-N/A: ¡Hola! Antes que nada, quiero aclarar una cosa: dije que actualizaría el 29 de julio, pero no especifiqué de qué año... Noooo, es broma, no me odiéis todavía jajaja. Siento mucho haberme demorado 2 laaaargos años en actualizar. La verdad es que cada vez que me sentaba a escribir el capítulo, me quedaba en blanco y dije "Bueno, ya vendrá la inspiración". Las musas han tardado más de lo que queríamos, pero al menos se han dignado a visitarme POR FIN.

Resumen de los tres primeros capítulos: Ron y Hermione llevaban 10 años de relación. Una noche, él le puso los cuernos con Lavender Brown y esta está ahora embarazada. Hermione rompió con Ron y se mudó con Draco, que trabaja con ella en el Ministerio. Son buenos amigos, así que él le ha propuesto casarse porque necesita hacerlo antes de los 29 años para poder reclamar parte de su herencia. El capítulo 3 termina con Draco pidiéndole matrimonio a Hermione y ella diciendo que sí.

Aviso: He editado un par de detalles de los capítulos anteriores porque cuando los escribí tenía en mente, no sé por qué, que el cumpleaños de Draco era mucho antes de cuando es en realidad. Por tanto, los capítulos anteriores no se han desarrollado en abril/mayo, sino en noviembre/diciembre. No afecta a la lectura, pero quería que lo supierais.

Antes de que leáis, quiero agradeceros todos los reviews y el interés mostrado: esos 83 reviews, 203 follows y 148 favs han ido directamente a mi corazón. Habéis sido mucho más buenas de lo que merezco en realidad. GRACIAS.

Nos leemos al final del capítulo. N/A-


LAS SEIS ETAPAS DEL AMOR


IV. Farsantes (primera parte)

El domingo, Hermione despertó más tarde de lo habitual.

Habían llegado al piso tarde, después de tener que pasar por la tortura de aceptar todas las felicitaciones por el inesperado compromiso y unas cuantas preguntas incómodas; pero lo peor no era eso, porque Draco había sido capaz de navegar entre deseos de buena suerte y tonos condescendientes e incrédulos con elegancia y cierto talante, lo peor era que Hermione había permanecido despierta hasta las seis de la mañana pensando con nerviosismo en todo lo que podría salir mal a partir de ese momento.

Despertó con su habitación plenamente iluminada por el sol de mediodía. Se incorporó, desorientada, y se pasó una mano por el pelo.

—¡Ay! —exclamó cuando algo se le enganchó en el dedo.

Entonces lo recordó: iba a casarse en unos pocos meses. Levantó la mano hasta la altura de sus ojos y contempló el delicado anillo que había alrededor de su dedo.

Los nervios volvieron a ella en oleada, pero negó con la cabeza repetidamente y cerró los ojos con fuerza mientras se levantaba. Como siguiera así, no llegaría cuerda a la boda.

Salió de su habitación y vio a Draco en el sofá, leyendo algo.

—¿Crees que, aunque en San Mungo me declaren incompetente mentalmente, podremos casarnos de todas formas? —preguntó.

Se dejó caer al lado del mago en el sofá. Este la miró con una ceja enarcada y los labios apretados en una sonrisa para no reírse en su cara.

—Buenos días para ti también, mi amor. Tienes cara de haber descansado mucho y de no necesitar tres horas más de sueño para nada —la saludó Draco con sarcasmo. Estalló en carcajadas al ver la mirada furibunda que le dedicó ella—. ¿Qué te pasa? ¿Ya te has agobiado porque faltan demasiados meses hasta la boda y no te crees capaz de conseguir engañar a todo el mundo? —Dejó sobre la mesita frente a ellos unas cuantas cartas y se levantó—. ¿Café?

Hermione suspiró y asintió.

—Por favor. —Subió los pies al sofá y apoyó la cabeza en el respaldo—. Espero que cuando nos casemos sigas portándote así de bien.

Draco rio desde la cocina.

—Si lo único que quieres que prepare es café, no tendremos ningún problema.

La bruja iba a responder cuando reparó en las cartas que Draco tenía antes en las manos y enarcó una ceja. Se inclinó hacia delante para ver de quién eran, pero se dio cuenta de que eso no era asunto suyo, así que retrocedió avergonzada.

—Puedes abrirlas —Draco apareció con dos tazas de café y dejó la de ella sobre la mesita—, son para los dos.

Hermione cogió la primera de las cartas y la giró varias veces, buscando el destinatario. La única marca que había en el sobre era la «M» negra del Ministerio.

—¿Cómo lo sabes?

Draco le guiñó un ojo y se encogió de hombros.

—¿Cuándo me has visto a mí recibir tantas cartas? La única correspondencia que tengo es con mi madre cuando me invita furtivamente a tomar el té en algún sitio muggle para que mi padre no se entere —explicó. Dio un sorbo a su café y después añadió despreocupadamente—: Yo creo que la mayoría van a ser preguntas indiscretas disimuladas en felicitaciones por nuestro compromiso.

Hermione torció el gesto ligeramente. Ya podía notar cómo la ansiedad volvía a ella.

Rasgó el primer sobre y sacó su contenido.

—Es de Shacklebolt. —Sus ojos escanearon la breve carta antes de resumirla—. Nos vuelve a felicitar y nos desea una unión feliz y próspera. Bla, bla, bla.

—¿No ha mencionado nada sobre el puesto de jefe de Seguridad Mágica? Vaya, estoy decepcionado. Creía que iba a ofrecértelo en bandeja de plata.

Hermione enarcó ambas cejas y resopló.

—No creo que nuestra boda venga con un ascenso, Draco.

Él la miró con condescendencia fingida y negó con la cabeza mientras chasqueaba la lengua.

—Hermione, querida mía, Kingsley es un soldado, sí, pero en los últimos años se ha vuelto un estratega. Sabe que no hay nada mejor para calmar los ánimos que dar a la gente lo que quiere.

La bruja decidió seguirle la corriente y esbozó una sonrisa ladeada.

—¿Y qué es eso, oh, mi inteligente prometido?

Draco cogió la mano que ella tenía libre y se la llevó a los labios para darle un beso en el dorso mientras la miraba a los ojos. Este gesto hizo que Hermione se sintiera incómoda por la intimidad del momento y, al mismo tiempo, era incapaz de apartar la mirada de sus ojos grises.

Él sonrió antes de soltar su mano.

—Una boda mediática. Demostrar a la sociedad que el Ministerio sabe adaptarse a los nuevos tiempos y ceder espacio a las nuevas generaciones. —Levantó las manos y las situó paralelamente, como si estuviera enmarcando algo invisible entre ellas—. Ya puedo leer el titular: Hermione Jean Malfoy, de jefa de Seguridad Mágica a Ministra de Magia.

Desde luego, el exslytherin sabía cómo pronunciar las palabras exactas para que sus oyentes se convencieran de que su propuesta era la mejor opción del mundo.

—Qué labia tienes, Malfoy.

Él sonrió sugerentemente.

—No es la primera vez que me lo dicen.

Hermione puso los ojos en blanco y se inclinó hacia él para darle un golpe en el hombro.

—¿Sabes lo que también dicen?: perro ladrador… —Ante la expresión perdida de Draco, puso los ojos en blanco—. Para estar a punto de casarte con una hija de muggles, sabes muy poco sobre ese mundo.

—Touché. Tendrás que enseñarme. ¡Bueno! —exclamó, cambiando de tema—. ¿Abrimos el resto? —Señaló las cartas. Ante el asentimiento de Hermione, cogió el montón y lo dividió, dándole una mitad a la bruja—. Yo propongo que dejemos a la izquierda las felicitaciones y a la derecha las peticiones de entrevistas y demás.

Hermione abrió la primera, que tenía el membrete de Hogwarts.

—Es de McGonagall —dijo en tono sorprendido.

Draco detuvo sus movimientos y miró la carta con desconfianza. Ni McGonagall era santo de su devoción ni la profesora había demostrado nunca la más mínima predilección por él.

—Me extraña que no sea un Vociferador para criticarte por tu mal gusto.

Hermione sonrió, contenta de poder demostrarle que su profesora favorita no era tan prejuiciosa como él pensaba.

—Pues no. Quiere felicitarnos por nuestro compromiso y también dice, palabras textuales: Si llegan a tener hijos, señorita Granger, espero seguir estando en Hogwarts para ser testigo de tal prodigio académico.

Después, soltó una carcajada. Sin embargo, Draco no se unió, sino que se quedó pensativo.

—Estoy de acuerdo con ella. —Hermione lo miró pasmada—. ¿Te imaginas todo lo que heredaría un hijo nuestro? Me juego la mansión Malfoy a que antes de los catorce años ya habría aprobado los ÉXTASIS con un Extraordinario —explicó con una sonrisa de suficiencia.

Hermione negó con la cabeza, divertida por la alta estima en la que se tenía a sí mismo. Aunque también era una alabanza para ella, así que decidió no ser muy dura.

—O crearíamos un monstruo. ¿Te imaginas a una niña de once años obsesionada por el control, narcisista y cruel con quienes considera inferiores intelectualmente?

—Uuh —Draco dejó salir un largo silbido y se llevó una mano al corazón—. Oye, pero ¿por qué una niña y no un niño?

Hermione dejó escapar un grito ahogado y fue a darle otro golpe, pero él la detuvo cogiéndola de la muñeca.

—¿Saco a relucir nuestros peores defectos y lo único que te preocupa es que sea niña en vez de niño?

—En realidad me da igual. De hecho, creo que hasta me gustaría, espero que herede tu pelo. —La mano del mago, que seguía sosteniendo su muñeca suavemente, se elevó para capturar uno de los rizos de Hermione entre los dedos.

La bruja se sonrojó levemente, pero aprovechó el despiste de él para darle el golpe que había evitado antes.

—¡No te burles de mi pelo!

Draco rio.

—Pero si estoy diciendo que me gusta. De verdad —añadió, mirándola a los ojos con una sonrisa.

Hermione carraspeó y desvió la mirada. Dejó la carta de McGonagall a un lado, tomando nota mental de responder después, y cogió otra de la mesita. Cuando la leyó, estuvo a punto de romperla inmediatamente.

—Es de Rita Skeeter. —El desprecio en su voz era palpable. Cada vez que pensaba en esa mujer se arrepentía de no haberla denunciado al Ministerio cuando tuvo la oportunidad en cuarto año.

—Déjame adivinar: ¿quiere que le concedamos una entrevista?

—Obviamente. No sé cómo consiguió trabajo después de que la echaran del Ministerio. Es una inútil. —Draco enarcó una ceja—. Vale, no es una excepción —concedió la bruja. Fue a dejar la carta sobre la mesa, pero al ver la mirada pensativa de Draco, se detuvo y le dedicó una expresión incrédula—. ¡Oh, venga ya! ¡No querrás…!

El mago sonrió de lado y asintió lentamente.

—Piénsalo bien: no podemos estar evitando a la prensa para siempre. —Levantó el sobre de color rosa pálido que tenía en la mano—. Este es de una revista estadounidense. Y me ha sonado ver por ahí otra del periódico francés.

—¿Francés? ¿Y a ellos qué más les da?

—Bueno, el bisabuelo de mi bisabuelo paterno vino de Francia hace un par de siglos. Aunque los Malfoy llevemos varias generaciones aquí, seguimos teniendo contacto con nuestras raíces —explicó—. Y a todos les gusta una buena historia de amor entre dos personas de bandos opuestos en la guerra —añadió, pasando la mano derecha por el antebrazo izquierdo, donde tenía la marca.

Hermione cambió de postura y se sentó con las piernas cruzadas mirando al frente. Su ceño fruncido indicaba que no le hacía ninguna gracia el giro que estaban tomando los acontecimientos, pero suspiró con derrotismo al darse cuenta de que no le quedaba otra. Ella había accedido libremente a aquella unión, ahora no podía echarse atrás y esconderse hasta el día de la boda. No si no quería hacer el ridículo y que la gente se creyera su relación.

—Está bien. ¡Pero solo una entrevista! —advirtió a Draco al ver que este ponía cara de triunfo.

—Palabra de Slytherin.

—Oh, Merlín, estoy perdida entonces —se burló ella.

Siguieron abriendo cartas en silencio. Había un par de personas del Ministerio con las que Hermione no había intercambiado más de dos saludos por los pasillos, pero que ahora se creían íntimos. Sí que era verdad que una boda sacaba lo cotilla y exagerado de la gente.

—Esta es de mi madre —dijo Draco en voz baja. Hermione vio cómo sus ojos grises leían las pocas líneas que Narcissa Malfoy había escrito, pero no se atrevió a pedirle que la leyera en voz alta. Pensar en sus suegros le daba dolor de cabeza—. Me advierte que evite cruzarme con mi padre en los próximos días, no quiere que lo manden a Azkaban por intentar usar una Imperdonable conmigo. —Usó un tono ligero para decir esto, pero Hermione en el fondo sabía que la situación con Lucius era tensa.

—Tranquilo, dudo mucho que quiera mancharse las suelas de los zapatos viniendo a nuestra oficina —bromeó ella.

Aunque pensándolo mejor, y por lo poco que había visto de Lucius Malfoy (afortunadamente), probablemente se acercaba mucho a la verdad. No por nada había despreciado a su hijo cuando este quiso apartarse del camino que le había impuesto.

—Mi madre querrá tomar el té contigo en algún momento de las próximas semanas —la avisó Draco. Esta lo miró con expresión espantada, a lo que el mago rio—. Tranquila, no muerde. Casi nunca —añadió.

—¿Ya no puedo echarme atrás, verdad? —masculló Hermione.

—Ahora ya llevas mi anillo en el dedo, no me hagas ese feo. Pero no te preocupes por mi madre, vayamos paso por paso: ¿qué le respondemos a Rita Skeeter?

Al final, acordaron con esa bruja horrible que se hacía llamar a sí misma «periodista» una entrevista el miércoles siguiente en una cafetería del Callejón Diagon.

El lunes y el martes Hermione los pasó comprobando por qué el Sombrero Seleccionador no la había mandado a Hufflepuff: estuvo a punto de perder los estribos varias veces, sobre todo después de que varios en el Ministerio estuvieran a punto de preguntarle hasta la hora a la que se duchaba por las mañanas.

—¡Señora Sanderson, como me pida una vez más que le deje probarse el anillo…!

Por suerte, Draco solía intervenir para sacarla hábilmente de una situación en la que terminaría haciendo daño a alguien.

—Relájate, Granger, no me obligues a apuntarte a clases para el control de la ira.

—Te lo estás pasando en grande, ¿verdad? —le espetó ella mientras el mago la arrastraba hasta la oficina que compartían.

—Tómatelo como una prueba para la reunión con Skeeter. Ella, en vez de asustarse con tus amenazas, publicará que la futura señora Malfoy tiene arrebatos de furia y que pronto veremos mi esquela en el periódico —dijo él, tomándola de las mejillas y mirándola fijamente a los ojos con un brillo divertido.

Hermione se obligó a cerrar los ojos e inspirar profundamente varias veces, soltando el aire con lentitud. Le haría falta mucha templanza para enfrentarse al miércoles por la tarde. De hecho, cuando llegó el odiado momento, Hermione tomó nota de guardar su varita bajo llave, por si acaso le nacía el impulso de usarla contra Skeeter.

A las cinco, cuando salieron de trabajar, Draco y Hermione se aparecieron en el Callejón Diagon y se encaminaron hacia Black Cat, la cafetería donde tendría lugar la entrevista. Podrían haberse ahorrado el viaje y que la periodista fuera a su piso, pero ninguno de los dos quería tenerla rondando por allí, examinándolo todo con esos ojos verdes que todo lo juzgaban y de todo sabían sacar tajada.

Además, era bueno que los vieran juntos; daba más credibilidad.

Draco buscó su mano y entrelazaron los dedos mientras caminaban. La bruja le dio un apretón ansioso mientras se miraba de reojo en los escaparates de las tiendas. Bajo la capa llevaba un bonito vestido beige con cuello cuadrado y un cinturón negro fino que enmarcaba su cintura; sin embargo, estaba demasiado nerviosa para admitir que estaba muy guapa.

—Tranquila, Hermione —Draco se inclinó hacia ella para hablarle—. En lo último en lo que Rita Skeeter se fijará es en tu ropa. Aunque ella se lo pierde —añadió, dedicándole una breve sonrisa ladeada.

Hermione frunció los labios, conteniendo una sonrisa. A ese hombre se le daban demasiado bien las relaciones falsas.

—Me estás malacostumbrando a los halagos. ¿Qué haré cuando nos divorciemos? —dijo en voz baja y tono dolido en broma.

Draco rio.

—Bueno, yo no he dicho nada del divorcio, por mí podemos seguir casados el tiempo que quieras. —Hermione lo miró con perspicacia, pero los ojos grises de él ya se habían desplazado a otro objetivo—. Ahí está el Black Cat.

Hermione observó cómo el fotógrafo de Rita Skeeter ya los estaba esperando en la puerta, con la cámara colgando del cuello y soplándose las manos para mantener el calor en ese frío día de principios de diciembre. En cuanto vio a la feliz pareja, se apresuró a coger su herramienta de trabajo y empezar a acosarlos a fotos.

—Sonríe —le susurró Draco.

Él ya tenía en el rostro una de sus habituales sonrisas que navegaba entre el misterio y la seducción; Hermione estaba convencida de que sabía lo atractivo que se veía y la había practicado, era imposible (casi injusto) que le saliera tan natural. A veces le recordaba al Draco del colegio, aunque afortunadamente había cambiado mucho. Y a mejor, algo que no todo el mundo podía afirmar.

Así, Hermione se obligó a sonreír, aunque no le salió tan natural como a su «prometido». Eso le recordaba a los meses posteriores a la guerra, cuando Harry, Ron y ella se vieron acosados por la prensa nacional e internacional para que repitieran hasta la saciedad cómo habían derrotado al Señor Tenebroso.

No, a Hermione Granger no le gustaba la prensa. Y cuando la puerta de la cafetería se abrió y Rita Skeeter clavó en ella sus penetrantes ojos verdes, no pudo evitar torcer el gesto. Ese escarabajo conspirador y criticón… Pero se obligó a sonreír y fingir que no existía ninguna animadversión entre ellas.

Cuando Draco y ella llegaron a la puerta de la cafetería, Skeeter se aproximó para abrazarlos y darles un beso en la mejilla. Hermione sonrió brevemente, satisfecha al ver que la bruja rubia vacilaba durante un segundo antes de saludarla con efusividad. Seguro que todavía recordaba el tiempo que pasó metida en aquel tarro de cristal.

—¡Pero si son nuestros nuevos enamorados favoritos! —exclamó frotándose las manos antes de indicarles que entraran en la cafetería—. Muchas gracias por haber accedido a dejarse entrevistar por esta humilde servidora. —Draco respondió restándole importancia con un ademán—. ¿Os importa que nos tuteemos? Así la entrevista será menos forzada.

En la cafetería solo había una persona aparte de ellos dos, Rita y su fotógrafo: una mujer joven, que estaba apoyada en la barra observándolos como si su vida dependiera de ello. Sin embargo, en cuanto Skeeter carraspeó sonoramente, la mujer se apresuró a pasar a la cocina, musitando algo como «Sí, un té».

Draco y Hermione se sentaron en la mesa que habían acomodado para la ocasión, justo al lado de la ventana. Delante de ellos se había colocado otra silla, que Rita Skeeter ocupó. Al lado de la bruja flotaban sus infames cuaderno y pluma, listos para anotar cualquier cosa que Rita le dictara. Hermione sabía por experiencia (y por Harry, que tuvo que sufrirla directamente en varias ocasiones) que, de cada tres palabras, dos eran falsas y la tercera poco fiel a la verdad.

No tendría que haber accedido a aquella entrevista, pero ahora ya era demasiado tarde. Allí estaba, con su mano entrelazada con la de Draco y un precioso y caro anillo en el dedo, a punto de soltar una mentira detrás de otra sobre una relación que se habían inventado no hacía ni tres meses.

Se tomaron un par de minutos para empezar, tiempo que Hermione aprovechó para serenarse mientras les servían una taza de té. El pobre camarero, de pie, no recibió ninguna.

—Bueno… —Rita Skeeter levantó dos dedos y dos terrones de azúcar fueron a parar a su bebida—. Creo que no me equivoco al afirmar que habéis sido una sorpresa para todo el mundo —sus ojos verdes se clavaron en Hermione con lo que ella consideraría perfidia—, y más teniendo en cuenta que hasta hace muy poco tú estabas con alguien un poco más… pelirrojo —añadió, riendo su propia gracia.

A Hermione no le parecía divertido, pero se obligó a encogerse de hombros con una sonrisa.

—Yo tampoco esperaba este cambio, sinceramente. —Miró a Draco, en parte como excusa para evitar las ganas crecientes que tenía de borrarle la sonrisa a Skeeter con un guantazo. Este le guiñó un ojo, insuflándole ánimo—. Pero ya sabes cómo es la vida…

Rita Skeeter volvió a reír. Su pluma no paraba de escribir, algo que empezaba a ser exasperante.

—Sí, desde luego la rueda del amor ha dado muchas vueltas para ti: primero Harry Potter, después Viktor Krum…

—Harry y yo nunca hemos sido nada más que amigos —la corrigió Hermione. La miró con los ojos entornados y pronunció sus siguientes palabras con lentitud—: Como recuerdo haberte dejado claro en su momento.

La sonrisa de la periodista vaciló y parpadeó varias veces, pero se repuso rápidamente.

—Bueno, tú ya me entiendes. —Hermione enarcó una ceja y estuvo a punto de decir que no era así, pero se contuvo, sabiendo que no serviría de nada. Rita Skeeter se inclinó hacia delante—. Tengo que preguntarlo: ¿esta relación —los señaló con el dedo— empezó antes o después de terminar con Ronald Weasley?

Otra vez el mismo cuento. Al paso al que iba, cuando muriera Hermione tendría que poner en su tumba: «No, no engañé a Ron».

—No, por supuesto que no —replicó rotundamente—. Ron y yo ya no estábamos juntos cuando Draco y yo… —le costó encontrar las palabras adecuadas, pero Draco apareció al rescate:

—Cuando descubrimos que los sentimientos que teníamos el uno por el otro eran más fuertes que los de una simple amistad.

Hermione le dedicó una mirada agradecida, a lo que él respondió inclinándose para darle un beso en la mejilla. Se oyó un clic y un flash los cegó; desde luego, el fotógrafo era rápido y estaba bien entrenado. La bruja rezó internamente para que Draco no quisiera proporcionarles mucho material.

Aprovechó la pausa para coger su taza de té y dar un sorbo.

—¡Qué tiernos! —Rita se giró hacia su cuaderno—. Anota: «El roce hace el cariño». Dime —una sonrisa calculadora se extendió por su rostro—: ¿influyó en tu decisión de empezar una relación con Draco Malfoy el hecho de que Lavender Brown esté embarazada?

Oh, cómo le gustaba ser cruel. Y dejarla a ella como una persona frívola, ya de paso. Además, ¿cómo sabía lo de Lavender? Que la cruciaran si esa mujer no recurría a métodos poco éticos y legales para obtener información.

—No. No soy el tipo de mujer que se lanzaría a los brazos de un hombre solo para castigar a otro. Además —añadió Hermione, mirando a su prometido—, Draco no merecería ser el segundo plato de nadie.

—No, claro que no. Él podría ser el menú entero si quisiera. —Rita Skeeter pronunció estas palabras mirando brevemente al mago de arriba abajo y guiñándole un ojo.

Draco, lejos de sentirse incómodo, rio.

—Me otorgáis mucha más valía de la que poseo en realidad.

Aunque lo decía para quitarle hierro al asunto, Hermione sabía que haber elegido la carrera de auror tras haber sido mortífago no había sido precisamente un camino de rosas para Draco Malfoy. Era algo por lo que lo admiraba profundamente, aunque nunca se lo hubiera dicho.

—Oh, querido, fuiste la mejor recuperación que hicimos tras la guerra —le respondió Skeeter—. ¿Cómo estaríamos aquí ahora de no ser por ti? —bromeó, subiéndose las gafas cuadradas con el dedo índice de la mano izquierda—. Hablando de eso… ¿cómo se lo han tomado los señores Malfoy?

La mano que Draco había enlazado con la de Hermione se tensó.

—Desde luego, ha sido una sorpresa para todo el mundo; mis padres no sabían nada y todavía se están acostumbrando a la idea —se giró hacia Hermione y le sonrió—, pero estoy seguro de que pronto caerán rendidos ante los encantos de mi prometida.

Hermione tragó saliva con fuerza, pensando que sería más fácil conquistar a un basilisco que a Lucius Malfoy. Lo único que esperaba de ese hombre era que no pusiera muchas pegas y no arruinara la boda; aparte de eso, no le pedía nada más. Ella tampoco tenía interés en llevarse bien con él, la verdad. Todavía recordaba la batalla en el Departamento de Misterios.

—Claro —dijo Rita con afectación; no se había creído ni una de las palabras de Draco, eso estaba claro.

—De hecho, hemos quedado la semana que viene con ellos para tomar el té.

Hermione tuvo que morderse la lengua para no soltar un grito de sorpresa. Se obligó a disimular y cogió su taza de té para ocultarse detrás mientras asimilaba las palabras del rubio. ¿En qué momento habían llegado a esa situación? ¡Se suponía que solo sería con su madre! ¿Y por qué ella no sabía nada?

—No hay nada que una buena taza de té no arregle —bromeó Skeeter—. ¿Pasaréis las navidades con ellos?

Quizás no había sido tan buena idea disimular su sorpresa bebiendo, porque la sola sugerencia de unas navidades con los Malfoy hizo que Hermione se atragantara.

Draco le pasó una mano por la espalda en movimientos circulares mientras reía.

—Creo que es mejor no abusar. De momento con una merienda todos tendremos suficiente.

En la expresión de Rita Skeeter se pudo ver cómo debatía internamente sobre si explotar más ese hilo de la conversación o cambiar de tema. Afortunadamente para la pareja, decidió cambiar de tema.

—Hablemos de cosas más alegres: ¿cuándo será la boda?

—No lo hemos decidido todavía —explicó Hermione. Lanzó una rápida mirada a Draco antes de proseguir—. Pero seguramente a finales de mayo.

—¡Una época excelente! —La bruja rubia se inclinó hacia delante—. ¿Algún detalle más que queráis revelarnos?

—No —respondió Hermione rápidamente.

—Pero estaremos encantados de verte en nuestra boda —añadió rápidamente Draco. Estaba claro cuál de los dos dominaba el arte de interactuar con diplomacia y tacto—. ¿Verdad, amor?

Hermione suspiró y asintió. Se obligó a sonreír.

—Por supuesto.

Rita Skeeter dio una palmada en el aire.

—¡Espléndido! Espero que no os importe que abuse de vuestra confianza e intente sonsacaros más información durante los próximos meses. Ha sido todo tan súbito y falta tan poco tiempo que estamos todos expectantes ante cuál será la próxima sorpresa. —Enarcó una ceja, mirando a Hermione—. ¿Un nuevo Malfoy en camino, quizás?

—¿Qué? ¡No! —exclamó esta. Por supuesto que tenía que sacar a colación un posible embarazo; ¿qué otra explicación plausible le podían encontrar a su compromiso repentino?

—Vaya, una lástima. Estoy segura de que sería el bebé más famoso de Inglaterra. Después del hijo de Harry y Ginevra Potter, por supuesto.

—Potter, siempre acaparando todo el protagonismo —bromeó Draco.

Por suerte para Hermione, la entrevista terminó poco después. Se despidieron de Rita Skeeter y salieron de la cafetería arrebujados en sus abrigos. Diciembre prometía ser muy frío.

—Pues ha sido más corta de lo que esperaba. No sé si eso es buena señal —reflexionó Draco.

Hermione bufó.

—Tranquilo, ya verás como con el material que tiene redacta un artículo de tres páginas. En realidad podría haberlo hecho sin nuestra ayuda, esa mujer tiene talento para la inventiva. —Recordó un detalle de la entrevista que estaba deseando discutir. Miró a Draco con los ojos entornados—. Dime que lo de tomar el té con tus padres es mentira.

El mago se pasó una mano por el pelo, evitando mirarla a los ojos.

—Bueno… Sabíamos que en algún momento tendríamos que hacerlo. Mi madre me escribió. Nos esperan el sábado. Usaremos una sala diferente a la que… —dijo, pero no terminó la frase.

Hermione se quedó en silencio, meditando. No podía negarse a conocer a sus suegros, aunque sabía que no se encontraría con un ambiente acogedor.

—No me está saliendo rentable este compromiso, ¿eh? —dijo finalmente a modo de aceptación. Draco se relajó y sonrió—. Practicaré hechizos defensivos, por si acaso a tu padre se le ocurre terminar con el problema de raíz.

El mago rubio rio.

—Tranquila, mi madre no se lo permitiría. Está feo hacerle eso a una invitada. Quizás cuando ya hayamos salido de la mansión… —bromeó.

—¡Draco! —exclamó ella, dándole un golpe en el brazo—. No me gusta cómo hablas de mi posible muerte con tanta ligereza.

Él siguió bromeando sobre el tema y casi consiguió que Hermione olvidara la cita con sus padres.

Casi.


-N/A: Como habréis podido notar, el capítulo se titula "Farsantes (primera parte)". Esto se debe a que me di cuenta de que quería meter muchas cosas, pero era o esperar mil años más a que terminara un capítulo de 10000 palabras o dividirlo en dos y publicar este ya. Espero que os haya gustado mi elección.

Debo confesar que, aunque narro desde el punto de vista de Hermione, Draco es mi personaje favorito. Me encanta cuando ya son más mayores y sigue conservando parte de su sarcasmo pero ya no es un niñato imbécil. Hasta lo hace más guapo xD, algo de lo que Hermione ya se está dando cuenta jejeje. ¿Qué pensáis de Rita? Esa mujer nunca puede traerse nada bueno entre manos, aunque sabe crear una noticia sensacionalista como nadie.

En el próximo capítulo veremos la intervención de otros personajes, aunque todavía me estoy debatiendo sobre quiénes. Los que sí que estarán segurísimo son Lucius y Narcissa Malfoy. A ver cómo se comporta papi Malfoy con su futura nuera sangresucia. Muy bien no, ya os lo adelanto.

En agosto no actualizaré ninguno de mis fics: quiero unas vacaciones de FF y de la presión de las actualizaciones. Eso no significa que no vaya a escribir; de hecho, mi plan es preparar unos cuantos capítulos para cuando vuelva en septiembre. Un review si os gustaría leer "Farsantes (segunda parte)" ;) N/A-

MrsDarfoy