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Cada ínfima parte de su cuerpo pesaba en estos momentos; le dolía la mandíbula, las piernas, las rodillas... sobre todo el ano, el escozor alrededor de éste era insufrible. Estaba tan cansado que cuando su celular comenzó a sonar, se vio tentado a apagarlo y mandar al carajo la escuela por ese día, sin embargo el aparato se silenció a los pocos segundos, confirmando que se trataba de un mensaje y no de la alarma como había creído anteriormente. Con los ojos cerrados buscó de forma torpe el teléfono bajo la almohada. Aún no había amanecido por completo, la oscuridad de la madrugada seguía presente, a eso podríamos sumarle el ardor del que eran víctima sus ojos, los cuales tuvo que apretar como acto reflejo debido a la luz de la pantalla, lo primero que hizo fue ver la hora, pronto serían las cinco de la mañana, la alarma sonaría en pocos minutos y apenas había dormido... ¿Qué? ¿Cuatro horas, tal vez?

"Espero que no tengas muchos problemas al sentarte ;)"

—Maldito enfermo—. Murmuró antes de cerrar los ojos de nuevo y dejar el celular a un lado.

Debía ponerse en pie pero su cuerpo completo se negaba a responder. Estaba tan exhausto que lo único que quería era quedarse en la cama todo el día.

Cabrón hijo de puta era la forma perfecta para describir a Elle Lawliet, y es que estaba seguro de que el enfermo ése había disfrutado cada jadeo, cada estremecimiento, cada súplica.

Light jamás había sido llevado al límite, al punto donde el dolor se hace presente y aún así no puedes dejar de retorcerte de placer; recordaba el entumecimiento en sus muñecas atadas, la tortura que la privación del orgasmo causaba en su inflamado miembro, el suplicio de las incesantes penetraciones; su próstata no tuvo tregua durante todas esas horas, aún cuando Lawliet tomaba un descanso, éste se tomaba la molestia de colocar un vibrador en el punto exacto que mantenía al castaño al borde del delirio, donde su cuerpo temblaba ante el más ínfimo roce, su visión se nublaba y sus constantes gemidos lastimaban su garganta.

Y cuando todo acabó, cuando Lawliet al fin se dignó en desatarlo, Light se dejó caer vencido sobre el colchón, temblando y sudando copiosamente, con la respiración agitada y su corazón acelerado. No saldría de mojigato diciendo que el encuentro no había sido placentero, su abundante y espeso semen manchando las sábanas del empresario demostraban cuánto lo había disfrutado; no obstante jamás esperó que aún viéndolo en tan deplorable y agotado estado el pervertido ese lo hiciera regresarse a casa, prácticamente sus débiles piernas se vieron obligadas a responder cuando Lawliet lo tomó del brazo para llevarlo a rastras hasta la salida, la única muestra de humanidad que ese idiota tuvo fue darle un poco de dinero para tomar un taxi, y solamente porque debido a la hora ya no habían autobuses transitando

Nunca antes se había sentido como un trapo que desechas cuando ya no lo utilizas, pero ni siquiera tenía fuerza para reclamar, solo atinó a terminar de vestirse afuera del apartamento luego de que Lawliet le cerrara la puerta en la cara bajo la excusa de no permitir a un ladrón como él volver a dormir en su cama. Honestamente Light no tenía interés por pasar la noche junto a él, pero al menos hubiese querido descansar un poco y tomar una ducha antes de partir; sin embargo tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano y apoyarse con una mano en las paredes para salir de aquel edificio, sintiendo en cada paso como el lubricante y restos de semen descendía por su entrepierna. Suspiró aliviado cuando en la esquina de la solitaria calle un taxi al fin se detuvo, sentarse con "normalidad" no le fue sencillo, pese a que intentó reprimir cualquier mueca de dolor no pudo contener un suave quejido; sin embargo el taxista fingió no notarlo y comenzó su camino mientras intentaba iniciar una plática amable; probablemente había sido consciente del cansancio en el joven y solamente quería evitar que éste se quedase dormido, lo necesitaba despierto para indicaciones y, obviamente, para el pago del viaje. Light no supo cómo pudo mantener una charla coherente, o ni siquiera estaba seguro si sus palabras eran lógicas cuando apenas y murmuraba para contestar, de lo que sí fue consciente es de la mirada desaprobadora y mueca de asco que podía verle al taxista por el retrovisor, pero no podía culparlo, sabía que olía a sexo y casi podía sentir la misma palabra escrita en toda la cara, de hecho él mismo sentía la lengua pastosa y cuerpo pegajoso, no obstante estaba tan débil que al llegar a casa solo tuvo fuerzas para caminar hasta su habitación y dejarse caer rendido sobre su camastro, no importándole asearse o cambiarse de ropa.

Se arrastró con pereza por el colchón, no importaba cuán cansado estuviese, el colegio Daikoku era demasiado costoso como para faltar a clases; así que aún adormilado tomó su toalla y caminó despacio para no tropezar debido a la oscuridad antes de encerrarse en el baño, donde tardó lo necesario con el fin de eliminar cualquier rastro de lo sucedido unas horas antes.

Las clases iniciaban hasta las ocho de la mañana, pero al tratarse de un colegio costoso y privado no era una institución a la vuelta de la esquina, ni cerca de la zona en la que vive, y es peor si te toca viajar en autobús para llegar como él. Tenía un poco más de dos años con la misma rutina desde que comenzó a asistir a dicho instituto, sin embargo Light jamás había considerado que madrugar fuese un sacrificio, literalmente se desgastaba el culo para pagar las mensualidades como para quejarse de algo tan trivial; y no, asistir a dicho colegio no era por la razón que Ushio y sus amigos decían, admitía que su vanidad estaba muy por encima de su humildad, pero esto no era por pavonearse y sentirse superior al resto, de cierta forma las horas que pasaba encerrado en ese lugar eran su escape, donde podía fingir una realidad diferente; además debido a su situación sabía lo que era estudiar en una institución pública, a la cual no estaba dispuesto a regresar. Si alguien supiera lo que realmente pensaba y sentía le dirían que estaba frustrado con el mundo, y probablemente así era, detestaba cada minuto y cada día que continuaba despertando en el mismo lugar, pero él no estaba dispuesto a vivir por siempre de esa forma, él quería ser grande, quería ser lo que desde hace mucho le quisieron hacer creer que no podría llegar a ser ; sin embargo, para poder soñar hay que aceptar la realidad, y la realidad es que aunque te digan que todo es posible si te esfuerzas lo suficiente, no es lo mismo recibir una mención honorífica en una escuela pública ubicada en una de las peores zonas de la ciudad que graduarte de un prestigioso colegio. El dinero y la buena relación con las personas correctas puede abrirte más puertas de las que el trabajo duro hará.

—¿A qué horas regresaste ayer?

Light dio un respingo y soltó un leve jadeo cuando al regresar a su cuarto, Jonathan se encontraba en él.

—¿Qué haces en mi habitación? — Espetó mientras se giraba para confrontarlo, manteniendo en todo momento la ropa sucia contra su pecho para evitar que éste se las arrebatase y viese las evidencias sobre la tela.

—¡Ja!, ¿a este cajón llamas habitación? Ni siquiera tienes espacio para un armario decente —. Soltó una carcajada al notar cómo sus burlas afectaban al joven, quien frunció el entrecejo molesto; sin embargo, y muy a su pesar, Light no podía contradecirlo, no cuando su ropa colgaba de un perchero improvisado —Te hice una pregunta—. Continuó unos segundos después, cruzándose de brazos.

—No te importa—. Murmuró antes de girar con intenciones de darle la espalda, pero como era de esperarlo, Jonathan lo sujetó con fuerza y lo hizo devolverse.

—¡A mí no me hablas así! — Vociferó a escasos centímetros de su rostro, haciendo que por la cercanía Light arrugase la nariz debido al deje de alcohol en su aliento —¡Que no se te olvide que soy tu padrastro y me debes respeto!

—¡Tú no eres mi padrastro ni mucho menos esperes que te respete! — Se revolvió con ímpetu. Empezar el día viendo la cara de ese tipo no era la mejor forma de hacerlo, y mantener la calma es imposible cuando se cree en el derecho de tomarse atribuciones que no le corresponden —¡Sal de mi habitación! — A este punto ni siquiera tomó en consideración que su escándalo podría despertar a su madre, su único objetivo era sacar a ese tipo de su cuarto, por lo que demostrándole el nulo respeto que le tenía, comenzó a empujarlo.

—¿En serio crees tener más fuerza que yo? — Sonrió ladino, no importaba cuánto Light se esforzase, apenas había logrado moverlo unos pocos centímetros, ya fuese por lo agotado que estaba o porque evidentemente Jonathan tenía más fuerza.

—¡Solo sal de aquí! — Exigió antes de retroceder unos pasos y señalar con el índice la salida. Jonathan sonrió antes de encogerse de hombros.

—¿La nena quiere que le cierre la puerta al salir? — Preguntó con sorna, haciendo referencia a la cortina que colgaba bajo el umbral cumpliendo la función de puerta.

Light bufó pero se contuvo, contestarle provocaría que la discusión continuará, solamente tomó con furia los laterales de la tela y los estiró tan pronto Jonathan salió de su espacio. Intentó relajarse, siempre intentaba convencerse que ninguno de los novios de su madre merecía el desgaste mental que conlleva un enojo, pero parecía que cada vez eran más idiotas que el anterior.

Sabía que la pregunta de Jonathan no era porque el imbécil hubiese estado preocupado en su ausencia, Light estaba consciente de cómo los vecinos lo miraban y murmuraban al pasar, Ushio había hecho bien su trabajo de cizañero al sembrar la sospecha en los demás, todos, a excepción de su madre que parecía vivir en otro mundo, estaban casi seguros que Light conseguía dinero de la manera más vulgar. Por supuesto que en un principio dichos rumores le afectaban, no podía evitar agachar la cabeza cada que comenzaba a caminar dentro del bloque donde vivía, sobre todo porque él sí había intentado ganar dinero decentemente, pero al ser un estudiante menor de edad lo único que pudo conseguir fue embolsar las compras en un supermercado cercano, donde las ganancias dependían más que nada de la propina que la gente quisiera darle; tenía compañeros que al trabajar tiempo completo ganaban mucho más que él, entre ellos un tipo llamado Ray, quien cada noche luego de la jornada le ofrecía un poco de dinero por acompañarlo al callejón detrás del supermercado para un trabajo "oral". Lo rechazó incontables veces, aunque a sus quince años ya era consciente que sus preferencias se inclinaban hacia los hombres, aún no había dado su primer beso, y por ende su experiencia sexual era nula, además él quería ser diferente al resto, quería demostrarle a los otros que se podía salir adelante sin ser como ellos... ¿Podría alguien culpar su manera estúpida de pensar? Vivía en una realidad donde Ushio era un sujeto sin estudios que se la pasaba el día entero de vago en la calle, y aún así tenía más comodidades de las que él conocía; su vecino de enfrente todas las tardes regresaba a casa con piezas de carro que nadie sabía dónde las conseguía, pero en su mesa nunca faltaba la comida; la mujer que vivía al lado metía a otro hombre cada que su esposo salía a trabajar, y aún así aparentaban ser una familia mucho más amorosa de la que él tenía. Cada día la vida se encargaba en demostrarle que ser correcto no lo estaba llevando a ningún lado, que tener una reputación intachable no lo hacía feliz. Tampoco podía decir que haber ido con su compañero hasta el callejón lo hizo sentir mejor, tuvo miedo cuando las desesperadas manos de Ray comenzaron a tocarle el cuerpo en la oscuridad de aquel lugar; intentó relajarse, tampoco había sido llevado en contra de su voluntad, tan solo tenía que llevarse "eso" a la boca e imitar lo que muchas veces había visto a su madre hacer a través de las viejas cortinas que servían de puerta para cada habitación; el sabor no fue para nada agradable, pero en menos de quince minutos había ganado lo mismo que en un día podían pagarle como ayudante del supermercado. Solo bastó desinhibirse un poco, comenzar a esperar afuera de bares o discotecas carentes de seguridad a alguna posible víctima, alguien cuya moralidad estuviese ausente a causa del alcohol, que fuese fácil de seducir para practicar lo que había aprendido aquella noche. Poco a poco fue ganando confianza, permitiendo que las caricias fuesen más atrevidas junto a propuestas subidas de tono, entregando su virginidad al mejor postor. No es como si se sintiese orgulloso de haberse convertido en alguien que prostituye su cuerpo, pero la desagradable sensación desapareció cuando gracias al dinero su vida dejó de ser tan miserable, le restó importancia a los comentarios de los falsos moralistas que le rodeaban e intentó encajar en una realidad a la que no pertenecía; pero era feliz.

Terminó de acomodarse su pulcra camisa blanca manga larga dentro del pantalón café oscuro, anudó su corbata roja alrededor del cuello y de forma parsimoniosa se colocó el saco de un café mucho más claro. Se situó frente al desgastado espejo de cuerpo completo que mantenía pegado en la pared de la habitación, cerciorándose que el atuendo fuese perfecto, pero su uniforme delicadamente planchado y sin rastros de mancha no era el problema, lo difícil sería disimular el cansancio notable en su rostro y el escozor en sus partes íntimas. Sin embargo esbozó una sonrisa, no le daría a Lawliet el gusto de arruinarle el día, además quizá el empresario lo ignoraba pero era gracias a él que ahora en su billetera guardaba la cantidad exacta para poder pagar la mensualidad del colegio, solamente se cercioró de ocultarla muy bien hasta el fondo de su mochila antes de salir de su habitación.

—Te tardas igual o más que una mujer para cambiarte—. Jonathan soltó una risa socarrona antes de tomar asiento en el comedor para desayunar.

Light puso los ojos en blanco, sin intenciones de contestarle, sin embargo volteó bruscamente al escuchar el crujido de las hojuelas tostadas siendo trituradas por los dientes del otro.

—¿¡Por qué siempre tienes que comer MI cereal!?— Espetó mientras se acercaba bruscamente con el fin de arrebatarle el plato, lo cual Jonathan impidió con solo colocar una mano sobre el pecho del castaño para mantenerlo alejado.

—¿¡Perdón!?— Frunció el entrecejo y sujetándolo por la corbata se puso en pie —¡Soy el que mantiene esta casa!, ¡tengo derecho a todo lo que hay en ella!

—¡Como sea!— Intentó revolverse antes de que ese idiota le arrugara o ensuciara con sus mugrientos dedos el uniforme —¡Puedes comértelo todo si quieres, me da igual!— Había sido muy tonto de su parte reclamarle por algo tan simple, total, él jamás se detenía a desayunar por las mañanas, es solo que le era imposible no molestarse hasta por el aire que respiraba aquel sujeto —¡Suéltame!— Gruñó, sujetando las muñecas del otro intentó separarlo.

—¿¡En serio ya te estás quejando!?— Soltó una carcajada antes de zangolotearlo con el fin de provocarlo —¿Por qué no mejor dejas esa tontería de la escuela y te enseño a trabajar como hombre en el taller? Sirve que de paso aportes económicamente a esta casa.

—¡A mí no me jodas, Jonathan! ¿¡Quién fue el que compró el televisor frente al cual te la pasas aplastado viendo partidos de fútbol todos los domingos!? — Vociferó con tantas fuerzas que de repente sus piernas parecieron haberse debilitado a tal punto que en lugar de sujetarlo por los tirantes del overol para separarse, se aferró a ellos para no caer.

—¡Hey, suéltame!— De un preciso empujón lo mandó al suelo, donde Light se tomó unos segundos antes de ponerse de pie.

Se sostuvo de un pequeño mueble para no caer de nuevo y parpadeó con rapidez en un intento de aclarar su visión; poco le importó que Jonathan siguiera gritando con el fin de provocarlo, de hecho no dudó en retroceder rápidamente y ocultarse tras la cortina de la habitación de su madre al verlo acercarse de nuevo.

Lo escuchó reír al otro lado mientras le llamaba cobarde... lamentablemente no tenía fuerzas para demostrarle lo contrario, estaba tan cansado por culpa de Lawliet que tan solo caminó hacia la cama y se acurrucó al lado de su madre.

—Ya casi me voy... — Susurró, rozando con dos dedos la mejilla de Sachiko, haciendo que ella abriese levemente los ojos ante el roce, encontrándose Light con un par de pupilas dilatas y mirada perdida —. Vengo por mi bendición— continuó con ese tono de voz suave y frágil. Cuando pequeño detestaba que su madre no lo dejase probar bocado hasta no haber terminado de orar en familia, pero desde hace mucho tenía la costumbre de buscar a su progenitora antes de salir, tomar su mano inerte y formar con ella una cruz desde su frente a su estómago, aún cuando él ya no creía en Dios.

oOo

Beyond le dedicó un guiño a una camarera que no le apartaba la mirada al verlo pasar, también le lanzó un beso a una ejecutiva que se ajustó los lentes para inspeccionarlo de pies a cabeza. Lawliet negó levemente con la cabeza y puso los ojos en blanco al ver a su hermano hacer un ademán de "llámame" a una chica que disfrutaba de su café en una mesa.

—¿Era el mejor atuendo que encontraste en la ropa sucia?— Reclamó el mayor de los gemelos al ver su vestimenta; unos rotos vaqueros negros y una holgada camisa blanca.

—No empieces con tus regaños que no sabes lo frustrado que estoy— refunfuñó antes de jalar la silla y tomar asiento frente a su hermano, quien a diferencia de él vestía un saco formal y corbata como el resto de las personas en ese restaurante —. Esperaba que con esta ropa ni siquiera me dejasen entrar.

—Vienes tarde—. Reprochó ignorando el comentario previo. Se retiró los lentes que usaba solamente para leer y dejó a un lado el periódico con el fin de poner completa atención al recién llegado.

—Te acabó de decir que no me regañes— murmuró mientras se cruzaba de brazos y ponía los ojos en blanco —, sabes que no soy bueno para levantarme temprano.

—¿Tu falta de puntualidad hizo que perdieras tu último empleo?— Con una parsimonia desesperante, dio un sorbo a su taza de café sin apartarle la mirada al menor.

—¿Así que eso era...?— Sonrió con ironía, una parte de él ya se imaginaba que dicha reunión tuviese que ver con haberse quedado sin cuarto de nuevo —¿Tan rápido te ha ido Near con el chisme?

Si había algo que Beyond detestaba era que su hermano lo viera como un nene pequeño al que hay que cuidar, y Lawliet lo sabía.

—No lo digas en ese tono— suspiró antes de desabrochar el botón del medio de su saco para deshacerse un poco de ese aire de seriedad y hermano mayor sobreprotector. Quizá la sobriedad del lugar lleno de aburridos empresarios no era el ambiente idóneo para tratar con tu hermano descarriado que más parece un adolescente en vez de un muchacho de veinticuatro años. Se había enterado de la situación de Beyond hace apenas unas horas, tal vez de haberlo sabido con tiempo hubiese pensado en una mejor forma de abordar el tema, porque aunque intentaba lucir tranquilo no había nada apacible en citarlo un lunes a las siete de la mañana y antes del trabajo —, sabes que solo se preocupa por ti. Solo quiero saber...

—No necesito que me cuides, hermanito—. Interrumpió, haciendo énfasis en la última palabra. Sabía que tanto Near como Lawliet tenían buenas intenciones, eso no lo dudaba, pero le desesperaba en demasía que desde pequeños fuese siempre su hermano mayor quien tenía que hacerse cargo de todos.

—Déjame terminar...— ordenó en un susurro para restarle seriedad—. No pienso darte dinero mensualmente ni conseguirte un buen puesto con un excelente salario, pero podría darte trabajo en mi empresa, algo sencillo para ir comenzando, ¿qué dices?

—Sí te digo que lo pensaré, ¿podríamos terminar con esta reunión familiar? — Se rascó la coronilla con languidez, despeinándose más el cabello, si cabe.

—Al menos no es un "no"— sonrió mientras negaba con la cabeza; no culpaba a Beyond por ser tan necio porque hasta cierto punto él era igual, quizá venía en la sangre el rechazar ayuda a lo pendejo.

—¿Entonces, puedo irme?— Con sus piernas empujó el asiento hacia atrás, pero no se puso de pie, primero espero la aprobación del otro.

—Sí— se encogió de hombros; en un principio había pensado en darle dinero para que se quedara a desayunar, pero era probable que Beyond lo rechazaría y también que el restaurante se negase a atenderle por las fachas—. De igual manera yo ya debería estar en la oficina.

Lawliet fue el primero en ponerse en pie, llevó una mano hasta su bolsillo y sacó su celular para avisarle a su secretaria que en un momento llegaría, pero en dicho movimiento algo más salió y cayó al suelo, siendo Beyond quien amablemente se agachó para recogerlo.

—¿Qué es esto...? — Murmuró extrañado al percatarse que no se trataba de una tarjeta de presentación sino de un carné, abriendo sus ojos por completo al girarlo y ver la fotografía —¿¡Éste es el chico que te llevaste a casa después del club!?— Farfulló, llamando la atención de los comensales más cercanos con su escándalo —¡Mierda, Lawliet, es menor de edad!— De eso no había duda, lo que tenía en sus manos era un carné de estudiante.

—¿¡Podrías callarte...!?— Masculló con las mejillas completamente rojas —¡Dame eso!— Exigió entre dientes, pero intentando mantener la voz baja antes de que los clientes mandaran a llamar al gerente.

—Lawliet... pero es ilegal...— Jadeó aún sumergido en su asombro, no acatando la orden de su hermano—. Al menos lo será por... un par de meses más— finalizó luego de corroborar el dato en la parte trasera del mismo documento.

—Sí, sí, ¿y a quién le importa? ¡Solo dame eso!— Espetó con el entrecejo fruncido antes de arrebatarle el carné de las manos y guardarlo en una de las bolsas internas de su saco.

—¿Por qué lo tienes tú?— Entrecerró los ojos sintiéndose intrigado. Lawliet sonrió ladino y tomó su portafolio.

—Lo sabrías si hubieses llegado a almorzar conmigo ayer, hoy te jodes— dejó la cantidad exacta para cubrir el café y la propina sobre la mesa y se dirigió hacia la salida, no tenía tiempo para pedir la cuenta.

—¿Qué...? ¡Pero yo no quería escuchar cómo cogías con otro hombre! ¡Puaj!— Arrugó la nariz en son de asco mientras seguía a su hermano de cerca— ¿Al menos podrías darme la versión resumida?— Juntó ambas manos en forma de súplica pero el mayor ni siquiera volteó a verlo.

—No— dijo de forma seria, removiendo la manga de su saco para revisar la hora. Además, aunque Beyond hubiese estado presente seguiría sin saber la razón por la que él tenía en su poder dicha credencial; hasta el momento ninguno de sus amigos sabía que después de haber actuado como un maldito acosador había terminado convirtiendo a Light en su puta.

—¿Pues sabes que lo puedes meter en problemas?— Comentó de repente, dejando inerte al mayor justo antes de que desactivase la alarma y seguro del auto—. Esos colegios suelen ser muy estrictos con esas cosas— continuó con cierta malicia al saber que había captado su atención.

—¿Ah, sí?— Ladeó entonces su rostro, viendo por sobre su hombro al muchacho que se encontraba unos pasos atrás—. Eso quiere decir que tengo que ir a su escuela cuando las clases terminen para entregárselo, ¿verdad? No queremos que el nene se meta en problemas— sonrió ladino y volvió su vista al frente.

Beyond puso los ojos en blanco antes de rodear el auto y subir al asiento del copiloto; Lawliet le había prometido que lo llevaría hasta la casa, o al menos lo más cerca que pudiese. Sin embargo por lo que restó del camino el menor de los gemelos no hizo más preguntas; pese a que hace unos momentos atrás lo consumía la curiosidad, ahora mismo no quería saber qué mierda pensaba Lawliet como para relamerse los labios y sonreír tanto.