Casa Mormont

Luego de unos cuantos días de viaje por fin habían arribado a Bear Island.

El clima no era el más óptima para los planes ni para los que estaban acostumbrados a vivir en climas cálidos como Essos o Desembarco.

Una fuerte tormenta azotaba con fuerza arriba de los recién llegado. Para muchos era la primera vez que sentían con fuerza como eran la fuerza de la naturaleza.

Jorah había divisado aquel cuadro a la distancia encontrándolo totalmente sublime. La oscuridad de la noche no dejaba ver toda majestuosidad de Bear Island, ni muchos menos como su hogar resistía aquel ataque. La misma resistencia que presentaban sus habitantes en cada guerra. Un solo hombre de Bear Island; ya sea hombre o mujer, era diez veces más fuerte que cualquier otro guerrero.

La espada jurada de Daenerys había extrañado la nieve y las feroces precipitaciones más de lo que había imaginado. Sus ojos claros se deleitaban con tal muestras de grandeza pero también era bastante consiente que el resto de la comitiva estaban incomodos y mal humorados por el clima.

— ¡Por los siete reinos! — Comenzó la queja del Lannister — Parece que toda el agua del mundo estuviera aquí Mormont — la cabeza gacha mientras fijaba la vista en donde colocaba sus pies. Un solo paso en falso y sería el hazme reír. — Ahora entiendo porque viven más osos que hombres por aquí — continuo Tyrion mientras que alcanzaba la entrada de la casa Mormont y acto seguido inició por secar su ropa.

La vista del joven león quedo totalmente absorbida por el emblema tan bien conocido por Jorah que daba la bienvenida y la advertencia a cualquier recién llegado. Se trataba de una estatua de madera. Una mujer alta y robusta, que cargaba en uno de sus brazos a un pequeño niño al que se encontraba amamantando mientras que en su otra mano, la libre, llevaba un hacha que parecía pesada.

— Me ratifico, viven más osos y mujeres que hombres. —

— Cualquier mujer de aquí podría luchar con cualquier hombre de los siete reinos y ganarle sin esfuerzo. — comentó Jorah mientras miraba a la traductora de Daenerys. Por sus facciones parecía que le llamaba la atención aquel hogar. — A diferencia de otros reinos, aquí en Bear Island las mujeres tienen la misma educación que los hombres en cuanto al manejo de armas por la mera necesidad de sobrevivir.

— ¿Por necesidad? — preguntó Missandei

— Sí — respondió el Mormont observando detenidamente aquel emblema. — Cuando los hombres se iban a luchar; ya sea en la guerra o también en busca de comida, la isla quedaba a merced de los hijos del hierro y los salvajes quienes bajaban en busca de nuestras mujeres — hizo una pausa omitiendo los detalles más desagradables y crudos del relato. Missandei y Daenerys no merecían escucharlo — Por lo que aprendieron a pelear y como dije antes, algunas de ellas lo hacen mejor que los hombres. — Luego la vista azul se detuvo en la madre de los dragones. — Esta isla ha sido gobernada también por varias mujeres a través de la historia. Mi tía me precedió después de mi huida y fue una muy buena gobernante. Ha hecho que el apellido Mormont vuelva a tener importancia en el norte — di un suspiro largo.

— Y ahora lo gobierna la joven osa — agrego Tyrion mirando a las damas con una sonrisa amplia. — El mundo está siendo gobernado por mujeres.

Daenerys mantuvo la vista fija en Jorah. Aquel relato había despertado la curiosidad de la dragona. Sabia de historia pero lo cierto es que nunca había profundizado demasiado en el norte, menos en una isla tan pequeña como lo era Bear Island. Tenía varias preguntas para hacer pero por desgracia sus intenciones se vieron truncadas ya que las puertas se abrieron de par en par mostrando a guardias, de ambos sexos, y vestidos con pieles que venían hacia ellos.

Lady Mormont y el rey del norte; Jon Snow, los están esperando en la sala principal — señaló uno de los guardias.

Jorah lo inspecciono para ver si aquel rostro se le hacía conocido. Pero no, demasiado joven para poder tener un claro recuerdo.

Daenerys se dejó guiar mientras mis los ojos de su espada jurada viajaban de un lado a lado al otro recordando algunas cosas de la última vez que había estado allí.

Los vidrios se encontraban empañados pero aun así se podía ver el barco con el emblema de las casa de los Targaryen atracando en el muelle.

Pero en la cabeza del oso existía otro tipo de imágenes. Imágenes más crudas, imágenes de una de las noches más tormentosas de su vida. Un pequeño barco se hallaba en muelle esperando por aquella pareja. Por aquel entonces Lord Mormont y lady Lynesse para huir hacia Lys. Jorah no solo podía ver aquella escena en su cabeza sino que también podía escuchar la voz de su tía. Meage se había dado cuenta absolutamente de todo. De las intenciones de Ned Stark para con su sobrino y como este deseaba huir sin siquiera ser visto. Solo los Dioses sabían que Jorah realmente lo había intentando, había intentado escapar en silencio acarreando consigo la vergüenza pero termino todo en un escándalo total.

"Joer cuando se entere de lo que has hecho se morirá de la tristeza." —

Cierta punzada ataco el corazón del hombre, había sido una vergüenza para su loable familia pero lo que más le dolía de todo, es que su tía había terminado teniendo razón. Le había roto el corazón a Joer, justo a él, al hombre más honorable de los siete reinos.

Cuando Tyron le dijo que el Lord Comándate estaba muerto a Jorah se le volvió a partir el corazón. Una herida de la jamás podría curar y que tampoco existiría cura. Nunca había tenido el valor suficiente para pedirle perdón como se lo merecía. Había aprendido a vivir con la vergüenza pero jamás con la herida de haber traicionado a su padre.

Él no puede pasar —

Aquella voz firme y segura lo sacó de sus propios pensamientos para terminar fijando aquellos ojos claros tristes sobre el guardia.

Todas las miradas frente a la gran puerta de madera de la sala habían recaído sobre Jorah Mormont.

Nunca había sido demasiado dado a recibir la atención de toda una sala. Pero en aquel momento hubiese deseado pasar por un total desconocido. Jorah sabía que se lo merecía y no iba a poner ningún tipo de resistencia.

—Ser Jorah es mi caballero, no va a quedarse aquí afuera — si el guardia habia hablado con mucha autoridad, Daenerys por su parte dejo entre ver en su tono de voz el calor y la fuerza que tenía.

— Lo siento pero Lady Mormont ha dado órdenes estrictas respecto a este hombre. No puede asistir a la junta. — otra nueva inspecciono de arriba abajo con cierto grado de desdén ante de agregar — Hasta que nuestra señora no hablé con este hombre estará bajo vigilancia porque no es bien recibido aquí.

Cuando se deshonrabas a la familia y al pueblo al que debías de proteger en el norte parecía que habías contraído una peste. La muerte era mucho más amable que ser odiado en tu propia tierra.

Jorah conociendo a Daenerys acercó lentamente y la miró con una sonrisa un poco forzada para llevarle tranquilidad mientras se llevaba la mano a la empuñadura de la espada. Lo que intentaba hacer era demostrar seguridad y serenidad ante aquella escena.

Después de todo, de lo que si podía estar seguro es que la casa Mormont jamás se prestaría para una emboscada. Por muy vasalla que fuera de los Stark, el honor no era algo con lo que los Mormont jugaran y por lo tanto ella estaba muy segura del otro lado de aquella puerta.

—Hay que aceptar las reglas de una casa ajena Khaleesi. — Susurro antes de hacer una pequeña reverencia y tomar distancia — estaré aquí afuera esperando mi turno para hablar con Lady Mormont.

Ella miró a todos en la sala y por un momento en su vida desde que la conocía, Jorah deseo que Daario o Barristan hubiesen estado ahí para ayudar a que entrara en la sala sin preocuparse de que su espada jurada quedaba afuera.

La madre de los dragones volvió rápidamente su vista al frente. Sus ojos habían adquirido fuego y por un breve momento apunto dichos ojos al emisario de aquella orden. Aquel hombre debía de dar gracias a los Dioses que Daenerys no fuese una verdadera dragona o ya estaría carbonizado.

Entonces adelante —ordenó ella.

Daenerys no volvió a mirar hacia atrás sino que siguió las instrucciones del guardia.

Jorah estaba agradecido que la Targaryen entrara en razón. Lo que menos quería él es que su reputación fuera manchada por su impulsividad. Ya bastante daño había causado a su alrededor. Si la gente del norte no la aceptaba por su presencia ahí no se lo perdonaría. Ni a él ni a ellos por dejar pasar a una soberana como lo era Daenerys.

El hombre tomó asiento en una de las sillas, aquella que daba justo al borde de una de las ventanas.

El paisaje era bellísimo. Las montañas y los grandes árboles aun conservaban la nieve a pesar de que aun llovía sobre la isla.

Quizás si aún tenía un poco de suerte, podría ver alguno de esos grandes osos que cada tanto bajaban para que nadie olvidara que aquella tierra les pertenecía.

Un dragón era algo espectacular de ver, pero un oso parado en sus dos patas traseras era otra historia. Era una belleza natural.

Se llevó una de las manos al mentón para acomodarse y así poder disfrutar mejor de aquella distracción mientras esperaba pacientemente por su reina.

—Grrrrrr. — un pequeño gruñido o intento de gruñido se escuchó a su lado.

Giró lentamente su cabeza para encontrarse con un pequeño de más o menos de dos años. Ojos de color verde claro y muy expresivos. Un rulo entre castaño y rojizo caía sobre su frente. No podía apreciarse el resto de su pelo debido a que llevaba piel de oso cubriéndole la cabeza.

Jorah sonrió de costado. Aquel niño era Mormont y un Mormont que ya desde tan temprana edad, como todos en algún momento, pensaba que era un oso.

—Grrrrrr — volvió a gruñir. Esta vez con más intensidad, colocando sus manos a los costados de su cara fingiendo que eran garras. Grandes y filosas garras.

Mormont movió una de sus cejas intentando pensar en que debía hacer.

El pequeño oso no se iba a ir y si el silencio continuaba seguramente iban a volver los gruñidos.

— ¡Joer! – una niña entro en la sala con paso firme. — No molestes al señor. —

Otra sonrisa se formó en los labios del oso.

A pesar del color y de su pelo era cobrizo, tenía aquella mirada parecida a una de las primas más queridas de Jorah: Alysane.

La confirmación de que realmente era su hija vino cuando el pequeño oso la golpeo y está aguantándose las ganas de golpearlo le devolvió sonrisa al hombre mayor. Tenía aquella sonrisa entre irónica y gentil de su prima.

—Gruñes muy fuerte pequeño oso — Jorah lo miró bastante serio mientras el pequeño le devolvía aquella mirada penetrante preparándose para atacar de nuevamente. — ¿Y tú cómo te llamas osa? — Preguntó al tiempo que alzó su mirada para observarla con una cálida sonrisa — Debes ser Shelear ¿Verdad? —

A pesar de los años que habían pasado y que las noticias de su hogar no llegaban a él con bastante frecuencia. Jorah se acordaba que antes de irse, de fugarse mejor dicho, Alysane estaba embarazada. Según en propias palabras de su prima, el padre de aquel bebe era un cambia pieles por lo que le quería poner un nombre que sonara a oso.

Tantos años habían pasado que Jorah se había perdido de conocer a la generación más joven de su casa.

—Si señor — le contestó firme y muy segura de ella misma — ¿Usted quién es? — en su mirada se veía el destello de la curiosidad. Una mirada fija hacia Jorah y luego hacia la sala de juntas. — ¿Por qué no está ahí adentro, Ser? ¿Conoce usted a la madre de los dragones? ¿Ha visto a los dragones?

—Dragones grrrrrr — intervino el pequeño Joer gruñendo de nuevo.

Sin poder evitarlo Jorah se rio bastante divertido.

Demasiadas preguntas. Tantas que por un momento no estaba muy seguro de como contestar.

—Soy un viejo amigo de la casa — no quiso revelar su nombre temiendo que los niños algo hubiesen oído sobre él. — Soy uno de los guardias de la reina de los dragones y si — miró al pequeño abriendo los ojos — He visto a los dragones desde que salieron de los huevos — Se paró del asiento y se inclinó hacia los niños — ¿Quién ganaría en una pelea entre un oso o un dragón?

Shelear lo miró como si la pregunto fuera muy obvia. Jorah sabía que lo era y no cabía duda en la respuesta pero aun así estaba intrigado en la respuesta de los niños.

Aquel hombre esperaba que Drogón no estuviera cerca, no quería escuchar el grito en el cielo por la falta de osos dentro de la isla.

El niño se le quedo mirando con las cejas casi juntas. Parecía que le habían hecho una pregunta muy difícil para su corta edad. Aun así, Joer sabía que contestar, contestaría lo que cualquiera de aquella casa lo haría en su tierna edad.

—El Oso

—Tienes toda la razón— afirmo el mayor con mucha seguridad.

Se pudo escuchar como se alzaban las voces de adentro de la sala. Las paredes de madera a pesar de que eran anchas parecían que no era lo suficiente gruesas como para amortiguar las dispuestas y las riñas dentro de la habitación.

Jorah no podía distinguir a la perfección sobre que hablaban pero podía percibir por la entonación de Daenerys que todo aquello no iba como esperaba ni ella ni todo su sequito. Era necesario que Tyrion interviniera para que logaran aquella alianza con el norte.

— ¿Podría usted quedarse con él mientras voy a buscar su leche?— la voz de Shelear le devolvió la atención a la sala.

—Por supuesto my lady — le contestó para que no se preocupara.— Yo me quedare con él.

Gracias

La niña con rapidez partió hacia aquel lado de la casa en donde se encontraba la cocina mientras dejaba atrás a Jorah con el pequeño oso.

¿Qué es lo que deseas hacer?

Joer llevo su pequeño dedo al pecho de Jorah indicando el dragón que tenía como escudo.

Tú dragón y yo oso — levanto sus manos de nuevo como si fueran garras — pelea grrrrrr.

El mayor de los Mormont agudizo su vista a tal punto que casi no veía. Luego de borró la sonrisa del rostro mientras arrugando la nariz imitando al niño para terminar devolviéndole el gruñido con una voz netamente de pecho. Es decir bien grave.

El pecho del pequeño se hincho y luego de reírse por un breve momento se echó a correr por el corredor obligando a Jorah a que saliera detrás de él. Lo que menos quería el mayor es que aquel pequeño osezno se fuera a lastimar.

Joer era escurridizo y rápido, cada vez que su tío estaba a punto de atraparlo este se escabullía en un abrir y cerrar de ojos. Pero luego de varios intentos Jorah había logrado acorralarlo y cazándolo de la ropa se lo colocó debajo de uno de los brazos.

Fingió entonces que se lo llevaba volando de lado a lado a otro tal cual hacían los dragones con sus presas mientras que el más pequeño de los Mormont intentaba gruñirle pero solo le salía reírse.

Ser Jorah siempre había querido ser padre. Había crecido con aquel ideal al admirar a su propio padre. A pesar de la severidad de Joer para entrenarlo había sido también un padre bastante tierno en sus primeros años de vida y sabiendo luego el dolor que le provocó la muerte de lady Mormont.

Jorah hubiese dado cualquier cosa en el mundo por haber tenido un hijo o hija, el sexo no era algo que realmente le importara en realidad. Simplemente era el hecho de poder educar a alguien con su misma sangre mientras lo veía crecer delante de sus ojos. Alguien a quien poder amar de una forma totalmente pura.

Si tan solo su primera esposa no hubiese muerto las cosas tal vez hubiesen sido totalmente diferentes para aquel oso. Tarde se había dado cuenta que Lynesse nunca le hubiese dado hijos. No por lo menos a él.

Más alto — pidió el niño a los gritos

Lo tomó con ambas manos agarrándolo con firmeza y pero mucha delicadeza también, se trataba aun de un pequeño niño, se dio un poco de impulso con las piernas para poder elevarlo tan alto como le era posible. Siempre cuidando de que no se fuera a golpear contra algún objeto de aquel pasillo.

Joer volvió a reírse divertido pero se notaba que estaba nervioso por la altura.

Otra vez — esta vez lo dijo jalándole el pelo a Jorah.

De acuerdo—

Entonces repitió la acción anterior pero no contaba que en aquel momento en que Joer caía a sus brazos las puertas del gran salón se abrieron de par en par quedando su juego atrapado por ojos ajenos.

Sintió las pequeñas manos de su sobrino sobre su barba riendo a todo lo que le daban sus pulmones mientras que los nuevos espectadores traían caras demasiadas series. Las escenas contrastaban notoriamente.

Jon Snow miró a los Mormont junto a su sequito en total silencio con cierto aire de desaprobación. Jorah esperaba que los Stark no quisieran su cabeza en aquel momento.

De los pulmones de Jorah se escapó un suspiro largo. Si tan solo Lord Ned Stark le hubiese dado siquiera una oportunidad de explicarse antes de sentenciarlo a muerte nunca hubiese dejado el norte, menos su hogar.

En la sala hubo un cruce de miradas, entre el rey de la noche y la madre de los dragones pero aquella tensión desapareció cuando Snow y su comitiva abandonaron rápidamente el lugar.

—Mormont solo te falta el hacha en una de las manos — comentó en tono jocoso Tyrion pasando por el lado de su amigo mientras que este le dirigía una mirada furtiva a Daenerys. La Targaryen lejos de ocultar sus emociones lo observaba con bastante curiosidad mientras que por su parte Missandei sonreía ante aquella escena.

Demasiados años juntos y nunca nadie había visto a Jorah sonreír demasiado, menos jugar con niños.

— Podríamos dejar que tus primas fueran a pelear mientras tú te quedas con los niños — Tyrion miró hacia arriba para sonreír ampliamente al Mormont — ¿Qué te parece? Yo me quedaría con ustedes, parece que saben divertirse.

—En efecto nos estábamos divirtiendo — contestó de forma seca mientras se volteaba para ver que Shelear había regresado con la leche.

Con mucho cuidado le entrego a su hermano a la joven osa aunque este parecía no querer abandonar los brazos de Jorah.

—Si quiere puede entretenerlo ahora usted Lord Lannister — dijo mirando a su sobrina evitando la vista de Tyrion — Él es un león. — agrego tocándole la nariz a Joer.

—León—

—Esto es como un gran bosque, leones, osos, lobos salvo por los dragones.- Tyrion miró al oso pequeño y se rio divertido — Seguramente tendremos más animales pronto si es que ya no están extintos. —Suspiro — Necesito vino y si su majestad me permite iré a buscarle también para usted.

Daenerys lo miró con seriedad pero no le quedo de otra que aceptar. No podías alejar a un león de su carnada por demasiado tiempo. En este caso no había nada ni nadie que pudiese contra la sed de Tyrion por el vino.

Joer deja al señor — le exigió la osezna a su hermano mientras tiraba un poco de él para que soltara a Jorah.

Mormont — agrego Joer una vez lo soltó y él le dedico una sonrisa.

Lady Mormont lo está esperando en la sala — la voz de uno de los guardias hizo que Jorah hiciera una reverencia para excusarse ante todos los presentes y entrenar en la sala.

La puerta se cerró detrás de él y no es que sintiera miedo pero había una sensación rara en su pecho.

Caminó con paso lento pero firme quedando enfrente de joven Lady Mormont.

Jorah tuvo la sensación de que habían quedado solos. Le parecía lo más sensato, era una cuestión familiar aunque si hubiese estado el bastardo de Stark tampoco podría haberse quejado.

Se arrodillo frente a Lyanna y se dio cuenta que una niña de diez años no tenía por qué tener todo aquel peso sobre sus hombros. Si hubiesen estado sus primas de todas formas también se hubiese arrodillado.

—Yo quiero disculparme — comenzó por hablar intentando que no se notara que tenía sentimientos atragantados en la garganta. Una gran bola de sentimientos — Debí haber venido a pedir el perdón antes pero...

—Pero eras el espía del rey Robert hasta que lo traicionaste poniéndote en las filas de la casa Targaryen. — la voz sin sentimientos, fría y segura de lady osita resonó por aquel lugar.

Levantó su vista para encontrarse con la vista intensa de aquella chiquilla convertida en mujer tan prontamente. Era la fortaleza de su tía Meage en persona.

Sin ser capaz de mantener la vista por mucho tiempo más volvió a bajarla. Daenerys me había exiliado por lo mismo. Por haber sido el espía de Robert. ¿ A cuántas personas había traicionado a lo largo de su vida?

—El rey del norte confía en ella por lo que nuestra casa hará lo mismo, siempre hemos apoyado a los Stark y así lo seguiremos haciendo. — Lentamente fui subiendo mi vista para seguir a Lady Mormont mientras hablaba — Hasta que mis hermanas no vuelvan de la guerra no optaré por exiliarte nuevamente o perdonarte — hizo una pequeña pausa que utilizó para observarme con mucha atenciónHiciste sufrir mucho a esta casa, a mi tío, a mi madre, a mis hermanas y a tu propia isla Ser Jorah. Por lo que creo que lo más justo es que; aunque hayas recibido el indulto real dos veces y seas un hombre de confianza de Daenerys Targaryen, aquí, en tu hogar aun estaremos observando tus movimientos porque el norte no olvida y cualquier cosa que hagas desde hoy en adelante si es vista como una falta de respeto al nombre Mormont tendrás que pagar tu cuenta con tu sangre. Si vuelves hacer alguna estupidez yo misma blandiré mi espada sobre tu cabeza ¿Entiendes?

Jorah asintió varias veces. Lo había entendido y tampoco esperaba el perdón de forma tan fácil.

—Si my lady. No volveré hacer nada que ponga en vergüenza a esta casa. Tiene mi palabra — respondió con tranquilidad. No sabía si su palabra bastaría pero no tenía nada más para ofrecer.

—Puedes levantarte Ser Jorah pero no se olvide que hasta que mis hermanas no vuelva usted no está totalmente perdonado. — le volvió advertir.

—Si su señoría—

—Ahora levántate, ya puedes retirarte — Lyanna observo a sus hombres por un breve momento y volvió a mirar a Jorah — Como eres el responsable de la seguridad de Daenerys Targaryen te indicaré que está en el piso de las recamaras que eran de tu padre mientras que los del norte están en los que eran de mi madre.

—Gracias — una vez de pie volvió hacer una reverencia antes de abandonar aquella habitación.

Durante el camino hacia la que era su ex habitación, porque por esas cosas de la vida quedaba justo cerca de la que era de Jeor Mormont, la mente de Jorah iba viajando entre los recuerdos.

Cada detalle que había en aquel largo pasillo era un pequeño recuerdo para el viejo oso, algunos más dulces que otros sin duda.

Los ojos color azul mar se encontraron con la figura de Missandei cerca del final del camino.

—Su majestad lo está esperando Ser. — comentó ella pasando por el lado del hombre antes de que con la mirada le indicara cual era la puerta a la que debía entrar.

—Buenas noches — se despidió antes de que estuviera demasiado lejos para no ser oído.

Tomó el pomo de la puerta con la mano y la abrió con cuidado sin saber cuál era el estado ánimo en el que podría estar Daenerys.

La madre de los dragones se encontraba en la cama con un libro entre sus manos. Parecía estar bastante atraída por la lectura. Jorah cerró la puerta detrás de sí y ella ni siquiera había despegado su vista del libro.

—Por un momento Ser, pensé que sería comida para los osos. — sus ojos violáceos aún estaban en el libro.

También temí ser comido por los osos pero tendré que esperar por mis primas antes de que aquello ocurra — Jorah habló con una sonrisa dibujada en su rostro.

Sus ojos recorrieron su antiguo cuarto, parecía estar totalmente intacto. ¿Habrá estado clausurado mientras él estaba en el exilio?

No se sabía si aquello había sido coincidencia o una simple casualidad pero de lo único que estaba seguro Jorah es que en aquella casa casi todas las habitaciones eran iguales en cuanto espacio y riqueza. No había diferencias. Otra cosa que había molestado a Lynesse.

—Parece ser que quien duerme aquí es un ávido lector. — Ella cerro el libro y luego indico una de las repisas — Tiene varios libros de historias fantásticas y canciones. Como los libros que me diste el día que me case Jorah.

El caminó lento hacia la cama mientras mantenía dibujada una sonrisa.

—Es fácil saber de quién se trata, era mi habitación Khaleesi. — comentó desviando la mirada a los libros. — Joer construyo cada biblioteca que hay aquí y mi tía me regalo gran parte de los libros.

Daenerys dejó el libro que tenía en las manos para poder llevar después una de ellas al lugar libre en la cama.

—Debí de sospechar que era la guarida de un oso por las espadas en la pared y libros. — bromeo ella.

—O podría haber sido de alguna de mis primas. — él ladeo la cabeza de lado a lado — En Bear Island la entretención cae en la lectura y la lucha, la pesca podría ser pero nadie trae pescados a sus habitaciones — levantó una de sus cejas mientras tomaba asiento a su lado, justo donde le había indicado — ¿Cómo estuvo la reunión? Lo poco que pude escuchar fueron gritos inentendibles.

—No es algo de lo que quiera hablar ahora Jorah — su rostro se tensó notoriamente — Los norteños son muy tercos cuando tienen una idea la cabeza.

—Si eso mismo dicen de los que han nacido en Dragonstone — ella lo miró con el ceño fruncido. Por su parte Jorah le admiraba con una sonrisa divertida que poco a poco dio paso a la seriedad. — He visto como se miran con Jon Snow y creo que deberían llevarse mejor. Él es el rey del norte, es un buen aliado y un buen partido para ti Khaleesi. — hizo una pausando pensando que aquello debería ser trabajo de Tyrion no de él — Un matrimonio entre los dos puede asegurar tu posicionamiento en el trono cuando el invierno se acabe. A de más que la gente aquí te recibiría mejor si no todos fueran forasteros.

Se estableció un incómodo silencio entre los dos.

— ¿A qué viene esto ahora Jorah? Yo...— ella se frenó como si estuviera aguanto una explosión de sentimiento y buscando mejor sus palabras — Yo lo he mirado pero no quiere decir nada. — una pausa, corta pero pausa al fin — A demás es bajo para mí.

Jorah intento mirarla seriamente pero aquel comentario tan infantil y propio de cualquier dama de Desembarco le hizo reír. Era un justificativo muy pobre. Muy superficial.

—Bueno no tiene la altura de Drogo ni...—comento él

—Ni la tuya – ella levanto su mano para tocar mi mejilla y así interrumpir cualquier tipo de objeción que tuviese Jorah en su cabeza. — Yo sé a quién quiero a mi lado en el trono y ese eres tú.

El Mormont se inclinó para atrapar sus labios en un beso tierno. Era demasiado débil como para resistirse a ella.

—Pero no tengo nada para ofrecerte, he perdido absolutamente todo y si tengo suerte quizás pueda recuperar mi apellido si las damas de esta isla me lo permiten. — en la voz de Jorah se podía apreciar que realmente no se sentía digno de ella. — No soy un buen partido Khaleesi.

Pero yo no necesito nada más de lo que tú ya me das Jorah.—

Daenerys paso uno de sus brazos por alrededor del cuello de su caballero haciendo que sus cuerpos estuvieran pegados. El calor del cuerpo de la dragona inquietaba al del oso pero él tenía que cumplir con su palabra.

No era un buen momento para convertirse en el amante de ella, no por más que su cuerpo comenzara a quemarse lentamente ante aquel deseo de poder amarla como era debido.

Cuando el trono sea mio nadie podrá discutir quien sea mi rey consorte aunque...— ella se separó un poco de Jorah para poder mirarlo a los ojos — aunque no podré darte hijos y hoy cuando te vi con aquel pequeño...

Shhh — los deseos labios de Jorah volvieron a posarse sobre los de ella pero esta vez con un poco más de pasión, de urgencia, es necesidad de su sabor. El caballero encontraba que sus labios eran distintos a cualquier otro que hubiese besado antes — no pensemos en el futuro por ahora — susurró contra sus labios antes que una de sus manos fuera a tocar la mejilla de su reina con delicadeza. Hizo aquel gesto para poder separarse sin que sus ojos perdieran el contacto con los suyos.

El entrecejo de Daenerys volvió a fruncirse al ver que su lea oso no iba a dar otro paso. Cualquier otro hombre hubiese avanzado pero Jorah no. Aun no lo entendía. Tantos años demostrando su amor por ella y ahora sentía que se boicoteaba. La noche anterior se había quedado dormido y ahora la alejaba.

—¿Está es una especie de venganza Ser? ¿Por Daario y las miradas a Jon Snow?— se quejó ella con poco de fastidio en la voz.

El negó con la cabeza.

—No — le contestó el mientras se tiraba sobre su espalda para que la cabeza estuviera más cómoda sobre la almohada — Usted me pidió que consiguiera un oso para que durmiera más abrigada Khaleesi, no me ordeno nada más y yo sigo siendo su espada jurada. Hay...— cerré mis ojos — hay una parte del juramento que me...

—Pero yo soy tu reina Jorah, yo te...—

Tiró de ella para que se recostara sobre su pecho mientras la atrapaba entre mis brazos. Anulando así cualquier ocurrencia que podría pasar por su cabeza.

—Lo mejor que puede hacer ahora Khaleesi es dormir, mañana tendrá otra reunión con el rey del norte, debe pensar primero sobre mis consejos mientras yo recuperar mi honor. Si realmente tus deseos no van a cambiar tengo que ser digno de ti y cuando eso ocurra podrás ordenarme lo que tu más quieras y yo te lo haré.

Su ceño de a poco fue cediendo para dar paso una sonrisa. No estaba tan convencida pero después de un momento tomo la mano libre de Jorah para entrelazarla con la de ella y asi acomodar su cabeza sobre su pecho.

—Entonces esperaré mientras me cuentas una historia de esta Isla.

—Con gusto Khaleesi