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—¡Suspendidos!— Bufó Near, pateando molesto una lata que se encontraba en su camino —¡Fuimos Suspendidos!

—¿De qué te quejas?— Mello se encogió de hombros mientras con parsimonia se desabrochaba el chaleco negro que usaba de uniforme—. No es la primera vez que nos suspenden.

—¡Exacto!— Se rascó la coronilla con desesperación de tan solo ver la hora en su reloj, no habían cumplido ni media jornada en el trabajo—. Nos van a descontar el día y a este paso nos quedaremos sin empleo.

—¿¡Y qué querías que hiciera!?— Vociferó, llamando la atención de algunos transeúntes al pasar—. No iba a permitir que ese idiota se sobrepasara contigo sólo por ser el jefe—. Masculló antes de llevarse un cigarrillo a la boca y prenderle fuego.

Near agachó la cabeza avergonzado, todos sabían la reputación que Karlsson tenía y aún así había sido muy inocente... mejor dicho, estúpido al creer que su jefe realmente necesitaba ayuda para buscar algunos productos en la bodega.

—Pero no era necesario que lo insultaras...— susurró cabizbajo, sintiendo las mejillas arder cuando por un ínfimo instante creyó que los celos habían hecho actuar a Mello de forma agresiva; una idea que desapareció a los pocos segundos, no era posible.

—Por supuesto que era necesario— Comentó divertido, dándole una calada a su cigarrillo mientras con el otro brazo rodeaba los hombros del menor —. Para que entienda que contigo no debe meterse—. Le dio un beso en la sien de manera tan tierna que junto a sus palabras hicieron que el menor olvidara cualquier coraje que había sentido antes.

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—Anda, Light, acepta que Misa Misa te salvó—. Exigió Amane de forma infantil, puyando con ambos índices los costados del castaño mientras caminaban por el patio del colegio.

—¡Pero solo porque estaba distraído!— Dijo, tomando del brazo a Mikami para jalarlo y usarlo de escudo contra el ataque.

—Sino le das un poco de crédito seguiremos escuchando su irritante voz todo el camino— sujetó las muñecas de la chica para mantenerla quieta, quien como respuesta le sacó la lengua —¿En serio esta niña sabía la respuesta a la pregunta del profesor y no tú?— Rió, ganándose un puntapié que lo hizo emitir un gritito y encoger la pierna.

—¡Tú cállate, Mikami!— Espetó cruzándose de brazos.

—Ya, Misa, tranquila— Light volvió al medio para mantener a esos dos separados al ver que lo que empezó como una broma se estaba volviendo una pelea seria—. Acepto que Misa Misa salvó la vida de Light Yagami el día de hoy— declaró, alzando la mano derecha en son de juramento —, ¿feliz?

—Hmm... — Lo pensó un poco antes de encogerse de hombros—. Está bien, pero debes tener cuidado, quién sabe si podré salvarte todo el tiempo.

—Te prometo que no me vuelvo a dormir en clases— resopló. El profesor le había pedido contestar la siguiente pregunta y seguir con la lectura, pero él nada más tenía el libro abierto y de pie para ocultarse tras él y cerrar los ojos, fue Misa quien entonces le sopló la respuesta y le indicó el párrafo en el que se habían quedado para que no lo enviaran a la oficina del director por dormirse en clases.

—¿Tuviste una mala noche?— Cuestionó Mikami caminando a su lado.

—Algo así— "por culpa de un idiota ricachón que se cree Christian Grey" pensó antes de soltar un suspiro.

—Pues intenta descansar mejor o tendremos mucho de Misa Misa creyéndose heroína— soltó una carcajada. Misa dejó escapar un gritito indignada.

—Déjala, no la molestes— pidió con voz suave, ganándose la simpatía de la chica, quien agradecida se aferró con fuerza a su brazo.

—¡Por eso eres mi mejor amigo, Light!— Dio brinquitos de felicidad. Mikami puso los ojos en blanco.

Light no se inmutó ante la efusividad de la chica, tan solo siguió su andar con ella pegada a su extremidad mientras le platicaba a Mikami sobre todos los libros que había tomado prestados de la biblioteca para terminar con su proyecto.

Misa y Mikami tenían personalidades tan distintas que quien los conociera por separado jamás creería que esos dos eran amigos, quizá era por ello que Light había logrado congeniar con ambos. Pagar las mensualidades no era lo único difícil, tratar de llevarte con personas que te juzgan por lo que tienes podía ser peor, sus amigos incluidos. Light no sabía cuántas veces había tenido que pagar una hora en el cibercafé para investigar y ver imágenes acerca de la lista de países que tenía anotados en un cuaderno, así no quedaba como idiota cuando hablaban sobre las ciudades que habían visitado o los hoteles donde se habían hospedado.

—¿Por qué no vamos a mi casa?— Sugirió Mikami al salir de las instalaciones. La calle principal frente al colegio estaba abarrotada de estudiantes, Teru detestaba dejar su carro estacionado ahí, pero esa mañana estuvo a punto de llegar tan tarde que no tuvo tiempo de buscar espacio en el parqueo interno—. Creo que mis padres no están, pero mi nana puede prepararnos algo o pedimos comida— continuó unos segundos después. Solo tenían que esperar a que el camino se despejará y podrían partir.

Light estuvo a punto de asentir emocionado, le encantaba la idea, Mikami tenía una de las casas más bonitas que alguna vez había visto. Sin embargo Misa interrumpió antes de que pudiese decir algo.

—Yo no puedo, iré de compras con mi mami— sonrió entrecerrando los ojos, pero su rostro cambió a uno de preocupación cuando un tipo que ella había notado minutos atrás no les apartaba la mirada —¿A ti te espera alguien, Light...?— Susurró con un poco de temor.

El aludido dirigió su atención al punto que Misa había señalado usando su índice con mucha cautela para no ser muy obvia; pero hubiese preferido no haber volteado nunca. Apoyado contra el costado del auto y con ambas manos en los bolsillos, Lawliet lo veía fijamente, lanzándole un beso sin ningún disimulo cuando sus miradas se encontraron.

—¡Iugh! ¿Conoces a ese señor?— Mikami arrugó la nariz asqueado.

—Es un amigo...— susurró; no tenía ningún caso fingir que no lo conocía.

—¡Oh, Light! ¿Es tu novio?— Dedujo Misa ante el notable color carmín que coloreaba las mejillas del castaño —¡Hasta vino a traerte!

—Eso es imposible Misa, ese tipo es mucho mayor que nosotros—. Gruñó Teru con el entrecejo fruncido, chequeando de pies a cabeza al susodicho, quien vestía un traje demasiado formal como para ser el novio de un adolescente.

—Solo iré a ver qué quiere— masculló al comprender que Lawliet no se iría de ahí —¡Y para que lo sepan, no es mi novio! — Bufó con seguridad antes de girar y cruzar la calle.

Apretó los puños y tensó la mandíbula mientras se abría paso entre los estudiantes, el solo ver cómo la sonrisa de Lawliet se ampliaba al acercarse le hacía querer matarlo, claro, si tan solo asesinar a alguien fuese fácil y legal.

—¿¡Qué haces aquí!?— Reclamó al situarse frente a él.

—¿Esa es la manera de tratarnos luego de que la hemos pasado tan bien juntos?— Siseó con lascivia guiñándole el ojo.

—Eso no contesta mi pregunta, ¿qué...

—¿Ellos son tus amigos? La rubia no deja de verme— interrumpió mientras se erguía lo mejor que podía para lucir galante—. ¿Sabes...? Me sorprende ver que asistes a un colegio como éste, tengo entendido que solo los niños de mami y papi podrían costearlo, ¿eres uno de esos?— Se inclinó hacia adelante y olfateó al muchacho a la altura del cuello —Nah, un niño de mami y papi no andaría vendiendo su cuerpo como una vil puta, además... hueles a perfume barato— hizo una mueca de asco. Light torció los ojos—. Entonces supongo que estudias aquí gracias a una beca, ¿verdad?

El castaño bufó sonoramente antes de cruzarse de brazos, nunca en su vida le diría que estaba becado, nada de lo que respectaba a su vida era de la incumbencia de ese tipo.

—Te lo repetiré por última vez antes de largarme, ¿qué mierda haces aquí?

—Vaya boquita que te manejas, deberíamos lavarla, ¿no crees?— Le susurró muy cerca del rostro al sujetarle la barbilla con dos dedos—. Podría restregarla con mi verga hasta dejarla limpia, si quieres.

—Ja, hablando de vulgaridades— masculló con ironía antes de dar media vuelta, no tenía porqué aguantar a ese tipo; sin embargo Lawliet le sujetó el brazo y lo hizo devolverse.

—¿Ya te vas?— Soltó una suave risa —¡Que mal! Y yo que venía a hacer mi buena obra del día—. Light observó atento al momento que el pelinegro llevó una mano al interior de su saco extrayendo algo, paseándolo de forma burlesca frente a sus ojos.

—¿¡Por qué diablos tienes tú mi carnet!?— Intentó arrebatarle el documento, pero Lawliet fue más rápido, estiró su brazo completamente hacia arriba para dejarlo fuera de su alcance mientras con el otro le rodeaba la cintura y lo pegaba a su cuerpo —P-Pero...¿qué carajo haces!?— Se removió colocando ambas manos sobre el pecho del empresario.

No es que hablara abiertamente de sus preferencias sexuales, Missa y Mikami ya sabían que él no sentía atracción por las mujeres, no se enteraron por boca de Light, más bien se enteraron de forma desafortunada y extraña, pero lo sabían al fin y al cabo, así que no era el qué dirán lo que le molestaba, ¡pero hace unos momentos le había dicho a sus amigos que ese hombre no era su novio y ahora éste lo agarraba como si lo fueran!

—Shh, tranquilo— siseó mientras lo sujetaba con más fuerzas con el fin de mantenerlo quieto —. Tu amiga no deja de vernos, ella cree que somos novios, ¿verdad?— Le susurró despacio al oído para deleite de Misa —¿Sabías que así como a muchos hombres nos gusta ver a dos mujeres besándose, algunas chicas disfrutan al ver a dos hombres haciéndolo?

—¿¡Y a mí por qué mierda me va a importar!?— Espetó —¡Solo dame mi maldito carnet o podría meterme en problemas si lo pierdo!

—¿Podrías dejar de hacer tanto drama?— Arrugó la nariz y llevó su dedo meñique al oído para calmar la sensación incómoda que los gritos de Light provocaron—. No me interesa quedarme con la tarjetita de un niñato, solo quiero un beso.

—¿Qué...?— Jadeó, dejando de luchar por unos segundos.

Ese carnet no era específicamente para alardear que estudiaba en dicha institución, era un requisito presentarlo para pedir libros en la biblioteca o al realizar los exámenes, en caso de extravío debía pagar una multa. No tenía idea de cuánto era el monto a pagar en caso de perderlo, pero creía que podía conseguir el dinero, lo que le preocupaba es que el tiempo para darte uno nuevo es de una semana y él tenía que regresar los libros en dos días. Además, ¿por qué debía pagar extra por culpa de un idiota?

—Anda, solo un lindo beso entre dos hombres—. Continuó unos segundos después al verlo dudar.

—¡Vete al infierno!— Gruñó más como acto reflejo, empujándolo y revolviéndose de nuevo.

—¿Por qué no vas tú y buscas tu carné ahí?— Sonrió ladino, satisfecho de sentirlo entumecerse entre sus brazos.

—Te odio...— masculló, empuñando ambas manos y tensando la mandíbula.

Lawliet estuvo a punto de replicar, sin embargo Light cumplió con su demanda de forma imprevista. EL muchacho enredó los dedos entre los azabaches cabellos, lo hizo con fuerza, con la intención de lastimarlo; sus labios no se rozaban con delicadeza, la agresividad iba en aumento cada segundo. Pero a Lawliet poco le importaba, de hecho no podía evitar sonreír sobre los labios del otro, deleitándose con su ira. Y mientras Light se encargaba de dejarle en claro cuánto lo odiaba, las pálidas manos del mayor descendieron con parsimonia, apretando los glúteos del menor al tenerlos en su poder. Fue entonces cuando el castaño abrió sus ojos de par en par, sintiendo su cuerpo paralizarse por pocos segundos antes de revolverse una vez más.

—¡Ya bas...— jadeó, intentando arañar el pecho del pelinegro mientras lo empujaba.

Lawliet se detuvo luego de unos segundos de forcejeo, más por conveniencia que por obediencia, y es que la tela tensándose a la altura de su entrepierna comenzaba a lastimar.

—Vámonos—. Ordenó, acomodándose el pene sobre el pantalón sin ningún disimulo antes de girar y desactivar las alarmas del auto.

—Ni creas que me iré contigo— dijo, aún limpiándose los labios con el manga del saco —¡Solo dame el jodido carnet!

—Te lo daré, súbete y lo haré— apoyó el antebrazo en el borde superior de la puerta del auto, esperando una respuesta, suspirando al no recibir ninguna—. Subes o comienzo a gritar aquí los trabajos sociales, manuales y orales que haces después de clases.

—No te atreverías...— masculló, aflojando los hombros.

—¿Quieres ver?— Sonrió ladino, cerrando la puerta luego de acomodarse sobre el asiento.

El motor del auto hizo su suave sonido al encenderse, Lawliet bajó la ventana y enarcó la ceja ante la inmovilidad del muchacho, quien chasqueó la lengua y maldijo al mayor antes de rodear el auto e ingresar por la puerta del copiloto.

—¿A dónde vamos?— Se aseguró de cerrar con todas las fuerzas que pudo.

—¿Qué hace tanto niñato en la calle?— Hundió su palma en el claxon al avanzar, haciendo que algunos se apartaran espantados —¿¡Qué sus papis no mandan al chofer a traerlos!? ¡Ya deberían estar en sus clases de piano o la mierda que hagan luego de clases!

—¿No podrías simplemente esperar a que la calle se despeje...?— Intentó mantenerse serio, pero le era imposible no encogerse en el asiento entre los nervios y la vergüenza, pese a saber que nadie podía verlo desde afuera debido al polarizado, él si podía ver los rostros malhumorados y escuchar vagamente las palabras malsonantes que lanzaban los estudiantes al aire —¿¡Qué no me escuchas!?— Bufó irguiéndose un poco.

—Las aceras son para los peatones, no las calles— se encogió de hombros —. Además tengo necesidades mucho más importantes.

—¿A dónde vamos...?— Preguntó apenas audible luego de detectar la lascivia en la voz del otro.

—¿A dónde crees?— Dejó escapar una carcajada y ladeó el rostro en dirección al de Light, quien prefirió desviar la vista—. Estoy caliente, eres mi puto personal, ¿alguna idea?— Continuó mordaz ante el silencio del otro.

—Espero que a tomar el té— contestó con ironía antes de cruzarse de brazos.

Lawliet soltó una suave risa, con una mano continuó controlando el volante mientras con la otra comenzó a estrujar el muslo del castaño. Light suspiró cansado, no se iba a quejar, no le iba a dar el gusto a ese desquiciado de pasarla mal, además el sexo era placentero, al menos con Lawliet lo había sido hasta el momento, pero hubiese preferido esperar un poco más, a que su ano dejase de escocer en cada movimiento. De solo imaginar la intromisión a la que sería sometido nuevamente y en menos de veinte horas le hacía temblar.

oOo

—Matt, ¿es que acaso no piensas hacer nada más que estar pegado a la televisión?— Regañó Near, colocándose frente al muchacho. El aludido se movió de lado a lado, intentando ver por los costados del menor — ¿Y no piensas arreglar la computadora del vecino?

—Ya voy, mamá. Es mi última partida—. Contestó moviendo los dedos lo más rápido que podía sobre el control.

A diferencia de Near y Mello, Matt no contaba con un trabajo estable, él más bien se encargaba de reparar computadoras y celulares, algunas veces obtenía más ganancias que otras, pero siempre aportaba su parte, aunque quizá el hecho de que le fuesen a descontar el día tenía más tenso a Near.

—¿¡Y podrías por favor no traerte todos los vasos a la sala!?— Se quejó de nuevo, intentando recoger un poco el desorden que había en la mesita de centro.

—¡Ese fue Beyond!— Se defendió con rapidez, sin apartar la vista de la pantalla.

—¿Que yo qué?— El menor de los gemelos enarcó una ceja cuando luego de salir de la cocina con un bote de mermelada en las manos, escuchó su nombre.

—¿¡Qué no escuchan que tocan!?— Gritó Mello desde la cocina, era la tercera vez que alguien llamaba a la puerta y sus amigos seguían discutiendo en la sala.

—¡Voy!— Farfulló Near de mala gana, probablemente era algún vecino de los apartamentos buscando a Matt para encargarle un nuevo trabajo y el pelirrojo ni siquiera avanzaba con los que ya tenía pendientes.

—¿Qué mierda hacemos aquí?— Masculló Light cuando la puerta se abrió, reconociendo al muchacho bajito y de cabello blanco que también había visto aquella noche.

—¡Lawliet!— Dijo Mello sonriente al aparecer detrás de Near, pero frunció el entrecejo al notar la presencia de quien lo acompañaba —¿Y éste quién es?

—Creo que se llamaba Light— dijo, encogiéndose de brazos —¿Podemos pasar?

—¡Si, claro!— Dio un pequeño respingo antes de apartarse de la entrada—. Pasen por favor.

—¿Qué hacen tan temprano?— Tomó a Light de la muñeca con una mano para traerlo a la fuerza consigo mientras con la otra desabotonó su saco para sentirse más cómodo—. Pensé que solo estarían Matt y Beyond.

—Una larga historia...— susurró Near.

—¿Por qué no nos avisaste que venías?— Interrumpió Matt dejando su juego en pausa y poniéndose en pie para dar un pequeño abrazo de hermandad al recién llegado—. Podríamos haber limpiado un poco, ¿verdad, Nate?— El aludido puso los ojos en blanco y se alejó cuando el pelirrojo intentó revolverle el cabello.

—No se preocupen, no soy amante del desorden pero...— sonrió ladino antes de girar su rostro en dirección a Light, quien hasta el momento se había mantenido callado—. Necesito un lugar para coger— finalizó, sujetando con más fuerzas la muñeca del menor, anticipando que éste intentaría zaparse.

—¿Y él que tiene que ver?— Preguntó Beyond, sentándose sobre el reposabrazos del sofá y engullendo la mermelada con dos dedos.

—¡Todo!— Continuó, volviendo su mirada al curioso y atento grupo—. Desde ayer Light es algo así como mi puta personal y...

—¡Te estás pasando!— Espetó, soltándose bruscamente antes de girar hacia la puerta.

Sabía que robar no tenía justificación bajo ningún motivo, pero eso no le daba el derecho a ese tipo de humillarlo frente a todos. Buscaría la forma de reunir de nuevo ese dinero y se encargaría de aventárselo en la cara billete por billete.

—¡Hey!— Llamó Lawliet, alcanzándolo y sujetándolo del brazo antes de que éste tomase la perilla de la puerta—. Estoy caliente, pensé que ya te lo había dicho...— le susurró abrazándolo por detrás con el fin de solo ser escuchado por el castaño.

—¡No me importa!— Farfulló intentando alejarse. Los demás observaban confundidos desde la sala, apenas lograban entender los murmullos de Light, quien era el más exaltado, pero ninguno se atrevió a intervenir en aquella pequeña riña —¡Suéltame! ¡Quiero irme!

—Ya, perdóname— dijo apenas audible, conteniendo una risa—. Pero es lo que eres, ¿no? Además debía explicarles para que me prestaran un cuarto y poder tener nuestro momento.

—¡No me jodas!— Empujó la mano del empresario cuando con malicia éste comenzó a buscar con los dedos algún espacio abierto en su camisa del uniforme —¡No pienso hacerlo aquí!

—¿¡Y qué esperabas!?— Dijo, elevando el tono y enterrando los dedos de ambas manos sobre la cintura del menor—. Mi casa está muy lejos y no me iré a meter a esos hoteles baratos donde te revuelcas con otros hombres, pero tampoco pienso gastar en un lugar fino solo para cogerme a un prostituto.

—¡Vete al infierno!— Se revolvió con más fuerzas, pero Elle lo rodeó con ambos brazos para mantenerlo quieto.

—¿Ese es el único insulto que tienes?— Aún abrazándolo desde atrás, le besó el hombro de forma extrañamente cariñosa—. Si aceptas podría pagarte...— le susurró al oído, sonriendo porque esas palabras fueron suficientes para que Light se destensara entre sus brazos y dejara de luchar—. No se sumará a la deuda, lo prometo— continuó para persuadirlo, así que llevando una mano al bolsillo sacó el dinero que pudo de su billetera sin ni siquiera contarlo.

Light se mantuvo cabizbajo, siguiendo con la mirada el abanico de billetes que Lawliet movía un poco a la altura de su cinturón. Tragó saliva y sintió que una fina gota de sudor bajó desde una de sus sienes... necesitaba dinero.

—¿Cuál es la trampa...?— Susurró apenas audible.

—Ninguna...— aseveró con malicia, disfrutando la inmovilidad del otro y el notable dilema en el que parecía encontrarse. Una lucha interna que no duró mucho, pronto Light situó su temblorosa mano sobre la de Lawliet, apuñando los billetes—. A ti solo te mueve el dinero, ¿verdad?— Soltó una risa socarrona y sin ninguna delicadeza le mordió la piel expuesta del cuello, sonsacándole un jadeo más de sorpresa que de dolor—. Muy bien, Light— sonrió antes de hacerlo girar y besarlo a su antojo, pensando en las cosas que haría con él esa tarde.