Chapter 4: Oso
En aquel estado de semiconsciencia el hombre podía sentir como Drogón sobre volaba el castillo. Faltaba poco para fuese la hora del desayuno de los hijos de Daenerys como así también del resto de los habitantes de allí.
Se giró en la cama para cubrirse hasta arriba de la cabeza, el frio intenso podía sentirse y pese a ser un hombre del norte, el haber estado tanto tiempo afuera de su tierra comenzaba por hacerse notar.
En aquel momento en el que se disponía a cerrar los ojos para descansar cinco minutos más fue interrumpido por una pequeña y dulce risa.
Jorah arrugo el entrecejo intentando abrir los ojos.
Se sentía con una pequeña molestia en la cabeza y demasiado cansado.
Pese aquello sabía que no podía haber escuchado mal, alguien más se encontraba compartiendo su habitación.
La cabeza de Jorah busco entre los recuerdos de la noche anterior y así saber que era lo que había o no había pasado.
Era consiente que durante el proceso de curación había bebido demasiada bebida blanca y que el alcohol no le había golpeado hasta mucho tiempo después, justo en el momento en el que….
— ¿Khaleesi? — preguntó en un tono temeroso mientras estiraba su mano por arriba de la cama en busca de un cuerpo.
¿Aquello lo había soñado o había sido real?
El miedo empezó por apoderarse de su cuerpo. Había soñado con aquello tantas veces que quizás todo había sido producto del alcohol, las heridas y adrenalina de la batalla. Porque no de la fiebre. Aun no estaba muy seguro de las manos de su sanador.
Algo dentro de la cabeza de Jorah por fin pudo acomodar las piezas del rompecabezas y sus ojos se abrieron en un segundo mientras se incorporaba en la cama rápidamente para verificar lo que sus manos le habían anunciado. Estaba solo dentro de las pieles.
Sus ojos captaron la figura de Daenerys al borde de la ventana mirándolo fijamente con una pequeña sonrisa en los labios.
La madre de los dragones aun lucia el vestido oscuro pero sin la capa roja a sus espaldas.
¿Cuánto tiempo llevaba despierta? ¿Por qué lo estaba observando? ¿Había pasado algo más de lo que su cabeza recordaba?
Jorah fue aflojando lentamente su entrecejo para dar paso a la formación de una sonrisa calidad en sus labios, sus manos algo nerviosas fueron a sus finos cabellos para acomodarlo. Un sentimiento torpe lo llevó a querer verse lo más presentable que se podía estar en ese momento de la mañana.
¿En qué punto de la relación se encontraban ahora?
Para su buena o mala suerte, el norteño se había quedado dormido antes de que algo mayor sucediera.
— Buenos días Ser Jorah —
Daenerys lo saludo desde su posición aun manteniendo aquel contacto visual. Su rostro se veía bastante tranquilo y relajado, parecía como si la guerra no estuviera sucediendo.
Le recordaba a un tiempo lejano, aquel tiempo en el que recién habían comenzado aquella travesía juntos en busca del trono de hierro.
Jorah aun en aquel estado de en sueño no pudo hacer más que mirarla mientras volvían a su mente algunas de las imágenes de la noche anterior.
Aquel primer beso había desencadenado a otros que iban superándose en pasión y lujuria, llevando al cuerpo del hombre a recordar lo ardiente que se encontraba cuerpo y el ajeno. Pero aquello había terminado de una manera abrupta o por lo menos eso hasta ahí habían llegado sus recuerdos.
¿Hasta dónde había llegado noche?
— Buenos días Khaleesi —le contestó de un modo atropellado por haberse quedado tantos segundos en silencio simplemente admirándola — Yo lo siento — continuo como siempre disculpándose por sus acciones mientras se dejaba la cabeza.
Ni siquiera había llegado a sacarse la camisa por lo que asumió que la había hecho pasar por un momento vergonzoso. Se había quedado dormido sin duda.
Hacía años que estaba esperando por aquel contacto entre sus labios, el roce de sus cuerpos y estar en aquel lugar de privilegio que cuando por fin se estaba cumpliendo su fantasía, el alcohol junto a la fiebre se había apoderado de su cuerpo.
Jorah se sentía un idiota pero su lado más recto estaba agradecido que aquello no hubiese sucedido. Quizás hubiese sido un arrebato por ambas partes y él no quería ser simplemente el capricho de Daenerys.
— Realmente lo siento, no sé lo que me ha sucedió.— hizo una pequeña pausa intentando buscar las mejores palabras para con la mujer que amaba. — Yo, parece que tomé más de lo que podía soportar, no es que tome dem…
La diestra de la Targaryen había tocado la mejilla de su caballero para hacer que la mirara directamente a los ojos.
Jorah noto que a diferencia de lo que pensaba que podía haber pasado, Daenerys no estaba molesta, ni enojada, ni siquiera la más mínima de las decepciones. Su mirada en cambio era transparente y solamente transmitía dulzura.
— Yo también dormí bien, gracias por preguntar Ser — habló con aquel tono de voz que usaba cuando algo le había molestado pero dejó escapar una risa, una melodiosa risa que parecía música para los oídos del Mormont; y si previo aviso se colocó en puntitas de pie y deposito un beso corto en los labios contrarios.
En aquel momento en el que se separaron.
El norteño la miró aun un poco impresionado sin entender bien la situación. Mantenía el ceño fruncido y estaba corto de aliento. Su corazón por otro lado latía con fuerza.
Sus labios, su calor, su cuerpo y aquella sensación de felicidad ante su toque aun le parecían algo sobrenatural.
La miraba y no podía creer que fuera real.
— ¿Sucede algo? — preguntó ella más preocupada que otra cosa.
A diferencia del momento anterior Daenerys no estaba jugando. Su sonrisa había desaparecido y sus ojos buscaban algún tipo de explicación en los ojos azules de Jorah.
Pese a que el cuerpo del norteño se había tensado al ver aquel cambio en su reina rápidamente negó con la cabeza.
— Lo siento Khaleesi pero es que…
— No vuelvas a decir que lo sientes Jorah — el tono de voz utilizado por Daenerys había sido de regaño y se notaba dado que había cortado la excusa de su caballero cortado. — Estamos solos, no tienes que pedirme perdón y no tienes que disculparte mucho menos por lo de anoche. —Daenerys volvió a mirarlo directamente a los ojos — Fue una buena noche y yo sé que a los osos les gusta dormir. — ella se sonrió haciendo que su compañero fuera su fiel reflejo. Una sonrisa tierna y divertida a la vez de complicidad. — Tal vez ahora que el invierno ha llegado necesite de mi oso para dormir más caliente y segura.
— Con gusto lo hare su gracia. . .
Antes de que Daenerys pudiese regañarlo nuevamente se vieron interrumpidos por el grito de uno de Drogón.
Jorah se detuvo un momento en el rostro de su amada y de un vuelo tomo su espada para acercarse a la ventana y ver de qué se trataba.
El pequeño bote de Tyrion estaba de vuelta.
Eso solo quería decir que en cualquier momento la mano de la reina haría su aparición para pedir una junta y explicar los por menores de su encuentro con Jaime Lannister.
— Antes de que Tyrion nos de las buenas o malas noticias iré a mi recamara para prepararme, tengo que llegar antes que Missandei esté allí y no me encuentre.
Sin poder evitarlo, Jorah cerró los ojos volviendo a la realidad y acto seguido asintió con la cabeza pero no dejó de sonreírle a su reina.
— Su gracia tiene toda la razón — murmuro bajando la cabeza. De un momento a otro el norteño había vuelto a su papel de guardia y servidor.
— Jorah cuando estemos solos no tienes por qué ser así conmigo. No me trates como a tu reina, aquí podemos ser diferentes. Aquí, a tu lado simplemente puedo ser Daenerys o D… — los ojos violáceos de la Targaryen habían quedado atrapados por los de su fiel oso.
— Eres mi reina aquí o en cualquier otra parte del mundo — interrumpió él tocándole el rostro con suma delicadeza antes de que sus labios se posaran sobre los de su amada dragona para dejarle un beso tierno — Daenerys
Antes de que sus cuerpos se volvieran a separar, ella le robo un beso; pequeño pero intenso.
Ya le habían quitado demasiados minutos al tiempo y ahora había que correr antes de que Tyrion pusiera un pie sobre el castillo.
Jorah se sentía atrapado en un sueño y quería disfrutarlo antes de que por lo menos de que Lannister comenzara a parlotear en la oreja.
— Nos vemos en la junta mi oso — ella lo miró antes de cerrar la puerta tras de sí.
Sintió como el pecho se le iba inflado, la emoción se lo comía por dentro y no podía confesar que la felicidad fuese un sentimiento que casi estaba olvidando a través de los años. Si bien se había alegrado en cada triunfo de Daenerys, lo que ahora sentía era complemente diferentes.
Pero debía volver a la realidad. Debía volver a la realidad y pensar por los dos. Había una batalla que ganar antes de que Daenerys Targaryen pudiera sentarse en el trono y en aquel momento era lo único que importaba.
Se enjuagó la cara y se vistió con una nueva camisa. Una que no tuviera sangre en la espalda ni rastros del día anterior.
Cuando el mensajero apareció por el pasillo para hacerle saber a Jorah sobre la junta, este ya iba camino a la sala de reuniones-Sentía curiosidad de saber las nuevas de Tyrion.
— ¿Y bien? ¿Qué es lo que ha dicho vuestro hermano Lord? – preguntó la madre de los dragones justo en el momento en el Mormont entraba en la sala.
Una mirada furtiva fue en su dirección. Cualquiera podría haber sido el significado visto desde afuera, una simple coincidencia pero Jorah lo había entendido a la perfección. Podía leer sus ojos mejor que nadie, a veces podría decirse que el hombre la conocía incluso mejor que ella misma.
— Jaime le pedirá Cersei que firme la tregua. Si hay alguien en los siete reinos a los que mi hermana escuche es a él. — Hizo una pequeña pausa — Jaime cree sobre estos caminantes blancos y mientras esperamos sobre la decisión de Cersei, ha prometido que sus hombres no nos atacaran — agrego el más joven de la casa de los Lannister con mucha seguridad. — Tiene mi palabra de que estamos seguros por el momento su majestad.
El oso tenía un pequeño recuerdo sobre quien era Jaime Lannister en su cabeza. Justamente había sido a él a quien le había ganado la última pelea en aquel fatídico torneo en Lannisport. Quizás si hubiese perdido nada sobre su casamiento hubiese acontecido aquel día.
La cabeza del hombre siguió en los recuerdo; en ese entonces ya era un soldado bastante reconocido y con muchas pretendientes a sus espaldas pero nunca se le habían conocido conquistas. Por lo menos no que salieran de su propia boca. Luego con el paso del tiempo lo rumores se habían incrementado y ahora era casi un secreto a voces. Jaime Lannister estaba profundamente enamorado de su hermana Cersei y parecía que ella no le era indiferente. Jorah cortó el hilo de sus pensamientos, los rumores eran demasiados.
— De todas maneras no nos podemos fiar de las palabras de un Lannister, excepto de la tuya — le indico Daenerys con aquella voz autoritaria que aparecía cuando estaba al mando.
— Pero yo confió en mi hermano y usted confía en mí. Puede estar segura por el momento que nada le pasara a su ejército, incluso a usted.
Tyrion miró fijamente a Daenerys para terminar por desviar su mirada hacia el norteño buscando algún tipo de ayuda.
— Si su gracia me lo permite diría que hay que confiar en la palabra de Jaime Lannister. — Jorah movió levemente la cabeza ante aquella interrupción.
Ella miró a sus consejeros entendiendo que había cierta fraternidad entre los dos. Aquella travesía en busca de la madre de los dragones, había hecho que Jorah se acercara a Tyrion más de lo que había logrado acercarse a otros camaradas en años.
— Bien solamente esperaremos unos días antes de hacer o deshacer cualquier plan que tengamos. — se notaba que no estaba feliz ante la esperaba pero fue lo más diplomático. Estaba aprendiendo.
Tyrion suspiro notoriamente aliviado.
— Mientras esperábamos la llegada de la mano de la reina ha llegado un cuervo desde Invernalia. — intervino Varys desde su posición. Si algunos habíamos pensados que con Tyrion se había acabado la junta parecía ser que no era así.
— ¿Y qué es lo que dice? — preguntó la reina en tono casi de orden desviando su mirada de nosotros para enfocarse en el eunuco
— El rey en el norte espera por una respuesta con respecto a su pregunta.
Las miradas de Jorah y Daenerys se cruzaron en un intento de lectura. Por más que la espada jurada de la madre de los dragones había intentado dar con la pregunta, ella había terminado por desviar su mirada y con ello ocultar algo.
— Jon Snow quiere que su gracia sepa que no hay ningún tipo de inconveniente en tener otra reunión si aún no ha decidido en cuanto a su apoyo en la batalla contra el rey de la noche.— agrego Varys haciendo una lectura de la situación.
Jorah por unos segundos la vio tambalear, como si no fuera capaz de manejar sus propias emociones. Él era totalmente ajeno a la conversación que ellos dos habían tenido, si habían tratado algo más allá de los caminantes blancos o el vidriadragon no lo sabía por lo que no podía interferir.
— Tal vez no es una mala idea viajar al norte — Tyrion rompió el silencio incomodo que se había formado — Usted estaría más protegida de las tropas de Cersei si mi hermano no pudiera contenerla.
Una de sus manos del Mormont fue a parar a la barbilla mientras seguía cuidadosamente cada uno de los movimientos de la sala.
— Pero es peligroso que viaje hasta el norte. Si es verdad que los caminantes avanzan, Invernalia no es el mejor lugar para nuestra reina. — cuestiono Varys
— Ella estará protegida, además todos sabemos que los norteños son guerreros y no se dejaran vencer tan fácilmente.
La discusión se iba haciendo cada vez más acalorada entre Varys y Tyrion mientras que Daenerys parecía estar atenta a cada una de sus conjeturas.
— ¿Y usted que piensa Ser Jorah? — la voz de la Targaryen tenía cierto grado de dulzura.
El hombre rascó su barba mirando a la mesa. Sus ojos claros estaban fijos en el mapa con mucha atención. Tenía que darle la razón a ambos, se necesitaba del norte pero tampoco quería que Daenerys fuese hasta allí. No era un lugar seguro.
— Tal vez deberían buscar otro lugar que no sea el hogar de la casa Stark si es que les preocupa la seguridad de la reina — dijo levantándose de la mesa para tomar el pequeño símbolo de la casas Targaryen para llevarlo a un punto más al norte que Invernalia, un punto que ante sus ojos era el sitio más seguro de todos. Su gente hacia de aquel lugar, un hogar seguro. — Samwell Tarly, el muchacho que me curo me hablo sobre los caminantes y me dijo que estos espectros no saben nadar. — Entonces colocó el emblema sobre su isla, Bear Island — Aunque la casa Mormont sea leal a los Stark no conozco otro lugar más fuerte y resistente que la Isla del oso.
— Varys envía un mensaje al rey del norte diciéndole que nos encontraremos en la Isla del Oso para conversar sobre el rey de la noche. — Apenas hubiese dado la orden el consejero se levantó de la mesa para hacerla cumplir — Quiero que mis Dothraki se queden aquí bajo el mando de Gusano Gris mientras les encargo a ustedes dos — hablo mirando al norteño y Tyrion — que elijan un puñado de inmaculados para ir al norte. Quiero partir lo antes posible señores.
Ambos hicieron una pequeña reverencia antes de salir de aquella habitación.
Jorah Mormont estaba seguro que todo el mundo iba a ser bien recibido en su hogar, todo el mundo con excepción de él. A pesar de que tenía el indulto real y que ahora estaba en el bando de Daenerys Targaryan, el ex señor de la Isla esperaba que aquello fuese merito suficiente como no ser la próxima de los osos.
