Capítulo 2: El plan

— Mormont —

Al escuchar su apellido, Jorah abrió los ojos con bastante dificultad intentando enfocar sus pensamientos mientras los estruendos se percibían con firmeza contra la puerta.

— ¡Mormont! — el grito de Tyrion Lannister hizo que el hombre saltara de la cama y sin preocuparse del atuendo que traía abrió la puerta sin dar rodeos.

— ¿Qué ocurre? — con la ceja levantada Jorah indago a la mano de la reina, con aquella seriedad y preocupación que lo caracterizaba.

Solo por precaución él mayor de los dos hombres junto la puerta para que nadie más pudiese escuchar. Aunque deteniéndose en el estado eufórico del menor de los Lannister aquello parecía algo más que imposible y por lo tanto era importante ¿Pero qué tan importante? De lo único que podía estar seguro Jorah, es que Daenerys estaba bien.

— Hay una junta ahora — Tyrion sin preocuparse de la advertencia que le había hecho el oso la noche anterior, le dio un sorbo largo a la copa de vino — Hemos perdido Altojardín, mi hermano tomo posición de la casa Tyrell — dio un suspiro pesado y luego de haber ladeado la cabeza de lado a lado se volvió a servir más vino. — Un brindis por la reina de las espinas. — y levanto la copa para bebérsela en seco. Tyrion le estaba dando tiempo para que procesara la información.

Entonces Jorah tensó levemente la mandíbula. Había escuchado muchas cosas sobre Olenna Redwyne. Sabía que era una mujer fuerte, valiente e inteligente. Entre sus pensamientos y con reconocimiento pensó que tal vez Olenna podría haber sido una mujer de Bear Island por su espíritu de lucha y alma guerrera. Sin duda una mujer que merecía ser admirada y elogiada.

— Aquello no es todo — como si hubiese sido suficiente de vino, Tyrion dejo la copa sobre la mesa y luego fijo su vista sobre el pecho desnudo de su interlocutor.

Jorah como buen norteño resistía el frio de Rocadragón a tal punto que había decidido dormir sin su camisa.

Aquella pausa en el discurso de Tyrion debido al escrutinio minucioso sobre la carne enrojecida, hicieron que el mayor se sintiera incómodo y levantara una de sus cejas. Sin decir nada Tyrion entendió aquello y continúo luego de aclararse la garganta.

— Estoy seguro que mi hermano volverá a Roca Casterly. — una pequeña pausa que sirvió para que Jorah caminara hasta donde estaba su ropa y comenzara a vestirse. — Habíamos enviado a los inmaculados, Gusano Gris los iba comandados pero. . . — un suspiro de exaltación — Caímos en una de las trampas de Cersei y ahora no sabemos el paradero de Gusano Gris.

Las noticias eran terribles. Jorah estaba seguro que Daenerys estaría preocupada por la suerte del inmaculado. Daenerys a diferencia de otros gobernantes siempre se preocupaba y si él estaba preocupado solo quería decir que, aunque otros no lo notaran debajo de todo aquel fuego que corría por sus venas tenía un corazón y que ese corazón tenia sentimientos. Aunque fuera una reina también era una mujer. Daenerys iba a declararle la guerra a Cersei pronto y su percepción no era errónea podía estar en ese mismo instante montada en Drogon.

— Ve — le ordeno el norteño mientras se apresuraba con la vestimenta. — Detenla, conociéndola puede ser que haga algo imprudente. — Su voz denotaba la preocupación y el miedo de que ella ya no estuviese en la isla — Dos aliados en un día sería demasiado para que cargara sobre sus hombros — hizo una pausa mientras se terminaba de abrochaba el pantalón — Hay que vigilar a Varys, hay alguien aquí que está cantando todos nuestros movimientos.

— Pero no creo que… — el Lannister no quería dudar de su amigo más antiguo pero el pasado hablaba por todos ellos.

— Los animales son muy difíciles que se les corrija los hábitos

Tyrion movió la cabeza dándole la razón a Jorah y sin decir nada más, se acercó hasta el escritorio donde se encontraba su jarra decomisada y echando una mirada significativa abandono la habitación para cumplir con las órdenes del Mormont. Le gustase o no tenía razón.

Antes de seguir los pasos de la mano del rey, Jorah se miró en el espejo para poder acomodarse mejor la ropa y así cubrirse la mayor parte de las cicatrices. El solo pensamiento de que Daenerys fuese a verlas le causa vergüenza. El norteño podía comportarse como un mártir si lo deseaba.

Luego de unos cuantos minutos se encontraba todo el consejo reunido en la sala principal de Rocadragón.

Había mil y una estrategias, todo el mundo en aquella habitación parecía tener la razón a la hora del ataque.

El Mormont escuchaba con atención cada palabra que el consejo daba, algunas ideas realmente eran malas y otras podían funcionar; pero aquellos ojos azules estaban clavados en la cabecera en donde se encontraba su Khaleesi.

Si bien habían estado mucho tiempo separado y Missandei pasaba gran parte del tiempo con su soberana, la única persona en aquella sala con el don de poder leer la mente de Daenerys era Jorah y estaba preocupado. Había que convencerla de no hacer algo imprudente.

— Los inmaculados están obligados a volver por tierra, Euron Greyjoy los tiene atrapados — Varys habló moviendo un par de fichas sobre el mapa — la única salida es que se retiren por norte, de otra manera daríamos la posibilidad a Jaime Lannister que recupere su hogar.

— Gusano gris no se quedara quieto esperando una respuesta. Si es necesario defenderá el lugar con su vida antes de darle lo que hemos ganado. — agrego Tyrion volviendo las fichas a su lugar. — Aun podemos sacar ventaja de esta situación, han sufrido bajas y nosotros aún contamos con los Dothraki. — el Lannister miro por un breve momento a la reina y continuo — podemos enviar a nuestros mejores jinetes para que alcancen a mi hermano y así en cuestión de poco tiempo lo detendríamos.

Los ojos violáceos de Daenerys observaron con detenimiento cada ficha que se encontraba en el mapa, se encontraba analizando cada una de las posibilidades que sus hombres le habían comentado. A pesar de ellos, Jorah no estaba muy seguro de que realmente ella estuviera estudiando en silencio las posibilidades, no, simplemente estaba intentando controlar su propio fuego.

¿Qué piensa Ser Jorah?

Entonces Daenerys alzo su vista y se encontró con aquella profundidad que era los ojos azules de su más leal consejero.

— Pienso que no podemos permitirnos perder más gente, su gracia.el norteño no quería desechar los consejos ajenos pero tenía más guerras en sus hombros que cualquier que estuviera allí. — Hemos perdido dos aliados fuertes. Perder a los inmaculados simplemente por no haber pensado en todas las otras posibilidades sería un… — hizo una pausa buscando en su cabeza las palabras correctas — Una mala jugada que acabaría con la victoria de Cersei con mucho cuidado Jorah se acercó a la mesa y tomo un par de fichas, esas mismas que tanto habían movido Varys y Tyrion en su propio juego personal. — No contamos con una flota tan grande como para hacer frente a Euron Greyjoy en el mar. Sería muy tonto pelear con ellos en su terreno, sumado a que no tenemos tiempo para navegar hasta allá si es que queremos que nuestro ejército aun siga con vida y energía — fue acomodando una a una las fichas mientras hablaba con tranquilidad.

Se hizo un silencio que dio lugar a un cruce de miradas entre el león y el oso.

— Tyrion tiene razón — ¿Aquello se sentía como un dejavu para Jorah o simplemente el diablillo siempre llevaba la razón? — Podríamos enviar a los Dothraki, ellos sabrán hacer frente al ejercito Lannister — una pequeña pausa — O si queremos evitar un enfrentamiento directo y ganar tiempo como hombres, se podría enviar vuestra mano a hablar con su hermano mientras que los Dothraki van ayudar a los inmaculados contra los Greyjoy… los hombres de mar solo son buenos en el agua, esto quiere decir que al igual que los peces mueren cuando tocan tierra. —

Ya tenía la experiencia de Pyke y aunque hubiesen pasado años, Jorah estaba seguro que los Greyjoy eran débiles en tierra.

— Una distracción, bastante ingenioso Mormont — celebro Tyrion y si hubiese podido, hubiese dado un trago a su copa de vino.

Se hizo un gran silencio mientras la madre de los dragones caía en una meditación absoluta.

Si el plan llegaba a fallar aún estaba aquella posibilidad que todo el mundo temía: Daenerys se montaría en Drogon y sin pensarlo dos veces e iría atacar Desembarco del Rey. Ganaría sin duda pero Jorah en el fondo de su ser sabía que buenos y malos acabarían muertos. Ya había servido una vez a una rebelión y nunca se había podido quitar de la cabeza lo que el humano era capaz de hacer a otros que no ofrecen resistencia. Daenerys era mejor que los hombres y seria la reina del pueblo, solo había que guiarla.

— ¿Y usted cree que Jaime Lannister accederá hablar con Tyrion solamente por qué es su hermano? —Aquello no fue dicho con desdén ni mucho menos, simplemente estaba cargado con cierto grado de escepticismo por parte de Varys —Tyrion está de nuestro lado, en contra de su propia familia. — hizo una pequeña pausa — Todo el mundo sabe que en nombre de su hermana no perderá ninguna batalla. Es uno de los mejores caballeros de todos los siete reinos y además de ser una de las razones por las que Cersei Lannister aún se mantiene en el trono.

— Eso y porque otras personas solo se han ocupado de ayudarla a ascender sin medir consecuencias. No vamos a dar nombres pero creo que todos lo sabemos. Jaime puede cambiar de parecer como lo hizo Tyrion. — bufo el mayor manteniendo la mirada fijamente sobre el eunuco — Ahora hay un tema más importante para los siete reinos, y es que los caminantes blancos cada vez avanzan más.

Las miradas se fijaron sobre el Mormont, de tal forma que este podía sentir como le atravesaban el cuerpo y fue cuestión de segundos para que se diese cuenta que no era a él a quien estaban observando sino a alguien a sus espaldas.

Aquel hombre se giró para encontrarse cara a cara con aquella hechicera.

El frio le recorrió el cuerpo de punta a punta. Algo dentro de su ser lo ponía en alerta y no sabía muy bien el por qué pero aquella mujer le causa miedo.

— ¿Usted también ha escuchado sobre los caminantes blancos Ser Jorah? ¿Cree realmente en su existencia? — la voz de Daenerys interrumpió los pensamientos del oso y lo devolvió de nuevo a la realidad.

Sin quitar la vista de Melisandre, Jorah asintió con la cabeza.

Quizás si le hubiesen hecho aquella pregunta hacia un par de años atrás, el Mormont hubiese negado todo aquel cuento sobre los caminantes blancos pero desde que había tenido el tiempo suficiente para meditar; Jorah había pensando en por qué su padre había cuidaba el muro durante todos estos años. Había dado hasta su vida por ello. Más allá de todo eso, Jorah no podía desconfiar de Samwell Tarly.

— Sí — respondió ahora con la voz y con cuidado se fue acomodando para no darle la espalda a Melisandre— Debemos unirnos todos antes que no podamos volver a ver la luz del sol. — agrego y soltó un suspiro antes poder proseguir — Tyrion debe hablar con su hermano, que sea nuestro intermediario con Cersei, lograr una tregua y hombres que puedan luchar antes en el muro antes que caiga. — entonces se llevó la manos al brazo y se tocó en donde había tenido la infección – Quien me curó ha matado a uno de estos caminantes blancos, mi padre fue Lord comandante de la guardia de la noche y he visto como han nacido tres dragones. Solo tenemos que creer un poco más en las personas nos rodean.

— Todos vemos día a día como se pasean los dragones por nuestras cabezas y hasta hace un tiempo atrás creíamos que estaban extintos. — intervino la mano de la reina ladeando la cabeza — Yo prefiero tres dragones sobre mi cabeza que un grupo de muertos blancos caminando por cada rincón de estos siete reinos. No sé ustedes pero el frio no es el clima que más me emocione.

Parecía como si el apoyo de Tyrion hubiese sido suficiente como para que Varys no volviera abrir la boca. Jorah no tenía la certeza si era él o no el espía de Cersei Lannister pero pronto se enteraría: si Jaime sabía sobre los planes de Tyrion con antelación, Daenerys tendría a su pájaro cantor antes de que los caminantes blancos llegaran a ellos.

Luego de un largo silencio la madre de los dragones volvió a echar un vistazo al tablero. La decisión ya estaba tomada.

Entonces observo por un breve instante a su intérprete. Ambas mujeres pensaban en Gusano Gris, Jorah sabía que la preocupación en aquel momento era no perder al inmaculado como a ningún otro hombre de su ejército. Todo debía salir bien.

— Tyrion viajara para encontrarse con Jaime Lannister lo antes posible. Debemos evitar que sus tropas ataquen Roca Casterly mientras mis Dothraki marcharan para ayudar a los inmaculados en la lucha contra Euron Greyjoy. — Daenerys hizo un gesto dando a entender que aquella reunión había sido dada por terminada.

— Ya mismo hare que sus órdenes se cumplan su gracia – Tyrion hizo un gesto con la cabeza a modo de reverencia antes de salir de la sala.

Ser Jorah estaba por seguir los pasos a de su amigo cuando al escuchar la pregunta de Varys hizo que se detuviera en seco.

— ¿Y quién irá a la cabeza de los Dothraki? —

La espada jurada de la madre de los dragones se giró de tal forma que pudo ver directamente a los de Varys. La araña nunca perdía nada de su vista con sus ocho ojos y sus ocho patas.

— Yo, si su gracia no se opone — respondió con mucha seguridad el hombre sabiendo que aquello era lo que esperaba escuchar su interlocutor — ¿Hay alguno otro mejor?

Daenerys miró a ambos hombres pero no se atrevió a interrumpir aquella discusión. A veces podían ser tan estúpidos intentando medir sus egos.

— Por supuesto que no, nunca nadie ha dudado sobre vuestras virtudes Ser Jorah —

— Así que espero que cuides a la reina porque Drogón siempre está cuidándola y creo que nunca has visto un dragón enojado — sonrió de costado el Mormont con aquella amenaza.

Varys se había tensado notoriamente ante la advertencia pero aquello no era lo que más podía llamar la atención del norteño sino era que los ojos de su reina estaban sobre él.

— Por favor retírense todos menos usted Ser Jorah — ordeno Daenerys

La habitación quedo vacía en cuestión de segundos. Nadie se atrevió a contradecir a la Targaryen o si quiera agregar algo más.

Jorah coloco las manos detrás de su espalda mientras que en su cabeza rondaban pequeñas ideas de lo que podía estar pasando por la mente contraria. No iba perturbase. Había un plan en marcha que llevar a cabo.

— ¿Quién le dio la orden de ir con mis hombres Ser? — Daenerys pregunto con aquel tono de voz de reto mientras se levantaba de su asiento.

El hombre alzo las cejas un tanto asombrado. No pensó que le iba a regañar por eso por lo que simplemente se limitó primero a negar con la cabeza.

— Su gracia — comenzó por disculparse el Mormont — El miedo de su nuevo consejero es válido. Si yo estoy con ellos tenemos mejores probabilidades de que el rescate de Gusano Gris y vuestros hombres sea exitoso.

— ¿Y sino? — Hizo una pausa como si estuviese buscando las palabras en su cabeza — Has pasado mucho tiempo lejos de vuestra reina y ahora que has regresado solo quieres irte de nuevo. — Sus ojos buscaron los de Jorah antes de continuar — Ya he perdido a dos aliados, no me gustaría perder a un amigo en esta guerra.

Al ver la preocupación en los ojos de la Targaryen, Jorah se acercó con paso lento; aún tenía miedo al contacto físico con otra persona. ¿Qué tan efectivo había sido el tratamiento del muchacho Tarly? Ya había abrazado una vez a Daenerys desde su regreso pero no quería arriesgarse más.

— Siempre que me he apartado de ti he regresado, sin importar el obstáculo que me encuentre en el camino, regreso y ahora también regresare. – Jorah le dedico una sonrisa amplia demostrándole todo lo que no podía decir con palabras – Estoy curado gracias a ti, tu orden y a que…

Daenerys levanto la mano para terminar por acariciar la mejilla del hombre. Jorah cerró los ojos. Su calor era demasiado agradable para su piel. Había pasado un largo tiempo buscando la cura a aquella cruel enfermedad y solo se había mantenido en pie gracias a que ella le había dicho que lo necesitaría a su lado.

— Entonces te ordeno que vuelvas a mi, Ser Jorah — ella habló con tal delicadeza que el norteño tomo su mano con aquel miedo de dañarla, aun creía que a veces que era un sueño. Demasiado perfecta para que fuera real.

Giro su mano y deposite un beso justo en la palma.

— Regresaré Khaleesi, siempre regresaré a ti – se separó de Daenerys aunque su cuerpo no lo quisiera — El trono será tuyo pero primero hay que enfrentar al invierno. — le sonrió antes de hacer una reverencia y cerré la puerta detrás de mí.