CAPITULO 3: SORTILEGIO

El viento azotaba sin piedad la tienda en la que, corriendo, desmantelaba todos los aparatos y recogía cada pergamino que tenía ahí; la lluvia empezaba a arreciar y él no tenía tiempo. El guardapelo que tenía en el cuello había estado demasiado inquieto desde tempranas horas de la mañana. Sólo podía significar una cosa: un movimiento en masa de los Mortífagos.

Y él, Neville Longbottom, no podía permitirse una emboscada. No ahora. Cuando su número había sido reducido considerablemente.

¡Alerta permanente!… ¡Alerta permanente!… — resonaba en el exterior.

Deteniéndose frente a la mesa que contenía un mapa de las ubicaciones de sus compañeros, sus ojos lo recorrieron con velocidad, notando como varios puntos desaparecían; signo de que ya se habían movilizado. ¡Malditos Mortífagos!, ¡maldita guerra!, blasfemó, haciendo un hondeo con su varita y enrollando aquel mapa que, así como era valioso como arma, podría ser su peor enemigo si caía en las manos equivocadas.

¿Cómo había terminado siendo el líder de aquel ejército de magos?, recapituló. Todo había comenzado el mismo día en que la guerra parecía haber terminado…

Flash Back

— Está muerto… está muerto… Harry está m-muerto — balbuceaba Ron entre lágrimas a su lado, mientras veían a Hermione desmoronarse en los brazos del Elegido.

Un nudo se formó en la garganta de Neville, los ojos le escocieron. A su alrededor, el sonido de terror y dolor resonaba en cada compañero que había sido su guía durante siete años de su vida. Y ahora caían sin fuerzas, sin ganas de seguir adelante.

— ¡Harry! — continuaba gritando desgarradoramente Hermione, erizándoles la piel.

Un segundo de silencio, una exclamación de furia por parte de los Mortífagos, y una maldición asesina voló hacia la castaña.

¡PROTEGO!… — la voz de Neville retumbó en el campo de batalla, sacándolos de su estupor; viendo con expresión consternada el maleficio chocar contra aquel escudo que ahora salvaba a Hermione, y la dejaba caer inconsciente en los brazos de Harry — ¡A SUS POSICIONES!… — bramó la orden.

— ¡ACABEN CON ELLOS! — gritó Antonin Dolohov, tomando el mando de los Mortífagos.

— ¡AHORAAA! — un rugido de batalla, y la guerra se inició nuevamente con el estruendo de una explosión.

Muerte, destrucción, sangre; la mente de Neville lo bloqueó absolutamente todo mientras luchaba ferozmente, lanzando hechizos a diestra y siniestra, sin compasión. Aquellos lejanos días en que un hechizo aturdidor era suficiente, ahora se reducía a la nada. Un sentimiento de desolación lo aplastó al quitar la primera vida, pero se obligó a seguir haciéndolo, recordando que con ello se salvaban miles más.

"¡Tú deberías estar orgulloso, Neville, orgulloso!, ¡ellos no dieron su salud y su sanidad para que su único hijo se avergonzara de ellos, lo sabes!"

El destello de la espada de Gryffindor lo cegó por un momento, en el momento en que la usó para cortar las gruesas patas de un gigante, derribándolo y aplastando a una decena de Mortífagos.

"Estamos todos juntos en el ED, se supone que estamos allí para luchar contra Quién Tú Sabes ¿verdad?, y es la primera oportunidad que tenemos de hacer algo real, ¿o es que todo era un juego o algo así?"

Destellos de hechizos, trozos de escombros, el sonido ensordecedor de su voz profiriendo maleficios que sólo había leído de ellos en libros de magia oscura, lo mantuvieron en combate, acabando despiadadamente con los seguidores de Voldemort.

"Nosotros somos su ejército, el Ejército de Dumbledore. Estábamos todos juntos en esto, lo mantuvimos funcionando mientras ustedes tres se fueron por su cuenta"

Y entonces, todo había empezado de nuevo. En un segundo se encontraban celebrando la muerte de Voldemort, al siguiente Harry caía en batalla… Y la guerra se desataba.

— ¡No dejen que escapen! — rugió cuando vio que los Mortífagos retrocedían, Desapareciendo.

— ¡NEVILLE! — el grito de Luna, llamándolo, cuando lo vio con la intención de ir tras ellos; lo detuvo.

— ¡Escapan! — le vociferó, sin regresar a verla.

— ¡Desapareció!… — gimió la rubia, atrayendo su atención — ¡El cuerpo de Harry, no está! — chilló.

Neville volteó con brusquedad, sintiendo un zumbido en los oídos. Y abrió los ojos con alarma, viendo únicamente el cuerpo inconsciente de Hermione tendido en el suelo.

— ¡Voldemort! — un escalofrío lo sacudió cuando sólo descubrió los restos de su varita fragmentada.

Fin Flash Back

Sacudió la cabeza, regresando a la realidad; sacando el relicario en el momento en que lo sintió quemar su piel.

El viejo galeón que alguna vez usó para comunicarse con los miembros del Ejercito de Dumbledore; ahora tenía grabada la calavera y serpiente que portaban los Mortífagos como señal de su fidelidad hacia Lord Voldemort.

Aquel relicario que hoy guiaba a Neville a la ubicación de todos ellos. Que lo alertaban de sus movimientos. Y en el cual tallaba una pequeña línea por cada amigo que él perdía. Un recordatorio de que debía seguir adelante, sin flaquear.

Y lo colocó nuevamente en su lugar.

— El cargamento ya está listo. La brigada está borrando cualquier rastro mágico — empapado, con el cabello castaño largo y desordenado, enfundado en una túnica negra, Seamus Finnigan entró a tropel en la tienda; dándole el tiempo suficiente para guardar el relicario mientras éste se quitaba el cabello humedecido del rostro.

— ¿Los hechizos protectores? — regresó a verlo, reduciendo el mapa hasta convertirlo en un pequeño cilindro de papel.

— Serán quitados a tu señal.

— ¿Todos los suministros?, ¿las armas?, ¿pergaminos? — enlistó rápidamente.

— Listo — afirmó.

— Bien… Toma, — le tendió el mapa. Seamus lo miró sin comprender — si atrapan a alguno, jamás mires atrás, asegúrate de que esto esté a salvo, si te sientes en peligro, destrúyelo. Es tu única misión, Seamus — lo colocó en su mano.

— Pero Neville… yo no soy…

— Lo serás — compartió una profunda mirada con él.

Seamus asintió luego de unos segundos. Neville hizo una mueca, cuando sintió el relicario vibrar contra su pecho, tornándose caliente.

— ¿Avisaste al norte? — le preguntó con presura.

— Sí, Dean está mandando a todos a la siguiente localización… — le contestó — Pero tenemos un contratiempo.

El relicario se sacudió una segunda vez.

— ¡Maldición, George!… — exclamó, no necesitando escuchar el resto. Dirigiéndose a la salida — Encárgate Seamus — le pidió, abandonando la tienda.

Y el castaño desapareció todo con un movimiento de varita, saliendo en el mismo instante en que las tiendas salían disparadas hacia un pequeño cofre que cargaba uno de sus compañeros, perdiéndose de vista.

— Tenía que ser hoy — musitó para sí. Teniendo fugaces recuerdos de la batalla en Hogwarts.

¡Alerta permanente! — la voz grabada de Alastor Moody lo hizo reaccionar, dirigiéndose corriendo hacia donde todos se apilaban, recibiendo sus escobas.

— ¡Esperen! — exclamó Neville cuando vio a un par de sus compañeros a punto de convertir en polvo la vieja chimenea que habían utilizado para comunicarse.

— Creímos que dijiste que la destruyéramos — bajaron las varitas.

— Lo harán, tan sólo necesito usarla una vez más — y sin detenerse un segundo, extrajo un puñado de polvos flu de sus bolsillos, y los arrojó a la chimenea, metiendo la cabeza.


— Todos se están movilizando, ¿no haremos lo mismo?

Alto, fornido, cabello corto, y pelirrojo; George Weasley ni siquiera respondió a la pregunta pronunciada por aquel que fue su mejor amigo durante toda su adolescencia: Lee Jordan.

— ¿George? — lo llamó.

Éste suspiró, con un dejo de impaciencia. Pero antes de que pudiera decir algo, se escuchó un estallido procedente de la chimenea y, de entre las llamas, apareció la cabeza de Neville, mirándolo con exasperación.

¿Acaso no recibieron el llamado urgente de evacuación? — le espetó molesto.

George regresó a verlo.

— Pensé que era sólo un simulacro — se encogió de hombros.

Neville soltó un gruñido, exasperado.

Alguien alertó a los Mortífagos acerca de nuestra ubicación. Un grupo de ellos va para cada campamento. Así que sí esto, o las personas que están contigo, significan al menos un poco para ti, ¡sácalos de ahí ahora mismo! — levantó la voz.

— Podemos acabarlos — manifestó con seguridad.

¡Es una orden, George!… — zanjó, sin lugar a réplicas — Nos movilizaremos, nos ocultaremos, nos protegeremos unos a otros; y no hay punto de objeción en ello. Ya va siendo tiempo de que asumas tu responsabilidad en esto, y dejes de actuar como un niño estúpido — añadió con acritud.

— Te recuerdo que soy mayor que tú — subrayó, cruzándose de brazos.

No durante la pasada década — replicó Neville.

George desvió la mirada con indiferencia, haciéndolo enojar.

¡Maldita sea, George!, ¡no pongas toda la jodida misión en peligro sólo por tus estúpidos caprichos! — le espetó con acidez.

El pelirrojo suspiró pesadamente, con fastidio.

— ¿Qué es lo que quieres Neville? — lo regresó a ver.

Neville reprimió un gruñido de impaciencia.

¡Te estoy diciendo que alguien alertó a los Mortífagos!, — masculló entre dientes — están a punto de caer en una emboscada si no se mueven de ahí. George, sácalos ahora, por favor. ¡No-hay-tiempo!… — insistió.

— De acuerdo, daré la orden — accedió al cabo de unos segundos.

Neville asintió; pero arrugó el entrecejo, inquieto.

— ¿Otra cosa? — inquirió George con cansancio.

Los dirigen Dawlish y Rookwood — casi susurró.

La mirada de George se oscureció, olvidando su actitud indiferente.

— ¿Estás seguro de eso?, — inquirió, acercándose más a la chimenea — la última vez que supimos algo de Rookwood…

Fue hace dos años, lo sé. Pero ha vuelto, estoy seguro… lo siento — compartió una significativa mirada con él.

— Daré la orden de evacuar inmediatamente — musitó casi sin darse cuenta.

No creo que sea necesario decirte que tú también estás obligado a hacerlo… — le advirtió. Estremeciéndose cuando sintió a alguien tocar su hombro — No hagas nada estúpido. Aun no es tiempo — agregó rápidamente, y desapareció.

— Ya lo has oído… — se dirigió George a Lee, quien permaneció sentado al otro lado de la habitación todo el tiempo — Toca la alarma. Llévense todos los pergaminos que puedan, los que no, quémenlos. Desaparezcan la comida, el agua y las armas. No dejen rastro. Y vayan a los límites de Surrey en una Aparición Conjunta. Sepárense al llegar. Usen hechizos desilusionadores y vuelen en escoba hasta Neville. Tenemos que distraer a los del Ministerio — indicó serio.

— Te quedarás — dedujo acertadamente.

George lo regresó a ver, notando la desaprobación en su mirada.

— Es una orden, Lee — se mostró impasible.

Éste se puso de pie.

— Señor… — pronunció con ironía, inclinando la cabeza. Y se dirigió a la salida sin mirar atrás.

Un segundo después de haber salido, la alarma de emergencia resonaba estridentemente por todo el lugar.

— Muy pronto Fred. Muy pronto — murmuró George, contemplando la fotografía frente a sí. Su gemelo le sonrió desde ella.


— ¿Qué sucede? — preguntó Neville apenas terminó la conversación con George.

— Susan Bones está aquí — le comunicó uno.

— ¿Susan? — murmuró confundido.

— Al parecer, descubrieron a Padma.

— ¿Qué?… — musitó sin aliento, sus ojos se tiñeron de preocupación y no dudó ni un segundo en correr de regreso al campamento. A su espalda, lo que fue una chimenea, se convirtió en un puñado de tierra.

— ¡Neville! — exhaló Susan con alivio cuando lo vio irrumpir en el grupo que la rodeaba, entre ellos su amigo Seamus.

— ¿Qué sucedió?, ¿cómo la descubrieron?, ¿dónde está?, ¿logró escapar?, ¡dime que logró escapar! — bombardeó de preguntas apenas la tuvo enfrente.

— Fue por la red flu, alguien la vio modificar los registros; apenas y logró escapar, pero está mal, Neville. Uno de los Mortífagos usó el Sectumsempra sobre ella, logré detener la hemorragia, pero no lo sé… — le contó rápidamente, su rostro pálido.

— ¿Qué está mal? — pasó saliva.

— Cuando la encontré ya había perdido mucha sangre, ni con el contra hechizo o los filtros vigorizantes hemos logrado que despierte. Parece que fue torturada antes del Sectumsempra — se estremeció.

El relicario se sacudió en su pecho, quemándolo con fuerza. Había comenzado…

— ¡A sus posiciones! — ordenó, levantando la voz.

— ¡Neville!… — la apremiante voz de Seamus lo hizo asentir inconscientemente.

— Acompáñala. Reúnete conmigo cuando te asegures de que esté bien… — accedió — Susan, lleva a Seamus con Padma, contacta a Terry, que él la atienda. Hagan lo que hagan, no comprometan su seguridad… — les pidió — Y, sí es necesario, llévala con Pomfrey.

No fue necesario nada más para que Susan tomara a Seamus del brazo y Desaparecieran.

— ¡Vámonos! — urgía Neville a sus compañeros a los pocos segundos.

Y dando una patada en el suelo, más de veinte escobas se elevaron en el aire, perdiéndose de vista gracias a los hechizos Desilusionadores.

Volar en escoba con hechizos Desilusionadores. Viajes sobre Thestrals o Hipogrifos. Apariciones Conjuntas y separaciones por medios mágicos o muggles al reaparecer.

Todos y cada uno de ellos estaba bien instruido, llevaban viviendo de la misma manera los pasados once años; fue por eso que Neville no se molestó en vigilar por la seguridad de sus compañeros. Y era el mismo motivo por el cual había confiado el mapa a Seamus; porque estaba igual de calificado que él mismo.

Cuando una gran mancha negra se materializó, donde segundos antes estaba su campamento, Neville se permitió observar desde su posición en el cielo, mientras la lluvia seguía cayendo sobre él; y decenas de rayos verdes volaban en todas direcciones, acompañados de una conocida risa histérica que le revolvía el estómago.

Bellatrix Lestrange. La guía en aquella emboscada fallida, pensó, apretando con fuerza el mango de la escoba. Reteniendo las ganas que tenía de ir y vengar a sus padres de una vez por todas.

— Ya llegara tu hora — murmuró, emprendiendo el vuelo y dejando el eco de su risa tras su espalda.


Sentado con la espalda hacia la puerta, George contemplaba la fotografía frente a él mientras escuchaba el escándalo que hacían los Mortífagos al Aparecerse y no encontrar a nadie y nada, excepto esa cabaña en la cual él se encontraba ahora.

El ritmo acelerado de su corazón sólo demostraba lo ansioso que se encontraba por la posible presencia de Rookwood. El sentimiento de venganza burbujeaba en su estómago como una bestia hambrienta, haciendo hervir su sangre.

Sólo en dos ocasiones había estado frente a Rookwood; la primera, cuando el maldito había acabado con la vida de su hermano gemelo; la segunda, aquella vez en que se había dejado capturar para tenerlo frente a sí, y de ése encuentro sólo había conseguido una horrible cicatriz en el hombro.

Pero hoy no sería el caso.

¡Te vengaré Fred!, prometió, en el mismo instante en que la puerta era derribada y se giraba para ver irrumpir en la habitación a un Mortífago.

— ¡Aquí hay uno!… — vociferó, apuntándole con la varita — Ahora, dime pelirrojo, ¿dónde están los demás?, ¿a dónde se fueron tus amiguitos escurridizos? — exigió.

George se puso de pie, haciéndole frente mientras palpaba con disimulo su varita, escondida a la vista en el bolsillo de su chaqueta.

Un estruendo se hizo cuando otro Mortífago irrumpió en la habitación, pasando de largo a aquel que lo apuntaba con la varita, y más de una docena entró detrás de éste.

— Pero miren nada más a quien tenemos aquí… — pronunció Dawlish, descubriendo su rostro — ¡George Weasley! — declaró con regocijo.

— Dawlish. Como el buen cobarde que eres, siempre el segundo en actuar… — replicó con desdén — ¿Qué tal tu puesto en el Ministerio?, ¿continúas lamiéndole el trasero a Yaxley? — le preguntó, con la varita bien sujeta en su mano, y notando como empezaban a rodearlo.

— ¿Y tu hermano?, ¿cómo está?, ¿sigue muerto? — le espetó a su vez con satisfacción.

George estuvo a punto de contestar, cuando sus ojos azules se toparon con los de Rookwood, quien cubría su rostro con la máscara Mortífaga. Su corazón se aceleró de nuevo, la mano que sujetaba su varita la tomó con más firmeza; todo él se puso en alerta, listo para atacar.

Rookwood, dándose cuenta de su reacción, sonrió tras la máscara.

— Me sorprende que hayas decidido quedarte solo, Weasley. Pensé que después de nuestro último encuentro, habrías aprendido algo — le dijo.

George apretó los músculos de su mandíbula.

— Lo hice — replicó.

— Pues no lo parece — desvió su mirada alrededor, en busca de algo valioso.

— No encontrarán nada — le espetó.

Rookwood lo regresó a ver. La cabaña había sido completamente desmantelada; sólo restaba un hueco en la pared, de lo que parecía haber sido, unos segundos antes, una chimenea. Una destartalada silla, junto a una roída mesa de madera en el centro de la habitación, con la fotografía de Fred sobre ella, que sólo lo hizo mirarla divertido.

— Dinos Weasley, ¿dónde están los demás? — exigió Dawlish.

La mirada de George se desvió hacia él.

— ¿No lo acabas de escuchar, idiota?, soy sólo yo — le espetó.

— ¿A dónde los enviaste?, ¿dónde está Longbottom? — inquirió nuevamente, alzando su varita y apuntándole directo al rostro.

— Sabes que no hablaré. Pregúntale a Rookwood, o al mismo Dolohov. Pese a todos sus esfuerzos, jamás consiguió nada — lo retó con la mirada.

— Nuestros métodos de persuasión son más… efectivos, ahora — respondió Rookwood.

— Y yo no estuve en tu interrogatorio la vez anterior — subrayó Dawlish.

George desvió su mirada hacia él apenas un segundo, regresándola a Rookwood cuando lo vio tomar su antebrazo derecho. Seguramente recibiendo el llamado de los demás Mortífagos.

— Encárgate de él, Dawlish — le ordenó, dando media vuelta.

— ¡Tú no iras a ningún lado! — masticó las palabras, avanzando un paso, y sacando la varita en menos de un segundo. Dawlish interponiéndose en su camino.

— Será un placer — replicó con regocijo, apuntándole al pecho. George ni siquiera le prestó atención, acribillaba con la mirada a Rookwood.

— ¡¿Huirás de nuevo?!… — le gritó vehemente, su mano temblaba de furia.

— Busquen por todas partes, debe haber algún rastro mágico. Averigua quién y cuándo se marcharon de aquí… — le ordenó Rookwood a Dawlish, ignorando a George — Ustedes vengan conmigo — llamó a un par de ellos.

— ¡No me darás la espalda nuevamente!… — dio un paso más, sintiendo apenas la punta de la varita de Dawlish oprimirse contra su pecho. Pero Rookwood ya abandonaba la cabaña — ¡ROOKWOOD! — rugió, apartando a Dawlish de un empujón, desorientándolo. El chasquido afuera le indicó que nuevamente había escapado. Su cuerpo enteró vibró de impotencia, crispando los puños cuando uno de los Mortífagos cerró la puerta frente a él.

— No te preocupes, mi amigo. No lo necesitamos — le dijo Dawlish, recuperando el equilibrio.

George se giró a verlo con furia.

— Dime una cosa Dawlish, ¿cómo es que nadie ha conseguido matarte?, siendo que eres un ¡completo IDIOTA! — terminó gritando, perdiendo los estribos.

— Olvidas una cosa, niño. Mientras ustedes juegan a lanzar chispas con sus estúpidas ramitas, YO recibí entrenamiento — le espetó con acritud.

— Claro, pero si casi olvidaba que eres un valiente y honorable Auror — recitó con ironía.

Dawlish le volvió a apuntar con la varita.

— Vamos, Weasley. No me lo hagas fácil, sabes que deseo matarte. Pero al menos dame algo de información antes… — le pidió en todo de aburrimiento — Además, durante años has ocasionado demasiadas bajas entre nosotros y varias blasfemias por parte de Dolohov.

George desvió la mirada hacia la salida.

— No te irás a portar como una niñita y pedir clemencia ¿verdad?, sería deprimente… — torció la boca en una mueca. El pelirrojo ni siquiera lo volteó a ver — ¡Bien!, — bufó con hastío — quédense sólo ustedes, los demás váyanse — ordenó a sus Mortífagos.

— Esperen — murmuró George, regresando la mirada a Dawlish.

— ¿Qué sucede?, no te preocupes Weasley, conmigo es más que suficiente para matarte.

Pero mientras decía aquello, George bloqueó la puerta y la cabaña con magia no verbal, impidiéndoles cualquier posibilidad de escape.

— Weasley, me estoy…

— ¿Sabían que antes de la batalla en Hogwarts, Fred y yo estábamos trabajando en un nuevo sortilegio? — lo interrumpió George. Su otra mano internándose en el bolsillo izquierdo de su chaqueta, mientras jugaba con la varita entre sus dedos.

— ¿Y eso a mí qué me importa? — arrastró las palabras.

— Teníamos planeado sacarlo para Halloween. Hubiera sido un gran éxito… — añadió con seguridad. Su mirada indiferente, palpando una pequeña bola de cristal dentro de su bolsillo — Imagínense: una esfera, — la sacó, mostrándoselas. Los Mortífagos clavaron sus miradas recelosas en aquel artefacto — que te volteaba el cuerpo al revés, sin dolor alguno y sin desangrarte vivo. ¿No les parece brillante?… — les cuestionó. Un brillo en su mirada — Fue idea de Fred, por supuesto, porque él siempre fue más ingenioso en todo — añadió como confesión.

— ¿A qué juegas Weasley? — la voz de Dawlish se escuchó tensa, alerta.

— Cada niño, joven, o adulto, podría tener el perfecto disfraz. Sería terrorífico… — levantó la esfera a la altura de sus ojos. Dentro, un ligero humo bailaba, cambiando de color cada cinco segundos — pero después todo cambió, — sus ojos se posaron en el rostro inquieto de Dawlish — mi hermano fue asesinado frente a mis ojos… Pero eso ya lo sabes Dawlish, — éste se removió inquieto, el rostro empezaba a transpirarle. El ambiente dentro de la cabaña volviéndose sofocante, como si el oxígeno fuera drenado lentamente — tú estuviste ahí. Tú provocaste ésa explosión junto con Rookwood, — la voz se le puso ronca por la ira — y Fred ya no estaría ahí para terminar el sortilegio conmigo.

Flash Back

— ¿Entonces está listo?, ¿crees que funcione? — le preguntó George a Fred con emoción, encerrados en el ático de Sortilegios Weasley.

— Es arriesgado, peligroso, podría morir alguien desangrado… Merlín, ¿cómo no se nos ocurrió antes? — rio junto a su hermano.

— Son sólo anotaciones, lo sé. Ni siquiera sé si podamos patentar tu idea. Pero dime, ¿en serio crees que funcione? — lo miró ansioso.

Fred regresó a ver a George con una sonrisa.

— Tú dímelo, George; tú eres el inteligente, recuerda que yo sólo soy el guapo y creativo — le guiñó un ojo.

George meneó la cabeza, sonriendo.

— Creo que funcionará — contempló los pergaminos frente a sí.

— ¡Yo la probaré primero! — pronunciaron al unísono.

— Hey, pero yo quiero ver como soy por dentro — saltó Fred en el acto.

— Igual que yo — le restó importancia George.

— Lástima que aún falta mucho para Halloween — suspiró.

— Tenemos tiempo para fabricarla.

— ¿Y cómo la llamaremos? — lo miró interesado.

— ¿El "voltea cuerpos"? — sugirió George, inseguro.

— Patético… — negó Fred — "Intestinos 2000".

— Que ingenio hermano — satirizó George.

— Bien, luego vemos lo del nombre… — acordó, tomando los pergaminos — Aun debemos encontrar la manera de aislar el humo, para que no afecte a los demás.

— O sólo a los que uno desee — corrigió George.

— Como un Protego… — meditó.

—… Mezclado con un Casco burbuja.

— ¡Un núcleo! — exclamaron a la par.

— Será el mejor sortilegio jamás inventado — manifestó George, arrebatándole el pergamino y escribiendo las anotaciones.

— O podría ser un arma — comentó Fred, mirándolo desde otra perspectiva.

George lo regresó a ver con curiosidad.

Fin Flash Back

George dio un paso al centro de la habitación. Los Mortífagos inconscientemente se habían alejado del pelirrojo y miraban con gran miedo aquella esfera. El rostro pálido de Dawlish brillaba por el sudor.

— Así que pensé: ¿Qué mejor manera de vengar a mi hermano que con su sortilegio?, — sus ojos brillaron con maldad — el último sortilegio Weasley. Tan sólo necesitó unas pequeñas modificaciones y ¡listo!, ¡el arma perfecta!… — dio un paso hacia ellos. Dawlish retrocedió por instinto — Capaz de matar lenta y dolorosamente a aquel que estuviera a mí alrededor sin causarle daño alguno a quien yo quisiera y a mí mismo.

— Weasley, baja eso, ¡te lo advierto! — le ordenó con la voz temblorosa.

— Eso haré. No tengas duda de ello… — le aseguró. Los Mortífagos se miraban entre sí con terror — pero antes, tú, — lo señaló con la esfera en la mano. Éste reprimió un escalofrío, dando otro paso hacia atrás — le suplicarás piedad a mi hermano Fred — apuntó la fotografía sobre la mesa. Todas las miradas se posaron en Dawlish.

— ¿Qué?, ¡por supuesto que no! — meneó la cabeza.

— Bien — se encogió de hombros George. Y se preparó para lanzarle la esfera…

— ¡Espera!, ¡espera!, ¡de acuerdo!, ¡lo haré!, lo haré… — levantó las manos y entrecerró los ojos con miedo, esperando el impacto — S-sólo no lo hagas… — tartamudeó.

George lo contempló por unos segundos. ¿Cuántas veces había visualizado ésa imagen en su cabeza, sintiendo satisfacción de sus fantasías?; más de las que pudiera recordar. Pero ¿por qué no podía sentir lo mismo ahora, que se estaban volviendo realidad?… ¿Por qué no sentía nada en absoluto?

Dejó de pensar en ello cuando Dawlish se tambaleó sobre sus pies, hacia adelante, y se colocó frente a la fotografía de Fred. El Mortífago, apretando los puños, lanzó una furiosa mirada a George antes de contemplar la imagen.

— No te escucho — lo llamó.

El cuerpo de Dawlish tembló, con furia brillando en sus ojos, se giró por completo hacia George.

— ¡No lo haré!… — zanjó solemne, sorprendiéndolo — Y puedes arrojar ésa podrida pelotita al suelo con todas tus fuerzas, pero aun así no lo haré… — dio un paso hacia él, decidido — Escúchame bien Weasley, y pon mucha atención. Jamás, en mi vida, suplicaré a nadie; ni a ti, ni a nadie. Así que ¡hazlo YA! — le retó, levantando la voz.

George lo miró impasible.

— Oh, y otra cosa… — sonrió Dawlish con satisfacción — Haber matado a tu hermano, es una de las cosas de las que jamás me arrepentiré. ¿Y sabes por qué?… — dio otro paso hacia él — Porque oír tus gritos de niñita, llorando por su muerte, es una de las mejores cosas que me han pasado jamás. Así que búscate a otro tonto, Weasley, porque en lo que respecta a mí, una disculpa mía no serviría de nada, porque no sé sentir remordimiento alguno — finalizó cínico.

— Lo sé… — murmuró George, imperturbable, y dejó que la esfera se deslizara de sus dedos, cayendo contra el suelo, fragmentándose en decenas de pedazos.

Los Mortífagos exclamaron horrorizados, alejándose lo más lejos posible de los vidrios. El humo que contenía la esfera fue saliendo.

La mirada de George y Dawlish jamás se rompió. El Mortífago retándolo.

— Fred no volverá y eso es gracias a ti y Rookwood… — el humo empezó a crecer rápidamente. En un desesperado intento por huir, los demás Mortífagos trataron de Desaparecer, pero no lo consiguieron. George los había atrapado — Y me encargaré de que lo acompañen — invocó la fotografía de Fred, le dedicó una última mirada indiferente, y dio media vuelta, abriendo la puerta.

— ¡Hubieras sido un magnífico Mortífago, Weasley! — lo llamó Dawlish a su espalda.

La espalda de George se tensó, por un segundo su muro de indiferencia cayó. Mostrándole imágenes de su hermano, su madre, su familia, sus amigos… y todos los homicidios que había provocado los pasados años. Un sentimiento aplastante de desolación lo dejó sin aliento. Pero entonces, tan rápido como llegó, lo bloqueó. Y salió.

La puerta se cerró tras él. Los gritos se escucharon de inmediato y un río de sangre corrió por debajo de la madera. Un segundo después, George Desaparecía con un objetivo en mente: buscar, y cazar a Augustus Rookwood.