—¡Ah, no! Hay muchas habitaciones disponibles como para que Capipaleta tenga que invadir la mía, Brucie.

Tony, que ahora mismo tenía un gesto que no tenía que envidiarle nada a un niño haciendo una rabieta, se encontraba cruzado de brazos en su cama mientras el rubio se acercaba cojeando a uno de los sillones más apartados de la habitación. Evidentemente no tenía humor para ponerle atención al Ingeniero.

—La tuya ya está esterilizada, Tones— dijo el Físico que lucía su perfecta bata blanca sobre la ropa holgada que llevaba puesta desde la noche anterior, sin prestarle atención al puchero de su amigo, pues su vista estaba fija en una lista de suministros. Deslizó el lápiz en las casillas que marcaban el nombre de los que iba a tomar y luego dejó el papel a un lado para prestar atención al rubio—. ¿Cómo te sientes, Steve?

—No creo que esté tan mal como hace unas horas.

Bruce paseó la mirada por la venda que cubría la pierna del súper soldado, que estaba impregnada en sangre.

—Sí… Eso no se ve bien. Déjame revisarte— desató con destreza y sumo cuidado las vendas, que ya estaban pegadas a la piel por la sangre.

Steve dio un ligero respingo cuando la venda fue despegada directamente de la herida, pero evitó quejarse para no sobresaltar al amable doctor. Bruce examinó la herida y comprobó que estaba cerrando y que, al menos, el hueso ya no era visible. Procedió a limpiar y suturar para evitarle al súper soldado una posible infección. Por supuesto, Steve tenía todas esas asombrosas defensas que le impedían enfermarse o emborracharse, pero prefería no experimentar y dejar de derramar su sangre por todo el piso. Cuando hubo terminado, recogió todos los desechos y abrió un pequeño compartimiento en la pared, depositando todo ahí.

—JARVIS, ¿te importaría incinerarlo?


—¿Tía Natty?

La suave voz de Nashira regresó a la realidad a la rusa y recordó la taza de café en sus manos, fría desde hacía rato. Habían pasado ya unas horas desde que Steve había vuelto a la torre, y Natasha no recordaba el tiempo que llevaba mirado la pared de la cocina.

—Hola, cariño— respondió componiendo una dulce sonrisa, misma que usualmente sólo le permitía ver a la pequeña.

Nashira se acercó a la mesa, se elevó unos centímetros y se dejó caer en la silla a lado de la de su tía. Natasha no tardó en estrecharla entre sus brazos y darle un delicado beso en la frente. La pequeña devolvió el abrazo, antes de arrugar la nariz y la frente al ver el contenido de la taza medio llena, como si fuera el veneno más peligroso del mundo.

—¿Por qué querrían beber eso?— comentó su sobrina.

Natasha sabía la historia del café y su padre, aún si el motivo fue verla correr con una expresión de disgusto absoluto y sin intenciones de volver a meter la lengua en su boca.

—No es tan malo como se ve.

—Pero es amargo, tía— respondió la niña con el tono de voz que alguien usaría para decir que no deberías intentarlo nunca. Era evidente que se contenía para no rodar los ojos—. Papá quiere verte.

—Y yo que pensé que eras tú quién quería verme— exclamó la pelirroja llevándose una mano al pecho dramáticamente, fingiendo sentirse ofendida.

—¡Vine a verte!— exclamó a su vez la pequeña, rodeando con sus brazos a la rusa— ¡Papá le dijo a JARVIS que te dijera pero yo quise hacerlo!— agregó con un puchero.

—Está bien, te creo— contestó Natasha con una sonrisa traviesa—. ¿Y qué quiere tu padre?

—Un favor—. Nashira la miró a los ojos, sus negras pestañas resaltando en el mar de azul.

—Y supongo que no te dijo qué favor, ¿verdad?— cuestionó la rusa y la niña sólo negó con la cabeza—. Está bien, iré a ver que quiere, arañita.


No mucho después Natasha caminaba en el largo pasillo blanco que conducía a la habitación temporal del Ingeniero. Era impresionante cómo en un mismo edificio podía darse el lujo de tener un pequeño hospital, pero después de algunos años viviendo con Tony no parecía algo imposible. Al llegar ni siquiera se molestó en tocar, las persianas estaban abiertas y sabía que Stark la vio venir antes de llegar frente a la puerta. Una vez adentro, se instaló en la silla que había a lado de la cama.

—¿Cómo está Rogers?— preguntó inesperadamente el millonario.

Natasha arqueó una ceja pero dejó pasar el repentino interés hacía el soldado.

—Sobrevivirá— dijo ella con una media sonrisa—. ¿Sabes? Sería más sencillo si sólo pidieras disculpas, Tony.

—No es tan simple— respondió él y por un momento la miró a los ojos antes de desviar la mirada—. Aún así, no fue por eso que le pedí a Nashira que te pidiera venir— agregó encogiéndose de hombros en un intento de mantener la ligereza en la conversación.

—Te escucho.

Natasha se recargó en la silla mientras se cruzaba de brazos intentando llegar a una zona de confort. Sospechaba que no le gustaría lo que fuera que Tony dijera a partir de ese momento.

El Ingeniero parecía estar sopesando en su mente cómo expresar lo que quería con tanta urgencia. Finalmente decidió que ser brutalmente honesto era la mejor opción.

—Quiero que entrenes a Nashira.

Oh, sí. Definitivamente no le gustó a la espía. Sintió sus cejas unirse contra su voluntad, e indagó en los ojos marrones frente a ella, buscando un atisbo de la usual actitud juguetona del genio, pero no encontró nada más que determinación. Tony debía estar alucinando. Sin pensarlo mucho, el dorso de su mano voló a la frente del hombre, pero él la alejó como si se tratara de una mosca.

—No estoy loco, Natasha— habló él imitando su ceño fruncido, aunque casi enseguida cambió su expresión por una casi suplicante— ¿Por favor?

—Tony…— musitó ella, y sabía que él podía ver la confusión escrita en su rostro. Una triste sonrisa se dibujó en la cara del castaño.

—Me di cuenta de algo importante el día que me cayó un edificio entero, Natasha. Creí que moriría, que si de verdad dejara de existir, no podría protegerla— explicó él con seriedad—. Eras la única a la que confiaría algo como esto.

—Pero, Tony… ¿Yo? ¿Entrenando a Nashira?— el hombre asintió— Es… es muy pequeña todavía.

—Y eso es justo lo que me preocupa. Mira, Nat… yo… yo no puedo arriesgarme a perderla. No quiero arriesgarme a perderla— su mirada se desvió brevemente hacía las sábanas que cubrían su cuerpo—. No tiene las herramientas para defenderse, y ese día entendí que aunque ella es lo que más quiero, no puedo estar todo el tiempo a su lado. Eventualmente llegará el momento en que esté en peligro y yo no estaré. Y si algo le pasa porque nunca conoció el mundo exterior no voy a perdonármelo.

—¿Estás seguro?— inquirió la espia, y la mirada de Tony no dejaba lugar a dudas. No pudo evitar el suspiro que escapó de sus labios—. Lo voy a pensar.

Tras eso, Natasha se levantó del asiento y se dirigió a la puerta. Sin embargo se detuvo antes de salir.

—Sólo tengo una pregunta— se giró para verlo y después de la pausa continuó:— ¿Por qué yo?

—Porque has estado en su lugar— contestó él sin pensarlo—. Te estoy confiando lo más valioso de mi vida porque sé que no la lastimaras jamás.

La rusa sólo lo miró por unos momentos más buscando un atisbo de mentira en sus ojos, pero se vio obligada a creerle y después de eso, se perdió en el blanco pasillo.


Bruce había hecho lo que Natasha le había dicho y se había ido directo a la cama después de curar a Steve, por miedo a lo que podría suceder si se atrevía a romper aquella pequeña promesa. Estaba exhausto de todas formas, y cuando su cabeza tocó la almohada no se enteró de nada más.

Parecía que habían pasado unos cuantos minutos apenas cuando escuchó un ligero golpeteo en su puerta, no obstante la luz brillante que se podía distinguir entre sus cortinas ahora tenía una tenue coloración anaranjada.

—Un segundo— logró murmurar una vez que se puso de espaldas y se frotó el rostro en un intento de despertar realmente.

Miró el despertador a un costado de su cama. Eran las seis de la tarde y por lo menos se sentía menos exhausto que cuando se dejó caer en la cama por la mañana. Quien sea que estuviera en su puerta estaba siendo realmente paciente, considerando cuánto tiempo tardó en llegar a dicha puerta. Cuando la abrió, sin embargo, tuvo el estúpido impulso de cerrarla sin llegar a hacerlo realmente.

—Imaginé que sería de ayuda— dijo Natasha, que sostenía entre sus manos una taza alta con una bebida que, juzgando por el aroma, debía ser su té favorito.

—Yo… Uh…

El cerebro de Bruce parecía negarse a cooperar con el nerviosismo que lo asaltó en ese momento, justo cuando su corazón comenzó a latir rápidamente. Se obligó a respirar profundamente y después se hizo a un lado, lo suficiente para que la espía pudiese pasar y entonces cerró la puerta.

Y si el simple hecho de verla después del incidente de la noche anterior lo ponía nervioso, el tenerla en su habitación definitivamente iba a hacer latir su corazón peligrosamente cercano a la escala de verdes. Natasha dejó la taza en sus manos y procedió a sentarse en el pequeño sofá doble frente a su cama. Era evidente que el haberle llevado el té era un gesto amable, pero también una excusa para hablar. Si sólo lograra decir más de una palabra sin balbucear…

Pasaron algunos momentos en los que Bruce decidió dar un sorbo al té que descansaba en sus manos, tiempo que aprovechó para obligar a su cerebro a funcionar con propiedad. Se sentó a lado de la pelirroja y se dio cuenta de que, en realidad, no había pronunciado palabra desde que ella entró a su habitación.

—Gracias— murmuró con los labios sobre el borde de porcelana, tomó otro trago y permitió que la sensación de calor inundara su pecho. Podía sentir la mirada de la rusa, y aunque su corazón se calmó un poco, seguía latiendo con rapidez.

—Bruce— de no haber estado solos en la habitación y en silencio absoluto, probablemente él no la habría escuchado—. Bruce, respira.

Fue cuando se dio cuenta de que su nerviosismo era evidente, más de lo que le gustaría. La mirada de Natasha estaba clavada en su cuello, donde su pulso era visible. Si Bruce estaba intentando que la sola presencia de la rusa no fuera sino un detonante para sentirse mortificado, el hecho de que ella levantara una mano con la intención de rozar su vena carótida fue más que un tormento.

La taza tembló peligrosamente en sus manos y se puso de pie, cortando por completo el intento de Natasha. Bruce no se atrevió a mirarla a la cara, y para evitar hacer un desastre en la alfombra decidió dejar el té en la mesilla a un lado del sofá. Respiró más profundamente, pero cuando ella se levantó también para tomarlo de los hombros con suave firmeza y girarlo hasta quedar frente a frente, supo que no podría contener esa brutal ansiedad si ella seguía tocándolo.

Sin embargo consideraba un acto grosero si la alejaba o él mismo se alejaba, y el inquietante silencio que ella mantenía lo obligó por fin a mirarla. Parpadeó inconscientemente cuando vio esa suave sonrisa en la comisura de los labios de Natasha; él abrió la boca, la cerró… y su corazón seguía latiendo a ese ritmo que no le gustaba.

Fue hasta entonces que el Físico fue consciente de la calidez que comenzaba a sentir en el pecho. Y no era sólo el hecho de que ella intentaba darle comodidad con su propio gesto sereno, sino la calidez física del contacto entre ellos. Porque Natasha tenía la palma abierta de su mano derecha sobre su pecho. Se quedó sin palabras, sin dejar de mirar la boca roja en esa sutil y especial sonrisa tranquilizadora…

—¿Mejor?

Apenas la escuchó, fue el movimiento de sus labios lo que le dijo que ella había hablado. Aunque todavía sentía el golpeteo de su corazón, ahora era a un ritmo que se asemejaba a lo normal. Su error fue atreverse a mirarla a los ojos, porque la atmósfera etérea que se había formado entre ellos desaparecía, porque desde aquél beso, todo pensamiento coherente parecía escabullirse de su mente cuando estaba tan cerca, y cada vez que la miraba a los ojos se acercaba instintivamente a ella. Su mirada se desvió brevemente a sus labios, pero estaba vez no sólo vio la sutil sonrisa como un bálsamo, vio algo más… y volvió a mirarla a los ojos.

Era una idea terrible, por supuesto. Pero Bruce estaba dispuesto ahora mismo a probar los límites que existían entre ambos, aunque sólo fuese para intentar aclarar sus dudas. Su nariz apenas rozaba la de la rusa, pero su corazón aceleró su ritmo con anticipación. Se inclinó lentamente, dándole a ella la misma oportunidad que él había recibido de su parte para escapar, sin embargo ella permitió que sus labios se posaran con gentileza sobre los suyos.

Por un momento temió que Natasha se quedara inmóvil, pero los suaves labios rojos se movieron al ritmo de los propios; y entonces Bruce se atrevió a rodear la estrecha cintura con un brazo para acercarla más él, su otra mano descansó con delicadeza en el rostro de porcelana de la espía. No pasó mucho tiempo cuando las manos de Natasha, la que mantenía hasta entonces en su pecho y la otra fueron a enredarse entre los rizos de su nuca con suavidad.

El cerebro de Bruce se había convertido de nuevo en mermelada porque, aunque el ritmo del aquel roce de labios seguía siendo lento, Natasha pronto entreabrió su boca para darle el acceso que él no sabía que estaba buscando. Y entonces ya no importó que estuvieran en medio de su habitación, ni el hecho de estar eternamente confundido, porque ahora sólo podía concentrarse en Natasha y en aquel roce húmedo de sus bocas. Podía saborear el casi imperceptible sabor del café, combinando con uno más que debía ser el suyo.

Comenzó a desear perderse en esos labios y nunca volver, pero algo en su cabeza empezaba a molestarlo; esa pregunta que lo estaba acosando desde la noche anterior. Así que se obligó a separar lenta y gentilmente su boca de la de Natasha y ahora la veía a los ojos.

—Antes… antes mencionaste que no te fuiste sólo porque intenté besarte— dijo en un murmullo—, y… y luego está ese beso en el pasillo— añadió sintiendo al fin consciente de sí mismo y de sus alrededores, incluso de sus manos que ahora descansaban las mejillas de la espía—. ¿Qué estamos haciendo, Natasha?

La pelirroja suspiró y desvió la mirada. No obstante, Bruce se sorprendió cuando ella tomó su mano y lo jaló al borde de la cama, donde ambos se sentaron. Natasha parecía pensar lo que iba a decir, y luego de unos momentos le devolvió la mirada.

—No lo entiendes, Bruce. Toda mi vida fui entrenada para… para ser nadie, para ser solamente un arma. ¿Esto? Esto está lejos de lo que me enseñaron a ser—. Los ojos verdes estaban llenos de duda, pero también de resolución—. Y luego tenías que intentar besarme y hacerme ver que no quería oponerme…— frunció el ceño ligeramente—. Eso no tenía que pasar.

Bruce iba a interrumpirla, pero ella colocó un dedo en sus labios.

—Déjame terminar, ¿sí?— y entonces sostuvo sus manos entre las suyas— Todas mis falsas identidades desaparecieron, y aunque insististe en que yo era una persona bajo todo eso, tenía que verlo por mí misma. Tenía que volver a casa para averiguar quién soy realmente, al menos antes de que todo esto comenzara—. El Físico empezaba a entender y ahora la curiosidad estaba escrita en su cara—. Vi los registros de la época en la que nací, de quién se suponía que sería en mi vida. Y el único vestigio de que aquello existió son dos tumbas olvidadas en la nieve.

—Natasha, yo…

Pero ella le interrumpió de nuevo, antes de que pudiera disculparse.

—Lo que necesitas saber, Bruce, es que eso me hizo dar cuenta de que tenía que aceptar lo que tenía, el tiempo que lo tuviera…

Dejó que esa última frase se asentara en su cabeza, dándole tiempo para asimilarlo.

Bruce entendía ahora por qué se había distanciado de él, y en cierta manera comprendía por qué necesitaba hacerlo. Sin embargo había algo que no podía sacarse de la cabeza.

—Entonces… ¿por qué yo?— preguntó finalmente, haciéndole recordar a ella la pregunta que le había hecho a Tony sólo unas horas atrás—. Podrías estar con alguien más joven…— y en cuanto la palabra hubo escapado de sus labios, vio la duda en los ojos frente a él, como si hubiese algo que todavía no le había dicho.

—Bruce— la seriedad inundaba el rostro de la pelirroja—. Nadie dijo que yo era joven.

—¿Qué…?

Y si Bruce no hubiera estado estupefacto, habría notado el pequeño temblor en la comisura de los labios de Natasha.

—Es broma, Bruce— y los hombros del pobre hombre parecieron relajarse un poco—. ¿Casi?

—Nat, no… Espera, ¿cómo… cómo que casi?

El de rizos parecía aliviado de estar sentado, y poco a poco empezaron a encajar las piezas. La fuerza que la distinguía, las heridas que cerraban antes que en cualquier otra persona, el hecho de que el alcohol no parecía surtir efecto en ella…

—No puedes envejecer…— dijo en un susurro, comprendiendo todo de pronto.

—Para mí no es importante el poder estar con alguien más "joven", Bruce. Ni siquiera estaba interesada en eso hasta hace unos días— dijo ella y se dejó caer de espaldas sobre el colchón, cubriéndose el rostro con el dorso de ambas manos—. No sé qué es lo que estamos haciendo, pero podríamos… podríamos intentarlo.

Y el hecho de que Natasha quisiera intentarlo, que le diera la oportunidad de escucharlo de su propia boca, fue lo que hizo que la protesta muriera en los labios de Bruce. Había tantas cosas que le preocupaban, siendo la más obvia su pequeño y enorme problema con Hulk, pero estaba tan cansado de no poder desear cosas, de huir, de no poder ser egoísta…

—Supongo… supongo que podríamos— se obligó a musitar, a pesar de sus miedos y sus dudas.

Suspiró y dejó caer su cuerpo lentamente en la cama, muy cerca del de ella.

Pasaron unos momentos así, con el sonido de su respiración siendo lo único que se escuchaba en el cuarto, cuando Natasha finalmente decidió retirar las manos de su rostro.

—Deberíamos tratar de mantener esto entre nosotros — murmuró, viendo a los ojos cafés frente a ella —. Por un tiempo. Al menos hasta que sepamos qué es lo que estamos haciendo.

Y Bruce no podría estar más de acuerdo con eso.


N/A: Personas bonitas! Perdón por la enoooorme tardanza! No los abandoné, lo prometo! Tuve demasiados pendientes en estos meses más bloqueos creativos entonces eso se tradujo en muchísimo tiempo de ausencia. Pero he vuelto. Este capítulo es largo (3211 palabras) e iba a ser más largo, pero consideré que con el contenido del resto de éste se hacía fácilmente otro capítulo largo (que no he terminado) y era mejor partirlo por la mitad. Gracias a todas esas personitas que leen (todos deberíamos agradecerle a Látex, sin ella este capítulo no habría salido a la luz aún xD, sobre todo yo a ella, por tener una enorme paciencia conmigo y mis bloqueos). Con "De Sirenas y Dragones" voy aun más atrasada entonces por favor sean pacientes, tampoco lo he abandonado, estoy decidida a terminar estas historias si o si :3. Muchas gracias a Fabián por el review! Me alegro de que te esté gustando hasta ahora, de verdad leerlo de ustedes es lo que me motiva a terminarla. Nos seguimos leyendo!