Capítulo 5: LA CAPTURA
" Ataque en Leeds "
" Al menos diez cuerpos fueron encontrados en una cabaña abandonada. Desangrados, y en estado irreconocible, no se pudo identificar a las víctimas. Se presume que fueron desangrados hasta la muerte. Aún se desconoce qué tipo de maleficio o artefacto pudo dejarlos en ése estado. . (Sus cuerpos fueron volteados al revés, con todos sus órganos hacia la superficie, sin ningún rastro de herida en ellos).
Por respeto al lector, no se anexaron las imágenes que fueron tomadas de la escena.
El Ministerio de Magia británico investiga el caso de cerca… "
Cerrando El Profeta, Draco Malfoy se recargó en la silla de roble, en el cual estaba sentado, contemplando la que fuera de la oficina de Albus Dumbledore cuando era director de Hogwarts… un puesto que hoy en día le pertenecía a él. Mientras frente a sí, Luna Lovegood, su amiga y compañera profesora, lo veía con preocupación.
- Entiendes lo que esto significa, ¿no es así? - le preguntó la rubia de ojos azules, con su largo cabello rubio recogido en una cola de caballo que descansaba sobre su hombro derecho, su fleco sujeto en su oreja izquierda; portando la túnica reglamentaria de Hogwarts: color negro, con el emblema de la casa de Salazar Slytherin bordado en el pecho.
Draco, quien nunca dejaba de lado su imagen engreída, pasó una mano por su barbilla puntiaguda, rasgando la inexistente barba; su cabello rubio platinado, ligeramente largo, cubriendo la mitad de sus orejas; con un flequillo que apenas y llegaba al nacimiento de su ceja derecha, moviéndose cuando asintió levemente, regresando a ver a Luna.
- ¿Cuándo crees que vengan por ti? - una nota de preocupación se coló en su voz.
Él suspiró.
- Conociendo mi suerte, quizás para la noche ya esté siendo torturado por mi padre - comentó con ironía.
Luna arrugó el entrecejo con expresión inquieta.
- Esto nos va a complicar todo, Draco - le hizo ver.
- Lo sé… - se pasó las manos por el rostro, masajeando sus sienes - Pero sabíamos que tarde o temprano iba a suceder.
Flash Back
Emitiendo un suspiro mientras contemplaba los terrenos de Hogwarts desde la ventana de su recién despacho como director del colegio de magia y hechicería; Draco reflexionaba sobre lo acontecido los pasados tres meses. El cómo, pese a los múltiples intentos de Harry Potter y sus amigos, no podrían acabar con el reinado de Voldemort; y como los Mortífagos se encuentran en ataque, contrario a lo que todos pensaron luego de ver caer al señor Tenebroso, y lograron algunos nuevamente al mundo mágico y muggle.
Y ahora ahí estaba él, ejerciendo el papel de villano en la historia, un punto de recibir un centenas de niños que han crecido con las historias de sus padres acerca de su estancia en Hogwarts; sólo para descubrir que aquel mundo mágico, ya no existía.
Pero era eso, o renunciar a lo único bueno que tenía; su padre había sido demasiado claro.
" Estarás en ése podrido castillo hasta que yo muera, Draco; y me obedecerás si no quieres que tu madre pague las consecuencias… Gracias a ti, el apellido Malfoy es una burla para todos "
Si tan sólo no hubiera sentido remordimiento en el que, creía, era el último momento de su vida. Si no hubiera mostrado agradecimiento hacia Potter y compañía.
Pero así había sido. En un momento, era el deseado hijo de cualquier Mortífago: tenaz, frío, calculador; perfecto material Slytherin. Al siguiente segundo: temeroso, arrepentido, débil… agradecido.
Ojalá no hubiera cruzado aquella delgada línea entre el bien y mal; lamentó.
Su vida sería muy distinta. Habría tomado a su madre y huido de todo, sin mirar atrás. Y no sería presa de ésas cuatro paredes colmadas de cuadros de antiguos directores de Hogwarts. No sentiría la mirada de Albus Dumbledore clavada en su nuca, ni escucharía sus palabras taladrando en su cráneo cada cinco minutos: " Tú no eres malo, Draco ".
Pero si no era malo, ¿por qué se sintió así todo el tiempo?
La respuesta llegó a él sin que pudiera detenerla: porque finalmente, había entendido el peso de las decisiones en su vida… y sintió remordimiento por ellas.
Estuvo a punto de maldecir a los cuatro vientos su miseria, cuando la puerta se abrió con un estruendo y se giró sobresaltado, recuperándose rápidamente al ver a sus visitas. Si es que podría pensar así.
- Malfoy… - escupió con desprecio Theodore Nott, su antiguo compañero Slytherin - encontramos a ésta en la entrada del colegio, intentando colarse a hurtadillas - tomó una chica rubia del brazo, apartándola del agarre que ejercía Blaise Zabini sobre ella, y aventándola adelante; haciéndolo participe de su presencia.
Luna Lovegood, con el cabello rubio revuelto y la túnica negra de viaje arrugada, regresó a ver a sus transgresores con sus grandes ojos azules brillando de indignación.
- Yo pensaba tirarla en el Bosque Prohibido para que las bestias ahí se divirtieran. Pero luego supuse que querrías verla. Después de todo, es una de tus amiguitas de la batalla ¿no es así? - satirizó Blaise, cruzándose de brazos, mirándolo con mofa.
Draco lo fulminó con la mirada.
- ¿Por qué no haces algo útil, Zabini, y vas a ver si el estúpido "pollo" que está en el huerto del semigigante, sigue muriéndose de hambre?… - le sugirió de mal talante - Y tú también, Nott, serías de mucha ayuda si van y limpian sus porquerías - les espetó.
Blaise dio un paso hacia él, amenazante, deteniéndose al sentir el firme agarre que Theodore ejerció sobre su brazo, frenándolo; sabiendo que ellos eran los que llevaban las de perder.
- Como usted diga, director de su supremo - escupió con desdén Nott.
- Sólo recuerden hacer una reverencia, ¡no vaya a ser que se ponga agresivo con ustedes! - levantó la voz cuando se encaminaron a la salida; y cerraron de un portazo.
Una vez estuvieron a solas, Draco se acercó a Luna, rodeando el escritorio.
- ¿Qué buscas aquí, Lovegood? - inquirió, deteniéndose frente a ella.
- ¿Tienes un Buckbeak? - le preguntó una vez.
- Si te refieres al pollo susceptible que se hace llamar hipogrifo, sí. Lo tengo… - hizo una pausa, contemplándola - ¿Qué buscas? - repitió.
- Lo mismo que tú respondió - ella.
- Lo mismo que yo, ¿eh ?, - repitió con humor - ¿y se puede saber qué es eso? - se cruzó de brazos, una mirada divertida en sus ojos grises.
- Evitar que conviertan a cada niño en un Mortífago… - contestó sin titubear. El cuerpo de Draco se tensó - Así que avisa a tus "amigos" Mortífagos que me quedo como ayudante de Filch, o lo que sea, porque no me moveré de aquí - añadió con valentía, sorprendiéndolo.
- ¿Y qué te hace pensar que aceptaré tu demanda ?, ¿o tu ridícula idea de que yo velo por la seguridad de un montón de mocosos sangres sucia? - le espetó fríamente. Sintiendo ésa común sacudida en el estómago al escuchar pronunciar el apelativo a los hijos de muggles. Su memoria volando al momento en que Hermione Granger desviaba una maldición asesina que iba dirigida a él.
Luna lo contempló impasible.
- El hecho de que no tienes a nadie más aquí en quien confiar - ejecutar.
- ¿Y tú lo eres? - se mofó, sonriendo socarronamente.
- ¿Arriesgaría mi vida si no lo fuera? - cuestionó a su vez, borrando su sonrisa.
- ¿Qué intentas probar Luna? - dio un paso hacia atrás, recargándose en el escritorio. Sin darse cuenta que la había llamado por su nombre de pila.
- Que es verdad lo último que vi de ti en la batalla contra Voldemort… Que aún hay algo salvable dentro de ti - agregó al ver la confusión en su mirada gris.
- Escúchala Draco … - se escuchó de pronto a su espalda, y él no pudo más que fruncir el entrecejo, molesto - Ésta misión es demasiado para una sola persona .
- Cierre la boca.
- Hola, profesor - pronunciaron a la vez Draco y Luna, ambos dirigiéndose al retrato de Albus Dumbledore.
- Señorita Lovegood, creo que al igual que con el profesor Snape, nos precipitamos demasiado en la selección de sus casas. Veo en usted a una auténtica Gryffindor ahora mismo - la miró con un dejo de orgullo a través de sus gafas de media luna.
Los ojos de Luna brillaron al escucharlo.
- ¡¿Verdad que sí?!… - chilló emocionada - ¡A mí me gustan mucho los leones!
Draco pasó la mirada de una al otro, sus labios formando una delgada línea.
- Lo que me faltaba. Otro cojo…
- Draco, estás frente a una dama - lo detuvo el director.
- ¿Dama ?, ¡ella sólo me ocasionará problemas !, ¡usted mismo me sigue ocasionando problemas aun después de muerto !; ¿Es que acaso no me pueden dejar en paz? - les espetó en un arrebato.
- ¡sólo busco que pequeños niños no se conviertan en los próximos seguidores de un mago Oscuro! - rezongó Luna, regresando a verlo.
- ¿En serio ?, ¿y cómo lo lograrás, según tú?… - se burló - ¿Con abrazos y tazas de chocolate caliente mientras les cuentas del gran Harry Potter y sus amigos estúpidos, que al final de la patraña no lograron el final feliz, y sólo la inminente caída de sus malditos sueños? - ironizó con desdén.
La mirada de Luna se ensombreció. Draco meneó la cabeza, dándole la espalda a ambos.
- Sólo vete de aquí, Lovegood. Ni siquiera sé porque te arriesgaste, jamás pediría la ayuda de alguien… mucho menos la tuya… - escupió con desprecio - Y en lo que respeta a mi "lado bueno"; - se giró nuevamente, su mirada impasible - eso fue sólo un lapsus de debilidad, en el que lo único que buscaba era seguir con vida - y sin más se acercó a la puerta.
- Si Harry salvó tu vida, creo que fue por algo… - lo llamó a su espalda - Y estoy dispuesta a arriesgarme a descubrir que vio él en ti.
Draco suspiró, apresando el pomo de la puerta en su mano con fuerza.
- Lo único que vio en mí, fue una persona a punto de morir - replicó con frialdad. Deseando secretamente que ojalá no hubiera mostrado piedad por su vida, y lo hubiera dejado morir en aquel fuego infernal que aún le ocasionaba pesadillas hoy en día.
- No vine a convencerte de nada, Malfoy. Pero tampoco vine aquí para irme sin luchar… así que la decisión está en tus manos: ¿Aceptas mi ayuda ?, o ¿acabas con mi vida?… - sentenció con firmeza. En su voz ya no quedaba ningún rastro de aquel tono soñador con el cual siempre hablaba. Era como si hubieran extinguido la última mota de esperanza que quedaba en su interior - Pero de aquí no saldré sin una de ésas dos opciones.
La espalda de Draco se tensó cuando se giró a verla con sus gélidos ojos grises. ¿Qué era ésa devoción, determinación y coraje que definía a los amigos de Harry Potter ?, ¿cómo una persona podría sacrificar quizás lo último que le quedaba, tan sólo para salvar la vida de otros?
Él había crecido siempre bajo los muros del apellido Malfoy. " Siempre impenetrables ", le había dicho su padre. " Jamás confíes en nadie, ni en ti mismo, o será tu perdición ".
Entonces, ¿cómo personas como Harry Potter, Ronald Weasley, Hermione Granger, Neville Longbottom, Ginny Weasley y Luna Lovegood, podrían existir?… Debía haber algo en ellos que él no tuviera, para que fueran tan distintos.
Pero tan pronto pensó en eso, el rostro de su madre viajó a su memoria, provocándole un profundo dolor de añoranza en el pecho. Amor. Eso era lo que los definía sobre los demás. Lo que le había sido privado a él from su nacimiento, y recibió en contadas ocasiones por su madre, Narcisa Malfoy.
Lo que haría la diferencia con ésos pequeños magos que entrarían en escasos días al colegio. Lo que sería su única salvación en ésos tiempos de guerra.
- ¿Ayudante de Filch ?, sólo serías una distracción más… - expresó al cabo de unos segundos. Los hombros de Luna cayendo lentamente - Cuidado de Criaturas Mágicas; escuché que eras… buena… con los animales - accedió.
Y los ojos de Luna brillaron por un segundo de aquella manera soñadora que la caracterizaba, antes de apagarse con la misma rapidez.
- No te arrepentirás, puedes confiar en mí - subrayó.
Fin Flash Back
- Luna, lo único que necesito ahora es que me prometas que continuarás con la misión. Que no dejarás que les hagan daño a los estudiantes - le pidió, mostrándose repentinamente desesperado.
- Sabes que no lo haré. Me aseguraré de su bienestar - extendió su mano, tomando la suya por encima del escritorio.
Draco le sonrió.
- Lamento dejarte sola justo ahora - la miró.
- ¿Para qué somos los amigos? - le sonrió con calidez.
Draco asintió, mirándola con agradecimiento.
- Debemos preparar todo. Antes de que lleguen - se puso de pie.
- Primero vayamos a las mazmorras, al antiguo despacho de Snape - le pidió Luna.
- ¿Por qué? - arrugó el entrecejo, tomando su larga túnica verde con plata y echándosela a los hombros.
- Encontré su reserva de pociones. Y hay una que te hará falta… - Draco la miró sin comprender mientras abría la puerta y le permitió pasar a ella primero - Tenía bien ganado su primer lugar en Pociones; no sé cómo lo hizo, pero created una poción capaz de inhibir los efectos de la maldición Cruciatus y resistirte al más fuerte Imperius .
Un sentimiento de profundo alivio recorrió a Draco de pies a cabeza, haciéndolo sonreír genuinamente. Y agradeciendo internamente el haber dejado que Luna entrara en su vida.
"... y no sé porque no has venido a la oficina estos últimos tres días, no contestas mis llamadas, ni mis mensajes, y ya estoy preocupada Hermione. Así que, si estás viva, y no quieres que me aparezca en tu casa hoy mismo , más te vale que carreras noticias tuyas en las próximas DOS HORAS "
La comunicación se cortó con un pitido, mientras Harry contemplaba el teléfono en silencio.
Cinco días, corrigió para sí. Cinco días era el tiempo que había transcurrido desde la tarde en que apareciera en la puerta de Hermione. Cinco días en que la castaña no se había separado de él por ningún motivo.
En los que la convivencia, poco a poco, la hacía darse cuenta de que él estaba ahí. Junto a ella. Y no se iría a ninguna parte.
Flash Back
Las horas han transcurrido con más rapidez de la que Hermione hubiera querido jamás. La noche había llegado, y con eso, la inminente separación.
Ambos han dicho "Buenas noches" hacia más de una hora, y se encuentran en la habitación en su propia habitación. Y aun sabiendo que Harry estaba al otro lado del pasillo, justo enfrente de su puerta, Hermione era incapaz de conciliar el sueño.
La posibilidad de que nada de ése día fuera real, de que se quedara dormida y descubriera al despertar que, una vez más, todo se había tratado de un maravilloso sueño; la tenía dando vueltas en la cama, con un pesado nudo de incertidumbre recorriendo su estómago, cual si estaba a punto de vomitar.
Escuchar su risa, ver sus ojos, haber estado aferrada a su cuerpo mientras el sonido de su voz llegaba hasta su corazón; todo parecía estar perdiéndose en algún lugar en el espacio. Era como si miles de años hubieran pasado desde entonces.
¡Debía verlo !, decidió, arrojando las sábanas fuera de su cuerpo y abalanzándose hacia la puerta mientras el aire parecía no llegarles a sus pulmones, mareándola.
La oscuridad del pasillo la dejó ciega por varios segundos, sintiéndose autora de un crimen. Pero ¿y si ésa era la última vez que lo vería ?; la pregunta se formó en su cabeza provocándole un sentimiento de vacío en el pecho. Y giró el pomo de la puerta, adentrándose en la habitación.
La sensación de alivio que la invadió cuando notó el bulto bajo las sábanas, y el suave subir y bajar de ellos, la hizo suspirar.
Ahí estaba. Era real.
Y aunque tal vez nunca llegaría el momento en que se convenciera de ello; al menos tenía ésa noche.
Con pasos trémulos se acercó hasta Harry, incapaz de ver más allá que sombras y figuras de lo que, estaba segura, eran obstáculos en su camino que lo alertarían de su presencia.
El suspiro que exhaló de sus labios temblorosos, cuando se sentó en la cama, al otro lado de su cuerpo, fue incapaz de romper con el sueño de Harry; sintiéndose resguardada por la oscuridad.
- Lamento haber entrado así… - susurró, sabiendo que dormía - Te extrañaba. Siempre lo hago… - un nudo se formó en su garganta sin haberlo previsto.
Es curiosa la manera en que todo funciona, cuando tienes la certeza de que nadie te escucha y puedes exteriorizar lo que por conciencia callas, pensó. Embargada de una valentía que creía hasta hacia cinco segundos extinta.
- Nunca fue mi intención huir de la manera en que lo hice… - le confesó - Pero no me di cuenta hasta ése momento, que tú siempre fuiste el que nos mantenía unidos a todos. Y cuando no estuviste ahí… - las lágrimas se agrupan en sus ojos - Me he sentido sola desde entonces.
Te sientes con la fortaleza para confesar, de mostrar ésa faceta que ocultas de ti misma.
- Hasta hoy… - sonrió en medio de su tristeza - Antes de ti no conocía el verdadero significado de la amistad. Siempre trajiste cosas buenas a mi vida, Harry, aun cuando tú siempre te sentías culpable por el peligro en el que vivíamos… - exhaló aire lentamente, cual si le costara respirar - Pero la verdad es que volvería a pasar por todo eso mil veces, sin dudar.
Una suave respiración elevaba su pecho, dándole a notar la tranquilidad de su sueño. Uno que ella velaría por el resto de sus días, si ése era el precio para no despertar jamás de ésa maravillosa utopía.
- Harry, sé que estás dormido, y quizás nunca escuches esas palabras, al menos no de mis labios; pero hay algo que debes saber, y no puedo seguir callándolo por más tiempo porque temo que pronto todo termine… - se inclinó hacia él.
Un profundo suspiro salió de sus labios, haciendo danzar el cabello negro azabache.
- Harry, te parece que ...
- ¿Hermione? - indagó somnoliento, provocándole un respingo.
- ¡¿Si?!… - chilló con un dejo de histeria; poniéndose de pie de un salto, cual si la hubieran electrocutado.
- ¿Qué sucede? - parpadeó en la oscuridad, restregándose los ojos.
- Yo… yo sólo… - balbuceó.
- ¿Estás bien? - se incorporó sobre sus codos, intentando distinguirla entre la penumbra. No ayudaba el que no contara con sus fieles gafas.
- ¡S-seguro !, yo sólo… ¡Nopodíadormirsinestarseguradequetetengocerca! - soltó atropelladamente, con las mejillas encendidas. Agradeciendo internamente que Harry no pudiera notarlo por la oscuridad que rodeaba la habitación.
Un par de minutos en silencio pasaron luego de aquellas palabras, en las que Hermione escuchaba su propia respiración errática, con el corazón martillando contra su pecho.
- ¿Quieres quedarte aquí? - la pregunta de Harry le aceleró el corazón, asintiendo vehementemente, arrastrándose en la cama hasta tenderse a su lado sin llegar a tocarlo, pero muriendo internamente por hacerlo. E intentando descubrir sus rasgos en la oscuridad. ¿Sería posible que la hubiera escuchado todo ése tiempo?
- Siento haberte despertado - musitó con vergüenza, momentos después.
- Descuida… es agradable descubrir que la persona con la que sueñas, está a tu lado cuando despiertas, y ya no te encuentras solo - le dijo, haciéndola sonreír extasiada.
Y Hermione cerró los ojos, con la certeza de que ahí estaría Harry cuando los abriera por la mañana. Sintiendo un vuelco al corazón cuando éste tomó su mano entre la suya, navegando al mundo de Morfeo, llevándola también.
Fin Flash Back
- ¿Sonó el teléfono? - lo llamó Hermione, provocándole un respingo.
- S-sí… - tartamudeó, regresando a verla; arrugando el entrecejo cuando la vio vestir un pantalón de mezclilla y una blusa sencilla. Demasiado informal para salir de casa - tu compañera del trabajo, de nuevo - le comunicó.
La castaña asintió, sin darle mucha importancia y se dirigió a la cocina. Harry la siguió.
- Dijo que la llamaras en las próximas dos horas o vendrá a aquí - completó, apoyándose en la barra.
Hermione, quien abrió la puerta del refrigerador y su rostro estaba fuera de vista; musitó un juramento entre labios, haciendo un mohín de molestia.
- ¿La llamarás? - le preguntó, después de algunos segundos en silencio.
La ojimiel sacó la cabeza del refrigerador, con varias cosas en los brazos.
- Supongo - se encogió de hombros.
Harry suspiró, dejándose caer en un banco, mientras Hermione dejaba varios vegetales sobre la barra y lo regresaba a ver.
- ¿Todo bien? - enarcó una ceja.
Flash Back
- Entonces cumpliste tu sueño, trabajas en el Ministerio… - la regresó a ver sonriendo con orgullo - Dime, ¿lograste la peddo?
Hermione desvió la mirada con un sentimiento de tristeza en el pecho.
- Es PEDDO… - no pudo evitar corregirle; trayéndole agradables recuerdos - Y no. No trabajo en el Ministerio - contradijo.
Harry la miró sin comprender.
- Pero me acabas de decir que estudiaste Leyes.
- Sí, lo hice… En Oxford - especificó.
- ¿En…?… - calló, mirándola perplejo - ¿Leyes muggles ?, ¡¿eres abogada ?! - respingó atónito.
- Pues si lo pones de ésa manera - arrugó el entrecejo, dolida.
- ¡Tú no puedes ser abogada !; Hermione, es una locura… - se puso de pie.
La castaña, que había permanecido sentada en un amplio sofá, viendo como Harry miraba con interés el álbum de fotografías que poseía de los pasados años; lo tomó de encima de la mesa, donde él lo había dejado, para apresarlo entre sus brazos. Mientras éste comenzaba a caminar por la habitación.
- ¿Y Ron ?, ¿acaso no dijo nada ?, ¿no se opuso? - inquirió incrédulo.
Una mueca de dolor surcó el rostro de Hermione ante la mención del pelirrojo Weasley, dejándola sin argumento.
- ¿No lo hizo? - la regresó a ver sorprendido, malinterpretando su silencio.
- Ronald y yo no nos hemos muy a menudo desde entonces… - se visto pasó una mano por el cabello.
- ¿Desde qué, exactamente? - se detuvo frente a ella.
- La batalla… hace once años - musitó casi inaudiblemente.
Harry soltó una leve carcajada, cual si Hermione estaba gastándole una broma. Pero todo rastro de diversión se extinguió de su rostro cuando vio la seriedad en el de la castaña.
- Debes estar bromeando - replicó incrédulo.
Hermione meneó la cabeza de un lado a otro, negando.
- Pero, ¿qué hay de los Weasley ?, ¿Luna ?, ¿Neville ?, ¿rompiste todo contacto con ellos también?… - dio un paso hacia ella - ¿Por qué? - inquirió desconcertado cuando la vio bajar la cabeza, asintiendo.
- Estaba… ¡estaba dolida !, ¡sintió ira y dolor por ellos y contra cada uno!… - lo regresó a ver, sus ojos brillantes, translucidos de emociones.
Harry dejó caer los hombros.
- Por mí - afirmó.
Hermione volvió a desviar la mirada.
- Por haberte perdido - exhaló.
- Entonces sólo huiste del dolor… - le acusó, sin darse cuenta de la brusquedad con que lo hizo, cual si le recriminara - Hermione, ellos eran tu familia, ¡tu vida! - enfatizó, sentándose frente a ella, sobre la mesa de centro.
- Yo tengo una nueva vida ahora - zanjó colocándose de pie.
Fin Flash Back
- Hermione, entiendo que tengas una vida fuera de esas cuatro paredes. Mi regreso no implica que debas renunciar a ello - replicó con seriedad, sorprendiéndola por sus palabras.
- No lo hago - refutó, sentándose frente a él, al otro lado de la pequeña barra, contemplándose el uno al otro.
- Aparecí hace cinco días. Y no has salido ni siquiera a recoger el periódico que se amontona a la puerta de tu casa - le hizo ver.
- Existen los noticieros - musitó débilmente.
Harry meneó la cabeza.
- Ni siquiera hemos ido con el doctor que dijiste, para que me hiciera unos lentes. He visto borroso desde el día en que llegue - se cruzó de brazos, encima de la barra.
- Porque saque la cita para mañana.
- ¿En serio? - la miró escéptico.
Hermione asintió, mordiéndose la punta de la lengua con los dientes, por la mentira. Y haciendo una nota mental de hacerlo enseguida.
- Hay personas que dependen de ti… - insistió Harry - ¿Por qué no quieres volver ?, ¿es por mí? - le preguntó finalmente.
Hermione eludió su mirada.
- Aun piensas que esto es un sueño y despertarás en cualquier momento… - dedujo. Ella asintió luego de unos segundos - Ya te expliqué que… - comenzó.
- Es que… si tan sólo me dijeras cómo es que esto es posible. ¿Cómo regresaste de… donde sea que estuviste? - lo regresó a ver con impaciencia.
Ésta vez fue el turno de Harry para desviar la mirada.
- No es grato para mí hablar acerca de eso y lo sabes - expuso serio.
- Sí, lo hago, y no intento presionarte ni nada; pero es que también entiéndeme. No es justo. Yo te he explicado lo poco o mucho que sé de los once años que perdimos, pero tú. Harry, lo único que me has dicho es que apareciste frente a mi puerta porque es donde sabías que debías estar; eso es todo.
Harry se mantuvo en silencio. Hermione mordió su labio inferior por un segundo, tomando aire.
- Si tan sólo supiera cómo se dieron las cosas… - musitó sin aliento, presa del nerviosismo - Necesito saber.
La mirada de Harry se ensombreció.
- ¿Qué necesitas saber ?, ¿cómo escapé del Infierno? - la regresó a ver con dureza.
Todo estaba listo, pensó Luna cuando ella y Draco se dirigían de vuelta al despacho del rubio. Los hechizos de protección han sido reforzados, las salas comunes han sido hechizadas para crear un escudo en caso de ser necesario, las escaleras se moverían según la necesidad más desesperada de cada estudiante, los elfos domésticos han sido avisados, la enfermería había sido abastecida con toda clase de pociones curativas. Hogwarts estaba equipado para proteger a sus alumnos.
Cuando subieron la escalera giratoria, que conducía a la oficina del director, Luna pudo apreciar finalmente la preocupación que cubría el rostro de su amigo Draco Malfoy.
- La poción, ¿la tienes cerca? - le preguntó.
El rubio la regresó a ver, asintiendo débilmente mientras señalaba el bolsillo interior de su túnica.
- El efecto sólo durara un par de horas, Draco. Necesitas ser muy cuidadoso, y medir el tiempo… - le instruyó. Mientras éste abría la puerta - Escóndela cuando ellos vengan por ti, ¿de acuerdo?
Él asintió nuevamente, contemplando a su alrededor con gesto distraído.
- Podrías huir - susurró. Captando su completa atención.
Flash Back
- ¡Vamos, vamos! - la haló del brazo, haciéndola correr. Mientras a sus espaldas se escuchaban las grandes zancadas de un hombre lobo. Soltándola, sin poderlo evitar, cuando toparon con un gran árbol y cada quien tuvo que irse por diferentes lados; chocando con ramas y raíces del mismo, pero sin detenerse.
Draco, a un par de metros por delante, lanzaba miradas sobre su hombro cada tanto, asegurándose de que Luna aun lo seguía.
Un aullido, una embestida que le sacó el aliento, y Luna gritó cuando sintió el golpe en su espalda antes de ser arrojada sobre su cuerpo, con la bestia rugiendo a sus pies.
- ¡DRACO! - chilló, haciéndolo detenerse en seco.
Sintiendo el corazón latir frenético en su pecho, y la respiración agitada, Luna contempló al hombre lobo frente a sí, mientras intentaba inútilmente ponerse de pie; descubriendo que su pie había quedado atorado en la raíz del árbol; su varita, tirada a un par de metros fuera de su alcance, resplandecía por los rayos de la luna en medio del Bosque Prohibido.
¿Por qué demonios decidió internarse en el bosque, cuando la posición inicial, en los límites de, era mucho mejor para los hechizos protectores ?, lamentó, viendo como la bestia se aproximaba lentamente hacia ella, luego de haberla derribado con su cuerpo .
- ¡REPULSO! … - gritó la voz de Draco mientras un rayo de luz pasaba casi rosando a la rubia, impactando en la bestia, repeliéndola por los aires varios metros de distancia mientras Luna contemplaba todo con los ojos abiertos de par en par y el respirar agitado - ¡ ¿Vas a quedarte ahí tendida ?! - el llamado a su espalda, la hizo girar la cabeza para verlo aproximarse a ella con rapidez y determinación.
- Pudiste haberme dado la espalda, huir… y en lugar de eso, estás aquí - musitó Luna mientras aceptaba la mano que le tendía Draco, ayudándola a ponerse de pie, y liberándola con un hondeo de varita.
- Me temo que ésa ya no es una opción… - negó él, regresando sobre sus pasos y recuperando del suelo la varita de la rubia.
- ¿Por qué? - lo interrogó confundida.
- Confío en ti… - aquella simple frase los sorprendió a ambos - Y tenías razón, creo que sí hay algo bueno en mí, después de todo - agregó, regresándole la varita.
- ¿Eso quiere decir…? - lo miró sorprendida.
- Que, si tener un amigo significa poner mi vida en riesgo por su seguridad, entonces prepárate para verme cometer un montón de estupideces y no volver a huir jamás - manifestó con un dejo de humor.
- Entonces, como amiga, te digo: esa barba y bigote no van contigo. Te hacen ver viejo - sonrió burlista.
Draco sintió algo extraño sacudirse en su estómago, escalando su pecho, hasta escapar por su boca en forma de una carcajada de gracia.
- Vamos Lovegood.
Fin Flash Back
- Creo que el momento de huir se me escapó de las manos hace once años, Luna - le sonrió.
La rubia lo miró sin poder ocultar la preocupación en su rostro.
- Vamos Lovegood, no te desanimes. Ya encontrarás alguien aquí con el suficiente intelecto para poder tener una buena conversación - se acercó a ella, colocando una mano sobre su hombro.
- Claro, Buckbeak siempre es buena compañía - asintió, sacándole una sonrisa divertida.
Y se quedaron así por largos segundos, contemplándose el uno a la otra.
- No dejes jamás que acaben contigo, Luna… - sus palabras pronunciadas en casi un suspiro, sorprendieron a la rubia. Aún más cuando Draco la abrazó de manera urgente, enterrando el rostro en su cuello - ¡Cuídate! - susurró en su oído.
- Tú también - respondió de vuelta.
Hermione abrió la boca sin saber que decir luego de su exabrupto, fallando en tres intentos por buscar cambiar el tema de conversación, pareciendo un pez fuera del agua.
- Mira, hagamos un trato… - replicó Harry, tratando de remediar de alguna forma su brusquedad al hablarle - Llama a tu compañera, para que ya no se preocupe por ti… Y después, después podrás preguntarme lo que tú quieras.
- ¿Estás seguro? - lo miró indecisa.
- Contigo, sé que jamás me obligarías a ir más allá de lo que estoy dispuesto - asintió.
Hermione accedió luego de unos segundos. Y Harry sonrió, bajándose del banco de un salto y tomando el teléfono que estaba sobre la mesa, tendiéndoselo a una castaña con expresión pensativa.
- ¿Ahora? - enarcó una ceja, curvando sus labios en una sonrisa.
Harry se encogió de hombros.
- ¿Qué haré contigo? - suspiró, recibiendo el teléfono, y saliendo de la cocina mientras marcaba el número de la oficina.
- Recuperar nuestras vidas - susurró Harry cuando la perdió de vista.
- ¿Y bien ?, ¿cómo resultó todo? - le preguntó minutos después, cuando Hermione se asomó en la cocina. Y él se estaba encargando de picar los vegetales, luego de haberlos lavado.
La castaña suspiró, recargándose en la puerta.
- Tengo que ir a la oficina, ya me ausente mucho tiempo.
- De acuerdo - asintió Harry distraídamente.
Hermione suspiró nuevamente, contemplándolo.
Flash Back
Con un nudo en la garganta imposibilitándole respirar y los ojos repentinamente inundados en lágrimas, Hermione corrió escaleras arriba sintiendo que caía en un pozo sin fondo conforme avanzaba.
Y tampoco lo encontró ahí.
No podía estar pasando. No podía ser mentira. Ella lo había tocado. Hablado con él. Abrazado. Merlín, justo ayer le había dicho cuanto lo extrañó y él había prometido no irse de su vida nunca más.
Un sollozo nació en su garganta, dejándose caer de rodillas frente a su cama.
- Hermione, ¿ya saliste de la… ducha?
Sin poder creerlo, y creyendo que acababa de renacer en ése mismo instante, Hermione se giró hacia la puerta. Donde Harry la contemplaba con extrema preocupación en sus ojos verdes.
- ¿Qué sucedió?… - se acercó a ella con pasos apremiantes, deteniéndose cuando Hermione se incorporó de un salto, arrojándose a sus brazos, abrazándolo con desesperación - ¿Herm?
- No estabas en la sala - murmuró en su oído, haciéndolo sonreír comprensivo.
- Sólo salí un momento al jardín trasero - la calmó.
Hermione se aferró a él.
- Hermione, tranquila… - la apartó un poco para mirarla a los ojos. La castaña temblaba - No vas a llorar cada vez que me veas, ¿o sí? - le preguntó con una sonrisa tranquilizadora.
- N-no - musitó con voz trémula, su barbilla temblando, los ojos aguados.
- No iré a ningún lado, Herm - la tranquilizó, depositando un prolongado beso en su frente.
Fin Flash Back
- ¿Qué sucede? - la llamó.
- Mañana mismo debo volver al trabajo - especificó Hermione.
- No me moveré de aquí, lo prometo - y para resaltar aquella frase, puso el cuchillo sobre la mesa, asiéndose de this, y dejándose caer sobre un banco. La castaña mordió su labio inferior.
- Sólo demoraré un par de horas, regresaré pronto. ¿De acuerdo? - lo miró indecisa.
- Y yo seguiré aquí - asintió Harry.
Exhalando un suspiro, Hermione finalmente asintió.
- Un par de horas - le reiteró.
- Y aquí estaré yo - repitió Harry con diversión.
- Más te vale que lo cumplas Potter… - le advirtió - Te voy a extrañar.
Harry le sonrió.
- Yo también te voy a extrañar.
El corazón de Hermione se aceleró sin poder evitarlo. Y ella que pensaba ya había olvidado lo que sintió cada vez que expresaba alguna muestra de cariño hacia ella. ¿Qué iba hacer con ése traicionero corazón que poseía, y se agitaba sin remedio cada vez que lo veía ?, se preguntó. ¿Realmente podría soportar separarse de él siquiera cinco minutos?
- ¿Y si mejor…? - empezó.
- Hermione… - la advertencia en su voz la hizo morderse el labio inferior, arrugando el entrecejo, como solía cuando hacerlo algo se le negaba de pequeña. Harry sonrió al ver ése gesto - Mira, hagamos algo, déjame acompañarte mañana, para que veas que no sucede nada si vas a trabajar; y al siguiente día…
Pero ya no pudo decir el resto, porque Hermione se había abalanzado sobre él con tanta fuerza que los volcó a ambos, con todo y taburete, sobre su espalda.
- Sabía que algún día ibas a ocasionar que terminara en el suelo - rio cerca de su oído, ahogando el gesto de dolor por el golpe contra el duro piso.
- ¡Lo siento! - se disculpó Hermione, sin poder ocultar la carcajada divertida en su voz.
Sintiendo el aire húmedo impactar en su rostro, Draco caminó a lo largo del pasillo del primer piso, reconociendo el nudo de amenaza en su estómago. La puerta principal estaba abierta de par en par, al igual que todas las ventanas cercanas, dejando entrar la suave llovizna del exterior.
Y en medio del corredor, grandes huellas de lodo se conducían hasta donde estaba él.
- Deberías cerrar bien ésas ventanas, algún niño podría enfermarse - le llamó una voz rasposa a su espalda, haciéndolo detenerse.
- Y supongo que, en tu moral, no está el morder a niños enfermos… ¿Cierto, Greyback? - se giró para encarar al hombre lobo.
Fenrir Greyback, más alto que él por más de dos cabezas, de complexión tosca, rasgos lobunos, dientes amarillentos y afilados; se mostró divertido ante sus palabras.
- Bueno, uno siempre podría hacer ciertas excepciones, la comida no abunda tanto estos días… - se acercó a él - Claro, siempre y cuando su carne sea tierna - se relamió los labios.
- ¿Quién te envió Greyback ?, - lo miró impasible - ¿mi padre ?, ¿Dolohov?
- Tu padre - dio otro paso hacia él.
Draco reprimió un escalofrío de repulsión, percibiendo el hedor a sangre y putrefacción en su aliento.
- Vamos entonces - dio un paso hacia atrás, girándose, dirigiéndose a la salida.
- Sí, pero resulta que no es tan sencillo… - lo llamó, haciéndolo detenerse nuevamente - Verás, me dijeron que te llevara, pero no dijeron cómo. Y eso de estar encerrado todo el tiempo, o atacar aldeas de muggles sólo bajo órdenes, empieza a ser un poco aburrido para mí y mis amigos.
La mirada de Draco se ensombreció cuando frente a él llegaron los carroñeros, encabezados por Scabior.
- Y, además, no creo que a tu padre le moleste que juguemos un poco contigo. Después de todo, al final del día, no eres más que otro traidor a la sangre del cual quiere deshacerse - siseó Greyback a su espalda, haciéndolo girarse bruscamente.
Y entonces una maldición salió volando hacia Draco, quien apenas tuvo tiempo de esquivarla, arremetiendo contra el hombre lobo mientras los carroñeros lo atacaban por la espalda, provocándole grito de dolor, cayendo de rodillas, sintiendo la maldición Incarcerous inmovilizándolo de pies a cabeza, con la varita firmemente apresada en su mano. Y luchando contra las ataduras que lo envolvieron, Draco pudo convocar un Confringo que lo liberó, mandando volar a los carroñeros. Una nube de polvo se expandió a lo largo del pasillo, causando tal estruendo cuando trozos de piedra salieron volando en todas direcciones, que quedó aturdido por un par de segundos, incapaz de distinguir donde estaba Scabior o Greyback… recibiendo un certero Desmaius en la cabeza ...
Y de lo último que fue consciente antes de perder el conocimiento, fue de la risa lobuna de Greyback atronando sus oídos.
