla de su niña, sorprendido por lo adolorido y cansado que se sentía. Apenas y recordaba lo que había pasado.
– ¿Cómo te sientes?– preguntó Pepper, ambas lo miraban a los ojos. Su esposo tomó su mano y besó el reverso de ella con debilidad. No es como si su cuerpo fuese a responder de otra manera.
–Estoy bien– mintió. Todo le dolía pero al menos estaba vivo. Dedicó una sonrisa sincera a ambas–. Sólo… yo… – todo empezó a darle vueltas, los bordes se volvían negros.
Y entonces cerró los ojos.
N/A: He vuelto :3 y siento que me quieren ahorcar un poquito (y digo siento porque es solo lo que puedo asumir x3) Ahora tengo tiempo libre, entonces si la creatividad y la inspiración vienen a mi prometo actualizar con más frecuencia, o al menos lo intentaré.
A Latexohpo: Si lees esto, no tienes idea de cuanto me hiciste reír con lo del "Libro Vaquero".
A los que esperan el 3 de "De Sirenas y Dragones", vamos chicos, ¡sólo falta un mes para actualizar!
Nos seguimos leyendo ;3
