Apenas eran las seis de la mañana cuando algunos pequeños rayos de luz comenzaban a filtrarse por los reducidos espacios que había en las persianas que daban a la habitación de Tony. Bruce lo miraba desde las sillas que habían sido su única compañía durante la noche. Era evidente que el científico no había pegado el ojo; sus ojeras eran más profundas de lo habitual y no, seguramente no era porque estuviera enfermo. Su mirada, a pesar de verse cansada, no dejaba de apuntar hacía su mejor amigo, pero parecía que en algunos momentos no se concentraba sólo en él, sino que se perdía de manera indefinida en sus pensamientos. Lo ocurrido en la base de HYDRA, el haber tenido que tranquilizar a Nashira y, por supuesto, el beso aquél con Natasha…

Y de pronto se sintió inquieto. Por supuesto, más de una vez se había descubierto admirando aquellos orbes verdes, o imaginando el tocar esos labios que siempre parecían ser color escarlata, o el simple hecho de querer inhalar el aroma de sus cabellos y su piel sin inhibiciones. Y claro que le daba curiosidad, era un científico después de todo, pero suponía que era una simple hipótesis, un enorme conjunto de "que tal si" de su no tan discreta atracción hacia la pelirroja; siempre fuera de su alcance, siempre enigmática. Ni en sus mejores sueños suponía que tendría realmente la oportunidad de probar sus labios (o de vivir para contarlo).

A su parecer ya era demasiado el tener un amigo, un hogar, personas a las que consideraba su familia pero… ¿en realidad estaba bien querer más? ¿Estaba bien aunque sentía que Natasha merecía a alguien mejor, alguien sin "otro sujeto"? En su cabeza, el estar con ella era como una fantasía, demasiado improbable, demasiado irreal.

Confundido era poco para expresar el sentir del Físico.

—¿Dr. Banner?

La voz que JARVIS interrumpió el hilo de pensamientos de Bruce.

— ¿Qué pasa? ¡¿Tony está bien?!— exclamó un poco exaltado, recordando momentáneamente el por qué estaba en ese lugar.

— El señor Stark se encuentra bien, pero solicita su presencia en la habitación— concluyó la IA y Bruce se percató de la mirada penetrante y la sonrisa burlona de Tony, como si hubiese hecho una inocente travesura.

— No me voy a escapar, Brucie— dijo el susodicho una vez su compañero de ciencia estuvo dentro de la habitación—. No tenías que cuidarme toda la noche.

— Pero… estabas dormido. ¿Cómo…?— inquirió Bruce mientras se sentaba en la silla cercana al Ingeniero.

— Desperté de a ratos— sonrió de nuevo éste—. Tuve que preguntarle a JARVIS porque no estaba realmente seguro. Tengo la certeza de haber alucinado hace unas horas.

Ante eso los labios de Bruce se curvaron ligeramente.

— ¿Cómo te sientes?— preguntó con genuino interés.

— Como si me hubiera arrollado un tren, sólo que sin la armadura. Pero podría preguntarte lo mismo, te ves terrible— afirmó Tony con una mueca, percatandose de las ojeras y el enrojecimiento al borde de los ojos de su mejor amigo.

— Gracias, Tones. Era justo lo que necesitaba escuchar— respondió Bruce con sarcasmo y suspiró pesadamente—. Estoy bien, ayer fue un día difícil. Es todo.

Y no mentía realmente. Todavía no podía digerir todo lo ocurrido el día anterior, pero el hecho de que Tony estuviese despierto y pudiese mantener una conversación coherente aligeró la enorme carga en sus hombros.

— Deberías ir a dormir, Bruce. En serio.

— ¿Estarás bien?

Tony se limitó a mirarlo con fastidio antes de rodar los ojos.

— Bruce…

— De acuerdo, de acuerdo— aceptó el Físico levantándose de la silla, discretamente dando un vistazo a las máquinas que mostraban el estado de Tony.

De cualquier manera y aunque no quisiese admitirlo, entre la hora que pasó dando vueltas en la cama y las miradas nerviosas y frecuentes a la habitación de Tony, Bruce se sentía agotado. El Ingeniero sonrío cuando Bruce salió de la pequeña habitación de hospital y cerró la puerta con cuidado.

— J, ¿podrías decirle a Happy que me traiga Shawarma? Muero de hambre.


Alrededor del mediodía, la puerta del salón principal se abrió para dejar ver a un aparentemente molesto —y bronceado— Clint Barton, que arrojó su maleta al sillón, vestido todavía con ropa veraniega.

— Es increíble. Me voy unas semanas y todo se sale de control— comentó entre dientes antes de tirarse al enorme sofá.

Una melena dorada se asomó por entre el espacio que separaba el salón de la cocina.

— Efectivamente, mi ágil amigo. Los últimos días han sido caóticos— resonó la voz de Thor en la estancia. El semidiós, que no reparó mucho en la llegada del arquero, se encontraba sentado en la barra devorando una caja de pop-tarts entera.

— Pudieron haberme llamado. Tenemos teléfonos— respondió, ignorando por completo que el rubio en realidad no tenía teléfono.

— Lo tenías apagado— se unió una tercera voz. Natasha entraba al salón—. Es bueno que estés de vuelta.

— Bueno, no fue exactamente como planeé mi regreso. ¿Dónde están los demás?

— La señora Stark y Nashira se encuentran con el señor Stark. El Doctor Banner está en el laboratorio. El Capitán Rogers viene en camino junto a Sam Wilson y requiere un poco de asistencia médica— respondió la IA.

— ¿Acaso todo el mundo está herido aquí?— preguntó Clint mirando a Natasha.

— Yo no— exclamó Thor sonriendo inocentemente y alzando una lata de cerveza antes de llevársela a la boca. Barton lo miró por un breve momento con incredulidad.

— Pop-tarts con cerveza. Ahora lo he visto todo— dijo el arquero de modo que sólo lo escuchara su compañera.

— Déjalo en paz, Clint. Será mejor que vaya a avisarle a Bruce— suspiró ella, más para sí que para los otros dos—. ¿Qué tan "poco" es poco, JARVIS?

— Mis datos indican que el Capitán Rogers tiene un corte profundo en una pierna que puede que haya llegado hasta el hueso, pero conociendo los métodos del Doctor Banner y la rápida recuperación del Capitán, probablemente sólo requiere de sutura.

— Iré a cambiarme, tal vez llame a Fury— resopló Clint y miró a la pelirroja—. ¿Te parece si me ayudas a entrenar por la tarde?

— ¿Realmente estás preguntando, Barton?— respondió ella con una sonrisa y luego le dio un codazo juguetón a su amigo antes de marcharse.


— Y ahí están mis dos chicas favoritas— sonrió Tony con el rostro iluminado en una enorme sonrisa que apareció cuando su esposa e hija entraron a su habitación.

Una bandeja con comida descansaba sobre sus piernas, y el Ingeniero la ignoraba por completo. En lugar de ello, se dejó consentir por su pequeña, que saltó a la camilla justo a su lado, intentando abrazarlo sin lastimarlo.

Pepper, por otro lado, había pensando en los pros y los contras de que Nashira visitara a su padre, en caso de que Tony decidiera desmayarse de nuevo en el momento menos oportuno. De cualquier forma su alegría era sincera al ver a su esposo con más energía y por lo menos lo suficientemente lúcido para que le hubiesen llevado comida sólida, la cual estaba sin tocar. Conociendo a su marido, podría jurar que Tony deshizo una mueca de asco antes de que ellas llegaran.

— ¿Te quedarás despierto esta vez o volverás a asustarme de muerte?— inquirió con una mano reposando en su cadera, evidentemente todavía afectada por lo que pasó.

— Oh vamos, linda. ¡No fue mi culpa!— replicó el Ingeniero con su pequeña en brazos. Pepper se inclinó y depositó un suave beso en sus labios, demasiado breve para su gusto, pero lo suficiente para hacerlo sonreír—. Podría intentarlo otra vez si con eso me besas de nuevo— bromeó.

— ¡Tony!— exclamó Pepper y estuvo tentada a darle un pequeño golpe, pero con su niña en medio y el hecho de que podría matarlo accidentalmente, se abstuvo—. ¡Hablo en serio, Stark!

— Mami— intervino Nashira— ¿puedes besar a papi otra vez?— preguntó con voz preocupada.

Pepper y Tony se miraron y no pudieron reprimir una pequeña risa, antes de besar las mejillas de su pequeña.

— Estoy bien, cielo. Sólo estaba jugando.


Natasha hizo el trayecto hasta el laboratorio favorito de Tony de manera automática, insertando el código de seguridad en el panel para poder ingresar. Sorteó el primer pasillo lleno de repisas con instrumentos como de costumbre, pero cuando viró para entrar por completo al lugar, se encontró con el Científico reclinado en una de las sillas, con la cabeza al borde del respaldo y los brazos cruzados, perdidamente dormido.

Fuera cual fuese la razón por la que, de entre todos los lugares, él hubiese elegido para descansar el laboratorio, Natasha estaba segura de que no había manera de que estuviese cómodo. Tenía los rizos alborotados y la misma ropa de la noche anterior. Ella estaba a punto de girarse y dejarlo descansar cuando la voz de JARVIS irrumpió, claramente con la idea opuesta.

— Doctor Banner, el Capitán Rogers acaba de ingresar a la torre— dijo la IA, no en su volumen normal pero lo suficiente para despertar a Bruce sin asustarlo y lo suficiente para formar una mueca en el rostro de Natasha.

— Uh…— musitó el Físico adormilado, sin percatarse todavía de la presencia de la espía— ¿Qué sucede, JARVIS?

— El Capitán Rogers sufrió una herida que tal vez requiera de un trabajo de sutura. Pensé en llamar al personal médico que está atendiendo al señor Stark, pero tratándose del Capitán…

— No. Está bien, JARVIS. Ahora bajo— interrumpió Bruce, frotando su rostro para terminar de despertar.

— Bruce, no tienes que hacerlo— intervino la suave voz de Natasha—. Una de las enfermeras puede ayudar a Steve.

Hasta entonces el pobre hombre se dio cuenta de que tenía compañía, y no sólo eso, sino que la compañía era la persona que, había descubierto, convertía su cerebro en mermelada.

— No, no. Está bien. Yo… eh… yo lo hago— respondió Bruce con nerviosismo, apartando la mirada de la pelirroja y poniéndose de pie con torpeza.

— Bruce— musitó Natasha tomándolo de la muñeca antes de que él pudiera alejarse.

— Está bien, de todas formas nadie tiene permiso para manejar la sangre de Steve…— y estaba comenzando a balbucear, hasta que la mano de Natasha soltó su muñeca y se posó en su barbilla para obligarle a mirarla.

Los ojos amielados por fin miraron los verdes, que le inspeccionaron brevemente antes de que los dedos resbalaran desde su barbilla hasta su pecho, donde Bruce sabía que ella podría sentir su corazón latiendo con fuerza.

— Deberías ir a descansar— dijo ella sin apartar la mirada, como una orden. El cansancio en el Físico era demasiado evidente.

— Pero Steve…

— Steve va a estar bien— aseguró la rusa.

— Estoy bien, Nat. En serio, sólo son suturas…—. Natasha arqueó una ceja, claramente poco complacida por su respuesta. Él carraspeó—. Prometo dormir después.

— Ni se te ocurra romper esa promesa, Doc. No creo que te lleve a nada bueno— dijo ella con una traviesa sonrisa, justo antes de alejarse un poco de él—. Ve a ser un héroe.