A la mañana siguiente cuidando de cada detalle, Jorah arropo a Daenerys. Antes de abandonar la habitación el Mormont quería tener la seguridad de que la madre de los dragones estuviese bien abrigada y el sueño fuese reparador.
Sabía de ante mano que el frio del invierno era muy duro en la isla y en especial se estaba sintiendo este invierno. Por más que tuviese ganas de quedarse junto a Daenerys no podía permitírselo.
La cercanía entre los dos cada día iba creciendo más, el calor de su propio cuerpo iba incrementando pero era muy consiente que este de un momento a otro podía traicionarlo y sucumbir ante los encantos la dragona. Había dado su palabra y aunque lo deseara no podía permitir que sucediera.
La nieve se acumulaba afuera haciéndose más densa y pesada de retirar.
Ser Jorah sabía que los dothraki no iban a poder soportar aquel gélido clima por mucho más tiempo, qué decir de los inmaculados. Las armaduras eran totalmente inútiles para protegerlos de este clima.
Si querían vencer al ejército de caminantes blancos tenían que encontrar las mejores armas y el mejor terreno para hacerlo.
— Ser Jorah —
La mano del hombre se quedó inmóvil sobre la repisa de la biblioteca mientras que con cuidado se girando para encontrarse con la mujer de rojo.
— Veo que se levantó muy temprano. —
—No hay tiempo que perder — contestó el en un tono uniforme volviendo su vista al dorsos de los libros para poder agarra uno en particular. — Estuve meditando sobre su teoría, my lady
—No es mi teoría...— intervino ella sin dejar de observarlo fijamente. — Pero es bueno que lo haya pensado. — se acomodó de tal forma contra la biblioteca que podía ser observaba por el rabillo del ojo del hombre. — Usted es clave para que se pueda llevar acabo. La madre de dragones presta mucha atención a cada una de sus palabras. Ninguno de sus consejeros puede compararse con usted.
Lo que nadie sabía sobre Jorah era que las historias de guerreros y amores eran su especialidad. Quizás y solo quizás aquello podía explicarse en gran parte por la forma de sentir del oso. Ya había dado muestras de aquel amor inmenso que profesaba por Daenerys, pero él siempre había sentido al amor de una manera diferente a los hombres que conocía, a todos los hombres excepto a su padre. Con los años pudo comprender que la muerte de su madre había arrojado Joer al Muro y así dejar a Jorah a cargo de todo. Y es que el Lord Comandante Mormont había sufrido en silencio por mucho tiempo luego de la muerte de su esposa. Una mala broma del destino o una cruz sobre los hombros Jorah sin quererlo habían hecho que aquella historia de amor de amor fuese la primera destrozar en su vida. Si quería pensarlo de una forma más trágica, Jorah se sentía maldito.
—Azor Ahai fraguo él mismo su espada. — Comentó mientras su vista aún se encontraba sobre una de las hojas, sus ojos aún estaban a la caza de algo en especial — Supongamos que la espada sea de acero Valyrio como me ha dicho, aunque pensándolo mejor podría ser también de vidriadragon. Si seguimos con esta hipótesis se puede suponer que todo es una gran metáfora. Me refiero a que cada uno de los elementos tuvo que haber sido un logro para poder influir en la creación de la mística espada. — Hizo una pequeña pausa demostrando que aun dudaba de las palabras de la sacerdotisa roja — Daenerys podría conseguir cualquier espada, de cualquier material, pero la profecía dice que se forja y la reina no ha blandido ninguna espada, menos ha creado una. — Los ojos azules se encontraron con los de Melisandre — Tengo entendido que Jon Snow ha mandado hacer espadas de vidriadragon. ¿Por qué él no podría ser Azor Ahai? — cuestiono.
—No voy negarle que he tenido mis dudas propias dudas Ser. — Ella se separó de la biblioteca para dar paso a su explicación — Le recuerdo que la primera espada se rompió en el agua. Nuestra reina ha perdido su flota a manos de Euron Greyjoy. Su segunda caída ha sido en Altojardín a manos de Jaime Lannister, quien representa un león — Melisandre se volvió acercar a Jorah sin quitar su vista de la de él— Para que la profecía se cumpla, ella tiene que haber atravesado el corazón de un ser amado y nuestra reina mató a su primer esposo Drogo, a quien amo.
Jorah bajó la vista mientras emitía un suspiro.
— Si —
Se creó una pequeña pausa en el cual Jorah recordó aquel día en particular. Había sido sin duda el nacimiento de Daenerys no solo como la reina de los siete reinos sino como madre de dragones.
Al fin los ojos azules encontraron una particular línea del libro. Sin siquiera quererlo Jorah leyó en voz alta.
— "Azor Ahai volverá a nacer entre el humo y la sal para despertar a los dragones de la piedra".
— Es cuestión de días para que sea forjada Lightbringer y con ella este invierno termine.
El hombre se llevó una de las manos a su barba para rascarla con bastante inquietud mientras que su pecho se agitaba ante la idea de que Daenerys estuviese en aquella batalla.
El oso estaba acostumbrado a ver a mujeres con armas, lo había criado una de ellas. Meage Mormont había sido prácticamente su madre y si ella hubiese querido, hubiese podido dejar sentado de culo hasta a un oso salvaje. Pero Daenerys no sabía usar una espada y era...
No pudo reprimir otro suspiro.
— ¿Aún sigue pensado que mi idea es descabellada? — indagó Melisandre como respuesta al sentir del hombre.
— No, simplemente leeré un poco más sobre estos cantos. — murmuró antes de que la puerta fuese abierta de par en par por los dos pequeños primos de Jorah. — ¿Qué hacen ustedes aquí?
— Mi prima ha mandado a llamar a los señores para una reunión urgente y la reina dragón ha pedido que lo deje entrar esta vez — explicó la osa más joven de la casa de la casa Mormont. Luego descendió su mirada hacia su hermano — Él sabía dónde estabas. Ha estado detrás de esa puerta desde que entro Ser, lo ha estado esperando para jugar. —
La vista del mayor voló hacia el pequeño.
Acto seguido se guardó el libro dentro del jubón de cuero para poder liberar sus manos y así dar unos cuantos pasos para tomar en brazo al pequeño oso
— Así que pedimos permiso para venir a buscarlo. — concluyo la niña
Aquello lo hizo sonreír ampliamente. A la mente de Jorah llegó aquel tierno recuerdo de su niñez, de aquellas reuniones largas que tenía su padre y que al ser aún muy chino no lo dejaban entrar. Aquel pequeño Jorah podía pasarse horas en el corredor haciendo guardia hasta que por fin le tocaba el turno de tener tiempo con su padre.
— Vamos pero me tendrán que esperar un poco de tiempo antes de que podamos jugar — habló el rubio mirando a sus sobrinos — Si es que me dejan los osos, los lobos y los dragones — sus ojos azules tenían un destello de picardía que se terminó transformando en un ataque de cosquillas dirigido al pequeño que tenía entre sus brazos — Si nos disculpas, nos marchamos. Puedes agarrar cualquier libro que guste. — Jorah lanzó una mirada a Melisandre. Aun no terminaba de confiar en sus palabras pero podía ser que tuviese la razón.
— Adelante Ser
La mano derecha de Daenerys se dejó guiar por su sobrina, ella cerró la puerta y luego dando pequeños saltos caminaron por el largo pasillos hasta la sala de juntas..
Una vez que llegaron al lugar citado y a través de la puerta se podía observar la gran mesa de madera que estaba en el fondo de del salón. En el centro se encontraba Daenerys y a sus costados se hallaban de un lado Lord Tyrion y Missandei, más alejado estaba Varys hablando con Daavos. Por su parte Jon Snow parecía ajeno a todo aquello pero cada tanto miraba en dirección hacia la madre de dragones.
Aquello no molestaba al norteño, quizás un poco, pero aquellos sentimientos se veían bloqueados por ante la idea de la mejor opción para Daenerys era un lazo matrimonial con Jon Snow. Ella iba a necesitar una alianza fuerte en el norte y ser la esposa del bastardo de Ed Stark le iba a ayudar a que los norteños depositaran su confianza en ella.
— Entra —Lyanna Mormont habló en tono de orden por lo que Jorah bajó al pequeño Jeor de sus brazos y así se fuera con su hermana.
El tono de Lyanna Mormont era bastante imponente, había dejado a toda la sala en silencio.
Los ojos de aquella pequeña mujer hacían temblar a cualquiera. Jorah se sentía culpable de estar robándole parte de su niñez dejando sobre sus hombros aquella responsabilidad de guiar una cosa como la suya, aquella tarea solo debía de tomarla un adulto, aunque visto y considerando su pasado, particularmente su última etapa como Lord Mormont, aquella niña tenía más agallas que él bajo las influencia de la Hightower.
— Disculpen la tardanza — se excusó haciendo una pequeña reverencia para entrar definitivamente en la sala.
La mirada de Daenerys se fijó en su caballero y los ojos azules de este cayeron sobre los de ella. Tantos años a su lado que una sola mirada bastaba más que mil palabras entre ellos dos.
Cuando la vista del Mormont se movió por la sala, esta fue capturada por Tyrion; quien me miraba de una manera muy curiosa, lo que hizo sin duda que Jorah arrugara el entrecejo en señal de disconformidad pero así y todo tomó asiento a su lado en el máximo de los silencios.
— Es necesario hacer una expedición para saber cuáles son nuestras posibilidades para enfrentar a nuestro enemigo en común — la voz de Jon Snow sonó por toda la sala — Si Cersei Lannister no quiere ayudarnos, le llevaremos uno de estos caminantes blancos para que vea que solo la unión podrá ganarle al rey de la noche.
— Es bastante peligroso que hagamos una expedición para ir a buscar a un caminante blanco, Jon Snow. No voy arriesgar a mis hombres sin saber a qué peligro se enfrentan...— respondió Daenerys ante el pedido con mucha seguridad.
— Es la única posibilidad que tenemos para que Cersei nos ayude, su Gracia — interrumpió Jon Snow mirando fijamente a la mano de la reina. — Sé que Jaime Lannister le ha informado a Tyrion sobre los pensamientos de Cersei, ella no cree en estos caminantes.
Las miradas fueron dirigidas al menor de los Lannister. ¿En qué momento había llegado el cuervo con tal noticia? Parecía como si el rey del norte estuviera mejor informado que los hombres de Daenerys.
— Si, eso es cierto. Mi hermana no nos cree y es razonable. Mate a mi padre y hago que nuestro hermano me hablé a sus espaldas. — hizo una pequeña pausa como que si eso no fuera tan grave. — Aunque le lleváramos a uno de estos caminantes, Cersei no nos dará su apoyo. — la mano de la reina hizo una pausa para poder beber de la copa que tenía enfrente. — Quizás no necesitamos una expedición con tantos hombres, serviría incluso que un par de hombres se aventurara a ver qué tan grande es el ejército del Rey de la noche. Con eso sería suficiente para ganar tiempo y estar mejor preparados.
La sala cayó en un silencio.
— Mi amigo Tormund nos está esperando cerca del muro — volvió hablar el bastardo de los Stark — Yo iré, pero necesito que su majestad aporte algunos hombres a la causa. Viajar hasta Invernalia o al mismo muro será perder tiempo valioso.
— Mi mano y Ser Jorah decidirán cuales de mis inmaculados lo acompañara Jon Snow. — Daenerys no estaba segura pero si quería ganarse a la gente del norte debía de cooperar.
Tyrion miró primero al Mormont y a la madre de los dragones.
Jorah habló.
— Si me lo permite Khaleesi, me atrevo a pedirle que me dejara acompañar a Lord Snow en su expedición. Los inmaculados no resistirán el frio que puede llegar haber del otro lado del muro. — La vista de Daenerys recayó sobre el mayor, sus cejas de a poco se iban juntando y su boca se había tensado notoriamente — Podría ir en representación vuestra y de mi casa. — Agregó desviando su vista para fijarla en su joven prima — Es sabido que cualquiera de esta isla vale por diez hombres al menos.
— Gracias Ser Jorah, su ayuda nos será útil — Jon Snow le había ganado al hablar a Daenerys dejándola con las palabras en la boca. Quizás el resto de la sala no se había dado cuenta pero el ándalo sabia a la perfección que la madre de los dragones se estaba conteniendo para decir no decir nada, por lo menos no en público — Su padre era un gran hombre y luchador.
— Lo sé, gracias — le respondió de forma amable ante las palabras del muchacho.
— Esperaremos hasta mañana a la mañana, conseguiremos más hombres y estaremos listos para marcharnos.
Jorah no agregó nada más sino que asintió con la cabeza sintiendo que la mirada de Daenerys podía atravesar su nuca y el cuerpo de Jon Snow.
Las puertas de la sala se abrieron de par en par.
— Lady Mormont lamento la interrupción pero ha llegado un hombre diciendo que es Jaime Lannister.
Jon Snow se paró de su asiento con tal énfasis que su capa se movió haciendo visible a Garra. En aquel momento Jorah solo pudo pensar en una sola posibilidad. Su padre seguramente se la había regalo. Ahora tendría que pensar en algo más para poder conseguir una espada de acero Valyrio si es que no podía reclamar la de Jeor.
— Hágalo pasar — Ordenó el rey en el norte.
Jaime Lannister hizo su entrada después de unos cuantos minutos en que la sala lo había esperado en un total silencio. Jon Snow parecía bastante tenso pero no se sabía muy bien porque. En cambio se podía apreciar como el cuerpo de Daenerys reaccionaba ante la figura del "matareyes".
Jorah no necesitaba que la Targaryen le mirase, él podía saber a ciencia cierta qué era lo que estaba sucediendo dentro de su cuerpo, que era lo que estaba pensando y cuáles eran sus sentimientos.
La mirada de ambas manos se encontró y se notaba que existía aquel cariño entre los hermanos. Tal vez un cariño como el Jorah y Dacey habían compartido antes de su exilio.
Él se arrodilló delante de todo el mundo y coloco su espada en el piso mientras agachaba la cabeza.
La última vez que el Mormont le vio, fue en aquel fatídico tornero de Lannisport donde él se había coronado campeón. En los últimos años se había preguntado una y otra vez qué hubiese pasado si el Lannister hubiese sido el ganador. ¿Todo hubiese sido igual?
— Vengo a ofrecer mi espada al servicio de Daenerys Targaryen — hizo un silencio antes de atreverse a levantar su vista hacia la reina Targaryen — Sé que como hija usted jamás pueda perdonarme por haber asesinado a vuestro padre, pero actué como las circunstancia lo ameritaban. He dejado a mi hermana en Desembarco del Rey porque sé que no está haciendo lo correcto, y si es verdad lo que Tyrion me ha dicho sobre los caminantes blancos, quiero ayudar a combatirlos. Los Lannister tenemos honor, yo tengo honor a pesar de mi apodo señora.
— ¿Y cómo puedo confiar en vuestras palabras? ¿Cómo puedo confiar en que no vas a traicionarme o abandonarme? — Preguntó Daenerys con mucha rigidez y desconfianza en la voz.
— Haré lo que sea necesario para que vea que soy fiel a la causa. — prometió el hombre.
— No se puede confiar en un asesino — Jon Snow lo miró pero sus palabras no era por la traición al rey loco. — Intentaste matar a mi hermano.
— Es algo de lo que me he lamentado durante mucho tiempo. — dijo aquello dejando entrever por su tono que era real aquel sentimiento. — Sé que mi perdón no le devolverán la fuerza a las piernas para poder volver a caminar. Lo siento, aquello no fue por honor, fue por Cersei. — un largo suspiro salió de los labios del Lannister dejando entre ver que hay acciones deshonestas impulsadas por lo más dañino del amor — Pagaré el precio de mi mal acto con lo que decidan.
Se hizo un silencio en el que se podía apreciar que Tyrion estaba sufriendo por su hermano.
— Jaime Lannister es un buen luchador, mejor dicho es uno de los mejores luchadores de los siete reinos y necesitamos buenos hombres para ir al otro lado del muro. Quizás en esta isla no se consiga a otro hombre igual que él, Su Gracia – intervino Jorah haciendo una pausa para mirar hacia Jaime — Quizás podría empezar a pagar su deuda con los Stark y servir a la reina acompañándonos a la expedición. — sugirió.
Jon Snow medito sobre las palabras y asintió con la cabeza.
Jorah podía escuchar la voz en tono de susurro de Tyrion. Algo le estaba diciendo a Daenerys al oído. Luego de un momento ella elevó su vista hacia el hombre y el Mormont entendió a la perfección cual era la decisión.
— Espero que hayas traído tu mejor ropa de abrigo, aunque lo dudo, en la capital no están aún a la moda —Se burló Tyrion.
— De todas formas seguirán siendo tres solamente — objeto Daenerys – No pueden marchar al norte tres hombres. No tienen mi permiso, no es seguro para ninguno.
Tyrion dudo. Daenerys realmente no estaba preocupada por el bienestar de su hermano o Jon Snow. Ella se preocupaba de Jorah.
— Tenemos que ser pocos para no llamar la atención de los caminantes — explico Snow mirando a la reina — Y no somos tres, somos cuatro. Me ocupare de que seamos por los menos siete hombres. Con o sin vuestro permiso su gracia partiremos al otro lado del muro mañana. Estamos en mi tierra y yo decido.
— Bien pero tienen que volver todos con vida o nuestra alianza se romperá — ella le advirtió y miró primero a Jaime, se sabía que no le importaba demasiado la vida de este pero su vista voló hacia su lord comándate y este le dedico disimuladamente una sonrisa. No lo había matado la escala de grises, esto no lo materia.
— De acuerdo — contestó secamente Jon Snow y miró a los suyos antes de hablar para todos en la sala — Podemos dar por finalizada nuestra reunión. Mañana partiremos antes del alba.
Una vez más, Daenerys volvió a cruzar su vista con la de Jon Snow, el oso se preguntaba si algo de todo lo que le había dicho la noche anterior aún estaba dentro de su cabeza.
La gente comenzó a retirarse de la sala. Ambos reyes parecían bastante molestos. Con la reunión de ayer y esta, parecía que iba hacer difícil que ellos se pudieran llevar bien.
— Si su gracia me lo permite me gustaría hablar a solas con mi hermano — pidió Tyrion
— Adelante — le contestó en tono indiferente Daenerys.
Los ojos de Jorah pudieron observar la figura del pequeño Jeor metido entre la gente. El niño iba dando empujones y con algunos balbuceos, parecidos a la palabra "gracias", se había hecho espacio para poder llegar hasta la mesa. Se agacho, para escabullirse mejor, y con unos cuantos pasos había podido llegar hasta el lado del Mormont.
— ¿Vienes por mi verdad? — Preguntó el hombre mientras lo tomaba en brazos para pararlo sobre la mesa. Había quedado alto pero no tan alto como él esperaba.
— Dragón — Él apunto con su dedo sobre el escudo que adornaba el jubón del caballero.
— Si, es un dragón — le sonrió y se inclinó para susurrarle algo en el oído.
El pequeño Jeor miró en dirección a Daenerys, quien estaba charlando entretenidamente con su traductora. Él se rio y luego miró a Jorah con los ojos llenos de brillo.
Este término por tomarlo en brazos y con cautela se acercó a las damas.
— ¿Alguna vez has jugado en la nieve Missandei? —
Ella miró al hombre con un poco de sorpresa pero término negando con la cabeza.
Quizás no era lo más esperado que la madre de los dragones pudiera salir a jugar en la nieve, pero Jorah pensó en algo para que ella también pudiese estar afuera, disfrutando de la nieve con ellos.
— No, sabe Ser que en mis tierras no existía la posibilidad de verla.
— Les invitamos a que nos acompañen a nuestro paseo por los jardines de la casa. Lo único que lamento que haga tanto frio, así no se puede apreciar la cascada en su máximo esplendor. ¿Nos harían ese honor? No me preocupo por Tyrion porque él está ocupado y ya ha visto nieve en su vida.
Missandei miró a Daenerys y está aunque parecía bastante molesta con su caballero asintió con la cabeza.
— Iremos por nuestros abrigos y los acompañaremos Ser — contestó la traductora y Jorah dio un paso al costado para que pudieran echar sus sillas hacia atrás y así poder marcharse.
— Las veremos en la entrada — índico el hombre alzando un poco su voz.
Luego de unos diez minutos de espera y ahora acompañados de Shelear. Estaban los tres Mormont parados en la puerta.
Las dos mujeres aparecieron por la escalera principal, bien abrigadas con pieles bastantes pesadas, a pesar de ello no habían perdido su encanto.
Jorah alzó a su sobrino y se lo colocó sobre sus hombros.
— Vamos a ir al jardín de atrás, es un poco difícil asegurar que habrá menos nieve pero estaré más tranquilo de que nadie sufra un accidente. La nieve es hermosa pero también tiene sus peligros — explicó a sus dos nuevas acompañantes e hizo un gesto a su sobrina para que fuese delante de ellos.
La caminata hasta aquel lugar fue en total silencio, sin ningún tema de conversación. Jorah podía escuchar que entre la traductora y la madre de dragones intercambiaban palabras pero los gritos de Jeor no lo dejaban escuchar bien.
Por fin llegaron al jardín. Había unos cuantos árboles que adornaban el contorno de una tarima, de medio metro de alto y hecha de madera. También había una casa que servía de refugio, esta se encontraba un poco más atrás y un camino de troncos, cortados, hacía de sendero hasta allí. A lo lejos se podía ver la orilla del rio que daba a la gran cascada.
El hombre bajó con cuidado a Jeor y le hizo una seña a Shelear para que se acercara.
Se inclinó para decirle algo al oído y la joven osa tomó de la mano a su hermano para avanzar hacia Missandei.
La amiga de su majestad caminó con los niños por la tarima mientras la niña le iba contando acerca de los osos que se podían apreciar en la cima de las montañas más altas.
— Tengan cuidado por donde pisan — gritó Jorah.
Missandei contesto moviendo afirmativamente la cabeza mientras que los niños simplemente gritaron un sí de respuesta.
Jorah miró de reojo a Daenerys, quien se encontraba a su lado.
— El aire fresco ayudara a que su gracia pueda mantener la cabeza más concentrada y pueda pensar fríamente en los próximos pasos del plan. — Hizo una pequeña pausa sintiendo aquel fuego que la madre de dragones estaba intentando ocultar — Creo que es necesario que cuando vuelva de la misión empieces aprender a usar la espada por si los caminantes blancos rompen el muro y...
— Te aseguraste de sacarme de la casa, traer a tus sobrinos y Missandei para no discutir ¿No, Ser Jorah? — le acuso Daenerys de manera tajante.
Jorah simplemente respondió aquello con pequeño suspiro.
— Pero no te servirá. — continuo ella con el mismo tono de voz haciendo caso omiso del silencio de su acompañante — Acabas de volver y ahora pidiendo permiso delante de todos, sabiendo que no podía negarme, te marchas por ese honor estúpido que tienen ustedes los norteños. ¿Por qué los hombres hacen cosas estúpidas pensando que son héroes inmortales? Crees que no me di cuenta que te has ofrecido a ir para asegurarte de que Jon Snow no muera. — hizo una pausa y lo miró de tal forma que Jorah se vio obligado a mirarla. En sus ojos se podía ver el miedo mezclado con aquel fuego — Sigues con la idea de que tengo que casarme con Jon Snow, pero quiero que sepas que yo voy a decir con quien me voy a casar, y si sigues haciendo cosas tan estúpidas Jorah te voy a entregar a mis dragones — su voz seguía siendo intensa tal como su mirada pero mantenía un volumen bajo guardando la compostura. — Cuando este en el trono de hierro nadie podrá ordenarme con quien debo casarme.
Los ojos azules seguían fijos en la madre de dragones y en los labios formo una sonrisa inevitable. Ella lo amaba o por lo menos se preocupaba por él.
Tal vez Daenerys sentía el mismo miedo que Jorah ante la idea de por perderla.
— Voy al norte porque es necesario que muestres que confías en Jon Snow y como tu primera espada es mi deber. Estas rodeada de consejeros y sé que estarás bien protegida. A demás acompañando al rey del norte podre ir curando de a poco mi honor en el norte. — Su rostro volvió a su estado natural arrugando mis cejas — Para poder casarme primero tendría que tener mi honor. Tal vez ese honor de norteño estúpido es lo que me impulsa a ser mejor persona. Debo ser digno de vos antes de que puedas decidir que nos podemos casar Khaleesi. — La mirada de Jorah voló a la casa que estaba a sus espaldas — Esta es una de las islas más pobres del norte. Tyrion, Varys y el resto del mundo de Desembarco del Rey se escandalizarían, todo Poniente también, ya no estamos solos en los países libres, ahora eres la Reina de todo esto y debes casarte con un Lord, alguien honorable para que te acepten todos y de todos lados. — Suspiro hondo, el frio dolía en los pulmones — Si es necesario daré mi vida por él hasta que tengas razón Khaleesi y puedas elegir libremente con quien quiere casarse.
Ella quito su vista del hombre para terminar fijándose en las montañas.
— Con qué facilidad puedes arruinar todo Ser... —ella se giró sobre sus talones – Cuando Missandei termine de explorar la nieve dile que la espero en mi recamara.
Jorah hizo una reverencia y recibió una mirada de Daenerys antes de marcharse.
