3. Trato

—Necesito que traigan mi auto, estoy dos cuadras al sur del comedor.

—Pero Lawliet, tú tienes las llaves.

—Near, dudo mucho que eso sea un impedimento para Mello.

Finalizó la llamada y guardó su celular antes de buscar sombra bajo un árbol cercano, recargando la espalda contra el tronco de éste. Estaba de pie al principio de una larga escalinata que llevaba hasta la entrada de una enorme biblioteca que fácilmente podía abarcar la mitad de toda la cuadra. Habían pasado al menos quince minutos desde que vio a aquel chico ingresar al lugar, Lawliet conocía esa biblioteca, la veía en su camino al trabajo todos los días, así que estaba seguro que no había otra entrada que no fuese esa frente a la cual estaba parado; quizá la mejor idea era entrar para evitar que el muchacho se le volviese a escapar, pero esos escalones eran razón suficiente para esperar pacientemente afuera, además no podía entrar y hacer un escándalo, menos en una biblioteca.

Lawliet sonrió al escuchar el suave motor de su auto acercarse y ver un destello de cabellos rubios a través del polarizado.

—Sabía que te las ingeniarías, Mello —. Dijo sonriente al ver a sus amigos descender del auto.

—Sí, a veces se me olvida que eres todo un delincuente —. Opinó Near cruzándose de brazos. No sabía cómo había dudado de la capacidad de Mihael para romper las reglas, si era precisamente gracias a él que una vez todos fueron a parar a la comisaría cuando se le ocurrió la grandiosa idea de irrumpir en el domicilio de una pareja, y si Near y Matt lo siguieron es porque Mello juraba que los dueños eran sus amigos, pero éstos ni siquiera lo conocían, y para empeorar las cosas, ellos estaban en la casa cuando los tres cayeron desde el techo.

—Te dije que no debías preocuparte de nada, pequeño Nate —. El aludido sintió como Matt lo abrazaba desde atrás, ante lo cual intentó revolverse.

—¡Ya, Matt! — Bufó al no poder soltarse, sonsacando una suave carcajada al pelirrojo, quien solo acomodó el mentón sobre la coronilla del menor. Si se lo preguntaban, Nate realmente le gustaba, era una lástima que éste solo tuviera ojos para Mihael.

—¿Y qué piensas hacer? — Interrumpió Mello luego de carraspear la garganta, viendo aún de reojo a aquel par, cuyo abrazo se había prolongado demasiado para su gusto.

Lawliet simplemente se encogió de hombros, era la misma pregunta que él se hacía desde que decidió salir de la cafetería siguiendo al castaño, pero seguía sin tener respuesta. Para empezar, no podía seguir culpando al alcohol, podría haberse puesto la peor borrachera, pero a esta alturas del día ya tenía la mente más clara, lo suficiente para saber que no haría una rabieta por doscientos dólares, ya lo había dicho antes, esa cantidad era un grano de arena para él; quizá podía culpar a su orgullo, ¿pero era suficiente para estar actuando como un maldito acosador? Admitía que el muchacho había sido una buena cogida, no tendría quejas si lo de anoche se hubiese vuelto a repetir bajo otras condiciones, en las que él no se sintiera un tonto engañado por un crío.

—No me digas que piensas pedirle que te regrese el dinero—. Comentó Matt unos segundos después, aún abrazando a la fuerza a un Nate más receptivo.

—Solo pienso dejarle en claro que Elle Lawliet no es el imbécil que él cree que soy —. Contestó con seguridad, frunciendo el entrecejo y cruzándose de brazos. Matt dejó escapar una carcajada, no importaba que Lawliet fuese el mayor de todos, podía ser el más inmaduro cuando se lo proponía.

—¡Pero Lawliet! ¿Cómo piensas hacer... — Near se vio interrumpido por Mello, quien sin ninguna delicadeza lo tomó de la mano para alejarlo de Matt de un jalón.

—Es hora de irnos, no es de nuestra incumbencia lo que Elle vaya a hacer—. El albino se sonrojó y se limitó a asentir cuando fue Mello quien esta vez le rodeó los hombros.

Lawliet simplemente hizo un ademán de despedida con la mano, sonriendo mientras éstos se alejaban. No pasó mucho antes de darse por vencido, tras un largo suspiro se estiró un poco para desentumecerse, regresando a su auto unos segundos después. Se sentía ridículo, solo bastó ver la hora para darse cuenta que habían pasado mínimo cuarenta minutos, ¡cuarenta minutos en los que podía haber estado en casa disfrutando su sábado en lugar de estar como idiota siguiendo a un desconocido! Sin embargo, y como si el destino quisiera seguir jodiendo, tan pronto se dispuso a poner en marcha el motor vio a aquel mismo castaño comenzando a descender la escalinata. Lawliet tuvo que reconocer que por esta vez el alcohol no le había afectado la vista, para ser un simple ladrón estaba como para darle hasta dormido; el hijo de puta andaba con un pantalón blanco pegado, demasiado entallado para cualquier hombre, tanto que Lawliet hizo una leve mueca de incomodidad mientras llevaba una mano a su entrepierna, imaginando cómo se sentiría de andar su amiguito tan sofocado. Aunque si las intenciones del castaño eran resaltar el culo lo había logrado, Elle se relamió los labios al apreciar de nuevo lo que se había comido esa madruga, sin embargo los ojos del pelinegro se abrieron de par en par al ver que Light venía en dirección a su auto, intentó tranquilizarse, era imposible que el muchacho no reconociera el carro , cuando se encontraron aún era de noche, además los vidrios estaban polarizados. Se mantuvo calmo, ocultarse no tenía caso, por algo lo había seguido, ¿no? No obstante, Light se detuvo al lado del carro que estaba frente al suyo, al cual ingresó sin vacilar.

Lawliet se repetía que jamás le contaría sobre esto a nadie, era su mantra, nadie debía saberlo, nadie debía enterarse que en estos momentos estaba siguiendo el auto de un desconocido sin una razón en específico, sin embargo las cosas parecieron ponerse interesantes de repente cuando aquel carro se detuvo e ingresó en un establecimiento. "Motel d'amour" se leía en lo alto con un pésimo azul neón, Lawliet sonrió antes de aparcar cerca del lugar, ¿así que el chico no era más que un prostituto? Apagó el motor y reclinó un poco el asiento para estar cómodo, si ya había actuado como un acosador todo el día, podía seguir haciéndolo un poco más.

oOo

—¡Matt! Llaman a la puerta —. Gritó Near desde la cocina mientras lavaba unos platos, sin embargo no obtuvo respuesta. Molesto cerró el grifo y se retiró los guantes para dirigirse a la sala—¿¡Qué no escuchas!?— Continuó quejándose, asomando apenas la cabeza por la puerta de la cocina, poniendo los ojos en blanco al ver que su amigo no estaba dispuesto a pausar el juego.

—Te ves tan lindo cuando te enojas—. Comentó con una sonrisa, sin apartar la vista del televisor.

Near tan solo se cruzó de brazos y soltó un bufido antes de resignarse y disponerse a atravesar la sala para abrir la puerta.

—¡Beyond!— Exclamó con una sonrisa, cualquier coraje que Matt le pudiese haber provocado desapareció al ver al menor de los gemelos. Sin embargo su semblante se volvió serio al notar una maleta bajo el brazo del pelinegro —¿Sucedió algo?

—Nada—. Se encogió de hombros como si el hecho de que alguien aparezca de repente con maletas en mano fuese lo más normal del mundo —Solo quería saber si puedo pasar unos días con ustedes.

—Beyond... ¿sucede algo? — Susurró mientras cerraba levemente la puerta a sus espaldas. Sí Beyond no quería que los otros se enterasen podían hablarlo afuera.

—Ya te dije que nada—. Su voz llena de hastío hizo retroceder un poco al albino. No es como si quería ser un hijo de puta con el menor, simplemente no quería decirle que lo habían despedido de su trabajo y que por ello ya no tenía cómo pagar la habitación; quería ahorrarse toda la charla de "aprende a controlar tu actitud, Beyond" por parte de Near.

—¿Seguro...? — Insistió de forma tímida.

No quería incomodarlo, solo se preocupaba por su amigo. No era la primera vez que Beyond llegaba a quedarse unos días, de hecho en más de alguna ocasión le habían insistido en vivir con ellos permanentemente, pero el pelinegro siempre huía cada que encontraba una manera de subsistir.

—¡Hey, hermano!— Fue Mello quien interrumpió la escena cuando, interesado en saber por qué Near estaba tardando tanto, salió a ver quién era la visita—. Que mal educado eres, enano —. Reprendió negando con la cabeza a manera de desaprobación —Beyond, pasa por favor.

Near tan solo se hizo a un lado, o mejor dicho, Mello lo hizo a un lado cuando tomó la maleta que Beyond cargaba y lo invitó a pasar.

—¡Beyond! ¿Por qué no avisaste que venías? — Saludó Matt, dejando su videojuego en pausa se puso de pie.

El albino se cruzó de brazos y miró con molestia al pelirrojo por haber dejado el control remoto por Beyond pero no cuando él se lo pidió; Matt simplemente le hizo un pequeño guiño al verlo con el entrecejo fruncido y los cachetes hinchados, luciendo adorable aunque por dentro seguramente quería golpearlos a todos.

—Lo siento por no avisar, no tenía planeado venir hoy —. Contestó avergonzado, pero manteniendo su rostro serio —Quería saber si podría quedarme unos días aquí.

—¡Por supuesto!— Contestaron sonriendo los tres al unísono.

—Yo puedo dormir con Near y tú puedes quedarte en mi habitación — Propuso Matt "amablemente".

—Ni en tus sueños— Contestó rápidamente Near, haciendo una mueca de asco ante la idea.

—Mejor tú duermes conmigo, Matt, así Beyond puede utilizar mi habitación —. Sugirió Mello de forma seria, no permitiría que alguien más durmiese en la habitación con Near, pero eso no significaba que él no podía aprovechar para pasar un tiempo con Matt.

—Por supuesto, me encantaría—. Se encogió de hombros, aunque su objetivo era Nate, no podía quejarse de Mello, juntos también la pasaban bien.

—¡No!— Vociferó Near, apretando los puños como acto reflejo, sin embargo intentó recobrar la calma cuando sintió todas las miradas fijas en él —Es decir... creo que quizá...

—No se preocupen— interrumpió Beyond —, no pienso meterme en su trío amoroso.

Él y su hermano parecían ser los únicos en notar, o al menos en aceptar, la extraña relación de aquel trío. Sabía que de todos Near siempre había sido el más sensible, el que creía en el amor verdadero y que la familia siempre debía estar unida, y que aunque lo negara, desde hace mucho estaba enamorado de Mello; todos sabían ese secreto a voces, incluso Matt, pero el pelirrojo no estaba interesado en hacerla de cupido o respetar inexistentes relaciones, él continuaría disfrutando con Mello y buscando la oportunidad para meterse entre las sábanas de Nate. Mello por su parte se rehusaba a creer lo que los demás decían, Near no podía estar enamorado de él, lo de ellos solo era sexo casual, algo que no quería que cambiara, no quería dejar esa libertad de poder ir por las noches y besarse con otro para luego regresar con el albino sin recibir algún reclamo.

—Matt se puede quedar con Mello...— Masculló Near con mucho esfuerzo. Por supuesto que no estaba de acuerdo, pero tampoco pensaba demostrar cuánto le afectaba.

—Puedo quedarme en el sofá —. Interrumpió, no quería que su presencia importunara específicamente al menor de todos—. Además solo será por unos días.

—Yo que tú no insistiría, Nate —. Comentó Matt antes que el menor pudiese continuar —La última vez que le llevé la contraria terminé con un ojo morado—. Pasó un brazo por sobre los hombros de su pálido amigo, dándole la bienvenida y jalándolo consigo hacia el sofá —¿Por qué mejor no nos echamos un partido?— Le entregó un control remoto, el cual Beyond tomó sin vacilar.

—Yo iré a buscar algunas sábanas.

Un poco más tranquilo Near sonrió antes de ir a su habitación por las cobijas, aún faltaba para que anocheciera, pero lo ideal era tener todo listo.

—Y aún te niegas a creer que Near no siente celos—. Comentó Beyond una vez que el albino los dejó solos. Matt no pudo evitar soltar una carcajada, no entendía cómo Mello se negaba a ver lo que era obvio.

—Tu cállate, Beyond—. Bufó mientras se dejaba caer sobre el sofá. No importaba cuánto le insistieran, él estaba a gusto con la relación que tenían, jamás le prometió a Near un noviazgo, era su problema si él anhelaba uno.

oOo

—¿En serio tienes que irte ya? — Preguntó de nuevo al ver a Light salir del baño ya con la ropa puesta y el cabello húmedo luego de una rápida ducha.

—Aún tengo cosas que hacer —. Contestó de forma melosa antes de subirse al colchón y encorvarse para darle un suave beso en los labios a su amante, quien seguía desnudo en la cama, a su edad no era tan fácil recuperarse luego de un orgasmo, menos después de un largo día de trabajo.

El sujeto no tuvo reparos en llevar una mano a la entrepierna del menor y acariciar mientras exigía un beso más profundo, y Light se dejó hacer, susurrándole de vez en cuando que era una pena que tuviese que partir, que le encantaría pasar más tiempo con él, entre otras tonterías para hacerlo sentir especial; le convenía mantener a ese tipo contento, tal vez no era tan guapo y su calvicie no ayudaba, pero cuando andaba de buenas le pagaba un poco más.

—Estuviste excelente —. Jadeó sin dejar de recorrer la parte interna de la pierna del joven, quien tan solo sonrió ante el cumplido.

—Lo sé —. Contestó con malicia antes de ponerse en pie y terminar de arreglar su pantalón.

—¿Necesitas algo para la escuela? — Se sentó sobre el colchón tan solo para alcanzar la billetera que había caído a un lado de la cama al comenzar a desnudarse.

—No, lo tengo todo —. Contestó apenas audible y cabizbajo.

—¿Seguro...? — Lo tomó de la mano y lo jaló hacia él, haciendo que un tímido Light tomara asiento a su lado —Sabes que puedo ayudarte... — Continuó, lo sujetó de la barbilla y lo hizo alzar el rostro.

—Es que... — Se quedó en silencio, fingiendo que le daba vergüenza continuar. No es que tuviese nada en contra de su amante, el hombre era muy bueno, pero como él habían muchos a los que Light consideraba unos idiotas, y es que al llegar a cierta edad y seguir solteros se sienten tan agradecidos que alguien mucho más joven se fije en ellos que pueden gastar buena parte de su mísero sueldo en caprichos baratos, claro, también hay que saberlos tratar—. Nos han pedido un libro que no he podido comprar—. Dijo al fin con esos ojitos vidriosos que conmoverían a cualquiera.

Por supuesto que tenía gastos mucho mayores que un tonto libro, pero su actuación se acomodaba al salario del cliente y éste no era de los que mejor ganaba.

—Shhh, no pongas esa carita—. Con delicadeza le acarició la mejilla con el pulgar antes de buscar en su billetera los billetes que tenía—Hoy no ando mucho... — murmuró al sacar el único billete de 20USD.

Light lo pensó un momento, el hombre extendió la mano con el dinero en ella, pero claramente se veía que una parte de él dudaba en entregarlos todos, ¿pero era él tan desgraciado como para tomar lo único que su amante andaba...? Si, lo era.

—Con esto será suficiente, amor —. Tomó el dinero antes que el sujeto se arrepintiera, y como recompensa volvió a besarlo

El contacto duró poco, pero lo suficiente para que aquel hombre sonriera de forma estúpida, prometiéndole que tan pronto tuviera lo suficiente lo llevaría a un motel decente, digno de él. Light solamente sonrió diciéndole que lo importante no era el lugar sino estar juntos. El fingir humildad no le era difícil con esa carita, pero no podía ponerse de exigente, para empezar no era la primera vez que le hacía esa promesa y sabía que jamás la cumpliría, además prefería que los hombres le diesen un poco más en vez de gastarlo en pagar un buen lugar.

—Me avisas al llegar a casa—. Pidió antes de volverse a acomodar en la cama para aprovechar las horas que había pagado.

Light solamente asintió antes de alzar la mano y despedirse. Soltó el aire y se limpió la comisura de los labios luego de cerrar la puerta, irguiéndose al instante siguiente antes de contar una vez más el dinero y guardarlo muy bien en su bolsa.

Ignoró la mirada burlesca y a la vez lasciva que el encargado le lanzó al verlo salir del lugar. Intentó apresurar los pasos al ver que pronto serían las 18hs, no había mentido al decir que aún tenía cosas que hacer, aunque desvelarse haciendo tareas no era algo que no hubiese hecho antes, el problema es que el motel estaba en una zona tan mala que el alumbrado eléctrico apenas y funcionaba, a eso podríamos sumarle lo poco transitadas que eran esas calles. Se reprendió por haber tomado una ducha antes de salir, podría haber esperado a llegar a casa y asearse, sin embargo tampoco le agradaba la pegajosa sensación y el olor a sexo, admitía disfrutarlo pero no siempre era placentero como lo mostraban en las películas.

Soltó un audible jadeo cuando sintió que alguien lo tomó bruscamente del brazo para empujarlo contra la pared. En pocos segundos su cabeza se llenó de posibilidades: un asalto, que lo hubiesen confundido con alguien más, o hasta que Ushio lo hubiese seguido hasta el lugar, pero jamás esperó ver a la persona que ahora tenía en frente.

—Pero mira a quién tenemos aquí—. Espetó con sorna mientras enterraba más sus dedos en aquel delgado brazo para mantenerlo inmóvil y de espaldas contra la pared —¿Qué? ¿Muy valiente para robarme pero al tenerme enfrente ya no dices nada?— Continuó con una sonrisa ladina, satisfecho de aquella expresión de pánico y confusión.

—Pensaba pagarle, se lo juro—. Tragó saliva, fue lo único que atinó a decir.

Él no era ningún ladrón, sacar el dinero de esa billetera no le había sido fácil, lo dudó por varios minutos, y no lo hubiese tomado si realmente no los necesitara, pero claro, su suerte era tan del asco que no pasó ni un día para que lo atraparan.

—¿Ah, sí? Pues no encontré ningún número de contacto—. Para entretenimiento de Lawliet, Light desvío la mirada apenado.

—No sé cuándo ni cómo, pero pensaba hacerlo—. Susurró intentando controlar el temblor de sus piernas.

—Si desde un principio me hubieses dicho que no eras más que un vil prostituto quizás las cosas hubiesen sido diferentes—. El castaño frunció el entrecejo e intentó revolverse, pero Lawliet lo sujetó con más fuerza —A ver... dime, ¿cuánto cobras por dejar que otros hombres toquen tu cuerpo?

—Veinte dólares si es servicio completo—. Podía sentir sus mejillas arder levemente, sin embargo le sostuvo la mirada, no dejándose intimidar.

—¿¡Veinte dólares!? — Dejó escapar una carcajada burlesca, haciendo que el castaño lo viese de forma molesta. La cantidad realmente era una miseria, pero Lawliet era de los que no pagaría ni un dólar para que alguien se acostara con él, principalmente porque jamás había utilizado su dinero como arma de seducción, no lo necesitaba —¿Hay alguien que desperdicie veinte dólares en un adolescente como tú?

—¡Por supuesto! ¡Muchos en realidad!— Se revolvió con más ímpetu con el fin de alejarse de aquel tipo. Sabía que lo que había hecho estaba mal, pero no soportaba la actitud de aquel sujeto.

—Muy bien —. Soltó el brazo del muchacho y de forma casual llevó ambas manos al bolsillo, sin alejarse demasiado —Eso quiere decir que te he pagado por adelantado, lo que significa que tu culo me pertenece por un par de ocasiones más.

Light frunció levemente el entrecejo, no estaba de acuerdo, no quería tener que lidiar con alguien como él; sin embargo sabía que había sido su error por no establecer algún precio desde el principio, aceptó subirse a aquel auto sin decir nada y calentarlo durante el camino porque estaba seguro de que una vez que llegasen al lugar, ese tal Elle no se negaría a pagar con tal de llevarlo a la cama, pero quedó tan estúpidamente embelesado ante los lujos de aquel hermoso apartamento que creyó que la cantidad no sería un problema para aquel sujeto; no obstante el que su cliente se quedara profundamente dormido no estaba en sus planes. Light intentó despertarlo, realmente lo hizo, pero éste no reaccionó. Su intención jamás fue tomar algo que no le pertenecía, de hecho para calmar su conciencia intentó convencerse de que no estaba haciendo nada malo, que solamente tomaría el pago que le correspondía, pero ver la cantidad de billetes dentro de aquella billetera fue demasiada tentación para él. Fueron terriblemente tortuosos esos minutos en los cuales se debatía entre actuar correctamente o por conveniencia.

—Está bien... — Susurró entre dientes antes de soltar un suspiro resignado.

—Dame tu celular—. Exigió sin apartarle la mirada. Light acató sin oponer resistencia, suponiendo que el pelinegro anotaría su número para evitar que se le escapara de nuevo.

—¿Qué haces?— Preguntó con el entrecejo fruncido cuando luego de unos segundos Lawliet continuaba tecleando.

—Perfecto...— Susurró de forma distraída, escribiendo aún en el teléfono del castaño, regresándole el aparato luego de haberse dejado una llamada perdida para que el número del adolescente quedase en sus registros —Te espero mañana a las diez de la noche en mi apartamento.

—¿¡Qué!? ¿¡Estás loco!? — Farfulló, colocando ambas manos sobre el pecho del mayor con el fin de empujarlo, sin embargo éste detuvo sus acciones sujetándole las muñecas y sosteniéndolo de nuevo contra la pared.

—Cuidado con ese tono —. Masculló, bañando con su aliento el rostro de Light debido a la cercanía —Prácticamente he pagado por tu cuerpo, lo que te convierte en mi juguete y los juguetes no hablan.

—Tengo clases... — Murmuró intentando alejar el rostro.

—¿Y? — Soltó una risa socarrona antes de apartarse de forma brusca —Tu vida no me interesa, tú solo preocúpate en aparecer si sabes lo que te conviene — con una mano buscó las llaves del auto en su bolsillo mientras con la otra tomó el mentón del menor, a quien se acercó un poco antes de susurrarle muy cerca del oído—. Y por favor báñate, apestas a sexo y motel barato—. Le rozó la mejilla con los labios, Light se apartó molesto, Lawliet sonrió satisfecho antes de separarse y girar sobre sus talones.

Light se limpió la mejilla con el manga de su chaqueta, bufando al ver la parsimonia con la que aquel sujeto cruzaba la calle en busca de su lujoso auto. Aún con el entrecejo fruncido desbloqueó su celular con el fin de saber qué era lo que tanto había escrito aquel tipo, encontrándose con un recordatorio en la parte superior de la pantalla.

"Domingo 22hs: Te voy a dar la cogida de tu vida"

El castaño puso los ojos el blanco, ¿es que acaso no podía tener un cliente normal? Los más amables no eran tan agraciados, y éste hijo de puta que era guapo y adinerado era un enfermo.

oOo

Después de pasar todo el domingo entre papeleo atrasado, Lawliet se relajo luego de cerciorarse que todo estuviese en su lugar, caminó con una sonrisa hasta el mini bar que estaba al lado de la sala. Estaba a punto de tomar una cerveza para relajarse y esperar a su visita, sin embargo alguien llamó a la puerta antes de que pudiese siquiera abrir la pequeña refrigeradora. Aún era temprano como para que fuese Light quien tocaba, pero era la única persona a la que esperaba, además era de esperarse que el castaño apareciese a la hora que se le diera la gana, solo bastaba con recordar la fija y desafiante mirada que el muchacho había mantenido en su encuentro por la tarde anterior para saber que era el típico chico infantil que se cree con el derecho de hacer lo que quiere. Tardó unos segundos, pensó en dejarlo afuera esperando hasta que fuese la hora acordada, sin embargo corría el riesgo de que el castaño diese media vuelta al no recibir respuesta; suspiró resignado, definitivamente no era buena idea, aunque claro, eso no significaba que iba a salir corriendo a su encuentro, se tomó su tiempo para arreglarse el cabello y, más importante aún, acomodar su duro miembro dentro de los pantalones antes de abrir.

—Me alegra ver que eres obediente—. Sonrió de lado mientras de forma galante apoyaba un brazo en el marco de la puerta.

—Solo terminemos con esto—. Bufó, entrando sin pedir permiso mientras se despojaba de su abrigo —¿Dónde quieres coger? ¿En el sofá? ¿En la cama? ¿En la mesa?

Lawliet tan solo sonrió y cerró la puerta antes de acercarse lentamente.

—Desnúdate—. Ordenó con voz suave pero segura. Light se encogió de hombros y llevando ambas manos a la parte inferior de su camisa la retiró con rapidez —Hazlo lento—. Indicó.

—No tengo tiempo, ya te dije que mañana tengo clases, solo quiero...

—No estoy pidiendo tu opinión— Interrumpió tomándole de la barbilla—. Pero si es así como lo quieres...

Light temió un poco ante el malicioso tono de voz empleado por el mayor, no obstante no pudo cuestionar ni retractarse porque pronto sintió el firme brazo de Lawliet rodeándole la cintura y sus cálidos labios aprisionando los suyos. El castaño intentó acoplarse al repentino contacto, sin embargo los besos eran bruscos, haciendo que Light quisiera huir de ellos.

—Es-spera... — Jadeó colocando ambas manos sobre el pecho del mayor, logrando alejarlo —¡Me vas a dejar una marca! — Se quejó frunciendo el entrecejo y cubriéndose la boca.

—Sígueme—. Ordenó fríamente antes de dar media vuelta y caminar en dirección a la habitación. Realmente a él no le interesaba si en la piel del castaño quedaban pruebas de su encuentro, ni mucho menos las excusas que éste tuviese que inventar para explicarlas, solo lo veía como un juguete que tenía a su disposición para divertirse—. Son las nueve de la noche, habíamos quedado a las diez, ¿creíste que viniendo más temprano podrías deshacerte de mí más rápido? — Enarcó una ceja mientras confrontaba al muchacho, quien sin saber qué decir agachó la cabeza levemente. ¡Tenía clases al siguiente día! ¿¡Era eso tan difícil de entender!? —Te va a salir caro, ¿lo sabías? — Continuó antes de tomarle la mano y obligarlo a caminar hasta quedar de pie al costado de la cama—. Termina de desnudarte, no me importa si lo haces rápido o lento.

Light vaciló un poco, sus manos no respondieron con la rapidez y seguridad que lo caracterizaba; no tenía miedo, pero admitía que esa voz y mirada fija lo pusieron nervioso, no era como lo recordaba; sí, era el mismo sujeto que parecía desnudarte con la mirada, pero sin esa pizca de amabilidad que había conocido.

—¿Y ahora qué...? — Preguntó con las mejillas rojas cuando luego de despojarse de su ropa, Lawliet lo examinó de pies a cabeza por largos segundos sin decir nada. Light se sintió tentado a cubrir su flácido miembro, pero se mantuvo erguido, era demasiado orgulloso como para demostrarle al mayor que su mirada lo intimidaba.

—Híncate—. Ordenó como si nada mientras bajaba un poco la parte superior delantera de sus pantalones para dejar expuesto su húmedo y endurecido pene.

Light acató, se hincó frente al mayor sin apartarle la mirada. Pese a que antes el sexo con ese tipo había sido exquisito, no era placer lo que buscaba en estos momentos, de hecho salir esa noche no estaba en sus planes, así que se enfocaría en aplicar las habilidades orales que muchos otros clientes siempre le halagaban, le daría a Lawliet la mamada de su vida y acabaría con esto pronto.

—Masturbate mientras lo haces—. Interrumpió al momento que Light estaba cerca de rozar con su lengua la punta de su pene. El castaño asintió levemente, con una mano sostuvo el miembro del mayor mientras con la otra comenzaba a masajear el suyo —Así... — Soltó un largo jadeó tan pronto los labios del muchacho envolvieron el glande.

Lawliet se mantuvo firme con ambas manos en la cintura, con la pose de alguien que disfruta tener a otro hincado frente a él; permitió que ese chico lo masturbara a su ritmo, que su lengua recorriera la longitud de su mástil de forma lenta si así quería; que disfrutara, saboreara y adorara con sus labios la majestuosidad que tenía frente a sus ojos. Pero pasados unos minutos fue él quien retomó el control, no tenía intenciones de llegar al orgasmo a través de una felación, sus planes eran otros.

—Masturbate más rápido—. Exigió mientras los dedos de ambas manos se enredaban en el castaño cabello para sujetarlo con firmeza, comenzando así a marcar la rapidez y profundidad del vaivén.

—Ñgh... — Light intentó quejarse, Lawliet había comenzado un ritmo violento de forma repentina.

—¿Qué? — Sonrió de lado, disfrutando de las arcadas que provocaba en cada estocada y de lo húmedo que salía su miembro luego de ellas —¿Es demasiado grande para tu boca? — Alardeó mientras continuaba moviendo sus caderas de atrás para adelante, sujetando con más fuerza la cabeza de Light cuando éste intentaba apartarse.

—¡Mngh...! — Balbuceó frunciendo el entrecejo, una actitud de molestia que no le quedaba cuando sus ojos lucían llorosos y su barbilla estaba empapada de su propia saliva y líquido preseminal de otro hombre.

—¡No te he dicho que dejes de masturbarte! — Bufó al momento que el castaño le colocó ambas manos en las caderas con el fin de alejarlo, no acatando la orden de continuar masajeando su propio miembro.

Fue imposible que Lawliet no se molestara ante tal insurrección, así que aún sujetándolo penetró por completo aquella cálida cavidad hasta que la punta de la nariz y barbilla de Light se hundió entre su recortada mata de vellos púbicos. Los ojos color miel se abrieron de par en par y las escandalosas arcadas en busca de aire incrementaron, sin embargo el pelinegro no cedió, aún cuando Light se revolvía con más ímpetu y parecía que devolvería la cena en cualquier momento, Lawliet no retiró su miembro, en cambio se inclinó hacia adelante, sujetando a Light con una mano mientras con la otra intentaba abrir el cajón de su mesita de noche, lo cual logró luego de estirarse lo suficiente y complicarle la respiración al castaño por unos segundos más. Con un movimiento rápido sujetó ambas muñecas del muchacho y las llevó a la espalda, dejándolas ahí luego de un "click"; sin embargo el haberle soltado la cabeza permitió que Light ladeara desesperadamente el rostro, retirando así el palpitante miembro de su boca.

—¿Es-estás loco...? — Tosió frenéticamente intentando recuperar el aliento mientras gruesas lágrimas bajaban por sus enrojecidas mejillas. Tardó unos segundos en ser consciente de su situación; fue hasta que tuvo intenciones de limpiarse la barbilla con su antebrazo que sintió las ataduras alrededor de sus muñecas.

—Estabas muy revoltoso—. Se encogió de hombros como restándole importancia antes de acercarse y sujetar nuevamente la cabeza del menor, solo que en esta ocasión de manera suave mientras con la otra mano sujetaba el tronco de su miembro, el cual acercó hasta aquellos hinchados labios, recorriéndolos tan solo con la punta de su glande, depositando en ellos la humedad que emanaba. Un roce que Light rechazó ladeando el rostro inmediatamente.

—Yo no... ¡Yo no accedí a hacer bondage! — Vociferó la única excusa que se le ocurrió.

—Tampoco dijiste que no podía —. Contestó calmo antes de encorvarse y buscar los labios del menor, quien al tener la mandíbula entumecida no tuvo fuerzas para negarse, permitiendo entonces que la lengua del mayor hurgara cada recoveco de su boca, la cual abrió exageradamente en busca de aire cuando Lawliet cortó el contacto al alejarse escasos centímetros—. Tampoco me veas como si no te gustara —susurró, su cálido aliento chocando de lleno contra aquel rostro, quien en estos momentos lucía molesto—, estás duro—. Finalizó luego de tomar el brazo del menor y ayudarlo a ponerse en pie, dejando al descubierto su erección.

—Desátame... — Exigió con un tono de voz que más pareció una súplica.

—No hemos terminado—. Dicho esto lo lanzó de espaldas a la cama, donde Light se revolvió débilmente y dejó escapar un quejido por el peso que tuvieron que soportar sus brazos al caer—. Son las nueve y veinte, recuerdo haberte citado a las diez —continuó mientras se dirigía hasta su mesita de noche, rebuscando nuevamente en su cajón—, soy un hombre muy puntual—. Finalizó, acercándose a la cama e hincándose sobre el colchón para acercarse al joven.

—¿Qu-qué es eso...? — Titubeó con los ojos abiertos de par en par, intentando empujarse con los talones al ver que Lawliet traía una delgada varita metálica en una mano.

—No temas, no te dolerá—. Contestó, no de forma tierna sino más bien con malicia. Rodeó con un brazo una de las flexionadas piernas del castaño y lo jaló hacia sí, quedando el pene del muchacho a su disposición—. Si te mueves podría hacerte daño—. Explicó antes de proceder a tomar la base de aquel miembro con una mano mientras con la otra comenzaba a introducir dicha varita en la uretra del menor.

—¡Ñmgh! — Apretó los ojos y arqueó la espalda ante la frialdad del metal, pero no se atrevió a hacer ningún movimiento brusco mientras ese objeto seguía introduciéndose por miedo a que las palabras de Lawliet fueran verdad —¡Du~Duele! — Se quejó temblando, realmente el dolor era leve, era mayor la incomodidad que esa varita causaba a su aún erecto y palpitante miembro; sin embargo tenía miedo, nunca alguien había hecho "eso" con él y no sabía si era correcto.

—Los castigos duelen... — Susurró con voz ronca mientras ajustaba el anillo de la varita uretral alrededor del glande—. Esto evitará que te corras.

—¿Castigo...? — Titubeó queriendo creer que había escuchado mal.

Sin embargo no obtuvo respuesta, Lawliet simplemente lo tomó de las caderas y de forma brusca lo hizo girar, sin importarle los quejidos por parte del castaño cuando esta vez su peso quedó sobre su duro y castigado miembro. Como acto reflejo Light intentó hincarse con el fin de huir al dolor, pero al tener las manos atadas lo único que pudo hacer fue alzar el trasero mientras su pecho quedaba pegado al colchón, una posición incómoda para él, pero menos tortuosa para su pene.

—Exactamente así es como tienen que actuar los putitos como tú... — Masculló antes de soltarle una fuerte nalgada que sonsacó un respingo al castaño—. Siempre entregando el culo.

—P-Por fav...

—¡Cállate! — Interrumpió, dando una nalgada más fuerte que la anterior en el otro glúteo —Guárdate tus súplicas, las necesitarás más tarde.

Light se quedó inerte, escuchando como aquel hombre se arrastraba por el colchón, alejándose de él. Sintió sus piernas temblar y quiso voltear cuando de nuevo parecía estar rebuscando algo en su mesita de noche, pero debido a su posición no tuvo más opción que esperar.

—Aún queda más de media hora para las diez... — Explicó mientras regresaba a la cama, trayendo consigo un bote de lubricante y una venda. Cubrió los ojos del castaño con la tela negra antes de destapar el bote y dejar caer un poco de lubricante sobre la línea interglútea —¿Te gusta, eh? — Sonrió, sus dedos hurgando aquella entrada sonsacaron un largo jadeo a Light —Pues esto te gustara más.

—¡Mñgh! ¡Ah! — Su cuerpo entero tembló cuando algo más grueso que un par de dedos comenzó a penetrarlo, asumiendo que debía tratarse de un dildo —¡Ahh... ñgh! ¡Si...!

—Vaya que le has dado uso a este culo tuyo, entró sin problemas—. Lawliet empezó un mete y saca lento, disfrutando la hermosura que era ver el ano del castaño contrayéndose alrededor del juguete que tenía en manos—. Te cogeré como jamás te han cogido — advirtió luego de unos segundos, haciendo otra breve pausa antes de continuar —, pero cuando sean las diez—. Finalizó, sonsacando un respingo al menor con sus palabras.

—¿¡Qué...!? — Farfulló, aún podía sentir el dildo en lo más profundo de sus entrañas, pero sin los movimientos que tanto placer le estaban causando —N-No pensaras dejarme aquí.

—Ya te dije, soy un hombre puntual— Se arrastró de rodillas sobre el colchón y se puso en pie, admirando por un momento la excitante imagen sobre su cama —. Es tu culpa por no cumplir con el horario establecido.

—¿¡Todo esto por haber venido antes!? — Intentó revolverse mientras hacía el esfuerzo por empujar aquel juguete fuera de sus entrañas, pero parecía que Lawliet lo había asegurado.

—Pero no te preocupes, te dejaré entretenido para que veas que no soy tan malo.

Light frunció levemente el entrecejo bajo la venda, confundido por las palabras del otro.

—¿Do-Dónde vas...? — Preguntó con desesperación cuando escuchó los pasos de Lawliet alejándose de la cama.

—Iré por una cerveza — Se encogió de hombros quedándose de pie bajo el umbral de la puerta por unos segundos —, vuelvo luego.

—¡No! ¡EsperAAH~!

Lawliet se relamió los labios, sabía que activar el vibrador sin que Light lo esperara sería exquisito, verlo convulsionarse sobre el colchón era la invitación perfecta a tomarlo sin miramientos en esos momentos, sin embargo se contuvo, giró sobre sus talones y buscó la cerveza que dejó pendiente desde antes de la llegada del castaño. Se acomodó en el sofá más largo y dio un sorbo a su botella antes de ver la hora en su Rolex, aún quedaban al menos veinticinco minutos; sonrió, los gemidos de Light resonaban por todo el lugar, convirtiéndose éstos en la ambientación perfecta para un domingo en la noche.