Capítulo 3: Roca Casterly

El guerrero apretó el puño con bastante fuerza, y es que podía sentir como todos los músculos de su cuerpo se tensaban ante el mínimo contacto ajeno.

El dolor que le recorría por el cuerpo iba a una velocidad asombrosa y parecía no tener piedad ante las viejas heridas.

— ¡Ah! — gritó el mayor de los dos hombre no pudiendo soportar más aquella tortura. –— Ten más cuidado — bufo en tono molesto, la sangre le recorría por toda la espalda.

— Lo siento Ser se disculpó el muchacho con un tono de voz que denotaba vergüenza y timidez, apenas sabia sobre curaciones y con tantos heridos el mestre estaba ocupado con otros heridos más graves.

Entre los Dothraki y los inmaculados, el guerrero del norte había elegido por su tamaño había a un soldado inmaculado. Pensó erróneamente que por su tamaño sería mucho más delicado.

— Descuida, no es tu culpa — Jorah alzo la mano libre para darle a entender al soldado que podía seguir con su trabajo. Por suerte ya quedaban menos pedazos de vidrio para retirar de su piel.

Entre la escala de grises y estas nuevas heridas, por la cabeza de Jorah apareció la imagen de lo que podría estar viendo el muchacho. Una imagen bastante desagradable. Seguramente tendría más piel endurecida por las cicatrices que piel sana. Ya no quedaba rastro de su piel blanca y característica del norte.

Como Jorah estaba en sus pensamientos y el inmaculado estaba concentrado en su labor, se hizo un pequeño silencio. No era incómodo sino que era lo que necesitaban en aquel momento. Aunque el peligro había desaparecido aún estaban en alerta.

Pero aquello no duro por muchos minutos, el viejo oso pudo escuchar unos pasos que se dirigían hacia la habitación.

La puerta había quedado abierta por si alguno de los guardias tenía que dar algún tipo de informe o noticia urgente; ya se por el estado de Gusano gris, si es que llegaba un nuevo mensajes de Khaleesi o porque no alguna novedad sobre los Lannister.

Para la sorpresa de ambos hombres quien apareció por el umbral de la puerta fue aquella mujer de pelo rojo. Ya no era el dolor lo que tensaba el cuerpo de Jorah, no, era la sensación extraña que le causaba Melisandre cada vez que la veía.

La espada jurada de Daenerys tenso la mandíbula cuando la sacerdotisa entro.

¿Cuál era el motivo principal de su reina para conservarla a su lado?

Ya tenían bastante con Varys como para que esta mujer estuviese susurrando al oído de Khaleesi consejos que se basaban en puras profecías. Todos sabían lo que había pasado con Stannis.

— Ya he terminado Ser, si es posible duerma boca abajo esta noche o de costado para que las heridas se curen mejor. —

La duda quedaría en el aire si es que el inmaculado realmente había terminado o simplemente quería largarse de aquella habitación.

— Sí, gracias — Jorah hizo un pequeño movimiento con la cabeza para dejar que el muchacho abandonara la habitación y después agarro la camisa para colocársela. No quería ser grosero con ella, ante todo el norteño había sido educado como un Lord y aunque quizás no fuese uno muy bueno, aún conservaba aquellos bueno modales. Le gustara o no la presencia en la habitación iba hacer cortes.

Mientras terminaba de anudarse el pañuelo levanto la cabeza. Una idea cruzo por la cabeza del hombre.

— ¿Le ha ocurrido algo grave a su gracia? — preguntó curioso mientras se acomodaba en una de las sillas que se encontraba al lado de la cama.

— Su majestad se encuentra más tranquila con el pequeño triunfo que han tenido sus tropas el día de hoy hizo una pausa como si meditara algo en su cabeza — ¿Puedo cerrarla Ser Jorah? — miró la puerta sabiendo que la última vez que la había cerrado sin la autorización del hombre había provocado este la echara — Es algo importante lo que tengo que hablar con usted; y estoy segura que su gracia pronto estará aquí para poder hablar con usted sobre la batalla.

Alzo ambas cejas sin poder evitar el asombro ¿Qué hacía aquí Daenerys cuando se suponía que debía estar en Roca Dragón? ¿Cómo había sido posible que Varys o Missandei no la hubiesen frenado para que no hiciera el viaje hasta aquí? ¿Por qué mierda nadie le podía decir que no a su propia reina cuando era lo mejor para ella y el reino? ¿A caso no había nadie que le contradijese?

— Ella estaba segura que su primer caballero iba a conseguir Roca Casterly y por lo que decidió viajar sobre Drogón mientras nosotros veníamos por tierra Ser. — ella volvió a mirar hacia la madera y en un torpe movimiento el hombre termino por asentir con la cabeza.

No sabía si había podido leer sus pensamientos o si era tan trasparente que todos sabían cómo un secreto a voces sobre sus sentimientos hacia Daenerys. Fuese como fuese iba a intentar no pensar en nada mientras hablase con la dama de rojo.

La sacerdotisa cerró la puerta dándole el tiempo suficiente para que el hombre se recompusiera de aquel malestar o incomodidad.

— De todas formas creo que ha sido muy imprudente y arriesgo que sus consejeros la dejaran viajar aunque viniese en el lomo de Drogón. La batalla duró más de un día y todos sabemos que pudo haber sido peores para nosotros. — la mirada del norteño era tan gélida como el mismo frio de sus tierras.

¿Cómo era posible que tuviese tanta gente a su alrededor y nadie la cuidara? ¿A caso no se daban cuenta que Daenerys a veces necesitaba que alguien le llevase la contra para que pudiese reaccionar? ¿Qué estaba haciendo Tyrion que no estaba ayudando como consejero?

— Todos queremos que Daenerys Targaryen sea quien se siente en el trono de hierro al igual que usted Ser Jorah. Pero sus consejeros no son tan bien escuchados por su gracia como lo es usted. —Melisandre hizo una pausa mientras mantenía su mirada sobre su interlocutor y su cuerpo — Pero no vengo a usted para hablar sobre eso Ser Jorah, estoy aquí hablar sobre otros asuntos que no tiene que ver con lo estratégico — esta vez la pausa fue mucho más pequeña y una sonrisa torcida adorno sus labios.

Jorah se encontraba más desconcertado que antes. No entendía muy bien de que iba todo aquello. Si no era sobre estrategia ¿Qué es lo que quería? ¿Y por qué iba con él?

— ¿Y cuál sería el tema que quiere tratar conmigo? — pregunto el hombre mientras tomaba una venda para cubrir las cicatrices de la greyscale que se podían ver en sus brazos.

—Tyrion Lannister ha dicho que usted fue quien lo convenció con vuestras palabras de conocer y servir a Daenerys. Ha hecho principalmente hincapié en el entusiasmo con el que habla sobre nuestra reina. —

La cabeza de Jorah fue de lado a lado, realmente no creía que lo hubiese convencido así. Si él quería contarle al mundo y a todos a su alrededor que habían sido sus palabras lo dejaría ser.

La verdad era otra para el Mormont, simplemente lo había secuestrado y contado sobre lo que había visto atreves de los años. Tal vez a veces y solo a veces se había entusiasmado un poco al hablar sobre el crecimiento de la Khaleesi frente a sus ojos o tal vez era que cada vez se le hacía más difícil ocultar que aquella devoción que había sentido al principio se había transformado en amor. Lo más importante era que Tyrion no se hubiese ido de boca y comentar a todos lo que si le había dicho a Daenerys. No estaba listo para ese tipo de humillación pública.

— Tenía que mantenerlo sobrio y callado hasta que pudiésemos llegar a su majestad, no fue más que eso. — agrego quitándole importancia aquel hecho mientras apretaba los cordones de la muñequera de cuero. — De todas maneras no logro entender el tema en cuestión. El tiempo nos apremia si es que Daenerys está aquí así que: ¿Cuál es el punto en todo esto?

— Usted no creía mucho en la magia y las profecías pero ahora si ¿no? —

Alzo sus ojos para poder mirarla directamente a los ojos. Había intentado apurar el tema de conversación y en cambio parecía ir más lejos todo.

Guardo silencio por unos cuantos segundos temiendo dar una respuesta. Era verdad que al principio había sido un tanto escéptico ante la idea de poder ver dragones volando arriba de su cabeza pero tras aquello, ahora, no podía decir que no se mantuviera igual de firme ante sus pensamientos.

— A veces uno cambia un poco de concepción. — una respuesta totalmente sincera.

— Entonces Ser Jorah— ahora los ojos de la mujer estuvieron sobre los ojos claros del hombre — Si yo le digiera que para que Daenerys se siente en el trono se tiene que transformar en Azor Ahai ¿Qué es lo que me diría sobre su creencia?

Tensó la mandíbula mientras que su cabeza buscaba aquella historia dentro de tantas otras que conocía pero pese a aquel esfuerzo no pudo hallarla o tal vez no quiso encontrarla hasta estar seguro con respecto a lo que la mujer quería decir.

— ¿Azor Ahai? — preguntó alzando levemente una de sus cejas.

— Usted sabe Ser Jorah sabe a lo que me refiero, lo escuche el otro día en la reunión. — aquello había sonado a una acusación y la mente del hombre comenzó por agudizarse un poco. — Sabe de los caminantes blancos. — entonces se movió por la habitación para poder acercarse un poco al hombre. Sus ojos aún estaban sobre él —Quien maté a los caminantes blancos será Azor Ahai. — Se detuvo a escasos centímetros de él y con voz baja habló — "Está escrito en los antiguos libros de Asshai que llegará un día tras un largo verano, un día en que las estrellas sangrarán y el aliento gélido de la oscuridad descenderá sobre el mundo. En esa hora espantosa, un guerrero sacará del fuego una espada llameante. Y esa espada será Portadora de Luz, la Espada Roja de los Héroes, y el que la esgrima será Azor Ahai renacido, y la oscuridad huirá a su paso".

Una de las manos del hombre fue a para a sus los labios dando indicio en aquel momento de que en efecto se había acordado de la profecía y de lo que quería decir la dama de rojo.

En uno de aquellos libros que Jorah le había regalo a Daenerys para su boda, se encontraba las leyendas de Poniente entre otras. El hombre las había leído cuando era aún un crio que quería pelear y convertirse en un caballero, en el mejor caballero de todos los siete reinos. Nunca habían estado dentro de sus expectativas convertirse en el señor de su isla, Lord Mormont.

Quizás los libros y aquella fantasía le habían servido al pequeño Jorah para afrontar el hecho de que tarde o temprano terminaría por convertirse en el señor de Bear Island.

— "Pero él volverá a renacer cuando la estrella roja sangre y la oscuridad reine." — agrego él muy seguro recorriendo aquella predicción en su cabeza. Claramente según el juicio de Jorah, Daenerys no podía ser Azor Ahai.

— Realmente no tiene que ser hombre, si usted lo piensa en una parte dice; "Azor Ahai volverá a nacer entre el humo y la sal para despertar a los dragones de la piedra".

El cuerpo de Jorah ante aquello se tensó. Como si se tratase de que su reina estuviese en peligro.

Negó con la cabeza sintiendo su corazón latir con fuerza.

Sus ojos había visto como Daenerys había salido de la pira, la había visto arder aquel día en el que habían nacido sus hijos. ¿Y si realmente ella era Azor Ahai?

— ¿Y si ella fuera el príncipe que fue prometido?— Las palabras salieron con mucho cuidado de su boca — ¿Qué deberíamos hacer? Porque hay condiciones que se deben dar. ¿No es así? —

— Necesita la espada de acero Valyrio entre otras cosas. — menciono Melisandre

— Garra…— murmuro recordando la espada que había pertenecido a Jeor Mormont por mucho tiempo hasta que había llegado a sus manos, pero conoció a Lynesse y con ella la perdición. Por suerte había tenido la mente fría para no venderla pero ya no le pertenecía.

Las miradas se cruzaron como si aquella fuese la respuesta a la pregunta.

La puerta sonó y ninguno de los dos se movió. Jorah estaba demasiado aturdido para reaccionar y Melisandre solo observaba al hombre con mucho cuidado.

El golpeteo volvió se volvió a producir en la puerta y por fin el norteño pudo salir de sus propio mundo, sus pensamientos.

— ¿Si? — preguntó con seguridad en voz alta y de mando.

—… Ser Jorah — respondieron detrás de la madera.

Al reconocer la voz de Missandei, Jorah no dude en abrir la puerta sin dejar que siguiera aquella frase. El guerrero esperaba encontrarse con la intérprete de la Khaleesi por lo que al verla detrás de ella, su corazón dejo de latir por un pequeño instante. No quería que aquello se mal interpretara.

Las miradas de las mujeres se encontraron y el ambiente se volvió un poco tenso.

Sin duda aquella situación era un tanto extraña e incómoda para todos.

Por su parte Melisandre sin decir absolutamente nada, hizo una pequeña inclinación con la cabeza para abandonar su lugar y dejar a solas a las mujeres con el norteño.

— Ser Jorah si estamos interrumpiendo algo podemos retinarnos y conversar en la mañana — señaló la reina sin perder aquella mascara que usaba cuando las cosas le molestaban un poco.

— No su gracia, simplemente me estaba informando de las novedades y discutiendo sobre algunas estrategias. Sé que ayudo a Stannis por un tiempo y no me gustaría que usted acabara como él — Dije inclinando la cabeza.

Quizás traer a Stannis a colación no servía de mucho sabiendo algunos rituales practicados por los amantes en la búsqueda del trono.

— Entiendo Ser. — una respuesta muy fría y corta. Jorah sabía que aquello era una mala señal. Daenerys estaba molesta.

— Missandei ¿Cuál es el estado de Gusano Gris? el hombre intento no mirar a su reina, podía leer su silencio tan bien como sus palabras y lo mejor era desviar el tema.

— Gracias a que ustedes llegaron a tiempo se va a salvar Ser Jorah — su voz denotaba toda la gratitud que podía albergar el cuerpo de Missandei. Pese a tener un rostro cansado y que se veía la preocupación, dibujo una sonrisa en señal de gratitud.

— Me hubiese sentido muy culpable si llegaba tarde y . . . — hizo una pequeña pausa para acomodar bien las palabras — No hubiese podido ayudar a Gusano Gris — comento en tono calmado sin quitar la sonrisa de sus labios. — Por favor mantenerme al tanto sobre su salud si sabe algo más.

— Lo haré Ser Jorah—Missandei se acercó al norteño para poder dejar un beso en su mejilla como muestras de agradecimiento, y luego de cruzo una mirada fugas con la madre de los dragones antes de abandonar la habitación.

Ahora que se encontraban completamente solos, Daenerys aun con una actitud regida comenzó por andar por la habitación. Sus ojos violáceos se movían de un lado para el otro inspeccionando cada rincón como si buscara algo.

— Hemos perdidos bastante hombres— Jorah rompió el silencio de la mejor forma que sabía hacer; dando informes militares—. . . pero podremos reponernos. Por suerte contamos con un período largo de tiempo antes de que Euron Greyjoy vuelva a querer navegar sin un salvavidas. — mojó sus labios para poder proseguir. Aquella victoria le recordaba la batalla contra Balon Greyjoy, una época bastante feliz en su vida. — En cuanto a los inmaculados y Doth…

— ¿En dónde lo hirieron? — preguntó con aquel tono de mando que la caracterizaba como soberana.

El Mormont se volteó para encontrarse directamente con el perfil del rostro de Daenerys. Ante tal cercanía y tal vez algo intimidado por ella negó con la cabeza. Pero su claros ojos captaron el recorrido de los de su reina, la bandeja de plata con los elementos de curación juntos a los pedazos de vidrio habían quedado de forma descuidad sobre la mesa de madera.

Un detalle que en otro momento hubiese dejado pasar pero que ahora se mal decía por descuidado.

— No es nada Khaleesi, estoy perfectamente bien —contestó Jorah quitando peso a las heridas provocadas por los vidrios incrustados en su espalda. — Como le decía…

Ella levanto su mano para hacer callar a su más leal consejero. Su vista se elevó buscando los ojos del hombre y con ello por decir mucho más que con las palabras que iban y venían por su mente.

— No quiero que hayan más mentiras Ser Jorah

De los labios del hombre se escapó un suspiro pequeño mientras que movía la cabeza de forma afirmativa sin apartar la vista de la ella. Jorah quería que dejar en claro que había entendido. No más mentiras, no pensaba mentirle de nuevo, nunca más.

Voy a estar bien — habló con seguridad pero dejando entre ver que se sentía complacido por la preocupación de ella.

Una sonrisa tímida se formó en los labios de Jorah.

— Pero estaría mejor sabiendo que usted escucha a sus consejeros, Khaleesi. — Hizo una pausa para estudiarla antes de seguir — Me alegra verla por aquí pero ¿Qué hubiese pasado si no ganábamos? ¿Lo ha pensado? ¿Usted sabe? ¿Realmente sabe que debe cuidarse porque no queremos que le ocurra algo malo? — Jorah no estaba hablando por el consejo, ni por los súbditos, sino preguntaba desde su lado más humano, desde su corazón.

— Sé que ibas a ganar Ser Jorah, nunca lo he visto perder desde que está a mi lado — ella sonrió como si eso le diera orgullo — Y si estaba… — una pequeña pausa para corregirse mientras desviaba la mirada hacia la bandeja — Vine en lomo de Drogon por si necesitaran de mi ayuda.

Un nuevo suspiro en señal de desaprobación vino del hombre.

— También sabía que no lo ibas a aprobar pero tengo que demostrar que una Targaryen y la madre de los dragones. — Otra pausa, Jorah era diferente a cualquiera de su sequito, incluso diferente a Daario o Missandei — Escuche a mis consejeros y por eso mismo hemos perdido a dos aliados. Tyrion después de todo puede ser que este a favor de sus hermanos y no podemos culparlo, es su familia. Sangre de su sangre.

Se hizo un silencio un poco incómodo en el cual ambos intentaron leer la mente del otro. La palabra familia era un término pesado para cualquiera de ellos dos. Los Mormont no eran tan diferentes después de todo de los Targaryen.

— Pero te eligió a ti Khaleesi, como yo te he elegido. — Jorah hizo un silencio significativo colocando su mano sobre la empuñadura de mi espada como si tuviese que volver a hincar la rodilla y jurar lealtad — Los Mormont son leales a los Stark pero yo soy leal a ti, Khaleesi. Tu gente te elegiría a ti sin dudarlo, siempre te elegiría a ti, te ha seguido hasta aquí y por lo mismo te van a seguir hasta obtener el trono. Eres la única capaz de romper la rueda.

— Lo sé Ser — contesto Daenerys cortando aún más la brecha que los separaba y poder depositar su mano sobre la mejilla de su hombre más lea — Lo sé mi oso — susurro mientras se iba acercando peligrosamente a los labios ajenos.

La respiración de Jorah se cortó, sin poder creer que en aquel momento se estaba dando lo que había estado esperando por tantos años.

Sus labios se juntaron en el más cálido gesto de amor y por fin pudo saborear el dulce manjar de los dioses.